Capítulo 36- La gente como tú.

Lentamente y con delicadeza pasó su mano por el rostro de Atsushi. Sus pestañas estaban humedecidas por las lágrimas que se habían desbordado poco a poco sin que lo notase. Todomatsu frotó los dedos de su mano intentando hacer que la sensación se desvaneciera. Estaba llorando en silencio, dormido.
En ese momento Todomatsu se preguntaba cómo podía ser posible que llorara justo cuando había recién terminado su cumpleaños. Justo después de un momento tan alegre… Se preguntaba por qué.
Después de tanto pensar en ello decidió dormir y hablar con Atsushi de eso más tarde, tendría que decir algo tarde o temprano. No creía que fuera a negarse. El solo recordar sus propias cavilaciones hirientes de épocas pasadas le hacía pasar un mal rato, y no quería que Atsushi se sintiera igual. Ambos tenían demasiadas cosas que arreglar dentro de sus corazones…

Por la mañana cuando Todomatsu despertó se percató de que Atsushi se había ido ya. Era obvio, él se iba demasiado temprano recurrentemente.
Caminó hasta la planta baja donde ya podía oír las voces de sus hermanos. Al bajar por las escaleras y llegar hasta la habitación de ambos pudo ver que, Ichimatsu y Jyushimatsu estaban discutiendo sobre algo. No pudo oír de qué.

—Oh. Hola…, Todomatsu —lo saludó Ichimatsu con su voz todavía medio ronca.
—Buenos días, Ichimatsu nii-san, Jyushimatsu nii-san —respondió el menor.
—¡Buenos días, Totty! —dijo un energético Jyushimatsu.
—Uh, ¿todo en orden? Creí haberlos escuchado gritar o algo parecido… —dijo Todomatsu estudiando las reacciones faciales de sus hermanos.
—Claro, claro —respondió Jyushimatsu—. Es solo Ichimatsu nii-san que amanece siempre de malas. No le gusta despertar temprano.
Ichimatsu no dijo nada.
—Y en realidad no es tan temprano —Todomatsu soltó una risita—. ¿Qué quieren desayunar? Hoy no iré al café. Puedo tomarme algo de tiempo para cocinar algo decente —bostezó.
—Bueno… —pensaba Jyushimatsu.
—Totty —le llamó Ichimatsu.
—Sí, dime, Ichimatsu nii-san.
—Eh, creo que sería una buena ocasión para… ya sabes, ir a comer a algún lado solamente… nosotros. Los mayores son algo insoportables.
—¡Concuerdo! —Todomatsu suspiró.
—Entonces vayamos. Tengo ganas de visitar Harajuku… —comentó Jyushimatsu.
—¡Eh, yo nunca dije nada de eso! —se quejó Todomatsu.
Los tres rieron.

Llegaron entonces a un restaurante en Harajuku y pidieron algo ligero.
Cuando comían hablaban mayormente de Matsuyo. Todomatsu había echado de menos a su madre durante un largo tiempo. Jamás creyó que aquel día que se separó de ella a sus veinte años sería tan significativo para su vida, con todo y todo. Abrazando lo positivo y lo negativo.
Cuando se habían quedado por fin sin tema para más charla, Ichimatsu hizo un intento por hacer una pregunta:

—Totty… Hoy por la madrugada… —Empezó, sin embargo no pudo continuar inmediatamente ya que Jyushimatsu le había dado una patada por debajo de la mesa. Ichimatsu se limitó a hacer una mueca de dolor y enojo.
—"¿Hoy por la madrugada…?" —Todomatsu lo incitó a continuar.
—Eh…, bueno…
—Mhm, sé que es incómodo para ti salir muy seguido, pero como esta vez tú fuiste quien sugirió venir a comer, pues, me da curiosidad que te portes así —Todomatsu fue directo—. Dímelo.
Jyushimatsu miraba fijamente a Ichimatsu con el mero objetivo de lograr intimidarlo, pero nadie resultaba más aterrador que Ichimatsu cuando verdaderamente se lo proponía. El cuarto continuó:
—Escuchamos algo, Jyushimatsu y yo.
—Uh, —Todomatsu palideció un poco. Se temía que hubiesen oído a Atsushi cuando todavía estaba un poco ebrio. Sintió vergüenza. De verdad que se ponía muy pesado. Temía que de pronto el color carmín invadiera su rostro— y… ¿qué oyeron?
Ichimatsu y Jyushimatsu compartieron miradas como buscando la aprobación del otro.
—Atsushi-san hablaba con una chica. —Ichimatsu prefirió no andar con rodeos.
—¿Una chica?, ¿cómo lo saben?
—Era una mujer, solo sabemos eso… Se refería a ella de una manera algo…
Para este punto, Ichimatsu guardó silencio. Ninguno de los tres parecía tener ganas de tomar la iniciativa después de abrir el tema.
—¿Y?
—Bueno, Todomatsu, —dijo Ichimatsu— Atsushi-san no sale últimamente con chicas… ¿o sí?
—Te refieres… ¿mientras sale conmigo?
—Uh…
—Cielos, quiero decir, sé que Atsushi no sale con nadie de esa manera pero… en su trabajo convive con mucha gente. Quizá oíste algo relacionado.
—No, no es eso… —Ichimatsu negó con la cabeza.
—Él dijo algo sobre encontrarse pronto con alguien —dijo Jyushimatsu— cuando se fuera.
—¿"Cuando se fuera", dices? —cuestionó Todomatsu—. ¿Eso qué quiere decir?
—Nos preguntábamos lo mismo, y creímos que decirte sería lo mejor… Bueno, creí —explicó Ichimatsu.
Todomatsu meneó la cabeza con confusión.
—Totty, ha sido difícil para ti… —dijo Jyushimatsu—. Nuestras ideas podrían estar mal pero…
—Sugieren que tal vez él… ¿esté viendo a alguien más? —preguntó Todomatsu. Tanto Ichimatsu como Jyushimatsu se miraron fijamente sin mencionar palabra alguna. Todomatsu siguió—: Es cierto que Atsushi-kun tuvo montones de experiencias antes con chicas pero… Pero esto…
—¿¡Eh!? ¿¡Qué quieres decir con eso!? ¿¡Atsushi-san ha tenido sexo con chicas!? —exclamó Jyushimatsu—. ¿¡Chicas con S al final!?
Todomatsu e Ichimatsu abrieron enormemente los ojos a modo de alerta e instintivamente cubrieron la boca de Jyushimatsu para hacerlo callar. A sus 24 años seguía pareciendo un niño pequeño.
—¡Shhh! ¡Baja la voz, Jyushimatsu nii-san! —decía un sonrojado Todomatsu a regañadientes mientras seguía cubriendo la boca ajena con fuerza.
—Shhh… —Ichimatsu cubría la boca del quinto mientras que con su otra mano ordenaba silencio haciendo el ademán del dedo índice a mitad de los labios.
—Lo… Lo siento —se disculpó a duras penas. Su voz ahora era casi inaudible.
Lo soltaron.
Todomatsu se recargó en su asiento mientras pensaba detenidamente en las palabras de sus hermanos. Y si… ¿era cierto?

