Capítulo 15- Corazón marchito.
- Lo siento…
Todomatsu se talló sus ojos y mejillas buscando deshacerse de las lágrimas que aún estaban ahí en su rostro.
- ¿Por qué te disculpas? No lo hagas - le dedicó una sonrisa dulce llena de confianza.
- Atsushi-kun, lo siento, de verdad. No me di cuenta de lo que tenía y lo que estaba dejando ir. Soy un idiota... A diferencia de ti yo no he logrado nada. Mi autoestima es pésimo, está por los suelos... y me detesto por eso.
Atsushi resopló y rodeó la mesa para acercarse a Todomatsu, arrodillándose a su lado y tomando una de sus manos entre las de él.
- Perdóname tú a mí. Si hubiera sabido que hablar de ello te traería estos malos pensamientos, no habría dicho ni una sola palabra sobre eso.
- No... Está bien. Yo quería saber.
Una última lágrima se escurrió por la mejilla de Todomatsu, y Atsushi como si nada acercó su mano al rostro del joven para con mucho cuidado limpiar sus lágrimas con sus dedos.
- Está bien - sonrió. - Estoy feliz de que por lo menos, aunque no fuese en un futuro inmediato, pudiese estar junto a ti.
Todomatsu sonrió. Atsushi se puso de pie sin soltarle la mano y se dirigió a la habitación.
- Ven - dijo el mayor.
"Salí de casa para dejar de depender de papá y mamá, pero ahora dependo completamente de Atsushi-kun. ¿Está bien esto?", pensaba Todomatsu.
7:41 pm.
Atsushi apagó la radio y se dejó caer en la cama boca arriba, exhausto. Todomatsu se sentó en ésta delicadamente y sonrió al ver a Atsushi sin saber por qué. Le parecía un poco gracioso verlo desplomado de aquella manera.
- ¿Qué sucede, Atsushi-kun?
Atsushi inhaló y exhaló.
Cubrió sus ojos con su mano, con la palma hacia arriba.
- Nada, sólo... me siento liberado. Gracias.
- ¿Liberado?
- Sí. Lo que te he contado jamás se lo había contado a nadie. Detestaba vivir con ese peso, pero ahora he podido desahogarme un poco. Gracias...
- No, no hay de qué.
Atsushi sonrió y pasó una mano por su cabello. Después se enderezó y se levantó.
- Siento haber causado molestias. Ah, también, es hora de que me vaya al trabajo.
- ¿Eh? ¿Ya?
- Sí, es una pena - sonrió pesadamente.
- Bien, te estaré esperando.
- No me esperes despierto, por favor. Duerme un poco. Si no descansas bien podrías enfermarte, hace mucho frío.
- Trataré, Atsushi-kun.
8:40 pm.
Se hizo más tarde. Miles de pensamientos invadían la mente de Todomatsu, pero no les daría tantas vueltas. Casi siempre dejaba mensajes de texto a sus hermanos aunque no siempre le contestaban.
Aquella misma noche, todos sus hermanos dormían calientitos mientras nevaba violentamente. Ichimatsu se arrullaba viendo el movimiento de la patita del maneki-neko, y los demás descansaban acurrucados unos con otros.
Sus padres habían vuelto del viaje que realizaron, y ya no tan preocupados por su hijo más pequeño (gracias a lo que sus hermanos les habían contado) dormían plácidamente.
Todomatsu cerró sus ojos y durmió.
7:00 am.
Era temprano, Todomatsu estaba boca arriba mientras abría lentamente sus ojos, y al girarse, ahí estaba Atsushi.
Sólo se giró hacia él y se acurrucó entre sus brazos, recargando la cabeza en su pecho como acostumbraba.
Al parecer, Atsushi llegó a la casa, pero salió de nuevo al trabajo. Así que, al despertar más tarde ya no estaba allí.
"¿Por qué tienes que dejar que algo te ate?", se preguntaba Todomatsu.
Más tarde le llegó un mensaje a su celular, era de Atsushi:
"Todomatsu, encontrémonos en la biblioteca más tarde, ¿sí? Lo siento, tuve que trabajar a esta hora también".
