Capítulo 8- Cálida compañía.
A veces da la sensación de que, por más cerca que estás de alguien, sigues estando lejos. Quizá no sea culpa de la otra persona. Seguro sólo es culpa de uno mismo. Hacerse la idea de que no puedes entender a esa persona, que no la conoces bien, no sabes nada... Sus gustos, miedos, objetivos, fantasías...
A pesar de mantenerte abrazado de ese alguien, o de sostenerlo de la mano, te sientes lejos, porque sabes que no sabes nada. Y te da vergüenza preguntar. Te abstienes a preguntar. Pero, ¿es vergüenza o miedo?
Seguramente ninguna de las dos. Sólo es inseguridad.
Por ello, lo único que podemos hacer es tomar a esa persona de la mano y apretarla fuertemente, porque da la sensación de que se está más cerca. Da la sensación de que puedes entenderte con esa persona, y porque da la sensación de que... De que te sientes más querido.
Quizá sea así o quizá no.
Todomatsu a menudo sentía que a pesar de estar junto a Atsushi, estaba realmente a kilómetros de distancia. A veces sentía que incluso ambos permanecían a diferentes mundos. No se había dado mucho el lujo de poder charlar con Atsushi sobre cosas de sus vidas cotidianas, asuntos personales, o cosas del pasado. Y sabía por qué. En realidad lo único que quería era saber sobre él, quería conocerlo mejor porque se moría de curiosidad, pero a su vez tenía mucho miedo de hablar. ¿Y si Atsushi le preguntaba sobre su niñez? Era una sensación extraña, porque de sólo hacerse la idea, se acoquinaba al hablar de su familia, pero los amaba... Los amaba mucho. ¿Entonces por qué?
Estaba luchando para evitar convertirse en un megalómano, eso sí, pero nunca se ha dado el tiempo de hablar con alguien, ¿verdad?
Había hablado con sus hermanos, pero sólo unas palabras sin importancia. Había hablado con chicas, pero sólo cosas irrelevantes. Había hablado con sus papás, aunque fue muy poco. Había hablado con sus amigos, aunque sólo cosas triviales y nada más.
Al último... Pensó. ¿Había hablado con Atsushi? Sí, pero unas simples palabras que se llevó el viento. Quizá palabras con mucho significado, pero que habían sido dichas débilmente.
Estaba decidido. Se tomaría el tiempo de poder conocerlo, y se dejaría conocer. Debía ser así.
Aún así, la horrible rutina continuó.
Siguió yendo al trabajo, y siguió llegando a la casa a la hora correspondida. No hacía nada más. Tal vez... Cuando salía del Sutabaa aprovechaba para comprar algunos ingredientes para la cena y se compraba quizá alguna bebida. Pero poco o casi nada de tiempo le llevaba realizar aquella tarea.
Probablemente, después de aquella semana comenzó a sentirse muy fatigado. No podía obtener otro resultado.
Al llegar a casa como siempre, saludaba a Atsushi con un cálido abrazo (si es que de casualidad se lo topaba en la puerta), o si no, pasaba derechito hacía la habitación para, exhausto, quitarse la ropa, no sin antes quitarse los zapatos en la entrada. Después iba a buscar su comida, y encendía la televisión para deshacerse del silencio que regía en aquella vivienda. Algunas veces fingía entretenerse con los canales de deportes, o con los de recetas, o caricaturas, documentales... Con lo que sea. Pero al final resultaba ser sólo un medio de distracción. "Para no enloquecer en medio de la soledad", se diría. Algo simple, pero deprimente a sus ojos.
Al final siempre se iba temprano a dormir.
Daba vueltas sin poder dormir, una y otra vez. Ya no prestaba atención a su celular, y a cambio de eso sólo dejaba la lámpara encendida, dejando que la habitación se torneé de un tenue color ámbar de esquina a esquina.
Fuera de eso, sólo se dedicaba a ver el techo hasta dormirse.
Se acostumbró a dejar la luz encendida; porque no le molestaba y porque de repente le invadían unos nervios inexplicables. De esos nervios que llegan de repente y no sabes por qué.
Se enrollaba en las sábanas, apretaba los ojos ligeramente esperando a que su pulso vuelva a la normalidad y al final... No recordaba nada, hasta la mañana siguiente, al ver a Atsushi dormido a su lado.
No hacía más que dar un leve suspiro, se levantaba de la cama, y después se iba a lavar la cara.
Pero ese día, sucedió algo diferente. Algo que cambiaría un poquito la rutina.
Todomatsu se levantó débilmente y se estiró tronándose la espalda, y cada uno de sus huesos.
8:00 am.
Sintió como la mano de Atsushi lo sujetó de su camisa por la espalda, deteniéndolo, y atrayéndolo hacía sí.
- Todomatsu... Buenos días.
- Buenos días, Atsushi-kun... - Sonrió con las mejillas rojas. - Vuelve a dormir. Anoche trabajaste horas extras, debes estar cansado...
- ... - Atsushi negó con la cabeza. - Quiero estar contigo. Sabes muy bien que casi no hemos podido estar juntos - Sonrió.
- Ah... Sobre eso.
- Por eso, no hace falta que sigas yendo al Sutabaa. Quisiera pasar más tiempo contigo...