Ichimatsu observó detenidamente a Todomatsu. Después chasqueó la lengua con resignación y se dirigió a su hermano de nuevo.

—Pero, Totty, no lo pienses demasiado. Somos hermanos y por eso siempre debemos decirnos lo poco que sepamos de nuestro alrededor, pero no siempre estamos en lo correcto y lo sabes. —Hablaba con sinceridad. Y repitió—: No lo pienses demasiado.
—De acuerdo, Ichimatsu nii-san. Lo… agradezco, en serio.

Jyushimatsu miraba a ambos, incrédulo, pensando todavía en Atsushi e imaginándoselo yendo de hotel en hotel con varias chicas preciosas.

Siguieron comiendo lo poco que quedaba en sus platos y se despidieron.

—Bien, los miraré después, hermanos. Asegúrense de llegar a salvo a casa.
—Sí, Totty. ¡No te esfuerces demasiado! —respondió Jyushimatsu.
Ichimatsu se despidió con una reverencia poco usual en él y se dio la vuelta mientras se iba caminando por las animadas calles de Harajuku con un bailarín Jyushimatsu a su lado.

Todomatsu para entonces se quedó solo, siendo torturado por sus indeseables cavilaciones traicioneras. "Encontrarse con alguien… cuando se fuera…", susurraba.
Camino a casa buscaba la manera de poder distraerse debidamente.
"A partir de ahora —se preguntaba—, ¿deberé preguntarle directamente de qué va todo este asunto?, ¿o quizá debería actuar de forma despistada?, ¿o quizá… debería fingir ignorancia permanentemente? Oh, no,no,no…"

Una vez estando en la casa, fue al baño y después se recostó en el sofá de nueva cuenta. Miraba la pecera con distracción.

Por un instante el silencio fue interrumpido por un mensaje de texto: era Sacchi:

"Hola, Totty. Fue divertidísimo ayer. Atsushi-kun es todavía más interesante de lo que parece. Hoy estaré desde temprano en el café pero deberás reemplazarme pronto, ¿bien? Gracias por la invitación. Por cierto, Atsushi-kun sabe perfectamente cuál es un buen sake. Te quieroooo".

Después de leer aquel mensaje, se dio cuenta de que había un mensaje entrante de Aida también:

"Dale las gracias por mí a los chicos, el taiyaki era delicioso. Espero verte pronto de nuevo, Totty. Y espero que estés bien, ayer te veías demasiado ebrio. Seguramente ya te costaba demasiado caminar (risas). Salgamos a divertirnos pronto solo los cuatro… Sacchi, Atsushi-kun, tú y yo (risas)".

—Cielos, —se decía Todomatsu a sí mismo— para ellas nunca es suficiente. —Suspiró.

Tambien recibió mensajes de los muchachos. Futsuumaru le decía que la celebración había sido esplendida aunque muy corta y Kusosuke agradecia la invitación.
A Todomatsu solo le daba risa todo aquello. Ya nadie recordaba que el pastel había salido volando por la ventana. Era como si aquello no hubiera ocurrido nunca. Quizá los taiyaki de Choromatsu eran mágicos después de todo. Tenían cierto hechizo de amnesia o algo por el estilo.

1:23 pm.

—Maldito Atsushi-kun… —maldecía Todomatsu—. ¡Apúrate a llegar que necesito acorralarte y preguntarte cosaaaaaas! —gritaba mientras se cubría el rostro con un almohadón.

Se echó una siesta. Cuando por fin despertó eran casi las 3 de la tarde.
Fue a darse una ducha y a cocinar algo porque el hambre estaba volviendo a apoderarse de él. No quería conseguir algún dolor de estómago o de cabeza.

Comió simplemente algo de atún frito y los tradicionales encurtidos japoneses que tanto le gustaban.

Cuando tuvo algo más de tiempo, fue a husmear al ático, sótano y parte de la buhardilla. Tenía ganas de hacer algo y al no saber exactamente qué, aprovecharía para limpiar la casa a fondo una vez más. Hacía meses que la casa había sido descuidada despiadadamente.

Mientras limpiaba y movía cosas iba encontrando basura que en un pasado cercano había sido catalogada como un tesoro. Se deshacía de cualquier cosa que no le importara y se sorprendía al ver que había invadido ferozmente a Atsushi. Había un montón de cosas suyas.
Y de verdad que había objetos de todo tipo.

Había estado ya casi dos horas limpiando la casa y comenzaba a cansarse, además de aburrirse de nuevo. Permaneció un momento recostado en el suelo, entre la sala y la cocina, con la escoba en una mano y un sacudidor en la otra.

