Capítulo 4- Fríos corazones.
Tomó entre sus manos el pequeño objeto.
Era un llavero de conejo muy esponjoso y de color rosa. Tenía un listón en el cuello que decía "Te quiero". Era adorable. Al fondo de la pequeña caja venía una pequeña nota que decía: "Has pintado mi mundo igual que el tuyo. De rosa".
Todomatsu apretó un poco el pequeño peluche y lo acercó a su rostro para aspirar su aroma y sentir su suavidad. Pensó que tenía el mismo aroma que el perfume de Atsushi.
- No entiendo - Todomatsu habló por lo bajo. - ¿Atsushi-kun envió esto antes de que nos viéramos?
- Tal vez quería que fuera una sorpresa para cuando llegaras.
- Gracias de nuevo, Ichimatsu nii-san - Le tomó la mano derecha. - No sé que haría sin ti.
El mencionado se ruborizó un poco.
- Heh...
- Volvamos a la habitación.
Entraron de nuevo al futón junto con el resto de sus hermanos y durmieron tranquilamente. El llavero lo guardó en su bolso que usaba para llevar sus cosas al Sutabaa. De esa forma sus hermanos no esculcarían ahí.
Pronto todos despertaron. Otro día comenzó. Todomatsu e Ichimatsu fueron los últimos en levantarse.
Todos desayunaban en la pequeña mesa redonda que se encontraba en medio de la habitación.
- Ichimatsu... - Choromatsu lo llamó.
El cuarto sólo volteó a verlo.
- Ya dinos qué era. ¿Tú lo viste, verdad?
- ¿Eh?
- ¡Yes! No pude dejar de pensar en eso anoche... - Karamatsu apoyó su mano contra su mentón. - ¿O no, Osomatsu?
- Ah, si - El mayor de todos dejó de masticar. - Queríamos... No, ¡queremos saber que le regaló esa chica! - Dicho esto, dirigió su mirada a Todomatsu.
- Ah... Eso no era... - Ichimatsu inventaría una excusa o mentira que los callara.
- ¿¡Eh!? ¡No se escucha! - Jyushimatsu reía meciéndose de un lado a otro energéticamente. - ¡Qué hable más fuerte! - Aplaudía aún manteniendo su enorme sonrisa.
- No era de una chica ni nada así - Todomatsu soltó en seco.
- ¿Eh? ¿Abriste ya el obsequio, Totty? - Choromatsu parecía extrañado. - ¿A qué hora?
- Eso no te importa.
- ¡Si te estoy preguntando es porque me importa!
- Sólo dinos, Totty. No nos importa en realidad lo que había dentro de la caja... Lo que de verdad queremos, ¡es conocer a la chica! - Osomatsu se entusiasmó con su propio comentario.
- ¿Para qué? Ya les dije que no hay ninguna chica. Es una caja que me llegó de un amigo.
- ¿Qué amigo? - Karamatsu se interesó. - No tenemos amigos, my little brother...
- ¡Ustedes no tienen amigos porque son unos malditos ninis! ¡Yo si tengo amigos! - Golpeó la mesa con su puño. - ¡Ya conocen a mi amigo! Del que les hablé... Futsuumaru. ¿¡Acaso lo recuerdan!?
Los cinco se quedaron viendo al techo ignorando al pequeño.
- ¿¡Lo ven!? ¡No me prestan atención! - Todomatsu posó sus manos sobre su cabeza simulando arrancarse el cabello a tirones.
- Parece que no nos dirás la verdad - El tercero se indignó.
- No necesito decirles nada, ¡dejen de molestar!
Todomatsu ni siquiera acabó de comer. Se levantó enfurecido de la mesa y se salió al patio trasero a grandes zancadas.
Los demás sólo se quedaron viendo hacia la puerta. Osomatsu siguió comiendo como si nada hubiese pasado, e Ichimatsu dio con pesadez un leve suspiro.
Totty permaneció afuera viendo el cielo aborregado.
¿Siempre sería así?
Se preguntaba porqué sus hermanos se metían en todos sus asuntos. Nunca podía hacer nada en paz, pues tenía que cuidar que ellos no estuvieran cerca para que no arruinaran lo que sea que estuviera haciendo. No podía salir con nadie, ni hablar con nadie. Con suerte y había podido mantener su trabajo, pero porque los había convencido de no ir a verlo ya que les prometió "ayudarlos a ascender". Prácticamente cualquier cosa era un suicidio si implicaba llevar a sus hermanos con o cerca de él.
Se seguían comportando como niños pequeños y lo hacían quedar mal a él también. Ya estaba harto. Permaneció solo un momento más.
[...]
- Todomatsu... - Ichimatsu posó su mano izquierda en uno de los hombros del menor.
