Capítulo 40- Atsushi, Yanagida y Takeuchi.
—No, no lo hagas. Te conviene escucharme —dijo ella. Casi sonaba como una amenaza. Atsushi no respondió nada, y al darse cuenta de que no estaba dispuesto a decir más ni tampoco a cortar la llamada, prosiguió—. Yanagida… va a ir a presentar la denuncia conmigo. Al parecer él también estaba investigando por su parte, y ahora ha decidido apoyarme en esta decisión. Solo faltas tú, Atsushi-kun. Me gustaría que… vinieras con nosotros.
—Imposible. No soy tan grosero como para dejarte hablando e ignorar lo que tengas que decirme, por eso sigo en la línea. Pero que quede claro: no pienso apoyarte en nada. Ahora andas sola en el sendero, o al menos estás con él.
—Con tu primo no me basta, él es…
—¿Desde cuándo estás en contacto con él? —la interrumpió con brusquedad.
—Hace un par de meses.
—¿Y no pudiste decírmelo?
—No tendría ni un ápice de esperanza en que me acompañaras al juicio si te lo decía desde el principio.
—Nunca la tuviste, Kaede.
—Ja… Al escuchar tu voz por teléfono me da la impresión de que no eres tú.
—Es otra parte de mí, nada más.
—¿Te incomoda que él vaya a estar… ahí?
—Claro que lo hace, no voy a mentirte. Me incomoda y me inquieta, me da miedo y… ansiedad. Planeaba no volver a verlo por el resto de mi vida. De hecho, planeo que así sea. No tiene caso que, siendo de su misma sangre, tenga que verlo de nuevo en esas condiciones, después de tanto tiempo.
—Atsushi-kun, por favor piénsalo.
—¿Crees que no lo hago? La decisión ya está tomada.
—Da igual, voy a decírtelo las veces que sea necesario: ven con nosotros por favor. Ven conmigo. Al menos dime que vas a tomarte tiempo de la noche y de mañana para considerarlo, por favor.
—Kae…
—Y también dime que me visitarás más seguido. Ansío mucho verte, te añoro demasiado.
—También yo a ti, pero…
—Te lo suplico.
El varón se quedó pensando unos segundos para después responder.
—Con ese tono de voz tuyo… —suspiró con pesadez—, ¿cómo pretendes que pueda negarme?
—Gracias, cariño.
—Ni que lo digas, solo voy a meditarlo. De hecho, deberías armarte de valor para cuando el momento llegue. Las personas como tú son las que de verdad hacen… grandes cosas. No la gente de oficina como yo.
—No digas eso.
Atsushi guardó silencio y pasó su mano desocupada por su nuca hasta tocar parte de su hombro y espalda, masajeándose un poco con la esperanza de deshacerse pronto de su sensación de angustia. Con voz ronca dijo:
—En fin. Que tengas suerte, Kaede. Voy a estar deseando lo mejor para ti.
—Te agradezco de igual forma, sea cual sea tu decisión, corazón.
Tras la respuesta de la mujer, la llamada se cortó. Atsushi se quedó sosteniendo el celular junto a su oreja por efímeros segundos más después de perder contacto con ella. Estaba estático, absorto.
Cuando se dio la vuelta dispuesto a regresar a la habitación, se llevó un gran susto al ver a Todomatsu de pie al final del pasillo. Estaba tallándose uno de sus ojos con cansancio, bostezaba y estaba descalzo sobre el piso frío. Ninguno de los dos dijo nada de inmediato.
—¿C-Cuánto tiempo llevas aquí? —Atsushi le hizo una pregunta, tartamudeando.
—No mucho. Bebí demasiado té antes de acostarme y quería… ir al baño.
—Oh, es eso…
—Pero —se interrumpió a sí mismo para bostezar y siguió diciendo—: ya que estamos, ¿qué sucede? ¿Kaede otra vez?
—¿Q-Qué…? Calla, Todomatsu. Ve al baño y después ve de inmediato a dormir —le dijo a modo de orden mientras pasaba a su lado con rapidez, sintiendo una gran urgencia por acostarse de una vez.
Todomatsu se le puso en frente bloqueándole el paso a propósito, cerrando el espacio disponible para que Atsushi se escurriera entre el pasillo. El menor tomó de la mano al contrario y se aferró a él.
—Atsushi-kun… ¿Acaso Yanagida… "es de tu misma sangre"?
Atsushi se sintió atacado por la pregunta pero le respondió afirmativamente sin problemas. Ahora ambos estaban confundidos. Todomatsu siguió diciendo:
—Ese sujeto de verdad da terror. Pero me da algo de pena pensar en que... fue traicionado por su propia familia. —Tras lo dicho miró acusadoramente a Atsushi. Todomatsu no podía dejar de pensar en las grabaciones de audio que el mayor había mantenido escondidas, empolvándose literalmente con el tiempo en un rincón del ático. No podía olvidar la juvenil voz de "Takeuchi", o mejor dicho: "Yanagida". No entendía por qué Atsushi había estado ocultando algo así; algo tan personal para alguien tan cercano a él. Por supuesto, eran todas puras especulaciones. Quería oírlo de la boca de Atsushi.
—No sabes lo que dices porque de verdad necesitas dormir, al igual que yo. Buenas noches, Todomatsu.
Atsushi le dio un brusco empujón con el hombro que obligó al menor a abrirle paso.
Al reunir un poco más de valor, Todomatsu dijo:
—C-Como sea, Atsushi-kun… Sean lo que sean, ¿qué tiene que ver Yanagida ahora contigo?
—Lo mismo te pregunto.
Ninguno de los dos se miraba, se daban la espalda en medio de la oscuridad. Apenas las lámparas nocturnas del piso inferior les iluminaban con tenuidad.
—¿Por qué me lo preguntarías? No hay manera de responder a eso.
—Mhm, claro… —soltó una risita sarcástica.
—¿Por qué te pones así?
—¿No te parece que estás demasiado confiado respecto a la forma en que te refieres a él? "Yanagida". ¿Lo llamas como si nada por su nombre? ¿Por qué capta tu atención y que tiene que ver si es mi familiar o no?
—Desconozco de tu familia, y al oír sobre él en la conversación y que es de tu sangre…
—Entonces escuchaste todo —dijo como si pensara en voz alta.
—Unos fragmentos, por lo menos.
—Todomatsu… ¿A qué quieres llegar?
—Conozco a Yanagida.
—¿Qué?
—Al menos creo que se trata del mismo que… trata contigo. "Takeuchi…"
—Todomatsu, ¿de dónde estás sacando todas estas conclusiones? —Atsushi se sentía alterado. El menor conocía demasiado que él no le había contado jamás.
—¿Mhm? Ambos tenemos cosas que decir, por lo que veo.