—Uff… —suspiró—. Estoy cansado… Debería parar una vez que termine de limpiar el sótano.

Dicho aquello se levantó y se dirigió a su destino: el sótano. Estando allí no soportaba el polvo que salía cada que daba un paso o movía algo. Eran sorprendentes las condiciones del sitio, siendo que hacía poco que lo limpiaron entre él y Atsushi.
Cuando estaba ya terminando de sacar cosas —a su percepción inservibles—, se dedicó únicamente a quitar el polvo de una manera más o menos decente.
De pronto, encontró algo que llamó mucho su atención. Era un dispositivo USB. Se veía algo viejo; maltratado.
No recordaba haberlo visto antes por ahí, por lo que su curiosidad incrementó. Estaba atorado entre unas cajas medio empolvadas que contenían libros, así que pensó que quizá era algo que Atsushi alguna vez había necesitado para llevar a cabo su trabajo, en la empresa o en casa. Volvió a suspirar.
Puso todo en su lugar y se levantó para salir del sótano. Como la iluminación era tenue allí, se decidió por ir a la buhardilla a ver que de qué se trataba. Recordaba haber visto una laptop vieja (también de Atsushi) ahí. La buscó y la encontró. Se recargó en una pared donde había cerca un enchufe, conectó la laptop y la encendió. Movía los dedos impacientemente golpeando las teclas mientras esperaba a que cargara la pantalla de inicio.

—Vaya, de verdad es una computadora vieja… —decía mientras echaba su cabeza hacia atrás. La computadora había encendido completamente por fin—. Uh, tal vez no debería estar husmeando. Hacer esto es… —Se detuvo en seco. Temía que quizá estaba siendo últimamente más curioso de lo debido. Quizá hasta estaba volviéndose chismoso. Dejó que el pensamiento le consumiera las neuronas un momento y después siguió con la acción dispuesto a arriesgarse. —Bien, veamos qué tienes aquí… —Insertó la memoria USB y de nuevo esperó. Buscó después entre los archivos. Nada parecía ser especialmente relevante o atractivo. Los títulos eran monótonos, sin nada que indicara que fuese algo importante. —"Orientación al cliente", "Fases de mi plan de carrera", "Todo sobre la ricicultura", —leía mientras iba deslizando la pantalla hacia abajo con el mouse— "Ingresos", "Cata de vinos", "Ideas para el manuscrito", "ideas para el manuscrito 2", "Makura no Soshi by Sei Shonagon", "Avances en proyectos de programación", "Trabajo en equipo", "Imágenes en vacaciones (carpeta)", "Botánica antigua", "Requisitos para el club extracurricular" —siguió leyendo.

Se sorprendió de la cantidad de cosas que solían ser de interés de Atsushi. Eran un montón de cosas que ya no figuraban más en su vida. Información olvidada.
Seguía buscando y revisando cada uno de los archivos con poco interés, la curiosidad se había disipado. Era todo demasiado aburrido. Las cosas estaban tan bien hechas que le parecían sacadas directamente de una enciclopedia profesional pese a estar redactadas por el mismo Atsushi. Todos eran archivos de quizá más de 7 o 10 años. No podía más que pensar que le faltaba algo de carisma a todo aquello… Algún toque.
Comenzaba a desesperarse y faltaban un montón de archivos más. Prefirió mejor revisar aquellas cosas que parecieran curiosas, sin embargo había demasiada información todavía. Tanta que comenzó a considerar devolver el USB a aquel sitio desolado. Bostezó.
Cuando estaba ya dispuesto a abandonar todo aquello, algo pequeñito llamó su atención. Entre todos los archivos, había una carpeta bastante más pesada que los otros documentos, que no tenía ni un nombre clasificatorio en especial. Simplemente se limitaba a tener escrito algo poco llamativo. Decía: "Datos".

Al ser un título muy poco pensado supuso que el contenido sería mediocre. Consideró abandonarlo aunque de nuevo el gusanito picó en él. Quería revisar y ver de qué se trataba. Allá iba… Abrió la carpeta que estaba bien escondida entre muchos más documentos.
Cuando por fin fue capaz de llegar al fondo de toda aquella información, pudo notar que no eran datos escritos, sino más bien de audio. "¿Música?, quizá grabó sus piezas de piano…", pensó.
Eran muchas grabaciones. Quizá eran poco más de 25 grabaciones de unos 15 minutos cada una. Le llevaría unas horas oírlo todo. Se moría de sueño y aburrimiento, por lo que accedió. Seleccionó un dato de sonido totalmente al azar y comenzó a reproducirse:

—Y, cuando fuiste por primera vez allí, —hablaba una voz desconocida. Era un hombre mayor— ¿qué fue lo primero que hiciste?
Hubo un momento de silencio. No hubo respuesta. El mismo hombre preguntó:
—Quizá, debería estar más en contacto contigo, pero dices que no tienes un teléfono celular. ¿Qué hacemos entonces?
—No, —contestó una voz desconocida y suave— yo vendré aquí. Es suficiente con eso, ¿no? Yo creo que… lo es.
—No contestes si no quieres, no estás obligado a hacerlo. Pero, ¿alguien sabe que estás aquí?
Hubo de nuevo un momento de silencio, un poco más largo que el anterior. Finalmente la voz más joven respondió:
—Una persona sí, lo sabe.
—Ya veo. Entonces, dime ahora… Dijiste que estabas saliendo con alguien, ¿cierto? —decía la voz del hombre—, cuéntame.
—No… No tienes por qué saber eso.
—De acuerdo.
Hubo un momento nuevo de silencio hasta que la voz más joven siguió hablando:
—¿Te molesta si te digo lo que pienso?
—No debería molestarte si me molesta o no. No, por supuesto que no me molesta.
—Creo que… algo como la empatía genuina no existe.
El silencio se apoderó de nuevo del momento y el hombre mayor dijo:
—Bueno, decírselo a alguien como yo es algo (inaudible)…, ¿no crees? Puedo decirte todo lo contrario. Creo que hay una forma de entender.

