Capítulo 38- Rechazo.


Todomatsu meneó la cabeza con confusión. No quería ser igual que sus hermanos y armar teorías que no eran ciertas. Pero si llegara a tener razón, estaría realmente amedrentado.

Recordó el momento en que fue a comer ramen con Futsuumaru y pensó que tal vez estaría molestando mucho si le pedía ayuda otra vez para aclarar sus ideas. Estaba perplejo. Además, en caso de que lo de Atsushi fuera muy serio, sería muy preocupante desmantelarlo frente a un tercero. Sentía algo de miedo. Sentía miedo de sentir miedo de Atsushi.

Hizo una llamada a su amigo. Le contó de las llamadas que recibía Atsushi constantemente y de las cosas (no le dijo detalles) que había encontrado en su viejo USB. Le dijo que estaba profundamente preocupado y que necesitaba verlo de nuevo, pero Futsuumaru se rehusó diciéndole que pasaría el día con su novia. No obstante, le prometió verlo en un par de días. Y así se hizo.

Durante aquella noche no hubo mucho intercambio de palabras entre el mayor y Todomatsu. Cuando había vuelto del trabajo se limitó a buscar algo de comer rápidamente en la nevera y a darse una ducha. Después fue a seguir parte de su trabajo a su pequeña oficina y a hablar por teléfono de nuevo.
Todomatsu no fue capaz de escuchar más fragmentos de las conversaciones de Atsushi, aunque de vez en cuando que tenía oportunidad de husmear en el celular de su amante, podía ver los nombres de aquellas personas en la pantalla. La que más llamadas tenía era Kaede.
"Kaede", pensaba Todomatsu con regularidad. "Kaede…."

Cuando le faltaba algún detalle por terminar, Atsushi solía seguir realizando su trabajo cuando estaba ya acostado en su cama justo a punto de dormir, y Todomatsu descansaba al lado de él. Pero no había ni las más mínima conversación de por medio.
Parecía que ninguno de los dos estaba interesando en el otro por el momento. Y cada uno tenía sus razones.
Para Todomatsu había sido (y seguía siendo) una tortura que Atsushi se guardara varios secretos para él solo. Tantos asuntos ocultos que les separaban constantemente y aun así no era capaz de contarle. Lo sentía distante y estaba harto de eso. Por otra parte, Atsushi tenía sus propias razones para estar sacado de quicio con Todomatsu. Una de ellas: le molestaba que fuera tan chismoso. Quería saber todo, todo el tiempo, como si fuese una madre sobreprotectora a extremo, y eso le desagradaba en un punto considerable, ya que en su opinión no tenía nada que pudiera incumbirle. Y segunda (y probablemente la razón más importante): La distancia que Todomatsu mantenía hacia él.
Era cierto que eran unidos en alma, pero… Atsushi quería algo más. Mentiría si dijera que no deseaba un encuentro apasionado con Todomatsu. Constantemente fantaseaba con esa aventura amorosa que había deseado desde hace tiempo. Quería saber lo que se sentía hacerlo… estando enamorado. Sin embargo, Todomatsu le rechazaba constantemente de manera fría. De vez en cuando Atsushi deducía que el menor sentía miedo o incomodidad, pero su mente a veces le hacía una mala jugada y pensaba que quizá sentía algo parecido a la repulsión. Y, de hecho, le sorprendía gradualmente que Todomatsu pudiera permanecer casto sin problema, después de tres años con su pareja.

Ambos se habían distanciado por falta de comunicación.

Habían pasado casi dos semanas desde la celebración de cumpleaños de Atsushi.
Para ese entonces, Todomatsu había acostumbrado visitar a su mejor amigo más seguido. Incluso hubo días en los que Atsushi llegaba ridículamente tarde a casa y Todomatsu se aburría o se abrumaba, por lo que se quedaba a dormir en casa ajena. Futsuumaru siempre lo recibía con mucho cariño.

Mientras bebían sake y disque miraban películas, hablaban a la vez de sus problemas y sus situaciones amorosas. Después de tanto hablar Todomatsu se había sentido mal por involucrar a su amigo en sus problemas personales, por lo que de vez en cuando se callaba y se limitaba a escuchar. De hecho, se sentía mejor así: ignorando sus problemas y aparentando estar bien mientras su amigo le hacía reír de una u otra manera.

Todomatsu le preguntó ocasionalmente sobre Atsushi; sobre su pasado.

—Pues… Atsushi siempre fue algo reservado. No destacaba mucho, en realidad. Era físicamente algo distinto: pequeñito y con el pelo todo revuelto, largo y oscuro. Parecía un niño travieso que se esforzaba por aparentar ser disciplinado. Pero creo que después de todo sí era disciplinado, ja, ja. Tocaba el piano de la escuela y se le veía sacar libros de la biblioteca aunque nunca los leía ahí. Por lo demás…, hmh, no lo sé. Era reservado. A veces se le veía sonreír con ojos de cansancio, como actualmente, pero su mirada era distinta. Por lo que sé, siempre estuvo estudiando arduamente. Por eso es que comenzó a trabajar en una empresa grande en un buen puesto a tan corta edad. Ja, ja… y pensar que ambos lo conocíamos —dijo. Se rió y se rascó la nunca.