—Como sea, sé que lo conoces. Él mismo se encargó de decírmelo; de contármelo todo, así que descarta tus tontas teorías. Sí, es el mismo tipo. ¿Contento, Sr. Sherlock Holmes?
—Te… ¿Te lo dijo?
Todomatsu se abatió de inmediato. El simple hecho de pensar que Yanagida le hubiese contando del beso le volvía loco, la ansiedad se lo estaba comiendo vivo y sin piedad. En definitiva, quería evitar los sentimientos de intranquilidad sobre Atsushi, sin que tuviera que tenerlo en su mente sufriendo entre las garras de otro tipo, suplicando por ayuda entre sus adentros con temor.
—Una parte de ello, sí —dijo Atsushi, esperanzado de que Todomatsu negara que habían compartido cama, pero no dijo ni una sola palabra para contrariar lo ocurrido.
Todomatsu se dio la media vuelta para ver al mayor, aunque él le siguiera dando la espalda.
—Atsushi-kun, no debería decir esto porque la intención nunca fue mía, pero… ¡discúlpame! Te juro que yo no quería, pero estaba demasiado ebrio y… no pude comportarme como siempre —dijo con pesar. Seguía reviviendo ese crudo beso una y otra vez, rememorando la sensación. Una mueca de asco se dibujó en su rostro—. Y-Yo… quería decírtelo con calma, no así.
El rostro de Atsushi se puso de color carmín, por la ira y demás sentimientos que se mezclaron en su interior con viveza ante las palabras ajenas.
—Entonces era cierto… Lo que me dijo… era verdad. —Atsushi estaba totalmente rígido, como en alguna clase de trance. Entonces de inmediato se giró a Todomatsu y con voz firme le habló conteniéndose por no gritar—. Decir que estabas ebrio no es una excusa para tal comportamiento y tú… sabes bien lo que has hecho, y me lo ocultaste. Me engañaste…
—Atsushi-kun…
—Ya es suficiente. ¡Ya tuve suficiente! ¿Qué demonios te orilló a aceptar esa decisión como si nada?
—¡Te dije que no fui yo!
Atsushi estaba luchando por contener el caos en su mente. No podía imaginarse a su novio envuelto entre las sábanas de su propio primo. No tenía idea de que Yanagida tuviese como objetivo arrebatarle a quien más le importaba en el mundo, y sin embargo lo había logrado. Estaba hecho, estaba todo claro ante sus ojos: Todomatsu y Yanagida habían tenido una aventura a sus espaldas.
Le daba vueltas al asunto, y aun así creía que las piezas no encajaban, pero allí estaba ya el rompecabezas limpio y resuelto al frente suyo. No sabía qué debía hacer o decir.
—Todomatsu —apretaba los puños con fuerza y coraje—, hijo de p…
—¿¡Qué diablos te pasa!? Tú te comportas incluso más extraño que yo. No respondes a ninguna pregunta, no me dices quién demonios es Kaede, no me cuentas sobre tu vida fuera de esta casa ni de tu pasado, y ahora… exageras un acto al que fui forzado a cometer. En serio, sentí asco al tenerlo tan cerca, créeme. Es la primera y única vez que me lo han hecho y estoy tratando de olvidarlo. No quiero recordarlo… porque fui obligado y fue de repente. ¡¿Por qué no lo comprendes?! ¡Atsushi-kun idiota! Sea lo que sea que te dijo sobre ello, deberías entenderlo. Y ahora me insultas de tal forma… —Sus ojos comenzaban a llenarse de una ligera capa de lágrimas.
—¿¡Te parece que "exagero" un hecho!? Una infidelidad… sigue siendo… una infidelidad, al fin y al cabo.
—¡Atsushi-kun!
—P-Pero igual quiero saberlo… Quiero saber cómo es que fuiste forzado. Sea como sea, sin importar tu imprudencia, me preocupa.
—¿No sabes cómo se le obliga a la gente? No voy a contarte nada —dijo negando con la cabeza muchas veces seguidas, alterándose un poco—. Hazte una idea y olvídalo. Olvídalo todo, porque es lo que yo quiero. Olvidar...
—¿¡No vas a contarme algo así!?
—¡Te dije que no!
Todomatsu enseguida respondió con agresividad mientras seguía negando con la cabeza, logrando contener sus lágrimas con éxito. Se dispuso a pasar a un lado suyo decidido a ir a dormir, pero Atsushi lo sostuvo agresivamente del brazo, deteniéndolo frente a sí.
—Todomatsu. —Su voz sonó como una sentencia.
El menor hizo lo posible por soltarse del agarre sin usar fuerza bruta, pero era inútil. Tendría que forcejear, y realmente no quería hacer eso.
Continuó negando con la cabeza al principio sin verle directamente a los ojos, pero unos segundos después poca importancia le dio y lo desafió con la mirada. Ambos se comían con los ojos.
—Hablaré tanto como lo hagas tú. Ahora suéltame… por favor.
Atsushi estuvo observando unos segundos más a Todomatsu hasta que desistió y poco a poco mantuvo su distancia.
El mayor estaba aterrado tras las palabras de Todomatsu, temía pensar en una posible violación más que en una infidelidad. Pensaba que incluso Todomatsu le mentía sobre ese "abuso" del que hablaba, pero no tendría caso dudar de una posible víctima. Tenía miedo de que Todomatsu le mintiera sobre ello, y también tenía terror de que no fuese mentira. Quería confiar en lo que el menor le dijera, pero las palabras de Yanagida lo asaltaban y a sus propios ojos, aunque sería sobrepensarlo, Todomatsu no lucia muy afectado en caso de que de verdad hubiese habido un asalto sexual de por medio. Estaba tan acostumbrado a ser engañado que no quería confiar ni un poquito más en él ni en nadie.
—Vete a dormir —le dijo Atsushi al contrario mientras él se giraba hacia la habitación y se retiraba con prisa. Después de unos minutos traía puesto de nuevo el calzado y su terno, además de que estaba colocándose la corbata mal amarrada con molestia. Salió casi de inmediato con un cambio de ropa más en el brazo. Todomatsu se había quedado de pie en medio del pasillo observándole con extrañeza.
—¿A-Ahora qué haces? ¿Vas a salir a esta hora? Es la madrugada…
—Es lo de menos.
—¡Espera! —Todomatsu le cubrió el paso—. ¿A dónde vas? No me digas que…
—Hay asuntos importantes que deben atenderse.
—¡Maldita sea, Atsushi-kun! Escúchame, vuelve a la habitación. Hace unos minutos ambos estábamos ahí y…
—¡Apártate! —dijo, interrumpiéndolo.
Atsushi se abrió paso entre el pasillo con rapidez. Todomatsu instintivamente se hizo a un lado ya que tuvo la sensación de que, si no lo hacía, el muchacho lo golpearía fuertemente contra la pared.
