Capítulo 25- Cumpleaños.
Una vez abierta la puerta, apenas asomó un poco la cabeza más allá del marco y fue de inmediato envuelto por unos brazos fuertes. Se quedó anonadado, sin soltar la chapa.
— ¡Feliz cumpleaños, Todomatsu! — dijo Osomatsu abrazándolo fuertemente.
— ¡Chicos, ya están aquí! — dijo sorprendido viendo al resto de sus hermanos por la espalda de su hermano mayor sin soltarse de aquel abrazo, siendo un poco apretujado. — Feliz cumpleaños — dijo sonriendo y acariciando la espalda de Osomatsu, viendo a sus demás hermanos.
El resto de los chicos se aproximaron más a la entrada de la casa y abrazaron todos juntos a Todomatsu. No había pasado demasiado desde la última vez que se habían visto, pero no estar los seis todos juntos aunque sea poco tiempo era doloroso. Se apretujaron entre todos.
— ¿Cómo llegaron después de todo? — preguntó Todomatsu entre risas.
— ¡Eso fue simple! — Osomatsu se encogió de hombros. — Bastaba con preguntarle a alguien por la dirección exacta.
— Y pedir un aventón — recalcó Ichimatsu.
— ¿Eh? — Todomatsu se sorprendió.
— ¡Ichimacchan! ¡Te dije que no le dijeras! — exclamó el primero.
Ichimatsu rió bajito.
— Eso explica el sonido del motor fuera de la casa — dijo Todomatsu poniendo un dedo en su mentón, como pensando en voz alta.
Todos lo miraron extrañados; no tenían idea.
De repente se escuchó cómo unos pasos provenientes desde adentro de la casa se aproximaban. Era Atsushi, viéndolos desde adentro con una ligera sonrisa y sus naturales ojos entrecerrados.
Los chicos lo vieron de frente y no dijeron nada. Todomatsu estaba de espaldas, por lo que al sentir el extraño ambiente entre sus hermanos se dio la vuelta y chocó la mirada con Atsushi también.
El único que reaccionó con gestos temblorosos y las mejillas coloradas fue Choromatsu, que apenas hizo una reverencia. Jyushimatsu por instinto alzó una mano y la movió de un lado a otro, saludándolo y sin desaparecer su casi permanente sonrisa. Atsushi sonrió e hizo una reverencia también, con gusto. Todomatsu asintió y se apresuró a romper con esa "tensión".
— Bueno, hermanos, pasen, adelante — Dijo, haciéndose a un lado para que los muchachos pudiesen pasar. Ninguno se movió.
— Es un placer de nuevo, muchachos — dijo Atsushi cordialmente. — Por favor, pasen. No se queden ahí — sonrió.
Ellos se quedaron un momento más ahí sin hacer nada y Atsushi no se hizo para atrás. Todomatsu les dirigió una mirada que instintivamente los incitaba a entrar rápidamente, sin titubear.
— ¡Bueno! Ya que estamos aquí, comencemos de una vez — exclamó Osomatsu entrando con los brazos levantados hacia atrás, juntando las manos en su nuca; a pasos largos y seguros.
— Con permiso — dijo Choromatsu tímida pero cordialmente mientras entraba, siguiendo al primero.
— ¡Vamos a entrar! — exclamó Jyushimatsu pasándose también, acariciando el cabello de Todomatsu a la vez que lo hacía.
— Nice place — atinó a decir Karamatsu con una sonrisa mientras entraba y observaba, sujetando el hombro del quinto hermano.
Ichimatsu entró después de sonreír a Todomatsu y asentir levemente al ver a Atsushi, como forma de saludo.
— Te imaginarás que hemos escuchado mucho de ti, ¿no? — decía un risueño Osomatsu aproximándose a Atsushi. — ¡Mucho gusto! Soy Osomatsu, el primer hijo de la familia Matsuno — le tendió la mano.
Se habían visto ya, pero para los sextillizos era muy necesario volver a presentarse formalmente; de eso habían discutido también en el camino.
— Mucho gusto, Osomatsu-kun — le dio la mano. — Soy Atsushi, un simple empresario; es un placer verte de nuevo — sonrió.
Se separaron de aquel fuerte apretón de manos.
— Ah, estos son mis hermanos — siguió diciendo Osomatsu, pasando como "anfitrión" —, Karamatsu, Choromatsu, Ichimatsu y Jyushimatsu — señaló a cada uno conforme mencionaba sus nombres.
Hicieron una reverencia y Atsushi estrechó las manos de cada uno.
— Bueno, adelante — dijo Atsushi avanzando hacia la cocina — Están en su casa.
Todomatsu le dio un empujoncito a sus hermanos para que entrasen con más confianza. En realidad el único que se veía tenso era Choromatsu, y sólo un poco Ichimatsu. Osomatsu entró a la cocina primero junto con Atsushi y dejó las bolsas que llevaba sobre la mesa. Estaban llenas de cerveza y papitas.
Atsushi les indicó que se sentaran en la mesa que estaba cerca del ventanal en la segunda planta, y subieron. Antes de sentarse Choromatsu se detuvo repentinamente; se quedó de pie, estático.
— Casi lo olvido — dijo el tercero volteándose a con Todomatsu. — Aquí tienes, feliz cumpleaños de nuevo. Ábrelo más tarde, ¿sí? — sonrió, tendiéndole una bolsa de cumpleaños. — En realidad no es mucho, es una pena, pero...