Todomatsu aceptó y en cuanto acabó la hora de trabajo de Atsushi, éste último se sorprendió. Todomatsu estaba ahí parado, frente al edificio de oficinas donde trabajaba.
- Todomatsu, ¿qué haces aquí?
- ¿Por qué no podría venir? Me di cuenta que nunca había venido a donde trabajas - rió.
- Seguro fue una molestia.
- Estoy acostumbrado a tomar el metro.
- Bueno, vamos al auto, sube. Ni siquiera traes un paraguas. La nieve te va a empapar.
- Traigo el gorro de la chamarra puesto, es muy calientito. No siento frío para nada - sonrió.
Subió al auto de Atsushi.
Cerraron las ventanas y el auto arrancó. Se movía lento debido a la nieve que se había acumulado y se dirigieron a su destino.
- Gracias a la nieve el metro se detuvo un momento, pero aún así llegué a tiempo. Es extraño - dijo Todomatsu, frotando sus manos.
- ¿De verdad? No debiste venir hasta acá. Sería más rápido que hayas ido directamente a la biblioteca; ahora iremos de regreso.
- Está bien... - sonrió el más pequeño y luego continuó. - Por cierto, ¿por qué estamos yendo a una biblioteca?
- Me gusta ir de vez en cuando. Ya tiene mucho tiempo que no voy allá, y quiero pasar un momento ahí contigo.
Todomatsu sonrió y asintió. Llegaron a la biblioteca y entraron después de sacudirse los zapatos y la ropa para deshacerse de la nieve que los cubría. Atsushi saludó a la bibliotecaria con una sonrisa y ésta se la devolvió; parecía que se conocían.
Además de ellos había quizá otras trece personas en el lugar, leyendo libros silenciosamente. Algunos utilizando algunas computadoras que había en el lugar y otros entre los estantes eligiendo qué leerían.
Todomatsu y Atsushi se sentaron un poco separados del resto.
Se levantaron a elegir alguno de los libros que leerían para pasar el rato juntos.
Estaban entre los estantes buscando sus libros; Todomatsu caminaba sigilosamente mientras observaba con atención, mientras que Atsushi era un poco más ágil ante la búsqueda.
Todomatsu encontró algo que le llamó la atención, y al estirarse por su libro, notó que no podía alcanzarlo. Sin tardar mucho, Atsushi estiró su brazo hacia el estante más alto y bajó el libro para Todomatsu.
- Aquí tienes - sonrió.
- Gracias, Atsushi-kun. Es una pena... - rió.
Seguido de eso, Atsushi hizo caso omiso al libro y se lo entregó. Buscó otro libro y se sentó junto a Todomatsu. Era interesante ir a un lugar así juntos. Tan bonito, silencioso y relajante...
Sin embargo, Atsushi notó que Todomatsu leía algunos fragmentos de novelas completamente complejas y muy bien estructuradas. Se extrañó y sonrió.
- Todomatsu - susurró para no molestar a la gente -, ¿desde cuándo te ha interesado ese tipo de... literatura?
- Desde siempre, aunque no lo creas - rió bajito. - Yo también fui a la universidad y aprendí a leer otras cosas además de cuentos y demás. Además, estas novelas me gustan. Son difíciles de entender, pero te atrapan. Ya sabes… - profundizó.
- Qué coincidencia - dijo Atsushi hablando bajo, sin susurrar. - A mí también me gustan.
- Creo que tú y yo ya hemos leído las mismas cosas, Atsushi-kun. Al menos algunas.
- ¿Hm? ¿Por qué lo dices?
- Hace días he estado leyendo tus libros; los que tienes en casa. Algunos yo ya los había leído. ¿Y sabes qué? Me di cuenta que cuando una frase me gustaba, tú ya la habías subrayado. Tenemos cosas en común...
- Ya veo, ¡estoy feliz por eso! - sonrió.
Atsushi dejó su libro a un lado y juntos leyeron el mismo libro. Parecía como si estuvieran a la par, pues cuando exactamente uno acababa de leer, el otro también; y era hora de darle vuelta a la hoja.
