Algunas veces Levi solía revolver la colección de novelas de ciencia ficción que su joven alfa escondía en el interior de una caja mal guardada dentro del armario.
Como ahora, que seleccionó un tomo de tapa gruesa y hojas amarillentas para pasar el rato. Uno de esos ejemplares destinados a los adolescentes alfa, comúnmente llamado ciencia ficción, escrito por algún anónimo en su tiempo libre y aprobado por el estado.
Mundos retorcidos e imposibles donde todos los omegas, forzados protagonistas, tenían un serio complejo de inferioridad.
Lo ideal para pasar el rato.
Se ajustó las gafas de lectura y niveló la tenue luz, que despedía su bonita lámpara de escritorio, cuando estaba a punto de llegar al final del relato.
Cerró el pequeño libro rojo, recreándose con la sugestiva portada, antes de apartarlo con cierto desdén.
Se quitó los lentes posando la mano sobre el cierre de la raída chaqueta de dormir, para sentir los golpecitos que Ethan le propinaba sin piedad.
"Fastidioso como su padre", pensó, retozando en la dulce y tierna idea de torturar a Eren para sentirse mejor consigo mismo.
Un mal hábito adquirido.
Entonces condujo su mirada hacia la vieja cama de matrimonio, donde su pacífico y empalagoso alfa gemía como una puta mientras se follaba a un diminuto oso de peluche.
Todo un espectáculo digno de ver.
Recordó que al comienzo Eren se había mostrado bastante reticente de usar aquel osos de peluche, juguete sexual de las crías alfa que ya alcanzaron la madurez y tenían que complacer su celo con algo.
Un poco de ayuda y una falsa mirada amenazante fueron suficientes para obligarle a fornicar con el objeto.
Actualmente Eren podía masturbarse con el peluche sin ningún problema, tomándolo de las inexistentes caderas afelpadas o sujetando la cabeza rellena de algodón para penetrarlo sin dificultad ni miedo. Incluso tenía buena técnica cuando se trataba de hacerle el amor al reventado oso de peluche.
Al menos su cuerpo volvería a la normalidad en una semana, según indicaciones de su médico que programo la fecha para practicarle una cesárea, y podría ser quien disfrutara los servicios de su alfa en la cama.
Los omegas no parían de forma natural, en especial los omegas macho, ya que la mayoría planeaba tener una numerosa descendencia y no deseaban que sus cuerpos se desgastaran en aquel arcaico proceso. Ellos preferían una operación y reposar durante un mes hasta que las heridas cerraran, desapareciendo por completo gracias a la tecnología regenerativa.
Levi no sería la excepción.
Posteriormente abriría su propia tienda de té.
Todo a su debido tiempo por supuesto. Mientras cumpliera sus sueños, todo estaba bien.
Todo estaría bien.
La melancolía se hizo presente y sin pesarlo, acarició el bulto bajo sus ropas observando el retrato que colgaba junto a la pared, donde un pequeño Eren y él estaban sentados en una banca, Eren tenía puesto uno de esos feos suéteres tejidos a mano y sus granes ojos verdes le miraban como si fuese una especie de deidad.
Esos ojos que le miraban con amor.
—¿Terminaste? —preguntó entonces, rompiendo el acordado silencio mutuo.
El alfa jadeó, sobresaltado por la intrusión, mirándole de reojo con un fuerte que cubría sus mejillas mientras murmuraba un tembloroso asentimiento.
—¿Quieres tomar una ducha conmigo? —se atrevió a preguntarle, mostrando una blanca media sonrisa que por alguna razón le hizo sentir incómodo al notar los hoyuelos que se marcaron en su cara.
—No, Eren —respondió. Reparando en lo mucho que había subido de peso esos meses, no quería parecer un cerdo junto al moreno cuerpo del alfa.
Arrugó el entrecejo, manteniéndose alerta como una rana dispuesta a pasar desapercibida entre los matorrales. Temerosa de ser golpeada por alguna roca y desaparecer para siempre entre la yerba.
Eren, torpe e ignorante de la realidad, persistía en tratarle como un tesoro.
¿Por qué siempre se comportaba como si el mundo fuese una gran fiesta de caramelo? Como si estar a su lado significara lo más preciado del mundo, el puto paraíso terrenal.
Le dolía ocultarle algunas cosas, permanecer en una alerta interminable y sentir como aquellos secretos corrompían su corazón, ulcerando cada uno de los sentimientos contenidos durante tanto tiempo.
Sin embargo algunas veces no sentía nada de eso y le repugnaba verle sonreír tan campante.
—Mi nudo tardó veinte minutos en bajar —se jactó el menor, poniéndose de pie para ir al baño—, es un nuevo record.
Demasiada felicidad para su propio gusto.
Demasiada falsedad.
Si Eren se enterara de todas las mentiras, si de alguna manera se enterara, todo ese sucio amor que juraba profesarle desaparecería por completo.
Lo sabía en lo más profundo de su ser y por ese motivo no era capaz de entregarse definitivamente. No confiaba en la voluntad de su alfa.
Porque las personas que decían te amo antes de tiempo, siempre fueron las primeras en caer.
