Capítulo 10- Atardecer contigo.

Nota: En este capítulo se redacta lo que Todomatsu y Atsushi estuvieron haciendo en el ryokan mientras los ninis bebían y charlaban. Será un "mientras tanto", al menos hasta que anochezca y sea otro día.

5:00 pm.

Todomatsu después de escuchar el mensaje dejó el celular en una pequeña mesa que había en medio de la habitación y se dedicó a observar el espeso bosque que yacía frente a la instalación. El ryokan estaría deshabitado a no ser porque Todomatsu, Atsushi y los dueños del lugar estaban ahí.
Ya era tardecito y el lugar se pintó de una cálida tonalidad rojiza, tocando todos y cada uno de los rincones.

Todomatsu pensó por un largo rato las palabras de su hermano, y había algo raro en ello. Hablaba demasiado seguro y parecía decir toda la verdad.
Rápidamente llegó a una conclusión y rió para sí mismo. Se dio cuenta de que Choromatsu estaba leyendo lo que había dicho. Le resultaba casi imposible pensar que su hermano pudiese hablar y expresarse con semejante fluidez. No cabía la menor duda.

Observó cómo los árboles se mecían con el viento y las hojas secas se desprendían de éstos. Nuevas flores comenzaban a brotar y un camino de tierra y finas rocas abrían paso a las profundidades del lugar.

Se quedó perplejo observando todo aquello hasta que el sonido de las pisadas de Atsushi en el rechinante piso de madera aproximándose interrumpió sus pensamientos.

Atsushi deslizó la puerta y entró al lugar con unas prendas sobre su brazo y unas sandalias de madera (de las cuales ya traía puestas un par).

Atsushi ya traía puesto el yukata. Era una prenda muy cómoda de color azul marino con detalles azul cielo y gris.

- Perdón por tardar. Cuando llegué por alguna razón no había nadie que pudiese atenderme... ¡Qué cosas! - Se aproximó a Todomatsu y le tendió el yukata y las sandalias. - Ten, póntelas. Creo que te sentirás más cómodo con esto.

- ¡Está bien! No te preocupes. Miraba los alrededores del lugar. Aquí es muy bonito y el clima es mucho más cálido que en Tokio.

- Creí que sería un buen lugar donde pudiésemos relajarnos.

- Sí, creo que la vida en casa no estaba marchando muy bien - Simuló una sonrisa que apenas fue una mueca imposible de descifrar.

Atsushi sonrió y se dio la vuelta para acomodar algunas cosas de las maletas en la extensa habitación.

Todomatsu se quitó la ropa de la parte superior y se colocó el yukata ajustándolo un poco. Una vez puesto, se quitó lo de la parte inferior.

Era un yukata color rosa con detalles color rojo y amarillo.

Después Atsushi volvió con una bandeja de comida. Era pescado hervido con algunos encurtidos y pan, acompañado con algunas frutas y una taza de té.

- Traje esto de una vez también - Dijo el mayor. - Supuse que tendrías hambre. Nos hemos esforzado mucho últimamente por seguir con nuestras vidas.

- Muchas gracias - Todomatsu sonrió.

- Ah, también... - Atsushi se sentó a la pequeña mesita del centro y Todomatsu lo imitó, mientras tomaba su parte de la comida. - ... si quieres hablar de algo en especial conmigo, puedes hacerlo. Creo que no hemos tenido el suficiente tiempo como para poder interactuar lo suficiente...

- Ah, tienes razón. Bueno, ahora que lo dices... Tengo cosas que preguntarte, aunque no creo que sea nada relevante. Sólo quiero conocerte más - Dijo terminando la frase con una sonrisa.

Atsushi asintió también sonriendo.

- Yo también quiero conocerte más, Todomatsu.

Primero se dedicaron a comer. Por alguna razón Atsushi no tenía tanto apetito como lo tenía Todomatsu, así que acabó después del mencionado.