—Pero pese a ello… Atsushi siempre estuvo envuelto en misterio, ¿verdad?
—Sí, me temo que sí.
—¿Cómo lo conociste?
—Mmm… Buena pregunta. Creo que no puedo recordarlo con exactitud porque no fue muy memorable, pero fue durante un partido de fútbol a finales de la secundaria. Atsushi odiaba sudar, por lo que evitaba los deportes cada que podía, y yo me lastimé el tobillo por un empujón que me dieron. Ambos estábamos sentados en el banquillo esperando a que los otros chicos terminasen de jugar. Íbamos en distintos grupos y ambos bandos se enfrentaron, pero nosotros no jugamos. Bueno —se rió un poco antes de continuar—, yo participé por un breve momento antes de que me lastimara y no pudiera seguir jugando. En fin, Atsushi me dijo algo. No puedo recordarlo —sonrió con pena—, pero al responderle y charlar por un rato me di cuenta de que pese a ser un rebelde parecía ser un buen chico. Su acento era diferente además. A diferencia de quienes venimos de otros sitios, él tenía una manera de hablar muy neutral; hasta formal, diría. Aquel día parecía aburrido.
—¿Aburrido?
—Sí, quizá era nostalgia. La mirada se le perdía viendo a los demás. A diferencia mía él no estaba interesado en el juego. Yo la verdad estaba muy emocionado y enojado conmigo mismo por mi lesión. De verdad quería ver derribados a los del otro grupo. Ja, ja… Íbamos 1-6.
—¿Y ganaron? —preguntó Todomatsu con una risita curiosa.
—Qué va, claro que no. El equipo de Atsushi fue el ganador. Aunque como dije… A él no le importó. Después de que el partido terminara se fue sin despedirse. A los siguientes días chocamos de vez en cuando por los pasillos e intercambiamos algunas palabras. Pero eso fue todo hasta la graduación. Lo vi de nuevo en preparatoria y empezamos a ser más cercanos al entrar ambos a la universidad. Pero, bueno, él estaba en la universidad de Tokio. Yo no tenía tal oportunidad.
—¿Y no sentiste como si hubiera cambiado de repente?
—Físicamente lo hizo, sin dudas. De repente todo en él era distinto.
—¿Y…?
—Y su personalidad. Parecía más centrado. ¿Cómo decirlo? Era un tipo de confianza en sí mismo que se notaba desde lejos. Y la repentina sonrisa que antes no esbozaba...
—Supongo que no hay fotografías del Atsushi-kun que tú conociste en ese entonces.
—¿Por qué lo dices?
—Hay algunas fotos suyas en casa, pero no me suena "ese Atsushi" que describes. Pequeñito y de pelo oscuro… No recuerdo haberlo visto así.
—¿En serio? Hmh, ya pasaron unos doce años desde que nos conocimos. Probablemente no se centró nunca en eso.

Todomatsu sintió un poco de decepción. La información que había logrado allegar no le era muy útil. Atsushi estaba lleno de misterio hasta para un viejo amigo como Futsuumaru.

Después de pasar casi una semana pernoctando en el domicilio de su amigo, se decidió por volver a casa.
Quería zanjar de una vez el tema de las grabaciones misteriosas. Además debía lidiar con el tema de la tal Kaede y los demás tipos que le hablaban a Atsushi con constancia. Cuando pensaba en ello, maldecía internamente a Ichimatsu y Jyushimatsu. No estaría comiéndose la cabeza si no fuera por ellos. No se hubiera vuelto tan chismoso los últimos días si no fuera por ellos…

Cuando llegó a casa, seleccionó los audios. Estaba temblando sin darse cuenta. Ya no quería escuchar, pero la curiosidad se lo estaba comiendo vivo. La última vez había escuchado a ese tal tipo Takeuchi gritando y llorando con enojo antes de que la grabación se cortara. No obstante, creía que podía escuchar el registro de otras conversaciones anteriores a ese suceso. Después de todo, aquello no tenía un orden, como ya había notado varias veces con anterioridad.
Con las manos trémulas se dispuso a indagar en la información ante sus ojos y atentamente comenzó a escuchar.