De pronto se escuchó como si la voz del más joven quisiera decir algo pero no fuera capaz de ello. Apenas se oían algunos susurros.

Todomatsu estaba inmerso en el audio, completamente concentrado. Los datos de sonido se percibían un poco dañados, por lo que mantenía una máxima concentración. No podía saber de qué se trataba exactamente. Sin embargo fue interrumpido por el sonido de su celular que en ese instante tuvo una llamada entrante. Era Futsuumaru.
Rápidamente dejó de lado lo que estaba haciendo, pausando todo, y atendió la llamada.

—¡Todomatsu! —Hablaba su energético amigo—. Me preguntaba si estabas libre hoy…
—Claro que lo estoy. Después de la resaca de ayer…
—Lo imaginé. ¡Cielos, el convivio de ayer estuvo muy bien! Y ya que estaba pensando en ello, ¿quisieras ir al karaoke ahora? Pasar el rato contigo siempre es genial y creo que ayer no fue suficiente. —Reía.
—Bien, iré. Nos vemos en la estación. Si vas a comer algo, esta vez déjame pagar tu comida —dijo amistosamente.

Futsuumaru aceptó.

Cuando se vieron en la estación fueron directo a un karaoke cercano. Al parecer era uno de los sitios favoritos de Futsuumaru. «Cuando iba en secundaria solía venir mucho a este sitio con amigos y amigas. Siempre fue un lugar muy agradable», decía el muchacho de cabello rizado. «Hhm, luce muy agradable», contestaba Todomatsu.

Cuando entraron advirtieron que había música de los años 70's, 80's y 90's.
Love space de Tatsuro Yamashita, Bay city de Junko Yagami, Take on me de A-ha, Seventeen's map de Ozaki Yutaka, Shyness boy de Anri, To you de Yun Sang…

Había bastantes pantallas. Y aunque muy poco, cuando se acercaban a las habitaciones de otros visitantes se podía escuchar un poco de lo que interpretaban. Fueron directo a la recepción y pidieron una habitación para los dos. También pidieron algo de comida y bebida para pasarlo mejor en ese rato. Así el hambre no los distraería de su diversión.
Cuando estaban ya en su propia habitación comenzaron a interpretar todo tipo de canciones. Futsuumaru estaba sorprendido de que Todomatsu estuviera aquel día más accesible; cantaba a todo pulmón sin restricciones. Habían interpretado juntos ya varias canciones de varios géneros y además de bastantes idiomas que seguramente no habían pronunciado bien en absoluto.
Por un instante el chico de las pecas se limitó a ver y escuchar a su amigo para tomar un respiro.

I'm gonna swing from the chandelier! From the chandelier… I'm gonna live like tomorrow doesn't exist. Like it doesn't exist! —cantaba Todomatsu a todo pulmón. Su amigo comenzaba a jurar que quizá el chico creía estar solo. No parecía sentir vergüenza alguna como normalmente lo hacía—. I'm gonna fly like a bird through the night. Feel my tears as they dry! I'm gonna swing from the chandelier… From the chandelier!

Después siguió cantando otra canción:

—When I had you… I treated you bad and wrong my dear. And girl since, since you went away. Don't you know I sit around. With my head hanging down… And I wonder who's lovin' you… —seguía cantando con todo su corazón— Life without love, It's so lonely! I don't think, I don't think, I'm gonna make it…!

—Quizá realmente piensas que estás solo… —dijo Futsuumaru mientras reía secretamente de su amigo. Por supuesto, Todomatsu no oyó.
No obstante, comenzaba a preocuparse un poco. Quizá era solamente su imaginación, pero los ojos de Todomatsu estaban ligeramente forrados en lágrimas. "Quizá de verdad necesitaba desahogarse en algún sitio sobre algo", pensaba.
Siguió bebiendo de lo que quedaba en la mesa y picaba algo de la comida. Después volvía y se unía a su acompañante para seguir disfrutando del rato y cantar juntos una buena canción.
Pasado ya un momento de charla superficial y diversión, Futsuumaru a causa de su duda, fue directo al grano:
—Todomatsu, algo ha estado molestándote, ¿no es así?
—Futsuumaru, hay cientos de cosas que me molestan en estos días —respondió de manera casual.
—Bueno, ciertamente hoy estás algo diferente.
¿Solamente yo? ¿No te parece que Atsushi-kun también ha estado diferente? Como su amigo quizá notes algo…
"Ajá. Picó", pensó el muchacho de las pecas.
—Él está esforzándose mucho más que de costumbre. En el trabajo o en su persona, o en lo que sea. Creo que le está poniendo corazón a lo que sea que se propone. Aunque, siempre ha sido así. Yo lo veo de esa forma.
—Yo creo que ha sido extraño —decía Todomatsu soltándose un poco. Había bebido lo suficiente como para decir que ya estaba borracho, pero todavía se le veía consciente— porque además de todo, su rostro ha cambiado. Sus facciones son diferentes mientras habla y… mientras duerme.
Hoy en día tener cara de preocupación está de moda.
Ni que lo digas…

Futsuumaru comentó otras cosas de ese estilo sin hacer demasiado caso a sus deducciones. Creía que si de verdad Todomatsu lo quería así, le contaría sus problemas tarde o temprano, pero no lo hizo.
Mencionó a Atsushi de vez en cuando y luego hablaba aleatoriamente sobre su madre o sus hermanos, pero se detenía de inmediato cuando notaba que ya había platicado suficiente de sí mismo. Entre la charla, se enteró por ejemplo de que, Futsuumaru salía con una chica; alguien de su misma universidad. Y de que tenía un perro, y de que había ido hace poco de vacaciones a su pueblo natal, cerca de la isla Ganryu-jima. Se sintió un fracaso como amigo pero no tuvo el valor suficiente como para ofrecer una disculpa por estar siempre tan ensimismado. Pero se sentía tan solo… No había cambiado mucho.

