Capítulo 16- La verdad.
El mayor se quedó boquiabierto. Pasó saliva y habló.
- Totty, qué sorpresa...
- ¿Puedo pasar?
- Adelante, adelante.
Se metió a la casa, y para su sorpresa, todos sus hermanos estaban ahí en la sala, pelando mandarinas. Sintió un poco de terror al sentir las cinco miradas clavadas en él.
- Welcome back, brother!
- ¡Totty, has vuelto! - dijo alegremente Jyushimatsu. - ¡Totty volvió! ¡Totty volvió! - brincaba de un lado a otro.
- Hola, Todomatsu - dijo Osomatsu alzando la mano para saludar.
- Muy mal, Todomatsu - dijo Ichimatsu sonriendo levemente. - Nos hiciste esperar...
- Lo siento... - dijo el recién llegado haciendo una leve reverencia, aún sin borrar su sonrisa.
- Cielos, Todomatsu. Han pasado dos semanas y media desde la última vez que nos vimos y apenas has venido - se quejó el tercero con un tono amable; como una madre preocupada.
- Lo siento. Al menos les llamé por teléfono.
- Eso sí, brother - dijo Karamatsu. - No le des tantas vueltas a lo que Choromatsu te diga. Eres libre de hacer lo que gustes... - dijo haciendo una pose extraña que él llamaría "cool".
Choromatsu entrecerró los ojos haciendo un puchero. Era una cara muy graciosa.
— Claro... — Todomatsu sonrió de corazón. Extrañaba a sus hermanos, su comportamiento, todo de ellos.
— ¿Pasarás el día junto a nosotros? — preguntó Osomatsu. — Nos lo merecemos, después de tanta espera.
— Quizá. Si las cosas salen bien... — dijo Todomatsu susurrando la última frase.
— ¿Eh?
— Nada...
— ¡Totty! ¿Qué quieres hacer? — preguntó Jyushimatsu.
— Primero que todo... — Todomatsu arrugó un poco su ropa. Sus manos comenzaron a sudar frío. Sentía un débil peso en el pecho que no lo dejaba respirar correctamente — quiero ver a papá y a mamá.
— Adelante, ¡están arriba, brother!
— Gracias... — dijo el menor.
Nadie se había molestado en subir antes para avisar a sus padres que el menor de los sextillizos había vuelto a casa. Así que, todo lo que quedaba era ir a ver a sus padres y hablarles después de tres meses y algunos días después.
Cuando Todomatsu se dio la vuelta para dirigirse al pasillo y subir las escaleras, escuchó unos pasos detrás de él, pero poco o nada de atención les puso.
Ichimatsu estaba nervioso por la manera en que Todomatsu se veía aquel día. Se veía decaído a pesar de tener una sonrisa en el rostro, y eso le preocupaba. Nuevamente era su sexto sentido.
De pronto, se le vino a la mente la idea de que a su hermano se le ocurriera hablar con sus padres acerca de lo que era; de lo que sentía.
Después de tanto tiempo... ¿estaba bien?
Sintió un cosquilleo en las piernas, cuello, manos y hombros. Deseaba para su hermano lo mejor del mundo, si es que a eso iba.
No había absolutamente ningún sonido proveniente del exterior.
Todomatsu subía las escaleras. Se escuchaba el sonido seco de la goma de sus zapatos subir las escaleras a pasos lentos. Uno tras otro, temiendo trastabillar.
Tan sólo unos cuatro escalones más para estar en la planta alta, dónde estaban sus padres, en su habitación.
Quizá sea por el frío de aquel día o quizá no, pero no podía dejar de temblar. Creía que quizá le explotaría la cabeza, o que tal vez caería de rodillas ahí mismo.
"¿Qué es lo que tengo que decir?", se preguntaba.
Estando arriba, se posó frente a la puerta de la habitación de sus padres, y tocó. Apenas tres tenues golpes.
Por su parte, adentro sus padres se encontraban entretenidos con cosas simples, aburridos. Matsuzo arreglando papeles del trabajo y Matsuyo doblando la ropa recién lavada.
Cuando escucharon a alguien llamar a la puerta, accedieron. Aunque les resultaba extraño que uno de sus hijos hubiese considerado llegar de esa manera tan tranquila en lugar de gritar desde afuera o irrumpir sin más.
