El metal de la hebilla choca contra la sensible piel de su polla y Eren no puede evitar soltar un desprevenido jadeo por el cambio de temperatura, mordiéndose el labio para guardar silencio.

Se quita los pantalones y la ropa interior tirando las prendas en una esquina de la cama, probablemente Levi vaya a regañarlo por eso, pero ahora no importa porque tiene el tiempo contado así que envuelve los dedos alrededor del falo caliente y tiembla cuando una corriente de placer le obliga a curvar los dedos de los pies.

Esa había sido la primera vez que intentó masturbarse solo.

—¿Qué haces?

Y el éxtasis había durado menos de cinco minutos.

—¡Levi! —Saltó y su rostro se puso de color rojo—. Por favor, no entres sin tocar la puerta.

Tenía catorce años.

—Está también es mi casa.

—Lo sé…pero yo —no pudo evitar ocultar su angustia— quiero privacidad para hacer esto.

Levi chupó su labio inferior, con los ojos grises brillando con entendimiento.

—Sabes que no puedes.

Algo hirvió en su estómago y quería gritarle que lo sabía, que no era un idiota, pero que a veces quería hacer esto solo.

Le habían enseñado que a esa edad todos sentían tener al mundo en sus manos, que los alfas tenían alas y la vida misma giraba a su alrededor.

En cambio su angustia apestó la habitación y tuvo que cubrirse la cara con un brazo para que el omega no viera las lágrimas cayendo cuando se vio obligado a apartar las manos y dejar que el omega hiciera su trabajo.

—Yo quiero hacerlo solo, porque no puedo hacerlo solo.

Levi tarareó en respuesta, los ojos grises cerrados y una mano apretándole el muslo como disculpa.

No puedes, no es correcto, no eres libre.

Tenía catorce años cuando el resentimiento floreció en sus entrañas.

Tendría veintitrés cuando el resentimiento hinchado y supurante estalló y arrastró todo a su paso.

-DILEMAS DE UN OMEGA CASADO-

Capítulo veinticuatro: Caer

Connie era un buen chico, trabajando en el hotel gracias a su madrastra, una omega sin género que fue expulsada hace años del interior de los muros. El padre también era beta y era un Vigilante, uno de los perros de caza que los altos mandos entrenaban para vigilar el comportamiento correcto de los alfas cuando salían al exterior.

Connie era un buen chico de veinte años que gustaba hacer chistes e iba en el segundo año en la universidad estatal de la ciudad, recibía buenas propinas por cuidar niños y usualmente los omegas le obsequiaban cosas que ya no querían utilizar, entonces, agradecido, Connie se esmeraba en cuidar de los revoltosos cachorros de los clientes y siempre ser cortés con los omegas que charlaban como cotorras y reían en su pequeña burbuja de felicidad.

Hasta que ese omega lo sujetó por la nuca y le obligó a besarle, ese había sido su primer beso, y todo fue tan horrible que quiso mojar sus pantalones.

Los omegas olían bien, los omegas tenían un aura atrayente y un alfa con la autoridad de matar y no ir a la cárcel por ello.

Connie pensó que era demasiado joven para morir, porque la lengua de ese omega está dentro de su boca y él es un simple beta que no sabe nada sobre feromonas y teme que alguna quede impregnada en su y el alfa de ese omega termine matándolo.

Y luego el venenoso omega abrió la boca y pidió algo que un omega nunca debía pedir.

Ellos eran un mundo aparte, ellos eran la élite que mantenía la corrupción a raya a cambio de que los dejaran en paz, los betas se mantenían alejados de ellos y todos sacaban sus propias especulaciones –uno que otro reportero intentando ganar fortuna escalando los altos muros donde ellos se habían encerrado hace años y muriendo en el intento- y de vez en cuando el líder de ellos mostrándose en público para recordarles que nunca se atrevieran a mirarles a la cara ni a indagar sobre sus vidas, que todos eran felices y no los necesitaban.