— Gracias, Choromatsu nii-san — le sonrió con las mejillas sonrojadas y tomó el regalo. Choromatsu le devolvió el gesto.
7:15 pm.
Todos se sentaron a la mesa, cerca del balcón y el ventanal. Las luces de la ciudad durante la noche se podían ver muy bien desde allí arriba, y el sereno no hacía daño alguno. Sin duda sería una buena noche.
— Bueno — dijo Atsushi —, ¿qué tal si bebemos un poco para empezar?
— ¡Buena idea, Atsushi-san! — lo elogió Jyushimatsu.
— Comencemos entonces — aceptó Karamatsu.
Osomatsu sacó varias de las latas de cerveza y las puso sobre la mesa. Se repartieron.
Todos tomaron una y la abrieron, y después tomaron un trago de cada una de sus latas con gusto.
— ¡Ah! ¡Está muy buena! — dijo Osomatsu con las mejillas coloradas.
— No está nada mal — opinó Atsushi. — Hacía tiempo que no bebía una cerveza tan buena — decía con una ligera sonrisa, dejando ver un leve sonrojo en su cara.
— Qué cosas dices, Atsushi-kun — Todomatsu rió.
— Creo que sabe mejor cuando tienes algo que picar — dijo Ichimatsu.
— ¿De qué hablas? Esto sabe muy bien así — exclamó Choromatsu.
— ¡Abran las papas! — Karamatsu dio unos golpecitos a la mesa.
— ¡Espera un poco más! — le dijo Todomatsu al segundo.
Atsushi reía.
Jyushimatsu tomó la bolsa de papas y la abrió.
— Podemos comenzar a comer un poco de esto — dijo el quinto con una sonrisa. — Adelante.
En ese momento cuando Todomatsu se disponía a sentarse junto a todos (porque él permanecía de pie), se escuchó el sonido de la puerta siendo tenuemente tocada.
— Ah, debe ser Futsuumaru-kun — dijo Atsushi como pensando en voz alta.
— ¿Eh? ¿Futsuu...maru? — dijo Osomatsu.
— El amigo de Todomatsu que iba a venir también — aclaró Ichimatsu.
Todomatsu bajó hasta la entrada y abrió la puerta. Vio a Futsuumaru con varias bolsas en las manos.
— ¡Lo siento, Todomatsu! — dijo rápidamente Futsuumaru haciendo una reverencia. — Tenía algo que hacer así que llegué algo tarde y...
— No, está bien. Pasa, no te preocupes — sonrió. Se hizo a un lado para que Futsuumaru entrase. — Atsushi-kun y mis hermanos están arriba, cerca del ventanal. Deja las cosas en la mesa — dijo amablemente.
— ¡Gracias! — se detuvo en el marco de la puerta antes de entrar por completo. — Ah, aquí tienes. Tu regalo de cumpleaños — sacó una caja de una de las bolsas y se la tendió.
Todomatsu la agarró con cuidado.
— Gracias, Futsuumaru — sus ojos brillaron.
Futsuumaru le dio un abrazo a Todomatsu y él correspondió. Después entró completamente a la casa y se encaminó a la segunda planta.
Todomatsu lo siguió con su regalo entre las manos, y lo observaba caminar tan tranquilamente por las escaleras.
— Futsuumaru...
— ¿Sí?
— ¿Habías venido ya a la casa de Atsushi-kun?
— Sí, unas cuantas veces. Fue tan sólo unos meses antes de que él te conociera, ha sido un tiempo ya — sonrió volteándolo a ver. — ¿Por qué?
— Creí que caminabas como si fuese tu casa — rió.
— No digas eso — reía también.
Llegaron cerca del ventanal; el balcón, y ahí estaban Atsushi y el resto de los Matsuno.
— Buenas noches — saludó Futsuumaru.
— ¡Hola! — saludó Jyushimatsu.
— Buenas noches — saludó el resto de los hermanos al unísono, cada uno con el tono característico de su voz.
— ¡Lo siento, chicos! — dijo Futsuumaru, como si los conociera desde hace tiempo. — No pude traer un regalo para cada uno, así que tendrán que compartir — sacó una caja llena de wagashi. — Y estas otras son para todos nosotros — le sonrió a Atsushi, poniendo las botellas de sake sobre la mesa.
— ¡No debiste haberte molestado tanto, Futsuumaru-san! — Dijo Jyushimatsu con una enorme sonrisa.
Los demás hermanos se quedaron sorprendidos. No es que Futsuumaru tuviese mucho dinero, pero incluso él había llevado algo, y ellos...
— No te preocupes, estamos agradecidos contigo, Fustuumaru-san — dijo rápidamente Choromatsu.
— Con que sólo me digan Futsuumaru está bien — sonrió el mencionado.
— ¿No tuviste algún inconveniente? — se sumó Atsushi. — Ven, siéntate — le señaló un lugar, sonriendo sutilmente.
Futsuumaru se sentó en medio de los hermanos y Todomatsu puso su regalo en otra mesita para sentarse también.
— Bueno, Futsuumaru-kun… ¿Sabías de nosotros, no es así? ¿Por qué no habías ido a nuestra casa antes? — preguntó Osomatsu.
— ¡Osomatsu nii-san! — Todomatsu le llamó la atención.
A Futsuumaru no le incomodó.
— Nunca me puse a pensar en eso. ¿Por qué ustedes no salían con Todomatsu y conmigo? — Futsuumaru respondió con una sonrisa.