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-DILEMAS DE UN OMEGA CASADO-
Conexión
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Eren amaba trabajar en la tienda de betas, amaba el suave olor de la cocina y las animadas conversaciones de aquellas sencillas personas que no poseían el instinto.
Se llevaba bien con los clientes que comenzaron a conocerle y entablar cuidadosas pláticas con él. Inclusive algunos alfas le dieron numerosos consejos para cuidar a Ethan, quien pronto iba a estar en sus brazos.
Casi no podía creerlo. Iba a convertirse en padre.
Un buen padre como Grisha. Un orgullo para su familia.
Y Levi, aquel preciado omega que tanto adoraba, por fin reconocería su esfuerzo.
Su pecho se sentía muy caliente con tan solo pensarlo, realmente era el alfa más afortunado del mundo o así lo sospechaba.
Ya no era un niño, y no lo sería nunca más.
Ahora era todo un hombre, el gran alfa Eren Jaeger y estaba tan orgulloso de su trabajo.
Empeñado en cumplir con su labor, arremangó sus brazos para lavar con gran empeño toda la vajilla utilizada esa tarde.
Eren limpió el sudor de su frente cuando por fin hubo terminado de lavar los trastes y Amanda, una beta casada con otro beta masculino que no trabajaba ahí, se ofreció en secar todo porque ya anochecía y de seguro su omega le esperaba en casa.
¿Iba a ser padre muy pronto no? Tan joven, pero ella no era quien para entrometerse en asuntos de otra casta, sin embargo sería bonito que llevara un pedazo de ese delicioso pastel que había sobrado. A su omega le encantaría
Todos estuvieron de acuerdo y Eren se sintió un poco conmovido por la amabilidad de todos esos betas que parecían preocuparse por él.
Contento, se dirigió a empaquetar el obsequio en una bonita caja blanca con lazos azules.
Los últimos empleados limpiaban las mesas e invertían las sillas sobre estas para dejar todo en orden antes de marcharse.
Olía a productos de limpieza y beta, madera y perfume de lilas. Y olía a omega.
Eren levantó la vista para ver de quien se trataba.
—Hola.
—Está cerrado —le dijo a la omega rubia de ojos glaciales, que era pareja de Mikasa.
—Es lo que veo —ella se mantuvo estática en su sitio, indiferente a su interrogativa—, pasaba por aquí y recordé que me encomendaron entregarte esto.
Sacó un diminuto papelito doblado en dos, poniéndolo sobre el oscuro mostrador antes de marcharse.
—¿Es de Mikasa? —preguntó él, levantando la nota para guardarla en el bolsillo.
Annie no volteó para despedirse, en cambio hizo un ademán con la mano, al parecer tampoco le gustaba involucrarse con alfas.
—Adiós, Eren —se despidió.
Por un momento, el instinto le dijo que la siguiera.
—¡Eren! —Fue llamado desde la cocina— ¡Ayúdame con esto y puedes marcharte!
Eren gritó que iba enseguida, terminando de empacar el pastel y quitándose el delantal azul oscuro.
Terminada la faena se propuso llegar a casa antes de que Levi se enfadara, ya era tarde y apresuró el paso, llevando consigo el bolso y la cajita de pastel.
Introdujo la mano dentro del bolsillo para buscar la llave y sus dedos rozaron el papelito entregado por Annie.
Casi lo había olvidado.
Mikasa no era alguien que se comunicara mediante notas, por lo cual estuvo un poco intrigado al momento de desdoblar el curioso papel.
Empero detuvo su marcha y volvió a leer la bien cuidada letra con cierto temblor sembrado en su corazón.
Esa nota no le pertenecía Mikasa, sino a Armin.
Armin estaba citándole al extremo del muro norte, el jueves por la noche, cerca del riachuelo donde los betas salían para lavar sus ropas.
Eren recordó que hoy era jueves y las estrellas brillaban en lo alto del cielo.
¿Y si se trataba una broma de mal gusto?
Arrugó la nota antes de romperla en pedazos. La fría briza de la noche se encargó de esparcirlos todos y aclarar sus pensamientos un poco.
No solo no estaba permitido interactuar con omegas –si ya estabas emparejado y eras un alfa- aunque se tratase de una emergencia, sino que moralmente estaba…estaba mal.
Y tampoco quería hacerlo.
Los guardias podrían verlos, algún beta, entonces preguntarían y el rumor llegaría a oídos de Levi y Levi…y Levi se sentiría muy triste. Y cuando Levi esta triste siempre dolía en lo profundo de su pecho.
No, de ninguna forma, era una mala idea.
Armin olía rico, pero ni siquiera eran amigos.
Lo mejor sería volver a casa, volver y descansar, fingir que esto no estaba pasando.
¿Para qué quería un omega encontrarse con él en un sitio tan apartado?
Sin darse cuenta, llegó a casa y cerró la puerta con seguro.
¿No estaba siendo muy paranoico al respecto?
Levi dormía en la habitación y la cena que siempre le guardaba, estaba siendo parcialmente devorada por JJ sobre la mesa.
¿Por qué Armin Arlet quería verle?
