Capítulo 19- Mirando al cielo.

4:16 pm.

Caminaba solo por la orilla de la húmeda banqueta. Comenzó a hacer frío, así que se aferró a aquel oscuro abrigo, abrazándose a sí mismo mientras avanzaba lenta y firmemente.

Miró hacia el cielo. La luz se estaba comenzando a desvanecer y las nubes cargadas se comenzaron a juntar.

Y aunque sabía que la lluvia llegaría pronto, no se molestó en apresurar su paso. La suela de sus zapatos se pegaba con el piso y se sentía cada vez más pesado.
Volteó hacia atrás sólo porque sí, y notó que ya había avanzado bastante. Había salido de aquella pequeña privada donde estaba la enorme casa de Atsushi. Realmente era enorme e incluso se notaba así desde lejos.

Por un momento se sintió muy mal. Extraño. Más de lo acostumbrado, porque casi siempre que salía de aquella casa era para comprar los ingredientes de la cena, y anteriormente, hace un mes probablemente, lo hacía para acudir a su trabajo, el cual ya no tenía. Siempre teniendo la idea de que... regresaría. De que regresaría junto con Atsushi y pasarían un momento agradable juntos.

Pero esta vez era diferente, pues salió por otra razón.

Siguió caminando a pasos lentos.
Caminó por el frío concreto, y una vez que perdió de vista la enorme casa, se sintió un poco más seguro de lo que estaba haciendo.
Mirando con ojos serenos a las personas que pasan de aquí para allá, desviaba la mirada buscando encontrar cualquier detalle. Algo que lo hiciera sonreír, pero nada.

Un poco antes de llegar a la ciudad, en las pequeñas colonias, había varias personas por todos lados corriendo de un lado a otro, buscando resguardarse de la lluvia que prontamente se vendría. Algunos corriendo con las bolsas en las manos de compras que apenas habían hecho, estudiantes de primaria y secundaria corriendo hacia sus casas, las aves escondiéndose en los árboles, los vendedores guardando sus locales y los autos conduciendo con cuidado por el bulevar.

Volteó al cielo de nuevo. A pesar de las nubes grises, era tan brillante que no podía abrir los ojos completamente sin fruncir el entrecejo. En efecto llovería. Pero, sin importarle siguió avanzando como cualquier otro día con cualquier otro clima.

Miró los edificios de oficinas. Ninguno era el de Atsushi, pero si caminaba algunas cuantas calles más, seguro llegaría. Pero estando frente a él, ¿qué haría?
Se quedó pensando mientras veía los autos avanzar por la carretera y meneando la cabeza, se desvió. No era el lugar al que quería llegar, y teniendo en mente la esperanza de poder verlo otra vez, no podía dejar de pensar en cosas malas. No podía hacer nada ya...

Una vez cruzando la calle, sin darse cuenta llegó a la estación.

No sabía qué estaba haciendo, y aunque pensó en meterse al abarrotado vagón, desistió. Se quedó plantado frente a éste, y abriendo un poco los ojos, asintió. Debía salir de ahí lo antes posible; había muchas personas.

Al salir de la estación y liberarse de todas aquellas personas que pululaban alrededor, miró como el cielo estaba notablemente más oscuro.

Los tonos naranjas de la luz del sol chocando con las edificaciones habían desaparecido. Era una pena que aquel día fuera así.

"Como el día en que conocí a Atsushi-kun. Este mismo cielo... Este mismo ambiente".

Miró cómo las luces de algunos locales se iban encendiendo. Las luces de neón y la iluminación local también...

Se acomodó aquel grueso abrigo de nuevo y siguió caminando, alejándose de la ciudad. Quizá caminó durante cuarenta minutos viendo cualquier cosa que hubiese por su camino. El aire helado comenzó a soplar con fuerza, aunque por suerte, a su dirección contraria.

No pasó mucho cuando se dio cuenta de que había salido se la ciudad. No estaba en el centro de Tokio, y a decir verdad, estando fuera de ese atiborrado lugar se sentía más seguro.
Seguramente sus hermanos estaban al otro lado de la ciudad.

Siguió caminado por una calle más tranquila. No había muchos autos y no había absolutamente ninguna persona andando a pie aparte de él.

Oscurecía temprano.

De pronto, una gota de agua cayó y resbaló por su mejilla. Alzó la vista instintivamente y la bajó. En efecto, había comenzado a llover, pues el suelo se llenó de gotas que caían consecutivamente. Pero poco o nada le importó. Caminó más, sin importarle si se empapaba en el futuro inmediato.
Primero una tras otra gota, después de pasar a ser suaves cayeron más y más rápido, hasta que pronto aquello se convirtió en un firme aguacero. Se cubrió con las manos la cabeza, y después sin importarle nada más se dejó empapar por completo por el agua fría.