El menor de los sextillizos estaba angustiado y pensativo viendo a la espalda de su amante. No tenía idea de qué debería hacer para que no se fuera de nuevo indefinidamente hacia el trabajo o adonde sea. Entonces… tuvo una idea.
—¿¡Por qué le hiciste eso a Takeuchi-kun!?
Tras oír esas palabras, Atsushi se quedó estático a mitad de las escaleras. No siguió bajando y oyó atentamente a Todomatsu dándole todavía la espalda. Todomatsu aplaudió en sus adentros su éxito al darse cuenta que había logrado detener a Atsushi. Siguió diciendo con coraje:
—¿No será que… por eso te odia tanto y decidió desquitarse conmigo? Por tu culpa… él estuvo acosándome. Y por mi culpa… él pudo encontrarte.
—No sé de qué estás hablando. —Atsushi hablaba con un tono áspero.
—¡De Yanagida, por supuesto! Es tu familia así que deberías saberlo… Él sufrió una traición. Y quiero saber si fue a consciencia y completamente de tu parte.
—¡No tengo idea de lo que quieres decir, Todomatsu!
—¿Cómo no vas a saber? Atsushi-kun… Solo quiero saber si tú —dijo mientras hacia una pausa para pasar saliva con dificultad— no haces cosas malas…
—¿"Cosas malas"? Todomatsu… —dijo con pena.
—¡Estoy preocupado! Y ahora no es que sienta pena por el Yanagida actual, pero, lo trataste injustamente en el pasado y sigues teniendo algo preciado para él, aquí, oculto. Tengo miedo. Si viene aquí podría querer tomar algún tipo de venganza o…
—Basta de palabrerías. "El Yanagida actual", "venganza", "Takeuchi". Dices palabras sin sentido. —Dicho aquello, siguió bajando.
—¿¡Por qué permitiste que la voz de Takeuchi-kun fuera grabada cuando estaba contando algo tan personal!?
Atsushi palideció y siguió escuchando a Todomatsu.
—¡Quiero decir…! No es que me importe él, pero si eso es la causa de su resentimiento, me gustaría saber. Me preocupa pensar que alguien pudo haberte obligado a hacer tal cosa y ahora ambos los están sufriendo.
—¿C-Cómo sabes sobre eso?
—¿Eh? Yo… Pues….
—¿¡Por qué siempre te metes en lo que no te importa!? Acusándome de algo que no sabes y ahora, tú también estas vigilándome… ¿Cómo sabes sobre eso? ¿¡Acaso él…!? ¿Yanagida te lo dijo?
—Eh… Creo que pude darme cuenta de ello por mis métodos.
—¿Insinuó… algo así?
Todomatsu no dijo nada, pero se limitó a asentir levemente perdido en sus memorias, buscando algo que pudiese decir. Era una mentira, por supuesto, pero no quería que el otro descubriera que había estado hurgando entre las cosas del ático y sótano.
Atsushi no lo miraba, pero pudo deducir que el menor había hecho alguna clase de movimiento ya que podía oír su respiración entrecortada y llena de nerviosismo. Después de pensar en ello unos instantes más, siguió caminando, ya sin prisa. Llevaba su portafolios en una mano y el cambio de ropa colgando del brazo.
—¡Atsushi-kun! —Todomatsu lo llamó desde la parte superior de las escaleras, viendo cómo el mayor llegaba a la sala de estar y después se desviaba al recibidor para salir de la casa. Su llamado no lo detuvo ni un minuto más.
Atsushi subió a su automóvil y lo echó a andar. Se dirigía hacia un hotel cercano en la prefectura de Saitama.
Todomatsu corrió hacia una ventana cercana únicamente para observar la partida del contrario. Miró con reconcomio a Atsushi en medio de la oscuridad, yéndose quizá a continuar con su trabajo.
1:45 am.
Estaban ahora solos, cada uno por su parte, siendo torturados por sus pensamientos y sentimientos.
Todomatsu temía que Atsushi estuviese involucrado en temas delicados, en donde quizá estaba realizando inadecuadamente su trabajo. Temía que el hecho de ocultar a su familia y sus conexiones tuviesen que ver algo con todo aquello. Le daba un sentimiento de dolor imaginarlo siempre tan triste y solo; siempre tan asustado y desamparado. Temía pensar en Atsushi y Yanagida, y su relación familiar que obviamente no había marchado bien. Odiaba suponer que quizá, en esta ocasión, era Atsushi el villano de la historia. Y por supuesto, se sentía resentido, asustado y deprimido por recordar la poca empatía de Atsushi ante el beso robado que odiaba recordar y haber vivido. Además de estar frustrado y ansioso al imaginar a Atsushi teniendo una aventura con una mujer llamada Kaede. No quería pensar más en ello, estaba torturándose a sí mismo.
Atsushi, por su parte, estaba consternado al seguir pensando en las palabras de Todomatsu y Yanagida. No le gustaba pensar que lo estuvieran engañando y de verdad hubiesen tenido un encuentro amoroso juntos. Pero, tampoco le agradaba pensar que de verdad Todomatsu estuviera diciéndole la verdad y ciertamente hubiese sufrido una agresión sexual. Estaba temblando de la ira y del miedo. No sabía en quién debería confiar. Además, recordar el nombre de "Takeuchi" siendo pronunciado por el menor le hacía palidecer todavía. No quería recordar nada sobre Takeuchi.
Atsushi conducía con prisa, prestando poca atención a los semáforos y señalamientos. Una patrulla lo detuvo para alguna multa. Perdió bastante dinero que no tenía previsto usar.
El oficial de policía lo dejó ir después de recibir la suma monetaria y siguió conduciendo con más cuidado, pero aún más rápido de lo que acostumbraba. Los malos sentimientos, pensamientos y sensaciones no lo dejaban estar en paz. La ansiedad le estaba carcomiendo la mente.
Después de un tiempo considerable llegó al hotel y se instaló en una habitación no muy grande. Quería dormir en algún sitio donde nadie pudiera encontrarle.
La señorita de la recepción se sonrojó al verlo llegar. Con rostro no muy amigable y voz áspera, Atsushi ofreció un saludo y yendo directo al grano solicitó su habitación.
La chica le dio el número de cuarto y ofreciéndose a acompañarle le devolvió su tarjeta de crédito. Atsushi se negó. La muchacha le dijo algunas cosas a las cuales Atsushi no les prestó demasiada atención. Se miraba esperanzada en poder entablar una pequeña conversación con él, pero él no estaba dispuesto a hablar demasiado. La evadió tan rápido como pudo y se retiró sin dudarlo.
La chica, con las mejillas sonrosadas y ojos brillantes, lo observó al retirarse.