La madrastra ex omega de Connie todavía conservaba algo de esa extraña aura que los betas susurraban, era locura y demencia, pero luego se sumergía en sí misma y se quedaba callada, callada atendiendo la taberna que su padre había comprado.

Los otros exiliados no eran distintos, Connie había crecido entre ellos lo suficiente para saber cuál fue alguna vez un alfa u omega, cuales se mantenían mudos como rocas y cuales gustaban de fingir ser betas en aquel gran hotel donde todos servían y limpiaban y luego iban a dormir en el largo edificio contrario lleno de pequeñas piezas donde disponían de lo indispensable.

Por supuesto que conocía a Farlan, Farlan había sido un peón en una de las cuadrillas de construcción y lo trasladaron al hotel cuando se destrozó la cadera en un accidente. Farlan tenía una sonrisa de pantera y ojos almendrados, planchaba las sábanas del hotel y fumaba en los descansos. De vez en cuando solía decir que alguna vez había sido un alfa importante y señalaba los más bonitos edificios de la ciudad que, según él, había diseñado cuando todavía era un alfa.

Entonces Connie no tuvo otra opción más que guiar al omega y su cachorro a través de las escaleras de emergencia, que nadie usaba, y decirle que esperara.

Farlan estaba fumando junto a un par de guardias beta y Connie lo lleva aparte le cuenta todo, que ese omega puede estar chiflado y que mejor tengan cuidado y, demonios, tiene tanto miedo en ese momento.

—Llévame con él.

Connie asiente porque confía en Farlan y Farlan tiene contactos, así que si se meten en problemas sabe que siempre puede tirar de unos hilos y salvarlo de las garras del alfa de ese omega chiflado.

—Su nombre es Levi, no un omega chiflado —corrige con los brazos cruzados en el ascensor.

—¿Así que se conocen o algo? —bromea Connie, jugando con los botones de su saco.

—Será mejor que lo olvides.

—Es lo que más quiero, hombre yo… —titubea— ¿Sabes que podría pasarme si lo descubren? Mi padre es un Vigilante. Busca gente que hace cosas ilegales, como lo que está pasando aquí y créeme cuando te digo que las cosas nunca terminan bien —gesticula con las manos-. Nada puede terminar bien cuando se trata de ellos.

Hacen un par de paradas para despistar a algunos empleados y llegan al piso de escaleras donde ese omega, Levi, está probándose un collar grueso que Connie sabe los posesivos alfas obligan a sus omegas a usar cuando salen a pasear y no quieren que nadie huela sus feromonas.

Entonces el dialogo más extraño ocurre mientras él está apilado en un rincón asegurándose de que el cachorro de ese omega se mantenga entretenido.

Los ojos almendrados de Farlan miran al niño y luego al omega.

—¿Es tu hijo?

Y ese omega frio e imperturbable sonríe como si estuviera en un día de campo, casi recordándole a los omegas en sus burbujas de felicidad.

—Sí, su nombre es Ethan.

—Se parece a...tu alfa —susurra Farlan inclinándose para tocar la frente del omega y rozarse con su piel.

El cachorro, Ethan, tira del borde de su abrigo y se muerde la mano para llamar su atención y Connie mantiene la cabeza gacha por aquel momento que parece tan íntimo y prohibido para él.

—Estoy feliz, pero sabes que esto es peligroso, pueden arrestarte, Levi.

El omega gruñe y lanza una maldición.

—¿Cómo podrían cuando ellos mintieron todos estos años y dijeron que tú estabas bien y eras quien enviaba todas esas cartas? Ellos son unos…

Farlan le cubre la boca a Levi y se queda ahí, pegado al omega hasta que logra calmarlo.

—No huelo nada.

—Ahora eres un beta, ellos te hicieron eso.

—No…no, soy, estoy incompleto —Farlan aparta las manos— mi pareja destinada murió y juzgaron que fue culpa mía por no buscarla adecuadamente, tu hermano me ayudo a terminar aquí y no bajo tierra.