Atsushi salió de la oficina temprano como reconocimiento por su arduo esfuerzo. Así que, se dirigió a su casa con prisa antes de que la lluvia se volviese una molestia.

Todomatsu siguió caminando firmemente. El ruido de la lluvia no lo dejaba escuchar nada más. Se colocó el saco sobre la cabeza, pues el agua lo estaba lastimando. Los autos pasaban cuidadosamente por la calle y a él sin importarle siguió.

De pronto le pareció ver entre la brisa y el agua la silueta de una persona, pero le pareció que sólo era parte de su imaginación y lo ignoró. Siguió caminando. Se quedó de pie unos instantes mirando hacia en frente sin más, con sus ojos serenos y sus manos heladas aferradas al saco. Esta vez decidió evadir el metro y fue en busca del tren tradicional, donde no habría tanta gente observando.
Caminaba tranquilo, aunque sus latidos comenzaron a acelerarse. Unos metros frente a él estaba la vía del tren.

Se quedó estático por unos momentos. Sabía bien por qué estaba ahí...

Se acercó con cuidado. Estaba a tan sólo dos metros de distancia.

Estaba cansado se vivir de aquella forma. Siempre preocupado por pensar en lo que aún no sucedía...
Incluso, creía que aunque Atsushi le había tenido compasión en algunas ocasiones, no podría volver a verlo. Porque, seguramente ya se había dado cuenta de cuán desagradable era. Lo mismo con sus padres; lo odiaban por ser algo que él no eligió. Por algo que él siente, y que en instantes, lo hizo feliz. Y sus hermanos... bueno, ellos eran todos muy diferentes unos con otros. Pero sabía que por más que hablara y tratara de justificarse, no lo entenderían. Ahora tenían más razones para rechazarlo.

"Eres una persona repugnante. No quieres que te entendamos. Eres un egoísta. Eres un cobarde, inútil, presumido. No vales nada", eran algunas cosas que resonaban en su cabeza.

Sentía miedo volver y seguir con la misma vida monótona que no le prometía ni un sólo momento de felicidad. Volver y sentir miedo una vez más por lo que hacía, por lo que era, por lo que pensaba o decía... Tenía miedo. Estaba cansado de tener que llorar solo en medio de la oscuridad cuando ya nadie lo escuchaba, y no le prestaban atención. Cansado de que cuando un amigo le preguntara cómo estaba, respondiera "bien" sin ningún problema, ocultando todo lo que de verdad quería decir. Estaba devastado por no poder ser útil, por no tener trabajo y tener un carácter que ni él mismo soportaba, y no entendía siquiera porque...
Temía no tener a nadie con quién hablar con seguridad. Temía depender de alguien, y a su vez, de caminar solo por el mundo.

A pesar de estar con Atsushi, seguía teniendo miedo. Porque no se habían dado el tiempo suficiente para conocerse, para hablar de todo lo que les gustaba o atormentaba. No pasaban el suficiente tiempo juntos y aunque le daba pena admitirlo, sentía vergüenza al estar muy cerca de él. Creía que no merecía un hombre tan amable como él. Sabía que debía hablarle, pero siempre que lo miraba, al ver sus ojos podía ver por las ventanas de su alma. Se sentía intimidado, por estar junto a alguien tan perfecto.

Al estar a su lado, se sentía protegido, y a la vez, intimidado. ¡Aunque se sentía bien al estar junto a él! Pero...

Ahí estaba de nuevo eso: No podía volver.

Nada volvería a ser como antes.
Desearía que hubiese un botón que lo regresara al pasado y pudiera corregir todo lo que hizo mal. Si es que, había hecho algo mal.

Sólo se enamoró de alguien por primera vez. Y aunque jamás se imaginó que su primer amor sería un muchacho, se sintió tan feliz... Incuso él aceptó que cuando lo supo, no quería aceptar que estaba enamorado de Atsushi, pero sabía que su corazón realmente comenzó a latir aquel día.

Sólo había hecho eso. Y el mundo lo odió sólo por eso...
Había dado todo de sí, y ya no podía más. No había algo que le indicara que algo podría enmendarse, y eso lo metió en el abismo donde ahora estaba.

Se acercó a las vías, que comenzaron a temblar por la vibración del tren aproximándose. Venía desde lejos, pronto llegaría.

Quería seguir sintiendo la calidez en sus manos. Quería sentirse cálido entre los brazos de Atsushi y al recargarse en su pecho escuchar su palpitar. Pero eso no sería posible nunca...