El más pequeño no prestó atención. Ichimatsu se puso de cuclillas al lado de él.
- Ichimatsu nii-san. Gracias por ayudarme en todo momento, pero si te es difícil, puedes detenerte.
- No - Negó con la cabeza. - Nada de eso. Esos tipos son muy molestos, lo mejor será no hacerles caso. Así son desde que recuerdo...
- Ah, si. Desde que íbamos todos juntos a la escuela... - Todomatsu sonrió con nostalgia. - Éramos todos los más ruidosos en el metro. Qué vergüenza...
- Antes eramos todos muy unidos.
Todomatsu sonrió mirando hacia el suelo.
- Pero... - Ichimatsu continuó - No hay necesidad de que lo sigamos siendo ahora.
- ¿Eh? ¿Qué dices, Ichimatsu nii-san?
- Tú debes saber mejor que nadie a lo que me refiero.
- No, no. No entiendo. Ichimatsu, ¿qué quieres decir con eso?
- No hay necesidad de que sigas aquí.
- ¿Eh? Acaso...
- No. No estoy diciéndote que te vayas, pero si esa es la única manera en la que podrás ser feliz... - Desvío la mirada un momento, aunque el menor no lo estaba viendo - puedes considerarlo.
- ¿Por qué?
- Ya no nos necesitas.
Todomatsu levantó la vista al cielo e inhaló profundamente para después exhalar.
- Ichimatsu nii-san, yo no voy a dejar de necesitar nunca de ustedes. Son mis hermanos. Además somos sextillizos y yo...
- ¡Me sacas de quicio, Todomatsu!
- ¿Qué dices Ichimatsu? Yo sólo...
- ¡No tiene caso! - Hizo un ademán exagerado. - ¡Es que simplemente no lo tiene!
Ichimatsu estaba verdaderamente molesto. Esa actitud nunca la sacaba a relucir abiertamente y terminó por desconcertar al menor. Era inusual por donde sea que lo veas.
- Todomatsu... - El mayor continuó. - Pensaba dejarlo a tu criterio,pero veo que no puedo. Si sigues con nosotros no llegarás a nada nunca, ¿está bien? Déjanos atrás de una vez por todas. Mientras los seis estemos juntos seguiremos dejando basura a nuestro paso, y no quiero que esto continúe así.
- Ichimatsu...
- Si tu eres el único que puede salvarse de esa desdicha, está bien. Pienso que es mejor así. Así que ve. Puedes hacerlo. Por favor... No quiero que te lamentes en un futuro por nuestra culpa.
- No lo haría nunca.
- ¡Deja de decir eso! - Apretó los puños. - A pesar de que todos te hemos hecho cosas terribles... A pesar de que hemos arruinado parte de tu vida, tus relaciones con tus amigos y el hecho de que te hemos ignorado en ocasiones... ¡Sigues siendo igual de blando! Ya, deja de decir eso - Para cuando terminó de reprender a su hermano, notó que lo tenía apretando fuertemente de los brazos.
- Ichimatsu... - Tragó saliva. - Me lastimas.
- Por favor, considera lo que te he dicho.
- Eso duele... ¡Me estás lastimando!
Ichimatsu lo soltó.
Todomatsu se sobó ambos brazos frotándose como si quisiera entrar en calor. Apretaba los dientes con fuerza mientras gruñía.
- Disculpa.
- Lo haré, Ichimatsu nii-san. Estoy seguro de que lo haré.
Todomatsu fue a trabajar el día entero y aquella mañana no interactuó para nada más con ninguno de sus hermanos. El día se pasó muy lentamente, pues sus pensamientos no lo dejaban concentrarse en nada más. En un pequeño descanso revisó su celular y miro un mensaje que Atsushi le dejó otra vez:
"Buenos días, Todomatsu. ¿Cómo estás? ¿Ya te sientes mejor?".
Sonrió al terminar de leerlo. Sólo le contestó: "Mucho mejor. Gracias, Atsushi-kun 💕".
El mensaje lo había recibido temprano,y lo contestó tarde. Se preguntaba cuál sería el horario de trabajo de Atsushi. No había mucho trabajo realmente, y Sacchi y Aida no estaban cerca de él, así que decidió hacer una llamada. Se arriesgaría en interrumpir a Atsushi.
Tomó el móvil y marcó al número. Se puso el celular en la oreja y esperó.
Nada. No contestaba nadie. Volvió a intentar. Seguía el mismo silencio. Se dio por vencido y dejo el celular en la barra.
Casi de inmediato su teléfono sonó. Lo tomó de inmediato y contestó.
- ¿Hola?
- Todomatsu, ¿qué sucede?
- Eh... Atsushi-kun - Sonrió infantilmente. - Buenas tardes...