— Adelante.
Desde afuera Todomatsu pudo escuchar la voz grave de su padre permitirle el paso. Su corazón estaba a mil por hora.
Era su casa, su hogar, pero a pesar de eso...
Todomatsu tomó el picaporte y lo giró lentamente. Abrió la puerta y entró tímidamente a la habitación, primero apenas asomándose.
— Hola... papá, mamá.
Le dirigió la mirada a cada uno de sus padres, con nerviosismo.
Cuando sus padres lo vieron casi saltaron de la emoción.
Su padre dejó de hacer lo que sea que estaba haciendo y su madre muy contenta se dirigió hacia él y lo abrazó con una enorme sonrisa, dándole besos en las mejillas. Acariciaba su cabello muy feliz y también algo angustiada.
— Todomatsu, volviste a casa... — decía Matsuyo con mucha alegría sin soltar al más pequeño.
Todomatsu posó una mano en la delicada espalda de su madre, recargándose un poco en su cabeza debido a que él era más alto que ella.
Se soltó del agarre y su padre enseguida le dio un fuerte abrazo. Un poco brusco, si se comparaba al de su madre. Correspondió.
— Perdón por no haber podido venir antes...
— ¿De qué hablas? ¡No te disculpes! — dijo su padre.
— Es cierto que nos preocupamos, pero estamos felices de que estés aquí — dijo su madre, aliviada. — ¿Ya no has enfermado? ¿Te sientes bien? ¿Has comido lo suficiente?
— Sí, mamá. Estoy bien, no te preocupes. De verdad estoy bien — dijo sonriendo un poco.
Abajo, sus hermanos comenzaron a hablar acerca de Todomatsu. De lo pálido que se veía aquella mañana y de su extraño comportamiento. Se veía un poco más frágil que de costumbre, espiritualmente.
Sus hermanos morían de curiosidad. Y también, deseaban estar junto a Todomatsu el mayor tiempo posible. Quizá se iría rápido otra vez, y debían aprovechar su tiempo con él. Aunque no estaban seguros de a dónde se iría.
Todos se encaminaron hacia arriba con la esperanza de tener una agradable reunión familiar después de tanto. Estarían todos juntos de nuevo.
Y, aunque Ichimatsu intentó sacarles aquella idea de la cabeza, simplemente pasaron por alto sus palabras. Esta vez era el cuarto quién estaba muy nervioso.
Todos se dirigieron arriba. Osomatsu por delante e Ichimatsu hasta el final, éste último carraspeando cada tantos segundos...
La puerta de la habitación había quedado emparejada. No estaba del todo abierta, ni tampoco cerrada. Apenas se alcanzaba a ver un hilo de la habitación. Un hilo de luz del interior alumbrando el pasillo.
Ninguno hablaba, y a decir verdad, sólo se escuchaba el eco de las voces del interior de la habitación. Las voces de Matsuzo, Matsuyo y Todomatsu.
Osomatsu, Karamatsu y Jyushimatsu fueron adelante a asomarse un poco por la puerta, mientras que Ichimatsu se quedó plantado hasta el final. Choromatsu lo tomó de la muñeca y lo animó a acercarse a los demás.
— Vamos, Ichimatsu — le dijo el de verde.
Todos iban con la intención de reunirse en un ambiente alegre, sin embargo, se sentía un poco de tensión. Las voces de adentro tenían un tono para nada monótono. Además, ¿por qué demonios Todomatsu lucía tan apagado?
Por instinto permanecieron plantados detrás de la puerta, escuchando con atención. Todomatsu se veía extraño. ¿Los había estado evitando?
Todos se preguntaban la razón por la cual se quedaron ahí sin hacer nada, pero nadie hizo algo por entrar a la habitación. Cómo si se leyeran las mentes.
— No deberíamos estar aquí. No ahora — balbuceó el cuarto. — Por favor, vámonos... — susurró apenas. Ni siquiera Choromatsu pudo entender qué había dicho. Ichimatsu se esforzaba por ordenarle a su cuerpo que retrocediera, pero no podía moverse. Ni él, ni nadie.
