Capítulo 17- No puedo regresar.

Cuando llegaron a casa, encontraron a Choromatsu discutiendo con su padre, aunque éste último se veía bastante imponente. No ganaría nada. Finalmente desistió.

— ¿Tú lo sabías, Ichimatsu? — preguntó su madre. El mencionado asintió.

— ¿Por qué no nos dijiste nada? — preguntó el hombre.

— ¿No es obvio? — balbuceó el chico encorvado. — Tenía miedo de que actuaran como lo han hecho... De que lo rechazaran. Yo tenía mucho miedo, tanto como él.

Jyushimatsu tenía una de sus manos (cubiertas por las mangas) en el hombro de Ichimatsu.

— Era obvio que papá actuaría de esta manera. Ichimatsu, Todomatsu no es una persona normal... — interrumpió el primogénito.

— ¡Cállate, maldita sea! ¡Osomatsu de mierda! — gritó el tercero.

Karamatsu se interpuso entre los dos por si a alguno se le ocurría pasarse de listo.

— Tch... Hagan como quieran. Quizá nunca vuelva — dijo Osomatsu.

— ¡Maldito! ¿¡Qué necesitas para...!?

— Basta, Choromatsu — dijo seriamente el segundo, interrumpiendo.

— ¡Alguien tiene que hacerle entender!

— Saldré un rato — dijo Osomatsu sin más.

— ¿A dónde? — preguntó Jyushimatsu.

— Por ahí.

Matsuzo se fue a trabajar y no volvieron a hablar más del tema con él por lo menos esa tarde. Matsuyo se metió a la cocina a terminar de arreglar algunas cosas y después salió de compras; tardaría quizá toda la tarde afuera caminando por ahí.

Osomatsu regresó más tarde y entró a la habitación donde estaba ichimatsu. El menor le dirigió una mirada no muy agradable y se sentó frente a él.

— ¿Qué? — preguntó Ichimatsu de mala gana. — ¿Me miras así porque tengo los ojos de un pescado muerto?

— Estuve pensando, ¿sabes? He estado pensando.

— ¿Y tú qué piensas exactamente?

— Lo que dije hace rato... Bueno, no he cambiado de opinión. No creo que lo que Todomatsu ha hecho esté bien, y tampoco creo que su comportamiento anterior haya sido adecuado. Pero, debí haber hecho algo para que no se sienta tan mal...

— Estúpido. Debiste pensar en eso antes.

— Lo sé, pero yo...

— No volverá. Tú lo dijiste, ¿no? Así que irás conmigo a buscarlo.

— ¿¡Eh!? No, Ichimacchan.

— Eres repugnante, no deberías de hablar antes de tiempo. Aprende a callarte.

— ¿Eh? ¡No dije nada! Nadie dijo nada. Ni siquiera tú.

— Lo sé, lo sé. Ya no hables.

— Parece que Choromatsu seguirá insistiéndole a papá. Qué necio, ¡y a mí me trata como a una sucia rata!

— Y yo le doy la razón.

— ¿¡Tú también!?

— Inepto. Necesitamos hablar con papá sobre eso. ¿Por qué crees que está mal?

En ese momento Karamatsu entró a la habitación.

— ¿Eh? ¿Cómo que por qué? No es normal que dos hombres se... Agh, no. ¿Tú qué piensas, Karamatsu? — preguntó Osomatsu.

— ¿Eh? Bueno... Yo tenía fe en que Totty fuese el primero en hacerlo con una chica, pero...

— Eso es un "no".

— ¡Al menos déjalo acabar, Osomatsu! — espetó el cuarto. — Necesitamos las voces positivas de todos.

— En realidad yo creía Totty sería diferente. Estoy un poco confundido. No lo entiendo — dijo Karamatsu.

— Bueno, supongo que era algo normal — habló Ichimatsu. — Sólo falta hablar con mamá.

— Yo no voy — dijo rápidamente Osomatsu. — No hace falta, Choromatsu hablará por todos seguramente.

— ¡Vendrás!

— Ichimatsu, hay algo que quiero dejarte claro. A ti y a todos — Osomatsu usó un tono un poco serio. — En realidad estoy muy sorprendido por la declaración de Todomatsu. Pero, tengo tolerancia. A pesar de que creo que no es del todo natural, no voy a ir a decirle nada malo a la cara. Y, cuándo dije que Todomatsu no era normal, no lo decía por eso. ¡Lo decía simplemente por el coraje que tiene para decir las cosas! Era obvio que papá se enojaría si hablaba con la voz tan alta... — Ichimatsu abrió mucho sus ojos y sus facciones se relajaron. — También me sentí mal cuando papá le dijo todas esas cosas horribles. ¡También me sentí fatal! Todos tenemos opiniones diferentes, pero...

— Ya... — Ichimatsu asintió.