Se comió el pastel para que no se echara a perder y comenzó a dar vueltas en la cama sin poder conciliar el sueño, hasta que Levi le golpeó entre las costillas para que se quedara quieto de una maldita vez.
Al día siguiente todo mejoró radicalmente. Al menos hasta finalizar todas las clases, porque mientras guardaba algunos libros dentro del casillero asignado –donde además tenía cientos de fotos de Levi- una pequeña notita cayó al suelo y estuvo a punto de ser profanada por Marco, pero Eren fue más rápido y pudo quitársela de las manos.
Hizo caso omiso y volvió a partirla en pedazos.
La tercera nota fue encontrada debajo de su almuerzo, y una nueva apareció en su delantal de trabajo.
Realmente, ese omega iba demasiado lejos.
¿Qué es lo que se proponía con todo esto?
Se mantuvo alerta los siguientes días, capturando las siguientes notas sin que nadie se diera cuenta y deshaciéndose de todas ellas.
¿Y si lo reportaba a alguien de confianza?
No, no podía hacer eso. Castigarían a Armin y la humillación que sufrió el día de la prueba general había sido más que suficiente.
Al llegar a casa, más cansado de lo usual, se abalanzó sobre el sofá cercano a la ventana para poner las caricaturas beta que les era permitido ver, ya que su status había subido de nivel al convertirse en padres.
La pantalla iluminó todo con su luz, mostrando pequeños dibujos graciosos que luchaban entre sí. Eren sonrió por lo bajo cuando el gran conejo golpeó al cazador con un bate.
—Eren está aquí conmigo, acaba de llegar a casa —habló Levi desde el fondo de la sala, llamando su atención—. No madre, él está muy bien, tengo que colgar.
Los fuertes cables del teléfono se enredaban en los dedos del omega y su mejilla estaba bien pegada contra el auricular de color limón, hizo un leve e imperceptible puchero cuando tuvo que cortar la llamada. Los labios juntos y la expresión tranquila.
Por un momento Eren olvidó las caricaturas y pasó saliva por su garganta, con los avizores ojos alertas ante cada uno de los movimientos de Levi.
—¿Acaso recibiste una llamada de Kushel? —preguntó cautelosamente.
Levi se deshizo del halo que lo envolvía y arrastró los pies hasta el mullido sofá, tomando asiento a su lado.
—En realidad —dijo posando la mirada en la televisión— fui yo quien decidió llamar.
—Me alegra que hayas decidido hacer las paces con tu familia —dijo sinceramente.
—No tiene importancia —señaló Levi.
—¿Te avergüenza que lo sepa? —manifestó, saliendo de su zona de confort para arrodillarse frente a las piernas del más bajo y rodear su cintura con los brazos.
Levi pasó las manos por sus cabellos revueltos, empujando su rostro contra el redondeado vientre.
—Calla y muere.
Eren bajó los parpados, percibiendo la calidez junto con el suave y maternal a feromonas que desprendía la ropa de su omega.
Solo en estos momentos apreciaba la paz que él podía otorgarle.
—Hueles a mi madre —susurró, completamente relajado.
—Debe ser porque pariré muy pronto.
—No tienes que recordármelo.
—¿Acaso la espera no te hace feliz?
Abrió los ojos, levantando la cabeza sin despegarse del abrazo. Observándole.
—Inmensamente feliz.
—Eso es bueno —los dedos de su omega peinaron sus hebras achocolatas, apartando la vista cuando él le mandó un sutil beso con labios— ¿Qué hace esa planta fuera de su lugar? —Fue empujado a un lado y estuvo a punto de golpearse la cabeza contra el mesón, afortunadamente sus manos fueron más rápidas y amortiguó la caída—. Mierda, no lo soporto.
Todo el encantó del momento se perdió y Eren guió su vista hacia el lugar al cual Levi se había desplazado con rapidez.
—¿Qué planta?
Entre el marco de la ventana y la repisa se encontraba una redondeada maceta verde con brotes de cebolletas extranjeras que la madre de Mikasa trajo de sus vacaciones.
Levi solía colocarlas todas sobre el mostrador, junto a la caja de cereales, desde donde era más fácil tirarles un poco de agua para mantenerlas con vida.
—No soporto su olor.
—Deberías deshacerte de ellas —propuso entonces, apoyando la nuca contra el borde del sofá—, como lo hiciste con las rosas de mi madre.
—Estas si me gustan.
—Engreído—murmuró en voz baja, admirando la fea plantita arrugada.
Sin embargo algo no estaba bien.
Eren detectó el desastre mucho antes de que sucediera.
Debajo de la maceta se asomaba un conocido y jactancioso papelito doblado en dos.
Su corazón dejó de latir durante unos momentos y fue un vivo testigo de cómo los labios se le resecaban al punto de no poder emitir voz alguna.
Demonios
—¿Dijiste algo? —Levi volteó a verle.
Tenía que hacer algo, rápido.
Impulsado por la desesperación se abalanzó contra el omega, sujetando su brazo con fuerza y generando una grotesca mueca de su parte.
Levi frunció el ceño, enojado.
—Qué demonios crees que…
—Dije que te amo tanto.
Sus expresiones se suavizaron.