[ Datos: 3/28. Marzo del 2005 ]

—¿Por qué habría de aceptarlo? No, no puedo ir con usted.
—Takeuchi-kun,
es de alguna manera… mejor para ti. Al menos considéralo.
—Pero, no puedo hacerlo. Ni siquiera puedo considerarlo. Es que es algo un poco delicado. Usted debería entenderlo.
—Oh, lo entiendo. Créeme. No es lo que quise decir.
—¿Entonces por qué sigue insistiéndome?
—Me preocupa tu estado. Es eso. Entiendo que debo limitarme a hablar contigo pero, siendo realista, creo que deberíamos tomar riendas en el asunto.
—¿Llevándome con usted? ¿No tiene esposa o hijos?
—Takeuchi-kun…
—Hablar con usted es suficiente para mí. No me imagino viviendo en otro lugar. Ha sido difícil adaptarme a todo esto.
—Te entiendo.
—Si me entiende entonces deje de repetirme su oferta. Con todo respeto y sin afán de ofenderle, me parece absurdo. Solamente hacerme la idea de abandonar a la mujer que se ha encargado de cuidar de mí… Me hace sentir mal.
—Bien, entonces dejémoslo ahí. No tienes por qué hacerlo.

—Entonces, ¿quieres seguirme contando de ti? Dime lo que te molesta.
—¿Lo que me molesta? Todo me molesta actualmente. No puedo detenerlo. No puedo detenerlo…
—De acuerdo. Entonces comenzaré con una pregunta un poco más sencilla. Tómate tu tiempo para responder. ¿Cuál fue tu razón principal para venir aquí?
—Fue porque…
ella me lo pidió.
—Bien. ¿Y por qué crees que lo hizo?
—No tengo manera de saberlo.
—Creo que sí, si buscas en lo profundo de ti.
—Mhm…
—¿Peleaban seguido o…?
—No, nada de eso. Solo recuerdo que en una ocasión ella me dijo que le incomodaba ver que yo era muy… taciturno. Ya sabe. Dice que parecía un muñeco.
—Muy bien. Entonces, Takeuchi-kun, dime…

Todomatsu detuvo la grabación. No tenía ganas de escuchar más. No había mucho que pudiera deducir y encontrar algo que le pusiera mal era su peor miedo actual.

Se recargó en el costado del sofá, cerca del ventanal. Faltaban unas cuantas horas para que Atsushi llegara. Aquel día Todomatsu trabajaría pocas horas desde el atardecer hasta el anochecer, por lo que salió de casa una vez más.

Cuando volvía del trabajo casi se topó con Atsushi en la entrada de la casa, en el recibidor. En el momento en que se vieron, se saludaron. Sin embargo, el gesto de Atsushi hacia él lo sacó de quicio; había inclinado la cabeza haciendo una leve reverencia, como se saluda rápidamente a los desconocidos.

—Atsushi-kun…
El mencionado le miró con cierto ápice de indiferencia y Todomatsu continuó diciéndole:
—¿Cómo estuvo tu día?
—Todo bien. Algo extenuante. De hecho, demasiado.
—Mmm…
—¿Tienes algo que decirme? Te comportas extraño.
—Tengo montones de cosas que decirte, pero nunca respondes a ninguna.
—Oh, ya vas con eso de nuevo…
Todomatsu sacudió la cabeza y dijo:
—Vamos, entra. El aire es frío esta noche.

No hablaron nada de importancia más que temas triviales.

Al día siguiente Todomatsu volvería con su horario nocturno en la cafetería.

Cuando estaba preparando el almuerzo y su bolso para salir por fin a la estación, recibió una llamada. No era una llamada a su celular, sino al número de la casa. El teléfono cerca del recibidor sonaba con insistencia. Creyó que quizá se trataría de Atsushi —pensaba que tal vez se olvidó de algo importante en casa y le pediría que se lo llevara o algo por el estilo. Estaba listo para dar una reprimenda al mayor—, así que fue a contestar.

Cuando levantó el teléfono a punto de decir una palabra, la persona en la otra línea le interrumpió abruptamente dando por sentado que, era Atsushi quien estaba en casa en lugar de él.

—Atsushi-kun —decía la voz al teléfono. Todomatsu escuchaba atentamente—, sé que te dije que te daría más tiempo, pero me urge verte. No puedo soportar seguir en contacto contigo de esta manera. —Todomatsu no dijo nada y la persona siguió—: Puedo escuchar tu respiración detrás de la línea, ¿no dirás nada? Bien, entonces solo escúchame. Nos veremos en Kobe, es donde estoy viviendo ahora. Me dijiste que pronto abandonarías Tokio, así que pensé que venir a verme sería una buena idea para que empezaras de nuevo. ¿Qué te parece? Puedo ayudarte a conseguir un nuevo trabajo en esta ciudad. El comercio y los negocios internacionales se dan bien por acá también.
Siguió hablando con tranquilidad:
«Vivir en esa gran ciudad se te ha dado muy bien, pero entiendo que ya no quieras seguir allí. Estoy tratando de darte una mano. Además quiero que sigas aquí en Japón. Conmigo, si es posible. Hablé con las personas que te mencioné la vez pasada… Están haciendo todo lo posible, pero es mejor salirnos de ese asunto. Si llegamos a meter más las manos puede que para la próxima… resulte en algo peor. Sé que lo entiendes. Y… prefiero que vengas tú conmigo, a tener que ir yo contigo. La situación para mí es muy distinta.
»Siento mucho lo que te mencioné aquel día. Si está en tu mano, déjalo todo y ven, por favor. Olvídate de lo demás, ya no podemos hacer nada. Me sabe mal decírtelo, pero déjalo de lado y has como si… nunca te hubieras enterado de eso, ¿bien? Ya no te culpes, no hay manera de que algo como eso pueda deshacerse, y no podemos seguir jugando a ser espías por más tiempo. Entonces, ¿qué me dices?»