- ¿Atsushi-kun? ¿Qué estás...? No, no. Eso sería algo muy molesto. ¡Me gusta ayudarte! - Sonrió alzando los puños. - Por eso seguiré trabajando y quizá pronto podremos...
- Ah, sí. Eso está bien. Aunque, bueno, supongo que es un obstáculo para nosotros, pero te ayuda para socializar y eso es muy agradable. Es saludable.
- Ah, sí. Supongo que sí.
- Tengo una noticia para ti.
Todomatsu se sintió tenso, pero no supo por qué.
- Sí, Atsushi-kun, dime.
- Tengo que llevar a cabo unos asuntos relacionados con el trabajo. Así que… - Todomatsu escuchaba con atención lo que Atsushi le decía - tendré que estar fuera un tiempo.
- ¿Eh?
- No será realmente mucho tiempo, y lo que debo de hacer será sencillo y bastante rápido.
- ¿Atsushi-kun? O sea que... - Se sintió destrozado por unos segundos. Era algo muy malo en la situación en la que estaban, ¿no? Su relación estaba perdiendo la chispa, o eso creía él.
- Pero no será malo, Todomatsu - Sonrió.
- Atsushi-kun... ¿A dónde te vas y cuánto tiempo? No quiero que te vayas. No vas a ir, ¿verdad? Diles que envíen a alguien más.
- Todomatsu, no tienes nada de qué preocuparte, porque...
- ¿Por qué?
- Porque irás conmigo.
- ¿Eh?
- Así que... - Atsushi prosiguió hablando despacio y sonriendo - ... no tienes por qué preocuparte por mí, ni por ti. Estaremos juntos mucho tiempo. Bueno... Por lo menos un poco más tiempo del que normalmente estamos.
- ¿Irnos? - Un brillo peculiar se hizo presente en sus ojos. - ¿A dónde?
- Tengo algo que hacer cerca de Kioto, así que estaremos un momento ahí, solos, tú y yo. En realidad el hecho de que vaya a hacer algo para mi trabajo cerca de ahí es solamente una insignificante excusa. Quiero poder hablar contigo.
- ¿Cuándo?
- Mañana.
- ¡Es muy pronto!
- Lo sé, debí decírtelo antes, pero debía de establecer mi horario y poder comunicártelo después. Lo siento - Sonrió, haciendo que sus pómulos se marcaran.
- No te preocupes. Hoy pediré permiso para poder ausentarme en el trabajo.
- Serán cuatro días. Desearía que fuera más tiempo, pero debo volver pronto.
- No te preocupes por eso, yo lo entiendo muy bien.
- Entonces... - Atsushi soltó a Todomatsu de su camisa - estaré esperando para que sea mañana.
- Muy bien - Todomatsu sonrió y se incorporó. Se puso las pantuflas y se encaminó a la cocina, no sin antes darle una última ojeada a Atsushi. - Yo también - Sonrió.
8:07 am.
Todomatsu hizo lo de siempre. Se lavó la cara con agua fría y salió de casa.
- ¡Lo siento! ¡Llegué un poco tarde! - Todomatsu llegó al Sutabaa como si algo o alguien lo hubiese estado correteando, se aproximó a la caja, dejó su mochila en la parte trasera, se colocó el delantal, se arremangó las mangas hasta un poco abajo de los codos, se pasó la mano por el copete y pasó limpiando las mesas antes de que los clientes llegaran.
- Nos acostumbramos, Totty - Dijo Sacchi.
Todomatsu soltó una risilla nerviosa.
- ¿Estás bien? Como faltaste el otro día...
- Ah, estoy bien. Sólo fui a visitar a mi familia. Recién llegaron a Japón y tuvieron que irse de inmediato... Es una pena - Sonrió.
- Ya veo.
- Bueno - Dijo Aida -, esperemos que este día esté un poquito más relajado.
- Tratemos de pasarlo bien - Todomatsu les dedicó una tierna sonrisa.
Las chicas sonrieron.
- Y también...
- ¿Eh?
- ¿Qué sucede, Totty?
Pensó en pedirles de nuevo que ellas sean su reemplazo, pero no. Pensó en otra cosa. "Algo mejor, quizá", o quizá no.
El día se pasó rápido, y de repente Todomatsu comenzó a comportarse un poco más serio.
A lo largo del rato, Todomatsu pensó en lo que Atsushi le había dicho, y lo que incluso él había llegado a pensar.
Dejar de trabajar.
Pero al final lo descartó y no actuó.
Al final, le pidió a las chicas que lo cubrieran en su jornada durante el fin de semana, y ellas sólo asintieron levemente y contestaron positivamente.
Ese día casi no estaban teniendo clientes, y había sido relajante; por lo menos a comparación de otros molestos días.
Mientras no atendían a nadie, Sacchi y Aida se quedaban hablando entre ellas o retocando su suave maquillaje, y Todomatsu iba a descansar a la parte de atrás o iba a limpiar las mesas, sólo por distracción, púes estaban verdaderamente limpias.
Al aburrirse nuevamente, revisó en su mochila buscando su teléfono celular, y encontró la nota que Atsushi le había dejado debajo de la almohada. Sonrió un poco, la arrugó y la metió nuevamente a la mochila.
Pasó un poco de tiempo más, venían clientes, se iban, y Todomatsu sólo dejaba pasar el tiempo.
