Capítulo 39- Algo inesperado.

Ahí sentando en el borde de la cama, Atsushi estaba totalmente rígido. Vacilaba para apenas pronunciar palabra.

—Hoy ella me dijo que te pasara ese recado, pero como ya te lo dije, no puedo recordarlo todo. Apenas detalles… —siguió diciendo Todomatsu—. ¿Y bien?
—Es… —titubeó— una colega del trabajo.
—¿Colega?
—Es correcto —dijo mientras desviaba la mirada y se relamía los labios con evidente nerviosismo—. Así que… ¿no recuerdas que más te dijo?
—No —respondió. Y no mentía, pues aunque podía armar fragmentos de la conversación en su memoria, lo cierto era que debido a la tensión del momento había olvidado la mayor parte de todo.
Todomatsu seguía viendo a Atsushi fijamente sin ni siquiera parpadear. Estaba totalmente atento a cualquier signo que le fuese de ayuda para una evidencia sólida acerca de algún tipo de sospecha suya. Sus pupilas estaban contraídas.
Atsushi no agregó nada por su parte y se levantó de inmediato de la cama.
—Debo hacer una llamada…
—¿A ella?

—Atsushi-kun, ¿quién es Kaede? —Al no obtener de nuevo una respuesta se desesperó y le preguntó otra vez con impaciencia—: ¿¡Quién es!?
—Ugh, basta con todo esto. No debes mezclar asuntos del trabajo con asuntos banales.
—¡Mhm! De modo que ahora todo aquello que no es trabajo es ahora un asunto banal. —Todomatsu estaba de verdad exhausto por tener que soportar a Atsushi. Y, a veces lo odiaba porque le recordaba a una versión más joven y no tan lejana de sí mismo. Ese "yo" que se esconde al ocultar sus verdaderas intenciones y sentimientos.
—Vamos, Todomatsu. Estás intentando ponerte un saco que no te queda.
—¿Qué sabes tú de todas formas? —hizo un puchero y se cruzó de brazos, molesto—. De cualquier manera, siéntate. Debes contarme muchas cosas.
—¿Eh? No tengo nada que decirte —negó con la cabeza tres veces.
—Atsushi-kun —dijo. Su voz sonó como una sentencia.

El mayor hizo caso omiso y caminó hasta el marco de la puerta, yendo hasta su despacho. Su mirada había perdido brillo, estaba pálido y sus manos y piernas estaban ligeramente temblando, como si hubiese presenciado un espectro. No oía la voz del contrario; lo ignoraba inconscientemente. Permanecía absorto en sus cavilaciones.
Al no ver señal de alguna reacción en el contrario, Todomatsu se puso de pie, caminó hacia él y lo sujetó del brazo con fuerza para impedirle avanzar.
Atsushi se molestó.

—¿Por qué eres tan distante?
—A ver, Todomatsu, escucha —le dijo fríamente—, hay asuntos que no podrías entender.
—¿Por qué no?
—Cielos, ¡no seas tan obtuso y no te metas en mis asuntos!
—¿¡Y acaso lo intentas siquiera!?
—Solo quiero que… te alejes de eso.
—Lo dices tan fácilmente.
—¿Crees que… es fácil? Todomatsu, por favor, deja de hacer esas hipótesis tan torpes.
—Tonto. Tonto Atsushi… —decía mientras golpeaba el pecho del mayor con puños débiles, lentamente. Se esforzó por que las lágrimas no salieran a la luz—. Sales con hombres y mujeres todo el tiempo… Siempre tan ocupado y ensimismado… ¿Cómo puedo confiar en ti después de…? Atsushi-kun, ¿quién es Kaede?
Atsushi frunció el ceño, estaba enojado.
—¡Bien! En vista de que seguirás con lo mismo y seguirás sin creerme —dijo irritado— no tengo de otra que hacerte de lado. ¿¡Por qué no puedes simplemente creerme!?
—¿Creerte? ¿Qué me dices sobre "irte de Tokio"? ¿De verdad tú…?
—No —lo interrumpió—. Claro que no.
—Esto no suena como un simple viaje de negocios…
—No planeo salir de Tokio para tener que irme a otro estado de Japón. ¿Qué sentido tiene?
—¿¡Verdad!?
—¡Dios mío! Hoy estás muy eufórico. En serio, mantén tu distancia y después de todo tú…
—¡No! —grito y lo interrumpió—. Ya he estado muy apartado de todo esto. ¡Apartado de ti!
—Todomatsu…
—Además, cuéntame, ¿qué pasa verdaderamente contigo? No sé muchas cosas de ti. ¡Hay tanto que no conozco! Me has conocido más profundamente tú a mí, pero no puedo decir lo contrario. ¡Me siento tan solo! A veces pienso que quisiera conocer a tu familia pero dices que has perdido tus lazos… ¿¡Es eso verdad!? ¿¡O me estás alejando!? —Todomatsu reclamaba abiertamente. A medida que iba hablando, Atsushi iba palideciendo cada vez más, poco a poco—. Hay montones de cosas por saber. ¡Quiero que me digas de una vez si me quieres o…!
—¡Basta! Ya fue suficiente de esto —exclamó un enfadado Atsushi mientras se alejaba violentamente del agarre de Todomatsu—. Nada es suficiente para ti. Ya conocimos todo lo que teníamos que conocer el uno del otro, pero… tú no lo comprendes todavía. Nada de lo que te he contado de mí ha sido una mentira. ¡No entiendes nada! ¡Eres insistente y eso es verdaderamente molesto! ¡Te vuelves una piedra en el zapato! Pero, olvídalo. Tendrás más tiempo para pensar sobre esto a solas… Iré a dormir a la planta baja. Intenta meditar un poco y déjame el camino libre por ahora.
—¿Q-Qué? —Todomatsu estaba confundido. Lo único que hizo fue observar al mayor abandonando la habitación. Estaba consternado, pero no dejaría que eso lo venciera. Sentía unas inconmensurables ganas de romper en llanto, pero luchó por no hacerlo. De hecho, su cuerpo no estaba dispuesto a permitirle llorar en aquel momento. No sabía por qué, pero así lo sentía. En su lugar, se limitó a maldecir al mayor como raramente (o nunca) hacía. El demonio que había vivido en él durante su adolescencia seguía en el fondo de su ser, escondido en alguna parte. Ya no quería llorar más. Cuando observó a Atsushi retirarse apenas susurró—: Ese maldito…

Se fue a dormir con un poco de remordimiento, pero hizo un intento por meditar un momento y relajarse antes de sumirse de lleno en el sueño. Cerró la puerta de la habitación con seguro para que Atsushi no entrara de repente, se sentó en medio de la cama y se cruzó de piernas. Recargó las muñecas sobre las rodillas con las palmas de las manos extendidas hacia arriba y comenzó a respirar hondo, con ritmo.
Por un momento se sintió ridículo ya que creyó parecerse a una pobre imitación de alguna clase de monje budista, pero se deshizo del pensamiento lo mejor que pudo y permaneció así.
Quería llevar a cabo una meditación que le permitiera pensar mejor las cosas y procesar la información de manera justa. Las únicas dos veces en las que había acompañado a Futsuumaru a su clase de yoga le vinieron bien. Aunque, necesitaba práctica.

Al día siguiente estaba en la cafetería una vez más. Pensar en Atsushi era pesado para él. No podía concentrarse en otra cosa.
Cuando estaba en el trabajo se esforzaba por no atender a los clientes con una mala cara, le era difícil.