Se levantaron del suelo, separándose de la mesa y se dirigieron al balcón que incitaba a observar el rojizo atardecer.

5:40 pm.

- Bueno, ¿querías hablar de algo conmigo?

Todomatsu vaciló por un momento y luego aclaró.

- Bueno, quiero hablar contigo, sí. Pero no de algo en especial.

- Oh, de acuerdo. Me gustaría pasar un rato así contigo. Siento que han pasado semanas en las que no he convivido contigo - Rió.

A Todomatsu se le derretía el corazón al ver sonreír a Atsushi. Era guapísimo.

- A decir verdad, Atsushi-kun, siento que aunque ya he estado casi un mes y medio junto a ti, no me he dado el tiempo de conocerte. Es casi como si... recién te hubiese conocido - Dio un suspiro. - Por eso...

- Muy bien. Responderé cualquier cosa que preguntes - Volteó a verlo.

Todomatsu lo pensó un momento. No tenía algo en especial qué preguntar, pero quería conocer más de Atsushi, así que cualquier cosa coloquial estaría bien. Sin necesidad de profundizar.

- ¿Cuánto mides, Atsushi-kun?

- Mido 1.80 m - Dijo sonriendo, como si le hubiese causado ternura.

- ¡Rayos! Si sabía que eras alto, pero... - Rió.

- ¿Tú como cuánto mides? ¿1.72?

- 1.70 - Afirmó.

- Ah, ¡casi lo adivino! Creo que soy bueno calculando este tipo de cosas - Apoyó su mano en su mejilla.

- Creo que eres bueno en todo, Atsushi-kun - Dijo tras una pausa.

- ¿Eh? No es verdad. En realidad a veces no sé ni siquiera qué es lo que intento hacer.

Todomatsu rió un momento y después desvío su vista al tornasolado cielo. Inhalaba el aroma del aire fresco y relajante.
Se escuchaba como las hojas caídas de los árboles se arrastraban con el feroz viento. El aire se disipaba y volvía, pero siempre siendo gentil.

Por un momento creyó que era uno de los pocos momentos de su vida en los que de verdad se sentía vivo. El simple hecho de poder respirar aquel aire fresco... De poder sentir la calidez en su piel de quién estaba a su lado, de poder escuchar su voz, de poder sonreír, de sentir cómo su cabello era alborotado por obra de la naturaleza... Aquella debía ser la verdadera felicidad.

Hablaron un rato más. Desde las cosas que hacían en la universidad, las que hacían hace poco antes de conocerse, hasta las más coloquiales, como qué les gustaba comer, qué no les gustaba, sus hobbies. De todo.

- Atsushi-kun, tu debiste ser muy popular entre las chicas en la universidad, ¿no?

- Digamos que sí - Asintió. - Pero eso no era algo que realmente me gustara...

- Yo creo que es algo de lo que muy pocos pueden presumir. Debía de haberte gustado con que sea un poco - Rió.

- Traté de que no fuera molesto para mí, pero...

- "¿Pero?".

Atsushi se humedeció los labios como si estuviese a punto de decir algo, pero sólo atinó a cerrar la boca indeciso y negó con la cabeza.

- Nada - Sonrió.

Todomatsu lo miró confundido unos segundos y después desvió la mirada. Pronto Todomatsu comenzó a sentir sueño, estaba un poco cansado. Después de todo acababa de dejar su trabajo después de largas jornadas (al igual que Atsushi) y se habían ido demasiado rápido a aquel lugar. Sin mencionar el tiempo de recorrido y el tiempo que Atsushi duró en hacer su papeleo y hablar con aquella persona importante.

7:40 pm.

Atsushi se dio un baño en las aguas termales. Después de quince minutos, Todomatsu hizo lo mismo. Aunque Atsushi ya no se encontraba ahí.

8:35 pm.

El menor se dirigió a la habitación y se topó con Atsushi de nuevo. Se volvió a colocar el yukata.
Atsushi había colocado el futón en la habitación, listo para que fuesen a dormir.