Eren no dudó un instante en aprovechar aquella debilidad para darle un fuerte abrazo, enterrando la cara en la nuca del contrario para suministrar innecesarios besitos atrevidos.
—Oí —saliendo de su atolondrado ensueño, Levi intentó quitárselo de encima—, no te me pegues como una lapa.
—Solo quiero darte mi amor —coqueteó Eren, imprimiendo una soberana fuerza de voluntad para que la voz no le temblara tanto.
Suplicando que por favor, Levi no se diera cuenta.
Milagrosamente, las manos de Levi se aflojaron de su agarre y enterró la quijada contra su clavícula, levantando la mirada con una imperceptible sonrisa.
—Tu corazón late tan rápido —musitó, en tanto Eren estiraba la mano para tomar fingidamente la pequeña y diabólica nota.
Los tibios dedos del omega, que comenzaba a ponerse cariñoso, juguetearon con su camisa.
Si tan solo hubiese prestado atención, se habría dado cuenta de que ese ser que frotaba la mejilla en su pecho no era Levi. O no era la parte consiente del Levi que conocía, sino aquel que a veces dejaba a flote, su instinto.
En cambio se aferró con fuerza a la nota, estrujándola dentro de su puño bien oprimido, a salvo.
—Y el tuyo también —titubeo, asustado, más que asustado, el terror recorría sus venas erizando su piel y enviando feas vibraciones que golpeaban la boca de su estómago—, ¿Quieres ir a la cama conmigo?
Necesitaba respirar, sostenerse de algo.
Su frente cayó como un pez muerto sobre el hombro del más bajo, sumergiéndose en el mar de feromonas que tanto le tranquilizaban.
—Estoy tan cansado —se quejó Levi con un pequeñito susurro, juntando las cejas para dar a entender que en verdad se encontraba agotado tanto física como mentalmente—. No he dormido en dos días.
A esa corta distancia comenzaba a oler los restos de frituras que seguramente Levi estuvo comiendo a escondidas. Más no le incomodaba en lo absoluto.
Todavía espantando por la posible fatalidad, solo quería sostener su cabeza y gritar. Exigir explicaciones y preguntarse porque carajo le pasaba esto a él.
Dejó de escuchar la vocecita ronca que hablaba sin parar cuando la bruma del oscuro miedo inundó su mente.
Cuanto deseaba esconderse entre sus cobijas y olvidarse del mundo en este momento. Como cuando era niño y rompía algún valioso adorno y escapaba llorando hacia la siempre salvadora cama para que Levi no le golpeara.
Como todas las veces que los monstruos de su habitación venían a por él durante las noches de tormenta y mamá dejaba que durmiera en la vieja cama matrimonial, acurrucado junto a su pecho.
Porque en aquellos tiempos, los problemas nunca significaron algo importante y la delgada línea entre la catástrofe y la paz, se encontraba a kilómetros de distancia.
—No quieres complacerme.
Volvió en sí cuando Levi le zarandeó con fuerza.
—No se trata…
—Como mi pareja debes hacerlo cuando yo quiera, Eren —interrumpió su omega.
El olfato de Eren captó las agrias feromonas de disconformidad que exhalaba. Eso le recordó a algo completamente diferente, un olorcillo dulce y empalagoso. La cabellera rubia que flotaba con el viento.
La sien comenzó a palpitarle
¿Por qué Armin tenía que torturarle con esas notas?
—Eren.
—¡Te dije que no! —estalló y el potente aroma se desvaneció por completo.
Un atisbo de dolor cruzó el rostro de Levi, quien fue lo suficientemente rápido para exterminar el sentimiento, confundido por su propia reacción más que por los gritos de Eren.
—Creo que tomaré una siesta —mencionó de forma precipitada y tranquila—. No puedo controlar mi instinto en este momento.
Eren no le prestó atención.
¿Y si Levi veía la nota?
¿Por qué demonios tenía tanto miedo? No era un delito, no era su culpa.
—Voy a salir un momento —dijo entonces.
Levi le miró, preocupado.
—¿A dónde vas?
—Jean se llevó mi libro de economía y mañana tengo examen —la mentira fue brillante, ideal, ingeniosa. Bastante para alguien como él. Seguramente su instinto le estaba ayudando a pensar rápido. Su gran inteligencia alfa que por fin se hacía presente.
—Vuelve pronto.
La repentina amabilidad de Levi no pudo importarle menos ahora que tenía algo mucho más importante que hacer.
Tenía que salvar el bienestar de su familia.
La oscuridad le condujo hacia uno de esos solitarios parajes olvidados, oculto entre el follaje y un grupo de árboles caídos.
Eren Jaeger se encaminó al extremo del muro norte, cerca del riachuelo donde los betas salían para lavar sus ropas y las viejas casas no estaban pintadas.
Armin, el omega que olía bonito, estaba ahí, sentado en la orilla, contemplando el agua que brillaba con el fulgor de las estrellas.
Y Eren Jaeger no supo qué hacer cuando su instinto le instó para que se aproximara. Cerca, solo un pasó más cerca.
El omega de pelo dorado captó su aroma y volteó al verle ahí parado, tieso e inseguro.
—Viniste —dijo quedamente con su algodonada voz que en nada se parecía a la de Levi.