- No tienes por que ser tan formal conmigo, lo sabes - Sonaba bastante amigable.
- Lo siento. Atsushi-kun, ¿estás trabajando?
- ¿Hmm? Ahora no, ¿por qué?
- No quería interrumpir.
- No lo haces, Todomatsu.
- Atsushi-kun... Extrañaba escuchar tu voz. Quería hablar contigo una vez más...
- Yo también y lo sabes - sonrió tras la línea y luego suspiró.
- Atsushi-kun...
- Dime.
- ¿Podemos hablar solamente por teléfono, por lo menos mientras termina esta semana?
- ¿Y eso por qué?
- Porque... - El silencio se hizo venir. Atsushi se incomodó.
- Por supuesto. No hay problema.
- Muchas gracias, Atsushi-kun...
- No te preocupes - Negó con la cabeza aunque el menor obviamente no lo podía ver.
- Ahora mismo estoy trabajado. ¿Puedo llamarte más tarde?
- Mmm... Trabajo hasta tarde hoy. Envíame un mensaje y te responderé en un momento en el que esté desocupado.
- Bueno. Gracias...
- Ni lo menciones.
- Hasta luego, Atsushi-kun.
- Hasta luego, Todomatsu.
Todomatsu no quería hacerlo,pero colgó el primero. Se aproximaban algunos clientes a la caja, así que tuvo que ocupar su atención en ellos.
Pasó el día rápidamente una vez más. Últimamente los días se le iban como agua entre las manos. Se sentía como en las nubes.
Al llegar a casa se detuvo en la puerta un momento. Nuevamente no escuchó a sus hermanos hablar. No tenía ganas de conversar con ellos, así que decidió dormir en el sofá de la sala. Tenía mucho miedo, pues le temía demasiado a la oscuridad. Estaba temblando ligeramente. Con un ápice de valor que logró reunir apagó la luz y se fue corriendo al sofá.
Hacía frío, pero sólo dormiría con una manta que se encontraba doblada en la esquina del sillón. No había de otra.
Cerró los ojos para conciliar el sueño mientras se encogía para acomodarse al lugar. De repente entre sueños pudo ver el rostro de Atsushi.
- Cierto, prometí dejarle un mensaje... - Habló para él mismo en medio de la oscuridad.
Escribió: "Atsushi-kun, ya estoy en casa. Perdón por causarte molestias. Y perdón por mi extraña petición. Últimamente no me ha ido muy bien".
Cuando acabó de escribir, revisó su mensaje leyéndolo una vez más y dejó el teléfono a un lado suyo,por si necesitaría la luz de éste. Aún seguía nervioso por la oscuridad. Se puso en postura fetal y apretó un cojín contra su pecho mientras lo abrazaba fuertemente.
Hubo un largo momento en el que no pudo dormir ni un poco. Ni siquiera pudo conciliar el sueño, ¡y era porque no estaba acostumbrado a dormir solo, caray!
12:00 am.
No podía dormir, daba demasiadas vueltas. Simplemente no podría dormir en aquel lugar tan incómodo... Le daba la sensación de que estaba durmiendo en un ataúd. Se comenzó a poner nervioso y poco a poco el miedo se apoderó de él una vez más.
De entre el silencio escuchó unas pisadas que venían del pasillo. Se envolvió en aquella fría manta y cerró los ojos. Pronto una tenue luz se encendió. Era la lámpara de la sala de estar. Emanaba una luz amarillenta,que le ayudó a disipar su nerviosismo.
- ¿Todomatsu?
Escuchó una voz muy familiar. No quería ver a ningún miembro de su familia, pero allí estaba alguien. Al menos no era un fantasma, un ladrón o un monstruo.
- ¿Qué sucede, Choromatsu nii-san? - Habló con una voz ronca, pues estaba dormitando.
- ¿Qué estás haciendo aquí?
- ¿ Y tú porque bajaste?
- No podía dormir porque tenía sed. Además estaba... preocupado por ti, creí que aún no habías llegado - Se rascó la nuca.
- Ah.
- Dime, ¿qué estás haciendo aquí?
- No tengo por qué decirte.
- ¿Es por Osomatsu nii-san, verdad?
- ¡No tiene que ver!
- ¿Entonces por qué te enojas? Eso indica que...
- ¿¡Por qué siempre se entrometen en mis cosas!?
Hubo silencio por un breve instante. Esa pregunta fue la que admitió cual era el problema ante todo aquello.
- No hagas ruido, Todomatsu. Los demás están dormidos.
- ¡Ya deja de molestarme!
- Todomatsu... - El mayor apretó los puños.
- ¿Por qué son así?
- Todomatsu... - Se acercó al sofá.
