Capítulo 7- Amor de amores.
La siesta no duró tanto como se estimaba. Pasó alrededor de una hora, quizá. Todomatsu fue el primero en despertar. Abrió los ojos lentamente y trató de moverse un poco para estirarse, pero no pudo hacerlo. Lo había olvidado. Levantó la vista lentamente y a escasos centímetros de su rostro, pudo ver también el rostro de Atsushi. Casi dio un brinco, pero no lo hizo. Lo único que pudo hacer como reflejo fue encogerse un poco. Se sintió un poco nervioso, aunque sabía que no debía. Justo en aquel momento tenía a Atsushi pegado a su cuerpo, sintiendo por completo toda la calidez que aquel muchacho le pudiera propinar. Podía sentir la respiración de Atsushi chocando tenuemente contra sus mejillas. Sentía que se volvería loco, resultaba ser un poco emocionante. Lo miró a detalle.
Se veía como un muñeco de porcelana, era hermoso. Su piel tan blanca, su nariz fina, su cabello castaño claro y sus finas pestañas lo hacían ver precioso. Entre ese pensamiento, Todomatsu se distrajo viendo sus labios.
Lo había olvidado, pero era cierto. La primera vez que había hecho contacto con aquellos labios fue aquella vez en la que Atsushi lo forzó (gentilmente, de alguna forma) a rozar sus labios con los de él pegándolo contra la pared. A su vez, también fue la última ocasión en que aquello se pudo dar.
No despegó la vista de su rostro. Con su mano algo temblorosa teniendo cuidado de no mover mucho a Atsushi, tocó una de sus mejillas gentilmente, de arriba abajo, de un lado al otro, y circularmente. Después, lo tomó del mentón con cuidado y con su dedo pulgar acarició suavemente sus labios.
Se detuvo en seco. ¿Qué estaba haciendo?
Tenía muchas ganas de besarlo, pero, ¿qué pensaría Atsushi? Eso era aprovecharse, ¿no? Apartó su mano y pasó saliva.
Lo que estaba haciendo no era bueno. En primer lugar, él había sido grosero al rechazarlo al principio de todo, en segundo lugar, se sentía fatal. Era un completo inútil en todos los sentidos. No había podido ayudar a Atsushi en ninguna ocasión, así como él le había ofrecido su ayuda muchas veces. En tercer lugar, se sentía tan poca cosa...
Un chico sin gracia, que sus hermanos no soportan y su vida social no funciona como lo desea... No estaba viviendo como quería.
Vio a Atsushi unos segundos más. Se sentía feliz con sólo verlo a su lado, a pocos centímetros de él.
Se asustó. El mayor estaba abriendo los ojos lentamente. Todomatsu aún estaba recargado en el pecho de Atsushi, pero cuando éste último despertó, se echó para atrás.
— At… Atsushi...kun. ¡Hola! — Rió.
— ¿Qué tienes? — Atsushi habló con voz ronca y rió también. Siempre que miraba a Todomatsu con un poquito de pánico resultaba muy cómico. — ¡No voy a hacerte nada!
— Lo sé... — Rió.
Atsushi también rió un poco.
— ¿Cómo dormiste? — Atsushi le dedicó una bonita sonrisa.
— Pues para serte sincero... — tomó algo de aire — ... estaba tan contento que no pude concentrarme en dormir — Todomatsu se sonrojó.
— ¿De verdad? — Sonrió. — Yo también estaba muy contento. Estoy muy contento — Atsushi acarició gentilmente la cabeza de Todomatsu.
— Ah... Este... ¿No te molesté?
— Para nada. No me di cuenta de nada. Dormí como un bebé.
— Es que trabajas mucho — Todomatsu sonrió.
Atsushi también sonrió.
— Como te había dicho ,no es para tanto — Atsushi volteó a ver el reloj y dio un suspiro. — Por cierto... — Atsushi trató de incorporarse, y Todomatsu lo imitó, aunque disimuladamente. — Hoy me toca trabajar en el turno nocturno.
— ¿Eh? ¿Llegarás tarde otra vez?
— Sí, lo siento — Atsushi le guiñó un ojo con una cara triste que a su vez, era chistosa. — Así que... — Rió — sabes que puedes dormir en la cama. No me molestaría ver que cuando llegue estés ahí.
— Sí, entiendo — Rió. — Perdón. Me sentía muy inseguro.
— No te preocupes, es normal.