Se había decidido. Incluso llegó a pensar que acabar con su vida ahí sería lo más inteligente, antes de que las cosas pudiesen empeorar y tuviera que irse acabando de una manera dolorosa. Miraba al cielo anhelando por ayuda. Pero nada podía cambiar. Ya estaba ahí y había tomado una decisión.

Y aún estando ahí y estando consciente de que serían sus últimos momentos de vida, seguía temblando de miedo. Porque después de todo, él no quería morir. Sólo quería ser salvado.

Alguien caminaba cerca de ahí con su paraguas en manos. Ese chico se quedó viendo unos segundos a Todomatsu con curiosidad. La misma silueta que figuró Todomatsu momentos atrás.

Este chico al ver de espaldas a su amigo caminó con total calma. Debía confirmar que se trataba de Todomatsu. Pues aún teniendo el saco encima, lo reconocía a como sea. Aunque, se extrañó al verlo todo empapado a diestra y siniestra. Parecía no importarle, y el verlo ahí plantado frente a las vías del tren, le hizo preguntarse por qué no sólo cruzaba de una vez al otro lado, o sólo regresaba.

Pero, ya no le daría tantas vueltas.

Futsuumaru decidió acercarse a él. No era un escenario muy agradable, pero hacía mucho que no le hablaba y mucho menos que no lo veía.

El tren se acercaba.

Todomatsu metió su mano por el cuello de la camisa hasta su pecho, teniendo entre sus dedos el dije de la cadenita que le regaló Atsushi. Siempre la traía puesta... Incuso era irónico que aquel fuera una figura de un corazón roto. Como debía de ser, ¿no? O quizás algo así pensaba el destino.
Apretando el collar en su puño contra su pecho, no pudo evitar soltar una lágrima que se perdía junto al resto de agua que corría por su rostro.

Temía llorar de nuevo, porque sabía que una vez que comenzara no podría parar, pero ahí estaba de nuevo. Se llevaría consigo aquel sentimiento como el último de sus días.

Mirando por última vez la cadenita, lo guardó de nuevo. Se volvió a aferrar al abrigo. Estaba a tan solo tres pasos de las vías.

No tenía sentido seguir con su vida. No quería llevar el mismo ritmo de siempre y además de eso no podía. Temía dejar de respirar, dejar de sentir...
Pero de aquella manera podría liberarse de todo su sufrimiento. No tenía otra opción, o al menos fue lo único que se podía permitir pensar en ese momento. Tomó aire, y abrazándose a sí mismo, con su cuerpo trémulo, avanzó quedando al tope de las vías.

El ritmo de la lluvia aumentó, provocando que las pesadas gotas del agua helada calaran como cuchillos. Parecía como si se hubiese ido a nadar a un río y hubiese salido a caminar tal cual se encontraba.

Se quedó estático unos segundos. El tren venía, y cada vez se miraba menos pequeño. Mirando al cielo, suspiró. Sin importarle que las gotas de lluvia se clavaran despiadadamente en su fino rostro.

- Oye... ¡Todomatsu! - Futsuumaru reaccionó. No sabía exactamente qué estaba pasando, pero pareció comprender la situación poco después. No se veía bien en lo absoluto. A pasos apresurados se acercó teniendo cuidado con no resbalar por el concreto encharcado. - ¡Todomatsu! ¡Oye! ¡Todo...! - siguió intentado captar su atención, esperando que voltease, pero no lograba nada. Se detuvo. Al parecer no lo escucharía desde tal distancia, y en aquella situación, probablemente aunque lograra escucharlo sólo lo ignoraría. El muchacho de cabellos claros decidió acercarse más, y sin darse cuenta comenzó a correr. - ¡Oye!

Debía haber algo que pudiera hacer. Corrió tan rápido como pudo; cruzar los charcos sin mojarse era difícil, pero poco le importó. Aún sostenía el paraguas con una mano y con la otra se impulsaba a seguir corriendo.

- ¡Todomatsu! ¡Todomatsu! ¡Oye! ¡Voltea! - la verdad, nunca confirmó que se tratara de su amigo, pero una corazonada le dictaba que así era, y aunque no, ¿cómo no haría nada en una situación así, sea quien sea? - ¿¡Qué estás haciendo!? – por segundos creyó que no podría hacer nada, y por más que corría, el aguacero que ahora era una tormenta, parecía que no le dejaba avanzar. - ¡Todomatsu! ¡Muévete de ahí! ¡Escúchame!

Era inútil, jamás lo escucharía.

El ruido del agua que las nubes descargaban impactándose contra el suelo era feroz. Era estrepitosamente agobiante. Además, el sonido del tren aproximándose no lo dejaría escuchar nada a su alrededor y el claxon era inimaginablemente aturdidor.

No habría manera...