Pasaron un rato así. Primero una, y luego dos horas...
En un momento dado, Atsushi enfocó una mirada superflua hacia el menor y sonrió con lo que vio.
- No pensé que la siguieras usando.
- ¿Qué cosa? - preguntó Todomatsu.
- Esta de aquí - dijo Atsushi señalando a su pecho. Estaba tocando aquella cadena con dije de corazón roto. La mitad que Todomatsu tenía.
- Oh, ¿de verdad? Nunca me la quito - sonrió.
- Y a decir verdad - dijo Atsushi desabotonando un poco su camisa, aflojando su corbata para dejar ver su cuello, mostrando la cadenita - yo también la uso siempre.
- Se ven lindas - sonrió.
Aquel día en que Atsushi le obsequió aquella alhaja que hacía juego, en realidad creyó que realmente no la usaría y no se molestó en fijarse si lo hacía o no. De igual forma, él la usaría. Así que aquel hecho lo hizo feliz.
No terminaron de leer el libro, pero a Todomatsu le gustó tanto que Atsushi lo compró para él. Fueron a dejar algunos otros ejemplares que habían tomado a los estantes adelantándose a los empleados de la biblioteca. Atsushi miró a Todomatsu tiernamente y después sujetó ambas manos suyas y le dio un beso en la mejilla. Todomatsu correspondió.
Algunos los miraron con extrañeza y muchos otros ni siquiera lo notaron. Salieron del lugar con las manos entrelazadas. Atsushi acomodó bien la bufanda que Todomatsu traía puesta y abotonó su abrigo.
- Atsushi-kun, ¿tú no tienes frío? Sólo estás usando ese traje... y está nevando.
- Estoy bien - sonrió.
- Deberían de permitirles dejar de usar corbatas durante esta época y dejarles usar un bonito abrigo esponjoso.
- Estoy de acuerdo - rió, ya que Todomatsu se veía muy tierno, con sus mejillas rojas e infladas ligeramente.
Atsushi le colocó la capucha al menor para que la nieve no lo empapase. De repente notó algo más, así que se agachó hasta la altura de los pies de Todomatsu para abrochar sus agujetas desatadas.
El menor insistió con un poco de pena en que él podía hacerlo pero Atsushi siguió, así que sólo le agradeció.
Caminaron como pudieron y llegaron al auto. Se metieron rápidamente y frotaron sus manos para obtener calor. Los vidrios estaban empañados y el parabrisas estaba repleto de nieve.
Cuando llegaron a casa tomaron un baño caliente y descansaron un rato en el sofá viendo televisión. Nuevamente Atsushi secó con cuidado el cabello de Todomatsu para que no se fuese a resfriar, y después hizo lo mismo consigo mismo.
Atsushi usaba ropa cálida y cómoda.
Todomatsu estaba vestido con algo de ropa calientita que había comprado con el sueldo que le quedaba del Sutabaa, un día que salió mientras Atsushi no estaba en casa.
Usar el metro estando solo no debía estar tan mal.
Estaba enroscado en una cobija con sus pantuflas puestas. Encendieron la calefacción en un grado agradable; Todomatsu se relajó.
Aún así, Todomatsu no había dejado de tiritar del frío. Atsushi se levantó del sofá y se dirigió a la cocina. Sacó algunas cervezas de la nevera y las llevó a la sala con Todomatsu, sentándose junto a él. Abrió una y se la entregó.
Todomatsu al observar a Atsushi con el brazo extendido accedió y la agarró.
Una vez estando uno al lado del otro sólo observaron cómo la nieve caía lentamente mientras se acumulaba.
El televisor seguía encendido, aunque con el volumen considerablemente bajo.
Atsushi dio un sorbo a la lata de cerveza y Todomatsu lo imitó. No dijeron nada.
Todomatsu observó en silencio un momento su panorama. Observó cuidadosamente. A Atsushi bebiendo cerveza tranquilamente mientras nevaba, estando sentado junto a él en la misma casa, solos. En cuerpo sentía frío, pero en alma estaba completamente cálido.
