Capítulo 27- Cambio de planes.
Todomatsu abrió un poquito sus ojos e hizo una mueca parecida a una sonrisa.
— ¿Luna de miel, Atsushi-kun? — preguntó.
Atsushi rió y se encogió de hombros todavía en medio de la oscuridad sin dirigirle exactamente la mirada al menor.
— Algo así. Por lo menos para mí lo será.
— Supongo que, ya que lo dices... para mí también — se ruborizó.
Era una lástima que Atsushi no hubiese podido ver aquellas lindas mejillas coloradas.
El mayor sonrió y acarició la mano de Todomatsu suavemente, con cariño.
Se durmieron.
Amaneció y comenzó otro día. Se acabó y comenzó otro, y otro, y otro...
Se pasó una semana entera en la que siguieron con sus vidas en el trabajo sin casi compartir palabras o acciones después de aquella vez durmiendo juntos.
Durante ese lapso, a Todomatsu le hicieron saber que la cafetería estaría en remodelación y que no necesitaría ir a trabajar durante por lo menos casi un mes. Esas tres semanas y pico le vendrían muy bien; eso lo puso muy contento. Ya tendría tiempo para trabajar después, podría seguir viendo a Sacchi y a Aida de vez en cuando de todas formas cuando no tenga que estar con sus hermanos, o con Atsushi (lástima que no pueda estar mucho tiempo con éste último).
"Podré estar más tranquilo durante mi viaje con Atsushi-kun", pensaba Todomatsu de manera positiva, alentándose un poco.
Y pasó el tiempo.
Otra semana después Todomatsu empezó a hacer las maletas (sólo eran dos) para ir tranquilo al lugar que Atsushi prometió. Después de todo estarían unos días allá y necesitaría algo de ropa.
Atsushi también hizo una maleta y además preparó su portafolio.
Todomatsu avisó a sus hermanos de nuevo que estaría fuera por un tiempo, sólo para que no se preocupen.
Gracias al cielo, tenía mucho tiempo para relajarse.
— ¿Estás listo, Todomatsu? — preguntó Atsushi mientras ajustaba su corbata un poco para finalmente salir de la casa.
— Estoy listo — respondió.
Ambos subieron al automóvil y se dirigieron a su destino con entusiasmo. Tanto tiempo esperando para estar juntos un par de días, ¡y finalmente llegó el momento!
Se dirigieron a Chigasaki, en la prefectura de Kanagawa.
Quizá desde Tokio hasta allí en auto tardarían por lo menos de tres a cinco horas en llegar y alojarse en un lugar. Pero, ¿qué importaba? Tenían todo el día. Pasó un momento en el que platicaban un rato, reían, comían alguna chuchería o simplemente estaban en silencio mientras Todomatsu dormitaba un poco involuntariamente.
— Esperé ansioso por este día, Todomatsu.
— Yo también. Atsushi-kun, ¡desde que me dijiste que vendríamos no me lo pude sacar de la cabeza!
— Ah, ¿sí?
— ¡Sí! — rió.
— Bueno, pues pasémoslo bien — sonrió. Era una sonrisa un poco diferente a las que él solía esbozar.
— Mhm — Todomatsu asintió sonriendo. Notó que últimamente Atsushi terminaba sus frases con unas sonrisas algo pícaras, por así decirlo, y eso le extrañaba un poco.
Atsushi manipuló ágilmente el volante del coche y giró para salirse de la carretera. Se detuvo frente a una tienda; una vez que se estacionó se dispuso a bajar.
— Volveré en un momento — avisó el mayor —, no me tardo.
— No te preocupes, yo voy contig...
— No — lo interrumpió rápidamente —, vengo rápido. No te molestes.
— Uh, está bien — asintió confundido, pero ya no le puso tanta importancia.
Atsushi salió del auto para meterse a la tienda, y tal y como dijo, volvió casi en menos de dos minutos. Entró al carro y siguieron con el recorrido.
Casi dos horas y media después, llegaron. No se instalaron inmediatamente en el hotel, pero se quedaron hospedados en un condominio mientras Atsushi terminaba con su trabajo.
5:00 pm.
El mayor dejó solo a Todomatsu mientras él terminaba con un negocio. Tardó algunas horas... Tal vez cuatro.
En verdad que deseaba no asistir a aquella junta, pero para desgracia suya o para su fortuna, él era uno de los hombres más importantes e indispensables dentro de su edificio de oficinas y dentro de la empresa completa. Estaba demás decir que su nombre era conocido a nivel nacional.
Estaba bien, pronto acabaría y podría volver con su pequeño.
Y así lo hizo.
Atsushi llegó al lugar en el que se encontraba Todomatsu casi a las nueve y media de la noche. No descansó casi nada, y después de ello se dirigió junto al menor a la recepción del hotel cerca de la playa.
No se veía el mar; se alcanzaba a observar un inmenso, oscuro e interminable abismo al fondo. Solamente se escuchaba el sonido de las furiosas olas del océano chocar contra las rocas del borde. El crujido y resonar de la marea era aterradoramente imponente.