— ¡Eso es porque nuestro hermanito no habla de él! Es decir, de ti. O, no hablaba — contestó Osomatsu.
— Ya veo — asintió soltándose una risita. — Por cierto, me pregunto quién es quién, entre ustedes. A pesar de ser idénticos a Todomatsu sólo puedo saber que Todomatsu es Todomatsu — rió. — ¿Tú eres...?
— ¡Soy Osomatsu! Y ellos son Karamatsu, Choromatsu, Ichimatsu y Jyushimatsu — volvió a decir, señalando a cada uno.
— Nos sabrás reconocer pronto — afirmó Ichimatsu.
— ¡No es muy difícil, boy! Claro, sabiendo que hay un océano y mundo muy distintos dentro de cada uno de nosotros — exclamó Karamatsu.
Ichimatsu hizo un gesto de repulsión ante el comentario del segundo.
— Es verdad — añadió Atsushi. — Al principio no se pueden diferenciar muy fácil, ¿cierto? Pero a pesar de tener la misma cara, todos son muy distintos en el interior — sonrió. — Me tomó algo de tiempo.
— Ah, es cierto. Lo hiciste, ¿verdad? — Osomatsu frotó su nariz. — Nos mirabas distinto a todos, eso está bien.
Rieron.
— ¡Ah, traje algo de sake! Supongo que ya lo vieron. ¿Qué les parece si bebemos un poco? — dijo Futsuumaru. — ¿Está bien, Atsushi?
— Por supuesto, no veo por qué no.
— Bueno — dijo Futsuumaru con mucha confianza —, serviré un poco. ¿Beberán todos?
Futsuumaru intentó levantarse para alcanzar unas copas, pero enseguida Atsushi las arrimó a la mesa.
Antes de que alguno pudiera contestar, Atsushi comentó:
— Ah, lo olvidé — dijo con una ligera sonrisa —, yo también conseguí algo — Atsushi se levantó y se dirigió a la barra que estaba en la cocina. Sacó unas botellas finas de vino tinto y volvió a la mesa junto al ventanal. — Tal vez es demasiado ahora que todos hemos traído algo, pero, por favor beban todo lo que quieran, adelante.
— Cerveza, sake y vino. Me pregunto si podré con todo — dijo Jyushimatsu con una sonrisa más grande de lo normal.
— ¡Imposible! — Choromatsu le dijo al quinto abriendo mucho los ojos.
— ¡Gracias, Atsushi-san! — dijo Karamatsu. — Será un privilegio for us.
Ichimatsu se dio un manotazo en el rostro, frunciendo el ceño.
Todomatsu ayudó a Futsuumaru a servir las copas.
— Ah, chicos. ¿Cuántos años están cumpliendo? — preguntó Futsuumaru.
— Veintiuno — contestaron los sextillizos al unísono.
— ¿Eh? ¡Se ven muy bien!
Las copas estaban en frente de cada quien. No todos bebían vino. Osomatsu e Ichimatsu siguieron bebiendo cerveza. Atsushi, Karamatsu y Jyushimatsu probaron el vino gustosos. Todomatsu y Futsuumaru bebieron sake.
Futsuumaru puso los wagashi en medio de la mesa y por supuesto todos comieron. También de las papitas que habían llevado, entre otras cosas para picar que Atsushi compró. Se sentían extraños estando allí todos juntos, no sabían de qué o cómo hablar.
— Me gusta tu casa, Atsushi-san — soltó Jyushimatsu, viendo cada rincón del lugar con una sonrisa.
— Muchas gracias, siéntete cómodo — le digo Atsushi viéndolo con su expresión amigable.
Osomatsu le tomó un gran trago a su cerveza y sonrió.
— ¡Oye, Atsushi! Entiendo que no te hayas podido pasar por nuestra casa pero pudiste habernos dicho dónde quedar, ¿no? — rió Osomatsu.
Ichimatsu lo miró de reojo.
— No le digas esas cosas... — le reprochó Choromatsu.
— Es verdad — dijo Atsushi respondiendo hábilmente —, pero supuse que sería un problema si alguien los veía conmigo en el auto.
Osomatsu mostró una de sus sonrisas pícaras a modo de respuesta y bebió de nuevo a su cerveza.
— Ah, como sea, Atsushi-san. Gracias por cuidar de nuestro hermanito — dijo Karamatsu. — Estamos agradecidos por eso y queríamos que lo supieras.
— Ah, sí — se unió Choromatsu. — Cualquier cosa que te haya molestado de nosotros, discúlpanos — agachó la cabeza levemente. — No pensamos siempre de manera clara.
— No se preocupen por eso, son cosas que ya pasaron — dijo Atsushi. — No deberían de vivir con ese peso, no hay nada malo que yo piense de ustedes — sonrió. — Y hablo para todos, claro.
Se quedaron viéndole.
— Pues, gracias — dijeron al unísono los seis. Hasta Todomatsu esta vez.
— ¡Wah! ¡Qué raro! Hasta hablan al mismo tiempo y todo — dijo Futsuumaru muy sorprendido entre risas. — No me dijiste nada de eso, Todomatsu.
— No, no te dije nada.
Todos rieron. Futsuumaru se sentía cómodo a pesar de que no había tratado con todos los chicos y mucho menos juntos.
— Ah, este... Atsushi-kun — dijo Todomatsu, acordándose de algo.
— Sí, dime.