Como siempre, cerraron el local, se despidió utilizando su monótono tono de voz, y salió para marcharse a su casa. La casa de Atsushi, que ahora era su casa.
Al principio trató de correr un poco, se sentía desesperado y necesitaba liberarse de eso, pero... No quería gastar energías, no había por qué.
Corrió quizás dos cuadras, y para el resto... tomó el tren de las 7:00 pm y abordó, se sentó jadeando sutilmente. Quizás, si el tren era puntual, llegaría a casa a las 7:30 pm. Así tal vez podría ver a Atsushi, pero si no, era una verdadera pena.
Efectivamente, calculó mal el tiempo. Estuvo frente a casa a las 7:45 pm, lo que significa que una vez más, estaba solo. Dio un suspiro y se dirigió a la puerta, entró con la cabeza gacha y dejó caer su mochila.
Tras hacer eso, dio un portazo por accidente, obra del viento. Caminó hasta la habitación y se despojó de su sudadera, pero al estar frente a la puerta miró un hilo de luz amarilla por debajo de ésta. Sostenía el picaporte un poco nervioso.
- ¿Qué diablos...?
Abrió la puerta del cuarto
- ¡Hola, Todomatsu! - Sonreía y movía la mano de derecha a izquierda. Resultó ser un poquito extraño.
- ¿¡Qué!? ¿Eh? Eh... ¿Atsushi-kun?
- Llegaste 15 minutos tarde.
- Este... ¿Qué estás haciendo? Digo, esta es tu casa, pero...
- Ah, tengo este día libre, ¿recuerdas?
- Creí que irías a trabajar todavía hoy y volverías mañana como siempre.
- No, no. Eso sería molesto. Mañana iremos juntos a Kioto, así que desde ahora hasta mañana estaremos juntos, hasta que volvamos aquí.
- ¿Eh? ¡Eso es genial! Gracias...
- Ja… - Atsushi negó con la cabeza. - No, soy una persona horrible. Te dije que iba a hacer algo para poder estar juntos pero no he podido hacer más que esto... Y además, sólo cuatro días juntos... es...
- Es genial - Todomatsu sonreía con una sonrisa bastante marcada. Sus mejillas estaban rojas y cálidas, lo que lo hacía lucir bastante cómico.
- ¿Ah, sí? - Sonrió también, no sabiendo exactamente por qué.
- Sé que no te gusta que te agradezca continuamente, pero, lo haré siempre. Quizá hasta que deje de existir, así que... - Todomatsu se acercó a Atsushi y posó una de sus frías manos en una de las grandes y cálidas manos de Atsushi- ... déjame hacerlo.
- Haz lo que gustes, por favor. No lo malinterpretes, no soy quién para decirte qué hacer o qué no hacer. Es sólo que... Creí que te sentías obligado a ello.
- No, no...
Atsushi suspiró, relajando los hombros.
- Qué bueno. Me siento mejor escuchando eso, viniendo de ti.
- Eh - Todomatsu soltó una risa apenas audible. - Bueno, iré a tomar un baño - Dijo señalando hacia la puerta. - Corrí un poco en el trayecto - Rió de nuevo.
- ¿Eh? ¿Por qué?
- Quería poder verte.
- No es necesario que lo hagas… - Dijo Atsushi con un tono de preocupación, que parecía de culpa.
- No, hombre. No te preocupes... Lo hago porque soy un desesperado.
- Desesperado... ¿Por mí?
- Sí. Soy muy idiota.
- Oye... - Atsushi reía demasiado- ¡No digas eso! ¡Eres lindo!
- Y también idiota.
- ¡Agh, basta! - Reía demasiado, y le dolía el estómago. - ¡No digas eso!
- ¡Es que así me pones! - Todomatsu también rió al darse cuenta de lo que decía. - ¡Me pongo todo menso!
Atsushi estalló en carcajadas.
Todomatsu por un momento al ver a Atsushi así, sentía como su corazón saltaba. Sintió una oleada de calidez invadiendo su cuerpo y sus pies se sintieron livianos, como si flotaran. Sonrió un poco, una sonrisa de verdad. Y luego, cubrió su rostro con una de sus manos.
Unas pequeñas lágrimas salieron de sus ojos.
Atsushi al dejar de reír se dio cuenta, pero no se sintió mal, pues Todomatsu estaba sonriendo. Estaba sonriendo y temblando, cubriendo suavemente su rostro.
- ¿Todomatsu? - Preguntó Atsushi, apartando gentilmente su mano de su rostro.
- Lo siento... - Sonrió con sus ojos cristalinos. - Hace tanto que no reía así, y también... Hacía tanto que alguien no reía así, de esta manera, junto a mí... - Sonrió, mostrando sus blancos dientes.
- Ah, ¿es eso? - Suavizó sus facciones.
Todomatsu sólo asintió.
- Eres demasiado conmovedor, ¿sabes?
- Para nada... - Atsushi soltó la mano de Todomatsu. - Bueno, ve a ducharte, se te hará más tarde.
- Sí, Atsushi-kun.
Todomatsu se metió a la bañera y se bañó con agua caliente. Se cambió ahí mismo, y salió del baño sintiendo el frío del exterior. Había usado un champú de manzana verde que resultó tener un aroma bastante dulce. Le gustaba.
Caminó hacia la habitación y... Se sentó en el borde de la cama.