Ambos se recostaron. Inmediatamente Todomatsu quedó profundamente dormido y Atsushi al darse cuenta de esto lo abrazó por la espalda, oliendo el dulce aroma de su cabello. Dejaron la ventana abierta, debido al calor que estaba haciendo.

Ambos durmieron profundamente.

Al día siguiente despertaron temprano.

7:30 am.

Todomatsu abrió los ojos tras sus sueños desvanecerse y se giró hacia donde yacía Atsushi, que por cierto, éste último seguía dormido. Todomatsu se giró completo hacia él y comenzó a acariciarle la cara gentilmente y después acercó sus mejillas a las de él, pegándolas completamente sintiendo su suavidad. Ante esto, Atsushi soltó una risita abriendo lentamente los ojos comenzando a desmodorrarse. Todomatsu sonrió al verlo despertar.

— Buenos días, Todomatsu... — Dijo dulcemente.

— Buenos días, Atsushi-kun... — Rió. — Aunque yo debía decirlo primero.

— ¿De veras? — Sonrió abrazando la almohada.

— Anoche dormí tan temprano que ya no tengo sueño, y en cambio tengo hambre.

— Sí, yo también — Reconoció.

— Esta vez me toca ir a mí por algo.

— ¿Qué dices? Si siempre lo haces todo tú.

— No es verdad. Vuelvo en un momento.

Todomatsu salió de la habitación y se dirigió hacia la habitación donde le servirían el desayuno de aquel día. No había nadie, pero la comida ya estaba preparada, así que solamente, teniendo cuidado la tomó.

Entró a la habitación con la comida que compartió con Atsushi y después levantaron y sacudieron el futón.

8:00 am.

Todomatsu se dirigió al balcón y observó el bosque cercano una vez más.

Atsushi lo observó un momento así, tal y como estaba. Resultaba ser muy tierno. Los finos rayos de luz que el alba emitía hacía que resaltase su encanto.

— Todomatsu.

— ¿Sí, Atsushi-kun?

— ¿Te parece si damos un paseo por los alrededores?

Los ojos de Todomatsu se iluminaron.

— ¿De verdad? — Miró al mayor con felicidad. — ¡Me encantaría! Hay muchas cosas que quiero ver...

— Muy bien, entonces cambiémonos.

— ¡Sí!

Atsushi y Totty se deshicieron de los yukatas y se pusieron ropa casual. Todomatsu su típico jeans azul arremangado de los talones con su polera rosa, y Atsushi una camisa blanca con un pantalón de vestir y zapatos negros, sin corbata ni saco.

8:10 am.

Antes de salir del ryokan, pasaron por la recepción y saludaron amablemente a los diseños del lugar, dándoles los buenos días.
Eran una pareja de ancianos muy amables.

Quizá se habían separado ya del lugar como unos quince metros. Pronto se adentrarían al bosque.

Era un paisaje extraño, porque a pesar de que el color verde regía en el lugar, había cientos de árboles que se deshacían de sus hojas. Árboles de colores cálidos; como café, naranja, amarillo, y rojo.

La luz del sol que se filtraba a través de las hojas de los árboles (komorebi) pintaba el camino como si de un lugar mágico se tratase.
Al adentrarse al bosque, había un pequeño sendero de tierra aplacada que los dirigía hacia la civilización, y otro que los dirigía hacia las montañas.

— Mm... ¿Qué camino quieres tomar, Atsushi-kun?

— Bueno, el de la izquierda nos guiará con las demás personas, y el de la derecha supongo que se adentra más al bosque.

— ¿Conoces allá?

— Pues la verdad es que no... — Sonrió.

— ¡Vamos!

— ¿No sientes miedo? — Le preguntó, aunque se cuestionó a sí mismo también.

— Ahora no, porque estamos juntos — Dijo alzando un poco la mirada, sonriendo.

Atsushi le devolvió el gesto.

— Bien, veamos que podemos encontrar allá.