Estando una vez solo en su habitación, se recostó en la cama y se quedó observando el techo unos minutos intentando aclarar sus pensamientos y ordenar sus ideas.
Era inútil, no podía olvidar a Todomatsu ni a Yanagida ni a Kaede.
Únicamente con la tenue luz de la lámpara de la mesita pudo revisar su portafolios. Llevaba varias cosas importantes de su trabajo que se había arrepentido de sacar de casa. Buscando entre sus cosas encontró una cajetilla de cigarrillos y encendió uno.
Exhaló el humo con satisfacción. Estaba acostado en la cama, en medio del silencio que reinaba en lo alto del edificio. Observaba por la ventana las pequeñas lucecitas de los automóviles yendo de un lugar a otro por las calles, alrededor de la ciudad. Estaba esperando simplemente para tranquilizarse un poco con la ayuda del tiempo.
Cuando terminó su cigarrillo caviló sobre todo durante unos minutos más y enseguida tomó su celular.
—Kaede —dijo—, lamento despertarte si es que ya estabas dormida. Me imagino que lo estabas. En fin, tengo algo que pedirte y me urge. Dijiste que habías estado en contacto con Yanagida, ¿no es así? Dame su número.
—P-Pero, Atsushi-kun, te oyes algo tenso. ¿Qué te hizo cambiar de opinión tan de repente? —decía la mujer con una voz modorra.
—No es lo que piensas. Dame su número de inmediato, por favor.
Pudo escuchar a Kaede bostezar desde el otro lado de la línea.
—De acuerdo, te estaré enviando su contacto enseguida.
—Gracias.
Atsushi estaba a punto de colgar sin despedirse ni nada, pero la voz de la otra lo detuvo.
—Querido, necesitas descansar. Sé que no has podido relajarte porque he estado persiguiéndote, pero es… importante para mí, y creo que debería serlo para ti también.
—Sí, debería. —Asintió con la cabeza como dándole la razón, aunque ella no pudiera verlo—. Kaede, ¿por qué no vienes conmigo?
—¿En dónde estás?
—En el hotel principal, en la prefectura de Saitama.
—¿Por qué no estás en Tokio?
—Ven y quédate unas noches conmigo —le dijo, ignorando su pregunta—. Debemos hablar.
—Cualquier cosa que necesites decirme… puedes decírmelo ahora.
—No, no tiene que ser así.
—Atsushi-kun, cariño, sabes que no puedo salir de Tokio ni un solo minuto —suspiró con cansancio—. ¿Qué necesitas?
—¡No quiero estar solo! —gritó. Su voz tomó por sorpresa a Kaede, que separó el teléfono de su oído instintivamente—. Quiero verte… Te extraño mucho.
—Yo también te extraño, pero…
Hubo un momento de silencio que ambos dejaron pasar.
—Si algo te pasa no podría perdonármelo nunca.
—No digas eso. Nada nos va a pasar. Ni a ti ni a Yanagida ni a mí. Cálmate por favor. No pienses en…
—¿¡Por qué también tú tienes que estar involucrada con él!? ¿Por qué?
—Por cuestiones del pasado. Lo sabes. Él quería acercarse a ti y lo único que podía utilizar para llegar a ti era nuestra relación del pasado.
—Sí, pero… Todomatsu…
—¿Todomatsu?
—El chico con el que hablaste. Tomó la llamada en mi lugar, en mi casa.
—Oh, ¿él es tu…?
—¡Yanagida está haciéndole la vida imposible! O, no lo sé… Puede que sea lo que quiero creer.
Ella suspiró con cansancio y dijo:
—En su momento sabré lo que debo hacer, pero mientras tanto, haré lo posible por ejercer justicia.
—Kaede, Todomatsu ya sospecha sobre mí.
—¿Qué te dijo?
—Digo que tenía miedo de que estuviese haciendo "cosas malas".
—Pero no las haces.
—Aun así, estar involucrado en algo así… ¡por eso quería alejarme de ti! Pero no entiendo mis propios sentimientos. Quiero estar contigo, pero tampoco podría separarme de Todomatsu. Yo… no sé qué hacer.
—Deja que el tú de mañana se encargue de eso. Por hoy deberías intentar dormir.
—¡Tú me contactaste por tus medios! ¿No quieres verme?
—Sí, Atsushi-kun. Pero no en este momento. Deja que la tormenta pase.
—Kae…
Hubo unos momentos de silencio en los que únicamente ambos pensaban el uno sobre el otro. Parecía como si alguno fuera a rellenar el vacío ajeno ofreciendo palabras de alivio o de consuelo, pero sencillamente se limitaron a guardar silencio sin límite. Finalmente, la mujer rompió la tensión tras incomodarse.
—No pienses demasiado, nada va a cambiar sin importar cuánto te preocupes sobre el pasado. Que descanses, Atsushi-kun.
—…..Hablamos mañana.
Ambos terminaron la llamada.
Después de unos minutos recibió un mensaje por parte de la mujer con el número de Yanagida. Suspiró y se tumbó en la cama dispuesto a dejarse llevar por la inconsciencia.
Por la mañana siguiente se levantó con molestia. Le dolía la cabeza, el estómago y la espalda. Se dio cuenta de que se había dormido con el traje y los zapatos puestos. Mientras se sentaba a la orilla de la cama para levantarse sobaba un poco sus sienes, y al ponerse de pie iba desabotonándose la camisa para después entrar al cuarto de baño y darse un remojón.
Cuando salió bien acicalado fue a la mesita de noche donde estaba su celular y marcó al número que le fue proporcionado.
Esperaba impaciente a que el tipo contestara. Al oír por fin su voz de nuevo, la sangre le hirvió.
—¿Hola?
—Yanagida…
—¿Oh? ¿Es acaso quien creo que es? —dijo en un tono juguetón.
—Iré directo al grano: quiero que nos veamos.
—Mmm… Esperaba todo menos esto, ja, ja.
—Me parece bien. ¿Cuándo y dónde?
—Estoy en la prefectura de Saitama. Puede ser la fecha que tú elijas, no me importa.
—¿Saitama?
—Por motivos personales no estaré en Tokio por unos días, así que propongo que nos encontremos aquí.
Se escuchó un suspiro por parte de Yanagida.
—Atsushi… Siempre tan misterioso.
—La última vez… dijiste que ansiabas verme pronto. ¿Por qué?
—Son detalles que podremos aclarar cara a cara.
Atsushi guardó silencio unos segundos y después continuó.
—Te enviaré la ubicación de inmediato.
—Bien, entonces, ¿a qué hora?
—Depende del día.
—Mmm… Estoy algo atascado de trabajo. ¿Te parece dentro de tres días?
—Entonces, en tres días, a las 6:00 pm.
—Perfecto.
La llamada se cortó.