El tren venía a su máxima velocidad y debido a la neblina el conductor no podría verlo ni frenar antes de tiempo. No había tiempo de nada.

Estando a escasos metros de distancia, aún mirando hacia el cielo, Todomatsu siguió ahí plantado, sin intenciones de moverse.

La bocina del tren se escuchaba cada vez más cerca.

El tren estaba a punto de impactarse contra su cuerpo. Sabía que aunque fuese por un instante, sentiría dolor. Mucho dolor... Pero, creía que el dolor emocional era aún mayor que el dolor físico. Por ello estaba ahí parado, y estando consciente de que aquel era su último día de vida, no desistiría. Porque así lo eligió. Porque así debía de ser. Porque no había opción...

Inhaló y exhaló, queriendo aprovechar la dicha de poder respirar, aunque sea por una última vez.

En ese momento, se arrepintió de haber pensado días atrás: "Desearía que el sol jamás saliera", porque ahora lo que más quería era sentir la calidez de los rayos del sol en su rostro una vez más...

Se odiaba por no pensar lo suficiente en los demás. Se odiaba por no poder sonreír en el último momento. Su rostro estaba lleno de lágrimas, y haciendo un puchero no hacía más que lamentarse.

Las vías vibraban estrepitosamente, la tierra temblaba y el sonido de la lluvia se perdía a causa de la bocina del tren.

Cerró fuertemente los ojos, esperando desaparecer en aquel plano de existencia... Aún con la cabeza hacia arriba, se abrazó a sí mismo fuertemente, sabiendo que estaría muerto en unos segundos.

No pudo sonreír.

El tren ya estaba ahí.

Cuando el tren estaba a punto de arrollarlo, escuchó cómo alguien lo llamaba desde atrás. Una voz que era distorsionada entre su mar de emociones. Gritaba su nombre...

No tuvo tiempo de pensar nada más, cuando sintió una mano que lo sujetó violentamente del brazo y lo jaló hacia atrás, haciendo que cayera al pavimento.

El tren pasó velozmente frente a sus ojos.

Sus cabellos volaron alborotados por el viento del tren que pasó a toda velocidad a escasos centímetros de él.

"¿Eh?"

Se quedó estupefacto con la mirada clavada al piso, con los ojos muy abiertos. Y aún llorando, miró sus manos temblando.

- ¿Por qué...? ¿Cómo...?

- ¡Todomatsu! ¿¡Estás bien!? ¿Te lastimaste?

Ahora Futsuumaru también estaba empapado. Había soltado el paraguas algunos metros atrás.

- ¿Eh? - estaba totalmente desconcertado. No sabía cómo es que seguía ahí.

- ¡Dios mío! ¡No puede ser! ¿Cómo es que...? Todomatsu... - lo tomó de los hombros y aunque él también estaba tembloroso, le extendió una mano para ayudarlo a levantarse, pero en vista de que el más pequeño aún estando de pie no lo volteaba a ver, levantó el saco oscuro que traía encima, logrando verlo a los ojos. Sus enormes ojos llenos de lágrimas.

Todomatsu lo miró con miedo, pero al estar cara a cara con él, sus facciones se relajaron un poco.

- ¿Futsuumaru... kun?

- ¿"kun"? Sólo Futsuumaru - sonrió. Al parecer seguía desconcertado.

- ¿Qué...? - no pudo evitar volver a llorar. Ni siquiera pudo acabar la frase.

Futsuumaru lo abrazó mientras acariciaba fraternalmente su espalda. Era lo mejor que podía hacer.

- Ya, Todomatsu. Está bien... No preguntaré nada - lo abrazó fuertemente, y éste sintió cómo Todomatsu se aferró a su camisa por su espalda. - Está bien...

- Ugh... Futsuu... maru...

Se quedaron un momento así bajo la lluvia, hasta que el chico de cabellos rizados notó que éste ya no se quejaba tanto, se separó.

- Ven, Todomatsu. Si nos quedamos más tiempo aquí enfermaremos gravemente.

- No. Yo no... puedo...

Futsuumaru asintió ofreciéndole la mejor sonrisa que podía esbozar.

- Tranquilo, vayamos a mi casa, ¿te parece? Es lo menos que puedo hacer por ti... - dijo amistosamente, aunque muy preocupado.

- Pero...

- Vamos, tienes que secarte. Además debes de estar hambriento, no te preocupes. Puedo hacer algo para ti, quiero tenerte en casa.

Todomatsu se quedó viéndolo unos segundos y después desvió su mirada al suelo, sin saber qué hacer.

- Vamos - Futsuumaru tomó una de las heladas manos de Todomatsu. - Eres bienvenido en mi casa - sonrió una vez más.