— No, lo que quiero decir... ¡Lo que quiero decir es que está mal tratar de entendernos!

— Osomatsu...

— Yo lo apoyaré. A pesar de que sigo pensando que es un maldito idiota desconsiderado...

— Bueno — interrumpió Karamatsu —, una cosa conlleva a la otra. Brothers, vayamos...

Karamatsu fue por Choromatsu y Jyushimatsu que se encontraban en la sala hablando, y se reunieron arriba fuera de la habitación de su madre, de la cual, la puerta estaba abierta.

Los cinco hermanos estaban ahí parados en silencio.
Karamatsu fue quién tocó la puerta con unos tenues golpes consecutivos.

— Adelante — era la suave voz de su madre, Matsuyo.

— Con permiso... — Karamatsu entró despacio tomando el picaporte y los demás entraron seguidos de él. — Mom, ¿podemos hablar contigo un momento?

Matsuyo los miró detenidamente, al parecer algo triste. Su mirada se veía apagada pero ya no estaba nerviosa; estaba calmada.

— Por favor — dijo Jyushimatsu ante el silencio.

— Niños... — los llamaba todavía así ya que, para ella siempre serían sus bebés — Saben que pueden hablar conmigo cuando quieran. No tienen porqué preguntar algo así...

Se miraron unos con otros.

— Mamá... — Choromatsu estaba a punto de decir algo, pero fue interrumpido por ésta.

— Siéntense — dijo. Al ver que ninguno hizo ningún movimiento, ella avanzó hacia la puerta. — Vayamos a la sala, esta habitación es pequeña para todos.

Caminaron en silencio al lugar indicado. Su madre se sentó en un pequeño sillón que había en una esquina de la sala y los demás se sentaron juntos en el sofá más largo frente al anterior.

El silencio reinó, y Karamatsu comenzó a hablar de nuevo.

— Mamá, tú dijiste que si teníamos algo... sin importar nuestra edad o situación, podíamos hablar contigo...

— Dime — Matsuyo asintió.

Karamatsu se trabó, pues no estaba muy seguro de a lo que quería llegar. Tragó saliva y Osomatsu retomó la palabra.

— Mamá, lo que pasa es que no queremos que Todomatsu se sienta mal de nuevo — dijo el mayor sin más.

— Aunque, debemos empezar por ti, Osomatsu — dijo Choromatsu con una mirada apagada y el ceño ligeramente fruncido.

Karamatsu, Ichimatsu y Jyushimatsu lo miraron algo anonadados. No querían que una discusión surgiera de nuevo.

— Choromatsu, escucha. Al principio estaba totalmente en contra, pero era porque no me había tomado el tiempo para siquiera pensarlo, ¿sabes? He estado meditando, y pienso apoyar a Todomatsu con lo que necesite... Además, ustedes para mí son... — Osomatsu se sonrojó un poco y no pudo continuar. — Son…

— Oh, ¡te preocupas por nosotros, nii-san! — exclamó un alegre Jyushimatsu.

El mencionado sólo apretó los puños fuertemente, con las mejillas coloradas.

— Mamá, ¿tú que piensas? — preguntó Ichimatsu.

— Habla con sinceridad, por favor — dijo un nervioso Choromatsu.

Su mamá carraspeó y los miró detenidamente, pensando muy bien en lo que diría a continuación. Después, abrió la boca para articular.

— Como podrán saber, para un padre saber que su hijo tiene preferencias distintas a las del resto... es un poco extraño, y duro. Pero yo no estoy en contra. Todomatsu es mi hijo al igual que ustedes y los amo a todos por igual; jamás podría despreciarlo — dijo su madre serena.

Guardaron silencio.

— Entonces, si piensas así, mamá... ¿Por qué no hiciste nada para detener a papá? — Preguntó Ichimatsu.

— Tenía miedo y en ese momento no estaba segura de lo que pensaba. Pero ahora lo sé... Los amo a todos más que a mi vida. Quiero que eso lo sepan siempre y no lo olviden, por favor.

Karamatsu asintió.

— ¿Entonces...? — preguntó Osomatsu.

— Pero, ahora Todomatsu no será capaz de volver de nuevo. Después de esto, no lo hará — dijo Choromatsu reflexionado tristemente.

— Bueno, — continuó la mujer — ustedes deberían de saber que en este mundo todos tienen opiniones diferentes sobre cualquier cosa. Jamás sabes qué reacción tendrás de alguien ante alguna situación... Su padre quizá necesita tiempo para comprender. Los tiempos han cambiado, y ahora con tener una opinión distinta puedes ganarte el odio de muchos fácilmente. Cada quién puede pensar lo que quiera, pero debe de ser cuidadoso con la manera en que se expresa... Y la manera en la que su padre reaccionó no estuvo bien. Ese es el problema. Sólo necesita tiempo para pensar, como todos... No se preocupen — afirmó Matsuyo. — Yo hablaré con su padre... — sonrió.