— Pero, Atsushi-kun — Sonrió viéndolo a los ojos. — Hoy me sentí muy feliz de estar a tu lado; de estar muy cerca de ti. Y... no pude evitar pensar que me gustaría despertar al lado tuyo cada día de mi vida.
— Todomatsu...
— Creo que es lo que realmente siento. Aunque no quería ser sincero conmigo mismo... — Rascó su mejilla con su dedo índice. — Lo siento.
— ... — Atsushi lo miró unos instantes más. — Me alegra que yo haya podido lograr ser alguien especial para ti.
— ¿Eh? ¿Por qué no podrías serlo? Tienes demasiadas cualidades. Lo serías para cualquier persona fácilmente.
Atsushi rió y pellizcó una de las mejillas de Todomatsu.
— Gracias — Se levantó cuidadosamente del sofá, dejando a Todomatsu solamente ahí. — Iré a tomar una ducha. Aprovecharé el tiempo o se me hará tarde a la hora de la hora.
— Entiendo — Dijo Todomatsu viendo la manta. — Eh... Yo seguiré aquí — Hizo un ademán indicando el lugar donde yacía.
Atsushi asintió y se metió al baño. Todomatsu sólo pudo escuchar el sonido de la regadera.
Tomó su celular para ver sus mensajes un momento. Ninguna notificación; de nada ni de nadie.
No duró mucho. Diez minutos o menos, probablemente.
Todomatsu se quedó husmeando en las redes sociales, hasta que Atsushi salió de la ducha. Cuando lo volteó a mirar, se sonrojó notablemente; sólo tenía una toalla amarrada a la cintura, dejando ver su abdomen marcado. Aún escurrían unas gotas de agua por su cuerpo y cabellos; se veía muy sensual.
Todomatsu se quedó embobado unos largos segundos mirándolo, y Atsushi lo notó.
— Ah... ¡Atsushi-kun! — Todomatsu se volteó rápidamente fingiendo una aparente indiferencia. — Saliste rápido...
— No suelo durar mucho — Atsushi se había percatado de que Todomatsu se había puesto nervioso, quizá incómodo. — Lo siento, olvidé llevar mi ropa al baño — Sonrió a modo de disculpa.
— No, si es tu casa...
— Aún así es incómodo, ¿verdad?
— No, no realmente... — Todomatsu se tocaba el mentón. — Haz como quieras, me acostumbro.
Atsushi sólo rió. Se dirigió a la habitación a buscar su ropa, enternecido por el comportamiento de Todomatsu que no se había atrevido a voltear aún.
Atsushi salió de la habitación vestido. Todomatsu sintió un ligero escalofrío al escuchar la goma de sus zapatos haciéndose sonar al chocar contra el piso.
— Iré a arreglar unas cosas — Dijo Atsushi — y después saldré.
— Está bien — Asintió.
— Volveré por la mañana — Le dijo tomando su portafolios. — Cuídate, y no le abras a nadie.
— ¿Qué dices? — Todomatsu creyó que fue bastante tierno. — Lo sé. Puedes irte tranquilo, Atsushi-kun. Tú cuídate, el clima es horrible.
— Bien — Sonrió.
Atsushi estaba por salir, cuando Todomatsu lo detuvo poniendo una mano en uno de sus hombros por detrás de él.
— Espera, Atsushi-kun.
— ¿Eh? Todoma...
Todomatsu le tomó el cuello de la camisa y ajustó su corbata. La acomodó de tal forma que pudiese verse presentable y fuera cómoda a la vez. Seguido de eso, abotonó su saco y sacudió con sus manos gentilmente su traje, deshaciéndose de alguna posible arruga.
— Ahora sí — Todomatsu juntó sus dos manos. — Que te vaya bien, Atsushi-kun — Sonrió gentilmente.
— Gracias, Todomatsu — No se lo esperó para nada. Todomatsu podía ser tímido, pero aquel lado lindo de él le encantaba.
Atsushi se inclinó un poco acercándose a Todomatsu, y le dio un tierno beso. Apenas un roce de labios.
— Volveré pronto — Dijo Atsushi separándose.
— Esperaré por ti.
Todomatsu quedó estupefacto. Olvidó esa sensación, hasta ese momento que volvió a repetirlo. No quería que se vaya...
Atsushi cerró la puerta mirando sobre el hombro a Todomatsu con una gentil sonrisa.
Una vez quedando solo, suspiró.
— Quédate conmigo... — Dijo apenas en un susurro, sonriendo débilmente.