Después de tanto simplemente creía que debería distraerse con algo que estuviera fuera de su rutina.
Eran ya las 3:00 de la tarde. Mientras caminaba hacia las afueras de la plaza para después ir a casa de nuevo, se metió en un pequeño bar y bebió algo. Pidió una bebida extraña de color azul turquesa que no sabía qué era con exactitud.
Hizo un gesto al saborear la amargura del licor y se dispuso simplemente a seguir bebiendo mientras revisaba su celular de cualquier notificación. Pasaron quizá unos diez minutos hasta que fue interrumpido por un hombre más o menos de su edad o la de Atsushi.

—¿Te molesta si me siento contigo? —preguntó el recién llegado.
—Uh… Adelante —respondió Todomatsu restándole importancia.
El chico se sentó justo a su lado y pidió la misma bebida que Todomatsu. Dio un sorbo también y como si se hubiera tratado de un simple vaso con agua, lo dejó medio vacío como si nada sobre la barra.
—Ni dulce ni amargo… Tiene un sabor interesante.
—"¿Interesante?" Yo me arrepentí totalmente de pedirlo, no me gusta. —Todomatsu alejó la copa de él, empujándola con la punta de sus dedos hacia enfrente—. Pediré otra cosa.
—Déjame invitarte.
—¿Por qué?
—¿Y por qué no? —esbozó una sonrisa—. Para pasar el rato… Estoy aburrido. Además, si no me equivoco, tienes pinta de no quererte ir pronto.
—Hum, acertaste —dijo sin verlo todavía.
—Disculpa, ¿puedes traernos una botella? —mencionó el moreno tras dejar un billete sobre la barra. El barman les dejó una botella de vodka junto a dos vasos highball—. Gracias~ —dijo en un tono dulce y juguetón.
Todomatsu entrecerró los ojos con molestia, le recordó a sus dos estúpidos hermanos mayores quienes siempre se pasaban de listos.
Dio un sorbo a la bebida y aunque le quemó la garganta, intentó pasar desapercibido. No era muy bueno tomando si no se trataba de sake, cerveza o vino.
—Fuh… Un poco mejor.
—Ja, ja, definitivamente. Esto es lo que necesitaba —suspiró—. Entonces, ¿trabajas por aquí cerca?
—No realmente. Solo… tomé un desvío.
—Ya veo. ¡Con razón me sorprendí al verte aquí de repente! —dijo y se rió.
—¿Verme de repente? —preguntó Todomatsu.
El chico se quedó sin habla, como si estuviera batallando con una repentina confusión. Después de parpadear varias veces y vacilar un poco con una sonrisa nerviosa, dijo:
—Uh, lo siento, debes estar confundido. Aquí, mira —dijo mientras sacaba su celular del bolsillo trasero de sus jeans y buscaba algo en el con agilidad.
—¿Ese es…?
—Ja, ja. Soy un seguidor tuyo.
Lo que Todomatsu miró en pantalla era su propio perfil de instagram. Aquel chico lo tenía entre sus favoritos al parecer desde hacía un tiempo.
—O… ¡Oh! Ya veo.
—Dicho esto no quiero que pienses que soy un acosador o algo así. Simplemente te encontré de repente. Cuando te vi de perfil no creía que de verdad fueses tú pero… ¡Aquí estamos, bebiendo juntos!
—¡Bien! Gracias por invitarme entonces, este…
—Oh, lo siento, Matsuno-kun, debí haberme presentado desde el principio. Soy Yanagida.
—Mucho gusto, Yanagida-kun.
—Lo mismo digo.
—Supongo que… "Todomatsu-kun" está bien también.
Yanagida esbozó una gran sonrisa.
—¡De acuerdo! Entonces, Todomatsu-kun —decía mientras se acercaba más el mencionado, llegando casi al contacto físico—, cuéntame algo sobre ti.
—¿Qué debería contar?
—Uh, no lo sé. Cualquier cosa es suficiente. Saca un tema para dos tipos que se conocen en la barra de un bar.
—Ja, ja, ja. Bueno…
—¡Oh! Esta canción es buena —dijo mientras se mecía con el jazz de fondo.
—¿Puedo pedir un consejo?
—Claro.
—Bien, yo…
—¡Espera! —Interrumpió a Todomatsu para tomar la botella de vodka rápidamente y servirle en el vaso de vidrio—. Servir tu propio vaso trae mala suerte. Ahora, ¿qué decías?
—Eh, ¿qué le dirías a una persona que… se niega a hablarte sobre su vida? Quiero decir, si esa persona es alguien muy cercano a ti.
—¿Hum? Bueno, creo que no le forzaría.
—¿Eso es todo?
—¿Qué podría decirle? —se preguntó a sí mismo—. Tal vez le trataría con cariño y… con suficiente compasión como para dejar que poco a poco pueda entenderse a sí mismo y de paso, hacerme entender.
—Oh…
Los ojos de Todomatsu brillaron. El alcohol comenzaba a hacerle efecto, había bebido muy rápido. Escuchaba con atención a su compañero de bebida.
—Lo mejor que se puede hacer es… únicamente escuchar. Sin preguntar ni comentar nada al respecto. Creo que todas las personas queremos ser escuchadas. Y, cuando haya recibido la atención que necesitaba, solo entonces, se podría decir algo al respecto. Hablar y comentar todo con respeto y calma es lo que creo que es correcto. Para que haya al menos una conexión de almas antes de que un malentendido se abra paso entre ambos. De eso se trata la comunicación.
—Yanagida-kun.
—¡Oh! Lo siento, creo que me dejé llevar, je, je. Estoy… un poquito borracho. —sonrió con pena. El sonrojo en sus mejillas morenitas se miraba lindo.
—¡Está bien! Creo que es lo que necesitaba escuchar —dijo Todomatsu sonrojándose también. Se rascó la mejilla con pena y bebió vodka.
—Y, ¿no has pensado en volver a Kioto?
—¿Kioto? Ah, lo dices por las fotos de mi perfil. No, la verdad no he pensado en irme de Tokio otra vez. Hace mucho que no…
—¡La ciudad es difícil de abandonar una vez que se está aquí!
—Uh, sí —dijo con pesar.
—Y más cuando —agregó— no estás solo.
—¿Cómo sabes de…?
—Uff, yo más que nadie lo sé. Las chicas son complicadas, ja, ja.
Todomatsu hizo un mohín y se terminó su trago.
—Tú… Bueno, he tenido problemas con mi trabajo. Modelo para una revista de moda.
—¡Oh! —exclamó Todomatsu con asombro. No había prestado atención a ello, pero ciertamente si se fijaba mejor, Yanagida tenía buen cuerpo, una piel visiblemente suave y limpia, y una fisonomía perfecta. Después de observarlo a detalle desvió la mirada para no verse muy bobo.
—Las revistas usualmente se ligan con empresas publicitarias y, bueno, me preguntaba si conocerías algo como eso para poder ayudar mejor a… mis colegas —explicó a la vez que rellenaba el vaso de Todomatsu—. Estamos promocionando una nueva liga de trajes para empresas populares.
—Tal vez…
Yanagida se alegró
—¿De veras?
—Sí, aunque, faltaría ver y ajustar todo. —Bebió del vaso. Un escalofrío le recorrió el cuerpo al sentir la bebida bajar por su garganta hasta llegar a su estómago.
—Y… ¿está muy lejos de aquí?
—Nah —dijo un sonrojado Todomatsu, con el rostro caliente por el alcohol—, no tanto.
El más alto dejó de beber hacía ya un rato. Se limitaba a llenar el vaso de Todomatsu una y otra vez.
—¿Conoces entonces a alguien que… pueda recibirnos?
—¿Mhm? Sí, claro. Pero créeme, no querrá acceder, ja, ja. Él siempre es así.
—¿"Él" es…?
—¿Eh?
—De repente me pareció haber leído algún apellido o algo de esa posible persona en tu usuario.
—"¿Takahashi?"
—Oh, sí, era ese nombre —meneó la cabeza, de nuevo confundido. Parecía pensar con detenimiento en algo.
—Maldito Atsushi-kun… —susurró para él mismo—. ¿Cómo se llama tu revista?
Yanagida prefirió ignorar el hecho de que Todomatsu mencionara al otro hombre y respondió:
—Es la revista VOGUE.
—¿¡Eh!? Demente Yanagida-kun, lo dices como si nada —se sorprendió y le tomó confianza como para llamarlo "demente".
—Ja, ja, ja. Me he acostumbrado…
—Me doy cuenta.
Hubo un momento de silencio. La música de fondo y las voces ajenas llenaban el vacío. El barman conversaba banalmente con una persona en la otra esquina de la barra en voz baja.
Eran las 4:30 de la tarde. El otro esperó a que Todomatsu terminara de beber lo que le quedaba en el vaso y le hizo una sugerencia.
—Todomatsu-kun, ¿qué dices si seguimos bebiendo en mi casa?
—¿Huh?
—Podríamos conversar con más libertad. Creo que este no es un buen sitio para hablar de nuestros asuntos, ja, ja.
—La idea de salir de aquí con un desconocido es…
—¡Ja, ja, ja! ¡Qué grosero! Ya no soy un desconocido, soy Yanagida-kun, tu más fiel seguidor.
—Pff… Claro —soltó una risita. Ya se sentía bastante ebrio, pero poco le importó llegar a casa a preparar la cena y, aburrido de la rutina, accedió—. Bien, vamos, pero tendrás que pagar mi pasaje.
—Oh, ¡vamos! Iremos en mi auto. Allí está —dijo señalando un automóvil Mazda color blanco estacionado afuera del bar.