Él por el nerviosismo, y posiblemente los demás por curiosidad, más que nada.
Mientras tanto, dentro de la habitación, el nervioso y trémulo muchacho prosiguió.
— Perdón por hacerlos preocupar, fui muy egoísta.
— Ya te hemos dicho que no te preocupes, Todomatsu — dijo su madre con una sonrisa. Su padre asintió. — Ahora estarás aquí con nosotros, para siempre, cómo solía ser.
Tragó saliva.
— Mamá, papá, de eso es de lo que vengo a hablarles — hizo una pausa. — No he venido a quedarme. Bueno, en parte de lo que... quiero decirles.
— ¿Eh? ¿Por qué? — su madre se preocupó un poco por el tono que su hijo usaba.
— ¿Ocurre algo malo, Todomatsu? — dijo su padre.
Todomatsu carraspeó. Trataba de reunir fuerzas para no ponerse a llorar antes de tiempo. Aunque le costaba muchísimo. Los latidos de su corazón y su entrecortada respiración lo traicionaban.
Y era que, de tan sólo imaginarse cualquier cosa que pudiese pasar, se atormentaba.
Tenía ganas de gritar y llorar. Pero no había quién hablara por él. Sólo él podía hacerlo.
"Nadie vendrá esta vez. Nada interferirá esta vez..."
— Tengo algo que decirles...
Matsuzo y Matsuyo permanecieron atentos. Todomatsu prosiguió.
— Verán... Yo llevaba tiempo sintiéndome sólo, y sentía que no tenía las suficientes ganas de seguir viviendo como lo hacía. Ir a trabajar y volver a casa... para después repetir el día. Me sentía muy vacío — hizo una pausa y prosiguió. — Pero a pesar de eso, un día conocí a alguien... que cambió mi vida.
Sus padres entornaron mucho sus ojos.
"¿Eh?", pensaron sus hermanos; todos detrás de la puerta.
Ichimatsu cerró fuertemente sus ojos, mientras que apretaba sus manos dentro de las bolsas de la sudadera y retorcía los dedos de los pies.
— Y ese alguien... — siguió Todomatsu con la voz un tanto entrecortada, forzando a su garganta y apretando los puños — ... es un chico.
Nadie dijo nada.
Su madre carraspeó. Y esta vez su padre tomó la palabra.
— Ya veo, no te preocupes. Todos hacemos amigos, y ellos se vuelven importantes para nosotros. Por supuesto que yo también tengo muy buenos socios en el trabajo.
— ¿Eh? No, eso no es lo que...
— Pero, verás. Para decir algo así, no deberías ponerte de esa manera tan rara, Todomatsu — forzó su sonrisa mientras lo interrumpía.
— Papá, no me has entendido.
Su madre estaba confundida, pero ella tenía ya nociones de lo que quizá su hijo diría, aunque no pensaba decir nada todavía.
— ¿Eh? — exclamó el hombre. — ¿Entonces qué quieres decir?
— Bueno... Ese chico, se convirtió en una persona muy importante para mí — agachó la cabeza un poco. Pero finalmente se armó de valor y clavó sus ojos color avellana en los de su padre. — Papá... Mamá...
Silencio. Tal como supuso, nadie lo interrumpió. Y por supuesto continuó.
— Yo me enamoré de ese muchacho.
"Oh. ¿En serio lo dije?"
Sus hermanos enmudecieron. Se podría haber jurado que cada quién era capaz de escuchar su propio corazón.
Sus padres abrieron desmesuradamente sus ojos y se tensaron.
Osomatsu abrió cuidadosamente la puerta un poco más. Solamente un poco.
Sus piernas temblaban demasiado. Creía que no sería capaz de mantener su peso y caería; que perdería el conocimiento. Sentía cómo iba palideciendo lentamente. Hubo sudor frío. Cavilaba acerca de la respuesta que prontamente recibiría.
Ahora era incapaz de presenciar el atisbo de aquella confesión.
Pero, ¿por qué nadie decía nada? ¿No lo habían entendido?
Era horrible. Era triste, era injusto. Era increíble y desesperante...
¿Por qué tenía que ser tan difícil? ¿Por qué debía sentirse así? Si no había hecho nada malo. ¿Acaso había matado a alguien?