—Vine para decirte que dejaras de enviar esas notas —acotó él— o… —vaciló— te denunciaré.
—Solo quería conocer el final del libro.
—¿Mi cuento?
—Sí.
El alfa interno de Eren se revolvió, complacido.
Nunca nadie se había interesado tanto en uno de sus garabatos.
Ojalá y Levi…fuese un poco como Armin.
—Dejé de escribir ese tipo de cosas —le confesó en lugar de amenazar al pequeño omega y volver a casa como había estado planeando desde un principio.
Armin se mostró verdaderamente compungido.
—¿Por qué?
Eren había estado haciéndose esa pregunta durante las muchas noches que pasó despierto junto al imperturbable cuerpo de su omega preñado.
Creía haber obtenido la respuesta, acostumbrado a repetírsela a cada momento había terminado por abrirse de brazos al sistema. Sorprendentemente, los resultados no fueron tan malos como creía.
—Levi y yo —contrarrestó— tendremos una cría.
—Levi —el omega rubio probó el nombre entre su lengua— ¿Es tu pareja oficial? ¿No solo un novio? —preguntó, ladeando la cabeza.
—Mi compañero.
Armin pareció entender, atando los cabos sueltos dentro de su cerebro y revelando que estaba verdaderamente apenado por haberlo metido en aprietos.
—No quise meterte en problemas— comentó.
—Él no lo sabe.
Armin lo miró a los ojos, incrédulo. Sopesando sus siguientes palabras antes de dejar ir al alfa que no era suyo.
—Mi abuelo suele decir que los Ackerman son… —se encogió de hombros haciendo una mueca comprensiva— gente muy estricta con las reglas.
—Lo son —se interesó el alfa, animándose a dar un paso hacia adelante, relajado—. Cuando era un niño visité su casa y son realmente extraños —añadió con una pequeña e insinuante sonrisa de complicidad.
Cruzaron sus miradas otra vez, cada uno camuflando su propio aroma para evitar perderse.
—Él parece ser muy importante para ti —comentó Armin.
—Por supuesto —se apresuró en decir el de ojos verdes—, Levi es mi compañero y yo su alfa. Ambos nos complementamos de manera que alguien como té no podría imaginar. Nunca… ¿Nunca sentiste esa conexión?
—No tengo alfa —tuvo que confesarle el omega.
Eren parpadeo, sorprendido por su propia indiscreción.
—Algún día lo encontraras —animó, su corazón saltando por una inusitada emoción—. Confía en mí.
Su instinto siseó insultos en su contra, pero Eren no pudo evitar quedar embelesado cuando los labios de omega que olía bonito se curvaron e hicieron que la recta mueca de felicidad de Levi no fuera nada en comparación con esa sincera sonrisa fresca.
Algo se revolvió en la boca de su estómago y Eren sintió el repentino rubor que cubría sus mejillas, un rubor que no lo había visitado desde hace bastante tiempo.
Apartó la mirada, sin saber qué demonios era aquella sensación.
—Tienes una bonita sonrisa —soltó sin más, dejando que su alfa interno le alacraneara hasta el alma para castigarle.
Armin jadeó, sorprendido y ruborizado.
En cambio él tuvo que sostenerse del seto espinoso para evitar sentir la fea nausea que exploró su garganta unos momentos.
No debería haberle dicho eso, pensó demasiado tarde.
Nunca antes había hecho un cumplido a alguien que no sea Levi o mamá, ni siquiera cuando Mikasa se recortó el cabello y se convirtió en la alfa más hermosa de la secundaria por unos meses, hasta que Ymir –la chica de intercambio- le arrebató el puesto.
Levi era el único omega para él, su primer beso, su primer todo.
Así había sido desde un principio y así tenía que ser. Los omegas eran seres celosos y posesivos, eso le habían enseñado en la escuela.
Siempre que daban un paseo por la calle él bajaba la cabeza para no mirar a otros omegas, para que Levi no se enfadara. Mantener la boca cerrada e ignorar el dulce olor, de todas formas ninguno se comparaba con su Levi, esa era la felicidad.
Pero ahora se siente extraño.
Respira y reúne el suficiente aire para excusarse y decirle a Armin que su sonrisa es bonita, pero no tan bonita como la de su omega.
Sin embargo se ve interrumpido cuando Armin se adelanta y le da un beso, y las estrellas de lo que alguna vez fuera su mundo, hasta ahora, se apagan unos instantes.
Es cálido y huele a bosque.
Tienta una mano para moler la glándula de olor que se esconde detrás de su nuca, apartando los rubios cabellos e impregnándose con esa exquisita fragancia.
Siente algo llamado amor muy adentro.
Su ritmo cardiaco se detiene y sabe que posiblemente esté tratando de matarlo en estos momentos.
No se detiene. Peca. Responde al dulce beso que tanto anhelaba y siente el sabor del cáliz venenoso en su paladar cuando ambos se separan abruptamente.
Ahí está, incorpóreo y etéreo, pero real. El instinto que la naturaleza les otorgo a cada uno y quema como una brasa ardiente dentro de su garganta, haciendo que su sistema nervioso colapse y la nariz se le ponga muy roja como cuando tiene alergias.