Escuchó el sonido del automóvil yéndose y volvió a la sala de estar. Estaría completamente en silencio, de no ser por el sonido de las gotas de lluvia impactando contra el suelo.
Estuvo un momento en su celular, y luego tomó una ducha. Ya era tarde, y de nuevo repitió aquel hábito que odiaba pero no podía evitar hacer. Se acostó con el cabello mojado.
Logró conciliar el sueño casi de forma instantánea.
Pasó un tiempo y Todomatsu retomó su rutina. Comenzó a trabajar nuevamente, pues el estar con Atsushi hizo que faltara varios días en el trabajo. Quizá 2, 3, 4... ¡O más!
Poco le importó su sueldo. Ni siquiera pensó en el día de paga y no se preocupó. Se preguntaba si ya lo abrían despedido. Tal vez cuando llegara dispuesto a su monótona jornada, el gerente le diría: "Lo siento, Matsuno. Ya no eres más un empleado de este lugar."
Sin embargo, nada de eso pasó. Fue al lugar un día por la tarde y lo recibieron bien. Sacchi y Aida estaba preocupadas, y dijeron: "No te preocupes, Totty. Nosotras hicimos tu parte del trabajo. Te justificamos. ¡Nos preocupamos mucho!". Se sintió muy aliviado. Retomó aquel ritmo de vida.
Los días pasaban rápidamente y la rutina era la misma de siempre. Atsushi iba a trabajar por las noches, y Todomatsu trabaja en la cafetería durante las tardes. Se sentía un poco extraño. Tenía dos razones para sentirse así:
La primera: Era raro no llegar a casa, con sus hermanos y sus padres. Ichimatsu sabía perfectamente con quién estaba, pero... ¿Y los demás? Tenían por supuesto muchas dudas. Rompió con aquella vida de repente, y jamás habló de ello más que con uno de sus hermanos, Ichimatsu.
La segunda: ¡No tenía tiempo para estar con Atsushi! Exactamente cuando el salía de casa, apenas tenía tiempo de verlo en las mañanas y Atsushi se quedaba sólo. Y cuando él por fin llegaba a la casa, Atsushi salía.
Muy poquito tiempo se veían. Eso no era como se lo había estado imaginando. ¡No era posible vivir de aquella manera!
Pasaron varias semanas. ¡De verdad, muchos días! Días en los que tuvieron que verse quizá 3 horas por día, y salteadas.
Al estar así, acordaron algo. Un poquito extraño, pero resultó gracioso para ambos.
Todomatsu prepararía el desayuno, y Atsushi la cena.
De acuerdo al horario de cada uno, debería resultar bastante bien.
Así estuvieron durante algunos días.
Totty se acostumbró a dormir en la cama queen size con Atsushi, aunque casi no se tocaban. Todomatsu se acostaba solo, esperando a que Atsushi llegase de trabajar, y con mucha pena, se dormía. Nunca soportaba permanecer despierto hasta la madrugada.
Cuando Atsushi llegaba encontraba a Todomatsu dormido en una esquina de la cama. Se quitaba el terno y se ponía su ropa de dormir para después acostarse también.
Casi siempre al hacer un simple ruido o algún movimiento estrepitoso, Todomatsu abría poquito los ojos, sonreía al ver a Atsushi a su lado, y le tomaba la mano, entrelazando sus dedos con los de él por debajo de las sábanas. Así permanecían hasta el día siguiente.
Era el único contacto, además de los besos, que se propinaban.
A veces, Todomatsu se sentía muy triste por la misma razón. No podían dedicarse mucho tiempo... No había tiempo de jugar, bromear, pasar un tiempo charlando, abrazarse y quedarse así un tiempo viendo televisión, o lo que sea.
Consideró varias veces dejar de trabajar, sin embargo la idea le resultaba horripilante y también muy egoísta.
Simplemente hacerse la idea de convertirse en un inútil y darle molestias a Atsushi le disgustaba mucho. Ya era suficiente con estar con él, así que por lo menos seguiría ayudándolo con los gastos de la casa. Aunque... Atsushi tenía un buen trabajo y un muy buen sueldo. No lo necesitaba realmente, ¿o sí?
A pesar de aquello, no se echó para atrás.
Un mes había estado viviendo ya con Atsushi. Como siempre, aburrido, desconsolado y tristemente decepcionado, se levantó de la cama cuando Atsushi aún dormía, preparó el desayuno, lo dejó con cuidado en la mesa, y salió encaminándose al trabajo.