—¿Tienes planes de casarte, Maru? —preguntó Todomatsu.
—Algo hay de eso. Sí, diría que sí. Es una muchacha agradable —decía mientras se sonrojaba gentilmente—. De hecho, ella piensa igual… Lo insinúa todo el tiempo.
—¿Y qué esperas para proponérselo? Tenemos 24 años. Es una buena edad para el matrimonio. —Sonrió.
—Uhh… Pero me siento como de 15.
—¿Y? Cuando menos te lo esperes estarás felizmente casado, tarde o temprano. Deberías aprovechar y proponérselo si de verdad ambos se aman.
—Pero sigo en la universidad. Cielos, ¿cómo puede haber gente como Atsushi? Siendo tan joven… Mis trabajos de medio tiempo no funcionan muy bien. Y mantener a una familia es algo que… —decía. Después se interrumpió para empezar otra frase—: Además…
—¿Mhm?
—Ella quiere cuatro niños… —dijo con las mejillas encendidas.
—¡Oh! Serás de familia numerosa —se rió. No podía imaginarse a su querido amigo siendo padre de cuatro hijos.
—B-Bueno… —Futsuumaru le volteó el tema—, ¿Atsushi y tú no tendrán una fiesta de bodas alguna vez? Estaré en la primera fila. De hecho exijo la primera fila. Los conozco a ambos desde que somos chicos de secundaria.
—No hemos hablado nada de ello… De hecho, no hablamos mucho de nada últimamente.
—Bien, me ahorraré unos cuantos billetes.
—¡Oye!

Ambos rieron.

Cuando menos se dieron cuenta ya era casi de noche, estaba oscureciendo. Futsuumaru acompañó a Todomatsu al sitio donde solía tomar el tren y se despidieron, sin embargo, el destino no quería que se separaran aquel día.
Justo cuando se habían dado la espalda para cada quien tomar su camino, Atsushi pasaba a un lado de ellos en su coche. Bajó la ventana un poco y los llamó.

—¡Chicos! —les llamó. Ambos voltearon instintivamente. Era Atsushi, en efecto. Él siguió hablando—: Suban. Te llevaré a tu casa, Futsuumaru-kun.

Sin rechistar el chico subió al auto y Todomatsu seguido de él.
Al menor de los sextillizos se le veía algo sorprendido y a su vez irritado, aunque su aura también desprendía cierta sensación de preocupación.

Había oscurecido temprano.

—Gracias, Atsushi, —decía Futsuumaru— pero no voy a mi casa. Planeaba pasar a la casa de un compañero. Últimamente estamos haciendo los proyectos juntos.
—Entiendo. No hay problema, te dejaré ahí.

No había habido ni un solo intercambio de palabras entre Todomatsu y Atsushi. Para el tercer joven aquello resultaba algo imprevisto y también en cierto punto hasta incómodo. Para ir en el asiento del copiloto al menos debería decir una que otra cosa, pero Todomatsu no accedía. De nuevo estaba sumergido en sus pensamientos.

Realmente Todomatsu no sabía que pensar.
Atsushi estaba regularmente ocupado y de pronto cuando menos lo esperaba aparecía a mitad de la carretera en un horario que no le correspondía. Además, estaba pensando demasiado. Podía sentir que Atsushi lo miraba de reojo aunque se esforzaba por solamente prestar atención al volante.
Futsuumaru le indicó la dirección y Atsushi prosiguió.
Al final fue Todomatsu quien soltó una frase al azar; lo primero que se le ocurrió.

—No llamaste para decir que salías temprano.
Atsushi lo miró por unos leves segundos y después se volteó para responder:
Esperaba que pudiera sorprenderte si nos mirábamos repentinamente.
¿Estabas en otro sitio?
No realmente.
Hmh…
En fin, Futsuumaru-kun, ¿es por aquí, verdad? —preguntó Atsushi.
Sí, es por aquí… —respondió el chico.

Durante el transcurso el muchacho al volante y su acompañante no intercambiaron más frases largas. Solamente algunas palabras que soltaban aleatoriamente para rellenar fallidamente el silencioso instante.
Cuando llegaron al destino Futsuumaru agradeció y se perdió de entre la oscuridad. Su compañero de la universidad lo recibió; no mentía. Todomatsu tenía la corazonada de que quizá mentía por alguna razón.
Cuando el chico de cabello rizado estaba esperando a su amigo fuera de su casa, se quedó consternado pensando en sus dos amigos. Notablemente estaban molestos el uno con el otro por algo que desconocía. Le preocupaba aunque no se lo admitiera a sí mismo.

Atsushi comenzó a conducir de regreso a la casa. Puso algo de música para aliviar un poco el silencio. After the storm de Kali Uchis sonaba al fondo.

—Atsushi-kun… Si hubieses llamado habría preparado la cena. Planeaba llegar a casa y dormir una siesta, pero… Bueno, estas aquí.
—Entiendo. No te preocupes, comí algo antes de venir aquí.

"The sun'll come out. Nothing good ever comes easy. I know times are rough. But winners don't quit. So don't you give up…"

—¿En serio? —decía sin verle—. Oh, si tuviste tiempo de comer antes de llegar a casa entonces pudiste decirme.
No había prisa. Fue repentino… Comí con unos colegas así que… Bueno, cosas del trabajo.
—Oh, ya veo.
¿No fuiste a la cafetería hoy?
¿Por qué lo supones?
Yendo a comer con Futsuumaru-kun… No traes tu bolso con el que usualmente sales por las mañanas, ni tampoco pareces cargar con tu uniforme.
Uh, que tonto de mi parte. Es verdad, hoy no fui a trabajar. Después de lo de ayer, me sorprende que pudieras levantarte.
Entiendo. —Soltó un largo suspiro.