Atsushi arrojó el celular a la cama y se sentó en la orilla de ésta. Estaba inclinado y recargando sus codos en sus rodillas, mientras permanecía cabizbajo ansiosamente.
Ahora solo faltaba aclarar unas cosas. El momento estaba cerca…
Por su parte, Todomatsu se encontraba en el trabajo totalmente consternado. Había perdido su rumbo de nuevo en el día a día. Hablaba de vez en cuando con Sacchi y Aida y salía a comer solo por ahí con anterioridad, pero después de lo de Yanagida prefería evitar salir a sitios poco recurrentes.
Atsushi pasó el resto del día carcomiéndose la cabeza mientras ponía sus ideas en orden intentando pasar sus pensamientos en palabras. Trabajaba desde la cafetería del hotel. Hacia sus deberes desde su laptop con rapidez, en un intento por despejarse pronto de todo.
Por la tarde de ese día, Yanagida llamó a Kaede.
—Atsushi se comunicó conmigo esta mañana. Dice que quiere que nos veamos en la prefectura de Saitama.
—¿Eso te dijo? Vaya…
—Tú le diste mi número, ¿no es así? Me gustaría saber tus razones.
—No te hagas el inocente, Yana-kun. Tú también ansiabas estar en contacto con él desde hace mucho…
—Como sea, yo me las arreglé para acercarme a él con mis métodos.
—¿Métodos?
—En fin, quiero que tú también vengas.
—¿Atsushi-kun… te lo pidió?
—No.
—¡Ja! Parece telepatía. Hablé con el cuando le di tu número. De hecho, él fue quien se puso en contacto conmigo y también me dijo que no estaba en Tokio. Dijo que quería verme, pero me rehusé.
—¿Por qué?
—No hace falta hablar cara a cara por algo que se puede tratar por llamada.
—Eres igual que él… Excusándote siempre.
—¡Basta! ¿Qué es lo que quieres?
—Que estemos juntos los tres otra vez, como solía ser.
—No intentes repetir el pasado…
—Quizá él querría verte a solas, pero a mí me conviene que estemos los tres. Creo que en el fondo deseas lo mismo. Además, tú y yo nos vimos por última vez hace más o menos tres años, pero ¿y él? Han pasado siglos.
—Hay que evitar problemas.
Yanagida suspiró pesadamente y después de efímeros momentos de silencio, añadió:
—Si lo hacemos no sería traición. Creo que nos añoramos continua y mutuamente, aunque sea difícil admitirlo para los tres. Te envié la dirección que él me dio de todas formas. —Suspiró—. Solo… no quería dejarte fuera de esto. Hasta luego.
—Yanag-… —Fue interrumpida por el hombre que cortó la llamada.
Las horas se pasaron rápidamente a partir de la reunión acordada y cuando menos se lo esperaron, los tres días pasaron.
Durante el tercer día a las 2:40 pm. Atsushi se preguntaba qué era exactamente lo que ambos querían decirse. Cuando más tarde casi a la hora acordada la sesión de modelaje de Yanagida terminó y Atsushi concluyó su trabajo, comenzaron a mentalizarse para verse. Yanagida Takeuchi estaba en camino a Saitama.
5:30 pm.
Atsushi esperaba afuera del café en donde se mirarían. Prefería mirarlo en un principio desde afuera.
Yanagida apresuraba el paso hasta su automóvil y condujo hacia la ubicación que el otro le dio. Pasaron los minutos y finalmente estaban bastante cerca.
Cuando Yanagida llegaba al sitio después de casi media hora, pudo divisar a Atsushi de espaldas. Suponía que era él.
Bajó del vehículo y lo encaró.
Se miraron fijamente unos momentos a la distancia. Atsushi movía los labios como si fuera a articular algo, pero nada salía. Yanagida terminó iniciando la conversación.
—¡Atsushi! —lo miraba de arriba a abajo meticulosamente con una sonrisa bien formada en el rostro—. Te ves muy bien.
Las palabras de Yanagida sonaban genuinas. El halagado no sabía cómo debía reaccionar.
—No has cambiado nada.
—¡Ja! Lo contrario de ti. Ven aquí —dijo a la vez que se acercaba con rapidez y lo abrazaba con fuerza. Atsushi se sorprendió por la rápida acción y se dejó abrazar. Apenas había levantado sus brazos en un intento por devolver el gesto, pero como si fuese un robot programado, no pudo hacerlo, quedándose a la mitad del acto.
—¡Yanagida! Yo…
El corazón de Atsushi latía fuerte. Estaba lleno de emociones intensas e indescriptibles.
El atezado se soltó rápido de Atsushi y de nuevo lo miró de arriba hacia abajo, tomándose su tiempo en la inspección.
—¿Entonces…?
—Entremos.
—¿Aquí? —dijo Yanagida mientras le echaba un vistazo al sitio.
No era una cafetería cualquiera. Y, de hecho, la cafetería que Atsushi había elegido se ubicaba en lo alto de un edificio casi al centro de la ciudad. Era parecido a un muy buen hotel.
—Sí. ¿Te incomoda?
—No, no, claro que no. Vamos. —Sonrió.
Ambos entraron al lugar, sin intercambiar palabra alguna. Entraron al ascensor donde Atsushi marcó el piso número 15 y subieron.
Estando el uno al lado del otro compartían un sentimiento extraño que rondaba entre el aprecio, la añoranza, el rencor y la tristeza.
Yanagida miró a Atsushi apenas por el rabillo del ojo, y el observado no hacia otra cosa más que mantener la mirada fija en la puerta. Cuando llegaron al piso, Atsushi caminó por delante hasta llegar a una mesa bastante apartada de las otras. Estaban cerca de las paredes de vidrio que les permitía ver la ciudad perfectamente desde arriba.
El sitio pese a ser llamado cafetería era demasiado suntuoso. Parecía más un restaurante de lujo. Daba la impresión de que podías pedir un corte de carne carísimo con su copa servida de un buen vino, en lugar de pan y algo de café.
No había muchas personas allí. Atsushi y Yanagida estaban sentados, frente a frente, en una mesa redonda ni muy grande ni muy chica, hasta la esquina del sitio, justo al lado del ventanal. Un poco más allá había una pareja anciana disfrutando de una cena decente con una taza de café, y algunas mesas enfrente de ellos había una chica comiendo sola mientras hacía algo en su computadora portátil, había también una mesa con tres mujeres oficinistas y dos acompañantes varones con ellas, en otra un hombre tomando un helado con su hijo pequeño y más al fondo dos chicas adolescentes que comían pastel y rellenaban muy seguido sus tazas de café.
—No me sorprende que hayas elegido este lugar tan elegante. Es muy de tu tipo. Aunque pude haber traído un mejor atuendo si me lo hubieses dicho.
—Tu atuendo está bien.
Yanagida sonrió de lado.
—Bueno, ¿qué quieres decirme?