Todomatsu se apoyó en los hombros de su compañero y al salir del local subió al auto, justo en el asiento del copiloto. Era un auto más espacioso que el auto gris de Atsushi.

Al llegar al departamento de Yanagida, Todomatsu y él se quedaron en la sala conversando. De vez en cuando, el menor mencionaba entre sus conversaciones a Atsushi.

—¡Ja, ja! Ese tal Atsushi debe ser un verdadero problema —dijo con osadía.
—Sí que lo es. Ugh…
—¿Podrías darme su número?
—¿Eh?
—De ese Atsushi, por favor. Creo que… me conviene tener algún contacto dentro de las oficinas centrales. Ya sabes, la revista busca personas con buenos contactos, sin importar de qué tipo sean. P-Por eso…
—Claro, aquí tienes —En medio de la ebriedad, Todomatsu le dio el número de su novio como si no significara nada. Sus ojos estaban cada vez más cerrados.
Yanagida sonrió con satisfacción.
—Te agradezco, Todomatsu-kun.
—Ajá.
Todomatsu seguía mareado. Sentía un poco de nauseas, la cabeza le daba vueltas.
Cada vez se hacía más tarde, pasaban de las 5:00 de la tarde.
—Entonces, Todomatsu-kun, ¿te importa si… seguimos en contacto?
—No veo por qué no. —Bostezó.
—Ja, ja. Creo que no me entiendes.
—¿Uh? —balbuceó. Las náuseas no le dejaban pensar claramente.
—Escucha, Todomatsu-kun. Siempre he pensado que las personas como tú son algo… especiales. Cuando te miraba a través de las redes sociales creí que quizá podríamos ser… muy buenos amigos algún día. Que nos hayamos encontrado ahora tal vez era parte del destino, ja, ja.
—Oh.
—Y entonces pensé: "¿por qué no intentar hablarle?" Estando en la misma ciudad y en el mismo país además, creo que fue una buena oportunidad para tratarnos.
—Y-Ya veo… —Se sostuvo el estómago con dolor. El moreno se acercó poco a poco a Todomatsu, hasta que éste pudo sentir su respiración—. Yanagida-kun, creo que es mejor que ya me vaya. Gracias por… la bebida.
—¿Tan pronto? —Esbozó una sonrisa un tanto maliciosa—. Quédate un rato más. No todos los días te encuentras con tu celebridad favorita. ¡Y lo digo por mí! Ja, ja, ja. Ya sabes, la celebridad de instagram y la celebridad de una revista.
—Ja, ja… C-Claro.
Todomatsu se puso de pie tomando sus cosas dispuesto a irse, pero el otro lo detuvo con rapidez sujetándolo del brazo.
—Eh, me alegra que vinieras —le dijo, clavándole la mirada.
El menor asintió sin mencionar palabra. No quería agitarse para no marearse más. Yanagida se ofreció a llevarlo a casa pero él se negó, no quería que Atsushi lo viera llegar con alguien más. Incluso si el mismísimo Atsushi probablemente lo hacía, Todomatsu no quería ser igual a él.
A pesar de haberse despedido ya, el más alto no lo soltaba, estaba aferrado a la camisa blanca del contrario.
—Uh, ¿qué sucede?
La actitud del de piel oscura lo inquietó. Parecía que quería decir o hacer algo, pero vacilaba en exceso y eso le ponía los pelos de punta. No sabía cómo interpretar su comportamiento, no tenía una mirada de malas intenciones o algo, pero tampoco podía ser bueno.
—Veámonos de nuevo.
—E-Estaré ocupado…
—Esperaré.
—¿Por qué?
Yanagida se acercó al menor, justo cuando estaba en la puerta para salir del departamento.
Se quedó así, un momento estático cavilando sobre algo. Quizá solo fuera la imaginación de Todomatsu pero, había percibido que Yanagida temblaba y sudaba un poco.
Lo seguía sujetando del brazo y con la otra mano lo agarró del hombro bruscamente. Todomatsu no obtuvo respuesta, pues las acciones del otro eran suficientes para transmitírsela. Se quedó sin habla. Los ojos del modelo denotaban desesperación, preocupación, enojo, frustración y… tristeza. Todomatsu no podía dejar de preguntarse a sí mismo: «¿qué está pasando?»
En el momento en que intentó darse la media vuelta para girar el picaporte de la puerta, el otro lo sujetó bruscamente con más fuerza que antes y desesperadamente lo besó. Los ojos de Todomatsu se abrieron desmesuradamente, el acto lo tomó por sorpresa. Los dos se estremecieron.
Todomatsu trató de apartarse de él, pero Yanagida era más fuerte. La embriaguez no le dejaba actuar como normalmente lo haría y eso acabó desesperándole.

Había algo raro en todo aquello. Había algo raro en Yanagida.
El beso forzado que le había proporcionado a Todomatsu no era lo que usualmente alguien de su tipo trataría de transmitir.
No había pasión, y por supuesto, no tendría que haberla dada su situación, sin embargo, no solo era la falta de ella, sino que había sido reemplazada por cierto tipo de repulsión.
La lengua del mayor había invadido la pequeña boca del más pequeño con desesperación, sin amor o piedad.