Y aún así, algún pensamiento no lo dejaba estar en paz; y sabía perfectamente cuál era.
"¿Por qué el tiempo simplemente no se puede detener por siempre en este momento? ¿Acaso podré ser capaz de permanecer así de tranquilo junto a Atsushi-kun después de...?", pensó Todomatsu, marchitando un poco su corazón.
- Quizá con esto - dijo Atsushi - estés más cálido.
- Sí, creo que ya me siento mejor.
- Oh, tus mejillas están un poco rojas - sonrió, causándole ternura.
- ¿Ah, sí?
- Sí. Creo que yo no mucho...
- No, en realidad no.
- Eso es lo malo de esto. Tengo una muy buena resistencia con el alcohol. Incluso si quisiera emborracharme para ahogar las penas no puedo hacerlo - Sonrió mirando al menor.
- Pero por otro lado está bien, ¿no? Así estás seguro de que jamás harás el ridículo ante nadie si es que bebes.
- Quizá tengas razón.
Siguieron bebiendo, Atsushi acabó su cerveza y tomó otra. Todomatsu también terminó la suya y Atsushi le ofreció otra, la cual éste último aceptó.
- Puedes beber todo lo que quieras. En la nevera siempre tengo cerveza, aunque no suelo beberla siempre. Sólo en ocasiones como esta.
- ¿Es algún capricho tuyo?
- Puedes llamarlo así.
Todomatsu rió quedito.
Siguieron bebiendo tranquilamente mientras observaban por la ventana cómo la nieve caía lentamente, adueñándose de las calles. Se encontraban en el segundo piso de la casa.
Después de un rato, Todomatsu soltó una frase sin más.
- Sí algo cambia, ¿seguirás ahí para mí?
- ¿Eh?
- Aunque no estoy seguro de qué podría suceder...
- ¿De qué hablas, Todomatsu?
- Pienso ir a casa y finalmente hablar con la verdad. Ya no quiero que haya nada que ocultar, pero tengo miedo de hacerlo.
- ¿De verdad? Tú...
- Iré.
- Y... ¿quieres que vaya contigo?
Todomatsu lo pensó un momento, y después movió la cabeza de un lado a otro haciendo un gesto negativo antes de decir algo.
- No, gracias... Lo mejor será que vaya yo solo. Primero necesito hacer que mis padres digieran la información que les daré.
- ¿Estarás bien? Si te ocurre algo, lo sabes. Sólo llámame.
- Estaré bien - sonrió para tranquilizar al mayor. - Sólo estoy muy nervioso. Por lo que vayan a decir mis padres y mis hermanos.
- Te entiendo - dijo el mayor. - Es duro...
Hubo un momento de silencio que no se prolongó demasiado. Hasta que uno de los muchachos decidió articular algo.
- Atsushi-kun, ¿tú desde siempre supiste que te gustaban los chicos? Es decir, tú salías con chicas...
- Oh. Salía con chicas, pero no era porque me gustaran realmente. Simplemente era porque yo mismo trataba de convencerme. Por eso salí con una chica tras otra, pero ninguna llamaba mi atención en realidad. Sólo me quedó aceptar que no me interesaban realmente las mujeres. Aunque, es extraño. Porque tú eres el primer muchacho que llamó mi atención y también eres el primer chico con el que he salido. Eres muy especial para mí, me gustas mucho. Antes no había experimentado el amor - sonrió con dulzura.
- Ja... Tú también, Atsushi-kun. Eres la primera persona que me gusta realmente, y también eres muy especial. Eres mi chico especial.
Ambos rieron.
Todomatsu tomó un sorbo del giste de la cerveza. Atsushi abrió otra lata; bebía más rápido.
Nuevamente duraron un momento en silencio. Todomatsu fue un momento al baño y volvió. No sabía qué decir exactamente.
Atsushi comenzó esta vez.
- Pero ahora soy feliz de esta forma.
- Me alegro mucho por ti. Yo también soy muy feliz.