Atsushi estaba con la lámpara encendida, leyendo un libro.
Todomatsu permaneció ahí unos segundos más y después se metió entre las sábanas, cuidadosamente. Atsushi no lo había volteado a ver. Todomatsu aún, a pesar de haber estado junto a Atsushi con anterioridad, sentía pena al acercársele. ¿Por qué?
Revisó su celular y lo dejó en el buró. Después volteó la cabeza hacia Atsushi, y habló.
- ¿Qué lees?
Atsushi apartó la vista de la lectura un momento y luego la volvió.
- Ah... ¿Esto?
Todomatsu asintió.
- Bueno - prosiguió Atsushi -, quizá sea extraño para ti, pero a veces leo otras cosas fuera del mercadeo, ventas, y esas cosas horribles de oficina... Ya sabes, algo interesante - Rió y volteó el libro hacia Todomatsu, dejándolo observar la portada. - Este es un libro que me encanta releer durante todas las noches... Claro, cada que puedo.
- ¿Poesía?
- Así es. ¿Raro, verdad?
- ¿Pero qué cosas dices, Atsushi-kun? ¡No lo es! De hecho - Se volteó con cuerpo completo hacia Atsushi -, es espléndido.
- ¿Sí? Temía que pensaras lo contrario.
- Imposible.
Atsushi sonrió entrecerrando los ojos.
- Léeme.
- ¿Qué quieres que te lea?
- Lo que sea que te encontrabas leyendo hace unos minutos. Quiero saber qué es lo que te gusta. Parece bastante lindo y profundo.
- Bien.
Todomatsu sonrió, y abrazó la almohada, viendo atentamente a Atsushi, para después cerrar sus ojos lentamente y escuchar su dulce voz.
Atsushi pronunció:
Asomaba a sus ojos una lágrima y a mis ojos una frase de perdón... habló en orgullo y se enjugó su llanto, y la frase en mis labios expiró.
Yo voy por un camino, ella por otro; pero al pensar en nuestro mutuo amor, yo digo aún: "¿Por qué callé aquel día?" Y ella dirá: "¿Por qué no lloré yo?"
-Gustavo Adolfo Becquer.
- Wah... Ese es hermoso... - Susurró Todomatsu, dejándose llevar por el sueño. - Atsushi-kun - bostezó interrumpiéndose -, sigue.
- Claro... - Atsushi se sentía muy contento con Todomatsu a su lado.
9:20 pm.
Todomatsu se quedó dormido mientras escuchaba a Atsushi leer aquellas estrofas... Cada verso lo hizo imaginar preciosos escenarios, hasta que finalmente, quedó en su mundo de sueños.
Atsushi cerró su libro, lo dejó en el buró y apagó la lámpara para después dormirse junto con Todomatsu.
Le dio un impulso por abrazarlo, pero esta vez no lo hizo. Todomatsu abrazaba una almohada y por si fuera poco, estaba lejos.
Desistió.
Cada uno quedó rendido ante aquel día y durmieron uno al lado del otro.
Inconscientemente, Todomatsu se acercó a Atsushi para obtener calor de él, y así permaneció toda la noche.
Una noche tranquila. El conticinio no se hizo esperar.
Al día siguiente, cuando el alba se hizo presente, Todomatsu abrió los ojos. Estaba abrazando fuertemente a Atsushi, recargándose en su pecho. Atsushi ya se encontraba despierto.
- ¡Woh! - Se separó de un pequeño empujón y un rápido brinco.
- Buenos días, Todomatsu - Sonrió cálidamente.
- Ay, Atsushi-kun... Buenos días - Resopló. - Pudiste haberme dicho que me quitara. Lo siento, te estaba apretando muy fuerte - Se rascó la mejilla con su dedo índice.
- Eso no te lo voy a negar - Rió. - Pero dormías plácidamente, así que no creí necesario despertarte.
- Uy, señor amable... - Rió.
- Además, ya me acostumbré.
- ¿Eh?
- Siempre te me pegas a una hora determinada de la noche y me abrazas - Sonrió. - No creas que sólo ha sucedido hoy.
- Ah, yo... Ah... - Puso ambas manos en su cabeza, cerca de sus sienes.
- No te preocupes. Es algo característico de ti. No lo dejes - Guiñó un ojo. - Ah - Prosiguió. - Es un poco tarde... Claro, a comparación de la vida ininterrumpida que llevamos.
- ¿Ah, sí?
Todomatsu volteó buscando el reloj. Éste marcaba las 10:00 am.
- No te preocupes, saldremos de aquí a la una y media de la tarde. Supongo que tenemos tiempo.
- Ah, sí, sí. Entonces... - Dejó colgar sus pies descalzos de la cama- ... iré a preparar el desayuno.
- Yo te ayudaré, por supuesto.
- No - Tomó a Atsushi de uno de sus hombros. - Quédate aquí, hombre.
- ¡No tengo nada mejor que hacer! Además cuando tú insistes, es imposible desviarte de tus deseos. Yo no soy diferente, ¿sabes? - Sonrió acariciando su mentón un poco.
- ... - Todomatsu suspiró. - Entiendo. Entonces, dejaré que me ayudes - Todomatsu soltó a Atsushi y se levantó de la cama.
Al estar de pie, escuchó vibrar a su celular para después oír el tono de llamada. Una llamada entrante.