Todomatsu no dijo nada, estaba estático. No sabía cómo debía responder. Si se enteraba que él era otra persona, se enojaría seguramente por haber escuchado y no negar que no era Atsushi. Por un momento las palabras de sus hermanos resonaron en su cabeza. No quería creerlo, simplemente no. Aunque una parte de él decía que debía hacerle saber que no era su esperado Atsushi en línea. Se armó de valor para responder. No quería creer, pero…

—Atsushi-kun… no está en casa.
Se escuchó un suspiro al otro lado de la línea y la voz respondió:
—¿Quién eres?
—Todomatsu Matsuno.
—¿Qué haces en su casa? ¿Ahora él tiene un roomie?
—No, vivo con él.
Hubo un tiempo de vacilación antes de que la remitente pudiera responder, evidentemente estaba confundida.
—Matsuno-san —dijo—, entonces, todo lo que acabo de decir… díselo a Atsushi-kun cuando lo veas.
—¿Qué? —Su voz apenas sonó como un débil jadeo. Comenzaba a dolerle el estómago. Aquella situación no le gustaba nada. No entendía lo más mínimo.
—Y díselo lo más pronto posible, por favor. Eso es todo.
—¿De parte de quién?
—Dile que se lo dice Kaede.
—¿Kaede…?
—Sí, correcto. Bien… Voy a colgar, Matsuno-san. Ten una buena tarde.

La llamada se cortó. Todomatsu meneó la cabeza varias veces para deshacerse de la incómoda sensación y puso el teléfono en su lugar. Ya había varias veces en las que esa mujer figuraba entre él y Atsushi. Estaba sacando conclusiones demasiado rápido. Pero lo que era más importante: ¿Atsushi de verdad planearía irse con ella? ¿Quién era ella? Estaba harto. No podía seguir indagando en incógnitas del pasado y del presente a su antojo; eso no estaba bien y no le estaba trayendo ningún beneficio, pero tenía que hacer o decir algo.

Sin hacer más e intentando despejarse un poco, se puso su sombrero, se puso los zapatos y salió de la casa, yendo en camino a su trabajo.
Tenía la sensación de que quería llorar, pero aquello no podría ser posible. Hacer eso en público seguramente atraería muchas miradas ajenas que le incomodarían, así que hizo el intento por mantenerse lo más firme posible y seguir adelante, literal y metafóricamente.

El día transcurrió de manera ordinaria. Estaba intentando olvidar todo sobre Atsushi, no quería pensar en él. Si a la larga decidiría abandonarlo, que lo hiciera. Él no iba a tomar esa decisión, pues estaba convencido de que jamás dejaría de amarle a pesar de que, quizá, el mayor ya hubiese perdido ese afecto.
Suspiraba pesadamente cada tanto y continuaba con lo que se supone que debía hacer.

Cuando volvía a casa, se sentó un momento en el parque. No quería perder tiempo realmente, pero la idea de llegar a su hogar y sentarse sin hacer nada le aterraba; sabía que su mente se encargaría despiadadamente de torturarlo. Se quedó un rato perdiendo el tiempo en una banca cercana y cerró los ojos sin pensar en nada concreto. Se mantuvo así cerca de una hora y quizá un poco más.
Pasado todo ese tiempo, volvió.

Se dispuso a terminar de oír lo que había pospuesto. Sentado en la sala, cuidando sus espaldas por mero instinto, abrió la vieja laptop y continuó con el resto de información grabada.

[ Datos: 14/28. Junio del 2006 ]

—De acuerdo a la vez pasada, estás actuando diferente hoy. Y te voy a ser sincero: diferente de una manera extraña. Estás contradiciendo todo lo que me contaste las veces anteriores.
—¿De verdad?
—¿Crees que haya una razón para ello?
—No lo sé…
—Sé que haces lo que se te da en gana y lo realizas con tus propias opciones, eso está muy bien. Pero, debes tratar de no perjudicarte a la larga. Salir con chicas, beber, hacer travesuras… Eres joven y entiendo que ahora quieras intentar algunas cosas de ese tipo, pero, ¿has pensado que pasaría si no te detienes en algún momento? Cumplirás veinte y no llevaras ningún aprendizaje de ningún tipo contigo.
—Yo…
—Puedes meditar o intentar algo nuevo. Te aconsejo que mientras realizas estas actividades, adiestres a tu mente. Tu espíritu es primero, antes que tu capacidad mundana.

—Supe lo que pasó la vez pasada, muchacho. No voy a juzgarte, solo voy a usar la situación de base para llegar al fondo de ti. Conocer tu mente y espíritu. Nos ayudará bastante con esta sesión.