Todomatsu sonrió, mientras sacaba su smartphone del bolsillo de su sudadera.

— Tomaré algunas fotos. Es un bonito lugar — Exclamó Todomatsu, como si pensara en voz alta.

— Perfecto — Dijo, esbozando una sonrisa.

Siguieron andando a pie. Todomatsu caminaba unos dos pasos por detrás de Atsushi.

Mientras avanzaban, Todomatsu jugaba con las hojas secas que caían, y las que ya yacían en el suelo con anterioridad.
Daba pequeños saltos aplastándolas divertidamente. Le gustaba el ruido que hacían; le gustaba oírlas crujir.
Cosas tan simples como aquellas eran las que él consideraba indispensables para disfrutar de los pequeños detalles que la vida le obsequiaba para ser feliz.

Pero... ¿Realmente era eso? ¿Eran los detalles? ¿O era porque Atsushi estaba ahí, caminando a su lado?

A su vez, Atsushi al mirarlo de reojo pensó para sí mismo que era como ir de paseo con un niño pequeño; como un chico de secundaria.
Pero, aquel chico era un adulto ya. Y así le gustaba, actuara como actuara. Así le gustaba.

Pronto Todomatsu se emparejó con Atsushi respecto a la caminata. Sus pasos eran uniformes.

Todomatsu sacó su celular y comenzó a tomar fotos de los árboles, del rocío que permanecía en el pasto, las mariposas que revoloteaban entre las flores amarillas y blancas, las ardillas que husmeaban por ahí, los pájaros carpinteros picando la madera, las cigarras...

Cualquier cosa bonita que viera, era merecedora de ser fotografiada.

Observó curiosamente los alrededores, con cuidado, pero no hallaba nada más.

De pronto, observó como un pájaro aleteó saliendo de un árbol para tirar un montón de hojas de éste, haciéndolas caer sobre Atsushi.
Todomatsu aprovechó el momento para sacar una foto de aquella escena.

La fotografía fue espectacular.
En la imagen se podía ver a un Atsushi siendo iluminado por la luz del sol con tonos rojizos por la filtración de las hojas que caían sobre él.

Aunque, Atsushi jamás se dio cuenta de aquello.

Entre más avanzaban, Todomatsu tomaba fotografías al azar (después de sacar las más importantes) y poco a poco fue perdiendo el interés por sus alrededores.
Se dio cuenta que había empezado a fotografiar solamente a Atsushi.

Después de unos minutos, Todomatsu guardó su celular en el bolsillo de su pantalón. Se acercó a Atsushi hábilmente y lo sujetó de la mano, entrelazando sus dedos con los de él. Tras haber realizado este acto, ambos sonrieron.

— Atsushi-kun, ¿quién eres?

— ¿Cómo?

— ¿Por qué me siento tan especial cuando estoy cerca de ti?

— Lo mismo me pregunto, Todomatsu. ¿Por qué siento que estoy flotando cuando estoy contigo? Como si estuviera a centímetros del suelo... ¿Por qué?

— Lo había dicho ya, y lo vuelvo a decir. Estoy muy agradecido de haberte conocido, Atsushi-kun.

— Pienso igual — Esbozó una sonrisa. — Ahora, quiero preguntarlo yo — Articuló. — Todomatsu, ¿quién eres?

Todomatsu comenzó a reírse abiertamente. Todo aquello le había causado gracia y ternura. Estaba muy feliz, y Atsushi también reía con él.

Siguieron caminando adentrándose más a aquel misterioso pero cálido lugar.
Todomatsu sintió un poquito de calor y se despojó de su sudadera, amarrándosela en la cintura. Ahora sólo traía una camiseta color crema.

Sin darse cuenta, estaban en un lugar mucho más alto del que se esperaban. No estaban en la montaña, pero habían logrado subir una gran colina. Quizá al pie de la montaña.

— ¿Atsushi-kun, qué es este lugar?

