Capítulo 41- Recuerdos que se disipan.
11:20 p.m.
Atsushi y Kaede entraron juntos al hotel en donde el primero se había estado hospedando por un brevísimo tiempo.
Las horas se habían ido entre la plática, y todo había sido demasiado rápido. Ninguno de los dos estaba muy platicador después de que los tres habían compartido sus sentimientos, sin limitación alguna. La voz de Yanagida permanecía clara todavía en la mente de Atsushi, y Kaede lucía ansiosa, pese que había dicho que ya estaba más tranquila cuando se encontraba en el auto con Atsushi, de camino al hotel.
La chica recepcionista había dejado de coquetear con Atsushi cuando lo había visto llegar con su compañera. Antes no le daba mucha importancia, pero sintió una leve mejoría poco después.
Atsushi se quitó el saco y se quedó de nuevo con la ropa que traía, únicamente quitándose la corbata para sentirse más cómodo. La mujer solamente se deshizo del color rojizo de sus labios.
Después de que Atsushi le indicara que podía hacerlo, ella se recostó a un lado de él, en la cama, con mucho cansancio. Ambos traían los incómodos zapatos de vestir puestos todavía; ella estaba sin quitarse los pendientes ni los broches del pelo, y él sin desprenderse del reloj de mano ni el cinturón.
Permanecieron recostados el uno al lado del otro, viendo hacia arriba, sin decir o hacer nada. El ruido de la calle no les molestaba estando en un piso tan alto, y las luces de la ciudad iluminaban sus cuerpos con gentileza a través del ventanal. Las luces estaban apagadas.
La noche era serena.
—¿Te acuerdas —decía Kaede rompiendo el silencio, sin dejar de ver las luces de la lejana autopista, reflejando e iluminando el techo— cuando dormíamos así, juntos?
Atsushi permaneció un momento en silencio como haciendo memoria.
—Sí.
—Muchas veces llegué a acordarme de esos días. No podía evitar que la nostalgia me abatiera. Pero ahora me doy cuenta, Atsushi-kun, que es mejor así… Como es todo ahora.
—¿Te sientes así?
—Ajá. Mantener el mismo estilo de vida no es sano. He ido cambiando poco a poco, y tú también lo has hecho. Por eso decía que debías vivir al máximo con tu persona especial.
—¿Me lo estás permitiendo? —dijo Atsushi, girando su cabeza hacia ella para verla. La oscuridad no le dejaba apreciar correctamente su rostro; apenas distinguía las curvas de la nariz y mejillas, y sus labios moviéndose al hablar.
—¡Ja! Eres un hombre adulto. No deberías esperar mi aprobación. Yo, de verdad, lamento que Todomatsu y tú hayan tenido problemas por mi culpa.
—La culpa es mía.
—No, Atsushi-kun, era normal que las cosas podían entenderse mal. Aunque, bueno, nuestra relación nunca fue del todo natural, ja, ja.
—Me parece que si lo dices de esa manera, suena raro.
—¡No digas eso!
Ambos rieron en medio de la oscuridad, acompañados del silencio.
Después de un efímero mutismo, Atsushi añadió:
—Kae, al final, ¿por qué viniste?
—¿Mhm?
—Yanagida y tú tuvieron mucha más conexión entre ustedes. Supongo que él pudo pedirte que vinieras además de mí, pero la verdad, también él se miraba sorprendido cuando llegaste con nosotros. Y, me habías dicho antes que no podías dejar Tokio porque estabas ocupada. ¿Qué sucedió? ¿Era mentira?
—No, no era mentira. Pero supuse que no habría otra mejor oportunidad. Quería verlos a los dos. En especial a ti. Sé que las cosas no habían marchado muy bien para ti desde… Desde esa vez.
—Entiendo. Me alegra que vinieras.
Kaede sonrió, y Atsushi siguió hablando.
—Y, dime, ¿me parezco mucho a mi papá?
—¡No, Atsu! Para nada, en ningún ámbito. Y es un halago. Tal vez lo único que podrías haber heredado es su altura, ¡pero nada más! Y lo digo en serio, tuve muchísimo tiempo para conocerlo todo lo que quise. Ustedes no comparten nada de nada. Tal vez te parecías más a tu mamá.
—Entonces…, tengo suerte.
—Con respecto a eso, ¿tu mamá…?
—Sigo sin saberlo.
Ella no dijo nada más.
Ambos siguieron hablando en medio de la oscuridad hasta que se dieron la espalda. Dormían cómodamente uno junto al otro, sin verse ni sentirse.