—Creo que eres tú quien quiere decirme algo a mí, Yanagida.
—¡Pff! ¡Ja, ja, ja! Vamos, Atsushi… Si vamos directo al grano todo será más sencillo y podremos seguir con lo nuestro.
Atsushi observó a Yanagida con los ojos entornados un momento más mientras la camarera llegaba y les ponía enfrente suyo unas tazas de café bien cargado. Al retirarse, Atsushi siguió hablando.
—Bien. ¿Qué demonios pasó entre Todomatsu y tú? Digamos que no es muy inteligente de tu parte estar admitiendo vulgaridades cuestionables por teléfono a alguien que no frecuentas desde hace mucho. He estado pensando sobre ello.
Yanagida dio un sorbo al café.
—Ugh, que porquería. —Empezó a echar cucharadas de azúcar a su taza, rápidamente y sin contarlas. Atsushi pensó que mínimamente le habría agregado unas cinco. Yanagida continuó—: Tienes razón, no fue una buena idea. Como sea, me dejé llevar un poquito. —Probó su café y al estar satisfecho siguió hablando—. Ambos estábamos borrachos, pero, como sea, no compartimos cama, si es lo que estabas pensando. Ja, ja… Lo siento, solo jugaba. Apostaría a que no dormiste muy bien durante varias noches por culpa de esa estúpida broma.
—Te dije que lo había estado pensando. Pero si lo que dices es verdad, ¿por qué él estaba tan alterado?
—No lo sé. Bueno…, quería ver si podía probar tus inclinaciones.
—¿Inclinaciones?
—Chico con chico. Como sea, no es lo mío.
—¡Yanagida, hijo de…!
—Shh, shh… —Yanagida puso su dedo índice entre sus labios, ordenando silencio al otro—. No es el lugar. Te lo dije, ¿no? Debiste haber quedado conmigo en un sitio menos bonito. Primero deberíamos aclarar varias cosas. Oh, ¿por qué me miras así? No te enojes… Tenemos mucho de que platicar todavía.
—¿¡Por qué lo hiciste!? Me estás diciendo que lo besaste a la fuerza, y me pides que me comporte. ¿Por qué? —Atsushi se puso de pie.
Yanagida lo miraba serenamente todavía bien puesto en su silla.
—Siéntate, quiero platicar contigo. Tenías razón, tengo también cosas que decirte. Y si todavía quieres que nos partamos la cara a puñetazos después de esto, entonces adelante.
Atsushi tardó en entender lo que estaba pasando. Creía que recurrir a los golpes no tendría sentido, pues al haberlo invitado a tal lugar suponía ya con anticipación un montón de mensajes negativos, pero debía soportarlo. Volvió a sentarse.
—Un labio partido perjudicaría muchísimo a un modelo de revista.
—Oh —Yanagida abrió más sus ojos con asombro—, ¿lo sabes?
—Me dio curiosidad desde tu primera llamada. Quería saber qué demonios estabas haciendo con tu vida, así que intenté saber todo sobre ti. Por supuesto, no me detuve a comprar una insignificante revista solo para verte en ella. No te… va mal.
—Atsu, estás siendo demasiado amable. Me extraña.
—Dime de una vez lo que sea que quieras decirme. Después volveremos a lo mío.
—Bien. Supe que estás en contacto con Kaede también.
—Creo que sé a dónde vas.
—¡Entonces seré más claro todavía! Quiero que nos ayudes a testificar en contra de tu padre de mierda.
—¡Yo ya no estoy relacionado con él! Lo que sea que pase, depende de ti y Kaede. Lo siento mucho, pero no me gusta peligrar por alguien más.
—¿Y qué pasaría si en lugar de nosotros dos, fuera Todomatsu quien te lo pidiera? ¿Qué harías?
—Cállate.
—¿Qué harías? Irías a hacerlo sin dudarlo.
—No es el caso.
—No, lo es. Pero estás consciente de que ese sujeto no puede estar libre así como así. Si no hacemos algo, tu viejo volverá a las calles y lo primero que va a hacer será buscarnos y cometer más crímenes. Piensa en ello. Lo sabes, ¿verdad? Entonces hay que darle, al menos, otros 10 años de cárcel. No pongas esa cara. Sé que es tu papá, pero dejar que un pedófilo ande por las calles…
—¡Ya basta! —dio un golpe a la mesa que provocó que algunas gotas de café cayeran sobre ésta.
Yanagida estuvo en silencio un momento. Algunos voltearon a verlos, pero después de un rato volvieron a lo suyo. Yanagida siguió hablando.
—Piensa en eso un rato. Por cierto, ¿no vas a pedir algo de comer? Vine directamente del trabajo hacia acá, así que muero de hambre.
Atsushi dijo que no quería nada, pero Yanagida pidió una comida ligera para él de todas formas diciendo que él pagaría. También la señorita mesera rellenó la taza de Yanagida, y la de Atsushi estaba intacta, con el café enfriándose poco a poco. Atsushi hizo caso omiso a sus palabras, estando absorto en sus cavilaciones.
Después de un rato en que ninguno de los dos intercambió palabra, la comida llegó.
—¡Vaya! Pero si no fue tanto tiempo de espera. ¿Fueron solo 4 minutos, quizá? —Tras decir aquello, comenzó a comer con gran apetito.
Después de que Atsushi sintiera una gran incomodidad por únicamente dedicarse a observar a su compañero mientras devoraba de su plato, agregó unas palabras al silencio.
—¿Qué querías decir con "la promesa"? Me sabe mal decírtelo, pero no recuerdo en especial ningún gran viejo pino.
Yanagida frunció el entrecejo con decepción, terminó de masticar un bocado y luego habló.
—Debí suponerlo. Tonto Atsushi. Bueno, ese día después del incidente con tu padre, me prometiste hacer lo que estuviera en tu mano para ayudarme, ¿recuerdas? Me pregunto si ese fuego en tu corazón terminó extinguiéndose con el tiempo. Estábamos tan… heridos, y solo nos teníamos el uno al otro. Al final de todo, tu viejo había terminado corrompiéndose, haciendo todo aquello que odiaba de ti, volviéndolo maligno. Después de esas inclinaciones que tanto odiaba, terminó yendo a otros extremos. No solo eran hombres o mujeres…, sino niños y niñas. Incluyéndome. Y después vinieron los robos, los secuestros, los engaños… Y esas tres personas que perdieron la vida a su causa.
—Yanagida…
—Si tu padre se hacía pasar como un inquilino de buen carácter y después hacía lo que se le pegaba la gana con quien tuviera cerca, debía ser tu problema también. Eso era lo que pensaba. Ahora ya no es así, no pienso eso.