Todomatsu finalmente le dio un golpe en el pecho que hizo instantáneamente que se separaran. Ambos, con respiración agitada, se miraron fijamente sin ninguna expresión fija.
Todomatsu denotaba confusión, enojo, asombro y miedo. Yanagida por su parte manifestaba desesperación, exasperación, desagrado y… deseo; algo parecido a una sed de sangre sin poder satisfacerse.
Sin duda, un indefinible revoltijo de emociones.

El menor se pasó la manga de la camisa por los labios para quitarse la sensación del tacto. No sabía qué pensar del que, por un momento, había considerado un nuevo amigo.

—¿P-Por qué? —dijo con voz áspera—. ¿¡Por qué!? —Pronunció esas palabras con mucho dolor, parecía que se echaría a llorar. En seguida desvió la vista y se dirigió a la salida. Salió de allí corriendo sin poder expresar de mejor manera su repulsión.
Yanagida se quedó de pie sin decir nada, mirándolo fijamente todavía. Al principio se le veía desesperado por algo, pero al perder de vista al menor imitó su gesto. Después de volver en sí, pasó los dedos de su mano por sus labios para limpiarse y olvidarse de aquel amargo beso. Dirigiéndose al zinc de la cocina que estaba cercano, pegó un escupitajo para olvidarse del sabor. Suspiró con pesadez y después le dio un golpe a la pared con su puño. «Estúpido, estúpido, estúpido…»

Estaba enojado consigo mismo, el tratar al menor así no tenía exactamente un propósito fijo. Fue un acto que surgió de la nada sin un previo plan, o eso creía. En el fondo sentía desagrado por los chicos.

Tras recordarlo por unos breves segundos sacó el celular de su bolsillo y lo revisó. Ahí estaba el número que Todomatsu le había proporcionado. Suspiró con algo de alivio y lo reenvió a otro sitio.

—Atsushi… ¿eh? Ja, ja… —sonrió al ver el número en pantalla.

Todomatsu caminaba lo más rápido que podía, intentando no trastabillar. El alcohol le había hecho demasiado daño y ya no podía soportarlo más. Tomó un taxi libre (poco le importó que le cobraran una generosa cantidad) y llegó a casa más rápido de lo que tenía previsto.

6:31 pm.

Estaba soleado todavía, la oscuridad tardaría en atraparlo. Entró a la casa tan rápido como pudo y sin quitarse antes los zapatos corrió directamente al baño para por fin sacar todo lo que tenía en el estómago. Estaba hecho un desastre. Se abrazó del inodoro para no perder la consciencia mientras vomitaba, el estómago le dolía bastante y se sentía infernalmente mareado.
Cuando terminó se quedó un rato en el suelo mientras intentaba recuperar el aire a bocanadas.
Los recuerdos del reciente suceso con el moreno le carcomían la mente, no podía olvidarse de su rostro y de la sensación del beso. Se maldijo a sí mismo por ser tan estúpido y confiar en las personas tan fácilmente. Lloró un poco al intentar incorporarse.
Con esfuerzo se metió a la ducha y se dio un remojón, y después salió bien acicalado, todavía con la cabeza dando vueltas. Seguía hablándose con groserías a sí mismo por caer tan bajo, sabía que no debía excederse con el alcohol. Se recostó un momento en la sala de estar y miró el techo sin hacer nada por unos minutos, estaba exhausto.

Después de quizá unos 30 minutos en los que no hizo nada más que reposar sobre el sofá, fue por la vieja laptop dispuesto a seguir con el asunto anterior. Quizá lo pondría peor o quizá no. Lo que fuera, quería olvidarse de Yanagida. Se convencía de que era un acosador después de todo.

[ Datos: 16/28. Junio del 2006 ]

—Bueno, ¿qué decía? Ah, sí… La semana pasada le hice un regalo a Takeuchi-san. Ella estaba encantada en un principio, pero después… descubrió la verdad y se molestó, naturalmente.
—¿"La verdad" es sobre lo que hablamos la vez pasada?
—Sí. Saqué algunas cosas de la tienda sin pagar. Quiero decir, estuve trabajando ahí por un tiempo así que supuse que no pasaría nada si lo hacía. Pero al final se dio cuenta.
—¿Cuál era tu intención?
—¡Ja! Darle un regalo, obviamente. Ese día todas las madres los recibían y ella… no tenía hijos, y yo no tenía madre.
—¿Cómo se dio cuenta de lo que hiciste?
—Mmm, no lo sé. Ella es muy observadora. Es todo lo que tengo para decir, no sabría sus métodos.
—A tu manera intentaste darle un regalo y ella te regañó.
—No, no lo hizo. Ella me habló con serenidad. Me dijo que apreciaba mucho mi dedicación en hacerle un regalo pero que, cuando una persona siente mucho aprecio por otra, se esfuerza por hacerle el bien y con su propia mano consigue lo que necesita, incluso si no es mucho.
—¿Lo resumiste o podrías decir que esas fueron sus palabras exactas?
—No estoy seguro, así es como mi mente lo recuerda.
—Bien, pasemos a otra parte. Antes de eso, ¿qué te dijo?
—Me dijo que, pase lo que pase, no la confundiera con una madre.
—Eso es lo que principalmente querías contarme,
¿cierto? ¿Y qué opinas de esas palabras?
—Debe tener sus razones, quizá piense que puedo volverme un monstruo también. O, no lo sé. Debe de estar pensando constantemente mil cosas… Es que ella, tal vez, sigue intentando encontrar a mi padre por medio mío. Pero no estoy seguro. No sé.
—Okay. Dijiste que le hiciste un regalo porque todas las madres los recibían para el día de la madre. Ella no es tu madre; ni tuya ni de nadie, y tú por supuesto no eres su hijo. ¿Pensaste en considerarla como una?
—Sí, eso podría decir… Pensé que no tendría nada de malo si lo intentaba, pero ella no se sintió cómoda con eso.
—Solo como pregunta extra, ¿sabes sus razones para no haber tenido hijos? ¿Fue una mera decisión personal o hay algún factor en específico?
—Ella es la ex-novia de mi padre. Creo que, antes de que se dieran esos sucesos y rompieran, ella había querido formar una familia con él. Una vez la escuché platicar con él sobre eso, pero mi padre no estaba interesado. Ya teniendo un hijo mayor no tendría por qué querer más niños, ja, ja. Pero ella fue… Bueno, tener hijos no le pareció una buena idea al final y no volvió a abrirse con nadie más. Me parece un desperdicio y me da tristeza, ella es tan bonita y joven…
—Bien, Takeuchi-kun, para finalizar, ¿qué sentiste?
—Eh… —permaneció un silencio por un momento—. No lo sé, le dije que no lo haría; que no la confundiría con mi madre otra vez. Ella estaba satisfecha después de eso, creo. Pero siempre termino preguntándome qué es lo que quiere. No sé por qué se arriesga a seguir acumulando o incrementando sus malos recuerdos encargándose de mí, ha sido tan piadosa. Es una mujer con mucha compasión. Me gustaría saber si quiere alejarse de mi padre o acercarse a él de nuevo… Estoy confundido. Ja, ja…, ugh, perdón por desviarme otra vez de la pregunta. Creo que me sentí abatido, decepcionado incluso.
—¿Deseas agregar algo más?
—No.
—Bien, entonces, es todo por hoy. Voy a darte una respuesta extensa mañana. Voy a analizarte lo mejor que pueda, así que, descansa y duerme tranquilamente hoy por favor.
—Gracias, Nishida-sensei, hablamos mañana.