Se apresuraron a hospedarse, ahora sí en el hotel principal. Atsushi había hecho una buena reservación.
Dentro del hotel Akatsuka no había realmente muchas personas, pero era perfecto e increíblemente espacioso. Atsushi llegó junto a Todomatsu y tomaron un baño tibio, cada quien por su lado.
Al día siguiente Atsushi se levantó temprano y se fue en su auto a las oficinas de aquel lugar para terminar otra parte de su trabajo, dejando a Todomatsu solo. Éste último se levantó casi dos horas después cuando comenzó a salir el sol.
El menor se vistió, se lavó los dientes y la cara, y se encaminó hacia la ventana cerca del balcón. Se asomó y miró cuidadosamente la hermosa vista que tenían... El mar azul se miraba precioso contrastado con los suaves rayos de luz del sol que recién salía.
— ¿Por qué no estás viendo esto también, Atsushi-kun? — susurró para sí mismo con una sonrisa casi imperceptible.
Esperaría un par de horas más. Después de todo tarde o temprano llegaría Atsushi y estarían juntos por fin.
Pasaron las horas y Atsushi nunca llegó. Todomatsu pensó en llamarlo con su télefono pero también se imaginó que quizá interrumpiría algo importante que Atsushi tal vez estaría haciendo, así que omitió su idea.
El día se le fue muy rápido. Decidió ir a dar una vuelta alrededor del hotel. Miró a los vendedores ambulantes a lo lejos en las costas, la barra de bebidas, las habitaciones, la piscina y muchas cosas más. Todo era muy bonito, pero estar dando vueltas solo era increíblemente aburrido.
Después de rato sacó la llave de su habitación de su bolsillo y la abrió para entrar de nuevo. Tomó algunas galletitas que llevaba en su bolsillo y las comió.
Puso un poco de música con su celular para distraerse y aunque no quería hacerlo se distrajo en sus redes sociales, que por cierto cerró enseguida. No quería volver a lo que llamaba realidad.
Siguió esperando.
7:22 pm.
Se hizo sonar el picaporte y Atsushi entró por la puerta con su portafolios en mano. Todomatsu abrió mucho los ojos y le dio la bienvenida.
Atsushi sonrió con una expresión bastante agotada.
Pero de verdad muy agotada. Apenas y podía mantener los ojos abiertos.
— Atsushi-kun, ¿cómo te fue?
— Ya terminé por el momento — suspiró con alivio. — Ahora sólo quiero aprovechar más mi tiempo.
— Entiendo — asintió.
— Lo siento, por hacerte esperar de nuevo. ¿Lo pasaste mal?
Todomatsu negó con la cabeza.
— Está bien, di un par de vueltas al lugar así que pude conocerlo bien. No te preocupes, sé que tus cosas son importantes.
Atsushi esbozó una sonrisa mientras desviaba su vista y aflojaba su corbata.
Desde que comenzaron el viaje, él había usado exactamente dos días para su trabajo y no habían hecho nada juntos, y no era justo. Quería aprovechar sus días de descanso, y por ello se esforzaría para dar lo mejor. Además, había algo importante que de verdad quería hacer...
Atsushi tomó algo de agua y se desabrochó su reloj de la muñeca.
— Lo olvidé, Todomatsu, pero me imagino que no has comido nada.
— Ah, la verdad hace rato piqué algo que traía en mi maleta, pero pensaba que quizá podríamos comprar algo...
— Es verdad, la estadía aquí sólo incluye el desayuno después de todo. ¿Qué te parece si salimos a algún lugar a cenar algo?
— Muy bien, ¡vamos!
Salieron del hotel y fueron a un lugar que se encontraba un poco cerca.
Encontraron un pequeño restaurante de mariscos. Era algo bueno para comenzar de cero, después del arduo trabajo de ambos.
Cenaron sushi, camarones, cangrejo, pulpo, salmón, entre otras cosas.
No hablaron mucho, pues Atsushi se miraba bastante cansado como para poder sostener una conversación. Aunque no lo dijera, Todomatsu se daba cuenta de ello. Aún así, el mayor no dejaba de sonreír.
Terminaron de cenar.
Atsushi sugirió ir a dar una caminata nocturna cerca de la playa, a lo que Todomatsu muy gustoso aceptó.
Estacionaron el auto cerca de la zona y se bajaron.
9:00 pm.
No había nadie en la playa; sólo ellos dos. Las ligeras luces de los edificios y establecimientos cercanos se dejaban ver con gentileza.
La mangata los acompañaba apasionadamente aquella noche.
Todomatsu y Atsushi caminaban juntos, uno al lado del otro.
— Atsushi-kun, me alegra poder estar contigo de nuevo. Siempre puedo esperarte, ¿sabías? — sonrió.
— ¿Ah, sí? No me gustaría hacerte esperarme demasiado de todas formas.
— Tú no te preocupes.
— Está bien. Confío en ti...