Lo único que había hecho fue enamorarse...
— ¿De qué hablas, Todomatsu...? — dijo Matsuyo.
— Acaso... — balbuceó el mencionado — ¿quieres hacerme las cosas más difíciles?
Comenzó a dolerle horriblemente la cabeza; una tremenda migraña.
— Todomatsu, no estás hablando bien. No te entendemos. Sé claro... — dijo su padre.
— ¡Ya, papá! Yo... ya les... dije...
Sus lágrimas se hicieron presentes. Jugueteaba con los hilos de su bufanda debido al nerviosismo y finalmente lo dijo.
— Me... ¡Me gusta un chico! ¿Está bien? — comenzó a llorar.
Carajo. Lo que no quería que sucediera, sucedió.
— Me enamoré de ese muchacho. Y yo... he estado viviendo con él. Lo siento, debí decirles desde hace mucho... — comenzó a llorar. Limpiaba sus lágrimas una tras otra, y nadie llegaba a consolarlo. — ¡Lo siento tanto!
Se quedó ahí de pie cubriendo su rostro, ahora rojizo, con ambas manos. Limpiaba sus lágrimas que al parecer jamás dejarían de brotar.
— To... Todomatsu, tú... — su madre habló, pero su padre la interrumpió.
— De verdad... no lo puedo creer — el hombre se enderezó. — Todomatsu, mírame. ¡Voltea a verme!
Todomatsu se sobresaltó por el grito de su padre, por lo que inmediatamente levantó su cabeza para verlo al rostro, asustado.
— Espero... — decía Matsuzo — que sea una broma. Lo es, ¿verdad?
— ¿Eh?
— ¡Querido! ¿Qué es lo que estás...? — Matsuyo quiso intervenir, pero no pudo hacer nada, pues el hombre continuó.
— Dime que es una broma. ¡Rápido! Deja de jugar con nosotros.
— No... No, papá. No es una broma. Lo que acabo de decir es cierto, no estoy jugando — decía entre pucheros.
— ¡Tiene que ser una broma!
— ¿Eh? Pero, papá, yo...
— No, nada. Es que no puedo creerlo. No creo que seas capaz de rematar tu dignidad con esto.
— ¿Mi...? No, papá. ¡Esto es lo que yo siento! Perdóname por no ser como tú querías... — lloraba. — Quería llevar esto con más tranquilidad, pero... ¿Qué tiene de malo, papá? ¿Mamá? A mí me gusta estar con ese chico porque me hace sentir bien cuando estoy a su lado. Soy feliz... ¿Por qué no puedo estar con él? Sólo porque sea hombre... A mí me gusta él como persona. Es una persona maravillosa, y lo quiero mucho. No veo porque eso tiene que ser un pecado... No he matado a nadie, ¿por qué me ven así? Es lo que siento. No estaba seguro al principio, pero cuando lo vi lo supe. ¡Y soy feliz de esta manera! Por favor... No me odien. Espero que me entiendan. Que lo entiendan... No soy el único, ¿sí? — hizo un intento por controlarse. No quería llorar más.
— No, Todomatsu. Esto no está bien. ¡Es inaceptable!
— ¡Papá!
Sus hermanos estaban congelados detrás de la puerta.
— ¡No puedo creer que me decepcionaras de esta manera! En primer lugar, ¡todo lo haces por ti mismo! ¿Por qué no piensas por un instante en los demás? Siempre fuiste un nini que no fue capaz de ayudar a nadie en nada jamás, y ahora me sales con esto. ¡Ja! ¿Qué pensabas? ¿Qué esto podía ser normal?
— No... No estás hablando en serio. Yo no hago las cosas por mí. Yo todo el tiempo he estado viendo por ustedes... No digas eso...
— Esperaba que fueses tú quien no hablaba en serio. ¡Es que es imposible!
— ¡¿Por qué no puedes simplemente aceptarme como soy?!
— ¿Eh? No, ¡tú no eres así! Esas seguro son mañas que te metieron en la cabeza.
— ¿¡Qué tiene de malo!? ¡Estoy tratando de ser yo!