Atsushi bebió más cerveza y Todomatsu hizo lo mismo. Aunque Todomatsu de tanto y tanto ya se estaba comenzando a sentir algo mareado. Ambos dejaron de beber, dejando las latas en la mesa de la sala.
Todomatsu quería formular una pregunta pero moría de vergüenza de sólo imaginárselo. Atsushi lo notó extraño y le preguntó acerca de ello, así que Todomatsu se limitó a balbucear algunas palabras.
- A... Atsushi-kun...
- Dime.
- Entonces, tú y yo... somos...
- Oh, perdóname. Nunca te pregunté nada formal, ¿verdad? Aunque creo que tú también podrías hacerlo - sonrió.
- Sí, después de tanto tiempo, supongo que es obvio - dijo Todomatsu nervioso.
- Así es. Tú y yo somos una pareja.
- Ya... - rió un poco, sonrojándose furiosamente.
- Tú y yo hemos sido pareja desde el primer momento en que nos vimos, Todomatsu.
- Suena curioso, ahora que lo dices - sonrió.
- Ajá. Somos dos muchachos que se quieren mucho.
- Ya basta, Atsushi-kun... Estás haciendo que me sonroje - decía riendo y cubriendo su rostro con pena.
- ¡Pero te ves lindísimo así! - rió.
Atsushi se abalanzó hacia Todomatsu haciéndole cosquillas juguetonamente. Picó sus costillas, espalda y pansa.
- ¡No! ¡Atsushi-kun, para! - decía Todomatsu muriendo de cosquillas mientras lloraba de la risa.
- ¡No me detendré! - reía el mayor, dejando caer un poco su peso contra el menor, haciéndolo estallar en carcajadas.
- ¡Atsu... Atsushi-kun! ¡Ya detente! - reía y reía, hasta que empezó a toser un poco a causa del esfuerzo de su garganta.
Atsushi lo soltó para permitirle tomar aire. Todomatsu trató de respirar y recuperar todo el aire que perdió a causa de la risa.
- Lo siento... - seguía riendo el mayor.
- Atsushi-kun... Te pasaste... - decía aún sin recuperar el aire del todo, con lágrimas en sus ojos por las carcajadas anteriores.
Los rayos del sol se filtraban a través de las nubes, aunque no calentaba mucho, pero al menos el cielo no estaba oscuro del todo. Y a pesar de ello, la nieve seguía cayendo, y a veces se detenía por pequeños momentos.
- Me gusta verte reír, Todomatsu...
- Igual a mí a ti - guardó silencio mientras se reincorporaba. - Oh, Atsushi-kun. Tengo algo que pedirte.
- ¿Sí?
- ¿Puedo tomarme una foto contigo? Me di cuenta que no tenemos ninguna foto juntos...
- Oh, adelante - sonrió. - Es una buena idea.
Todomatsu sacó su celular de su bolsillo y estiró la mano para tomar la fotografía. Todomatsu se acercó a Atsushi lentamente y éste último al notar que no salían del todo bien en la cámara, se pegó más a Todomatsu, recargando su mejilla con la de él.
Todomatsu se estremeció un poco por el suave tacto, pero se deshizo de esa sensación rápidamente y se apresuró a tomar la foto. Apretó su dedo contra la pantalla y la sacó.
Ambos habían salido muy guapos.
Se hizo tarde y ambos se arrullaron en el sofá. Todomatsu se recargó en Atsushi, apoyando su cabeza en su hombro.
Oscureció y la televisión permaneció encendida.
Todomatsu comenzó a temblar.
- ¿Aún tienes frío?
- Un poco. Es que estoy algo nervioso por... mañana.
- No te preocupes, Todomatsu. Todo estará bien. Confía en el cariño de tu familia.
- Pero...
Atsushi lo besó. Todomatsu fue interrumpido por Atsushi, que con una de sus manos acercó la cabeza del menor hacia sí para poder juntar ambos labios.
Pero, esta vez fue diferente.