- ¡Quítate! ¡Vete, aléjate!
Choromatsu se sentó al lado del más pequeño con tranquilidad.
- Todomatsu, ya entiendo.
- Si, claro - Habló con sarcasmo. - Te dije que te quites.
- Yo ya no te preguntaré nada. Al menos puedes confiar en mi por ese lado.
- ¿Eh? - Entre cerró los ojos.
- Ya no pienso meterme en tu vida de esta manera. Te molesta, ¿no es así? Dejaré de preguntar. Sé que tienes una novia. De hecho, era bastante obvio que la tendrías. Es decir, ¡tienes muchas razones para tener una!
- Choromatsu, ¿qué te picó?
- Ya, lo digo en serio. Era obvio que tendrías novia y que ascenderías primero que cualquiera de nosotros cinco.
- Choromatsu nii-san...
- Me encargaré de hacer que los demás dejen de molestarte. Todos sabemos de cualquier manera que ya tienes novia. Aunque Osomatsu será difícil...
- Oye... - Sintió un nudo en la garganta.
- Está bien, Totty. Ahora párate - Se puso de pie.
- ¿Qué? No.
- Vamos - Le tendió la mano. - Todos te esperan, se fueron a dormir estando preocupados.
- Seguro... - Mostró una sonrisa cínica. - Lo diré de nuevo: Si realmente se hubieran preocupado por mí, habrían intentado contactarme. ¿Cómo es que no escucharon cuando abrí la puerta de la casa?
- Todomatsu, por favor.
- Sabes que mientes... - Agachó la cara mientras aferró sus manos en la delgada manta. - Yo no les...
- ¡No! ¡No miento! ¡No estoy mintiendo!
Choromatsu se puso histérico y sus gritos hicieron a Todomatsu ponerse tenso.
- ¿Choromatsu nii-san? ¿Qué?
El mayor destendió la mano.
- ¡Todos te apreciamos! ¿está bien? ¡Realmente lo hacemos, y digas lo que digas y hagas lo que hagas no podrás contradecir eso! - Todomatsu abrió los ojos desmesuradamente. - ¡Así que ya deja de estar actuando como si fueses la víctima!
- ¿¡Es que acaso no lo soy!?
- ¿Ahora qué es lo que estás...?
- ¡Se comportan como idiotas! - Realmente sentía que estallaría.
- ¿Y no hemos sido así siempre? - Justificó.
- ¡Obviamente hemos sido así siempre! Pero, ustedes se han... ¡Se están excediendo conmigo!
- Todomatsu, eso no es...
- ¿¡Por qué!? ¿Por qué soy el menor? ¿Por qué soy el único que se esfuerza? ¿Por qué soy quien más ha hecho esfuerzo por escapar de este estilo de vida?
Choromatsu se quedó sin palabras.
- Ustedes... - El menor siguió. - Todos ustedes... ¡me tienen envidia! Por eso son así conmigo... - La voz se le quebró con la última palabra. Se levantó del sofá y agarró su celular, así enfrentaría mejor a su hermano mayor.
- Todomatsu, ¡no sabes lo que dices! ¿¡Por qué dices que sólo has sido tú!? ¡A todos nos ha ido mal! Incluso si nos hacemos sentir mal entre nosotros por las bromas pesadas y los malos chistes... ¿Acaso no recuerdas cómo hemos ignorado todos juntos a Karamatsu?
- ¡Es diferente! ¿Ser ignorado? No sólo he pasado yo por eso, sino también... ¡Me hicieron quedar mal en una cita grupal! Me hicieron perder varios amigos, me hicieron una vez perder mi trabajo, y ahora que lo he recuperado... ¿Piensan hacerlo otra vez?
- Todo...
- ¡Y también me corrieron de casa! ¡¿Por qué?! Porque soy el único que fue capaz de dar un paso adelante... ¿¡Quieren arrastrarme al abismo en el que están ustedes!? ¡Yo no les importo!
Ichimatsu bajó a la sala. Aquellos estrepitosos gritos eran inusuales y quería ir a ver que había sucedido. Parecía como si hubiese ocurrido un accidente. Salió de la habitación y se encaminó...
- Y además... - Todomatsu seguía hablando. Tenía mucho que reclamar- ustedes... ¡Consiguieron un remplazo! Consiguieron a alguien para reemplazarme... ¡Yo no les importo! ¿¡Verdad!? ¡Ya dímelo, acéptalo, Choromatsu!
Ichimatsu llegó de entre el pasillo y entró a la sala. Pudo ver a sus hermanos.
- ¿Qué está...? - El cuarto hermano habló y calló inmediatamente. Pudo sentir la terrible atmósfera del lugar.