Todomatsu entre lágrimas asintió.

Futsuumaru se apresuró y fue por el paraguas, que aunque ya estaban empapados, serviría para evitar más molestias.

El petricor estaba en el ambiente.

Caminaron rápidamente algunas cuadras sin intercambiar ni una sola palabra. Al llegar a la casa, se secaron bien antes de entrar. Futsuumaru obligó a Todomatsu a darse una ducha con agua caliente y después él hizo lo mismo.

Le prestó ropa que después dijo que podía quedarse, y le ofreció una taza de café, que más que ofrecerle, sólo se la llevó. Se sentaron en la sala, Todomatsu en la esquina del sofá que allí había, y Futsuumaru desde el otro extremo, con una taza de leche tibia.

Ninguno decía nada, pero Futsuumaru decidió tomar la iniciativa.

- Todomatsu... Sé que te dije que no preguntaría nada, pero quedarme callado me preocupa mucho.

Todomatsu levantó la vista de su café.

- No te... preocupes.

- Bueno, ¿cómo es que... llegaste ahí?

- ¿Eh?

- Ah, perdóname, fue una pregunta estúpida. Creo que no se puede explicar algo así - se rascó la nuca, nervioso.

- No te preocupes... Ni siquiera yo lo entiendo.

- Lo siento.

- Disculpa - tomó un sorbo de la bebida. - Siento haber causado tantos problemas...

- No, no. No digas eso. Para nada...

Todomatsu sólo asintió.

- Todomatsu, me alegra verte – siguió diciendo Futsuumaru -. Hace tiempo que no hablamos.

- Lo sé, a mí también... Futsuumaru.

- Aunque, de ser posible habría preferido no encontrarnos en esa situación... - dijo con una sonrisa triste.

- Yo... Yo no...

- Tranquilo. No quiero que te justifiques, pero, creo que deberías hablar con alguien, y si quieres, conmigo.

- ¿Puedo?

- ¡Adelante!

- Sólo... prométeme una cosa.

- ¿Hm? Bueno, ¿qué es?

- Por favor, no te burles de mí. Te lo ruego...

Futsuumaru vio cómo los ojos de Todomatsu se llenaban de una fina capa de lágrimas, por lo que sabía que no podría hacer nada más que escuchar. No perdía nada y deseaba de todo corazón ayudar a su amigo.

- Está bien, te lo prometo - asintió pacíficamente.

- ¿De verdad?

- Por supuesto - sonrió.

- Bueno... - confirmó que Futsuumaru lo estuviese escuchando y prosiguió. - Atsushi-kun y yo estamos saliendo...

- ¿Eh? De... ¿De verdad? - no se lo creía. - ¿Tú y Atsushi?

- Sí... Tú y él también son amigos, ¿verdad? - dijo tenuemente.

- Sí... ¡Qué sorpresa! ¡No puedo creerlo! - abrió muchos sus ojos color aceituna. - ¿En serio? ¿Desde cuándo?

Todomatsu se extrañó. ¿No diría nada malo?

- Este... Hace poco más de seis meses... Y, bueno... Eso tiene que ver con lo que... Lo que yo... Yo... Ugh...

Agachó su cabeza. Odiaba que su voz se quebrase de aquella manera. De nuevo sus manos comenzaron a helarse y sus piernas a temblar. No podía recordar todo aquello sin poder echarse a llorar.
Futsuumaru no dijo nada. El sonido seco de la lluvia llenaba aquel momento silencioso e incómodo. Y para Todomatsu el tan sólo recordar lo que había hecho minutos atrás era algo atormentador.

Sollozos, sollozos, y nada más que sollozos junto con la gélida lluvia.

Lloró con la cabeza hacia abajo, dejando caer sus lágrimas en su regazo. Futsuumaru se limitó a desviar la mirada y cerrar los ojos fuertemente, escuchando a su amigo y sintiéndose impotente.

- Soy un estúpido... Lo siento tanto... - sollozaba.

- Todomatsu - Futsuumaru dejó su taza vacía en la mesita de a un lado y se acercó al menor. - Escucha, sé que no todo está bien. Pero, si tienes que decir algo, hazlo por favor. No está bien que te guardes todo para ti mismo.

Todomatsu se secó las lágrimas.

- Lo sé... Lo siento, ya lo sé...

Futsuumaru lo miró tranquilo.

- Atsushi-kun y yo... no nos hemos estado llevando bien desde hace días. Creo que, semanas... Y me comencé a sentir solo. Además de... del rechazo de mi familia y la sociedad... Perdí mi trabajo, estoy solo todo el tiempo... - hizo una pausa. - Lo siento. Creo que, suena estúpido. No creo que lo entiendas, y estoy haciéndote perder el tiempo. Lo siento...