Atsushi besó a Todomatsu con intensidad, metiendo un poco su lengua en su boca. Fue un poco rudo, pero no perdió su toque dulce.
Todomatsu rápidamente se separó, empujando a Atsushi levemente, con las manos en su pecho. Sintió un hormigueo en el estómago.
El mayor frunció el entrecejo.
- ¿Estás bien, Todomatsu?
- Sí, es sólo que... agh, no sé qué me pasa. Nunca había besado a nadie más que a ti, y hacerlo de esta manera... Me pareció extraño - se sonrojó.
- Ya veo... No te preocupes, no haré nada que no te guste.
- Yo no dije eso...
Atsushi se ruborizó tenuemente. El tiempo transcurrió y llegó la hora de dormir.
Se acostaron juntos en la cama y se acurrucaron. Apagaron las luces.
- Suerte, Todomatsu. Te deseo lo mejor desde el fondo de mi corazón.
- Muchas gracias, Atsushi-kun... Gracias.
- Pase lo que pase, ¿volverás, verdad?
- Por supuesto que sí.
- Perfecto, no me asustes...
- Claro.
- Trabajaré gran parte de mañana, pero sabes que puedes llamarme cuando quieras.
Todomatsu asintió.
Atsushi abrazó a Todomatsu por la espalda y durmieron plácidamente.
"Atsushi-kun, me haces cosquillas cuando me respiras en la oreja", quizá fue lo último que pensó Todomatsu antes de dormir.
Como era de costumbre, a la mañana siguiente Atsushi ya no estaba.
Preparó tamagoyaki y desayunó.
Alimentó con frutas y alpiste al pajarito y se dio un baño caliente.
Ya no nevaba, aunque aún había nieve en las calles, la cual se había acumulado.
Pichi cantaba mientras él se vestía. Después lo metió devuelta a la jaula y se puso un abrigo, con una bufanda. Tomó algo de dinero y salió de casa.
Caminaba tranquilamente sobre la banqueta y finalmente llegó a la estación. Tomó el tren que lo llevaría directo hacia su casa y se quedó ahí hasta que finalmente llegó la hora de bajar.
Todavía debía caminar algunas calles para poder llegar a su destino. Sólo faltaban algunas cuadras para que llegara a su casa.
Finalmente la divisó desde lejos y sólo atinó a hacer más lentos y cortos sus pasos. Tenía mucho miedo de llegar.
A tan sólo unos metros antes de llegar a su casa, se detuvo en seco. Se quedó de pie unos minutos meditándolo.
No se había puesto a pensar con profundidad, pero, exactamente, ¿cómo le diría a sus padres sobre Atsushi? Y sus hermanos... Oh, sus hermanos.
Sentía que las piernas no sostenían su peso, comenzó a sentir cómo su rostro se ponía colorado y cómo un sudor frío lo abatía. Sus manos estaban heladas, no podía respirar con profundidad, sentía tantas ganas de llorar y gritar...
Pero nadie se daba cuenta de eso. Aquello pasaba desapercibido. Pues, por fuera se veía como un chico cualquiera, con cara de que todo le parece estúpido. O al menos así lo percibiría cualquier persona con quién se cruzase.
Sólo estaba ahí.
Finalmente sintió cómo sus nervios se ablandaron y antes de que se arrepintiera continuó caminando. Se abrió paso en el patio de la casa y llegó a la puerta de la entrada.
Inhaló y exhaló, porque en momentos de tensión lo primero que debes hacer es respirar bien y tener la mente clara.
Aún temblando ligeramente con un pequeño nudo en la garganta que imploraba desaparecer alzó su mano acercándola a escasos centímetros de la puerta, y decidido tocó.
Nadie contestó.
Lo volvió a hacer, esta vez más fuerte.
- ¡Adelante! - gritaron desde el interior.
Pero no se animó a entrar.
Entonces escuchó cómo alguien desde adentro se aproximó a la puerta.
La puerta se abrió, uno de sus hermanos lo recibió.
- ¿Todomatsu?
Nervioso hizo su mejor intento por esbozar una sonrisa.
- Hola, Choromatsu nii-san.