[ Datos: 17/28. Junio del 2006 ]

—Háblame de las veces en que tuviste los ataques.
—Oh, yo no diría que fueron ataques pero, como sea, yo no soy el profesional. Eh, creo que… no sé qué decir. Estaba pensando demasiado, supongo.
—¿En qué pensabas? —Hubo un momento de silencio total. Nishida se vio obligado a continuar con el diálogo—. Debe ser algo difícil de contestar.
—Sí. Eh… No podría decirlo del todo. Sonaría como algo estúpido.
—¿Por qué dices eso? ¿Hay algo que te hace pensarlo?
—Bueno, a veces lloro por cosas que no importan. O, al menos, lloro con cosas que podrían ser normales para el resto pero… no para mí.
—¿Podrías darme un ejemplo?
—Mmm, bueno, podría decir que… simplemente tomar el metro hacia la escuela.
—El metro hacia la escuela, okay. ¿Algo más?
—Hum…
—Cualquier detalle está bien.
—No puedo pensar en nada ahora mismo.
—¿Podrías intentarlo un poco más?
—Eso hago, pero, no lo sé.
—Está bien, Takeuchi-kun. Entonces dime, ¿por qué estás aquí?
—Porque ayer le dije que vendría hoy también, ja, ja, ja. Olvídelo, está bien, dejaré los chistes, no tiene por qué verme así. Eh, no lo sé, Takeuchi-san me dijo que viniera y… lo hice.
—¿Por qué te pidió que lo hicieras?
—Creo que me vio actuar raro.
—¿Te dijo algo relacionado?
—No, pero… creo que le molesta que sea tan callado.
—¿Te dijo algo o…?
—No, nada.
—¿Y… por qué crees eso?
—Ella habla mucho y hace muchas preguntas de todo tipo, pero respondo lo más rápido que puedo con lo primero que viene a mi mente, así que… no lo sé. Creo que por eso estoy aquí.
—Entonces estas aquí porque ella se molesta al notarte muy silencioso y, por ende, te pidió que vinieras, ¿correcto?
—Eso creo…
—Personalmente no me parece una razón sólida para que hayas venido a verme. Debe haber otra razón.
—Eh…
—¿Por qué accediste?
—¿Y por qué no? Estos días ha sido todo muy aburrido. Además, no quería hablar de
él con nadie, ni siquiera con ella. Pero creí que hacerlo con alguien que no me conociera sería lo correcto.
—Por eso estás aquí.
—No principalmente, pero…
—Bien. Ya que lo mencionas, ¿hay algo que quieras decir sobre él?
—Eh, ahora que lo pregunta de manera directa creo que… estoy en blanco. No sabría por dónde empezar. Tan solo pensar en mi padre me hace querer… olvidarlo todo, pero algo me hace querer preservar su recuerdo.
—"¿Algo?"
—Como si no quisiera olvidar esas mañanas de fría brisa, el olor al tabaco, sus palabras y… los secretos. Esos días en el extranjero y los sucesos que fueron ocultos. No sé cómo decirlo, incluso Takeuchi-san preserva los recuerdos tan vívidamente y se niega a soltarlos igual que yo, aunque en cierta parte, queremos dejar todo atrás. Creo que ella es igual que yo, pero no estoy seguro. No puedo hablar abiertamente de él. A veces siento que ya no existe, que lo estoy imaginando. Es que… no hay nada de él ya. Me aterra. Me da miedo pensar siquiera que sigue teniendo mi imagen en su memoria. Ya sabe, por lo de
esas personas. No quiero que nadie sepa nada. Nada, nada…
—Takeuchi-kun.
—¿Pero qué hago? Tal vez ella se molesta porque me comporto justo como mi padre lo hacía. Pero entonces, ¿por qué sigue conmigo? Debió dejarme morir el día que… O, Dios mío, los problemas solo van en aumento. Nishida-sensei, creo que es mejor que me vaya.
—¿Qué quieres decir con "irte"?
—Solo… por ahora. Necesito descansar.
—Espera, muchacho. No estoy obligándote a que te quedes, pero, hazme el favor de sentarte solo por un minuto. Vamos, siéntate de nuevo, por favor. Bien, gracias. Entonces, te diré: he notado algo contradictorio en ti; quieres hablar de tu padre pero no puedes hacerlo. Hay un factor que se interpone y no te lo permite. Trataremos de llegar al fondo de eso con calma, así que no te preocupes por tener que esforzarte. El trabajo caerá en mis manos. Ahora bien, dime,
¿cómo lo prefieres? ¿Lo hacemos ahora o lo continuamos mañana, o la siguiente semana?

(Datos dañados)

«Y pensar que este mentado Nishida lo terminaría engañando. Pobre Takeuchi-kun —decía Todomatsu para sus adentros al finalizar la grabación —. Pobre Takeuchi-kun. Pobrecito. Pobre de él…»

Tras terminar de escuchar aquellas grabaciones se sintió totalmente ansioso, sumando el hecho de que, el asalto de Yanagida llegó a su mente de repente. Meneó la cabeza un par de veces como un intento por despejarse pero no funcionó. Suspiró con pesadez. Cerró la laptop y la dejó en su escondite una vez más. No estaba seguro de qué hacer a continuación. Estaba pensando en cocinar algo rico para subirse los ánimos y entretenerse con algo, pero solo pensar que tendría que lavar trastes después de eso le hizo abandonar la idea de inmediato.

7:42 pm.
No estaba muy oscuro, pero permanecer sin alguna luz encendida en casa ya se sentía bastante raro, por lo que prendió la lámpara de la sala y se puso a ver televisión. Estaba recostado con una cobija en el suelo, sobre la esponjosa alfombra, "viendo sin ver" un estúpido reality show de pastelería. Estaba sumido en sus pensamientos sin poder concentrarse por completo en la pantalla. Se sentía como un completo idiota todavía al recordarse a sí mismo bebiendo como si nada en un bar desconocido junto a un sujeto también desconocido. Le enojaba saber que el tipo le estaba espiando y que por supuesto su encuentro no había sido una coincidencia. Se sentía pesaroso. No quería seguir sintiéndose compungido, pues no quería culparse continuamente por males que él no había causado en primer lugar. Sí, confiar en alguien que vio por primera vez había sido una completa estulticia, pero tampoco había necesidad de haber coleccionado una mala experiencia más porque esa persona no se había comportado civilizadamente.
Siguió reganándose a sí mismo por mucho tiempo más, hasta que su mente se cansó y comenzó a pensar en muchas cosas más. Cosas que no parecían de importancia pero que le molestaban en el día a día. A veces quería olvidar su trabajo e irse a otro lugar, o dejar de sufrir tanto por la distancia entre él y Atsushi y hacer que él lo dejase todo, pero su pensamiento era en demasía egoísta. Atsushi se había esforzado tanto por su puesto y lo sabía.

No quería pensar más en ello ni en Yanagida, pero le era imposible. Su cabeza daba vueltas al asunto.
Entonces comenzó a pensar en el montón de asuntos que sobraban: La desconocida Kaede, Takeuchi-kun, y su padre: Matsuzo. A veces olvidaba el rencor que su padre le guardaba y el desamparo indirecto de su madre. A veces… olvidaba a sus padres.