Todomatsu sonrió.
Después, Atsushi interrumpió su andar y se agachó. En medio de la oscuridad a Todomatsu le costó darse cuenta de qué era lo que hacía, y después lo notó.
Atsushi se estaba quitando los zapatos. Una vez que quedó totalmente descalzo tomó su par de zapatos con una sola mano, dejando la otra libre.
— ¿Atsushi-kun? ¿Y eso?
— Haz lo mismo también. Sentir la arena en tus pies es una sensación muy agradable, créeme.
Todomatsu lo hizo. Se quitó los zapatos exactamente igual que el mayor y los sustuvo con una mano.
— ¡Es verdad! — rió mientras movía los dedos de sus pies juguetonamente entre la arena.
Caminaron así, sin hacer nada más que ver las olas del mar hacerse y deshacerse.
No intercambiaban ninguna palabra.
Entre el silencio, Todomatsu sintió cómo la mano de Atsushi se entrelazó con la suya. Fue una sensación preciosa que lo sacó de sus pensamientos al instante. Sintió cómo su corazón se aceleró. ¿Pero por qué? Ya había tomado su mano muchísimas veces y aún así él...
— Tenía mucho que no caminábamos de esta manera, ¿no, Totty?
Todomatsu se puso colorado.
— S-Sí, lo sé. Extrañaba poder hacerlo, pero...
— ¿Pero?
— No, nada. Ya sabes, no podemos hacerlo normalmente... Además de que no estamos juntos mucho tiempo, si hiciéramos esto por las calles se volvería una pesadilla.
— Ah, te refieres a eso...
— Sí, aunque... ya no le doy tantas vueltas. No te preocupes.
— Bueno — acarició su mano —, esta vez estamos solos. Estás conmigo, así que no tienes por qué preocuparte.
— Y tú también, Atsushi-kun. No tienes por qué ver hacia atrás, porque estamos aquí los dos.
Ambos sonrieron juntándose un poco más. Todomatsu apoyó su cabeza en el hombro del mayor.
Se detuvieron un momento.
Atsushi observaba el océano mientras sus claros cabellos eran revueltos por el viento, y Todomatsu observaba a Atsushi.
— Nunca pensé que podríamos estar así los dos, juntos una noche, Todomatsu.
— Yo menos — soltó una risita. — Pero me gusta este destino.
Atsushi dirigió su mirada a Todomatsu tranquilamente. Todomatsu no dejó de mirarlo.
No se dijeron nada. Atsushi dejó caer sus zapatos al suelo y con ambas manos tomó el rostro de Todomatsu.
Tomando su tiempo levantó el rostro del más pequeño sujetándolo de la barbilla. Miró por un instante los grandes y bonitos ojos de Todomatsu, que ahora reflejaban la pálida luz de la luna.
Acarició sus suaves mejillas y removió su cabello de su frente. Todomatsu lo miraba expectante, sin decir ni una sola palabra y sin hacer ningún gesto. Atsushi sonrió al ver al menor, lo quería tanto...
Aún con ambas manos sujetando al pequeño, se acercó lentamente al rostro ajeno. El sonido de las olas rompiendo contra las rocas y la arena los acompañaba, al igual que el olor a sal y el brillo de la luna y sus compañeras.
Todomatsu comenzó a sentir la respiración de Atsushi. Con tranquilidad, a pesar de la rapidez con la que latía su corazón, cerró sus ojos. Atsushi se detuvo; se quedó un momento así, con su rostro justo enfrente al de Todomatsu, absolutamente inmóvil. Disfrutaron del momento así, estando frente a frente sin decir o hacer nada, sin moverse.
El menor disfrutaba de la sensación de las grandes y suaves manos del joven sosteniendo su rostro con ternura.
Atsushi se acercó más a Todomatsu y pegó gentilmente sus labios a los ajenos poco a poco, todavía sin tocarse. Se detuvo un momento ahí.
— ¿Atsushi-kun? — susurró sin abrir sus ojos, esperando respuesta.
— Dime — susurró también el mayor.
Todomatsu casi podía sentir los labios de Atsushi tocando los suyos. Estaba tan cerca...
Levantó su mano libre y con ella acarició el rostro de Atsushi, pasando sus dedos por su mentón y mejillas.
— Bésame ya.
Atsushi sonrió con satisfacción ante la súplica del menor y se acercó.
Pegó sus labios con los suaves y carnosos labios de Todomatsu haciendo apenas un roce. Un dulce roce que fue profundizando poco a poco. Lo besó. Sus labios permanecieron tocándose durante un momento, inmóviles. Las mejillas de ambos se tornaron de un generoso color rosa; sus latidos aumentaron de ritmo. Disfrutaron del tacto, ambos con los ojos cerrados escuchando únicamente el sonido del mar.
Se separaron.
Se miraron fijamente a los ojos, Todomatsu todavía con la vista hacia arriba, y sonrieron. Atsushi acarició el rostro de Todomatsu con dedicación, pegó un momento su frente con la suya y le dio un beso en la mejilla. Todomatsu depositó un pequeño beso en el cuello de Atsushi, y éste sonrió ante el acto.