- ¿Eh? ¡Para nada! Todomatsu, yo no entiendo cómo te sientes, pero, ¿por qué no has intentado hablar con Atsushi? Él es un buen hombre, es un gran amigo. Siempre me ayuda cuando lo necesito y seguro hace lo mismo contigo.

- Él... No, no quiero. No puedo. Yo ya lo hice, pero...

- Todomatsu.

- ¿Eh?

- Todos, en serio. Todos deben estar preocupados por ti.

- Pero… - tragó saliva.

- Todomatsu, yo también estoy preocupado por ti. Cuando te vi de espaldas no pude evitar flaquear un poco, pero de verdad tenía miedo de que algo te pasara porque eres un gran amigo. ¡Seguro fue el peor susto que me he llevado en toda mi vida! Y puedes estar seguro de que no quiero otra vez lo mismo, para ti o para alguien más. No lo quiero...

- Futsuumaru...

- Todomatsu, Atsushi espera por ti. Tus hermanos también, y tus padres igual. Todos esperan por ti... No te vuelvas a rendir nunca por favor. No lo hagas. Porque, a pesar de lo malo que te suceda, al levantarte y ver la luz del sol cada día significa que puedes cambiar algo. Y así como tú necesitas de otros, los demás necesitan de ti. Todomatsu, vuelvo a decir, no sé cómo se han dado las cosas, pero no todo debería de estar perdido. ¿Aún puedes volver, no? Seguramente... Atsushi te aprecia así como tú a él, y en tu hogar también. Con tus padres y hermanos... ¿Acaso no había todos los días una cena deliciosa esperado por ti sobre la mesa? Hay personas que se preocupan por ti... Personas con las cuales puedes hablar, y aunque no siempre podemos entendernos lo mejor es mantener ese contacto. Sólo es difícil tratar de entendernos, pero podemos seguir intentado día con día. Y, si no puedes superar tus miedos, lo mejor sería aprender a vivir con ellos. ¿No te parece?

Una solitaria lágrima corrió por su mejilla. Y asintió lentamente.

- Lo siento...

- No, no te disculpes. No se trata de eso.

- Es que, yo...

- Está bien. Bueno, Todomatsu, ¿estás consciente de que lo que trataste de hacer fue algo muy grave, verdad? – le preguntaba Futsuumaru y el mencionado asintió, trémulo. El chico siguió hablando. - Bueno, no me gustaría que algo así se repitiera... Por Dios - hizo una pausa desviando la mirada de Todomatsu, clavándola en su regazo. - Todomatsu, cuando te vi realmente no creí que fueras tú, y al prestar más atención al ambiente a tu alrededor, no quería creer que realmente se trataba de ti. Lo siento, por no poder hacer mucho incluso ahora.

- Está bien... - dijo sin nada más que agregar.

- Y, bueno, lo siento. No puedo quedarme en silencio. Después de todo, hace tiempo que no nos vemos... - sonrió con nerviosismo.

- No te preocupes - asintió, aún entre las nubes.

- Este... Todomatsu, me... me gustaría que me contaras sobre ti. Tu situación.

- ¿Eh?

- Por favor, quiero ayudarte. Necesitamos hablar.

- ¿Qué? Cómo... ¿Cómo qué?

- Bueno, ¿por qué intentaste...?

- Ah, yo... - sorbió la nariz - ... no estaba pensando con claridad. Lo siento, han pasado muchas cosas - se limpió las lágrimas y sujetó tembloroso la taza de café. - Pero, está bien... - hablaba entrecortadamente, entre hipidos - Te diré.

- Está bien.

Todomatsu dio el último trago a su café, dejando la taza vacía. Pero no la apartó de sus manos.

- Hace casi medio año, conocí a Atsushi-kun en la cafetería... donde yo trabajaba. Es difícil explicar por qué, pero, yo... me enamoré de él - dijo tratando de concentrarse en mantener un ritmo en la conversación, que a pesar de seguir llorando, había logrado comenzar. - Y entonces, después de tiempo, por obra de algo que yo creo que fue destino, nos volvimos a encontrar. Pero yo no quería aceptar que él me llamaba la atención y fue cuando él lo dijo. Que estaba enamorado de mí, y desde luego, yo también, pero yo sabía que desencadenaría miles de problemas y me rehúse a decirle que yo sentía lo mismo. Hasta el final. Fue muy raro, y estúpido para muchos. Y aún no termino de entenderlo...

Futsuumaru observaba y escuchaba con atención.