— No lo sé — Dijo viendo al rededor. — Seguimos el camino, pero no parece que vayamos a un lugar concreto.

— Bueno... — Dijo Todomatsu señalando hacia delante. El camino se había partido en dos, otra vez. — Esta vez tomaremos, ¿izquierda o derecha?

A la izquierda había un montón de árboles repletos de flores, y el camino era un poco oscuro. A la derecha, arbusto y árboles secos, dejando filtrar los rayos de luz, y un riachuelo.

— Sigamos por la derecha — Sugirió Atsushi.

— Muy bien — Siguieron a pie.

Caminaron por un lado del riachuelo escuchando cómo el agua topaba contra las finas y redondas rocas.

— ¿No te parece como un lugar de caricatura?

— ¡Ja! Es lo que acabo de pensar — Dijo el menor sonriendo. Tras hacer una breve pausa, sus pupilas se dilataron. Podía ver algo a lo lejos. — ¡Atsushi-kun! Mira, ¿qué es eso?

— ¿Mm? ¿Qué es qué? — Miró hacia el mismo punto que Todomatsu. — Oh, ya...

— ¿Vamos a ver?

— ... Vamos.

Se acercaron al lugar. Era una especie de templo escondido a lo profundo del bosque. Estaba todo sucio, lleno de plantas e insectos. Había algunas gárgolas al fondo, blancas y de ángeles. Las ramas de los árboles cercanos de empotraban en las paredes y daba un aire de soledad.

Se quedaron estáticos un momento y después Atsushi avanzó, haciendo el segundo joven lo mismo.

— ¿Qué es este lugar? — Preguntó Todomatsu al mismo tiempo que sacaba su celular del bolsillo de su pantalón. — Parece un templo, pero... Da la sensación de que se trata de una iglesia o algo así.

— No sé qué pensar. Pero por lo que se ve, nadie ha venido aquí desde hace años.

Todomatsu comenzó a sacar fotografías nuevamente.

De pronto, algo le llamó la atención. Todo estaba vacío, sin nada ni nadie, a no ser...

— Atsushi-kun, ¿escuchas esto?

— ¿Mm? ¿Oír qué?

— Eso... Allá atrás — Apuntó al fondo del lugar.

— Oh, lo escucho.

Ambos se acercaron al lugar de donde provenía aquel agudo sonido. El sonido de... algo pillando.

Todomatsu se adentró a aquel sitio removiendo algunas plantas secas que interferían en su camino. Después se puso de rodillas mientras husmeaba de donde venía el ruido.

— ¡Atsushi-kun! ¡Mira, lo encontré!

— ¿Eh? — Atsushi se acercó, poniéndose de cuclillas al lado de Todomatsu. — ¿Un pichón?

Entre toda aquella hierba inservible había un pequeño pajarito bebé que estaba pillando. Todomatsu lo tomó con cuidado entre sus manos y acarició gentilmente sus plumas.

— Seguramente se cayó de su nido y por eso está aquí — Dijo mientras acariciaba una de sus alas.

— Sí, aunque no se ven muchos pájaros al rededor — Dijo Atsushi inspeccionando el lugar.

— Atsushi-kun, ¿podemos llevárnoslo?

Atsushi al ver a Todomatsu, nuevamente sintió aquel sentimiento entre ternura y dulzura. Sentía que todos sus sentidos eran abatidos por aquella mirada del chico. Parecía como la mirada de un cachorro suplicando por algo de comida.

— Por favor... — Insistió Todomatsu. — Está herido, no podrá seguir viviendo si lo dejamos aquí solo. Ayudemos a que se mejore...

Atsushi lo miró un momento, sonrió y asintió.

— De acuerdo. Llevémoslo con nosotros. Habrá algo que podamos hacer.

— ¡Viva! Pronto estará mucho mejor.

— Claro, estoy seguro de que se recuperará fácilmente. Se ve fuerte — Exclamó el de camisa blanca, observando al animalito.