- ¡Yo no valgo nada! ¡No valgo nada para ustedes! - La voz de Totty se quebró. Sus lágrimas recorrieron sus mejillas sin la intención de detenerse. - Yo... esperaba que... ustedes pudieran entenderme- Le costaba mucho trabajo hablar en medio de todo aquel llanto. La voz la tenía demasiado descompuesta - ¡Yo quería ayudarlos! ¡Yo quería ayudarlos a todos ustedes! ¡Y a mamá y a papá! - Comenzó a llorar mientras cubría su rostro.
Choromatsu estaba sin palabras. No sólo en parte porque lo que había dicho era verdad, sino también porque no creyó que fuera a reclamar todo aquello algún día. El tercero dirigió una mirada entre nerviosa y molesta a Ichimatsu. Ichimatsu estaba sorprendido.
- Todomatsu, escúchame... - Choromatsu lo tomó de la muñeca suavemente.
- ¡Suéltame! - Se soltó del agarre bruscamente. - ¡No me molestes!
- To... Todomatsu... Deja que Choromatsu te expli... - Ichimatsu se metió.
- ¡No interfieras, Ichimatsu nii-san! - Volteó de nuevo dirigiendo su mirada al mayor de los tres.
- ¡Deja de descalificar lo que digo! - Choromatsu se desesperó.
- ¡No, no, no, no! ¡No me molestes! Sólo finges que me aprecias... ¡Pero sabes que es mentira! Todo es mentira, ¡y lo peor es que hablas por los demás! - Seguía llorando. - Ya, Choromatsu... ¡Acéptalo y dímelo de una vez para que me pueda ir a dormir en paz! No me quieres, no me aprecias, no te importo... ¡No te importa lo que me pase! ¡Choromatsu, no me jodas!
- Todomatsu, ya te...
- ¡Ya dímelo! ¡Todo lo hacen ustedes a mi contra! ¡¿no?! ¡Sólo para que al final yo les vaya a pedir disculpas a ustedes por algo que supuestamente hice mal cuando no es así! - Sus manos temblaban. - ¿¡No encajo con los sextillizos!? ¡Es mejor así! Yo... ¡Yo no necesito nada de ustedes! ¡No necesito nada de nadie! ¡Y mucho menos de ti, Choromatsu! Que siempre te andas haciendo pasar como el mejor y el más responsable. Eres la misma basura que todos... - Choromatsu apretó la mano mientras Todomatsu seguía llorando y gritando. - Tú... ¡Hijo de puta!
Fue la gota que derramó el vaso. Todomatsu terminó con la cara volteada, gracias a la bofetada que Choromatsu le propinó en su empapado rostro.
Hubo un largo momento de tenso silencio. Ichimatsu se quedó helado, y Choromatsu igual. Reaccionó por instinto. Rápidamente Choromatsu sujetó su propia mano con la otra.
- Todomatsu, yo... Yo no quería... - Choromatsu se acercó un poco al más pequeño.
- No me toques... - Todomatsu habló entre dientes aún con el rostro volteado - No me... toques... - Balbuceó abrazándose a sí mismo.
Choromatsu permaneció estático.
- Choromatsu, ¿por qué? - Ichimatsu tomó del hombro al tercero.
- Ya... Ya no soporto... - Todomatsu subió el volumen de su voz. - Estoy harto de todos ustedes... De esta casa... - Se incorporó, tomó su bolso y caminó hacia la puerta de la entrada.
- ¡Todomatsu! - Choromatsu fue tras él.
- Déjalo - Ichimatsu lo agarró nuevamente del hombro.
Todomatsu dio media vuelta para ver a sus hermanos.
- ¡No los necesito! ¡A nadie! ¡A ninguno de ustedes! - Ichimatsu no tenía la culpa en lo absoluto, pero la rabia le hizo decir cosas que no creía en serio.
Sin más, Todomatsu se salió corriendo de la casa aventando la puerta. Corrió sin rumbo tan rápido como pudo.
- ¡Todomatsu! ¡Oye! ¡Todomatsu! - Choromatsu salió corriendo al patio mientras miraba como el menor se perdía entre la penumbra.
Se quedó un breve instante observando a su pequeño hermano alejarse. Pronto decidió meterse a la casa de nuevo, pues de repente sintió mucho frío. Se abrazó a si mismo encorvándose un poco, mientras veía sus pies. Sintió una terrible sensación de culpa. Caminó lentamente hasta la casa y se metió.
Al entrar, vio a Ichimatsu, quien no hizo ningún esfuerzo por detener al pequeño. Mantenía su estoica mirada fija en él. Notó que estaba apretando los puños a través de las bolsas de la sudadera, al parecer estaba intentando de reprimir todo su enojo, incluso su coraje. No obstante, abrió los labios para objetar.