"Entonces esto es una sesión psicológica —pensaba Todomatsu mientras seguía escuchando—, esto debería ser confidencial. ¿Por qué está grabado? Debió ser terrible para Takeuchi-kun descubrir tal cosa. Por eso estaba tan furibundo".

—Haga o dígame de una vez lo que crea que haga falta, Nishida-sensei.
—Bien. Entonces, voy a preguntarte, ¿por qué lo hiciste? Dudo que a una edad como la tuya la tentación pueda contigo, pero, en este mundo hay muchas personas que no piensan demasiado y sucumben a estos métodos. Sin embargo, Takecuhi-kun, tú eres un muchacho inteligente. Puedo darme cuenta de ello fácilmente. Entonces, ¿por qué robaste en la tienda?
—No estoy seguro. Se veía fácil… Y lo fue, así que continué haciéndolo. No molestaba a nadie, y eran cosas pequeñas sin importancia, así que… Así que…
Hubo un instante de silencio.
—Bueno, en estos días es algo recurrente en los chicos de tu edad. Puedo decir que es tu manera de llamar la atención, ¿no es cierto?
—No estoy seguro… Era fácil.
—"Adolescentes que roban en las tiendas". Es algo muy común en estos días. En especial entre las pandillas de chicas y chicos malos.

—No estoy en una padilla, por si es lo que se pregunta.
—Oh, no, no. Era solo un ejemplo al respecto.
—Bueno…, quería ver cómo reaccionaba mi tutora ante lo sucedido, pero ella no me dijo nada. De hecho hasta se lo dijo a usted. Debe estar preocupada por esa tontería mía, ja, ja. Le diré que lo olvide. No lo voy a hacer otra vez. Se me ocurrió sacar cosas de la tienda sin pagar porque nunca lo había hecho y no se miraba difícil. Eso es todo. Quizá ella cree que saqué mañas de mi padre, pero en lo absoluto. Ahora que ya viví la experiencia, olvídelo. No me gustó.
—Bien, en caso de que siga preocupada se lo voy a decir. Ahora, volviendo contigo, Takeuchi-kun… ¿Estás bien con que te llame "Takeuchi"?
—Sí, mi nombre es algo… soso.
—Bien, entonces, tú y tu tutora, Takeuchi-kun y Takeuchi-san, ¿por qué no vienen juntos?
—Ella insiste en que yo debería hablar a solas con usted.
—Bien, entonces continuemos. Háblame de tu familia.
—¿Quiere que le hable de papá?
—Si te parece lo correcto, adelante. Tu madre o tus hermanos también son importantes para poder conocerte mejor.
—No tengo hermanos. Papá está… en otro país ahora mismo. Eso creo. Pero mi guardadora me dice que debo seguir temiendo que se aloje en alguna ciudad cercana, aquí en Japón. No quiere seguir viéndolo. Tal vez ya se lo he dicho y se lo diré más veces, pero ella es la ex-novia de mi padre, es la única relación que tienen. O tenían… Bueno, como mi madre está muerta y no conozco más familiares, ella se ofreció a protegerme. Sintió algún tipo de empatía por mí.
—Bien, To-, no, Takeuchi-kun, entonces, ¿por qué no intentamos algo?
—Sí, te diré.

(Datos eliminados)

Todomatsu soltó un respiro pesado y se dejó caer en el sofá. Cerró la laptop después de seguir oyendo más fragmentos aleatorios.
Fue a tomar un baño. Esta vez se estaba tomando su tiempo para relajarse. Atsushi tenía en su casa una tina tipo jacuzzi, así que Todomatsu se relajó en ella —rara vez lo hacía—. Le traía ciertos recuerdos de cuando iba con sus hermanos a los baños públicos a tomar un baño relajante, o divertido en ocasiones.
Se lavó el cuerpo primero —como solían hacerlo comúnmente en el nipón— y se puso champú de ese olor a chicle que tanto le gustaba. Se tomó todo el tiempo para masajear y limpiar adecuadamente su castaño cabello. Después por fin se metió a la tina hasta que el agua caliente le llegó a la barbilla. Se quedó ahí un momento, recargando la nuca contra la orilla. Se puso una toalla en el pelo y suspiró de satisfacción.
Después de remojarse otro rato, se secó, se cambió y se dirigió a la habitación. Estaba más relajado.

8:08 pm.

Estaba cocinando algo para cenar. Hacía mucho que no comía pesado, pero de verdad le había entrado un feroz apetito. Estaba preparando unos dumplings de carne y pollo con verduras junto a algo de té negro. Estaba tan hambriento que la cantidad de los bollos era exagerada.
El olor que la comida calientita emanaba era delicioso; dulce y salado a la vez. Daba ese toque característico de un hogar cálido.

Estaba pensando que quizá comprar unas cajas de bento cerca de la estación sería mejor, pero sinceramente estaba harto de las cajas de almuerzo. Era ya toda una costumbre para él.