Futsuumaru y los cinco chicos los miraban muy atentos. Tal vez era porque no se explicaban cómo fue que ellos terminaron juntos. Les daba mucha curiosidad. Eran algo distintos, pero no hacían un mal dúo.
— Bueno — siguió diciendo, — ¿no te parece genial que estemos aquí para hablar, finalmente todos juntos? — sonrió.
— Ah, tienes razón — dijo Atsushi asintiéndo. Se irguió y carraspeó; todos lo miraron curiosos.
— Ahora que lo dicen, también queremos hablar de algo — intervino Karamatsu refiriéndose a él y los otros cuatro chicos, como hermanos.
— Hagámoslo de una vez — dijo Choromatsu.
— ¿Para dónde van? — Osomatsu dijo entre dientes, haciendo referencia a la conversación.
Jyushimatsu recargó sus manos en sus mejillas, poniendo los codos sobre la mesa y prestando atención. Futsuumaru tomó un trago de sake.
Todomatsu respiró hondo.
— Ya se sabe desde hace mucho, pero... — decía Todomatsu con un sonrojo —, Atsushi-kun y yo somos pareja. Y pues... bueno, es reconfortante que ustedes puedan saberlo y lo apoyen. Estoy — se corrigió —; estamos agradecidos con ustedes.
Al terminar de decir aquello, todos quedaron en silencio sin saber qué decir. Ichimatsu se sonrojó levemente y todos se miraron entre ellos con una sonrisa.
— No es algo que se deba agradecer — dijo Futsuumaru casi para él mismo con una expresión tranquila.
Todomatsu y Atsushi sonrieron.
— ¿Y? — preguntó Osomatsu esperando algo más por parte del menor. — ¿Volverás a casa?
Karamatsu lo miró de reojo con curiosidad, algo asombrado. Aunque era extraño (realmente raro), Jyushimatsu frunció el entrecejo como si algo le hubiera molestado, aun con sus manos en sus mejillas.
— ¿Eh? — Todomatsu sonrió apenas de manera nerviosa.
— Po... ¿Por qué le dices eso? — habló Choromatsu tartamudeando un poco. Posó una de sus manos en una de las piernas de Osomatsu para captar más su atención. — Él se encuentra bien con Atsushi-san aquí, ¿no lo ves?
— Agh, no quise decir eso... — corrigió Osomatsu.
— No te preocupes. Creo que es normal que quieras tener a tu pequeño hermano en casa — dijo Atsushi. — No podría cuidar de él tan bien como tú, después de todo.
— Totty es el más pequeño, pero somos de la misma edad — exclamó Jyushimatsu entre risas, naturales en él.
Ichimatsu se quedó atento al ambiente.
— Me preguntaba si pensabas darte con que sea una vuelta por la casa — aclaró Osomatsu en seco. — No hace falta que regreses para quedarte si no quieres, después de todo — dijo. Miró tranquilamente a Atsushi casi como si lo retara, no sin antes dirigir una rápida pero ligera mirada de fastidio a Choromatsu. Estaba harto de que lo corrigiera.
Osomatsu sin voltear a ver quiso agarrar su cerveza de la mesa, pero su mano chocó con la copa de vino de Karamatsu y la derramó sobre la alfombra. Todomatsu se sobó la sien con un poco de molestia.
— Oh — Futsuumaru apenas y se preocupó.
— No puede ser — balbuceó Ichimatsu aparentando indiferencia.
Jyushimatsu se rió y Choromatsu cubrió su rostro con una de sus manos, frunciendo el ceño y cerrando sus ojos. Karamatau miró con tristeza su vino derramado.
— Ah... Lo siento — dijo Osomatsu en un tono bajo, haciendo una mueca.
Nadie habló, y la música que Todomatsu había puesto anteriormente en una pequeña bocina se siguió escuchando.
— No te preocupes — dijo Atsushi tranquilamente sin borrar su sonrisa. — Si la mancha no sale basta con cambiar la alfombra, nada que no se arregle.
— Eh, está bien — asintió Osomatsu. Hubo un momento de silencio.
— Sabes que no puedo volver. Ni siquiera para saludar — dijo Todomatsu de repente, cavilando.
— ¿Cómo que no? — dijo Karamatsu. — Claro que puedes, Totty...
— ¿Qué dicen papá y mamá? — preguntó el mencionado.
— Bueno, ellos no han cambiado de parecer pero... — trató de intervenir Choromatsu.
— No iré — aclaró Todomatsu.
En vista de que Todomatsu no accedería, Ichimatsu decidió esta vez tratar él con Atsushi.
— Atsushi-san — habló el cuarto con su natural voz apagada y ronca —, eres bienvenido en casa por parte de nosotros, pero sabes cómo son los padres... Nos hubiera gustado cenar junto a ti en nuestra mesa, y en nuestra casa.
Atsushi sonrió de corazón al escucharlo.
— Entiendo, no tienen por qué lamentarse ante eso — dijo el mayor. Después su sonrisa se borró de su rostro lentamente. — También pasé por algo así — dijo casi en un susurro.
— Y bueno, quería... — dijo Ichimatsu, pero fue interrumpido.
— ¡Queríamos que lo supieras! — continuó Jyushimatsu.
— Gracias, chicos — exhaló Atsushi.
— ¡Y por supuesto saben que yo estoy con ustedes! — exclamó Futsuumaru. — ¡Ahora brindemos porque estamos celebrando un cumpleaños y porque estamos todos aquí juntos! — alzó su mano, sujetando su sake.