- Estuvo muy mal lo que hiciste... - Miraba al mayor. Choromatsu se relamió los labios por el nerviosismo. - Muy, muy mal... - Negaba con la cabeza.
- Ichimatsu, yo... ¿Qué hice? - El tercero se dejó caer al suelo de rodillas tirándose del cabello.
- Choromatsu... - Ichimatsu se sentía indignado.
- ¿Qué hago? - Sus ojos se llenaron de una fina capa de lágrimas.
- No tengo idea de qué tanto se dijeron, ni por qué empezó todo esto, pero... Déjalo ir.
Choromatsu comenzó a sollozar.
- Estará bien. Ya no es un niño - Se corrigió. - Ya no somos unos niños.
Osomatsu, Karamatsu y Jyushimatsu bajaron a toda prisa las escaleras y llegaron hasta la sala, al igual que sus padres.
- ¿Qué sucedió aquí? - Preguntó Matsuyo.
- ¡Escuchamos mucho ruido! - Osomatsu exclamó.
- ¡Si, Si! ¡Eso, eso! ¡Dejen dormir! - Jyushimatsu se quejó.
- Come on, brothers... Estamos cansados. - Karamatsu se unió.
- No tienen porqué ser tan escandalosos, ¿me escuchan? - Matsuzo se rascó la nuca.
Ichimatsu volteó a verlos a todos con una mirada asesina.
Todos se encogieron de hombros.
- ¿Q-Qué sucede, Ichimatsu nii-san? - Jyushimatsu preguntó con nerviosismo aún manteniendo su enorme sonrisa.
Ichimatsu no desvío la vista de sus tres hermanos. En ese momento, Choromatsu levantó la cabeza dejando ver su rostro, exponiendo sus abundantes lágrimas.
- ¿Choromatsu? - Karamatsu se asombró.
- ¡Oye! ¿Qué sucede, Choromatsu? - El mayor de los sextillizos caminó hacia el tercero y lo tomó por los hombros. - ¡Dinos!
- Yo... - Choromatsu no podía ni hablar.
- ¿Eh?
- Todomatsu... se fue de la casa.
- ¿¡Eh!? - Todos se sorprendieron, sobre todo sus padres, Matsuyo y Matsuzo. - ¿Qué dices? ¿Cómo sabes?
- Ni siquiera llegó a la casa... - Karamatsu habló.
- Si llegó - Ichimatsu dijo con su monótono tono de voz. - Pero dormía aquí, en la sala.
- Yo... - Choromatsu prosiguió - Le dije cosas horribles... - Se cubrió el rostro con ambas manos.
- Choromatsu nii-san... - Jyushimatsu se acercó y acarició su cabello.
- Papá, Mamá... - Ichimatsu se dirigió a los mencionados - Está bien. Vuelvan a dormir. Esto lo arregláremos entre nosotros, ya somos adultos.
- E-Está bien... - Matsuzo se dio la vuelta indeciso.
- De acuerdo, ninis... - Matsuyo hizo lo mismo con una mueca de preocupación. - Buenas noches.
- Buenas noches. - Ichimatsu asintió.
Ahora sólo estaban los cinco hermanos en la sala. Era tarde.
- Choromatsu, ¡no entendemos nada! - Osomatsu lo apretó de los hombros.
- ¿Brother? ¿Qué tienes? No te quedes callado... - El segundo hermano se cruzó de brazos. - Me pones nervioso...
- Es que... él tenía razón. La tenía... pero... ¡Eso no quiere decir que no lo queramos! - Sorbía los mocos. - ¿Todo era parte de las bromas, no?
- ¿Eh? - Osomatsu lo veía confundido. Estaba justo enfrente de él.
- Además... lo que pasó... ¡También es culpa tuya! - Choromatsu empujó a Osomatsu bruscamente.
- ¿¡Eh!? ¿¡Eso a que viene!? - Se incorporó. - ¡¿Qué te pasa?!
- ¡Basta! - Karamatsu se puso en medio de ambos. - Brother... - Dirigió su vista al tercero. - No sabemos que pasó, pero tranquilízate por favor, quizá si nos explicas entendamos algo.
- ¡Hablemos! - Jyushimatsu también estaba preocupado. - ¡Pero no peleen! - Agitaba las mangas en el aire.
Choromatsu seguía derramando lágrimas e Ichimatsu cambió su expresión facial a una más suave. Se veía más vulnerable. Ichimatsu carraspeó.
- Tenemos que hablar,queramos o no. Esto ha ido muy lejos.
Subieron a la habitación. Todos estaban ya acostados en el futón. Sobraba un espacio, que era el de Totty. Tenían la luz encendida, aunque emanaba una luz bastante tenue.