— ¿¡Eh!? ¿No te das cuenta? Yo miro por ti. Muchas personas te maltratarán si se dan cuenta de... de que...
— No, no es así... Yo... — sus lágrimas jamás dejarían de salir. — Yo no...
— Todomatsu, escúchame... Está bien — Matsuyo se acercó a su hijo. — Lo que realmente sucede, es que tu padre está muy preocupado por ti, pero nosotros te amamos tal y como eres... — dijo sincera, pero ahora con ninguna sonrisa en el rostro.
— Es una vergüenza... — balbuceó el hombre. — ¿Cómo podré decirle al mundo que uno de mis hijos es...?
— ¡Papá! Estás exagerando... — tenía la voz cortada.
— No, no lo estoy.
— ¿Qué crimen he cometido? Sólo estoy enamorado de otra persona...
— ¡De un hombre! Todomatsu, ¡eso se ninguna manera es normal!
— ¿¡Qué te hace pensar eso!?
— ¡No me alces la voz!
— Papá, ¿por qué te cuesta tanto entenderme? Tú también, mamá. ¿Por qué a la gente le molesta? Siempre teniendo que soportar miradas de repulsión... ¿¡Por qué!?
— ¡Es lo normal! ¿No crees? Es... — el hombre balbuceó la última frase — asqueroso.
— ¿Eh?
— Ya basta, el que no puede entender lo lógico y natural eres tú. Y desde ahora, ¡te prohíbo volver a ver a ese muchacho!
Palideció.
— ¿Qué has dicho, papá?
— Ya me escuchaste. No es posible que seas capaz de abandonar a tu familia por alguien que no conoces. Nosotros que te hemos alimentado y cuidando durante años... ¡Y mucho menos un hombre! Qué deshonra...
— Yo... no quiero que las cosas queden de esta manera... Tenía mucho miedo, y esperaba que pudieras entenderlo, pero...
— Olvídalo. Ya me escuchaste. Te ordeno que te quedes aquí.
— No... No lo haré...
— ¡Todomatsu! Obedece.
— Cariño — intervino Matsuyo, nerviosa — Escucha a tu padre...
— ¿Qué debo... escuchar? — limpió sus lágrimas y después, retrocedió unos dos pasos. — ¡¿Qué les hice para que me rechacen de esta manera?!
— ¡Con esto es suficiente!
— No, no... Ustedes... No puede ser verdad — puso una mano en su cabeza, le dio un fuerte dolor. — Esto es un sueño... ¿Verdad? Estoy... soñando — apenas y podía balbucear algo. Trataba de convencerse a sí mismo de que realmente no estaba viviendo aquella pesadilla.
— Deja de balbucear tonterías, Todomatsu. Ahora siéntate. Habrá algo que podemos hacer... quizá para ayudarte.
Su madre estaba ahí de pie, muy confundida. No entendía nada y no hacía ni un mínimo esfuerzo por hacer algo, porque no sabía qué podía hacer. Amaba a su hijo, pero incluso una noticia así... Aunque no creía que fuese malo, le cayó como un balde de agua fría. Tal vez era lo que se podía esperar.
¿Ahora que se podía hacer? Las cosas no habían salido como él quería. ¿Debía obedecer a su padre y quedarse ahí, o...? No. Debía volver. Debía volver con Atsushi.
"Tú eres el lugar al que siempre debo regresar, Atsushi-kun".
Quizá no estaba bien desobedecer a aquel que te alimentó, que te dio techo, y que te cuidó durante tantos años. No estaba bien. Pero esta situación era diferente; no había opción.
— Papá... Yo... lo siento.
Esta vez su padre no dijo nada. No le pidió que no se disculpara.
Todomatsu miraba hacia el suelo con los ojos muy abiertos, derramando sus lágrimas por un tiempo inconmensurable. Quería desaparecer entre la tierra, como lo hacía la nieve al derretirse allá afuera...
Su madre no decía nada. Tampoco lo miraba.
Ah... Es una pena.
— Yo no voy a quedarme aquí. Ya no soy un adolescente, ya soy un adulto. Tengo derecho a tomar mis decisiones — dijo entrecortadamente. — Lo siento, yo ya me voy...