Todos se tranquilizaron un poco ante las palabras de su madre.

— Mamá, ¿nosotros podemos hacer algo? — preguntó Jyushimatsu.

— Tranquilo. Yo me encargaré de todo por ahora.

Mom, ¿y nosotros entonces qué hacemos? ¿Deberíamos de seguir a Todomatsu y hablar con él? — dijo Karamatsu preocupado.

— No tuvimos tiempo siquiera de decirle algo, y a juzgar por su mirada... — dijo Choromatsu.

— Debe de sentirse muy mal. Quizá piensa que lo odiamos — complementó Osomatsu.

— Bueno, Choromatsu nii-san y yo fuimos tras él — mencionó Jyushimatsu —, aunque no quiso estar ni un momento más ahí y se fue corriendo.

— Tch... Desde que lo vi supe que algo le preocupaba — dijo Osomatsu.

— Ichimatsu, debiste haber dicho algo... — balbuceó Karamatsu.

— ¿Eh?

Todos estaban un poco nerviosos, pero al recordar lo que su madre les había dicho se sentían protegidos.

Todos fueron con ella y la abrazaron. Eso les quitaba la atención, pues cada uno de ellos estaba sediento de cariño.

Dejarían que ella hablara con su padre cuando llegara del trabajo, o quizá al día siguiente. Pero lo haría ella. Choromatsu puso de su parte, pero Matsuzo era demasiado necio.

Seguramente Todomatsu necesitaría tiempo para asimilar las cosas, así como ellos. Por lo pronto no lo llamarían ni lo buscarían.

Algo bueno pasaría.

Todomatsu acarició el suave y blanco plumaje de Pichi, y subió su opaca mirada hacia el techo.

Se sentía fatal.
Y a pesar de que sabía que tenía que esperar por Atsushi, y él esperaba por irlo a ver, creía que no tenía realmente un lugar a donde volver.

"Tú eres el lugar al que siempre debo regresar, Atsushi-kun".

¿Acaso esas palabras fueron una mentira?
Realmente quería estar con él, pero no podía evitar pensar que todo a su paso se hacía color gris... O que quizá, él lo hacía todo gris.

Todomatsu se quitó la bufanda y el abrigo, y se fue a acostar al sofá. Encendió la televisión pero pronto se aburrió y la apagó. Se quedó viendo a través de la ventana. Se quedó sentado en una esquina de éste con la cabeza recargada de un lado, y el pajarito en manos. Picoteaba un poco sus dedos.

Se quedó ido en sus pensamientos.

Atsushi llegó a la casa. Todomatsu escuchó el sonido de sus zapatos acercándose, pero casi nada de atención le prestó.

— Ya estoy en casa — exclamó el mayor.

No hubo respuesta.

Atsushi se extrañó y caminó lentamente por el pasillo hasta subir al segundo piso, y lo encontró ahí en el sofá, de espaldas.

— ¿Todomatsu?

Creyó que quizá estaría dormido, pero al caminar un poco más acercándose a él para verlo mejor notó que tenía los ojos abiertos, con la mirada clavada en el ventanal.
No tenía brillo en sus ojos, y parecía casi como si estuviese sonámbulo.

Atsushi le puso una mano en el hombro y lo sacudió un poco sin ser brusco.

— Todomatsu, ¿por qué no contestas?

Todomatsu débilmente se giró hacia el mayor, que estaba de pie ligeramente inclinado frente a él.
Lo miró, y no sonrió ni nada. Se volteó de nuevo hacia el ventanal como si no hubiese visto a nadie.

Atsushi se extrañó, y a decir verdad se molestó un poco, pero su preocupación fue más grande. No se veía nada bien.

Se irguió y sin dejar de ver a Todomatsu, habló bajito.

— Todomatsu, ¿qué ha sucedido?

No dijo nada. Lo volteó a ver, pero no parecía tener intenciones de abrir la boca.

— ¿Cómo te fue? Puedes contármelo — dijo seguro. — No, de hecho, cuéntamelo por favor.

— Atsushi-kun... No quiero hablar de eso ahora. Las cosas... no salieron bien.

— ¿Eh? ¿A qué te refieres? Escucha, te lo he dicho y tú me lo has dicho, ¿no? Estamos para escucharnos el uno al otro. Así que por favor, cuéntamelo todo.

— Atsushi-kun, ya te dije que no quiero hablar...

— Y yo no quiero que te guardes todas tus preocupaciones para ti solo... Estoy contigo.

— Lo sé.

Hubo silencio.

— Todomatsu, no quiero que estés triste por mi culpa.

— No es tu culpa. Nada de lo que me pasa es tu culpa... No digas eso.

— No pienses que todo lo que sucede es tu culpa tampoco. Quiero verte sonreír, Todomatsu, confía en mí. Yo jamás sería capaz de hacerte algo malo.