- Pero, aquella noche le dije que no podía verlo nunca más y regresé a casa lo más rápido que pude, porque estaba muy asustado al sentir algo que nunca había sentido. Estaba muy asustado y... - más lágrimas salieron de sus ojos y al carraspear un poco prosiguió - yo quería volver a verlo, pero tenía miedo. Fue entonces cuando descubrí que tú y él se conocían por medios sociales. Aquella noche usándote como excusa, Atsushi-kun me contactó y me pidió que nos viéramos. Lo siento, pero yo estaba aliviado de que tú, Futsuumaru, estuvieras ahí. Pero al final sólo fuimos Atsushi-kun y yo, y... comenzamos a salir indirectamente. Pasaron semanas, meses... Hasta que se lo conté a mis padres, y ellos... me dijeron cosas horribles. Y mis hermanos, bueno, uno de ellos sabía sobre mí, pero no sabía qué podría pasar. Y ese se convirtió en un lugar al que ya no podía volver. Yo sólo quise refugiarme con Atsushi-kun, pero fue imposible... Nosotros peleamos por algo estúpido... - recordó el rostro lleno de furia de Atsushi y se arrepintió, por lo que decidió corregirse - No, no fue algo estúpido. En realidad peleamos por culpa mía... Y yo me quedé sin nada... – hubo más lágrimas solamente.

- Todomatsu...

- Por culpa mía, todo se echó a perder. Le hice las cosas difíciles a todos, y yo me sentí tan odiado por todos... Incluso ahora - se cubrió su rostro colorado, empapado por las lágrimas -, el mundo me estaba haciendo pagar algo que yo no pedí y me sentí el ser más repulsivo de todos. No había un lugar en el que quisiera estar, y pensé que si desaparecía a nadie le iba a importar... Fui un egoísta. Al recordar a Atsushi-kun dándome la espalda no pude ya sentirme peor, porque me dejé llevar por las exclamaciones de los demás... - ahogó un gemido de dolor entre dientes. - Perdí a mi familia por amar a Atsushi-kun, y cuando perdí el amor de Atsushi-kun, creí que lo había perdido todo...

Había silencio. El único sonido era el de la lluvia y los sollozos de Todomatsu.
Futsuumaru tragó saliva meditando lo que diría y poniendo una mano en el hombro de su amigo, lo obligó sin querer a mirarle a los ojos.

- Todomatsu, lo siento. No puedo decir que sé cómo te sientes y no puedo hacer mucho por ti, pero, tengo algo que decirte.

El mencionado levantó la vista, y mirando la dulce sonrisa de su amigo, quedó perplejo. Se dejó al descubierto, dejando de sentir vergüenza por su no tan agraciado rostro.

- Yo... - Futsuumaru decía suavemente - pase lo que pase, te ayudaré. Estaré de tu lado. Y si tu familia no te acepta como eres y sigues teniendo miedo, puedes estar seguro de que puedes volver conmigo, porque yo seré tu familia.

Todomatsu abrió mucho los ojos y se sonrojó un poco más.

- Gra... Gracias, Futsuumaru. De verdad, gracias... - dijo apenas en un susurro, con toda la sinceridad del mundo.

- Todomatsu, cuando a alguien de verdad le importa algo, no renuncia. Y a ti te importa mucho Atsushi, ¿verdad? Por favor, no vuelvas a caer - le sonrió y lo abrazó.

Todomatsu correspondió entre hipidos. Futsuumaru lo abrazó muy fuerte, sobando su espalda para tranquilizarlo, y el más pequeño asintió.

Se separó de él poco a poco tanteando que ya se haya tranquilizado un poco.

- ¡Ah! Lo olvidé - soltó un risita. - Todomatsu, quédate a cenar conmigo hoy. Debes estar hambriento...

- Bueno, sólo un poco - dijo con pena.

- Bien, haré algo rápido para los dos. Espera aquí por favor - sonrió, indicándole con un dedo.

- ¿Está bien?

- ¡Seguro! Puedes quedarte aquí mirando la televisión, siéntete como en tu casa, por favor.

Futsuumaru salió de la sala y se dirigió a la cocina. Después de algunos minutos Todomatsu llegó detrás de él.

- Futsuumaru, déjame ayudarte.

- ¿Eh? No hace falta - exclamó penoso.

- Vamos, es lo menos que puedo hacer, después de... tu ayuda - dijo, sólo así. Sin mirarle ni un poco.

- Muy bien - no se negó.

Cocinaron algo juntos, sin hablar; dejando retumbar el melifluo sonido de la lluvia.

Después, colocaron los platos con el omurice sobre la mesa y comenzaron a comer. El buen aroma de aquella comida calientita llenó el lugar.

Mientras comían Futsuumaru le contaba acerca de otras cosas que habían sucedido mientras no se veían, sin mencionar ni una sola vez a Atsushi. Compartiendo anécdotas, haciendo preguntas coloquiales y escuchando la lluvia con tranquilidad.