Entre más pensaba en el caso de las grabaciones, más se impacientaba. No sabía por qué con exactitud, pero le daba la sensación de que tal vez aquello era algo ilegal; tenía el ambiente de serlo, las frases, el contexto, el silencio abrazador tras el micrófono… Le daba mucha curiosidad.
Sin poder hacer de lado su anterior teoría, priorizó (contra su voluntad) reforzarla. Al saber que el anterior apellido de Atsushi había sido Takeuchi (gracias a Futsuumaru), supuso que el chico del audio y el propio Atsushi eran familiares, y que, por problemas de familia lo dejó todo atrás. Quizá, a manera de venganza por algo que desconocía contra el muchacho, tenía aquellos datos de voz guardados como una carta de triunfo para alguna ocasión en que los necesitara. Estaba agotado de tanto pensarlo… ¿Qué clase de persona era ese Takeuchi-kun para Atsushi o, qué clase de persona había sido?
Estaba en cierta manera decepcionado de su amante quien, por alguna malicia o necesidad, había estado de acuerdo junto con Nishida (según sus teorías) en que esas grabaciones tan personales se llevaran a cabo para mantenerlas ocultas en ese USB que había encontrado. Sentía mucha desilusión. Luchó por no dejarse llevar por sus fantasías y creer que, con algo de suerte, podría aclararlo todo algún día.

El día terminó rápidamente. Atsushi se quedaría a dormir fuera de casa, lo cual a Todomatsu no le importó pues poco a poco comenzó a verlo como una especie de villano. Por el contrario, creyó que le daría tiempo suficiente para intentar averiguar algo más de "Kaede", pero poco le servía la información recopilada. Le comenzaba a dar igual en cierta parte, aunque muy en el fondo le doliera y no lo notara. Entre sus pensamientos consideró que a la mañana siguiente podría preguntarle a Atsushi algo despistadamente y él terminaría actuando extraño como la última vez, para terminar delatándose con sus simples gestos y acciones. Estaba ansiándolo. Una infidelidad así, ¿sería posible? No le gustaba meditar sobre ello, pero ya que tal vez estaba viviéndolo, debía ser fuerte e inteligente.

El día quedó atrás. Parecía no ser la gran cosa a ojos ajenos, pero sí para Todomatsu, pues había tenido una pesadilla reviviendo el beso robado. Una pesadilla, literalmente. Despertó unas cuantas veces en medio de la noche con las manos temblando de coraje y el corazón agitado; la sensación seguía recordándole el momento. «Basta, Todomatsu —se decía—, hay personas que viven peores cosas que esta, y a comparación, esto no es nada…, no fue tan malo. Concéntrate y olvídalo. Solo olvídalo. Olvídalo.»
Estaba harto de pensar en ello, tuvo que ponerse sus audífonos y escuchar algunos vídeos para poder conciliar el sueño.

Al día siguiente cuando trabajaba en el turno de la tarde en la cafetería, estaba absorto en los recuerdos, en las teorías, en todo y en sí mismo.
Comenzó a temer de mostrarse nuevamente en las redes sociales, y tampoco sentía ganas de convivir con sus amigas o sus hermanos, y por supuesto, no quería pensar en Atsushi, pero no podía evitar nada de ello. Estaba angustiado.

4:00 pm.

Atsushi tomó un pequeño descanso entre las horas de trabajo. Necesitaba comer algo, pues su estómago se lo exigía.

—¡Atsushi! —gritó un hombre un poco mayor que el mencionado mientras corría hacia él, intentando alcanzarlo en el ascensor.
—Oh, Yoshikawa —dijo Atsushi e inmediatamente con su brazo forzó las puertas para que no se cerraran.
El hombre logró entrar junto con él y desde el piso 22 bajaron a la primera planta.
Ambos caminaron a unos puestos ambulantes cercanos donde pedirían algo que saciara su apetito. Encontraron un sitio. Atsushi pidió un plato de ramen con mucha carne y para su compañero de trabajo algo de bollos fritos. Después de pedir también las bebidas comenzaron a comer.
—No sé qué diablos estaba pensando cuando decidí ser contador —dijo Yoshikawa a la vez que masticaba la comida—. Este trabajo es extremadamente cansado. ¿Alguna vez piensan allá arriba que nosotros también somos seres humanos?
—Concuerdo contigo —dijo Atsushi sonriendo con una expresión de cansancio.
—Pareciera que el trabajo va incrementando cada día. Trabajamos como locos para terminar lo más pronto posible y de repente hay el doble o triple de trabajo que el día anterior, y eso se repite constantemente.
—¡Y por eso debemos tomarlo con calma! —exclamó una voz femenina detrás de ellos—. No se dan cuenta del grado de dedicación que se le da al trabajo. Nos esforzamos para avanzar y no lo hacemos. Que se acumule todo entonces, qué más da.
—Pienso lo mismo, ja, ja, ja —habló otra chica.
—Oh, Kumi y Miwa —vociferó Yoshikawa—. ¿Qué hacen acá?
—Lo mismo que ustedes. Necesitamos comer algo o terminaremos desmayándonos frente a la computadora —dijo Kumi.
—¡Corrimos hacia el ascensor pero no los alcanzamos! Tuvimos que tomar el otro —dijo Miwa esta vez.
—Bien, tomen asiento —las invitó Atsushi—, no pasará mucho tiempo hasta que tengamos que volver.
—¡Atsushi-kun, no digas eso! —exclamó Miwa.
Todos rieron a la vez. Había algunos otros empresarios de otros pisos y de otros edificios cerca, en el mismo local y en los locales vecinos.
—Pero es justo como dice Yoshikawa —concordó Atsushi—, es terriblemente exhaustivo. Deberíamos tomarlo con calma.
—¿Oh? ¿Acaso Atsushi-kun está hablando de tomarse algo con calma? —comentó Kumi juguetonamente.
—¡Lo sé! Es inusual. Al ver ese rostro suyo tan sereno y despreocupado creí que seguiría exigiéndose de más a sí mismo, pero veo que tampoco puede con todo. Eres igual que nosotros después de todo, ¿eh, Atsushi? —dijo a la vez que apoyaba su brazo sobre el hombro de Atsushi para remarcar un poco más su broma y mofarse de su expresión.
—¡Ugh, basta, Yoshikawa! —rió el mencionado, intentando ignorarlo.
Las chicas siguieron hablando entre ellas y con sus compañeros sobre lo terribles que se habían vuelto las condiciones de trabajo durante los últimos meses, y como estaban todos tan acostumbrados y no podían evitarlo, comenzaron a hablar de ventas, mercadotecnia, cuentas, publicidad y números.
Al final de todo estaban comiendo fuera de las oficinas, hablando de trabajo otra vez. No podían evitarlo. Era la vida personal de todos.
Cuando siguieron conversando se dieron cuenta de que pronto sería la hora de volver, por lo que se apresuraron a terminar su merienda. Hablaban y se quejaban entre risas; se estaban despejando del estrés que les proporcionaba la poca luz solar en su zona laboral y el silencio entre cuatro paredes que los sumía a las preocupaciones.
Finalmente la hora llegó y todos se disponían a volver al trabajo. Caminarían unos 5 minutos hasta volver al edificio y otro en subir al ascensor y llegar a su sitio de trabajo. Iban con algo de prisa, no obstante, en ese momento el celular de Atsushi sonó con insistencia.
—¿Hmh? ¿Qué sucede? —cuestionó Kumi.
—Es solo una llamada, no es nada. La tomaré luego —dijo Atsushi. No tenía intenciones de responder al teléfono, pero al notar la insistencia de éste, temió que pudiera tratarse de Todomatsu necesitando ayuda por cualquier razón. Comenzó a preocuparse, por lo que cambió de opinión—. Adelántense, los alcanzaré en un minuto.
Kumi y Miwa lo vieron confundidas.
—¡Apúrense! ¿Acaso quieren que les llamen la atención otra vez? —gritó un adelantado Yoshikawa, quien ya estaba lo suficientemente lejos como para no haber oído las palabras de Atsushi.
—E-Está bien. Te esperamos de vuelta —dijo una de las chicas.
Al dirigirse hacia su desesperado compañero quien también las vio con expresión de intriga, le explicaron que Atsushi debía atender un asunto. Los tres se adelantaron hacia el edificio.

