Capítulo 8. Un dulce despertar.

—Hokage-sama, ¿puede escucharme? Hokage-sama...

Al escuchar el llamado, Minato despertó abriendo poco a poco los ojos, sintiendo todos sus sentidos aún aletargados y su mente un tanto confundida, pero reconociendo al hombre de cara cuadrada y alivio en su expresión facial.

—Inoichi —saludó recibiendo su ayuda para incorporarse, reconociendo entonces la sala en que se encontraban, recordando además todo lo que había pasado y la misión de rescate en la que él mismo se había enfrascado…

—Temíamos que no lograra despertar. Es un gran alivio verlo a salvo y de regreso —interrumpió el otro sus cavilaciones, el recuerdo de su elección para entrar a la mente de la Mizukage aún cuando los Yamanaka eran los expertos en los jutsus de tipo mental hecho a un lado para ser reemplazado por la realidad.

—¿Y ella? ¿Despertó? —quiso entonces saber, mirando al rostro del otro, cuyo alivio fue reemplazado por la seriedad al contestar.

—Aún no. Recomiendo que esperemos un par de horas más y si entonces no ocurre ningún cambio…

Minato asintió comprendiendo, buscándola entonces con la mirada.

—Dame un momento a solas por favor —le pidió e Inoichi asintió antes de marcharse, y no fue hasta que la puerta se cerró que Minato se puso de pie y caminó hacia ella, hacia Mei, deteniéndose al lado de la cama en que dormida reposaba.

En silencio Minato la observó: su rostro tranquilo y pacífico con sus ojos cerrados y su cabello rojo tan largo y liso extendido sobre la almohada, que simplemente no pudo evitar compararla con una de esas dulces y encantadoras princesas de los cuentos de hadas que dormían a causa de algún malvado hechizo.

Y tal vez fuera eso justo lo que ocurrió, de alguna manera el jutsu que habían usado en contra de ella para impedirle que se marchara de Kirigakure junto a él podría ser considerado una especie de hechizo, aunque de ninguna manera impidió que él la rescatara del cautiverio al que la habían sometido, manteniéndola aislada y lejos de él, quien a lo largo de su vida la había encontrado y conocido en las más difíciles situaciones, enredando sus destinos convirtiéndolo en una especie de héroe y príncipe cuyo único objetivo en su vida era rescatarla y hacerla feliz…

Y al pensar todavía en ello el rubio terminó sentándose a su lado, acariciando con ternura su mejilla, delineando el contorno de su rostro y se acercó despacio, muy lento hacia ella, mirando sus labios tersos y sonrosados, respirando el mismo aliento y pensando en que, tal vez, solo tal vez, Mei despertaría con el beso de amor verdadero que iba a dar...

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F I N

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Notas Finales:

Primero que nada, gracias por llegar hasta aquí.

Creo que para todos los que han leido al menos el listado de mis fics han podido deducir mi gusto por la mizukage Mei Terumi y por los ninjas de Kirigakure. De alguna manera, cada vez que escribo de ella procuro siempre incluir a uno u otro personaje de su aldea plasmando de alguna manera su relación entre ellos o cómo su existencia influyó en la vida y el universo de la pelirroja. Así que en esta historia, haciendo uso del recurso mágico que es la fantasía, fue que decidí poner algo de todo lo que pienso al respecto aquí. Aunque claro, todo desde la perspectiva externa de Minato, que en multiples momentos no termina de entender la situación o la relación de todos esos personajes con quien se enecuentra en su propia búsqueda de la princesa encantada.

Porque sí, al final me he atrevido a mezclar de alguna manera 2 distintos cuentos, no lo pude evitar jajajaja xD

En fin, omitiendo más detalles o explicaciones más claras respecto a algunas cosas que pasan en el fic (tengo la intención de seguir escribiendo historias al respecto de forma más realista y no en el mundo de la fantasía), agradezco infinitamente a quienes se atrevieron a leer mi fic, la cajita de comentarios está abierta y disponible por si quieren compartirme alguna teoría o lo que se les venga a la cabeza, y sin mas que agregar, les deseo a todos un feliz año nuevo lleno de inspiración y amor.

¡Besos, nos leemos en otro fic!