Decidieron hablar de aquella manera. Choromatsu se tranquilizó y dejó de llorar. Pronto les comenzó a contar poco a poco, a profundidad y con detalle lo que sucedió. Ante todo lo que relataba, el menos sorprendido era Ichimatsu.
- Ya veo... - Karamatsu tenía los ojos cerrados.
Nadie más hizo ningún comentario. El no tener al menor de los sextillizos en la casa los hacía sentir culpables. Pasaron quizá veinte minutos y el quinto de los hermanos hizo un comentario.
- ¿En dónde está Totty? - Jyushimatsu preguntó con un tono de voz neutro.
- Seguro está con su novia... - Choromatsu opinó.
- Si, con su novia - Osomatsu asintió aunque nadie lo veía. - ¿Con quién más pudo haber ido?
Ichimatsu guardaba silencio. Sabía que no se trataba de una novia. Todomatsu se lo dijo, no era una chica. Era un chico.
Le daba tentación decírselo a sus hermanos. Después de todo,a pesar de la confianza que le ofreció a Todomatsu, este lo insultó diciéndole que no lo necesitaba. Se sentía muy ofendido, pero pase lo que pasase le prometió no decir nada. Él confió en él para contarle su secreto y ahora debía guardarlo. Debería soportar mantener la boca cerrada. Bueno, para alguien que no habla mucho no es difícil, ¿no es así?
Pasó un momento más en completo silencio. Ya era hora de dormir y todos estaban cansados.
- Estará bien donde sea que esté - Ichimatsu cerró los ojos dispuesto a dormir.
- Eso esperemos... - Karamatsu lo imitó.
- Bueno... - Osomatsu bostezó - Buenas noches a todos...
- ¿Choromatsu nii-san? - Jyushimatsu se giró hacia su hermano.
- ¿Hum? - Osomatsu volteó hacia el mencionado. - Ah, se durmió.
- Nii-san - Jyushimatsu acarició su rostro para quitarle las pocas lágrimas que aún permanecían en sus cálidas mejillas. - Buenas noches.
Todos durmieron.
1:35 am.
Todomatsu caminaba sin rumbo por la banqueta. Se abrazaba a sí mismo buscando calidez. Hacía demasiado frío y no se lo pensó para salir de casa. Traía la ropa con la que se había ido al trabajo, porque no se la había quitado para dormir cuando se acostó en el sillón.
- No los... - Sentía que se le congelaba el corazón, de su boca salía vapor - ... necesito.
Caminó bastante rato más hasta que llegó al parque. Estaba cerrado, pero se sentó frente del portón. La luz de la ciudad llenaba aquel lugar y eso lo hacía sentir seguro.
Inhaló profundamente para recuperar el aire que perdió en medio del llanto, y exhaló.
De repente recordó a Atsushi. Tomó su celular y lo encendió. Cuando lo hizo miró que le había respondido el último mensaje que le había dejado:
"Te lo he dicho mil veces: no te preocupes. Estaré bien mientras sepa que tú estás bien. Si necesitas ayuda, dímelo."
- Atsushi-kun... - Abrió mucho los ojos y apretó el celular.
Le había pedido no verlo por una semana, pero ya no lo soportaba. Se lo dijo por los problemas que había tenido con sus hermanos. Tenía miedo de que alguno de ellos lo viera junto con Atsushi, ¿pero ahora que más daba? Ellos lo habían hecho pasar por cosas peores. Lo hicieron sufrir en la calle... y esto no podía ser peor. Ya no le importaba. De todas formas ninguno de ellos iría a buscarlo. Choromatsu lo golpeó... Lo golpeo solo por contradecirlo usando la verdad. ¿Y decía que lo apreciaba?
Ahora sólo necesitaba un lugar en dónde dormir. Tenía mucho frío, mucho sueño, mucho miedo y mucha hambre. Se sentía fatal.
¿Podría seguir yendo al trabajo?
Buscó entre sus contactos y trató de marcarle a Atsushi, pero no contestaba.
- Contesta... - Agitaba los pies. - Por favor, contesta...
No contestaba.
Hizo un último intento. Se colocó el celular en el oído y esperó con mucho miedo.
- Por favor... Atsushi-kun...
Una lágrima recorrió su mejilla.
El teléfono comenzó a sonar y la llamada por fin entró. Una voz muy dulce se hizo sonar por el otro lado de la línea.
- ¿Bueno? ¿Todomatsu? - De nuevo con su tono de despreocupación.
- Ah... - Sonrió mientras lloraba. Se sentía muy aliviado. - At... A-Atsushi... kun - comenzó a sollozar.
- ¿Qué? ¿Qué sucede, Todomatsu? - Atsushi se alteró un poco.