Armin se ve mejor, posiblemente porque no está emparejado con un compañero y el efecto adverso -de besar a otro que no es tu par- no le hace tanto daño.
—Perdóname —susurra Armin, pero Eren no le escucha porque tiene los oídos embotados y su instinto verdaderamente se ensaña con él. Cruel, violento e insoportablemente doloroso como algunas veces puede ser Levi, ah, Levi, su omega.
Maldición.
Si tan solo se enterara de lo que hizo…pero no tenía por qué enterarse.
Solo debí mentir.
Ríe quedamente mientras trata de mantenerse en pie y luego siente el picor de las lágrimas abochornando el contorno de sus ojos.
—Que he hecho —susurra, dando cuenta del terrible error que cometió.
Armin se inclina para entender lo que dice, pero Eren lo empuja para satisfacer los deseos de su instinto y hace lo que mejor sabe hacer.
Correr.
Las hojas del solitario terreno crujen cuando las aplasta junto con el peso de sus pecados.
No puede culpar a Armin, solo a sí mismo porque de una u otra forma él no es el estúpido alfa que todos creen, él –de cierta forma- sabía cuál era el propósito del omega rubio al enviarle esas notas, sus intenciones, y aun así fue a su encuentro.
Solo había querido sentir esa adrenalina en su sangre, la dulce sensación de romper las reglas una última vez.
Se detiene, sosteniéndose de las rodillas para respirar. Jadeante. Indeciso en su decisión de volver a casa o pasar la noche con Jean, algo inventará.
No puede encontrarse con Levi, porque si lo hace entonces tendrá que decirle la verdad. Su instinto le obligará a hacerlo.
Pero ¿Cuánto tiempo puede soportar sin vomitar toda la verdad?
La casa de Jean se le antoja jodidamente cerca y la señora Kirstein estará dormida a esta hora, sin embargo, incluso si aparece de improviso no dejarán que se resguarde por una noche y además el olor de Armin está pegado en sus ropas, en su piel.
Las hormonas sexuales que desprendió son muy fuertes, demasiado notorias para ser inadvertidas por el potente olfato de su omega.
Se quita la camisa y restriega su cuerpo en tierra, como el apestoso gusano en lo que se ha convertido.
A la luz de la luna pasa inadvertido entre los de su especie y los pocos betas que le echan un vistazo no son capaces de detectar su olor.
Nadie podrá llamarlo traidor.
Solo fue un beso, se repite a sí mismo, una y otra vez. Empero su alfa interior no está contento.
Cuando vuelve a casa nota que su omega no se encuentra despierto.
Toma una larga ducha, restregando todo su cuerpo hasta dejarlo rojo, como un camarón. Uno de esos camarones que comió con Levi cuando fueron de excursiones a la playa. Había vomitado al insecto, o pez, cuando llegaron al hotel y Levi le dio palmaditas de consuelo en la espalda.
Eren Jaeger deja que el agua de la cebolleta caiga sobre su cara y se lleve sus pesares muy lejos, tan lejos que quisiera irse con ella, desaparecer.
Esa vez, cuando tenía catorce o quince años, hubo un juicio en la comunidad. Dos alfas que compartían una relación ilícita fueron expulsados y mataron a las crías de sus omegas. Unos de los omegas murió debido al shock de perder a su descendencia, el otro se suicidó ahorcándose con las sábanas de su cama.
Aquello fue noticia durante meses, no se hablaba de otra cosa en la secundaria e incluso Levi estuvo más tenso que de costumbre, más estricto, hasta que habilitaron excursiones gratuitas al exterior y la gente fijo su atención en como pasar sus vacaciones en pareja.
Vivian en un mundo feliz, como el paraíso, que estaba a solo un paso del infierno.
"Vale la pena", solía decir Levi, "solo sigue las malditas reglas y no tendrás que morder el polvo".
Eren enjuagó su cuerpo, pensando en el beso.
Armin no tenía un alfa, por lo tanto seguía siendo un omega tonto e inconsciente de sus actos. En cambio él tenía a Levi y eran una pareja oficial, sus nombres estaban registrados como pareja y la traición entre destinados estaba prohibida.
Solo debía mentir, ocultar la verdad. Ignorar la bilis que le quemaba la garganta y a su alfa interior gritando por contarle todo a su omega.
JJ abre sus redondos ojos amarillos para verlo, acurrucado en la orilla de la cama donde Levi ronca suavemente, vuelve a cerrarlos y se hace bolita.
Eren está demasiado asustado para empujar al gato fuera de la cama.
Sueña en silencio.
Sueña que, de alguna u otra forma, todo terminara mal. Que alguien encontrará las sábanas para colgarse del tejado y la sangre se filtra debajo del cuerpo de un niño, el niño de Levi. Y Levi le dice algo mientras es llevado lejos pero ya es demasiado tarde para leer sus labios porque de repente su instinto está muerto.
Y sabe que haga lo que haga, aunque suplique, ruegue y trate de cambiar el pasado, ese será el inevitable final para ambos.
Jadea.
Abre los ojos y aparece sentado en la cama, el gato no se ha movido de su lugar, pero esta tan frio del otro lado.