—Mi hermano me dio esto —el omega levantó el collar— y fue quien me dijo dónde encontrarte.

Farlan entrecierra los ojos y suspira.

—No debemos confiar en él.

Connie no sabe si hablan de él o del hermano, pero entonces Farlan le habla y le pide que intercambien el uniforme.

—No planean escapar ¿Cierto? —pregunta desnudándose.

—No, Levi necesita un guía para salir al exterior —dice— volveremos antes de la medianoche.

Como cenicienta, quiere comentar, pero se muerde la lengua antes de hacerlo.

Porque estas cosas nunca pueden terminar bien.

.

.

.

.

Farlan le cuenta todo.

Vive junto a los exiliados, viudos y algunos traidores de los muros que fueron perdonados, en el complejo de apartamentos que está frente al hotel. Se levanta a las cinco de la mañana para hacer fila en las duchas y tiene una cocina junto a la cama, quiere una novia, pero no puede levantarlo y es lo que las betas llaman un hombre fracasado. Los pocos amigos que ha conseguido son buenas personas, pero ninguno comparte su historia.

Todos cometieron errores.

Infidelidad, curiosidad, otros más graves que otros, un alfa anciano le contó que había contaminado su cuerpo cuando decidió beber "el agua que te hace feliz" de los betas. Lo llaman alcohol. Los ex omegas son los más difíciles de tratar, ninguno habla y son introvertidos, a excepción de Carla, ella es una omega, la madrastra de Connie, que se casó con un Vigilante.

Caminan tomados de la mano para no perder a Levi entre la multitud y Farlan le enseña la comida y algunos atractivos de la ciudad.

—Las cartas que recibí todo este tiempo —comienza Levi cuando se han instalado en una cafetería bulliciosa de estudiantes beta y gente colorida.

—Eran falsas —concluye Farlan—, perdóname, si lo hubiera sabido habría pedido que se detengan.

—Averiguaré quien lo hizo —sisea Levi y Ethan aplaude feliz porque hay un payaso detrás del muro de vidrio.

—Tú y yo sabemos quién lo hizo —dice Farlan.

—Sabes que él no lo haría es mi hermano.

—Su trabajo es mentir —le dice Farlan—, pero no comprendo la razón por la cual dejó que tú y yo nos encontráramos.

Levi agacha la cabeza y deja que Ethan se ponga de pie contra la ventana para saludar al payaso.

—Yo se lo pedí.

—Levi…

—Déjame explicarte.

Todos estos años River ha estado apoderándose del trabajo inconcluso que Grisha, el padre de Eren, y apropiándose de el para subir de puesto y adquirir poder.

Apoderarse es una palabra demasiado débil, en realidad Levi es quien hizo que todo eso sea posible porque River le ha dado dulces con drogas más fuertes a las normales para motivar al instinto de Eren.

—Eso es ilegal.

—Nadie más lo sabe —le dice Levi—, si River habla estará tan jodido como mi familia.

—Pero si tú tratas de acusarlo tienes mucho que perder —razona Farlan— estás jugando con fuego, Levi. ¿Eren lo sabe?

—No —permanece callado un momento antes de continuar—. Lo hice por su bien, para que no creyera que es un alfa defectuoso. Ahora que ha tenido su primer celo no necesita la medicina, River ya no puede robar el trabajo de su padre ni chantajearme o contarle todo a Eren.

—Si se entera no creerá nada de lo que digas —rueda los ojos—, tanto tú como yo sabemos lo volátil que es ese perro tuyo.

Levi se encoge de hombros y juega con las manos de su cachorro.

—Me lo agradecerá algún día —dice sin levantar la cabeza—. Yo lo hice por él.

Farlan se remueve en su silla.

—Hablas como si estuvieras orgulloso de él.

—Lo estoy.

Era de esperarse. Farlan no está celoso ni triste por la confesión, no es como si esperara un romance secreto o algo por el estilo. Las cosas entre ellos ya no podrían traspasar los límites de la amistad, pero de todas formas se preocupa genuinamente por él.