Mientras hervía y freía los dumplings, hablaba con Futsuumaru por teléfono.
Era una plática casual entre amigos, de nuevo. Uno cocinaba y el otro jugaba videojuegos.
Últimamente ambos procuraban terminar rápido con sus tareas del trabajo o de la universidad para poder conversar al menos una vez a la semana.

—¿No ibas a ir hoy con tu novia?
—¿Con Sae? Oh, no. Nos hemos visto demasiado los últimos días. Ahora me toca jugar videojuegos toda la noche, ja, ja.
—Uh, quisiera volver a jugar contigo.
—¿Para que vuelvas a perder? Claro, ven cuando quieras, Totty.
—Debí suponer que dirías algo así.
—¡Ja, ja, ja, ja!
Futsuumaru estaba muy animado. De vez en cuando se desesperaba porque empezaba a perder sus partidas, pero después volvía a la normalidad prestando de nuevo toda su atención a su amigo. En un instante en que ninguno de los dos supo qué agregar, Futsuumaru dijo:
—Totty, ¿no quieres hablarme de Atsushi de nuevo?
—¿Eh?
—Hace rato lo mencionaste entre líneas. Me da la sensación de que… quieres decirme algo de eso.
—Bueno, sí. Pero nada cambia mucho a lo que te he dicho hace días. Igualmente te lo diré.
—De acuerdo, ¿qué es?
—Esa mujer… me hablo.
—¿¡Eh!? No puede ser. ¿Kaede?
—Esa misma. Aunque, no me habló a mí precisamente. Marcó al número del teléfono de la casa y esperaba que Atsushi-kun respondiera, pero no lo hizo. Estaba yo en su lugar y simplemente… atendí la llamada. —Futsuumaru prestaba atención. Al fondo de las voces podían distinguirse los sonidos que provocaban cada uno: el ruido de los botones del control remoto siendo rápidamente presionados, y los bollos chinos friéndose. Todomatsu siguió—: No estoy seguro de que es lo que quería. Debo transmitir su mensaje a Atsushi-kun pero… no entiendo nada. Creo que él quiere irse de Tokio.
—¿Otra vez con eso? ¿Irse de Tokio? ¿En serio? Lo dudo, Todomatsu. Teniéndolo todo aquí, ¿por qué habría de…?
—Lo sé, lo sé. También pienso lo mismo. No tiene sentido. Pero ella sonaba tan… segura de sí misma. Como si Atsushi le hubiese aclarado todo desde hace tiempo.
—¿Piensas que ella es algún tipo de amante?
—Puede ser.
—¿Y crees que él terminará yéndose de Tokio antes de que termine el año?
—Puede ser.
—¿Y supones que él está envuelto en algún caso ultra-peligroso internacional?
—Puede ser.
—¡No, Todomatsu! Estamos suponiendo demasiado.
—¿Qué debo hacer si no quiere hablarme de nada?
—No lo sé… Tal vez algo que solo tú sepas.
—Algo que solo yo sepa… —repitió en un susurro. Dio vuelta con los palillos a un par de dumplings. De repente sus ojos brillaron y chasqueó los dedos con aprobación—. ¡Eso es, Maru! ¡Eres muy listo!
—Eh… ¿Lo soy?
—Debí suponer algo como eso antes, ja, ja.
—Eh…
—Por cierto, algo más que creo que solo tú puedes saber.
—¿Qué será?
—El nombre de Atsushi-kun…
—¿Su nombre? ¿Atsushi Takahashi, cierto?
—Ajá. Estuve husmeando y tratando de hilar cabos.
—¿Y…?
—Me di cuenta de que Atsushi-kun cambió su apellido por razones desconocidas para mí. ¿De casualidad recuerdas cuál era su nombre completo en secundaria?
—Hum… A finales de preparatoria comenzó a llamarse a sí mismo Takahashi, pero no recuerdo por qué. Creo que tomó el apellido de un tío lejano suyo por algún conflicto familiar.
—Mmm, ya veo.
—Pero, si no es algún efecto mandela, recuerdo haber visto en las listas un kanji distinto al lado de su nombre. No recuerdo cuál era… Creo que la pronunciación también empezaba con T.
—¿De casualidad no sería… Takeuchi?
—¡Oh! ¡Ese mismo!
—Ugh… Lo sabía. No quiero ni pensar en ello…
—¿Por qué?
—Creo que Atsushi-kun grabó a algún familiar suyo. No lo sé. —Aunque Todomatsu hablaba con sinceridad, no revelaba ningún detalle sobre lo que había escuchado. Prefería mantener cierta distancia con cualquier persona sobre ello. —Hay algunas cosas que al parecer no le pertenecen del todo, pero él las tiene.
—Entiendo… Es algo raro, ¿no?
—Sí, lo es. Voy a terminar de oír eso y a zanjar el caso. Después hablaré con Atsushi sobre el otro asunto —suspiró—, sobre la llamada de hoy.
—Ya. ¿Entonces crees que Atsushi está vinculado con el chico de las grabaciones?
—¡Definitivamente! Y me da miedo que se haya esforzado tanto por ocultarlo. Oh, Maru, estoy asustado.
—Tranquilo, Totty. Quizá es algo que se olvidó que tenía por ahí y listo.
—¿Cómo eres tan positivo?
—Mis antiguas clases de yoga, tal vez —dijo y se rió.
Todomatsu meneó la cabeza y siguió diciendo:
—Bueno, gracias, amigo. Te llamaré más tarde, voy a comer ahora mismo.
—¡Bien! Me quedaré jugando hasta tarde. Puedes hablarme de nuevo si quieres.