Siguieron con la caminata nocturna y después volvieron al hotel.
Se quitaron la arena de los pies y de entre los dedos.
Cuando entraron a la habitación, ya sin hambre, se acostaron en la cama también ya bañados.
Todomatsu esperaba a Atsushi en la cama mientras admiraba el suntuoso lugar, viendo el mar también; lo que permitía ver el ventanal.
Atsushi terminaba algo en una mesita cerca de la habitación, a lo que se miraba estaba llenando unos papeles con un bolígrafo rápidamente. Algo relacionado con su trabajo.
— Atsushi-kun, ¿no habías acabado ya con tu trabajo?
— Ah, por el momento. Hay cosas que aún deben hacerse. No te preocupes, enseguida voy contigo — decía con los ojos entrecerrados.
— No, no lo digo por mí. Es sólo que... luces muy cansado — dijo con preocupación. — ¿Crees que pueda ayudarte con algo? Debes dormir...
— Pronto acabaré, no te preocupes — sonrió con pesadez.
Todomatsu lo miró y vacilando un poco se dio la vuelta para acurrucarse en la cama. Se abrazó de la enorme, blanca y esponjosa almohada.
Esperó.
Al día siguiente despertó viendo hacia el techo con la vista perdida y Atsushi a su lado, éste con la parte superior de su torso sin cubrir.
Todomatsu se levantó temprano y después Atsushi.
— ¿Cómo dormiste, Atsushi-kun?
— Mhm — gimió. — Yo diría que bien.
— Qué bueno — sonrió.
— Ah, perdón por dejarte solo ayer, otra vez.
— No te preocupes — sonrió —, tu trabajo es más importante. Por eso estamos aquí. Además tú te esfuerzas mucho y...
— No — interrumpió negando con la cabeza. — No, no. No estamos aquí solamente por eso. Mi trabajo es muy importante, pero para mí lo eres más tú.
Todomatsu se sonrojó y sonrió, y se dio la vuelta para que Atsushi no mirara aquel tímido gesto.
— S-Sí...
Atsushi seguía en la cama.
— Ah, no quiero levantarme — dijo riendo, con sus ojos cerrados.
— Quédate un ratito más así — dijo Todomatsu viéndolo muy cerquita, estando él de pie junto a la cama y acercando el rostro a Atsushi.
Atsushi suspiró.
— No — se enderezó. — Se hará tarde. Vayamos a alguna parte, ¿te parece bien?
— Claro que sí.
— Se supone que debemos descansar un poco y aún así el trabajo me persigue a todas partes — talló sus ojos.
— Entiendo, hagamos algo que te guste — sonrió.
Atsushi se enderezó y se cambió. Después de que tomaron el desayuno que les correspondía en el lugar cada mañana, bajaron por el ascensor hasta el último piso. Ellos estaban en el penúltimo piso.
Primero dieron una vuelta a los alrededores del hotel, mirando con detenimiento cada detalle. Todo era muy distinto en contraste con las grandes ciudades pero no dejaba de ser muy bonito...
Después de que visitaron varios lugares volvieron a la costa.
— ¿Sabías que aquí es un gran lugar para pescar? Hay zonas donde hay muchos peces — comentó Atsushi.
— ¿De veras? Vamos a ver entonces — animó.
— ¿Sólo a ver? Vamos a pescar.
— ¡De acuerdo!
Todomatsu se adelantó un poco.
Cuando llegaron al lugar tomaron unas cañas para pescar y estuvieron un rato ahí sentados. Efectivamente, había bastantes peces en aquel lugar; era un gran sitio para pescar. Rápidamente sus cubetas comenzaron a llenarse de peces, sin embargo lo que buscaban no era quedárselos, por lo que los regresaban al cabo de un tiempo. Claro, no eran peces muy grandes.
Después de rato Atsushi echó un vistazo a la cubeta de a un lado de Todomatsu. Se llenaba más rápido que la de él, una y otra vez.
— Eres muy bueno en esto — comentó Atsushi mientras miraba el montón de pececillos nadando en la cubeta ajena.
— Sí, es uno de mis... — se corrigió —, era uno de mis pasatiempos preferidos.
— Pues no me lo esperaba.
— Osomatsu nii-san lo hace mejor que yo.
— ¿Él te enseñó?
— Sí... Aún así nunca puedo ganarle en estas cosas. En realidad hay pocas cosas que puedo hacer bien.
— ¿De qué hablas? Haces muchas cosas geniales.
— Lo dices porque me quieres... — infló las mejillas con un gesto muy infantil, y con una sonrisita.
— ¡Y por eso debería de valer más! — exclamó.
Todomatsu lo miró a los ojos un momento.
— Bueno, tienes razón — el menor rió. — ¡Si te gané esta vez!
Atsushi solamente sonrió.