— ¡Porque estamos todos juntos! — dijo Jyushimatsu alzando su copa de vino, sujetándola de manera extraña.
Todos levantaron sus bebidas; también Karamatsu, que ya tenía una nueva copa con vino que Todomatsu le sirvió.
— ¡Salud! — vocalizaron todos al unísono.
Brindaron y bebieron.
Discretamente (sólo un poco) Choromatsu puso algunas toallas de papel sobre la mancha en la alfombra, tratando inútilmente de secarla. Atsushi se dio cuenta de esto y soltó una risita casi inaudible.
— Ah, este... Nunca habíamos hablado de nada sobre su relación, todos juntos — dijo Osomatsu refiriéndose a Atsushi y a Todomatsu —, pero hay que dejarlo como una especie de "caso cerrado". Hace meses las cosas estuvieron sombrías. Ya saben…
Todomatsu asintió.
— No sé si lo hacen o no, pero no se escondan — apenas se escuchó decir de Ichimatsu.
— Me tranquiliza realmente que todos lo digan — declaró Atsushi. Le dirigió una mirada especial a Futsuumaru, ya que eran amigos desde hace ya bastante tiempo.
En realidad a todos les alegraba que Todomatsu por lo menos se haya enamorado de un muchacho de sangre azul. Era quizás sólo por la necesidad de los sextillizos de salir de lo más bajo del estatus social que poseían.
En parte era eso; y también estaban felices por su hermano.
Pasó un poco más de rato y Todomatsu les salió a todos con la sorpresa de que había comprado un pastel de cumpleaños para celebrarse, a él y a sus hermanos. Lo pusieron en medio de la mesa y prendieron las velas que colocaron encima, no precisamente de un número exacto.
Cantaron la canción de cumpleaños todos juntos y después de pedir un deseo, soplaron y apagaron las pequeñas llamas. Hubo aplausos, principalmente por parte de Atsushi y Futsuumaru.
El pastel se partió y todos comieron su parte. De rato, después de seguir hablando y bebiendo como si no hubiera un mañana, les dio algo de hambre.
— Osomatsu nii-san, ¿y la comida? — preguntó Todomatsu inocentemente.
— ¿Comida? — respondió el mencionado. — ¿Qué comida?
— Teníamos un acuerdo. Ustedes vendrían, y también traerían la co...
— ¡Fue imposible! — interrumpió de nuevo Jyushimatsu moviendo extrañamente sus manos. — Pasa que no teníamos dinero, no encontramos nada aceptable y se nos fue el tiempo.
Y nadie dijo nada, porque era la verdad.
— Ah, sobre eso... — Choromatsu intentó enmendar el problema, sin resultados. — Nosotros...
— No hay nada ahora. Les dije que no era buena idea venir nomas así — opinó Ichimatsu.
— Podríamos ir con Chibita — sugirió Karamatsu.
Nadie lo escuchó.
— Ay, Totty — dijo Futsuumaru pensativo. — Pudiste habérmelo dicho a mí y yo habría preparado algo para todos nosotros.
— Bueno, nadie se culpe — dijo Atsushi. — Nadie pensó muy bien en eso, ni siquiera yo pude comprar algo más. Solamente el vino...
Ya no había bebida y estaban hambrientos.
— ¿Entonces? — casi susurró Todomatsu.
— Hmm. Podríamos ir rápidamente a comprar algo de comer — sugirió Choromatsu. — O comprar ingredientes para cocinar algo todos aquí, quizá.
— ¡Sólo consigan más vino! — exclamó Jyushimatsu con una enorme sonrisa.
— Eso sí puedo hacerlo por ti — le respondió Atsushi a Jyushimatsu sonriendo también.
— Ah… También tengo hambre — Futsuumaru se recargó en Jyushimatsu.
Jyushimatsu rió e hizo lo mismo.
— Qué hambre — susurró Ichimatsu.
— ¡Ah! ¡Ya sé! — exclamó Osomatsu de repente.
— ¿Hmm? — captó la atención de todos, que lo cuestionaron al unísono de manera gutural.
— ¿Qué, Osomatsu? — le preguntó Choromatsu.
— ¿Y si vamos con Chibita? — dijo el primero.
— ¡Oh, buena idea! — exclamó Todomatsu.
— Hmm, no está mal — reconoció Choromatsu.
Karamatsu no dijo nada.
— Pero — interrumpió Jyushimatsu —, no trajimos dinero, ¿o sí?
— Ah, este... — Osomatsu intentó hallar una solución.
Choromatsu le dirigió una mirada asesina al primero.
— Bueno, no se preocupen por eso. Si se trata del dinero o por cualquier otra causa, yo me haré cargo, ¿bien? — Atsushi esbozó una sonrisa. — Vayamos afuera y vamos a ese lugar — dijo levantándose.
Ninguno se movió a primer instante.
— ¡Ya vamos, tengo hambre! — dijo Futsuumaru siguiéndole.
Jyushimatsu rió ante el comentario de éste último y al haber estado recargado en él, se levantó también. Todos hicieron lo mismo. Todomatsu fue el último en salir.
Estando parados frente al automóvil, se preguntaban cómo demonios cabrían todos en un coche de tamaño promedio. No había suficientes opciones.
— Ni modo — dijo Todomatsu. — Tendrán que apretujarse para entrar, porque yo iré en el asiento del copiloto — terminó la frase con un tono y una sonrisa burlona.
— ¡Ah, no es justo! — decía Futsuumaru.
