James Potter adoraba a su padre. Era su ejemplo a seguir, su referente. Para él, Harry era padre perfecto; cariñoso, amable, y comprensivo. Sabía ser severo cuando lo requería y afable en los momentos necesarios.

Él quiso seguir sus pasos, así que cuando James le confesó a su padre que quería ser el nuevo salvador del mundo mágico, el mayor rió, negando con la cabeza y le dijo que, por suerte, ya no había un mundo que salvar.

James se desilusionó en aquella época porque comprendió que no iba a poder ser igual que él. Aún así, no desistió en su meta. Quería que Harry estuviese orgulloso de sus logros, que le sonriera satisfecho y le dijera lo buen hijo que era. Así que a los once años fue sorteado en Gryffindor, consiguió entrar en el equipo de Quidditch y ser el mejor buscador de su año. Pasó la mayoría de sus E.X.T.A.S.I.S con un Extraordinario, y cuando logró entrar en la Academia de Aurores, la sonrisa de Harry era la más orgullosa que había.

A pesar de todo eso, James supo que nunca sería el completo centro de atención de su padre. Era el mayor de tres hermanos, y uno más entre todos los niños que formaban la familia Weasley.

Eso no le afectó tanto como debería, porque él había logrado captar la total atención de otra persona: su hermano Albus.

Albus era igual que su padre. Un reflejo exacto. Tenía el mismo cabello negro y desordenado, los mismos ojos verdes, y esa sonrisa tan genuina. Lo único que les diferenciaba físicamente era que no llevaba gafas.

Y Albus siempre le miraba como si fuera su mundo entero.

Para él, eso había sido un regocijo enorme.

Cuando era pequeños, su hermano se había dedicado a perseguirle e imitarle. Albus siempre le había dicho que quería ser como él, así que repetía todo lo que James hacía. Para cualquier otro niño, tener que aguantar a un hermano pequeño habría sido un suplicio, pero a James le encantaba sentirse tan importante para alguien. No era único para su padre, pero sí lo era para Albus.

Pero, aunque Harry y Albus se parecían en casi todo, James se dio cuenta de que no eran exactamente iguales.

Lo supo el día en el que, un pequeño Albus, le dijo:

— Jamie, ¿me enseñas tus partes?

El mayor se había quedado asombrado por un instante, sin entender muy bien porqué su hermano querría ver... eso.

— ¿Para qué?

— Tengo curiosidad.

James se había bajado los pantalones en una tarde de verano, en su casa, mientras su madre tomaba el té con su tía Hermione y su padre estaba trabajando.

Los ojos verdes de Albus, en ese entonces, le habían mirado con una devoción que le había hecho sentir ligero durante una semana entera.

Las diferencia entre Harry y su hermano se fueron acentuando mientras crecía. Albus había sido sorteado en Slytherin, no había mostrado ningún interés en el Quidditch y había obtenido un Extraordinario en Pociones.

Pero la disimilitud que más había le había sorprendido fue encontrar a su hermano besándose con Scorpius Malfoy en el sofá del salón de su casa cuando en teoría deberían estar estudiando.

Se había quedado parado en el umbral de la puerta, con un vaso de agua fría en la mano y el rostro pálido. Su hermano no solo se estaba besando con el que se suponía solo era un amigo, sino que ademas se estaba frotando, y gimiendo mientras ambos se tocaban con fervor. Se devoraban con un afán enardecido.

James nunca había visto esa expresión de placer en el rostro de Albus.

Esa imagen le hizo reflexionar durante unos días, dándose cuenta de que a lo mejor Albus y Harry no eran tan dispares como parecía.

Había sido solo una vez, y James no había vuelto a recordar ese momento hasta aquel instante. Recordaba que sus padres estaban discutiendo. James era pequeño, pero consciente de las cosas. Había pasado por el pasillo hacia su habitación, cuando había escuchado el reclamo que Ginny le había hecho a su padre.

— ¿Es por Malfoy, verdad? Siempre es por él.

James se había preguntado porque su madre parecía tan desgraciada en ese momento. Harry no contestó, y si lo hizo, él no lo escuchó. Tampoco le había dado especial importancia, porque a la mañana siguiente sus padres parecían tan felices como siempre.

Ahora esas palabras tomaban un sentido muy diferente.

Desde ese día, no había vuelto a ver de la misma manera a la familia Malfoy.

Las visitas de Scorpius a su casa siempre habían sido algo común, y James había aprovechado esos encuentros para observar al rubio desde un nuevo ángulo.

Scorpius era atractivo. Tenía el cabello rubio y liso, los ojos azules, la mirada suave y una sonrisa fácil. Había sido popular en el colegio, aunque James iba varios cursos por delante, sabía que a Malfoy le precedía el apellido. Y su amistad con Albus había dado mucho de qué hablar.