—Levi —llama, ahogado, después de una mala pesadilla.
Quisiera ser un niño para correr a los brazos de Levi y llorar en su regazo.
Son las diez de la mañana y unas gotas de agua fría en la cara le devuelven la vida. Se limpia la cara mirando el rastrillo eléctrico que ha caído al borde de sus muslos.
—¿Erección matutina? —pregunta Levi, saliendo del baño y aventándole una toalla.
—¿Qué?
Su omega frunce el ceño con los labios rectos y los ojos brillantes. Demasiado pesado, con los brazos blancos y rollizos, diferentes.
Eren abrió los ojos, como si lo viera por primera vez. Abrió la boca, como un diminuto pez que trata de olfatear el aire.
"Esta encinta", se dice a sí mismo cuando su alfa interior parece demasiado cansado como para susurrarle cualquier cosa.
La gente cambia cuando está embarazada, los omegas cambian.
—Demonios —Levi se acerca para revolver su cabello, apartando un mechón errante de su frente con cuidada delicadeza— eres un asco —finaliza con una suave sonrisa blanca— ¿Qué hiciste anoche?
—Nada…. en realidad yo…
—No tiene importancia —las manos mojadas se quedan unos segundos más sobre su cabeza, se alejan—. Vístete y vamos al hospital.
—¿Al hospital?
Levi señala el calendario, específicamente el recuadro que él marcó con bolígrafos de color.
—No hemos salido hace tiempo —dobla una manta suave y la guarda al interior de la maleta que está cerca de la puerta—. Así que no puede ser una cita. Haz memoria.
Eren trata de hacer memoria, lamiendo los restos de Armin de sus labios. Su omega está de buen humor, casi feliz.
—Ethan —murmura bajito.
—Un punto para el idiota Jaeger.
Levi no es una persona muy expresiva, sin embargo esta mañana se muestra muy complacido y deja que su omega ronronee su felicidad. Sus duros ojos se suavizan y junta sus manos, esperando algo, alguna otra reacción de parte de su alfa.
El gato se estira, saca sus garras y vuelve a enrollarse sobre su cuerpo.
Con la garganta seca, Eren trata de contener a su alfa interior un segundo más, aspirando las feromonas maternas que navegan por toda la casa.
—Levi yo debo decirte algo importante —suelta entonces.
—Lo sé todo, mocoso, créeme que lo sé —Levi vuelve a liberar otra sonrisita que cae como una cuchilla sobre su pecho.
—No se trata de eso Levi —no puede contener las palabras por más tiempo, no de esta forma, es importante, tiene que decirle, debe decirle— anoche yo…
—Todo saldrá bien —corta Levi, empujándolo fura de la cama para que se desnude, tome una ducha y vaya al hospital de una maldita vez.
—Levi anoche yo…
La puerta del baño se cierra en su cara y Eren puede jurar que Levi está feliz porque hoy sacaran al niño de sus entrañas.
Y su alfa muerde, araña y se queja en su interior. Eren lo contiene hasta que Levi aporrea la puerta indicándole que no convierta ese perfecto día en un día de mierda y se comporte como un alfa por una jodida vez porque hoy esta de muy buen humor.
Lo hace.
Porque se supone que así es el amor.
Blanco y reluciente como el cuartito donde dos enfermeras omegas ingresan a Levi que le pide tome varias revistas para no morir del aburrimiento.
—No te muevas de esa puerta —le advierte sin embargo, cuando tiene sus libros en su pecho y el doctor viene para inyectarle la anestesia.
—No lo haré.
Siente que los ojos de Levi le buscan, quieren decirle algo más, pero sus labios están fuertemente cerrados, mueve la cabeza y hace un gesto con la mano para que se vaya.
Eren se obliga a dormir en la silla las próximas cuatro horas.
Oculto en su pequeño espacio en blanco donde los demonios no lo pueden atacar.
Suspira y balancea su cuerpo hacia el lado más suave del cuero negro cuando su brazo cae del asiento abruptamente y una enfermera toca su hombro.
Cuatro horas después es llamado dentro.
—Es un niño —le dice una enfermera omega mientras abre la puerta donde tienen recluido a Levi— un alfa.
El de ojos verdes sigue la dirección del dedo para ver una mata de cabellos castaños envuelta en celeste y acunada con fuerza entre los brazos de su omega.
Levi parece cansado, pero ya no frunce el ceño, sus labios están cerrados y sus ojos no dejan de mirar a la cría.
—Los dejaré solos —avisa la enfermera y se va sin hacer ruido.
Eren asiente y se inclina en la camilla para contemplar a Ethan.
Pequeño, rosado y chillón.
Tan irreal y lejano hasta que lo toca con un dedo recibiendo un gimoteo de protesta que hace que la pequeña cría abra los ojos para emitir un grito.
Sus ojos son verdes.
—¿Le hice daño? —pregunta, retrocediendo un par de pasos cuando las suaves cuchillas de acero le miran.
Levi tiene el cabello húmedo y el fleco se pega en su frente, pero parece no darse cuenta.
—Solo tiene hambre —el omega vuelve la mirada a su cría y la habitación se llena de esas dulces feromonas.