Miró la pantalla de su celular.
Quien lo estaba llamando era Ichimatsu.
Al ver a Todomatsu indeciso observando la pantalla del celular, Atsushi se levantó también.
- ¿Qué sucede? - Preguntó.
- Ah, es mi hermano.
- Contesta. Iré a ducharme - Se estiraba, hablando de lo más normal.
Atsushi salió de la habitación y Todomatsu atendió la llamada.
- ¿Bueno?
Nadie contestaba.
- ¿Hola? - Repitió.
Había ruido al fondo.
- ¿Es una broma o qué?
- Hola, Todomatsu.
- Ah, Ichimatsu nii-san - Suspiró. - ¿Qué tal? ¿Todo bien?
- Eso iba a preguntar yo, pero sí. Monótono, como siempre.
Todomatsu sonrió aunque Ichimatsu no podía verlo.
- ¿Cómo te sientes? – Preguntó Ichimatsu.
- ¿Físicamente? Bastante bien. Mentalmente; confundido.
- Ah, lo normal.
- ¿Sabes qué, Ichimatsu? Me siento inútil a pesar de tener trabajo.
- Sé por qué.
- ¿De veras?
- Sí. Lo que pasa es que deberías de salir más. Sé que tienes trabajo, pero antes, salías con nosotros aunque sólo fuese para bobear o hacer alguna tontería. Te hace falta eso.
- Ya veo... Ahora que lo dices, creo que tiene sentido.
- Lo tiene.
- Ah, por cierto, ahora que lo recuerdo; qué bueno que me has llamado. Tenía que decirte... Hoy iré a Kioto con Atsushi-kun.
- ¿De verdad? ¿Cuánto tiempo?
- Sólo cuatro días. Tiene algo que hacer y yo lo acompañaré.
- Muy bien. Gracias por decirme, Totty.
- De nada. Sí puedo te traeré algo.
- No hay necesidad.
- Sí que la hay.
Ichimatsu soltó una risa apenas audible.
- Eh...
- Ah, Todomatsu. Te diré la verdad.
- ¿Mhm?
- La verdad es que hice esta llamada porque Choromatsu quería hablar contigo.
- ¿Eh, conmigo?
- Ajá. Pero el muy cobarde salió corriendo de la habitación cuando le pasé el teléfono. Por eso no contesté al instante, lo siento.
- No hay problema.
- A pasado tiempo, y él ya no está molesto contigo. Nunca lo estuvo - Recalcó la última frase. - Pero se siente mal por no poder verte desde... aquella vez.
- Ah... Dile que no se preocupe.
- Sí. Jyushimatsu y yo le contamos que viniste a casa, pero insiste en que quiere hablar contigo.
- Ya veo - Todomatsu bajó el tono de su voz. Recordó que, efectivamente, jamás respondió al mensaje de su hermano, Choromatsu. Aquel corto mensaje, pero con profundo significado: "Lo siento".
- Pero... ¿Sabes?
- ¿Sí? - Respondió Todomatsu.
- ¡No lo entiendo! ¿¡Qué carajo piensa!? ¡Primero dice que quiere hablar contigo, y luego, cuando le paso el teléfono, sale corriendo el muy maldito!
- ¡Ichimatsu nii-san! - Lo interrumpió riéndose. - Lo sé, ¡pero debe tener sus razones! Sabes cómo es él... - Reía. Ichimatsu no cambiaba nada.
- ¡Es que...! Uff... Está mal ese tipo.
- Pronto lo llamaré yo, no te preocupes - Continuó riendo.
- Agh… Por eso el más "responsable" no se responsabiliza...
- ¡Todos lo sabemos!
- Bueno, no te interrumpo más. Qué te vaya bien en Kioto. Ven a vernos pronto. - Hizo una pausa. - Iría yo, pero... me da vergüenza con ese... Atsushi.
- ¡Claro! Adiós, Ichimatsu nii-san.
- Bye.
La llamada terminó. Colgó.
Dejó el teléfono en el buró y al hacerlo miró el libro de la noche anterior. El libro de poemas.
Lo hojeó con curiosidad.
- Así que a Atsushi-kun le gustan estas cosas... - Habló para sí mismo, con una sonrisa bastante suave.
Mientras hojeaba miró unas estrofas remarcadas con un marcatextos de color anaranjado. Se detuvo y retrocedió unas cuantas páginas.
Miró y leyó aquello.
Otro lindo poema:
"Nuestra pasión fue un trágico sainete
en cuya absurda fábula
lo cómico y lo grave confundidos
risas y llanto arrancan.
Pero fue lo peor de aquella historia
que al fin de la jornada
a ella tocaron lágrimas y risas
y a mí, sólo las lágrimas".
Lo miró unos instantes, acarició la hoja y cerró el libro.
Si Atsushi había subrayado aquello era porque le gustaba específicamente sobre los otros escritos, ¿no?
- Pues vaya... - Dijo Todomatsu, dirigiéndose a la cocina.
Atsushi salió del baño con una toalla en la cintura y otra más pequeña sobre los hombros. Caminó hacia el cuarto y cerró la puerta para después cambiarse.
Todomatsu se quedó unos minutos mirando a la alacena, indeciso.
No se le ocurría qué podía hacer de desayunar.
Se paró ahí unos instantes con los brazos cruzados, mirando con el ceño fruncido e inflando un poco las mejillas.