— Atsushi-kun... — balbuceaba con la voz ronca.

— Todomatsu, quiero que haya confianza entre nosotros. ¿Qué sucedió?

Apretó los puños un poco, sin voltear a verlo aún. Todomatsu tenía una apariencia bastante cansada. Y no contestó.
Se volvió a voltear a la ventana sin ver nada en especial. Estaba evitando a Atsushi a toda costa, y no sabía exactamente porqué.
Quizá no era precisamente porque no le tuviera confianza, sino porque sentía que si hablaba del asunto se echaría a llorar de nuevo.

Estaba cansado de llorar siempre frente a Atsushi y a otras personas. Y se sentía molesto consigo mismo por ser tan sensible... Tan frágil.

Apretaba ligeramente al ave entre sus blancas manos, y cuando lo escuchó pillar un poco, lo dejó salir de éstas. Ahora el avecilla sólo estaba en su regazo, sin hacer nada más que picotear su pantalón un poco.

— Está bien — dijo Atsushi con la voz grave. Frunció el entrecejo un poco. Parecía enojado — Si no quieres decírmelo está bien. Tampoco estaré rogándote por algo que posiblemente te moleste o te pueda hacer más daño.

Todomatsu volteó desconcertado por el tono que Atsushi utilizó, pero éste último ya no lo miraba. Ahora estaba dándole la espalda.

— Tengo trabajo que hacer — dijo Atsushi a la vez que se retiraba, quitándose el saco —. Si necesitas algo búscame.

Bajó al primer piso y se metió a su pequeña oficina sin más.

No habló en todo el día con Atsushi. Ahora se sentía peor.
No tenía ganas de hablar, pero tampoco debió haberlo tratado mal. Ni siquiera debió ignorarlo.
En verdad no tenía ganas de hablar del asunto, pero al menos debió haber intentado sonreírle un poco.

Y a decir verdad, esta vez Atsushi estaba en su derecho. Él le había contado todo sobre su infancia, su pasado... Y Todomatsu no podía contarle ni un poco sobre él. Ambos tenían problemas al fin y al cabo, ¿no?
Ambos eran vistos de la misma manera por las calles. Atsushi ponía todo de su parte por hacer entender a Todomatsu que él estaría siempre ahí para él, pero éste último desistía. A veces no lo entendía...

Desconfiaba demasiado de sí mismo. Todomatsu necesitaba ayuda, o quizá sólo era demasiado necio.

Tal y como dijo Atsushi, tenía mucho trabajo que hacer.
Últimamente la compañía les exigía mucho. Demasiado.
Pasó toda la tarde arreglando documentos en su computadora, haciendo papeleos y cuentas. Arreglando citas con empresarios importantes, corrigiendo errores en documentos importantes para la empresa, y también ayudando a sus colegas más jóvenes.

Pasó todo el día encerrado en su oficina, y Todomatsu no fue a buscarlo.

Todomatsu se levantó y dejó al pajarito en la jaula de nuevo.

Así continuaron los días siguientes.

Atsushi se levantaba temprano y llegaba súper tarde. Cada que se iba y cada que regresaba saludaba y se despedía de Todomatsu. Sólo eso.

Ahora casi siempre iba tan apurado que no tenían tiempo para ellos, otra vez. Ni un sólo beso, ni una sola caricia. Nada de palabras…

Todomatsu creía que quizá sólo era percepción suya, pero cada que miraba a Atsushi, éste ya no le dirigía la mirada, ni tampoco le sonreía.

A lo mejor era por su trabajo, pues también lucía bastante cansado. Y apenas pasaba algo de tiempo en casa...
Aun así Todomatsu permaneció preparándole la cena al mayor. Aunque casi no intercambiaban palabras mientras comían.

Atsushi comía en silencio con la mirada clavada hacia abajo, hasta que terminaba, agradecía la comida y se retiraba de nuevo a su oficina. Al dormir, Todomatsu se acostaba primero y se dormía antes de que Atsushi siquiera llegara a la cama.

Atsushi estaba un poco dolido, pero su comportamiento no lo hacía exactamente a propósito. Sólo se sentía mal por no poder animar a Todomatsu, hiciera lo que hiciera. Pensaba que quizá Todomatsu intentaba encerrarse en sus propias preocupaciones, y no le permitiría entrar más profundo a su corazón. Podría decir que se sentía innecesario. Y a pesar de que recordaba cada palabra de Todomatsu dirigida hacia él con cariño, se sentía un poco triste. Porque a pesar de haber tenido buenas acciones con Todomatsu, tratarlo con cariño y haber estado mucho tiempo juntos, sentía que aún no confiaba del todo en él. Siempre lucía tan inseguro... Todomatsu de por sí era indefenso, pero simplemente hacerse la idea de que todo ese tiempo y acciones fueron en vano... No podía con ello.