—Y ¿lo sabe?

—No necesita saberlo.

Asustado, pone una mano sobre la rodilla del omega para demostrarle que en verdad esto es serio.

—¿Y sabes que esto es como una granada que explotará con el tiempo? —replicó como si pudiera ver lo que Levi intentaba negar todo este tiempo.

—¿Qué es una granada?

—Una bomba en miniatura —dijo— pero eso no es lo que importa ahora.

Levi pareció meditarlo un momento.

—En ese caso no dejaré que estalle.

—Al menos deberías contarle lo que pasó con sus padres, ya no es un niño y entenderá que ellos eran traidores y solo recibieron un justo castigo.

—No —negó—, Eren idealiza demasiado a su padre como para entender la verdad

—Tiene que crecer, no puedes protegerlo todo el tiempo.

—No quiero romperle el corazón.

Farlan jadeó, sorprendido.

—Estás enamorado de tu alfa —acusó.

—Diablos, no.

—Entonces te encuentras en medio de un dilema que no puedes resolver, pero aquí estamos, tomando el té en una cafetería beta como antaño.

Levi bajó a Ethan de sus rodillas dejando que avanzara hasta la ventana, luego miró a Farlan a la cara.

—River no puede extorsionarme por siempre —dijo frunciendo el ceño—, pero no voy a contarle nada a mi alfa. Los muertos ya están muertos y deben quedarse ahí. Así que mi alfa se graduará y entonces heredará todo el trabajo de su padre, solo entonces River nos dejará en paz.

—No puedes esperar tanto tiempo, podrían suceder cosas y ya sabes…

—Eren es importante —interrumpió apretando los puños y chasqueando la lengua— tú no lo entenderías, él…es la mitad de mi vida.

Farlan lo miró y su corazón latía a un ritmo acelerado, no podía estar hablando en serio.

—Por instinto —señaló con esperanza al ver que este Levi era uno completamente distinto al que conoció alguna vez.

—No —dijo con la voz ronca—, porque lo amo.

Y las palabras fluyen de su boca como un suspiro, un alivio, con tanta naturalidad al saber que nadie está escuchándolos y que Farlan no va a condenarlo por haber caído en el peor pecado de alguien como ellos. Porque ese sentimiento lo ciega y solo se sostiene en base a mentiras y secretos escondidos, pilares tan viejos y desgastados que no significan nada, pero pueden convertirse en afiladas espadas si tan solo comete el más mínimo desliz.

Pero siempre y cuando sea por Eren, todo estará bien ya que no duda un solo segundo de que el sentimientos es completamente recíproco. Así que no importa cuántas piedras caigan sobre ellos, mientras permanezcan juntos todo estará bien.

Levi confía en Eren ciegamente.

.

.

.

Cinco veces cometimos errores, pero solo una vez fuimos descubiertos.

Y entonces todo se incendió con tu fuego.

.

.

.

River Ackerman es un alfa de alta categoría.

River es el líder del campo de medicina de la capital central, eso significa mucho trabajo y demasiado trabajo para mantener un puesto mediocre rodeado de alfas, pero River es competitivo y quiere ser el mejor así que reúne a todo su equipo y juntos logran destripar una de las investigaciones de Grisha Jaeger y ahora tiene un instinto superior al resto de sus congéneres.

Eso le lleva a iniciar una cacería y obtener todos los informes que Grisha escondió aquí y allá antes de morir, no se siente mal al hacerlo, el también ayudo mucho en el trabajo de Grisha y siente que en parte es propietario de todo, pero su pequeño hermano omega no opina igual y tiene que sobornarlo con medicina para que suelte algunas hojas y jugosos archivos que harán un gran bien a la comunidad.

Todo el trabajo de Grisha se encuentra pudriéndose en el sótano de esa casa y no puede darse el lujo de esperar que la cría alfa de su hermano crezca y sea forzada a estudiar el trabajo/herencia de su padre, si es que alguna vez logra hacerlo, si es que esta realmente interesado en ese campo.