- ¡Atsushi-kuuuuun!
- ¿Qué pasa, Todomatsuuuuu? - Respondió Atsushi desde el interior de la habitación. Luego abrió la puerta y salió con un pantalón de vestir y una camisa de manga larga blanca que estaba desabotonada en el pecho.
- ¿Qué quieres comer?
- Por mí cualquier cosa está bien.
- Ugh, no sé qué hacer - Todomatsu se rascó la frente ladeando la cabeza. - ¡Ah! ¿Te gustan las cosas dulces?
- ¿Cosas dulces?
- Sí, ¡podría hacer algo de lo que preparamos en la cafetería para ti!
- ¡Perfecto! ¿Qué exactamente?
- Ya verás. Tú sólo tienes que ir a la sala y esperar.
- Pero...
- No, regresa.
- Oww... Claro. Como tú digas, Todomatsu. Supongo que esta vez no puedo hacer nada.
- Entonces, regresa - Le dio un empujoncito por la espalda.
Atsushi se dirigió a la sala y leyó el periódico mientras miraba el noticiero también. Era un hombre bastante inteligente, y por ende se sentía necesitado de mantenerse informado de lo que pasaba a su alrededor.
Entre todo aquello, escuchó a Todomatsu cantar una canción. Le pareció hermosamente nostálgica. Se quedó estático escuchando un momento, pero fingió no prestar atención. No quería que Todomatsu se detuviera. Siguió con lo suyo, pero al cabo de un momento, Todomatsu calló.
"¿Por qué?".
Esperó quizá quince minutos. Se levantó del sofá, apagó la televisión y se dirigió a la cocina para ayudar a poner la mesa, pero fue innecesario.
Cuando estaba a pocos centímetros de entrar a la cocina, Todomatsu lo llamó.
- ¡Atsushi-kun! ¡Ya está listo, ven a sentarte!
- ¡Voy!
- ¡Y bien, aquí está!
Miró a la mesa. Todomatsu arregló todo de forma muy bonita y sobre los platos de vidrio sirvió la comida.
Preparó unas deliciosas crepas.
- ¡Todomatsu, esto es genial!
- ¡Tampoco es para tanto! Aún no puedo hacerlo tan bien como mis compañeras! - Rió con el delantal aún puesto, que por cierto, estaba ahora desabrochándose. - Siéntate, come y dime qué tal está.
Atsushi obedeció. Con el cuchillo y tenedor tomó un trozo. Era exquisito, totalmente dulce y sabroso.
- Todomatsu... ¡Está buenísimo!
- Traté de jugar un poco con la receta... - Rió de manera traviesa, apoyando una mano en su mejilla.
- Siempre supe que eras mejor cocinero que yo. Cada vez me sorprendes más, ¡en serio!
- Ja... Quizá eso sea cierto - Rió.
Charlaron un rato. Un momento cómodo y alegre. La casa era cálida, mientras afuera estaba helado. Un escenario romántico. Al final los dos terminaron de comer, no duraron tanto.
Después Todomatsu fue a la habitación a cambiarse de ropa.
Se puso una camisa blanca de manga larga, la abotonó dejando sólo un botón suelto, y encima un chaleco de color rosa. Junto con unos pantalones color marrón un poco arremangados, y tenis blancos.
Atsushi se puso una camisa de manga larga blanca con un saco color negro sin abrochar. Esta vez decidió no usar corbata. Llevaba pantalones y zapatos negros.
- Bueno - dijo Atsushi -, ¿llevas tus cosas?
- Sí. No son muchas en realidad. Sólo son cuatro días, después de todo.
- Muy bien, vamos - Atsushi abrió la puerta para que Todomatsu saliera. Una vez éste último afuera, cerró la puerta con seguro.
Se dirigieron al garaje y subieron al automóvil. Salieron de la casa y se encaminaron a su destino: Kioto.
De Tokio a Kioto durarían aproximadamente 2 horas y 15 minutos de recorrido. Tal vez, si se entretenían, durarían 3 horas.
Tenían sólo 5 minutos de haber salido de casa.
Hacía realmente mucho frío, pero no parecía que fuese a llover ni mucho menos a nevar. Las ventanas permanecían cerradas, y ya que Todomatsu lo pensaba, no había habido una sola vez en la que hubiera recorrido la ciudad en el auto de Atsushi con las ventanas abiertas. Tokio estaba en pleno invierno.
- Atsushi-kun, ¿lo que debes hacer es difícil?
- ¿Hmm? Ah, es sólo un simple papeleo. Además, tengo que ir a hablar con alguien importante. Importante para la empresa.
- Ah.
- ¿Por qué?
- Bueno, estaba pensando que casi nunca pareces preocupado.
- ¿Ah, no?
- No. Pero creo que eso es genial... Necesito esos nervios de acero.
- Ja... Claro. Prefiero tomarme todo esto con calma y no molestar a nadie. No vale la pena preocuparme por algo que no ha pasado y que será inevitable. Además, me acostumbré a mi trabajo.
- Exactamente, ¿en qué trabajas?
- ¿Eh? Ah, bueno, ventas y comercio. Administración de empresas... Tú sabes.
- Lo imaginé. Tal como esperaba de Atsushi-kun – Sonrió.