Todomatsu comenzaba a sentirse mal con tan sólo recordar el rostro de sus cinco hermanos.

Choromatsu y Jyushimatsu habían ido tras él diciendo que podían hablar y arreglar las cosas, pero, ¿con arreglar las cosas se referían a alejarlo de Atsushi? ¿Lo llevarían con un psicólogo o algo así?
Y apenas que había hecho las paces con Choromatsu... Qué mal.

Además, se sentía inútil e innecesario.

Al principio, antes de conocer a Atsushi, tenía trabajo. Y aunque vivía infelizmente, por lo menos tenía en mente que se ganaba una parte de su vida. Ganaba dinero con su propio esfuerzo y eso era una pequeña ayuda para su papá. Después fue a vivir con Atsushi y sin quererlo, por una u otra razón se fue descuidando hasta perder su trabajo.

Ahora no era más que un inútil, al igual que sus hermanos, a quienes tanto reprochaba.

Todomatsu pensaba que quizá por eso Atsushi se había molestado. No ponía ni un solo centavo, y aun así vivía, comía, y dormía en su casa.

Seguramente era enfadoso para él tener que llegar del edificio de oficinas y verlo a él ahí sin hacer nada. Debía ser molesto.
O al menos eso pensaba.

Atsushi estaba cansado, pensando en una posible solución para la tormenta de sentimientos revueltos que Todomatsu enfrentaba día a día, pero por más que pensaba y pensaba, no creía que nada fuese a funcionar. No había algo que no hubiese tratado, ¿o sí?

Todomatsu simplemente estaba más que confundido, y eso era todo.

Nuevamente un día comenzó, y no vio a Atsushi salir de casa. Ya no estaba. Pensó que quizá de nuevo tendría que esperarlo hasta la noche, casi a la madrugada. Casi dieciséis horas sin verlo...

Era aburrido estar ahí en casa sin hacer nada. Pero no tenía un lugar a dónde ir que no sea allí.

Y en realidad estaba evitando salir a toda costa de la casa, pues hacerlo costaría dinero para el pasaje en el metro o cualquier cosa que comprase, y de por sí ya era una molestia para Atsushi que él gastara su dinero. El dinero por el cual él no trabajaba. Y aunque también se le pasó por la cabeza la idea de ir en busca de un nuevo trabajo, la descartó; no tenía ánimos de nada.

Se llevó una idea equivocada de sus hermanos y eso le carcomía el alma.

El tan sólo recordar sus miradas...
Seguramente sentían asco por él. Repugnancia absoluta...
¿Cómo podría volver? ¡No podría!
También se sentía preocupado por Ichimatsu. Seguramente sus padres y hermanos le habían hecho una lluvia de preguntas molestas, y lo habían despreciado también por jamás haber hablado para rebelar cuán desagradable podía llegar a ser.
Cuán desagradable podía llegar a ser que uno de los sextillizos estuviera enamorado de quien no debía.

No quería recordar y mucho menos hablar.

Incluso si le contaba a Atsushi lo que había sucedido, no podría hacer nada.
Pues su padre jamás lo aceptaría, y quizá su madre tampoco. Y sus hermanos...

Ah, claro. ¿Y cómo olvidarse de las horribles miradas que recibiría por siempre de parte de todo el mundo?

No había nada peor.

"¿Qué haces cuando te sientes un estorbo incluso en tu propia casa?"

Aquel día la pasó viendo televisión, envuelto en las sábanas. Hacía bastante frío, aunque ya no nevaba.

Jugaba con el pajarito de vez en cuando... Hablaba con él, púes no tenía a nadie más con quién hacerlo.
Revisaba su celular en ratos y miraba en pantalla notificaciones de mensajes; ninguno de Atsushi. Ni tampoco de sus hermanos o padres.
Eran mensajes de Aida y Sacchi, que a pesar de no verlas ya a diario, las estimaba, y ellas a él.

Pero, se sentía una amistad algo vacía.
Jamás podría contarles a ellas nada de lo que le sucedía o sentía... No existía esa confianza.

Aun así no perdió el contacto.

Limpiaba la casa sólo para desaburrirse (púes estaba siempre muy limpia) o aprovechaba para hacer algunas compras. Nada que importe.

Si se sentía con energía sólo merodeaba por toda la casa, que era enorme. El primer piso... Y el segundo también. Iba a la azotea, al ático, al garaje... Pero al fin y al cabo, seguía estando aburrido.

Pensó en tomar alguno de los libros de Atsushi, pero al acercarse un ligero escalofrío lo recorrió de pies a cabeza, al imaginarse el serio rostro del mayor.

Estaba un poco molesto con él... ¿No?

¿Y si se molestaba si tocaba sus cosas? ¿Un flojo cómo él?
Desistió y fue al sofá de nuevo para escuchar algo de música, para después ducharse.