Sin más, Todomatsu se dio la media vuelta para finalmente dirigirse a la salida y salir corriendo a quién sabe dónde.
Sin embargo, había olvidado a sus hermanos. Debía enfrentarlos a ellos también en el piso de abajo.
Su padre se movilizó rápidamente, tratando de detener a Todomatsu, yendo detrás de él al igual que su mamá.
Cuando se acercó a la puerta, los oyentes se alteraron. ¡Los vería!
Intentaron alejarse rápidamente de ahí para evitar a su hermano, pero unos tropezaron con los otros y no pudieron siquiera moverse de lugar.
Todomatsu abrió la puerta por completo y ahí estaban. Sus cinco hermanos, viéndolo con miedo, quizá.
Todomatsu con sus ojos llorosos los miró detenidamente, mientras que éstos parpadeaban tratando de deshacerse de aquella imagen de su hermanito.
Comenzó a temblar. Quizá era su fin. ¿Cómo es que no se esperaba algo así?
"Hubiese sido mejor no volver nunca", pensó rápidamente.
— To... Todomatsu... — Karamatsu estiró una de sus manos para intentar tocar la cabeza de su hermano y tranquilizarlo. Quizá para darle un abrazo, pero el menor se alejó.
Todomatsu abrió mucho los ojos al toparse con la distorsionada imagen de sus hermanos observándolo. Retrocedió un poco, y echó a correr.
— ¡Todomatsu! — su padre y madre le gritaron al unísono.
El tercero de los hermanos salió corriendo inmediatamente detrás de él. Jyushimatsu no supo por qué, pero imitó al mayor. Fueron los dos únicos que lo persiguieron por todo el pasillo, hasta llegar a la puerta de la entrada.
Los demás permanecieron inmóviles, susurrando algunas cosas, bastante confundidos.
— ¡Todomatsu! ¡Espera! — decía Choromatsu jadeando, sin detener el paso. — ¡Deja de correr!
Abrió violentamente la puerta de la casa, pero tropezó poco antes de llegar al recibidor, así que le tomó un poco de tiempo reincorporarse y seguir huyendo.
— ¡Hermanito! — Jyushimatsu rápidamente rebasó a Choromatsu y alcanzó a sujetar a Todomatsu de una de sus muñecas, apretando su manga. — Totty, por favor… ¡Espera, Totty!
— ¡Sú...! ¡Súeltame! — decía más aterrado que enojado.
— ¡Hermanito! ¡No te vayas así! — decía un desesperado Jyushimatsu.
— Todomatsu, por favor... Déjanos hablar contigo. No quiero despedirme de ti de esta forma de nuevo... — suplicaba el mayor de los tres.
— No... Choromatsu nii-san. Déjame ir... — decía Todomatsu con lágrimas en los ojos. Así sería; jamás dejarían de brotar.
— ¡Por favor, Totty! — Jyushimatsu apretó más fuerte la muñeca de su hermano.
— No tengo nada de qué hablar... Ya lo escucharon, ¿no? Soy... — un nudo en la garganta no lo dejó terminar la frase.
— Todomatsu...
— ¡Por favor! Se los ruego... — agachó la cabeza ligeramente. — No quiero pelear con ustedes, y tampoco quiero pelear de nuevo contigo... Choromatsu nii-san. Así que, por favor... — se agachó dejando caer sus lágrimas al suelo, desapareciendo en el pavimento. — Además, si vuelvo, papá va a... ¡No! ¡No quiero!
Todomatsu estaba roto completamente. Jamás se esperó aquella reacción por parte de su papá. Y lo que tampoco se esperaba, es que su madre no haya podido hacer nada. ¿Realmente no pudo hacer nada?
Pero sin importarle más aquello, se soltó del agarre desesperadamente.
— Hermanito, no te vayas. Nosotros haremos lo posible por que...
— ¡Ya basta! — Todomatsu interrumpió a Jyushimatsu — Lo siento, no es su culpa. No es con ustedes. Lo siento...
Todomatsu limpió sus lágrimas nuevamente y continuó corriendo más allá del patio de su casa.
Choromatsu intentó volver a sujetarlo, pero Jyushimatsu lo agarró de su sudadera verde por la espalda. Hizo un gesto negativo con una sonrisa, y soltó poco a poco al mayor. Éste último sólo suspiró pesadamente con un nudo en la garganta.