Todomatsu dejó ir a los peces una vez más. En lo que llenó otra cubeta Atsushi apenas llenó la anterior. Pasó un momento más.
Los ojos de Atsushi estaban entrecerrándose y Todomatsu se dio cuenta de eso. Pensó en sugerirle que fuesen a otro lado a hacer otra cosa, pero antes de eso simplemente se puso de pie y tiró la caña de manera juguetona, lo que provocó que Atsushi lo volteara a ver de manera curiosa.
3:00 pm.
— Atsushi-kun, hagámos algo más entretenido.
— ¿Entretenido?
— Bueno, no suelo salir de casa así que no sé de estas cosas, pero por favor tú guíame, seguro que ya conoces estos sitios. ¿Hay algo que podamos hacer y que te guste?
Atsushi lo pensó.
— Lo hay, ven conmigo — se puso de pie, recogiendo a la vez la caña del menor.
Todomatsu sonrió y lo siguió.
De nuevo caminaron hasta la playa pero no se quitaron los zapatos. Había varias personas, y Todomatsu caminaba un poco más atrás que Atsushi. El menor tomó la mano del mayor y hundió su rostro suavemente en la espalda de éste, con un leve sonrojo y una diminuta sonrisa.
Atsushi suspiró y sonrió, viendo hacia adelante.
Cuando por fin llegaron a donde se planeaba llegar, Todomatsu mantuvo su mirada fija.
— At... Atsushi-kun, ¿esto...?
— ¿Hmn? ¿Te da miedo el agua?
Todomatsu miró una vez más las lanchas enfrente suyo. La verdad es que nunca había pensado que "flotaría" en el mar, más allá de la costa.
— No es eso, es sólo que... me da un poco de miedo estar en medio del mar.
— No es en medio, Todomatsu.
— Tú entiendes — sacudió la cabeza.
— Bueno, querías algo más emocionante, ¿no? Esto es todavía más emocionante que pescar.
Todomatsu inspeccionó los botes unos segundos más y asintió.
— Está bien, subiré.
— Bueno, vamos — sonrió.
Después de seguir las indicaciones y colocarse bien el salvavidas, se sentaron en el bote y comenzó a navegar.
Poco a poco se metieron más al mar, y comenzaron a admirar el paisaje. Todomatsu perdió prontamente el miedo y observaba detenidamente las pequeñas islas que se dejaban ver al horizonte, en donde parecía terminar el océano.
— ¡Atsushi-kun! — alzó la voz debido a que el motor del bote no dejaba escuchar muy bien. — ¡Ya estamos alejados de la costa!
— ¡Ya me di cuenta! — rió. Después un pequeño mareo llegó y se tentó la sien.
El bote siguió andando. Después de un muy buen rato se volvieron a acercar a la playa. Todomatsu le perdió el miedo al mar abierto.
Mientras volvían transcurrió un poco más de tiempo. El bote no era lento, pero tampoco llevaba su máxima velocidad. Los cabellos de ambos chicos eran alborotados salvajemente por el feroz viento marino.
Una vez casi llegando a la orilla, Atsushi posó su mano en su cabeza; una leve punzada de dolor lo aturdió.
Todomatsu se dio cuenta de esto pero no preguntó nada, seguro le diría de todas maneras que estaba bien. Eso deseaba.
Caminaron un rato por la playa, pero como no querían requemarse sólo fue un ratito. Además hacía demasiado calor y estar bajo el sol tanto tiempo era desesperante...
Anduvieron de allá para acá todo el rato, viendo alrededor de la zona. Ahora que Atsushi había terminado su trabajo podían explorar un poco más.
Varias horas anduvieron haciendo de turistas. Al cabo de un rato les dio hambre y comieron en un pequeño restaurante cercano. Mientras comían a Todomatsu le parecía que Atsushi se veía un poco raro. Sus ojos estaban entrecerrados (más de lo normal) y sus mejillas estaban un poco rojas.
— Atsushi-kun... ¿Estás bien? — preguntó Todomatsu ya con su plato vacío al frente suyo. — Luces algo cansado, te ves algo mal.
Una mesera pasó a recoger los vasos y platos.
— Estoy bien — dijo forzando su sonrisa —, es sólo un pequeño mareo.
— Llevas así ya un buen rato... Quizá debas descansar. Has trabajado muy duro estos últimos días, incluso todavía ayer, y hoy hicimos muchas cosas así que... ya sabes.
— Estaré bien, esto suele ocurrir a veces. Estoy acostumbrado — dijo.
Todomatsu lo miró un momento fijamente y asintió.
— Está bien — dijo sin más. Prefería hacerle caso a Atsushi. Estaba algo preocupado pero no quería molestarlo con más preguntas, además seguramente sólo estaba pensando demás. Esperaba que se le pasara pronto. De repente tuvo otro pensamiento; algo que lo desconcertaba un poco. — Ah, por cierto, Atsushi-kun...
— ¿Hmn? Dime.