Se hizo de noche, y se fue a la cama. Esperó a que Atsushi llegara del trabajo, pero el sueño lo traicionó y se quedó profundamente dormido.

Atsushi al día siguiente llegó más temprano de lo que acostumbraba. Púes en la tarde ya estaba ahí, en casa.

Atsushi avisaba que ya había llegado, pero Todomatsu no iba a su encuentro. Y al mayor no se le veía muy bien.

Todomatsu había preparado la comida para Atsushi (ya que el mayor preparaba la del desayuno para Todomatsu), pero éste último avisó que no tenía mucho apetito, por lo que ni siquiera se sentó a la mesa.

De nuevo avisó que estaba muy ocupado (y no era mentira), por lo que fue al piso inferior y de nuevo se encerró en su oficina a continuar con lo mismo de siempre.

Aburridos papeleos.

Todomatsu estando en el piso superior, estaba desesperado por querer deshacerse de la opresión que sentía en su pecho. Necesitaba hablar con Atsushi...

Caminó lentamente con sus pies descalzos por las escaleras, dirigiéndose al primer piso. Iba a buscar a Atsushi.
Al bajar caminó despacio hacia la oficina y se detuvo en seco frente a la puerta.

5:30 pm.

No estaba muy seguro de porqué estaba ahí plantado sin mover ni un sólo músculo. Inhaló y exhaló.

— Atsushi-kun... — habló muy bajito, esperando que el mayor lo escuchase, lo cual no logró. No escuchaba ningún ruido detrás de la puerta, lo que lo hizo ponerse un poco nervioso. Sin embargo, alzó la mano para tocar ésta con los nudillos tenuemente. No esperaría ninguna respuesta, pues era él quién había echado a perder las cosas, ¿no? Debería hablar él primero. Se humedeció los labios y habló pegando su cabeza en la puerta ligeramente. — Atsushi-kun, ¿me dejas entrar?

Hubo un efímero silencio, y finalmente escuchó la grave voz de Atsushi accediéndole el paso.

— Está abierto.

Abrió la puerta y la cerró detrás de él con cuidado.

Encontró a Atsushi de espaldas escribiendo en el escritorio sobre varios papeles, libretas, en su laptop... Una vez dentro el mayor no le dijo nada más. Todomatsu entrelazó sus dedos y con la mirada cabizbaja habló en un tono muy bajo.

— A... Atsushi-kun... ¿Puedo hablar contigo un momento?

El mencionado solamente asintió sin verlo, y sin dejar de hacer su trabajo.

— Bueno... escucha, hace cuatro días, cuando me preguntaste sobre mí... — frunció el entrecejo un poco nervioso — no debí tratarte así. Lo siento mucho... Es sólo que no estaba pensando muy bien. Bueno, soy un idiota. Yo nunca pienso con claridad las cosas. Pero, perdóname...

— Está bien, Todomatsu. Eso ya no importa ahora.

— Hablo en serio... Lo siento. No debí ignorarte. Lo siento...

— Ya. No te preocupes por eso.

Las respuestas de Atsushi estaban siendo muy secas, y a juzgar por su voz grave y apagada, podía deducir que aún seguía molesto. Además, no lo veía a la cara. No se daba la vuelta, púes mantenía su vista clavada en los papeleos. No parecía estarlo escuchando realmente y eso comenzó a molestarle un poco.

— Atsushi-kun, estoy disculpándome contigo... Me costó un poco hacerlo.

— ¿Hm? No hace falta que te preocupes por algo así, ya te dije.

— No. Es que no quiero que me digas que no me preocupe, porque lo sigo haciendo. No me has dicho si me perdonas o no.

Atsushi tragó saliva.

— Todomatsu, está bien. Sólo... estoy algo triste.

— ¿Eh? Atsu...

— Y también tengo mucho trabajo por hacer.

— Déjame estar aquí contigo.

— ...

— Atsushi-kun, ¿por qué no te das vuelta y me miras?

Atsushi abrió los ojos un poco y soltó una risita casi inaudible.

— Todomatsu, quiero que me cuentes sobre ti, ¿está bien? — dijo sin aún darse la vuelta.

— Pero yo... no. No soy alguien importante, y no tengo una vida que importe... No vale la pena contar nada acerca de mí. Atsushi se puso serio. — No lo haré.

— Todomatsu... Eres muy molesto. Deja de hacer esto. Detente de una vez, te lo ruego.

— ¿De...? ¿De qué hablas? No te entiendo...

— ¡De esto, Todomatsu! — dijo girándose y poniéndose de pie, mirándolo a los ojos. — ¡Me estoy esforzando en volver a empezar una nueva vida, para ti y para mí! Pero, por más que intento ayudarte y verte feliz, pareciera que nada ha cambiado...

— No... No es así. No digas eso. Atsushi-kun, perdóname... Es sólo que estoy pasando por un momento muy difícil, de verdad. Entiéndeme por favor.