Atsushi miraba detenidamente el auto, tratando de asimilar que se irían los ocho ahí.
— ¡Sólo métanse y no se quejen! — exclamó Ichimatsu, tomando a Karamatsu fuertemente de un brazo y lanzándolo al interior del vehículo. — ¡Y ustedes también! — señaló al resto.
Al final, quien sabe cómo, se metieron. Atsushi conducía, Todomatsu iba en el asiento del copiloto como dijo, y los demás...
En la parte de atrás, más torcidos que nada.
— ¡Quítame el pie de la cara! — se quejó Choromatsu.
— Perdón, Choromatsu nii-san — se disculpó Jyushimatsu.
— ¡Me están aplastando!
— Y te aplastaremos más si no te callas, Karamatsu — respondió Osomatsu.
— Creo que si la puerta se abre rodaré en la autopista — dijo Ichimatsu.
— ¿Por qué tienen que ser tantos? — comentó Futsuumaru. — Como sea, ¡aguanten un poco más, chicos!
— ¡Tú no dices nada porque estás arriba de nosotros! — dijeron los cinco hermanos al unísono.
— Wah, qué miedo — exclamó el chico de cabellos claros y rizados.
Todomatsu apretaba los ojos fuertemente. Gracias a que Futsuumaru estaba con sus hermanos no se sentía muy avergonzado.
Mientras tanto, Atsushi se aguantaba la risa lo mejor que podía. Trataba de concentrarse en mantener la vista fija en la carretera. No supo cómo fue que terminaron así, pero le hacía mucha gracia. Sentía como si fuese parte de una familia cariñosa por primera vez.
[ ... ]
Todomatsu le fue indicando el lugar y finalmente llegaron. Se bajaron todos del carro y se desentumieron.
— ¡Ah, Chibita! — levantó la mano Osomatsu, saludando al chico de baja estatura desde lejos.
Todos se acercaron.
— ¡Maldita sea! — exclamó Chibita al tenerlos ya de frente. — ¿Por qué no habían venido? Me tienen muy abandonado por aquí desde hace tiempo. — se giró y miró a Todomatsu entre los chicos de rostros iguales. — ¡Ah, Todomatsu! Demonios, ha pasado mucho tiempo — sonrió.
— Hola, Chibita. Lo sé, desearía haber venido un poco más seguido — contestó el menor.
La sonrisa de Chibita se borró al ver a los otros dos chicos que acompañaban a los sextillizos.
— ¿Y ellos...? — preguntó.
— ¡Oh, hola! — reaccionó. — Soy Futsuumaru, mucho gusto. Soy amigo de Totty — saludó con su mano algo apenado, debido a que la manera de hablar de Chibita le intimidaba un poco.
— Encantado, soy Atsushi — dijo haciendo una muy leve reverencia incorporándose de manera rápida con su expresión tranquila. Le tendió la mano.
— ¿Eh? ¿Atsushi? — dijo Chibita casi en un susurro. — ¿Ese Atsushi?
— ¿Eh? — el mencionando ladeó un poco la cabeza.
Chibita recordaba que con anterioridad Osomatsu y los otros le habían contado algo sobre el tal "Atsushi". Y le habían dicho que era la razón del abandono de Todomatsu al barrio; que era su pareja. Por supuesto se lo tomó con calma, y asintió varias veces al recordarlo para sí mismo.
— ¡Oh, maldición! Un placer — estrechó la mano del chico. — Estos tipos me han contado varias cosas sobre ti.
Todomatsu se sorprendió. Entendió que sus hermanos ya le habían contado a Chibita sobre su relación y pudo relajarse un poco.
— Ya veo — dijo Atsushi tranquilamente.
— ¡Pero vamos, siéntense! — suplicó Chibita. — ¡Adelante!
Y así fue. Todos se sentaron frente a Chibita ahí en su puesto de comida, que estaba cocinando el oden. Les sirvió su comida.
— Luce todo muy rico. ¡Buen provecho! — dijo Futsuumaru y comió. — Ah, ¡está extremadamente bueno!
— Pues claro, idiota. ¡Mi oden es el mejor del mundo!
— Me consta — afirmó Atsushi tras probarlo también.
Chibita sonrío exitoso.
— ¿Y qué los trae a todos por acá? — preguntó.
— Verás Chibita — dijo Karamatsu de manera cool —, hoy es nuestro cumpleaños número veintiuno.
— ¡Oh, felicitaciones, maldita sea!
— Gracias — dijeron al unísono con las mejillas rojas.
Futsuumaru no hacía más que morir de risa internamente por la manera de hablar de Chibita.
— Y nosotros somos su compañía — aclaró Atsushi.
Pasaron el rato. Siguieron comiendo, conversado y divirtiéndose.
— Por favor, coman todo lo que quieran. La cuenta la pagaré yo — les recordó Atsushi.
— ¡Gracias, hombre! — exclamó Osomatsu.
"Al final te saliste con la tuya, ¿no, Osomatsu? Maldito tacaño", pensó Choromatsu.
Con respecto al hecho de que Atsushi y Todomatsu se aparecieron juntos de repente, Chibita no dijo nada para no incomodar, aunque tenía ganas de hacerlo. Pero no lo hizo, después de todo, los Matsuno ya le habían contado bastante.
— Me tuvieron abandonado un tiempo — comentó Chibita. — ¡Solamente Karamatsu ha estado viniendo más a menudo!