- Es algo sencillo, aunque para mí, bastante aburrido. Por eso lo tomo con calma. Y bueno, ¿a qué viene eso?
- No estoy seguro.
- ¿No te parece un poco molesto tener que venir conmigo?
- ¿Eh? ¿Lo dices en serio? ¡No quería quedarme solo en casa esperando por ti! Así que estoy contento.
El auto siguió andando y Atsushi rió.
- Ya veo.
Todomatsu miró a los alrededores. Juraría que había varios lugares en los barrios de Tokio que no había visto antes. No los conocía.
Pasó un tiempo más.
Miró hacia atrás sólo por instinto. Atsushi llevaba un portafolio y una maleta con sus cosas. Todomatsu llevaba también una pequeña maleta, una mochila rosa.
Ese día no había mucho tráfico, era perfecto para el viaje. Esta vez Todomatsu no estaba callado como siempre, y a Atsushi le pareció inusual, pero le agradaba. Se desenvolvía con él y hacia toda clase de preguntas. Estaba muy parlanchín.
Atsushi le preguntó en un instante que pudo que a qué se debía, a lo que Todomatsu respondió: "¿Por qué debería tener una razón concreta? Me gustaría hablar contigo de lo que sea, siempre. Si no te molesta".
Pronto salieron de la ciudad y entraron a zonas rurales que parecían sacadas de pinturas artísticas.
El viaje era alegre, y conforme iban avanzando, el clima iba cambiando. Al acercarse a Kioto poco a poco, el clima era cada vez más cálido. El cielo más despejado, y el sol más brillante.
Llevaban aproximadamente una hora y media de camino, casi llegarían.
En medio de todo aquello, Todomatsu se quedó en silencio por momento; quizá seis minutos.
Después, con ligereza comenzó a tararear un canción. Atsushi permaneció en silencio por unos instantes, con la vista clavada en el camino.
La melodía le parecía nostálgica. No sabía por qué, pero le gustaba escucharla.
La dulce voz de Todomatsu hacía resaltar las partes agudas de aquella canción, que después de tararear, comenzó a cantar tenuemente.
Atsushi se humedeció los labios y se enderezó, pegándose más al asiento del auto.
— ¿De dónde es? —Interrumpió su cantar.
— ¿Eh?
— La melodía —Especificó. — Me parece haberla escuchado en otra parte.
— Oh, pues...
— ¿Tiene un significado especial para ti?
— ... — Sonrió.
*Flashback*
— ¡Karamatsu! ¡Todomatsu! ¡No se alejen tanto! — Exclamaba Matsuyo. La voz de su madre era joven y dulce.
— ¡No, mamá! — Gritaba Karamatsu, mientras tomaba la mano de Todomatsu. — ¡Vamos!
— ¡Sí!
Jugaban con las hojas secas, corrían, y reían.
Después, entre toda aquella alegría, Karamatsu corrió por los senderos, y Todomatsu lo siguió. Aunque éste último, cayó haciéndose un raspón.
— ¡Wahhh! — Sollozaba Todomatsu.
— ¡Todomatsu! ¿Estás bien? — Preguntó un preocupado Karamatsu. — Vamos, te ayudaré a levantarte.
— ¡Mamá, papá! — Lloraba a cántaros.
— Te pondrás bien — Karamatsu ayudó a Todomatsu a levantarse, y éste no dejaba de llorar. Se dispuso a ir de inmediato a donde estaban sus padres y hermanos, pero no encontraban el lugar. Se habían perdido. — Este...
— ¡Papá! ¡Mamá!
— Todomatsu, tranquilo... — Cargó a Todomatsu en su espalda. Karamatsu comenzó a cantar aquella canción para animar a Todomatsu. — Vamos, canta conmigo. ¡Así nos encontrarán más rápido! — Sonreía para hacer sentir en confianza al menor.
Poco después, Todomatsu perdió la noción del dolor en su rodilla, sólo quedó un poco se ardor. Y comenzó a cantar junto con Karamatsu.
— ¡Eso! — Decía Karamatsu, animando a su hermanito. — Pronto estaremos junto a papá, mamá y los demás.
Todomatsu dejó de cantar (tararear) y se fue arrullando en la espalda de su hermano mayor. Sólo escuchaba aquella melodía, aquella canción que jamás pudo olvidar.
Karamatsu siguió caminando, cantando, cargando a su hermano, y buscando a su familia.
[ ….. ]
Todomatsu le contó a Atsushi la historia.
— Después de eso... — Prosiguió. — Mis otros cuatro hermanos nos encontraron. Habían salido corriendo a buscarnos. Y cuando llegamos con mamá y papá, me abrazaron fuertemente al verme todavía llorar — Sonrió, recordando.
— ... — Atsushi lo escuchaba con atención.
— Ah — Vocalizó. — Y después de eso... Choromatsu nii-san, uno de mis hermanos... Me curó el raspón de la rodilla.
— Es un bonito recuerdo — Sonrió de verdad.
— Aunque es muy simple... — Reconoció. — Aquella vez íbamos de vacaciones al campo, y mi hermano y yo nos separamos sin darnos cuenta. Eso pasó en un lugar muy parecido a ese... — Dijo Todomatsu mirando a través del vidrio (los cuales ya estaban abajo), observando los árboles con hojas grandes y secas entre un color café, naranja y amarillo. — ... y por eso lo recordé.