Era un día muy soleado, con mucho viento. Cálido y fresco a la vez. Resultaba ser muy agradable.
Llegó a la cafetería y dejó su bolsa al lado de la caja registradora, pasándose para el otro lado.
— Buenos días.
Acababan de abrir.
— Buenos días — Respondió Aida sonriendo. Era la única, además del gerente, que había llegado.
— ¿Y Sacchi-chan?
— No vendrá hoy — Respondió la chica. — Tuvo algo qué hacer, así que... — lo tomó del hombro, riendo — …. tendrás que reemplazar su parte de hoy también.
— Ah... De acuerdo — Todomatsu se rascó la nuca. — De acuerdo. No hay problema, ustedes hicieron mucho por mí.
Aida sonrió y Todomatsu se colocó el delantal que solían usar en la cafetería como uniforme.
Algunos clientes comenzaron a llegar y el día de trabajo pesado comenzó, una vez más.
[ ... ]
Mientras tanto, Atsushi se levantó y se vistió.
Fue directo a la cocina y se sentó en la mesa para comer su desayuno. Miró una nota.
La tomó y la leyó.
"Buenos días, Atsushi-kun. ¿Cómo dormiste? Perdón por no haber preparado algo mejor, me levanté tarde... Espero que te vaya bien en el trabajo. Cuídate mucho, por favor. Te quiero".
Atsushi sonrió.
Una vez más releyó el recado, aunque esta vez le dio risa. Efectivamente se había levantado tarde. La nota estaba escrita con tinta azul que había manchado la hoja de forma brusca, y todo estaba escrito con una letra horrible. Rió un momento (a pesar de estar solo) y dobló la hoja guardándola en uno de sus bolsillos.
Normalmente Todomatsu preparaba sopa de miso, pescado a la parrilla, tamagoyaki, arroz blanco y encurtidos. Pero esta vez no pudo hacer mucho. Preparó tamagoyaki (en mayor cantidad) y tsukemono. Puso un poco de papas hervidas y un pan de judías.
No era lo de siempre, pero no estaba nada mal. Si Todomatsu estuviera allí le diría: "No te preocupes. Cualquier cosa que tú hagas está bien, porque la hiciste tú", o algo parecido.
Atsushi terminó su desayuno y el resto del día hizo algunos labores de la casa. Cuando terminó, leyó algunos libros y permaneció así gran parte de la tarde.
3:40 pm.
[ ... ]
— ¡Totty! ¡Atiende la caja por favor!
— ¡Voy! — Todomatsu corrió a atender a algunos clientes que se encontraban haciendo fila. Con mucho esfuerzo sonreía tomándose el tiempo de atender a todos y cada uno de los clientes.
Aida hacía los pedidos rápida, pero cuidadosamente. Finalmente entregaron los pedidos y algunos clientes tomaron asiento, otros salieron del local.
Finalmente hubo un momento tranquilo. Aida permaneció en la caja registradora un rato.
Todomatsu suspiró.
— Finalmente acabó — Dijo.
— Aún no — Dijo Aida estirándose. — Debemos resistir otras cuatro horas aquí... — Rió.
— Ugh... Quiero irme.
— Yo también — La chica suspiró sin dejar de sonreír.
En ese plazo de paz, el celular de Todomatsu vibró. Todomatsu buscó en sus bolsillos y lo sacó. Era el teléfono de la casa Matsuno.
¿Quién podría llamarle? Y además... ¿Después de un mes? Se sintió nervioso.
Él dejaba mensajes de texto, aunque sus hermanos nunca le contestaban.
— ¿Qué pasa, Totty?
— Ah... — Tengo que contestar.
— De acuerdo. Puedes tomar un descanso en la parte de atrás.
— Mhm. Vuelvo pronto.
Todomatsu se encerró en dónde estaba el comedor de empleados y contestó la llamada.
— ¿Hola? — Habló un poco cortante, instintivamente.
— Todomatsu — Contestó una voz ronca y apagada al otro lado de la línea. Era Ichimatsu. — ¿Qué tal?
— ¿Ichimatsu nii-san? ¿Eh? ¿Qué sucedió?
— Oh. Nada, lo siento. No ha pasado nada.
— Uff... Me asustaste.
— Heh...
— Este... ¿Ichimatsu?
— Ah, sí. Sólo quería saber cómo estabas.
— Pues... Muy bien.
— ¿Ese tal Atsushi se ha portado bien contigo? Porque si no es así, voy a ir y le voy a partir la...