—Escucha, siento mucho lo que mi padre te haya hecho y lo que haya hecho a otros, pero yo no tengo nada que ver, como lo dices. Quiero… alejarme de ese mundo para siempre.
—¿Y no crees que nos ayudarías mucho si vas a…?
—No puedo.
—¡Mhm! Después de hacerte con todo su dinero y sus bienes, entiendo que no quieras. Poseer la casa de un criminal debe ser duro.
—¡Yanagida!
—Piensa en la pobre Kaede. Fue otra que cayó en sus garras.
—¿Crees que no lo he pensado? Ha estado persiguiéndome desde siempre. Pero no puedo hacer nada, porque con tal solo verle siento que me derribaría de nuevo.
Yanagida estaba a punto de agregar algo más, pero antes de eso cortó una parte del suavecito corte de carne y su mirada se perdió por el vacío. No podía creer lo que mirada.
—¡Hey! ¡Hablando de la reina de Roma! ¡Kaede! —dijo con la boca llena, alzando la mano.
Atsushi se quedó estático sin poder voltear. Creía que podría ser otra broma de Yanagida, pero al escuchar los tacones de una mujer aproximándose a la mesa, no le había quedado más remedio que voltear.
Era ella. Kaede estaba frente a él.
No podía creerlo. No se explicaba por qué ella estaba allí. Fue hasta después de unos segundos de procesar la información que pensó que, Yanagida debía haberla incitado a ir allí. Le alegraba verla, pero el pánico lo asaltó con crueldad.
Atsushi se puso de pie de inmediato por instinto. La miraba de arriba hacia abajo a detalle. Estaba todavía muy guapísima, con el pelo castaño cayéndole por los hombros con gracia. Las arrugas en las comisuras de los labios apenas se asomaban.
Atsushi ofreció su mano para darle un apretón, pero la mujer se envolvió entre los brazos de él rápidamente. Yanagida y ella se saludaron casualmente con la mano.
—¡Atsushi-kun! —decía ella con cariño y nostalgia—. Hacía tanto tiempo que no te veía. Es que, mírate… Qué alto y qué guapo te pusiste. —Kaede tenía una enorme sonrisa en sus labios.
—Kaede…
—Vamos, siéntate aquí junto a nosotros —le sugirió Yanagida.
Ella obedeció y se sentó entre los dos. Ambos varones seguían estando frente a frente.
—Justamente estábamos hablando de ti —decía el moreno.
—¿De mí? Espero que cosas buenas.
—Sí. Como sea, estábamos tratando ese asunto.
—Oh, ya veo.
—Pero Atsushi no cede.
Kaede volteó a ver a Atsushi que no había abierto la boca para nada desde que ella había llegado. Su café estaba hasta el tope todavía, ya frío. Su plato también estaba exactamente igual que cuando se lo dejaron en la mesa. No había tocado nada.
—Kae, me alegra verte —dijo finalmente—. Estoy agradecido de que estés aquí.
—También me alegro de verte, Atsushi-kun. A ambos. —Ella miraba un instante a Atsushi, y después dedicaba otro tiempo a observar a Yanagida.
—Supongo que… era inevitable que nuestro reencuentro no fuera precisamente para algo bueno.
—No digas eso. Es cierto que las cosas no han marchado muy bien, pero…
La frase de quedó a medias. La mesera dejó una taza de café para Kaede.
—Atsushi y yo tenemos otros asuntos que tratar —dijo Yanagida—, pero antes de eso debemos hablar claramente sobre el criminal que nos une a los tres.
—Oh, ja, ja… claro, es el asunto principal —dijo ella.
—Hablen —indicó Atsushi.
—Te hemos dicho ya nuestras intenciones anteriormente, pero… me gustaría reforzarlas. Vine hasta Saitama solo para decírtelo. Estoy de acuerdo con Yanagida-kun, para que podamos zanjar este asunto juntos.
—¿Y quieren que hable con mi papá?
—No tienes que hablar con él. Creo que tú mejor que nadie sabes que no funciona así. Pero podrías meter mano al asunto y hacerlo todo más fácil…
—¡Mhm! Más fácil…
Yanagida solamente escuchaba a ambos mientras terminaba de comer. Kaede ocasionalmente bebía de su taza. Atsushi no tocaba ni hacía nada.
—¡Bueno! Nosotros haremos todo por nuestra cuenta —decía la mujer con intención de hacer que el ambiente se aligerara un poco—, pero sería mejor que estuvieras de nuestro lado. Creo que… te conviene.
—¡Estoy de acuerdo! —Yanagida se unió—. Como dije; que Atsushi tenga los bienes de un sujeto como el que es su padre es algo peligroso y desagradable. Incluso si sale de prisión podría llegar a reclamar todo y, ¿quién sabe?, recurrir a la mafia para que nos exterminen de su vida de una vez por todas.
Kaede no decía nada.
Atsushi pensaba sobre el asunto.
—No puedo permitirle la libertad a papá. —Atsushi se unió a la conversación una vez más—. Soy consciente de ello. Las cosas que había hecho ya llevaban un record, y yo no lo sabía. Tardamos demasiado para percatarnos del peligro y del daño que estaba haciendo a quienes le rodeaban. Quizá era por eso que viajábamos tanto… Quizá, por eso mi madre…
—¡Mi tía tuvo que soportar demasiado con ese sujeto! Ahora puedo darme cuenta y tú también lo haces —exclamó Yanagida.
—Lo que quiero decir es que… voy a hacer algo. Pero, con mis métodos.
—¿Tus métodos? —le cuestionó Kaede.
—¡Quiero quedar fuera de esto, solo un poco! No quiero mostrar mi rostro a los jueces. Es todo lo que quiero decir. ¿Lo entienden? No estoy ocultando a un criminal ni nada. Voy a hacer justicia por mi propia mano, así que no lo malinterpreten. Por favor.
—B-Bien, pero debemos ser rápidos. A lo que sé, es que fue trasladado a otra "institución". Tenemos que vigilar sus pasos para evitar extraviarlo.
—Yo… voy a hacer lo que deba hacer —declaró Atsushi.
Yanagida pareció satisfecho con la respuesta, aunque indiferente. En cuanto a Kaede, asintió un par de veces y no abrió la boca de nuevo. Atsush fingió entretenerse con las lucecitas de la carretera que observaba a través del ventanal.
Después de un rato en silencio, las tazas fueron rellenadas nuevamente. Atsushi pidió que le sirvieran de nuevo su café. Cuando le dieron una taza nueva con café caliente, lo probó poco a poco hasta dejarlo a la mitad.
El silencio que estaba entre ellos no era incómodo, pero había algo que no le permitía a ninguno pronunciar palabra. Se miraban con nostalgia.
—Atsushi-kun, dijiste que no querías estar solo; que podía quedarme unas noches contigo.
Atsushi inspeccionó a Kaede antes de responderle:
—Sí, eso dije. ¿Te parece una mala idea?