Y River no es quien va a poner todas sus esperanzas en un cachorro que ni siquiera puede desarrollar el instinto y saco la peores notas en medicina de todos los aspirantes, por todo lo que sabe, Eren ni siquiera puede soportar la sangre.

Entonces lo hace, tira de algunos hilos, juega sucio, busca los puntos débiles de su hermano y obtiene algunos archivos, desentraña hasta la última silaba y con el tiempo su esfuerzo rinde frutos.

Ahora los alfas poco desarrollados como Eren pueden alcanzar el celo antes de los quince, ahora solo se necesita una prueba de sangre de los recién nacidos para introducirla en las grandes computadoras y saber que omega está destinado a que alfa y ahorrarle un poco de trabajo a la madre naturaleza, además de asegurar con ello que nacerán cachorros mucho más fuertes y sanos que antes.

Ahora la tasa de mortalidad en infantes se ha reducido a cero y la droga puesta en el agua y azúcar de la gente ya no es necesaria para que el instinto de todos funcione de manera correcta y primitiva.

Y todo lo ha hecho él, pero su hermanito se niega a aceptar el cambio y se niega a soltar los otros archivos de Grisha Jaeger, no importa cuánto diga o cuanto amenace, Levi piensa que Eren es un alfa con un futuro prometedor que heredará los archivos de Grisha para abrirse camino en el mundo cuando se convierta en un excelente médico, aunque se haya demostrado que el chico solo quiere escribir y fundirse en el anonimato por todo lo que vale.

River se ha cansado de luchar y deja que ambos continúen con su pequeño drama y como es un buen hermano también deja que Levi vea a Farlan, de todas formas puede usar esa carta a su favor si las cosas se ponen realmente feas.

Por el momento ya tiene todo lo que ha deseado.

Entonces se relaja e inhala el aroma de su omega, cálido y con una pizca de canela, maternal.

Tiene siete hijos y los ama a todos, tiene el poder suficiente para que sus hijos mayores puedan escoger lo que quieren hacer en esta vida y tiene la medicina para que los futuros bebés de su anémica omega no mueran.

Y River baja la guardia y lleva a toda su familia a la playa para poder ver los fuegos artificiales, porque dicen que ahí venden los mejores dulces.

Sus hijos corren seguidos por su madre, ensucian sus sandalias con arena y mugre, se ven felices.

La función acaba de comenzar.

Hay varios Vigilantes infiltrados entre la multitud, betas y algunos alfas con sus omegas, los estudiantes del hotel están apiñados en una de las mesas con sombrilla y River se sienta en el auto con la puerta abierta y olfatea esperando encontrar a su hermano y al perdedor de su alfa, pero no los encuentra por ninguna parte.

En cambio hay movimiento cerca de la hoguera y parejas se unen para bailar, su omega, la mujer desaliñada y frágil con ropa demasiado pasada de moda se da la vuelta, con un bebé en cada brazo y lo mira pidiendo permiso.

El cede y puede ver su cabello rubio ondeando junto con sus hijos cuando llegan a la hoguera.

Es como una niña, piensa al verla fundirse como una brasa y sonreír y a pesar de ser un alfa cruel no puede evitar sentir esa burbujeante calidez que nace en su pecho y se pregunta si todos los alfas sienten los mismo por sus omegas, si sus almas están tan unidas y entrelazadas en una fuerte cuerda ya que ellos son la mitad de sus vidas.

Por primera vez siente la paz.

Alerta y vigilando a cada uno de sus cachorros tararea en su mente la canción que un beta canta cerca de la otra orilla.

Un alfa en reposo que no piensa en el día de mañana y el frio hace vapor en sus labios.

El poder tiene un límite y lo sabe, aun sin esos archivos llegará otro que pueda crear mejores cosas, y otro, y sucesivamente será reemplazado y olvidado. Entonces ¿para que luchar si ya tiene todo lo que quiere?