—Traeré a la enfermera.
—Eren.
Se detiene cuando siente el tirón en su manga, la parálisis en su sistema y el blando miedo que espolea sus rodillas.
—Ven.
—No.
Levi abre la boca para decirle algo, sin embargo la abrupta respuesta le ha dejado medio sorprendido.
Chasquea la lengua con molestia, sin fuerza para levantar el cuerpo, pero la suficiente curiosidad para no soltar la manga del alfa.
Ethan vuelve a emitir otro agudo grito.
—Acércate y carga a tu hijo, maldita sea —ordena, desterrando la esponjosa docilidad de antes.
Obedece suprimiendo el aliento, deseando que la anestesia haya embotado la nariz de Levi lo suficiente para que ninguna feromona ajena sea encontrada en su inspección.
Extiende los dedos para alzar al pequeño, pero Levi le indica que lo bese.
Y Eren, por más que intente suprimir el deseo, recuerda a Armin.
—Eren.
—¿Si?
El fresco aliento de su omega choca con su mandíbula.
—Hueles diferente.
Hay un deje de duda en esa afirmación, siente que los nervios de sus brazos se tensan y la suave manta celeste resbala por la yema de sus dedos.
Y la culpa le somete a un juicio sin pausas.
—¿Qué mierda comiste?
—Besé a otro omega.
Levi suelta un fuerte suspiro, tocando su frente arrugada.
—Eren, sabes que no es un buen momento para tus estupideces.
Cansado, el chico deja que su alfa interior estalle, deslizando las venenosas palabras por su lengua.
—Pero te digo la verdad.
Levi pestañea, incrédulo, por primera vez sin una frase mordaz que decirle para que se sienta mal. Husmea el ambiente, buscando con desespero la confirmación de que eso que dijo Eren sea verdad, y vuelve a oler sus labios.
Entre el jabón y el café de esta mañana, entre su razón y el incrédulo silencio de su omega interior, huele a mierda.
Un dolor agudo provoca que Eren grite cuando las uñas del omega se clavan en su cuello y, no supo decir de donde, sacó la fuerza para acercar sus rostros.
Ethan chilla, resbalando unos centímetros, pero cuando Eren quiere tocarlo un gruñido brota de la boca de Levi.
—Repítelo.
Y tiembla tratando de contener a su alfa interior, rogándole que no le diga. .
—Besé a otro omega.
Levi miró a su alfa durante un minuto entero cuando finalmente lo entendió.
Ethan llora, asustado por las feromonas que cambiaron en un abrir y cerrar de ojos. Alguien toca la puerta preguntando que sucede.
—Cállate —sisea Levi, enviando una pequeña carga de feromonas y Ethan se adormece, cerrando los ojos.
—Lo siento —susurra Eren, tan bajo como puede, deseando conocer la fórmula para salir solucionar todo esto. Odiando a su instinto por herir a Levi. Tratando de zafarse de esas uñas que trazan medias lunas en su piel.
Pero Levi aprieta los labios antes de que todo rastro de razón muera en sus ojos.
Exige saber el nombre.
—Fue un accidente —salta Eren, incapaz de revelar la identidad de Armin.
—Dime su nombre o lo lamentarás —le advierte.
¿Por qué parece tener tanto miedo?
—S-soy tu alfa —balbucea Eren, tomándolo de las muñecas, calmándolo como puede—yo tengo…
—Tú no eres un alfa —escupe con desdén— eres un fracaso que estoy harto de soportar.
—No digas esas cosas.
La iluminación llega al omega y prepara otra carga.
—¿Se trata de tu sueño? ¿Lo hiciste para librarte de Ethan y de mí? Ser libre con tus amigos betas.
—No, Levi yo nunca…
Yo nunca te he mentido.
La cruel risa de Levi termina por aplastar su súplica.
—Asqueroso traid…
No le deja terminar la frase, su palma se estrella contra la cara del omega cuando abren la puerta.
Nadie debe escuchar el secreto, porque Eren teme morir.
Teme que maten a Levi y derrumben los muros de su paraíso.
Y Levi muerde con una súbita fuerza cuando toda la humanidad se ha ido de sus ojos y su omega interior toma el mando.
El médico alfa trata de separarlos, pero la mandíbula del omega se aprieta con fuerza en el brazo del alfa. Una enfermera corre, otra solo se queda mirando, sorprendida.
El médico alfa se desespera, levanta el puño que cae varias veces sobre la cabeza del omega, hasta que suelta su presa.
Entonces Eren es apartado con fuerza y echado de la habitación.
Se queda solo en el pasillo, bajo la atenta mirada del personal que ha volteado para ver qué ocurre.
Alguien le tiende una venda y comienza a trabajar con rapidez sobre su brazo derecho magullado que gotea carmesí contra la baldosa blanca del piso.
Muchas gracias por todos sus review y buenos deseos. Sé que no he actualizado nada desde hace un par de meses, la vida adulta está dándome muy duro :,v pero yo le pego más fuerte :v
Mi meta es terminar este fanfic a principios de diciembre.
Tiene final feliz.
Si, tengo un fetiche con el omegaverse, mpreg y el ereri, es mi máximo.
Nos leemos.