—Claro que no. Eso si me pagas los días de trabajo a los que no voy a asistir.
—Por supuesto.
—¡Ja, ja, ja! Bromeo, no te preocupes por eso. Es lo de menos. Y, bueno, ¿qué va a pasar contigo, Yana-kun?
—¡Me vuelvo a Tokio! Tengo una agenda ajustada. Aunque, claro, puedo hacer arreglos para ocasiones como esta —respondió el de piel oscura.
La mujer se rió.
—Pero antes de eso —siguió diciendo Yanagida— Atsushi y yo tenemos un par de asuntos que resolver. ¿No es cierto, Atsushi?
—¡Claro! —respondió el mencionado—. Y espero que lo hagamos pronto. Vamos, habla. Soy todo oídos.
—¿No vas a preguntármelo tú mismo? —Al no tener respuesta, siguió hablando—. Bien, creo que no. El caso es este: encontré a Todomatsu en un bar de por ahí, solo. Me hice pasar por un fiel seguidor suyo, y la verdad es que… había estado siguiéndolo en mis ratos libres, porque quería llegar a ti, Atsushi. No había otra manera. Estaba aburrido, desesperado, no sabía que hacer… Después de la muerte de mi hermana estaba tan deprimido, y encima mi novia decidió romper conmigo. Me daba envidia pensar que estuvieras teniendo una vida mejor que la mía, y al verte tan feliz en esas fotos con Todomatsu en sus redes sociales... ¡Ja, ja! Seguro que no sabías que Todomatsu tenía montones de fotos contigo en Instagram, ¿verdad? Como sea, ahora lo sabes.
«Quería probar algo nuevo, así que… quise intentar tu estilo de vida, solo un poco. Ya estaba muy borracho, no me mires así. Ambos lo estábamos. Entonces, besé a Todomatsu. No fue agradable para ninguno de los dos, no voy a mentirte. Me dejé llevar por el momento. En fin, me pareció una buena oportunidad para que accedieras a verme. Supuse que el enojo te obligaría a querer enfrentarme; de otra manera hubieras querido huir de tu pasado y no verme nunca más. Lo siento. Sí, esto no se arregla con un "lo siento", ¿pero, qué hago?
—A ver, Yanagida… —Atsushi estaba respirando con dificultad, intentando apaciguar la ira en su interior—. ¿No te acostaste con…?
—¡Que va! ¡Por supuesto que no! Estaba jugando, hombre. Jugando.
—¿De qué se trata esto? —se preguntaba la pobre Kaede.
—Un asuntito que tuvo un gran malentendido.
—¡No, Yanagida! Esto no es un "asuntito". ¡No puedes aprovecharte de alguien solo porque estabas deprimido o lo que sea!
—¿Aprovecharme? Fue Todomatsu quien accedió a ir a mi departamento en primer lugar, sin saber que tú y yo éramos primos. Ni nos conocíamos. ¿Puedes confiar en un tipo así?
Atsushi decidió hacer caso omiso ante el nombre de Todomatsu.
—Escucha, lamento la muerte de Kin-chan, pero no debes colgarte de eso para arruinarte a ti mismo, o arruinar a otros.
—Eso ya está en el pasado, pero no debemos olvidarla. Mi hermana era una chica fuerte, igual que nosotros tres, ahora sentados en esta mesa. Lamentablemente, fue otra víctima de tu padre que no pudo soportarlo más y por eso se mató. ¡Pobre Kinko!
—Yanagida…
—Por eso, quería encontrarte, pasara lo que pasara. Ella te quería mucho, Atsushi. Como si fueras su hermano también. Quería decírtelo. Aun si significaba colgarme de la muerte de mi hermana para hacer lo que fuera necesario y verte otra vez, para, de nuevo, pedirte justicia.
—Yo no… Yo no hice nada. ¡Yo no hice nada!
—Baja la voz, Atsushi. La gente ya nos mira raro.
Kaede solo observaba con atención.
Atsushi se había quedado sumido en sus pensamientos mientras los recuerdos lo asaltaban vilmente.
Para seguir el hilo de la conversación, Kaede añadió por curiosidad:
—¿Las cosas no marchaban bien con su esposo tampoco?
—Claro que no. ¡Ese Inuyama siempre fue un bueno para nada! Debe estar viviendo ahora en alguna parte de Osaka o qué sé yo. Los recuerdos le quitaron la vida.
—Yo… no estaba consciente. Yanagida, yo no sabía que ella hubiera muerto. —Atsushi poseía una voz apagada. Sus ojos no reflejaban ningún brillo; estaba absorto.
—Oh, entonces lamento haberte dado la noticia de esa forma. Y, tal y como dices, no hiciste nada, lo sé. Tu viejo no hizo nada directamente tampoco. Fue su gente. Hacían toda clase de atrocidades y nuestra familia se vio envuelta en eso. Quien sabe cuántas cosas miró ella… Quizá un poco más de lo que tú viste.
—Yo no lo recuerdo —dijo Atsushi, con evidente preocupación en su voz—. No puedo acordarme de las cosas que vi, pero…
—¡Alégrate! Tal vez terminarías igual que ella.
Atsushi sacudió su cabeza.
—¡En fin! Nos desviamos un poco —hizo saber el modelo.
—Con respecto a tu mediocre explicación, ¿por qué decías que no accedería a verte?
—Porque querrías huir de tu pasado.
—¿Por qué?
—¿Hmh? ¿Lo has olvidado? El caso ese con Nishida-sensei.
—¿Nishida-sensei? —Los ojos de Atsushi se abrieron de par en par con una evidente preocupación. Miró a Kaede, que también se había quedado sorprendida al escuchar tal nombre—. ¡Yanagida! Creo que… no deberíamos hablarlo aquí.
—Ja, ja… Sí, tienes razón. ¿Vamos a un lugar más cómodo?
—Quedémonos aquí —pidió la mujer.
—Creo que este no es lugar para… —hablaba Atsushi.
—Quedémonos aquí —exigió Kaede de nuevo, interrumpiendo a Atsushi—. Este es un lugar adecuado. Hay que dejar de evadirnos mutuamente. Además, Atsushi-kun, tú y yo también tenemos nuestro propio asunto pendiente.
La ansiedad de Atsushi fue en incremento; no tuvo otra opción más que rendirse y aceptar la orden disfrazada de petición.
—Bien, Atsushi… —decía un decaído Yanagida. Extrañamente su típica sonrisa y su comportamiento relajado y juguetón habían desaparecido—. ¿Quieres empezar tú? —El mencionado negó con la cabeza, y Kaede mantenía su mirada fija en la mesa, con expresión de no estar viendo ni pensando en nada concreto—. Okay, entonces, hablemos de Takeuchi-kun.