Todomatsu le dijo que así lo haría y colgaron.

9:15 pm.

Mientras remojaba un bollo en la salsa de soja y le daba un mordisco, revisaba sus redes sociales. Estaba tan inmerso entre ambas actividades que no se dio cuenta de que Atsushi había llegado. Entró a la casa tan sigilosamente que Todomatsu no pudo evitar dar un brinco del susto. La salsa oscura se esparció por la mesa y el bollo se deshizo en el suelo.

—Atsu… Atsushi-kun… ¡Al menos avisa que ya estás aquí cuando recién llegas! —le dijo a regañadientes mientras posaba una mano en su pecho, tratando de tranquilizar a su pobre corazón.
—Te lo dije, pero al parecer estabas muy distraído.
—Fuh… Las pagarás… —le dirigió una mirada de recelo. No sabía cómo debía referirse a él o cómo pensar de él. Estaba exhausto de solo hacerse la idea de que debía sacar a la luz muchas verdades que tarde o temprano podrían destruir a cualquiera de los dos.
—¿Cocinaste?
—S-Sí… ¿gustas? Tal vez no comiste hoy.
—Más tarde —sonrió apenas—, gracias.

Todomatsu no dijo nada más. Cuando por fin se le ocurrió algo que podía decir, Atsushi ya se había ido de la cocina. Creyó que quizá había ido a tomar una ducha, pero no estaba ahí.
Cuando acabó de comer se dispuso a tener una leve charla con él mínimamente antes de dormir, así que lo buscó.

Finalmente lo vio afuera, en el balcón donde estaba el ventanal. No tenía las luces encendidas ni nada. Simplemente estaba allí, observando el frío cielo nocturno junto a su luna en cuarto menguante. Estaba en silencio, con la mirada perdida, fumando.
A Todomatsu le sorprendió verlo así.

—¿Fumas? —le preguntó llegando desde atrás, apareciendo de entre la oscuridad. Las luces de adentro estaban apagadas. Solo eran ellos dos, las estrellas y el conticinio—. Creo que nunca te había visto hacerlo.
—Lo dejé hace mucho tiempo. Ahora he querido probarlo de nuevo —se explicó.
—Dame.
—No, te va a hacer mal.
—Pero también quiero probarlo.
—Estos son míos.
—¿Y si hace mal entonces por qué lo haces?
—Calla. Después te conseguiré un cigarro de caramelo.
—¿Eh? ¡No!

Atsushi soltó una risita. Parecía más bien un suspiro cansado.
Todomatsu no agregó nada y se quedó ahí con él observando las estrellas. Recordó de repente aquella vez en la que, vio una estrella fugaz y pidió un deseo para Atsushi.

—Todo-chan, ¿qué estuviste haciendo hoy?
—¿Eh? ¿A que vino eso?
—Me dieron ganas de llamarte así de repente. —Se encogió de hombros.
—Hum… Pues, fui al trabajo y después fui de compras con Sacchi y Aida —mintió.
—Oh, ¿de verdad?
—Ajá.
—Se me ocurrió que hoy podría ir a buscarte a la cafetería —exhaló humo—, pero no estabas. Olvidé tu horario. Aunque me pareció haber visto a tus amigas allí todavía. ¿Me habré equivocado?
—Seguramente te confundiste.
—Hmn, entiendo. —Acabó su cigarrillo y lo apagó en el cenicero que tenía cerca, el cual tenía montones de mentitas ya que se supone que nadie fumaba allí. —Vayamos dentro, estoy exhausto. Necesito tomar una ducha.

Dicho aquello, ambos se metieron a la casa. Al pasar por la cocina, Atsushi estaba masticando algo; el menor supuso que había ido a agarrar un dumpling.

Todomatsu renegó para sus adentros, pues la camisa tenía un ligero olor a tabaco. Hizo una mueca y enseguida fue a cambiársela.

Cuando estaba recostado en la cama, estaba esperando ansiosamente a Atsushi. Quería ver a detalle sus facciones. Puede que fuera un niñito fresa, llorón y algo torpe, pero aún seguía teniendo esa parte de "demonio" (como solían llamarle sus hermanos) en él. Esperaba con ansias.