— Eso es because you're my best friend, Chibita — dijo Karamatsu.
Ichimatsu puso los ojos en blanco. Chibita hizo un gesto de repulsión y después se resignó con una sonrisa de lado.
Aunque ya habían bebido en la casa, también pidieron algo de cerveza estando ahí. Botella tras botella.
Choromatsu, Ichimatsu y Todomatsu ya no pidieron nada.
Era bastante tarde ya.
11:30 pm.
Todos se pusieron de pie después de un muy buen rato; estaban muy satisfechos.
— Bueno, Chibita-kun — decía Atsushi —, gracias por recibirnos. La comida estuvo muy deliciosa, déjame decirte, ¿eh?
— ¡Gracias, vuelve pronto, maldición!
—Esto es por lo de todos — sacó algunos billetes de su cartera y los dejó sobre el pequeño mostrador. — Y esto es para ti — Atsushi dejó una cantidad extra a un lado. — Gracias de nuevo — sonrió.
Chibita lo miró atónito. Estaba algo acostumbrado a que los sextillizos fuesen a comer ahí y se fueran sin pagar, así que ese gesto lo tomó por sorpresa, y además... ¿propina?
— ¡Me gustaría volver! — exclamó Futsuumaru.
Los hermanos se despidieron y todos subieron al coche.
— ¡Demonios! — gritaba Chibita al borde de las lágrimas tras recibir bastante dinero. — ¡Vuelvan pronto, imbéciles! ¡Feliz cumpleaños!
Atsushi se despidió meneando su mano con una sonrisa, al igual que Futsuumaru y Todomatsu, y comenzó a conducir.
Después de comer, Atsushi se dirigió a la misma tienda lujosa de antes para comprar más vino que obsequiaría a Jyushimatsu. Una vez dentro del coche de nuevo, se lo dio y agradeció.
Cuando llegaron a la casa entraron de nuevo a la sala y hablaron un ratito más. Se sentaron a ver algo de televisión, lejos del ventanal. Comenzó a hacer frío.
— ¡Yo digo que ya deberías abrir tu regalo, Totty! — dijo Jyushimatsu.
— ¿Ahora? — preguntó el mencionado.
— Sí, hemos esperado bastante — dijo Karamatsu.
12:00 am.
— Aunque — dijo Choromatsu tímidamente — no es la gran cosa. Así que...
Futsuumaru estaba acostado en uno de los sillones de la sala boca arriba con la cabeza un poco ladeada hacia atrás, recargada en el porta brazos. Moría de sueño y estaba muy lleno.
Jyushimatsu siguió bebiendo vino, sus mejillas estaban rojas.
— Y también abre mi regalo — dijo Futsuumaru. — Ah, lo siento, chicos. El sake será su regalo, ¿sí?
Los Matsuno lo miraron resignados, aunque con una sonrisa burlona.
— Bien, lo haré — dijo Todomatsu.
— Iré por los obsequios — se ofreció Atsushi.
— No, está bien. Gracias, lo haré yo, Atsushi-kun — contestó el menor.
Atsushi aceptó y se sentó de nuevo.
En seguida Todomatsu volvió con la bolsa de cumpleaños y otra cajita.
— Vamos, Totty — dijo Ichimatsu desviando su mirada del televisor. — Ábrelos.
— ¡A eso voy! — respondió riendo.
Todos le prestaron atención.
Primero abrió la bolsa que sus hermanos le dieron, ya que se la habían entregado primero. Con cuidado metió la mano y sacó un sencillo pero bonito sombrero color crema con un listón color rosa alrededor de él. Sonrió al verlo.
Choromatsu estaba avergonzado de semejante regalo tan simple, aunque ninguno de los otros pensaba nada al respecto.
— ¡Gracias, está muy bonito! — dijo con brillo en sus ojos.
— ¿De verdad te gustó? — preguntó Osomatsu.
— Sí — contestó Todomatsu con las mejillas rosadas y una sonrisa.
Todos sonrieron satisfechos. Choromatsu dio un respiro de alivio.
Después tomó el regalo de Futsuumaru y lo abrió también. Resultó ser un pequeño reloj plateado de muñeca; lucía algo caro y era elegante. Muy bonito.
— ¡Ay, qué bonito! — exclamó Todomatsu.
— ¿De veras? — preguntó el chico de cabellos rizados.
— ¡Sí, gracias! — dijo.
Atsushi dio unos pequeños aplausos.
Osomatsu, Karamatsu, Choromatsu, Ichimatsu y Jyushimatsu voltearon a ver a Futsuumaru de una manera extraña, debido a que se sintieron repentinamente "opacados" por el obsequio de éste.
— ¿Qué? — dijo Futsuumaru abriendo mucho los ojos al percibir las cinco miradas iguales y aterradoras, sintiendo nervios. — ¿Me lucí?
— ¡Le echas más leña al fuego! — exclamó Jyushimatsu meneando la cabeza y las mangas.
Atsushi rió, y al verlo Todomatsu se empezó a reír también. Esto provocó una sonrisa en los demás.
— ¡Qué noche! — Karamatsu se estiró. — He estado muy a gusto.
— Igual yo — le siguió Choromatsu.
— Yo estoy muy lleno — dijo Futsuumaru. — Pero la comida estaba rica.
12:30 am.
Ya era muy tarde. Sólo pasaron un rato más juntos.
— Atsushi-san, ya es algo tarde. Debemos irnos ya, gracias por invitarnos — dijo Choromatsu poniéndose de pie. — Un gusto de nuevo — le tendió la mano.