Jamás se esperó algo así.
Se resignó y se quedó ahí.
Ambos se metieron a la casa, con la mirada gacha.
Al entrar miraron a un Osomatsu con cara de desagrado; haciendo un mohín. Karamatsu tenía los ojos fuertemente cerrados, con una mano en la sien. E Ichimatsu, bueno...
Ichimatsu aún estaba más pálido de lo que naturalmente ya era. Tenía las manos entrelazadas dentro de la sudadera, encorvado, haciendo un puchero. Su largo y desordenado cabello no dejaba ver sus ojos opacos. Quizá estaba llorando... Al ver entrar al tercero y quinto salió corriendo a toda prisa de la casa.
— ¡Ichimatsu! — Choromatsu se alarmó por aquel acto, sin embargo, no hizo nada por detenerlo.
Lo entendía muy bien. No era idiota. Ichimatsu tenía algo que ver con todo esto.
Ichimatsu lucía como un chico antipático la mayor parte del tiempo, pero en el interior... muy en el fondo, era una buena persona. Y esta vez, algo tocó su corazón.
La manera en la que vio actuar a sus padres. El rostro de Todomatsu y su voz quebrada...
La ausencia de cariño.
Nadie hizo nada... Ni siquiera él mismo.
Ichimatsu se fue a un pequeño callejón que había cerca de la casa para pasar algo de tiempo junto a sus gatos, buscando consuelo.
Se sintió terrible. Quizá Todomatsu creería que era una persona muy superficial.
Sin importarle la nieve que yacía acumulada en el suelo, se posó en ella. Con cuidado.
Corrió sin importarle que sus zapatos se empotraran en ésta. Hacía mucho frío, pero al menos ya no nevaba. No caía nada.
Se agachó para acariciar a los gatos y se recargó junto a una pared. Abrazó sus piernas y lloró.
Todomatsu corrió desconsolado. Corrió y corrió tan rápido como pudo.
Tras asegurarse de que nadie lo estaba siguiendo, dejó de correr. Jadeando comenzó a caminar teniendo cuidado de no resbalar por la nieve que estaba derritiéndose un poco. Quería perder el tiempo con algo, pero no tenía a dónde ir o con quién. Se dirigió a la estación para tomar el tren que lo llevaría de regreso a la casa, con Atsushi.
Aunque Atsushi aún estaba en la oficina.
Tomó el metro y llegó. Entró a la casa tras haberse quitado los zapatos en el recibidor, y se dejó caer. Recargó su espalda bruscamente en la fría pared y descendió poco a poco.
Su mirada estaba clavada en el suelo. Ya no lloraba, pero aún seguía esa fuerte presión en su pecho. Algo que parecía no dejarle ver ni escuchar nada a su alrededor.
— Soy un idiota...
Hablar solo quizá podría parecer estúpido, pero era una costumbre que no podía perder, y quizá jamás lo haría.
Se tiró en el sofá con la cara hacia abajo. Gemía un poco a causa del dolor emocional... Era como un modo de escape. Trataba de hacer algún ruido, porque el silencio presente le permitía por poco escuchar sus latidos y eso lo estaba volviendo loco. Sin embargo, escuchó al pajarito silbar.
Gracias al cielo que estaba ahí. Lo sacó de la jaula y comenzó a jugar con él.
Esperaría a Atsushi.
— Bueno — comentó Osomatsu para romper con aquel desagradable silencio. — Ya decía yo que era extraño que Totty no saliera con ninguna chica a pesar de estar rodeado de ellas. ¡Vaya! Qué desagradable...
— Osomatsu, no te expreses de esa manera — lo riñó Karamatsu.
— ¡Osomatsu nii-san! — se molestó el quinto.
— ¡Osomatsu! No empieces con tus estupideces... — Choromatsu realmente se enojó — ¡Si no vas a decir nada productivo, cállate! Todomatsu es nuestro hermano y debemos quererlo y cuidarlo pase lo que pase. ¿¡Cómo es que puedes portarte así con él!?
— Yo no vi que tú seas de mucha ayuda.
— Serás...