Atsushi estaba confundido y un poco intranquilo, así que al perder de vista a sus colegas, contestó por fin al número desconocido.

—¿Sí, hola?
—¡Hey! ¿Qué tal?

—Oh, debes estar confundido. Como sea, no hablo por parte de ninguna empresa para publicidad, ja, ja.
—Disculpe, no creo poder atenderle en estos momentos. ¿Lo dejamos para después? Entonces, con su permiso, hasta lueg-
—Vamos, ¿ni siquiera vas a dignarte en saludarme debidamente? —dijo en un tono burlón. Atsushi comenzó a pensar que probablemente sería un estafador o algo parecido, por lo que dispuesto a terminar con la llamada, se vio interrumpido en el acto al escuchar al tipo de la llamada decir—: Todomatsu parece ser un buen tipo, pero es bastante estúpido.
—¿Perdón?
—Sí… Creo que "estúpido" es lo adecuado.
—Dime inmediatamente quién eres —ordenó un ya molesto Atsushi intentando mantener su compostura. Permaneció de pie en el asfalto bajo un gran ciruelo, en medio de la acera.
—Uy, ¿fui muy lejos? De acuerdo, lo siento, lo siento. Solo quería saber cómo estabas… Me tenías angustiado. Intenté contactarte como pude durante todos estos años pero, en fin, gracias a ese tipo pude hacerlo. Fue útil después de todo, es fácil de manipular. Imagino que por eso te gusta.

—Como sea, ¿qué has estado haciendo? Te metiste debajo de las piedras, mi estimado.
—¿Qué tiene que ver Todomatsu en esto?
—Ah, nada. Solo fue una pequeña piedra en el camino, pero eso es todo. Me dio tu número después de pasar la noche juntos. Fue una buena noche, mejor que cualquier noche que tú pudieras tener. Ja, ja… Oh, seguramente no sabías eso porque estás siempre tan… ausente. Tan típico de ti, Atsushi.
—¿Quién eres?
—Además…
—¡Dime tú nombre!
—….Con que ahora te llamas a ti mismo "Takahashi". Atsushi Takahashi… ¿cierto? No está mal. Takahashi, Takeuchi… Hmh, los caracteres no son muy parecidos. Pero, como sea, no puedes dejar de ser el mismo Atsushi de siempre.
—En-Entonces, t-tú eres…
—Uh, estás tartamudeando. Sé que también extrañaste saber algo de mí, pero no es para tanto. ¿Recuerdas ese día bajo ese gran viejo pino? Bueno, no voy a romper mi promesa, y espero que tú no lo hagas tampoco.
—Así que, ¡¿tú y Todomatsu…?!
—No quería admitirlo, pero te extrañé un poco. En fin, es todo lo que quería decirte.
—¡Espera, Yanagida!
—Fue bastante tiempo sin saber nada de ti, idiota egocéntrico. Pero por fin conseguí mi rayo de esperanza. Espero poder verte otra vez… Hasta pronto, primo.

La llamada se cortó, dejando a un confundido y agitado Atsushi sumido en sus fuertes emociones. La cabeza le daba vueltas, palideció. Se negaba a creer que por fin lo había encontrado. Quería huir, quería huir lejos…
Cuando menos se lo esperó, terminó tendido en el piso. La fatiga de días anteriores y el hostigamiento reciente le hicieron tener suficiente como para no poder soportarlo más. Se desvaneció.

Cuando sus compañeros notaron que ya había sido bastante tiempo desde que no había vuelto decidieron enviar a alguien para que le avisara que debía volver ya, sin embargo, uno de sus colegas al encontrarlo inconsciente se alteró mucho. Afortunadamente algunos hombres ya habían intentado auxiliarlo, sin embargo, como cosa de un instante, Atsushi recobró la consciencia antes de que siquiera llamaran a una ambulancia. Su colega estaba sorprendido.

—¡Atsushi! ¿Cómo te tienes? ¿Alguien te hizo algo?
—Sugimoto… Eh, estoy bien, estoy bien… —dijo mientras intentaba levantarse. Su compañero le ofreció su hombro para que se apoyara y así poder ayudarle a levantarse con facilidad.
—¡Cielos! ¿Estás seguro? Si no te sientes bien pudiste haberlo dicho. Deberías tomarte el día…
—N-No puedo hacer eso. Yo…
—¡Vamos, hombre! Ve a casa. Volvamos por lo pronto al trabajo y expliquemos lo que sucedió. Pronto, acompáñame.

Ambos se dirigieron al edificio de oficinas.

Por otro lado, Todomatsu estaba ya en casa perdiendo el tiempo en la limpieza una vez más. No había mucho que limpiar, pero aprovechaba sus energías para ello como si de un ama de casa se tratase. Definitivamente quería evitar premiarse yendo a comer a sitios bonitos o ver películas geniales en el cine; optó por estar solo otra vez.
Mientras tanto, escuchaba.

[ Datos: 23/28. Junio del 2006 ]

—….. y después, bueno, no pude hacer otra cosa. Creí que seguir como siempre estaría bien.
—Y por ello decidiste continuar de esta manera. Me parece muy bien, es un buen comienzo. ¿Qué te hizo pensar de esta forma?
—"Me di cuenta de la fortuna que tengo al haber nacido en este mundo como un ser humano". A veces lo recuerdo y creo que… no está mal seguir intentando. Intentando cualquier cosa, pues.
—Ese pensamiento me parece fantástico.
—Trato de no ser tan… ¿cómo se dice? Eh, creo que es egolatría.
—¿Te sientes como un ególatra?
—No, no. Es solo que pienso que, en parte, mi personalidad se conforma por un poquito de ello. Solo un poquito. No todo gira en torno a mí, después de todo. En nadie realmente… Nadie se va tomar tampoco el tiempo de vigilarme toda su vida, ni en una parte considerable de ella. Creo que puedo sentirme libre después de considerarlo.
—Muy bien, ¿lo pensaste tú solo?
—No.
—¿Quién te lo dijo?
—Un nuevo amigo que hice hace… como 3 meses.
—Bien, eso es perfecto. Y con respecto a la sesión de hace 1 semana atrás, ¿cómo te sientes?
—Afortunadamente no me ha afectado negativamente. He pensado en mi padre un par de veces desde entonces y ahora todo parece lejano y ajeno de mí, aunque sé que no lo es, por supuesto.
—¿Es este el resultado que esperabas?
—Es… difícil de decir. No me desagrada, estoy bien con eso. Es más que cualquier cosa que pudiera imaginar.