— Atsushi, ¿sabes cuidar aves?

— Supongo que sí. No debe ser muy difícil, puedo hacer algo por él. No te preocupes — Sonrió.

— Bien — Imitó el gesto.

— O sea que... — Soltó una risita —... No sabes cuidar pájaros y aún así quieres llevarlo contigo.

— Bueno... ¡No podía dejarlo aquí, abandonado! Es injusto para él. Además, estoy seguro de que por algo estamos aquí. Quizá era obra del destino o algo así... Por eso...

— Bien, bien. No te preocupes. No pedía que te justificaras — Aclaró. — Sólo... me pareció algo... — Su voz se hizo fina, y acabó la frase casi en un susurro —... inusual.

— ¿Eh?

Hubo una pequeña pausa. Atsushi inhaló el aire alzando la vista hacia el cielo, y después dirigiéndola hacia Todomatsu.

— Regresemos, Todomatsu. No creo que haya algo más allá en las montañas. Hemos caminado lo suficiente y no parece haber algo característico. Hasta podría ser peligroso, después de todo no conocemos aquí.

— Está bien, pero... — Miro a su alrededor —... ¿Sabes qué podría ser este lugar? Aunque al inicio tiene el aire de un templo, pareciera más como una iglesia occidental.

— Quizá sea una imitación que no logró hacerse conocer. Después de todo, está muy alejada de la civilización.

— Supongo... — Dijo, apretando un poco a la pequeña ave en sus manos.

Todomatsu se puso de pie, y Atsushi comenzó a caminar de regreso al ryokan, siguiendo el mismo sendero, guiándose por el riachuelo.

Mientras caminaban Todomatsu había cubierto al pajarito con su camisa, enrollándolo en ésta para darle calor (porque aunque aquel era un día caluroso, los pajaritos bebés necesitan aún más), dejando ver una parte de su abdomen.

9:20 am.

— Atsushi-kun, ¿qué comen los pájaros?

— Pues... Supongo que alpiste, gusanos, frutas, o pan.

— ¿Tenemos algo de eso?

— Me temo que no. Pero, también podríamos darle frutas. Le caerán bien, ya que será para él picar cosas blanditas.

— Hmh — Todomatsu sonrió y asintió. En definitiva, Atsushi hacía ver las cosas demasiado fácil.

Atsushi avanzaba quizás unos dos pasos más por adelante de Todomatsu, con las manos en los bolsillos de su pantalón.
Todomatsu lo observó detenidamente.
Lo alto que era, su piel blanca, sus hombros anchos, su castaño cabello; más claro que el de él, sus largas piernas, su fornida espalda.
Era una imagen digna de retratar.

Todomatsu aceleró un poquito más el paso y se puso a la par con el otro muchacho.

— Atsushi-kun...

— ¿Sí?

Todomatsu infló un poco las mejillas, sonrojándose levemente.

— Sería raro que te preguntara esto pero...

— Adelante — Dijo dirigiéndole la mirada mientras sonreía. — Puedes preguntar lo que quieras.

— Bueno, no le había prestado tanta atención, pero... ¡Ay! ¿Por qué me da vergüenza? — Dijo desviando su cara que estaba toda roja. — Bueno, quizá es porque ya tengo un mes con dos semanas viviendo contigo y aún no se eso, pero...

— ¿Sí?

— C-Cu… ¿Cuántos años tienes?

Atsushi rió cubriéndose la boca con una mano y Todomatsu fijó la vista hacia sus pies, siguiendo el camino.

— Tengo 24 años, Todomatsu.

— ¿Eh? Atsushi-kun, ¿eres cuatro años mayor que yo?

— Así es — Dijo riendo. — Aunque yo ya sabía que tú tienes sólo veinte.

— Vaya...

— ¿Qué? ¿No te gustan los hombres viejos como yo? — Bromeaba. — Qué cruel...

— ¡No digas eso! Yo nunca dije eso, Atsushi-kun... Sólo que, me parecía que en todo este tiempo no te lo había preguntado.