— ¿Quieres una foto? —le había espetado Scorpius un día, mientras James le observaba desde la puerta de la cocina.

— ¿Qué?

— Que dejes de mirarme, que me vas a desgastar.

James se había sonrojado, había cruzado la cocina con rapidez, se había servido un trozo de tarta que había en la nevera y había salido casi corriendo de ahí.

Su corazón latía desbocado cuando llegó a su habitación, y ni si quiera sabía porqué. Él no era virgen, había tenido una novia a los dieciséis que no le había durado mucho pero que le había permitido explorar lo que eran las relaciones íntimas. Después de eso se había interesado por un par de chicas más, pero luego había estado tan ocupado en entrar en la Academia de Aurores y llamar la atención de su padre que no había tenido tiempo para fijarse en nada más.

Y ahora no podía parar de mirar a Scorpius.

Y se masturbaba recordando el rostro lleno de placer de Albus, para luego arrepentirse y estar varios días con remordimiento de conciencia.

Merlín, estaba enfermo.

— Jamie.

El aludido se sobresaltó, la tarta osciló encima del plato que aún sujetaba cuando se giró para encarar a su hermano.

— ¿Sí?

Albus sonrió juguetonamente, de esa manera en la que siempre lo hacía cuando sabía que había cometido alguna travesura pero tenía a su hermano para cubrirle y evitar el castigo de sus padres.

— Te noto muy tenso últimamente.

— Que va —negó, dejando el plato encima de su escritorio mientras sonreía temblorosamente—. ¿Qué tal con tus suegros? Cenaste ayer con ellos, ¿no?

La sonrisa del menor se ensanchó, a la vez que se iba acercando a él.

— Oh, fue una cena muy... interesante.

— Me alegro.

— Entonces, ¿qué te pasa?

— Nada.

— Sabes —empezó Albus, con una sonrisa insinuante, ya muy cerca de él—, Scorpius y yo tenemos una teoría.

— ¿Sobre qué?

— Sobre ti.

Frunció el ceño, haciendo ademán de preguntar qué era lo que habían estado hablando sobre él, cuando su hermano acortó la distancia entre ellos y rozó sus labios.

James se paralizó, su respiración se cortó y sus músculos se tensaron.

— ¿Qué haces? —preguntó, con la voz llena de pánico.

Albus sonrió despreocupado, agarrándole de la ropa cuando vio que tenía intención de separarse de él.

— Probar mi teoría.

No pudo replicar nada, porque el menor volvió a besarle, esta vez con más ganas, con sus dientes raspándole el labio inferior y su lengua acariciándole con suavidad. James gimió, con los ojos cerrados y correspondiendo al beso sin ser ni si quiera consciente.

Cuando se separaron, Albus le observaba con sus ojos verdes brillantes, llenos de esa devoción con la que le miraba cuando era pequeños.

El mayor jadeó, y sus párpados volvieron a caer cuando volvieron a besarse. James correspondió con vehemencia esta vez, con sus manos en la espalda del otro, acariciandole y apretándole con él. Esta vez fue Albus quien gimió, llevando su mano hacia la entrepierna del mayor, encontrándola ya muy despierta.

— Jamie —suspiró contra su boca.

Su cuerpo se sacudió, sus caderas se balancearon, presionando su erección contra la mano de Albus.

Pero abrir los ojos y ver a Scorpius Malfoy apoyado en el marco de la puerta le hizo volver a la realidad.

Se apartó del moreno como si quemase, con los ojos abiertos con pánico.

Acababa de besar a su hermano y su novio lo había visto todo. ¿Qué clase de degenerado era?

— No es lo que parece —se excusó rápidamente.

Scorpius arqueó una ceja, y miró hacia Albus. Compartieron una conversación con la mirada, y luego el rubio sonrió ampliamente, entrando en la habitación y cerrando la puerta, para apoyar la espalda en ella.

— No te preocupes, Scorpius no tiene ningún problema con esto. De hecho... le gusta mirar.

— ¿Con esto? —preguntó James, echándose hacia atrás mientras negaba con la cabeza. Su corazón latía desbocado—. No. Esto es un error, yo no...

— Jamie —llamó Albus, con esa expresión que siempre ponía cuando quería conseguir algo de él.

— No.

El menor se acercó, pasó las manos por su pecho, acariciándole suavemente, con una mirada suplicante.

— Por favor —pidió, con el aliento casi en sus labios—. Llevo deseando esto mucho tiempo.

Su garganta se atascó, imposibilitando el tragar saliva. Su entrepierna volvió a endurecerse con velocidad.

— ¿De... de verdad?

Su hermano asintió con vehemencia, relamiéndose mientras miraba su boca con apetito.

— Mucho tiempo —repitió, reafirmándose—. Siempre has sido mi... fantasía.

Jadeó, tambaleándose sobre su sitio. Albus estaba tan cerca. Tan cerca.