— Este... Bueno, ¿a qué te referías con que esta sería la luna de miel? — sonrió con inocencia.
— Ah, es porque lo es — sonrió. — Simplemente eso.
Todomatsu lo observó con curiosidad. "Qué raro está siendo", pensó.
8:00 pm.
— Vayamos por unos tragos, ¿qué te parece? — sugirió Atsushi al cabo de un tiempo.
— ¿Está bien?
— Miré un buen lugar cerca, ¿qué te parece pasar el rato ahí?
— ¡De acuerdo, vamos! — sonrió.
Anduvieron a pie un rato más. Por la tarde el lugar estaba que ardía, pero por la noche era una auténtica nevera. La brisa del mar era espeluznante. Se apresuraron a llegar.
Al llegar al bar, ambos muchachos se sentaron en la barra y ordenaron. Les arrimaron unas botellas y con ellas llenaban sus copas de poco a poco.
El sonido del jazz al fondo daba un excelente ambiente al lugar. La melodía del piano, el bajo y el saxofón, el olor a cigarro y a alcohol fino, además del sonido del cristal de las botellas y copas siendo chocadas tras cada brindis era perfecto; demasiado cómodo.
A Todomatsu tras observar involuntariamente a Atsushi después de cada trago, le parecía que éste estaba bebiendo más rápido de lo habitual. Es decir, Atsushi siempre se tomaba su tiempo, y sobre todo no se notaba la ebriedad en su rostro, pero ahora... Era diferente.
Sus ojos entrecerrados, sus coloradas mejillas y su voz un poco ronca lo delataban. Sin embargo, Todomatsu no comentó nada sobre esto.
— ¿Me prepara una bebida, por favor? — dijo Atsushi con un tono de voz suave, dirigiéndose al barman. Éste siguiendo la orden se lo preparó y le entregó la pequeña y fina copa. Atsushi agradeció.
— Atsushi-kun, estábamos tomando vino. ¿Está bien que ahora tomes esas bebidas preparadas?
— No pasa nada.
— Bueno — se resignó. — Oye, Atsushi-kun, ¿solías beber solo?
El mayor recordó.
— La verdad no — Atsushi apenas le contestaba a como podía —, lo hacía con Futsuumaru-kun o con compañeros del trabajo.
— Ya veo...
— Si bebo mientras estoy en casa solo, es aburrido. Además como no debía hacer nada en casa prefería quedarme en mi oficina trabajando. Era mejor de ese modo...
— Sólo tú usas tus días libres para ponerte al corriente con el trabajo — rió.
— Tal vez.
Todomatsu sonrió, Atsushi desvió la mirada y ya no dijo nada más. No agregó ni un solo gesto o palabra, simplemente se limitó a estirar su brazo tan sólo un poco para alcanzar la pequeña copa de cristal con el licor en ella, y se lo tomó todo de un solo trago.
Después de mirarle de reojo, Todomatsu bebió de su copa de vino también. No podía dejar de pensar en cuán extraño lucía Atsushi aquella noche.
Éste apenas y contestaba o hablaba, además de que ya no lucía como en la mañana. Se veía cansado sobre todo, y bebía rápidamente. Parecía que el alcohol no le calaba en la garganta, pues terminaba sus copas como si fuesen simplemente agua. El mayor mantuvo la mirada perdida durante un rato, y después puso su cabeza sobre la barra, usando sus brazos como almohada. Todomatsu abrió mucho los ojos, mientras que el contrario cerraba los suyos.
— ¿Atsushi-kun? — Todomatsu notó que las manos del mayor temblaban ligeramente, por lo que las tentó en un intento de cambiar algo en aquella acción. Se asombró. — Tus manos están heladas...
— ¿Mhm? ¿Sí? — se enderezó.
— ¿Te sientes bien?
Atsushi meneó la cabeza para despavilarse pero ante esto se mareó. Un fuerte dolor de cabeza lo invadió por completo... También llegaron las náuseas, el dolor y cansancio en sus ojos, y el sudor frío.
— En realidad — decía entrecortadamente y temblaba un poco —, no mucho...
Todomatsu estiró su mano para colocarla en la frente de Atsushi. Al tocarlo se dio cuenta de que su temperatura era demasiado alta, su rostro estaba totalmente de color rojo. ¿Acaso se debía al alcohol?
— At... Atsushi-kun... Tienes una fiebre alta.
Atsushi tenía una respiración pesada.
— ¿De verdad? — balbuceó.
— Sí — caviló un momento. Después miró alrededor y asintió para si mismo tras tomar una decisión. — Atsushi-kun, volvamos al hotel.
— ¿Ahora?
— ¡Ahora! ¡Estás muy mal!
— Pero — hablaba con tono bajo —, si hacemos eso se echará a perder este día. Habíamos acordado a pasarla bien, y todavía no es demasiado tarde así que...
— ¡Olvídalo! Me preocupa más tu bienestar. Volvamos al hotel, no te lo estoy sugiriendo. Vamos, te ayudo a levantarte.