Atsushi tenía una mirada seria, casi tan penetrante como un filoso cuchillo.

— Y crees que... ¿yo he estado caminando en un camino de rosas? Yo ya te conté sobre mí, ¿recuerdas? Las cosas han sido muy difíciles para mí también, pero aun así estoy tratando de cambiar... Y no por eso trataré mal a los demás, ni me despreciaré yo mismo.

— Lo sé...

— ¿Por qué es tan difícil para ti aceptarte como eres?

— No... No me entenderías…

— ¡Claro que lo haré! ¿Qué te hace pensar que no? Quizá hemos tenido vidas diferentes, pero estoy seguro de que...

— ¡Ya no me insistas! — interrumpió.

Hubo un silencio bastante incómodo. La tensión comenzó a incrementarse.

— ¡Por favor, sé sincero conmigo!

En efecto, Todomatsu tenía miedo de hablar. Estaba cansado de llorar mientras hablaba frente a él. Ya no quería volver a lucir como un cobarde, pero...

— ¡Estoy siendo sincero contigo, Atsushi-kun! Es sólo que...

— Ya basta. No entiendo por qué te reservas tanto. ¿No confías en mí?

— Lo hago.

— ¿Entonces cuál es el problema?

— ¡Tengo miedo! ¿¡Está bien!? Sigo teniendo miedo a pesar de que estoy contigo... Mi felicidad depende de ti... ¡Y eso me está haciendo sentir mal! Porque a pesar de que me sentí feliz de conocerte... también me sentí... desagraciado por ello. Me he distanciado de mi familia y amigos... ¡Y creo que es injusto que viva de esta manera! Yo también me he estado esforzando. Lo he hecho, pero nada me hace sentir completo. Pensé que era injusto que yo estuviera aquí contigo mientras mis hermanos y padres se podrían en casa con su vida monótona... Pero la misma suerte corrió conmigo. ¡Es eso! Y no quiero contarte nada sobre mí porque simplemente no debería hacerte cargar con toda esa basura. ¿Lo entiendes?

— ¡Yo te conté sobre mí! ¿Acaso pensaste que eso también era basura?

— ¡¿Cómo podría...?!

— ¿Acaso pensaste que todo nuestro tiempo compartido no valió la pena?

— ¡Atsu...!

— ¡¿Acaso pensaste que yo no era necesario?!

Todomatsu tragó saliva.
Atsushi jamás le había gritado... Hasta hoy.

— N... No. Yo no...

— ¡No te reserves todo sólo para ti! ¿Sabes qué? No me importa si crees que no eres importante, ¡yo quiero seguir ayudándote! Quiero estar contigo... ¡Pero eres molesto! No me dejas acercarme a ti...

— ¡Lo hago por tu bien, Atsushi-kun! Una persona tóxica como yo simplemente no debería de andar caminando por ahí buscando consuelo... No lo merezco. Ni siquiera yo me entiendo. ¡No quiero que nadie esté triste por mi culpa y mucho menos tú! Ya he generado muchos problemas... Incluso papá y mamá me odian. Quizá mis hermanos no quieran volver a verme jamás. Los decepcioné... ¡Y no quiero hablar de eso! Ese ya no es un lugar al que pueda volver. ¡Lo supe al ver sus ojos! — su voz se quebró un poco.

— ¡No te entiendo! ¿¡Entonces qué es lo que quieres!?

— ¡No...! ¡No lo sé! ¡No me preguntes! No puedo entenderme muy bien... Sólo... no quiero hacerte cargar conmigo más de lo que ya lo hago.

— ¡Todomatsu! ¿Has escuchado cómo hablas? ¡No estás pensando!

— ¡Ya te dije! ¿No? ¡Yo nunca pienso las cosas!

— ¡Deja de comportarte como un tonto! ¡Necesitas darte cuenta de que lo que haces y dices está mal! ¡Estoy tratando de ayudarte! ¿¡Está bien!? — Atsushi sujetó a Todomatsu de los hombros, acercándolo hacia él para asegurarse de que lo mirara a los ojos — ¡Y si sigues dándole la espalda al mundo y a la realidad no podrás seguir viviendo de la manera que tú quieres! Yo... ¡Yo también tengo miedo! ¡Así que no pienses que eres el único que sufre! Todomatsu... Yo ya pasé por esto una vez, y estoy dispuesto a ayudarte con lo que quieras.

— No... No necesito que me ayudes. ¿No lo entiendes, Atsushi-kun? Incluso si tú estás conmigo... ¡incluso si tú estás conmigo no puedo volver a casa! Yo quiero volver a estar con mis hermanos y llevarnos bien como antes. Quiero ser el orgullo de papá y mamá... Y no quiero o necesito que vengas y me digas palabras de amor o algo así, ¡por qué no evitará que todos nos miren con asco como han hecho hasta ahora!