"The sun'll come out. But we've been struggling endless days. Someday we'll find the love. 'Cause after the storm…"

Y, hablando de ayer… Atsushi-kun, me debes una disculpa.
¿Por qué razón?
Y me lo preguntas… Porque me intimidaste, o eso intentaste, por supuesto.
—Oh, ¿por eso? Bueno, no deberías asustarte por algo así. Ni reprimirte tampoco.
Todomatsu dirigió una mirada poco agradable a Atsushi. En ocasiones solía ser incorregible.
Dios…
Olvídalo, simplemente. —Sonrió burlonamente—. Hoy tenemos toda la noche para hacer lo que sea.
—Ah, sobre otra cosa —cambió de tema hábilmente—, ayer en la noche…
¿Hmh?
Tenías una pesadilla.
Atsushi enmudeció. No era una pesadilla precisamente por lo que había estado inquieto. Pero de verdad estaba sorprendido. Temía que quizá había estado hablando dormido, o pataleando o algo peor. La idea de haber molestado a Todomatsu por culpa de su poco recurrente sonambulismo le molestaba considerablemente.

"I know it's hard. But do you even really try? Maybe you could understand. When all you had to do was ask. And just open your mind. When everything is passing by. And all you had to do was try… Yeah, all you had to was try…"

—Sólo fue un mal momento. Después de beber demasiado mi mente estuvo confundida.
—Usualmente el alcohol no te hace nada, pero ayer fue todo lo contrario.
—Eso es porque ayer fue distinto.
—Entiendo, entiendo. ¿Y hoy tuviste tiempo de abrir tus obsequios?
—Sí, fueron lindos.
"Lindos…", resonó en la mente de Todomatsu. A Atsushi le gustaba mucho usar esa palabra últimamente.
—Atsushi-kun, ayer —decía mientras tocaba sus mejillas, simulando lagrimear. Deslizaba sus dedos desde sus parpados hasta la barbilla— llorabas.
—¿Eh? Dices que yo…
—Sí. Me preguntaba por qué.
—Eh… —El mayor entrecerró los ojos, parecía sentirse mareado. Algo sucumbió de las profundidades de su ser. Algo que no quería recordar. Estaba intentando responder algo a Todomatsu, pero nada salía de su boca. Comenzó a sudar frío. Odiaba cuando sus manos comenzaban a temblar de la nada, cuando nadie realmente le exigía demasiado. Miedo, arrepentimiento, decepción, tristeza… Experimentaba todo al mismo tiempo. No había nada que pudiera decir, y al parecer el menor se dio cuenta de ello porque de inmediato lo interrumpió.
—¿Te parece ver una película?
Atsushi tardó en responder y Todomatsu agregó:
—Encontré buenas recomendaciones. Pero la verdad la idea de ver una película de terror mientras no estabas me parecía algo… mala. —Ante aquel comentario trató de no reírse. Recordaba cuando todavía necesitaba ayuda de Choromatsu para poder ir al baño ya a una edad considerable, bajo condiciones normales.

"Try, try, try, try, try. All you had to do was try. Try, try, try, try".

Llegaron a la casa.
Cuando dejaron el calzado en la entrada de la misma e iban dispuestos a ver algo en el televisor de la sala, a Atsushi le llamó la atención algo: las escaleras para llegar a la buhardilla estaban llenas de cosas. Caminaba dispuesto a arreglarlas, pero Todomatsu le cubrió el paso.

—Deja ahí. Yo estaba limpiando, pero terminaré después.
—Pero…
Atsushi no desviaba su mirada de arriba. Algo parecía incomodarle. Verdaderamente, hacía mucho que no revisaba las cosas que tenía guardadas allá y la curiosidad le carcomía la consciencia.
—Déjalo.
Para Todomatsu aquello resultaba muy incómodo. Sentía algo de vergüenza. Había estado husmeando antes de limpiar, y si recordaba bien, en el momento en que Futsuumaru le llamó, él dejó todo tal y como lo había estado usando. Eso quería decir que la vieja computadora portátil de Atsushi junto al USB debían estar ahí fuera en el suelo, donde las vería en cuando entrara.
En definitiva no quería que el contrario se diera cuenta de que husmeaba en sus cosas. Pero moría de curiosidad. Se sentía como un detective, el cual era protagonista de una serie de asesinos seriales y persecuciones. Ciertamente tenía alma para aquello, pero que Atsushi se diera cuenta de aquello era…
Suspiró con pesadez.

Finalmente el mayor desistió y avisó que se daría una ducha primero.

Todomatsu aprovechó el momento para ir a guardar todo el desastre que más tarde podría incriminarlo.
Al finalizar con aquella tarea, escuchó sonar el celular de Atsushi. Se fijó; quería ver de quién se trataba. Era una chica. Una tal Kaede.

El estómago de Todomatsu se revolvió.
Su mente se ponía increíblemente imaginativa en situaciones como esas. Temía que Atsushi estuviera increíblemente ocupado y sospechoso debido a eso… A eso de lo que sus hermanos le habían hablado. Tenía miedo de que esas suposiciones y teorías fueran ciertas.
Pero su mente ya se había encargado de hacer su propia versión. Una en la que Atsushi salía de las oficinas a una hora temprana, y, en busca de placer o de matar el tiempo, fuera a un hotel cercano a divertirse con chicos o chicas.
Temblaba.
La idea podía parecer exagerada, pero nada que no pudiera ser verdad.

Se leía en la pantalla del celular: かえで.