- Ven por mí... - Lloraba. - Atsushi-kun... - De alguna manera se sentía mejor si pronunciaba su nombre.
- ¿Todomatsu? ¿Estás bien? ¿En dónde estás?
- ¿Tú en dónde estás? - Sorbió la nariz.
- Acabo de salir del trabajo, estoy conduciendo camino a casa.
- ¿Puedes venir por mí?
- ¿En dónde estás?
- En la entrada del parque de la ciudad. El parque Akatsuka.
- Llegaré en unos minutos.
- Gracias, Atsushi-kun... Gracias - Con una mano sostenía el teléfono y con la otra limpiaba sus lágrimas.
- ¿Estás herido? - Atsushi se preocupó.
- No. Pero, no estoy bien.
Había mucho tráfico, eso le daba tiempo a Atsushi para hablar con Totty.
- Todomatsu.
- ¿Hmm?
- No llores.
- Atsushi-kun... - Se le hizo un nudo en la garganta.
- Por favor, ya no llores. A mi también me duele...
- Perdón, pero no puedo detenerme...
- Está bien. Tan pronto como esté ahí te sentirás mejor.
- Si... - Sonrió. - Gracias.
- No necesitas agradecer, estaré ahí para ti siempre que lo necesites - Habló con dulzura y lleno de confianza.
- No sé que hacer si no te agradezco, Atsushi-kun.
- Puedo decirte algo que hará que cambies de respuesta aunque no lo creas - Rió.
- ¿Qué?
Atsushi hizo una pequeña pausa.
- Te quiero.
Todomatsu guardó silencio y rió.
- Yo también te quiero. Te quiero, Atsushi-kun.
- Así está mejor, Todomatsu.
- Podría decirlo todo el día.
- No me molestaría si así fuera - Bromeó.
- Atsushi-kun...
Todomatsu se sentía roto. No sólo porque ahora no podía hablar con ninguno de sus hermanos, sino porque Choromatsu había admitido de alguna manera que no lo quería. Y además, Ichimatsu; pobre Ichimatsu. El no tenía la culpa. Pensó en la confianza que le ofreció, y además le ayudó a disipar su miedo. Pero quizá ya le había contado todo a sus hermanos. Era lo más probable. Estaba tan confundido que era lo que esperaba que hiciera a modo de venganza.
Estaba solo. Ya no sentía los lazos se familia. Era cierto que ya era un adulto, ¿pero por qué sus padres no hicieron un intento por buscarlo y encontrarlo? Era la peor familia que pudiese desear. Ya no se consideraba el mismo parte de los sextillizos. Empezaría a pintar su futuro de los colores que el quisiera y saldría de aquella vida gris.
Estaba muy triste.
Por otro lado, Atsushi se sentía muy mal al saber que Todomatsu, quien era la persona que más quería, estaba sufriendo de aquella manera. Quería abstenerse a preguntar y solamente a ayudarlo. Claro, no ciegamente, pero deseaba desde lo más profundo de su corazón poder ayudarlo y verlo feliz. Eso era lo que más quería en el mundo.
- Yo también podría decírtelo siempre a todas horas, Todomatsu. Te quiero.
Todomatsu rió y Atsushi escuchó, haciendo que él lo hiciera también.
Pronto Totty notó que ya no le quedaba tanto crédito, la llamada se cortaría, así que habló rápido.
- Atsushi-kun... - Se quitó algunas lágrimas de los párpados. - Debo colgar...
- De acuerdo.
- Ven por mi rápido... Por favor. Tengo miedo.
- No te preocupes. Voy en camino.
- Gracias...
Atsushi le mandó un beso y colgó.
Hacía mucho frío. Se quedó viendo un instante a su celular. Notaba que las manos le temblaban demasiado. Las puntas de sus dedos se estaban haciendo de color morado... Eso estaba mal.
Se frotó las manos intentando conseguir calor, pero era inútil. Su sudadera no era lo suficientemente gruesa como para quitarle el frío. Le dolían los huesos, no sentía los dedos de los pies. Tenía las orejas heladas al igual que la nariz.
Esperó y esperó... Pero Atsushi tardaba demasiado. En aquel momento de desesperación se puso a pensar cosas negativas, no lo creía de él, pero pensó: "¿Y si me engañó?" ¿No vendrá a ayudarme?".
- Atsushi-kun...
Estaba muy débil. Su cuerpo no lo soporto más. Sus pies flaquearon y se ladeó, haciendo que su cuerpo se desplomara contra el frío suelo, golpeándose la cabeza estrepitosamente. Quedó inconsciente gracias al impacto. No había nadie ya en la calle. Nadie que lo ayudara.
Si se quedaba allí, quizá moriría.
El viento soplaba fuerte.
Comenzó a nevar y nadie llegaba.