Atsushi volvió después de unos 10 o 15 minutos. Tenía el pelo todavía húmedo y llevaba puesto su pijama gris y unos lentes que usaba para leer cuando revisaba su laptop por la noche.
Todomatsu miraba fijamente a Atsushi esperando a que aquel lo notara y le dijera que se detuviera, pero le prestó caso omiso. Después de un rato de vez en cuando lo miraba por el rabillo del ojo, pero no decía ni una sola palabra. El menor miraba fijamente las manos de Atsushi al teclear.

"Algo que solo tú sepas", se repetía una y otra vez en la mente de Todomatsu. Las palabras de Futsuumaru eran poderosas en él.

Estaba pensando cómo llevaría su plan a cabo.
Cuando estuvo ya un buen rato en silencio se acercó lentamente al contrario y con una mano cerró lentamente la computadora portátil, hasta que la tapa/pantalla hizo un sonido agudo al cerrarse completamente. "Click".

Todomatsu miró al mayor desde abajo, con ojos de perrito desconsolado, y se le acercó más poco a poco.

—¿Qué sucede, Todomatsu?
—Atsushi-kun, ¿qué pensabas hacer esa vez?
—No entiendo de qué hablas.
—Ya sabes… Esa vez en el pasillo.
Atsushi desvió la mirada e hizo una pausa breve para continuar.
—No tienes por qué saberlo hasta que suceda. Arruinarás todo.
—Ugh… —Todomatsu se sonrojó gravemente, pero todavía había una presión en su pecho que no le dejaba estar en paz—. No tienes por qué decirlo como si nada. Al menos… una pista, dame una pista. Aunque no suceda hoy… quiero probar un poco de lo de aquella vez.
—¿Oh? ¿Por qué?
—¿Y por qué no?
—Porque —decía con serenidad mientras lo sostenía de los hombros para mantenerlo a la distancia que se le diera su antojo— no me gusta dejar asuntos a medias.
—¿No crees que eso te quita momentos de diversión?
—No, solo aumenta mis deseos. Y… los tuyos también.
—No digas eso… —le dijo Todomatsu tenuemente mientras se le acercaba para rozar sus labios con los ajenos. No obstante, Atsushi puso su mano para cubrir su boca. Le negó el beso.
—No.
—¿Qué te molesta?
—Voy a empezar yo. Aunque sea solo… un juego de momento.
—Bien —dijo Todomatsu mientras se recostaba, aflojando el cuerpo. Estaba comenzando a ponerse nervioso, no quería creer que estaba siendo un manipulador.

Atsushi lo acarició por encima de la ropa juguetonamente. Sus movimientos no eran tan apasionados como el contrario lo esperaba, pero estaba bien así. De nuevo empezó a besarlo suavemente, con cuidado y dedicación. Estaba besando su cuello con lentitud, y después llegó a sus mejillas, su frente y todo su rostro. Apenas dio un roce en sus labios carnosos, besándolo con cariño. Sin embargo, Todomatsu no se estaba sintiendo muy cómodo. Aunque devolvió el beso, no sintió lo que esperaba. Deseaba pronto poder zafarse de la situación. Algo no le gustaba, quizá por todo lo que había tenido que soportar días y horas atrás…

—Todomatsu…
—Dime, Atsushi-kun.
—Estás tenso.
—Perdón. No puedo evitarlo. Cuando estás tan cerca de mí… es extraño.

Atsushi entrelazó su mano con la de Todomatsu y lo miró fijamente sin decir nada.

Todomatsu entonces sintió un tipo de remordimiento o algo que se le parecía. Al recordar las palabras de Futsuumaru, comenzó a confiar en que, era quizá verdad el hecho de que Atsushi no sería capaz de irse de Tokio. Atsushi era normalmente muy insistente con él y además muy apasionado. No podía creer que un hombre como él fuese capaz de tener una aventura con otra persona. No podía creerlo. ¿Por qué no lo abandonaba o rechazaba simplemente sin más? Creía que Atsushi lo seguía amando y tenía algunas bases para probarlo. Aunque, siempre estaba la otra parte; la parte que gritaba y exigía la razón.

Todomatsu interrumpió el momento indecorosamente.

—"Nos veremos en Kobe, es donde estoy viviendo ahora. Me dijiste que pronto abandonarías Tokio, así que pensé que venir a verme sería una buena idea para que empezaras de nuevo".
—¿Qué? —Atsushi se apartó lentamente.
—Eso es todo lo que puedo recordar de la conversación. Al menos es un punto importante.
—No entiendo…
—¿Qué es lo que no entiendes? ¿No te llega una pista a la cabeza o algo?
Todomatsu estaba usando un tono de voz algo temeroso, pero que se tornaba agresivo en algunas palabras con cierto énfasis.
Atsushi se apartó del menor y su rostro se volvió serio.
—Dime, Todomatsu, ¿de qué hablas?
—Tú tienes la culpa por no hablar con claridad conmigo.
—Todomatsu…
—¿Quién es Kaede?

La piel de Atsushi se heló.
Se había quedado sin habla, y Todomatsu lo desafiaba con la mirada. Aunque no se notaba, ambos temblaban.