Cuando Atsushi salió de la ducha de inmediato se dirigió a la sala, donde estaba Todomatsu. Todomatsu estaba de pie, sosteniendo el celular del contrario.

—Oh, At-Atsushi-kun… —tartamudeó un poco.
—¿Qué haces, Todomatsu? —Cuando miró que el menor sostenía su móvil, se inquietó. De inmediato se acercó a él y sin dudarlo un poco le arrebató el aparato de entre las manos. No dijo nada, pero la molestia en su rostro era indisimulable.
—Lo… —Todomatsu se sorprendió por su rudeza—. Lo siento.
Atusushi arrojó el teléfono lejos luego de checar la pantalla de inicio.
—N-No… Creo que fui un poco exagerado. —Su voz se oía sin emoción.

Ninguno de los dos dijo nada. A Todomatsu no le quedó más que fingir que todo estaba excelente, y lo alentó a ver la película con él. Película a la cual ninguno de los dos le prestó verdaderamente atención.

La noche cayó y Atsushi se fue a dormir. No obstante, en una ocasión en la que se levantó al baño (supuestamente), oyó que discutía con alguien mientras hablaba por teléfono, y después se metió a su oficina personal. Aquella que estaba en la planta baja, retirada en una esquina de la casa. Como habían mencionado sus hermanos, parecía hablar con una mujer, aunque a veces parecía hablar con un hombre mayor, y otras con algún muchacho joven. Todo dependía de los honoríficos que usara.
El mayor hablaba con una persona, colgaba, y después hablaba con otra. Y así repetidas veces. A Todomatsu se lo comía su consciencia. Intentaba dormirse con todas sus fuerzas. Aunque a veces oía fragmentos de las conversaciones de Atsushi con aquella gente, tales como:

"Sí, sí, pronto será… Lo prometo". "No… Hace mucho que no". "Estaré al pendiente, lo juro. Pronto terminará". "Entiendo. Pero necesito más tiempo…" "Espero que sea posible. Recíbeme cuando puedas". "Sí, de acuerdo…" "Dile de mi parte que lo olvide. Eso es algo que…" "No va a pasar. Por favor, cállate". "Si eso ha sucedido es porque él… lo quiso así". "No vuelvas a hablar por algo así. No tengo nada que ver. Puedes ahorrarte una demanda". "Es que… yo… ya no voy a volver a esta ciudad nunca, tal vez".

Para ese punto, Todomatsu quedó atónito. Pero decidió ya no escuchar más. Con mucho miedo tapó sus oídos y se dispuso a dormir, o al menos a intentarlo. Lloró mucho antes de lograrlo.

A la mañana siguiente, llamó a Futsuumaru. Le contó algo de lo que se temía y le pidió ayuda para pasar el rato pues era incapaz de distraerse con otra cosa. El pecoso le sugirió verse en su propia casa luego de que saliera de la universidad. Todomatsu aceptó; él tenía que ir a trabajar también.

Trató de disimular correctamente frente a Sacchi y Aida aquella mañana, pero su mente se encontraba en otro lado.

—Disculpe… —decía una mujer acercándose a la caja—. Pedí un té helado de limón y me trajeron un cappuccino. —Se veía irritada.
—Lo siento. Se lo cambiaré. No debe preocuparse por pagarlo —respondía Aida inclinando levemente la cabeza.

Después pasó algo similar. Una pareja se quejó de los postres, habían pedido tartas de chocolate y limón, y en su lugar les dieron pasteles arcoíris y de red velvet. El pedido había sido confundido con el de otra pareja.
Y aquello se repitió en más ocasiones.

Cuando ya había sido suficiente, Aida le llamó la atención a su compañero.

—Totty, ¿Qué te sucede hoy? ¿estás bien? Van varios clientes que se quejan de sus pedidos porque los has entregado erróneamente.
—Uh, lo siento. Fue mi error. Me encargaré de corregir todo.
Para su compañera aquella disculpa no fue suficiente. Estaba preocupada.
—De acuerdo. Asegúrate de no hacerlo la próxima vez…

Todomatsu asintió y no dijo nada más.
Cuando la hora de la salida se acercó, comenzó a impacientarse. De verdad quería hablar mucho con Futsuumaru pero no sabía cómo debería empezar. No estaba seguro de nada.

Aquel día estaba frío. Era soleado, de un cielo despejado y lleno de color, de aire limpio pero también helado…

Cuando Todomatsu llegó a casa de su amigo, él se encontraba casi llegando también. Lo vio antes de abrir el portón de la misma. El chico de cabello castaño claro le dirigió un saludo amistoso agitando su mano, y Todomatsu lo imitó débilmente. En el momento en que por fin estuvieron cara a cara, el menor de los sextillizos arrugó su frente, y repentinamente sus ojos se llenaron de lágrimas.
Futsuumaru ante el asombro se acercó a él y de inmediato lo abrazó con un solo brazo, pues con el otro sostenía su mochila que cargaba también solamente en uno de sus hombros. Dio unas palmaditas en su espalda, y Todomatsu respondió con ambos brazos abiertos. Las lágrimas nunca se desbordaron de sus ojos, pero estaban llenos de ellas.