— Pero, esta noche tú y yo íbamos a...
— Levántate, cuidado, puedes caerte si te mareas.
Atsushi no dijo nada. Se limitó a sacar unos billetes de su cartera y los colocó sobre la barra, dirigiéndoselos al barman. Seguido de esto volvió su mirada a la billetera, observando algo más que tenía allí. Sin más meneó la cabeza e intentó levantarse.
Trastabilló un poco, pero usando sus fuerzas se puso de pie correctamente y siguió. Todomatsu le ofreció su hombro para que pudiera apoyarse, ayuda la cual aceptó.
Todomatsu se arrepentía de haberle negado a Atsushi que fueran en el auto, pues ahora debían caminar hasta el hotel, que en ese momento no quedaba muy cerca que digamos (pero tampoco muy lejos).
Caminaron lo más rápido que podían; la brisa del océano no ayudaba.
9:10 pm.
Cuando por fin llegaron al hotel, Todomatsu le indicó a Atsushi que se acostara de inmediato. Éste último obedeció, de verdad se estaba sintiendo peor.
— Tápate con las sábanas. En seguida regreso, tal vez en la recepción tengan medicamento o algo, iré a pedir algunas cosas. ¡No me tardo!
— Te espero — dijo despacio. El dolor de oídos se hizo presente.
Todomatsu salió del cuarto. Después de quizá unos quince minutos regresó con unas bolsas pequeñas de plástico en las manos. Se dirigió de inmediato a donde estaba el mayor.
— Lo siento, tardé mucho — dijo apenado y preocupado. — En la recepción tenían sólo medicina simple pero no serviría demasiado para la fiebre, así que me dijeron que podía salir del hotel que porque había una farmacia cerca de aquí, pero ya estaba cerrado y no pude hacer mucho. Al final me quedé sólo con lo que me dieron aqui... ¡Corrí tan rápido como pude! Lo siento — repitió.
— Está... bien.
— Ahora sí, voy a curarte. ¿Cómo te sientes?
— Estoy empeorando... Duele, me duele mucho la cabeza — hacía un gesto muy preocupante y muy poco característico de él. Una mueca de dolor.
Atsushi ya se encontraba en pijama, Todomatsu todavía no.
El menor puso de nuevo la mano sobre la frente del otro. Atsushi relajó sus facciones al sentir la mano fría de Todomatsu sobre su frente hirviendo, era un tacto relajante.
No obstante su condición no mejoraba. Los escalofríos aumentaron, al igual que el dolor de cabeza y el mareo. La ambivalente sensación de frío y calor era agonizante, parecía una toxina que lo carcomía por dentro.
Prontamente comenzó a jadear. Sus latidos aumentaron de ritmo al igual que su temperatura corporal.
Todomatsu mojó unos paños que consiguió en agua tibia y después de exprimir uno de ellos lo colocó en la frente de Atsushi con cuidado. También hizo que tomara unas pastillas que le propinaron, además de arroparlo bien.
Atsushi cerró sus ojos e intentó dormir. Todomatsu insomne se quedó cuidándolo.
Inconscientemente Atsushi se quejaba entre sueños, aunque sólo dormitaba, no lograba desconectarse por completo. Todomatsu pasaba su mano por la frente del mayor y al darse cuenta de que éste no mejoraba se preocupaba un poco más.
10:00 pm.
Atsushi estaba despierto, con sus ojos ligeramente entrecerrados viendo hacia arriba, exactamente al techo. Su rostro continuaba colorado y caliente, el dolor de su cabeza no mejoraba. Sus manos seguían temblando y muy al contrario que su rostro, éstas estaban heladas. Se sentía desfallecer...
Todomatsu lo despojó de las gruesas mantas y lo cubrió solamente con una simple sábana. Ante esto Atsushi renegó pero el menor se mantuvo firme, haría lo que hiciera falta para poder curarlo.
¿Por qué se había enfermado?
¿El alcohol? ¿El tiempo que estuvo bajo el sol durante su estadía en la playa? ¿El estrés en el trabajo?
Tal vez fueran las tres cosas.
— Atsushi-kun — susurró Todomatsu —, me dieron esto en la recepción también. No se compara al medicamento que venden en la farmacia pero por favor tómalo — dijo mientras abría un frasco de jarabe.
— No hace falta... — balbuceó.
— Atsushi-kun, ¿hablas en serio? Esto es para curarte.
— Creo que con las pastillas basta — dijo débilmente —, ¿no?
— Pues no — negó con la cabeza. Tomó una cuchara y vació un poco de jarabe en ésta para después acercarla al rostro de Atsushi. — Ya, bébelo.
Atsushi hizo un mohín.
— En serio, no hace falta. Y además de que esa cosa sabe horrible, es de dudosa procedencia — se defendió con el ceño ligeramente fruncido.
— Es lo de menos. Tómalo de una vez — acercó la cuchara más a su rostro, pegando la cuchara a los labios ajenos.
— To... Todomatsu... — balbuceó.