— ¡Ya basta, brothers! — interrumpió Karamatsu.
Choromatsu sin pensarlo mucho tiempo, se dirigió a la habitación de sus padres y discutió con ellos sobre el asunto. Pasó un inconmensurable tiempo en el que el tercero no pudo cambiar la manera de pensar de su padre. Su madre, lloró y no volvió a abrir la boca para decir nada.
Después, pelearon entre los hermanos que allí estaban.
Osomatsu estaba totalmente en contra. Karamatsu, decepcionado. Él realmente creía que Todomatsu sería el primero en llevar a una chica a casa y llenar a su madre de nietos. Jyushimatsu no decía nada, pero lucía positivo ante todo. Choromatsu estaba confundido y extremadamente preocupado por su pequeño hermanito. E Ichimatsu estaba por ahí, sufriendo a solas.
— ¡Todo es culpa de Ichimatsu! Él sabía todo desde el principio... ¡Yo sé que tú piensas lo mismo, Choromatsu! — decía Osomatsu.
— ¿Y qué con eso? — respondió el tercero.
— Es cierto que estoy un poco decepcionado, y aún no lo puedo creer — interfirió Karamatsu —, pero hay que tratar de entender a Ichimatsu también. Ellos tenían miedo precisamente de nosotros. De lo que pudiéramos hacer, decir o pensar... Y aún así confiaron en nosotros. ¡Goddness! Por favor, necesitamos estar a solas para pensar. Cada uno por su parte, brothers...
— ¡Karamatsu nii-san tiene razón! — exclamó Jyushimatsu. — Necesitamos un tiempo para pensarlo. No nos dejemos llevar por las ideas de cada uno. Quizá, como dijo Totty, es lo mejor...
— ¿¡Qué!? — habló un arisco Osomatsu.
— ¡Al diablo contigo! ¿Por qué tienes que ser así? ¡Ten respeto! ¿¡Entiendes!? — Choromatsu le gritó al primogénito.
— ¡Cállate!
— ¡Ya basta, brothers!
— ¡Iré a buscar a Ichimatsu nii-san! — Jyushimatsu salió corriendo de la casa.
Jyushimatsu corrió por las calles hasta encontrar a su hermano mayor junto a un montón de gatos acurrucados en él, en un callejón no tan oscuro.
Fue con él y lo abrazó. El mayor correspondió.
Ninguno de los dos dijo nada. Quizá porque realmente las palabras serían superfluas en aquella ocasión. Ichimatsu empezó a gimotear y Jyushimatsu lo apretó, dando pequeñas palmaditas en su espalda. Acarició su cabello.
Jyushimatsu le sonrió al mayor, y éste entre lágrimas hizo lo mismo. Estaba feliz de que alguien haya ido a buscarlo para darle consuelo. Aunque, aún así, a pesar de que no tenía realmente la culpa de lo sucedido y no podía hacer nada, se sentía muy culpable.
— No te preocupes, nii-san... Algo bueno pasará — se sentó junto a su hermano y acarició a los gatos también. — No creo que esté mal que Ichimatsu nii-san llore. ¡Está bien! Así es como te das cuenta de que realmente estás vivo... — sonrió, sonrojándose un poquito.
Ichimatsu guardó silencio, limpió sus lágrimas y asintió.
— Gracias, Jyushimatsu...
Jyushimatsu consideró la posibilidad de que Ichimatsu quisiera estar solo para desahogarse en silencio, pero creyó que también quizá necesitaba consuelo; y se dio cuenta de que no se equivocó después de escuchar las palabras de agradecimiento de su hermano, y su sincera y pacífica mirada.
Tomó a su hermano de sus heladas manos y lo jaló gentilmente hacia arriba para ayudarlo a levantarse.
— ¡Vamos, nii-san! Debemos volver a casa... Hay cosas de las cuales debemos hablar. ¡No te preocupes! Yo quiero a mis hermanos tal y como son. Estaré contigo todo el tiempo. Y, si quieres llorar de nuevo... ¡Puedes venir conmigo y llorar en mi hombro! — dijo con una enorme sonrisa.
Ichimatsu sonrió un poco y acarició el cabello del menor.
Ambos caminaron hacia su casa.