— Ya — Relajó sus facciones.

Atsushi tuvo el impulso por sostener la mano del menor, pero éste último estaba ocupado cuidando del ave. Vaciló unos segundos y llevó su mano nuevamente a su bolsillo.

Finalmente llegaron al ryokan de nuevo.

Todomatsu se desamarró la sudadera de la cintura y se puso una camiseta limpia, color rosa palo. Atsushi cuidó del pajarito por un momento. Le hizo un vendaje en su ala con algunas cosas que pidió a los dueños, y con agua tibia, lavó al animal con cuidado deshaciéndose de la mugre en su plumaje y patitas. Finalmente, Todomatsu picó algo de kiwi y fresas para que el ave pudiera comer.
Era algo bueno del ryokan; en cada comida (o incluso para picar) había algo de fruta. Le ayudaría para el pajarito.

Lo envolvieron en una toalla que lo mantendría calentito.

Tras haber alimentado al ave, Todomatsu se sentó en un sofá junto con Atsushi.

— Atsushi-kun, ¿crees que el pajarito logre mejorarse para los siguientes tres días?

— Quizá, no estoy seguro. Pero no parece muy lastimado — Dijo, poniendo una mano en la rodilla de Todomatsu, sonriendo y proporcionándole seguridad. — No te preocupes.

— Necesita un nombre... Creo que, lo llamaré... — Pensó por unos momentos. — ¡Pichi!

— ¿Pichi? ¿Por qué?

— Bueno, pues no lo sé. ¿A veces no le pones nombres al azar a tus cosas? Ya sabes... Una mezcla extraña que se te viene a la mente. Como por ejemplo, a tus peluches cuando eras niño, o...

— La verdad es que jamás le he puesto nombre a nada — Admitió, con una sonrisa nerviosa.

— Ya... — Se sorprendió.

Atsushi fue a pedir una pequeña caja para meter a la avecilla de plumaje blanco en ella.

Cuando volvió, Todomatsu le cuestionó.

10:00 am.

— Atsushi-kun, ¿qué haremos? Aún es muy temprano...

— Bueno, tengo una idea. Muy cerca hay un lugar popular entre los turistas, dónde venden todo tipo de cosas. Vamos allí, ¿qué te parece?

— ¿Cómo una especie de festival?

— Bueno, algo así. Aunque no es necesario llevar yukata ni nada de eso — Esbozó una sonrisa. — Es un lugar bonito, como una especie de mercado conformado por puestos ambulantes y demás...

— ¡Vamos! Suena muy divertido — El menor se puso de pie casi de un salto, muy emocionado, juntando ambas manos, hasta que recordó algo. — Ah, pero... ¿Y Pichi?

— No te preocupes, lo podemos dejar al cuidado de los dueños de este lugar. Ellos son muy amables. Si les pedimos el favor, seguramente con gusto aceptarán.

— Está bien, Atsushi-kun.

Seguido de eso, dejaron al pájaro encargado con los dueños del ryokan. Salieron juntos encaminándose al lugar atravesando por el bosque, tomados de las manos. Finalmente llegaron al lugar viendo cada una de las cosas que vendían, y, cerca, había un templo. Un templo que sí estaba habitado y muy bien cuidado. Había personas rezando en su interior, niños jugando y riendo al rededor, vendedores ambulantes a las afueras, y personas (algunas extranjeras) tomando fotografías y explorando el lugar, a su vez que compraban algunos objetos. Todomatsu también llevaba su celular consigo, tomando varias fotos.

Estuvieron quizá una hora viendo los alrededores.

Sin embargo, hubo un poco de incomodidad por unos momentos. Para Todomatsu, bastante frustración.

Todomatsu le pidió con demasiada pena a Atsushi que le soltase la mano. Porque, mientras caminaban con la mano sujetada, algunas personas les dirigían una mirada desagradable, y no faltaba quienes hablaran a sus espaldas susurrando, o en el peor de los casos, hablando en voz alta.