Pasada una media hora Todomatsu tomó una ducha y se dirigió a la cocina a comer algo, cuando de repente pudo escuchar la puerta de la entrada forcejearse. Estaba aterrado pues no recordaba que Atsushi hiciera eso, pero, para su sorpresa, era él.
Cuando se vieron hubo cierto tipo de tensión que no fue muy incómoda del todo, pero pese a la pelea anterior, Todomatsu se atrevió a hablar primero.

—No te esperaba tan temprano.
—No me sentía muy bien como para permanecer más tiempo allí.
—Oh, ¿pero ahora te sientes bien?
—Necesito descansar un poco, es todo.
—Sí, es verdad. Ni siquiera duermes lo que debes dormir. Qué caso perdido… Como sea, ¿te preparo un té?
Todomatsu se sentía extraño porque, pese a todo, no podía dejar de preocuparse por Atsushi. Y por su parte, este último había revivido los recuerdos de su resentimiento hacia el menor; recordaba las palabras de Yanagida claramente. Una parte de él le decía que eran todo mentiras, pero otra parte no quería inclinarse a confiar. Estaba en un ambivalente duelo consigo mismo.
—No. Voy a tomar un baño, necesito acostarme —dijo a la vez que se quitaba los zapatos y se aflojaba la corbata. Se retiró de inmediato.
—Un "no, gracias" no hubiera estado mal —dijo Todomatsu en voz baja una vez que el mayor ya no estaba para escucharlo.

Cuando Atsushi salió de la ducha —la cual no había durado mucho— una llamada lo abatió. Era alguien a quien no deseaba atender.
Con cansancio apretó sus ojos para intentar despejarse un poco del estrés que se lo estaba comiendo vivo y tomó su celular con lentitud.

—Kaede-san, te dije que me llamaras solo en el horario que te proporcioné. Sí, ajá. Como sea… Yo creo que… No, para nada. —Hablaba con rapidez, casi como si alguien lo correteara. Se le veía molesto, incluso preocupado. Quería terminar rápido con todo—. ¿De nuevo? ¡Nunca va a terminar! Solo olvídalo. —Hizo una pausa y siguió—. De eso quería hablarte… Eh, no lo sé. No lo he visto, pero de alguna manera me encontró. Deberías evitar ponerte en contacto con él. No hay nada que pueda hacerse, creo. ¡Ya te lo dije! Sí, ajá, espero tu llamada. Ya sabes, que sea cuando estemos solos. Adiós.

Con su inaparente estado frenético volvió a la habitación ya listo para dormir. Todomatsu estaba todavía en la planta baja, en la sala principal.
Atsushi apagó las luces y se recostó para descansar, pero no lograba pegar los ojos para sumirse en el sueño. Estaba inquieto, ansioso, desesperado. Daba vueltas en la cama una y otra vez en su desesperación por querer caer de una vez en la inconsciencia, pero le era imposible. Rendido se incorporó sobre el colchón y buscando en su buró sacó una cajetilla de cigarrillos y decidido, ahí sobre la cama tal como estaba, lo encendió y se lo puso en los labios.

Cuando Todomatsu comenzó a oler el hedor del tabaco se sacó un poco de quicio y a la vez se sintió intrigado, por lo que subió las escaleras inmediatamente para ver de qué se trataba. Y ahí estaba Atsushi, acostado entre las sábanas, fumando tranquilamente un cigarrillo viendo a la nada.
En un principio el menor, mientras se asomaba recargándose en el marco de la puerta, se sintió fastidiado. Aquello no era algo que el otro hiciera seguido y de hecho nunca lo había hecho, en lo que recordaba.

—¿Qué haces? Vas a apestar las cobijas y… todo lo demás.
—¿No quieres intentarlo también?
—¿Qué te pasa? Obviamente no. Ugh —se quejó al percibir el fuerte olor por la habitación—, hazlo cerca de la ventana por lo menos, ¡vamos, de pie! —Se movió bruscamente de lugar y abrió la ventana completa a pesar del clima frío.
—¡Cierra!
—No.
—Ven y acuéstate a mi lado, tal vez así te tranquilices y te olvides de todo.
—"¿Olvidarme de todo?" Tus palabras tienen poco sentido. Oh —suspiró al notar un rasguño en el rostro de Atsushi—, ¿qué te sucedió?
—Tropecé.
—Hmh…
—Vamos, ven, te haces mucho del rogar.
—¡Es que nunca haces esto! Ugh, como sea… —se quejó y después se recostó justo a un lado del mayor sin prestarle mucha atención. Revisaba su celular.
—¿Estuviste afuera estos días?
—¿Mhm? Lo normal. Tengo que ir al trabajo diariamente también.
—¿Dónde has estado?
—¡Estás muy hablador! Bueno, pues estuve bebiendo con las chicas por ahí. A veces dicen que quisieran volver a salir en una cita doble junto contigo y conmigo, o algo por el estilo.
Atsushi no dijo nada después de esa respuesta.

Después de terminar su cigarrillo se dispuso a dormir, estaba harto de aquel día. Parecía que estaba enojándose de sí mismo. No podía dejar de pensar en Yanagida, en su accidente después de ello y en la posible aventura de Todomatsu. Estaba fatigado. Había miles de cosas en las qué pensar…

No eran ni siquiera las 10:00 de la noche pero ya estaba demasiado exhausto, a duras penas podía mantener sus ojos abiertos.
Después de otro intento fallido por conciliar el sueño volvió a su laptop para finalizar un trabajo pendiente. Ya pasaban de las 11:30 de la noche y Todomatsu ya estaba dormido, justo a su lado.
En ese instante Atsushi suspiraba con pesar, pues no sabía cómo empezar a ordenar el lío en su cabeza. Observaba detenidamente al menor y con preocupación e incluso celos pensaba en el otro muchacho tocándolo lentamente. Su temor y ansiedad no le permitían dormir de manera adecuada e incluso despierto no le permitía llevar a cabo sus actividades diarias con normalidad. Sentía que podría volver a desmayarse, un zumbido comenzó a molestarle junto a su vista borrosa y el dolor en el entrecejo.

Después de apagar de nuevo todos los aparatos por fin había podido desconectarse del mundo un poco, y sin embargo, fue interrumpido por una llamada entrante de su celular. Era solo la vibración del mismo, pero había sido suficiente para despertarle estrepitosamente entre sueños. "Ahora no, Yoshikawa", pensó con cansancio. No obstante grande fue su sorpresa al percatarse de que la mujer de antes estaba en pantalla, llamándole otra vez.
En seguida tomó el teléfono entre manos y al cerciorarse de que Todomatsu no estaba despierto y por ende no estaba oyéndole, se levantó a tomar la llamada con molestia.

—Kae…
—Atsushi-kun, olvida lo de antes. Lo encontré. —Interrumpió
—¿Qué?
—Era una tortura esperar a que él nos contactara o lo que fuera. Esperaba incluso una amenaza, pero como sea, ya sé en dónde está.
—No puede ser… ¿Acaso…?
—¡Tu primo fue quien me contactó en primer lugar! Justo hoy. Y, si no piensas hacer nada, entonces nosotros…
—¡Hagan lo que quieran! Yo paso de todo esto. No debí contactarte en primer lugar. Es terrible, p-pero… no te conviene seguir con esto.
—Atsushi-kun, por favor.
—No, Kaede.
—¡Atsushi-kun, si unimos fuerzas nosotros tres podríamos…!
—Voy a colgar.