Cerró los ojos, y supuso que eso fue el indicio que esperaba el otro porque acto seguido sus labios volvieron a unirse. James se dejó guiar hacia atrás, hasta que chocó con su propia cama. Se dejó caer en ella, viendo embelesado como Albus sonreía, a la vez que llevaba sus manos hacia sus pantalones para desabrocharlos. Vio a Scorpius a su izquierda, sentado en una butaca que tenía. Sus ojos claros miraban la escena con afán y una excitación que hizo a James relamerse. Se notaba a simple vista que sus pantalones estaban apretados.

Sus ojos volvieron hacia el moreno en cuanto notó que su enfurecido pene estaba ya fuera de sus pantalones. La lengua de Albus se paseó sobre su piel con fervor, como si le estuviese adorando con la boca, para luego tragar su polla entera. James se tensó, gimiendo con fuerza, mientras miraba a Albus chuparle con ganas.

— Merlín —murmuró ahogadamente—. No voy a durar mucho.

— Pues esto solo acaba de empezar —contestó Scorpius, levantándose de su asiento para acercarse a ellos. Cogió la cabellera morena de su novio, solo para empujar contra James, haciendo que su pene llegase hasta el fondo de su garganta. Albus gimió, cerrando los ojos con placer, mientras James hizo acopio de todo su esfuerzo para no correrse ahí mismo—. A Albus le gusta que le follen la boca, ¿verdad?

El aludido se echó hacia atrás, respirando con fuerza, totalmente agitado.

— Prepárame —le pidió al rubio.

Vio cómo su hermano se levanta, desnudándose con rapidez, para volver a arrodillarse frente a él. Scorpius conservó su ropa, colocándose detrás de su novio. Conectó sus ojos con los de James en cuanto Albus retomó su tarea.

Llevó sus manos hacia el cabello del menor con algo de inseguridad. En cuanto Albus gimió complacido, su entrepierna se endureció. Ondeó sus caderas, hundiendo su polla hasta el final de la garganta del moreno, quien la recibía complacido. Scorpius le dilataba ya con dos dedos por detrás de él.

James siguió embistiendo, observando delicadamente a Albus, hasta que sintió su orgasmo creces dentro de él.

— Me voy a correr —avisó.

El menor se separó de él, jadeando. Se giró para besar a Scorpius con entusiasmo. James los observó excitado, viendo cómo sus lenguas se enredaban entre ellas.

— Ya estás listo, Al.

El aludido se irguió, subiéndose a horcajadas encima del mayor.

James gimió al sentir el calor abrazando su erección, viendo cómo Albus gemía mientras se deslizaba su entrepierna por su interior. Se echó hacia atrás, extasiado en placer. El moreno subió y bajó sobre su polla en un ritmo enloquecedoramente lento.

Vio a su hermano, con una expresión de placer que nunca antes había visto, con los ojos cerrados y la cabeza echada hacia atrás. Sintió una lengua chupar su perineo, subir hacia sus testículos y chuparlos con gula. El mayor gimió, agarrando por las caderas al otro, forzándole a ir a un ritmo más acelerado. Albus lo recibió gustoso, acoplándose a sus arremetidas.

— Scorp —llamó entre gemidos—, necesito chupartela.

El rubio se levantó, se quitó la ropa, y se colocó a un lado, con el pene en su mano derecha, masturbándose lentamente. Su novio no lo pensó dos veces a la hora de inclinarse y chupar su polla con voracidad. James lo observó todo, sollozando al sentir a Albus tensarse a su alrededor, con su propio orgasmo aglomerándose en su estómago.

Vio a Scorpius enredar la mano en el cabello de Albus, mientras se mordía el labio inferior. Los ojos azules de Malfoy miraron durante un instante, antes de que sus párpados cayesen y su garganta soltase un ronco gemido.

No le hizo falta comprobarlo, pero por la expresión complacida de Albus, supo que el rubio se estaba corriendo.

El moreno arqueó la espalda, botó sobre su pene un par de veces más, antes de enterrarse profundamente, y se masturbó frenéticamente, aún con la polla de Scorpius en su garganta, hasta que llenó su estómago de semen.

James respiró con fuerza, antes de que Albus sellase su boca con la suya, compartiendo el sabor de Malfoy con su lengua, eyaculando con fuerza dentro de la estrechez del otro.

Su cuerpo quedó laxo y satisfecho. El cansancio le arrulló intensamente, llevándole al mundo de la inconsciencia.

Cuando despertó, se encontraba en su habitación, vestido y cómodamente dormido. Su ceño se frunció confundido, preguntándose si todo lo que había sucedido había sido un sueño o no.

Y aunque al revisar toda su casa no halló ni a su hermano ni a Malfoy, cuando volvió a su habitación encontró un trozo de tarta encima de su escritorio.

Fin.