"¿Ya viste? Son hombres y mira que tener la mano entrelazada..."
"¿Qué acaso no ven que hay gente alrededor?".
"Qué desagradable".
"No sienten vergüenza. Eso no es normal".
"No deberían de andar de melosos, me da rabia siquiera verlos..."
"Fenómenos, eso es lo que son".
"No deberían de existir. ¿Y si los niños los ven?"
"Malditos homos, ¿creen que es gracioso?"
"¡Hey! ¡Sepárense más!"
"¿Ves, hijo? No debes de juntarte con esta clase de personas nunca..."
"¿Ya miraron? ¿Desagradable, verdad?".

— At… Atsushi-kun... Ellos están...

— No los escuches, Todomatsu — Lo tranquilizó. — No vale la pena siquiera prestarles atención...

— ... — Su corazón comenzó a latir muy fuerte. Estaba muy asustado. ¿Por qué tenía que ser así?

Atsushi le extendió la mano a Todomatsu para que la volviese a sujetar, pero Todomatsu no hizo más que hacer caso omiso y se limitó a meter sus manos a las bolsas de sus jeans. Cerró los ojos y los apretó.

— ¿Todomatsu?

— Lo siento, Atsushi-kun... — Susurró, agachando la cabeza. Parecía estar a punto de echarse a llorar. — Me da miedo que me vean de esa manera, me asusta que no nos acepten, por eso... Lo siento.

Atsushi no hizo más que desviar la mirada. Después de un momento de seguir caminando, aquel aire de incomodidad se disipó un poco.

— Todomatsu, escúchame — Atsushi se detuvo en seco y sujetó a Todomatsu de los hombros.

— Atsushi-kun... ¡No...! — Trató de zafarse del agarre, pero le fue imposible. Atsushi seguía siendo más fuerte que él.

— Si niegas lo que sientes... Si no aceptas lo que realmente quieres, no podrás ser feliz por completo.

— Atsushi-kun... Te dije que...

— Por eso, no le des victoria a otros. Si sigues ocultando lo que realmente sientes y quieres hacer, no podrás seguir viviendo siendo tú. Así que, camina con libertad. Pase lo que pase, yo seguiré aquí, contigo. No tienes que prestar atención a todo lo que los demás dicen. Y no quiero que sientas miedo, nunca más. — Sonrió con dulzura. — Pase lo que pase, yo soy tu aliado. Así que, no tienes por qué sentirte asustado nunca más, ¿de acuerdo? — Lo soltó lentamente y con cuidado y siguió andando.

Todomatsu sólo se sintió... Contento, agradecido, aliviado, protegido, amado.

Sus ojos estaban un poco cristalinos, pero no permitió que ninguna lágrima brotara de ellos.

Si tan sólo pudiera deshacerse de sus pensamientos negativos por sí mismo... Habría algo que pudiera haber por Atsushi. Después de todo, aquellas horribles palabras no sólo habían ido dirigidas a él.

"Atsushi-kun es un hombre fantástico", pensaba Todomatsu. "Tan hábil con las palabras, me haces sentir tan protegido de todos y de todo... Tan perfecto en todo... Quisiera caminar con la cabeza en alto, como tú".

Se adelantó tan rápido como pudo después de haberse quedado estático y alcanzó a Atsushi, sujetándole la mano nuevamente, abrazando uno de sus brazos y recargando su cabeza en su hombro.

No le importaba lo que siguieran diciendo. Lo que siguieran susurrando a sus espaldas. Aquella felicidad era suya, no de los demás, y no permitiría que se acabase de aquella manera.

— ¿Todomatsu?

— Lo siento, ya te lo he dicho. Soy muy idiota. Pero... debes estar seguro de algo.

— ¿Qué es?

Todomatsu sonrió y seguro de sí mismo continuó.

— Así como tú haces por mí, yo puedo hacer por ti.