— No hagas esto difícil, Atsushi-kun. No creo que sepa tan mal como para no querer tomarlo — soltó una risita ante el infantil comportamiento del mayor.
Sería capaz de seguirse negando, pero el malestar era mayor que cualquier otra cosa. Incluso dudaba de la efectividad de la medicina para poder curarlo...
— De acuerdo — dijo resoplando —, si esto puede mejorar algo... — se resignó y tomó la medicina.
Todomatsu asintió satisfecho ante el acto y guardó el jarabe.
Siguió cuidando de Atsushi.
11:15 pm.
Atsushi gemía de dolor. Sentía que su cabeza explotaría, no soportaba el calor de su cuerpo. Respiraba pesada y débilmente. Su mente jugaba con él, apenas y se manifestaban algunas alucinaciones entre sueños. El sudor frío lo empeoraba, no permitía a su trémulo cuerpo descansar.
Todomatsu se apuraba a cambiar el paño de su cabeza cada cierto tiempo con cuidado, pero Atsushi no presentaba ningún signo de mejoría.
— To... Todomatsu... — jadeaba entre sueños. — Todomatsu...
— Aquí estoy, Atsushi-kun — exclamó tomando la fría mano del mayor. — No te preocupes, te voy a curar. Vas a mejorarte pronto, te lo prometo — se oía un tono preocupado en su voz, pero seguro en sí mismo.
No recibió respuesta, Atsushi volvió a quedar inconsciente.
Todomatsu se limitó a observarlo mientras dormía, quería asegurarse de que tuviera un sueño tranquilo.
11:40 pm.
Sin embargo, Atsushi no mejoró.
— Atsushi-kun, si esto se vuelve más grave deberíamos ir a un hospital. Tú sabes, sólo para que estés bien...
— No creo que sea necesario. Sólo estoy muy cansado ahora — casi susurró. Hablar en un tono alto o normal no le venía nada bien para el dolor de cabeza —, pero es todo...
— No te ves nada bien, estoy haciendo lo que puedo.
Atsushi sólo asintió. Todomatsu lo observó abrir sus ojos y clavar la vista al vacío. La tenue luz ámbar de la lámpara de noche le permitía relajarse un poco. De pronto Todomatsu se percató de cómo en el rostro del mayor se formó un gesto de dolor y tristeza combinados.
— Lo siento, Todomatsu. Otra vez... no pude hacer nada por ti.
— ¿Eh? Atsushi-kun, ¿de qué hablas?
— Otra vez... eché todo a perder. Quería darte un momento para olvidarte de todo pero...
— Ya basta — lo interrumpió. — No hables, no te hace bien. Todavía sigues medio dormido...
— Todomatsu...
— Voy por agua tibia, ahora vuelvo — Todomatsu se encaminó a la pequeña mesa que se encontraba a un lado del lavabo y anivelando la temperatura del agua llenó una pequeña jarra. La temperatura era perfecta. — Ya volví — avisó con una sonrisa —, quédate quieto — exprimió el paño y lo colocó en la frente de Atsushi una vez más.
— Gracias por cuidarme...
— No hay de qué — usaba el mismo tono bajo. — Mientras estés conmigo tendrás el mejor cuidado, te lo prometo.
Atsushi apenas atinó a sonreír.
— Mañana no será así. Esto te lo prometo yo.
— No digas eso — espetó el menor. — Tú eres más importante, céntrate en eso — dijo sin mirarlo, prestando atención al medicamento del buró. — Y... ¿seguro no quieres que vuelva a ir a la recepción? Quizá puedo encontrar con suerte una farmacia o algo, no lo sé. O puedes considerar hablarle a un médico, cualquier cosa que me pidas la haré — dijo decidido, esperando por la petición.
Atsushi lo pensó.
— No creo que haga falta. Si me duermo, mañana me sentiré mejor.
Todomatsu suspiró.
— Como tú digas...
El menor seguía preocupado por los síntomas que el mayor presentaba. ¿Cómo podía ponerle prioridad a otra cosa que no fuera su salud en aquel momento? No lo entendía. Se veía realmente mal.
Por otro lado, Atsushi estaba triste y molesto consigo mismo. Esperaba poder darle a Todomatsu un momento de paz y libertad llevándolo a aquel lugar; seguramente estar en casa solo todo el tiempo cuando no está trabajando debe ser espantoso. Él mismo se acostumbró varios años a vivir como un lobo solitario, ¿pero Todomatsu?
Quería hacerle sentir bien.
Además, aquello no era ni lo más mínimo a algo parecido a una luna de miel. No lo era, definitivamente no lo era.
Esperaba poder acercarse más a Todomatsu, pero gracias al suceso imprevisto no podría disfrutar de aquel momento. ¿Luna de miel? ¿Qué tiene aquello de parecido a una luna de miel?
Esa cercanía que quería tener con el menor le fue imposible de alcanzar.
Esa estadía no era la que quería. Simplemente, aquella no era el tipo de noche que tenía planeada.