El poder es volátil, pero pronto cumplirá cuarenta y mientras ve a la omega con la que ha emparejado con el único objetivo de procrear cachorros fuertes, llega a la conclusión de que todo lo que hizo valió la pena y no estaría mal envejecer a su lado en paz.

A veces se pregunta si eso es lo que piensa su hermano cuando ve al niño que tuvo que criar como su alfa, protegerlo y dejar que ese sentimiento llamado amor intoxique sus entrañas. Es una suerte que conozca la cura y sea un alfa que utilice la cabeza en lugar del corazón.

Entonces River ve a uno de sus cachorros más jóvenes acercarse corriendo para enseñarle algo que encontró cuando de pronto atrapa una cabellera rubia entre la multitud, tan rubia y dorada como la de su omega solo que esta es más corta y hiede a alfa.

—¡Papá! —chilla su cachorro asiéndose de la bota de su pantalón y sonriendo con las mejillas llenas, pero River está más interesado en olfatear al otro alfa rubio que se encuentra parado a unos metros del auto, con las manos enterradas en los bolsillos del pantalón y la quietud de un cazador que ha encontrado a su presa.

River sigue con la mirada aquello que el alfa, quien claramente es un Vigilante, observa con detenimiento.

Es cuando una fría sensación sube a través de su espina dorsal y progresivamente se asienta en su cuello.

Allá donde la hoguera flamea con intensidad, entre el mar de betas, un precioso omega rubio sonríe y se estira para alcanzar el oído de un alfa que tiene las mejillas demasiado rojas para decir que solo está ruborizado.

Tanto el Vigilante como él son testigos cuando su cuñado agarra la mano del pequeño omega que huele a puta con fuerza y tira de él hacia la hoguera que gira y aviva sus llamas con cada soplo del viento.

Giran y pegan sus frentes como dos amantes, cierran los ojos y se prometen mil cosas en la lejanía.

Sus feromonas no son compatibles y ambos huelen a alcohol.

El joven alfa se aleja, vacila, pero frunce el ceño y le da un beso al omega.

El joven alfa huele a unido y el omega huele a traición.

Demasiado jóvenes para captar el peligro y demasiado tontos para cubrir sus errores.

Y es que todavía no se ha creado una medicina que arranque aquel inevitable sentimiento del corazón.

River jadea y trata de levantarse sin derribar a su cachorro que tiene una concha de mar en las manos, pero el Vigilante grande, musculoso con una nariz torcida en alguna pelea, olfatea las brisa de la playa y cuando el viento levanta el flequillo rubio que le tapa la cara, River puede ver los ojos azul eléctrico, vibrantes como los de un águila que ha capturado a su presa.

Da un paso al frente y enciende la radio que cuelga de su cintura.

Y es cuando los fuegos artificiales estallan y betas, alfas y omegas levantan la cabeza, sus cachorros chillan extasiados y corren descalzos alrededor de su madre y gritan eufóricos señalando con sus brazos regordetes al cielo estrellado.

Ella, su omega, sonríe apretando al bebé que no ha muerto, gracias a la medicina que él ha creado, en su pecho.

Y es que ninguno nunca antes ha visto un espectáculo como este, recuerda con pesar, sorprendido ante el fuerte sentimiento revelado de que lo que más desea no es ser el mejor alfa en su trabajo, sino que cada uno de sus cachorros vea una y mil noches como estas sin miedo a la libertad.

La multitud grita cuando la hoguera, indignada por ya no ser el centro de atención, vomita una gran llamarada.

El Vigilante no se entretiene con los fuegos artificiales, pasa frente a su auto en busca de los dos amantes y River sabe que puede perderlo todo en una sola jugada si deja que Eren se salga con la suya de nuevo.

Sabe que a veces hay que hacer sacrificios y si tiene que pesar a su familia y a la familia de Levi en una balanza no dudará un segundo en escoger a los suyos.

Ya es medianoche.

Continuará…