— El gusto es mío — Atsushi correspondió al apretón de manos.
— Nos veremos después, ¿de acuerdo? — le dijo Osomatsu a Atsushi dándole una palmada en la espalda.
Atsushi se extrañó ante ese acto.
— Seguro, pronto — contestó Atsushi con una confiada sonrisa.
— ¡Bye, bye, Atsushi-san! — se despidió Jyushimatsu. — ¡Gracias por el vino! — dijo llevándose lo que quedaba en las botellas.
— ¡Adiós, our wealthy guy! — Karamatsu hizo un ademán de despedida.
Ichimatsu no se despidió.
— Adiós, chicos — Atsushi los acompañó hasta la puerta.
— ¿Mhm? ¿Qué hay de ti? — preguntó Choromatsu a Futsuumaru.
— Creo que me quedaré aquí un rato más — contestó el cuestionado.
— De acuerdo, buenas noches. Nos vemos después — sonrió y le dio la mano.
Futsuumaru estrechó la pálida mano de Choromatsu.
— ¡Claro! ¿Eres...?
— Choromatsu.
— Nos vemos después, Choromatsu-kun — Futsuumaru reafirmó con una sonrisa.
— ¿Quieren que los lleve a su casa? — preguntó Atsushi.
— Nos gustaría, hombre, pero traería algunos problemillas — respondió Osomatsu. — En todo caso, gracias — sonrió y frotó su nariz con su dedo.
— Bueno — Atsushi aceptó encogiéndose de hombros.
— ¡Adiós, Totty! ¡Adiós, Futsuumaru-kun! — se despidieron todos al unísono.
Los chicos salieron de la casa y buscaron algún taxi que los llevase a la estación. Tomarían el tren nocturno.
Una vez estando sólo Atsushi, Todomatsu y Futsuumaru, volvieron a la sala.
— ¡Wah, todo fue divertido! — decía Todomatsu.
— Así es — decía Atsushi —, Totty — terminó la frase de manera burlona.
— At... ¡Atsushi-kun! — Todomatsu rió y se sonrojó.
Hubo un ratito de silencio.
— Ah, Futsuumaru-kun, estaba pensándolo. ¿Por qué no te quedas aquí esta noche? Vives algo lejos después de todo — sugirió Atsushi.
— ¿Está bien?
— Sí, hay demasiado espacio — dijo.
Futsuumaru lo pensó un momento y después asintió.
— De acuerdo, no suena mal — sonrió. — Me quedaré.
— ¡Muy bien! — Todomatsu dio un salto. — Será como una pijamada.
Atsushi sonrió.
En ese instante, se escuchó a la puerta siendo golpeada tenuemente por golpecitos consecutivos.
Todomatsu, Atsushi y Futsuumaru se preguntaban qué pasaba.
— ¿Volvieron? — preguntó Atsushi.
— Qué raro — casi susurró Futsuumaru.
— Yo iré a ver, seguro se les olvidó algo — dijo Todomatsu.
— Aunque ya tiene un ratito que se fueron — comentó Futsuumaru.
Todomatsu se dirigió a la puerta de la entrada, en el recibidor. Los golpes en la puerta habían cesado en cuanto se acercó; seguro que lo escucharon caminar. Tomó con cuidado el picaporte y abrió la puerta. Se sorprendió un poco.
— ¿Ichimatsu nii-san?
— Hola de nuevo, Todomatsu — dijo con su tono de siempre.
— Este... ¿Qué pasó? ¿Se te olvidó algo?
— No, yo sólo...
Todomatsu parpadeó un par de veces, desconcertado.
— ¿Qué pasa?
— Bueno...
— ¿Estás malito?
— No, nada de eso.
— ¿Entonces?
Ichimatsu tomó aire y habló, con sus mejillas pintándose de color rosa.
— ¿Me puedo quedar a dormir aquí, contigo?
— ¿Eh?
— Bueno, con ustedes.
— ¿Y eso? ¿Y los demás?
— Tal vez ya tomaron el tren. Les dije que regresaría contigo y dijeron que estaba bien, aunque Choromatsu nii-san me dijo que no lo hiciera porque molestaría. Y lo entiendo, si no puedo estar aquí. No es tampoco como si ahorita no pudiera tomar el tren yo solo...
— Por mí no hay problema, pero...
— ¿Lo dices por Atsushi-san?
— Sí — asintió. — Aunque, Futsuumaru se quedará aquí también así que no habrá problema — explicó. — Y... ¿por qué quieres quedarte?
— ¿Eh? Porque...
— ¿Mhm?
— Es porque... Me... contigo...
— No balbuces, nii-san — dijo con ternura. — Apenas y te oigo.
Ichimatsu levantó la mirada sonrojado y habló de nuevo.
— Po... Porque, me gusta estar contigo — dijo bajito. — ¿Bien? Además — sus manos temblaban —, no puedo hablar mucho estando con los otros. Y es por eso que yo...
A Todomatsu le dio ternura. Esbozó una sonrisa y acarició las frías y pálidas manos de su hermano mayor.
Le daba gracia que a pesar de ser tan rudo a veces, era muy en el fondo considerablemente dulce.
Todomatsu echó una rápida mirada al interior de la casa y al exterior por detrás de Ichimatsu. Después asintió y se hizo a un lado con su sonrisa burlona, pero extrañamente linda e inocente.
— Entra.