— ¡Eso es precisamente lo que no debes hacer! ¡Tú te estás preocupando por ti mismo! ¡Tú...!

— ¡¿Tú también?! ¿Tú también crees que hago todo por mí?

— ¿Eh? ¿¡De qué estás...!?

— ¡Ya basta! ¡No me entiendes! ¡No puedo seguir con esto! — parecía a punto se echarse a llorar. — No puedo... Yo no era así... Yo no era así...

— ¿Qué tanto balbuceas? ¡Todomatsu, yo...!

— ¡Suéltame, me estás lastimando! — se deshizo de las manos del mayor. — ¡Todo es culpa de este mundo! ¡De todo el mundo! Yo no debería estar aquí... Nunca he hecho algo que valga realmente la pena, y sólo he causado molestias a los demás. ¡Causando molestias a mis padres por lo que hacía o no hacía! ¡También haciendo sentir inferiores a mis hermanos y fingir tener amigos que realmente no me apoyaban! ¡Si tan sólo jamás hubiese intentado mejorar y no hubiese intentado hacer nada! ¡Si tan sólo me hubiese conformado con vivir como un nini junto a mis hermanos! Debí tratar de convencerme que no necesitaba de nadie... y no sentir lástima. ¡Si tan sólo no te hubiese conocido, yo...! — calló. Se arrepintió de haber escupido la última frase.

— Cállate. Con eso basta...

Todomatsu agachó la cabeza con los ojos desmesuradamente abiertos mientras su corazón palpitaba fuerte y rápidamente. Se arrepintió de haber hablado.
Y sobre todo... Atsushi se veía más enojado que nunca, aunque, también lucía triste. Jamás lo había visto así.
Sintió una firme oleada de miedo. Nunca habían discutido de esa forma. Incluso su tono era más alto que el que utilizó al discutir con su padre. Y Atsushi, también se había exaltado, e incluso se había comportado un poco grosero a comparación de su usual comportamiento cortés.

Quizá era sólo su imaginación, pero... Advirtió que los ojos de Atsushi se miraban un poco cristalinos. ¿Acaso él...?

— Atsu... Atsushi-kun... Yo... No es lo que yo quise... — tartamudeaba a causa del nerviosismo, poniéndose una mano en la sien para calmar la fuerte migraña que lo atacó. Trato de acercar su mano a una de las manos de Atsushi pero éste se apartó.

— No te acerques... Ya entendí. Si eso es lo que pensabas, no debiste jugar conmigo.

— Atsu...

Atsushi caminó hasta el escritorio tomando su portafolio y se dirigió a la puerta.

— No te preocupes. Tienes razón. Lo mejor será que no estemos juntos, probablemente.

Sin más, el mayor se dirigió a la puerta de entrada.

— ¿¡Eh!? No, no es... ¡No es cierto! Atsushi-kun... ¿A dónde...? — Todomatsu caminó rápidamente siguiéndolo, pero éste no le prestó atención. Atsushi se dirigió al garaje, y salió en su auto a quién sabe dónde. — Atsushi... kun...

Todomatsu se dejó caer al suelo de rodillas, recargándose en la fría pared. Se quedó viendo el techo unos minutos, mientras las oleadas de dolor en su cabeza lo atacaban. Finalmente pudo volver a la realidad, y cuando menos lo esperó sintió cómo sus mejillas eran empapadas por lágrimas que caían de sus ojos. Entre llantos y gemidos de dolor llamaba desconsolado a Atsushi.
Probablemente era egoísta, pero en ocasiones como esa, podía jurar que era la persona que más sufría en el mundo en ese preciso momento.

— Osomatsu nii-san, Karamatsu nii-san... — se quejaba y lamentaba, como si esperara alguna respuesta que jamás llegaría — Choromatsu nii-san, Ichimatsu nii-san, Jyushimatsu nii-san... Alguien...

Se levantó débilmente. Anocheció y se acostó en el sofá con nada más que una simple manta en el piso de abajo.
Seguramente cuando Atsushi llegara y subiera al segundo piso, no lo notaría. Seguro se sentiría aliviado de no verlo ahí. Quizá ni siquiera quería verlo en la casa, o quizá hasta lo echaría.

Se sentía como un fracasado. Ni siquiera en una situación así podía dejar de depender de alguien.

"Vayamos al pasado y volvamos a conocernos, Atsushi-kun".

Lloró hasta que se durmió. Era una horrible sensación que no había experimentado, aunque en su niñez, recordaba haber visto a Osomatsu hacerlo algunas veces a escondidas.

No creía cierto que hubiese sido mejor no haber conocido a Atsushi, pero aquella manera de expresar lo que sentía no fue la mejor. Y no podía resolverlo...

Se acurrucó con mucho frío en los cojines y quedó profundamente dormido.

"Desearía que el sol jamás saliera..."