—Pasa, pasa, Todomatsu. Ya sabes que es tu casa. —Lo sostuvo del brazo para alentarle a caminar. Fue por delante para poder abrir ambas de las puertas. Se sentaron en el sofá, en la sala principal. Le ofreció té, jugo, soda o café, y Todomatsu eligió el café. Se lo sirvió y abrió una soda para él. Después de darle más palabras alentadoras o de consuelo, le dijo—: Bueno, no debe ser fácil para ti y temo decir algo indebido, así que llevémoslo con calma.
—De acuerdo. Es solo una suposición mía pero me temo que Atsushi-kun esté... viendo a alguien más, o algo peor.
—¿Qué podría ser ese "peor"?
—No lo sé. Que esté haciendo algo ilegal, ¿tal vez?
—¿Cómo destrozar empresas, jugar con los números, y enredarse en asuntos privados, quizá?
—No lo sé —repitió.
—Imposible. Sabes que el Atsushi que ambos conocemos no haría eso…
—Pero… Hah… —suspiró. Estaba mentalmente exhausto. Al pensar en Atsushi su cabeza y corazón dolían. Temía no tener el valor suficiente para preguntarle directamente por todo lo que le molestaba, inquietaba, incomodaba, desagradaba, entristecía, asustaba… Podía imaginarse perdiendo a esa persona especial solamente por un momento de mala comunicación. Por ese momento en cierto punto de sus vidas donde ambos chocaban y se distanciaban para no aclarar las cosas nunca. Lo temía. El ser rechazado por la persona más íntima y significativa de su vida. Moría de miedo; miedo de que él mismo fuera el problema, o un factor del mismísimo conflicto entre la distancia ambos. No podía dormir en paz ni hacer nada en armonía prácticamente. Y creía que, por más que hablara sobre ello o lo pensara, nadie podría entenderle realmente. Nadie que no sienta lo mismo que él hacia alguien.
—Totty, —lo llamó por el sobrenombre que había escuchado que todos mencionaban para referirse a su amigo— sé que debe ser difícil para ti siquiera encararlo sabiendo ya todo esto, pero deberías al menos intentar poner todo en orden y calmarte un poco. Nada está cien por ciento confirmado, ¿cierto? Tiene arreglo. Hay que tratar de no hacernos ideas equivocadas antes de tomar una decisión.
—Pero, Maru, ¡no soy capaz de tranquilizarme ni un maldito segundo! —se intranquilizó—. Oh… Lo siento.
—¿Sabes qué? Siempre me ha gustado la gente como tú. La gente sin orgullo o ego.
—¿Qué dices? —se rió —. Yo no soy así…
Futsuumaru sonrió y después de dar un sorbo a la lata de soda, dijo:
—Es verdad, aparentas no ser así. Pero al fin y al cabo son solo apariencias. Te disculpas fácilmente si algo que hiciste o dijiste no está bien, y no dudas en pedir ayuda a los demás sin importar si eso significa "ser inferior" a vista de los demás. La gente que lleva la cabeza hacia abajo admitiendo sus propios errores… me gusta. Siempre estoy tratando de ser así también, por muy difícil que sea. Quiero hacer a un lado aquello llamado orgullo o egocentrismo, que se disfraza fácil y constantemente de dignidad… —Al no recibir una respuesta por parte de Todomatsu, se obligó a continuar—. Y creo que, cueste lo que cueste, con una virtud como la tuya eres capaz de hacer, lograr y entender muchas cosas. Incluso si eso significa que después deberás agachar tu cabeza y disculparte amablemente, como una valiosa costumbre más. —Hizo otra breve pausa y prosiguió diciendo—: Todomatsu, habla con Atsushi.
—Futsuumaru… —lo miró con ojos brillantes.
—Es mejor que estar muerto de miedo todo el tiempo sin saber la verdad o la farsa completa —soltó una risita nerviosa. Su pecho dolió—. Oh, estoy dando de nuevo consejos que tal vez yo no pueda seguir…
—Es que yo…
—Lo sé. Has intentado hablarle y él te evade, ¿no? Pon de tu parte, y si te equivocas o lo que sea no te importará disculparte. Así eres tú. Solamente… no lo hagas muy seguido. Sé lo que dije; la humildad es valiosa, pero después de todo algo como la dignidad ciertamente existe —sonrió. Rascó su nuca con algo de nerviosismo—. Muchas veces… las personas no reaccionan debidamente a las disculpas por distintas razones. Que eso no te desanime.

Todomatsu era un experto en saberlo. Podía recordar varias situaciones en las que pidió perdón. Era difícil pedir perdón, y él lo había hecho una infinidad de veces. Y se sentía tan conmovido…
Su amigo acababa de hablarle de una posible virtud escondida en él que jamás había tomado en cuenta. Que quizá nadie había tomado en cuenta antes, verdaderamente. Se formó un nudo en su garganta.
Futsuumaru continuó:

—Y no quiero asustarte ni mucho menos, pero, si algo que no quieras que suceda llega a suceder realmente, no te obligues a ti mismo a aceptarlo de inmediato. Toma tu tiempo —se relamió los labios para continuar—. Ven a mi casa de nuevo si no te sientes seguro, no importa la hora. Y… bueno, es parte del proceso. Al buscar la verdad encontrarás una, de seguro. Sin importar cuál sea esa verdad, intenta conocerla. Ya veremos qué sucederá después, ¿bien?
—Gra… G-Gracias, Fustuumaru —le dijo Todomatsu con ojos cristalinos.
—No es nada, de verdad… —rascó su nuca de nuevo mientras esbozaba una sonrisa penosa. Después usó un tono más vivaracho al hablar—. ¡Bien!, ¿quieres algo de ramen? Debes estar hambriento. Por aquí a la vuelta de la esquina venden uno muy bueno en un puesto ambulante —sugirió—. Yo invito.

Después de terminar de hablar unos detalles, ambos fueron a comer.
Todomatsu se arrepentía de haber ocultado su mal hábito de esculcar todo a fondo cuando no tenía razones. Creía que no haber mencionado las extrañas grabaciones que guardaba Atsushi había sido un error que lo lastimaría futuramente. Pero, tratando de salvarse a sí mismo de nueva cuenta, se obligó a no pensar en eso hasta el día siguiente cuando estuviera más despejado.

Mientras tanto en lo más fondo, agradecía tener un amigo como Futsuumaru. "Y a mí —pensaba Todomatsu caminando por la calle oscura junto al chico de cabello crespo, viéndolo con aprecio— me gusta la gente como tú".