— ¡Sí, Ichimatsu! Todo ha estado muy bien. ¡Y no hables de Atsushi-kun en voz alta! Podrían oírte.
— No lo harán. No hay nadie en casa, solamente mamá, pero está en el piso de arriba.
— ¿A dónde fueron?
— A pescar, supongo. No sé, no quise ir. Y papá... trabajando.
— Sí, lo supuse.
— Entonces…
— No te preocupes. Estoy bien... — Sonrió al otro lado de la línea. — ¿Cómo han estado ustedes?
— Yo diría que bastante bien.
— Ah, me preocupé. No me respondían los mensajes.
— Los únicos que tienen celular son Choromatsu y Karamatsu. Pero Choromatsu no le pone atención, y Karamatsu es tan idiota que no sabe cómo usarlo; sólo se toma fotos a sí mismo.
— Selfies.
— Lo que sea.
— Mm... Pues me alegra saber que están bien.
— A mí me alegra más saber que... tú estás bien.
— Muchas gracias, Ichimatsu nii-san. ¿Han cambiado las cosas sin mí?
— No.
— Ya... Ya veo.
— ¿Aún trabajas?
— Sí. Estoy en el trabajo ahora mismo. Pensé en dejarlo, pero...
— ¿La casa del muchacho está lejos de la nuestra?
— ¿Mucha...? Ah, Atsushi-kun. Pues... yo diría que sí, está bastante retirada de la nuestra. Muy lejos.
— Ah.
— Está en un mejor barrio; mucho mejor. Créeme.
— Entonces sí estás bien. Pórtate bien, no hagas travesuras.
— ¿A qué te refieres Ichimatsu? — Escuchó a Ichimatsu reír al otro lado de la línea. Le dio escalofríos, y supo inmediatamente a lo que se refería. — ¡No...! Atsushi-kun y yo no hacemos esas cosas...
— Bueno. Eso no debería de importarme a mí.
— Ajá... — Todomatsu se había puesto colorado.
— ¡Totty! ¡La caja! — Era la voz de Aida llamando.
— ¡Lo siento, ya voy! — Todomatsu se disculpó. — Ichimatsu nii-san, tengo que colgar.
— Entiendo, no te preocupes. Te llamaré después.
— Bien. ¡Adiós!
Todomatsu colgó el celular.
4:10 pm.
Todomatsu siguió con la jornada de trabajo, así hasta la noche.
Atendían gente, y Todomatsu y Aida hablaban riéndose de vez en cuando sin dejar de ser respetuosos con los clientes, sin molestarlos.
Ese día hubo mucha clientela, y disminuyó cuando la luna se hizo presente.
Llegó la hora de salida, y Todomatsu se despidió de Aida con un beso en la mejilla. Cerraron el Sutabaa y salió corriendo lo más rápido que pudo. Quizá si corría, podría alcanzar a ver a Atsushi.
¡Estaba tan desesperado! Durante casi tres semanas, el único momento que compartía con él, era a la hora de dormir; al tomarse de las manos y no soltarse hasta la mañana.
Corrió.
Corrió, corrió, y corrió tan rápido como pudo y sin parar.
7:50 pm.
Llegó a la casa respirando violentamente. Había sudado mucho mientras corría.
Se agachó sosteniéndose de las rodillas jadeando. Trataba de incorporarse, pero era inútil.
Corrió hacia la puerta de la casa y se sintió muy mal.
El automóvil ya no estaba en el garaje.
— Atsushi-kun... — Hablaba entre jadeos, muy molesto consigo mismo y triste. — Maldición...
Entró en la casa sin ningún problema (porque Atsushi le permitió sacar una copia de las llaves) y se encerró, asegurando todo.
Buscó con la posibilidad de encontrar a Atsushi en algún rincón de la casa. Pero no. No había nadie.
— Atsushi-kun... — Susurró recargándose en la pared, aún cansado. — Ya llegué.
Todomatsu se dejó caer en el suelo, permaneciendo recargado a la pared. Su ritmo cardíaco volvió a la normalidad, y se quedó viendo por unos minutos sus manos, boca abajo. Estaba temblando.
¿De impotencia? ¿De coraje? ¿De tristeza?
Seguramente todas esas razones.
Se metió al baño con su pijama para tomar una ducha.