— Bonita melodía... — Habló por lo bajo.
— ¡También me gusta! Ahora que lo pienso... No tengo ni idea de dónde la sacó mi hermano — Reía.
— Quizá alguien más se la enseñó... — Opinó.
— Lo dudo. Nunca nadie jugaba con nosotros — Meditó. — Bueno, hubo una vez en la que un hombre llegó a nuestra casa y vivió allí por un tiempo, pero...
— Guarda ese recuerdo — Lo interrumpió. — Tienes una familia muy cariñosa — Sonrió.
— Sí... — Miró su regazo. — En aquel entonces sólo teníamos ocho años.
— El final fue feliz...
— Ajá — Rió.
Siguieron andando.
Todomatsu siguió contando anécdotas simples, pero en un punto de sintió incómodo. No sabía si estaba molestando a Atsushi, porque estaba hablando realmente demasiado.
Y también, porque Atsushi no parecía tener intenciones de platicar algo sobre su infancia.
¿Qué clase de persona sería?
— Oh, mira — Dijo Atsushi alzando su dedo índice, apuntando sin soltar el volante. — Ya llegamos.
Todomatsu alzó la cabeza visualizando un letrero que indicaba que, efectivamente ya estaban en Kioto.
— ¡Qué bien! — Todomatsu miraba todo con un brillo peculiar en sus ojos. — Todo aquí es muy bonito...
— Lo es, sin dudas.
Al principio, se instalaron en un motel simple, por lo menos unas dos horas. Y todo ese tiempo, Todomatsu estuvo solo en la habitación.
Atsushi había ido a hacer aquel asunto de su trabajo pendiente.
Cuando tuvo listo el papeleo y habló con aquella persona importante, regresó a la habitación del motel, y junto a Todomatsu, salió del lugar, dirigiéndose nuevamente al automóvil.
El clima era muy agradable. El sol estaba en un punto perfecto.
Después de aquello, a Todomatsu le entró una duda.
— Atsushi-kun... — Volteó la cabeza hacia el volante. — ¿A dónde vamos?
— Ah... — Pisó el pedal, acelerando. — A ese lugar de ahí — Le indicó con la mirada.
— ¿Hmm? — Levantó la vista hacia un lugar lleno de árboles y plantas preciosas. Visualizó su destino y se quedó sin palabras por unos instantes. — ¿Eh? Pero si es...
— Un ryokan.
Más feliz no podía estar.
— Eh, ¿está bien?
— Por supuesto. Nos alojaremos aquí los siguientes cuatro días.
Llegaron frente al lugar y se estacionó.
Salieron del coche bajando las maletas (que realmente no eran muy grandes) y se encaminaron al lugar. Todomatsu, voluntariamente, iba unos dos pasos atrás de Atsushi.
Llegaron a la recepción e hicieron la reservación. No había nadie más, solamente ellos.
Se dirigieron a la habitación.
Nuevamente, estaban solos.
— Atsushi-kun, gracias. Este lugar es espléndido...
El canto de las aves que provenía desde las ventanas hacía del lugar un sitio bastante agradable.
— Me alegra que te agrade — Sonrió, mientras se quitaba los zapatos.
Todomatsu se sentó en el suelo de madera que rechinaba un poco al caminar encima de él. Cerró sus ojos e inhaló el aire fresco. Observó el paisaje desde el ventanal. Era maravilloso, magnífico.
De repente llegó a su cabeza un pensamiento al azar.
"¿Hace cuánto tiempo que no salía de Tokio?".
Es más, ni siquiera había salido de su casa en años. Se sintió extraño.
No recordaba haber estado junto a sus hermanos, compartiendo un momento así.
Aunque nadie lo había propuesto; todos eran ninis. Por supuesto que para ellos, toda la vida eran vacaciones. Así que cuando llegaban las verdaderas vacaciones no se les pasaba por la mente: "¡Hay que ir a aquel lugar!".
X lugar. No importa cuál sea. Habían perdido el interés.
— Por cierto, Todomatsu. ¿Estás cómodo con esa ropa? Puedo ir por unas yukatas a la habitación de al lado.
— Pues, estoy bien, pero creo que van a ser necesarias.
— Tal vez haya ahí, si no hay, iré a la recepción a solicitarlas.
— Claro.
— Traeré también unas getas.
— Ah, sí. Por favor.
— Bien, voy para allá.
— Ah. Este... Tenía curiosidad. ¿Cómo están las aguas termales?
— Pues, supongo que en un muy buen punto. ¿Quieres ir?
— Eh... — Apretaba sus uñas con nerviosismo. — Supongo que sí. Tal vez más tarde.
— Ya veo.
— Atsushi-kun, eh, espero que lo entiendas, pero ya sabes como soy.
— Oh, no te preocupes, no entraré contigo si no quieres.
Todomatsu sólo asintió.
Atsushi salió a buscar las yukatas y las getas.
Por mientras, Todomatsu se levantó del suelo y se dirigió al balcón para poder apreciar mejor el paisaje. El aire era fresco, natural.
Respiró el olor a los pinos y a flores. Precioso.
Mientras estaba perdido en sus pensamientos, apreciando aquello delante a sus ojos, escuchó algo.
Su celular vibró.
Fue a checar para ver de qué se trataba.
Era un mensaje de voz de Choromatsu.