- Todomatsu, creo que Atsushi debería de saber que estás aquí.

- ¿Atsushi... kun?

- Permíteme llamarlo por mi celular. Le diré que te encuentras aquí, no puedes salir con esta lluvia.

- No. No, no... Futsuumaru, déjame quedarme contigo aquí, esta noche. Por favor, te lo pido...

- Todomatsu, no es posible. No quiero ser cruel, ni tampoco quiero intentar aparentar ser correcto, pero sabes que debe estar preocupado.

- Él no está en casa probablemente…

- ¿Ah, no?

- Seguramente debe de estar ocupado en su oficina... No deberíamos interrumpirle.

- De igual forma debe saber, Todomatsu. Preferiría que no estés solo, y aunque me siento muy bien teniéndote como compañía, prefiero que tú y él estén juntos lo antes posible. Un descuento en su salario no debería importarle si es que... ya sabe lo que ha sucedido.

- Creo que es verdad...

- Marcaré.

Todomatsu asintió y el teléfono comenzó a sonar.

Mientras todo aquello había pasado, al mismo tiempo Atsushi iba camino a casa. Comenzaría a llover.

Llegó a la casa tranquilamente sin avisar que ya estaba ahí. Se recostó un momento en el sofá. Se distrajo con el televisor así como leyendo el periódico. Quería olvidar cualquier asunto con el trabajo.

Al haber descansado unos minutos se dirigió al comedor, aflojándose la corbata en busca de algo para comer.

Al llegar notó algo inusual. Había una caja de almuerzo envuelta en una furoshiki y al lado suyo una nota.

Sin mucho cuidado la tomó y la leyó. Al leer las primeras líneas quedó helado.

"No me siento nada bien. Ahora me siento seguro con mi decisión, pero quizá estando al borde comience a temblar de terror. Gracias por estar conmigo, haber cargado conmigo, y siempre hablarme con la verdad. Perdón por ser tan egoísta, y no poder sonreír todo el tiempo. Perdón por morir antes que tú".

Se quedó estático. No se debía ser muy listo para darse cuenta que aquella era una nota de suicidio. Se maldijo al no haber ido inmediatamente al comedor. Quizá había pasado ya una hora desde que llegó...

Por instinto salió corriendo hacia el segundo piso, esperando que fuese una broma de mal gusto, porque eso deseaba. Teniendo miedo que al subir, pudiese ver los pies del pequeño colgando, o algo peor.

Pero nada de eso pasó. No había nadie.

Marcó con su celular a Todomatsu, porque, ¿a dónde lo iría a buscar?

Se escuchó el tono de un teléfono en el piso inferior.

Bajó lo más rápido posible, golpeando la pesada suela de sus zapatos contra las escaleras. El sonido provenía de la oficina.

Se metió a su oficina como de costumbre, imaginando que Todomatsu estaría ahí, aún sano y salvo. Al entrar notó que había algo sobre el escritorio que no era de él.
El teléfono de Todomatsu, sonando.

Se maldijo a sí mismo por no haberlo sospechado. Estaba desesperado. ¡Había dejado a propósito el celular!

- ¡Maldición! - le dio un golpe a la mesa con rabia y preocupación.

Comenzó a sentirse mareado y su ritmo cardíaco aumentó considerable. Estaba comenzado a hiperventilar de sólo imaginarse que no podría hacer nada, y sus trémulas piernas no le permitían moverse adecuadamente.

Justo cuando estaba a punto de salir a toda prisa de la casa una vez más, el celular en su bolsillo sonó.

Pensó en no contestar, pues estaba en medio de una emergencia, pero al pensar en cualquier posibilidad positiva o negativa, atendió la llamada sin saber quién era.

- ¿Hola? - contestó, tembloroso. Con la voz entrecortada.

- Hola, Atsushi. Cuanto tiempo, disculpa las molestias. Soy Futsuumaru.

- Ahora... ¡Ahora no tengo tiempo de...!

- Todomatsu está aquí conmigo, en mi casa. Está bien. No te preocupes...

- ¿Eh? - sentía que casi se echaría a llorar.

- Lo siento. De verdad lo siento, debiste pasar un mal rato. Debí llamar antes.

- ¿¡Todomatsu está bien!? ¿Está herido? ¿Qué le pasó? ¡Déjame escucharlo!

- Atsushi, él está bien. Relájate por favor...

- Futsuumaru, ¿cómo es que...?

- ¿Puedes venir ahora?

Atsushi tragó saliva, apretando los puños, sintiéndose un estúpido.

- ¡Voy enseguida!