Se quitó toda la ropa lentamente, con molestia, y se metió a la regadera. Dejó que el agua tibia corriera por su espalda, su abdomen, y su cara. Puso champú en su cabello haciendo rápidamente espuma. Tomó el jabón y lo pasó por todo su cuerpo... Al final, volvió a entrar en el agua, y salió.
Se puso crema por todo el cuerpo, hidratándose.
Se cambió y se puso una mascarilla de azúcar y limón, para después enjuagar su rostro nuevamente. Notó que había una secadora cerca. No importaba si la usaba, ¿verdad?
Secó su cabello cuidadosamente y salió del baño.
Se había puesto a pensar que el baño de esa casa era muy cómodo. Además de la regadera, había un jacuzzi. Casi como un hotel cinco estrellas.
No tenía por qué molestarse de nuevo en ir a los baños públicos. Era muy agradable...
Comió la cena que Atsushi le preparó. Pensó que habría Asa Teishoku de nuevo. Quizá Atsushi lo habría preparado en la noche, puesto que había carecido por la mañana. Pero no.
Para cenar había Onigiri. Le dio una mordida. Era muy delicioso... Estaba relleno de pechuga de pollo con algo de mayonesa dulce. Estaba muy calientito, así que lo disfrutó mucho.
Terminó de comer y fue a la sala.
Se quedó escuchando música con sus audífonos, vio la televisión un momento, tomó uno de los libros que Atsushi tenía, revisó sus notificaciones, etc. Fue a la cocina a tomar agua también.
Al final, fue al baño para después acostarse en la cama.
Se metió entre las blancas sábanas y apagó la luz.
11:00 pm.
Trató de dormir.
Mientras trataba de conciliar el sueño, pensaba muchas cosas.
"Atsushi-kun, ¿en dónde estás? ¿Estás bien?".
Trató de abrazar su almohada, y abajo de ésta sintió algo.
Era papel; una nota.
En seguida encendió la lámpara que estaba en el buró y la leyó:
"Buenas noches, Todomatsu. Gracias por procurarme... Descansa. Y yo también te quiero. Te quiero muchísimo".
Todomatsu se sonrojó y guardó la nota debajo del colchón. La guardaría mañana en su mochila.
Apagó la luz nuevamente y se durmió.
4:00 am.
Por la mañana escuchó ruido, pero no puso atención.
Quizá había sido el día más pesado que se le había presentado.
Pasó gran parte de la noche dando vueltas sin poder conseguir una pose cómoda que le permitiera descansar.
Más tarde, se percató de algo. Había un cuerpo al lado suyo.
— A... ¿Atsushi-kun?
— Hola... Todomatsu — Susurró.
— No es un sueño, ¿verdad?
— Claro que no — Rió.
— Ay — Cubrió su boca con su mano, hundiéndose en las cobijas.
— Lo siento. Sé que no te gusta vivir así.
— A ti tampoco, ¿verdad?
— ... — Atsushi negó con la cabeza. — Quisiera pasar más tiempo contigo.
— Yo... — le tendió su mano a Atsushi— ... también.
— No te preocupes — Tomó su mano. — Haré algo, te lo prometo.
— Atsushi-kun... De verdad te extrañé. Me siento muy mal al no poder compartir ni un momento contigo.
— Igual yo. Estuve pensando todo el tiempo en ti.
Todomatsu se acercó a Atsushi. Lo rodeó con sus brazos, recargándose en su pecho. Se apretó junto con él.
— Sé que estás cansado, pero déjame dormir aquí, así, contigo, por favor.
— No eres para nada una molestia. Me hace feliz... — Lo rodeó con sus brazos fuertes y lo atrapó con una de sus piernas. — ... tenerte tan cerca de mí.
— ... — Todomatsu cerró los ojos. Deseaba poder dormir así y jamás olvidar esa sensación.
— Te prometo que a partir de mañana las cosas van a cambiar.
— Pondré de mi parte. No seré más el Todomatsu tímido que...
Atsushi lo hizo callar cubriendo con una de sus grandes manos su boca.
— No te esfuerces en convertirte en alguien que no eres, Todomatsu — Le dio un beso en la frente. — A mí me gusta cómo eres.
Todomatsu estaba completamente conmovido. Atsushi le encantaba; le encantaba todo de él. Era definitivamente su amor de amores.
— Atsushi-kun... — Susurró.
— ¿Sí?
— Te amo.
— ... — Sonrió. — Yo también te amo.
Una vez más durmieron juntos, acurrucados entre ellos.
Atsushi sonrió. Se le ocurrió una muy buena idea.