—Muchas veces pensé en huir de todo e irme a vivir contigo —dijo Atsushi después de un rato—, pero había algo que siempre me decía "no lo hagas".
—Entendía que no debía depender de ti.
—Yo también lo pensé. Pensé en llevarte lejos, junto conmigo, a algún lugar… lejos, muy lejos. Pero era una tontería. Pronto entendí que ese lugar que mi corazón tanto anhelaba no existía.
—¿De verdad? Es extraño porque yo también sentí algo así.
—Incluso ahora, pienso en que debería irme lejos, contigo. Pero…
—No podemos estar juntos, por nuestro bien.
—También pensé en eso. —Rió.
Al final, Kaede abandonó la idea de vivir junto a Atsushi. Era inútil intentar ese estilo de vida con el que ambos habían fantaseado tanto. Atsushi tenía a Todomatsu, y Kaede tenía su vida aparte también.
Mientras sucumbía al sueño, a Atsushi le pareció ver que unas espesas lágrimas recorrían el rostro de la mujer.
Por la mañana siguiente, ella se despidió de su querido Atsushi. No fijaron nunca una próxima reunión, ni prometieron volver a verse. Ella dijo que podía irse sola, así como había llegado. Lo que sí estaba claro ahora, era una cosa: zanjar el asunto con el padre de Atsushi lo más pronto posible.
Ninguno volvió a hacer mención de Yanagida, y tampoco siguieron reviviendo el pasado. Muchas cosas habían quedado enterradas quizá para siempre. Y, de nuevo, Atsushi estaba solo en el hotel. Ahora únicamente pensaba en arreglar sus asuntos y volver con Todomatsu.
[ ….. ]
Un nuevo día comenzó.
El menor de los sextillizos había despertado temprano y se encontraba ya en la cafetería. Aquel día no estaba de humor, pero tampoco se sentía del todo abatido.
Había varias personas en la cafetería aquel día. Sacchi y Aida estaban atendiendo a la mayoría de clientes, mientras que Todomatsu lo hacía de vez en cuando, pues se hacía el distraído e ignoraba la caja registradora cada vez que oía la campanilla de la puerta sonar.
Las chicas no tardaron mucho en darse cuenta de ello.
El muchacho de camisa rosa se encontraba en una esquina de su zona de trabajo, tomando un chai latte frío que él mismo se había preparado. Sacchi fue la primera en interrumpir sus pensamientos, diciendo:
—¡Totty! El trabajo se está juntando. ¿Puedes ir a limpiar la mesa 4 y la mesa 6?
Todomatsu no se veía irritado exactamente, pero su rostro denotaba que no quería hacer nada.
—Claro.
Dejó la bebida a un lado sin interés y se dirigió a limpiar las mesas.
El día iba pasando con normalidad, no había nada nuevo que no hubiese sucedido ya en otros días. Todomatsu se propuso a estar atento, pues no podía hacer a un lado sus pensamientos si no se entretenía con algo. Prefería preocuparse por el trabajo que preocuparse por sus asuntos extremadamente personales.
Fue en un momento determinado cuando el jefe de Todomatsu le dijo que se fuera a descansar a casa.
—¡Estoy bien! —insistió Todomatsu con determinación.
—No, Todomatsu. Llevas varios días estando distraído, y no nos concierne a nosotros decirte adónde ir, pero has tenido varias oportunidades, y sabes cómo son estos negocios. Debes estar siempre atendiendo a la gente con una buena cara y modales correctos. Puedes decir que se te paga por estar de buen humor.
—Pero, ¡señor…!
—No te preocupes, no te estoy despidiendo. Simplemente digo que te vayas a descansar a casa. No quiero que colapses por exceso de trabajo o algo así. Aprecio tu trabajo, así que no te descontaré de tu paga. —El gerente le seguía hablando a Todomatsu con sinceridad, mientras que Sacchi y Aida escuchaban fingiendo que no lo hacían—. Agarra tus cosas y tómate…, no sé, dos o tres días.
—¿Tanto?
—Es lo indicado para reponer el sueño. Un día entero no ayuda mucho a nadie.
Dicho aquello, Todomatsu hizo una reverencia levísima y se fue por su bolsa. Fue a quitarse el delantal con prisa.
Las chicas entraron casi en silencio para encontrarse con un deprimido Todomatsu.
—Totty —decía Sacchi—, sabes que cuentas con nosotras… para lo que sea.
—Cuando vuelvas, vuelve con una enorme sonrisa, ¿bien? —dijo la otra, ofreciéndole una.
Todomatsu asintió, les dedicó una sonrisa que parecía solo una mueca, como cuando te da el sol directo a los ojos por las mañanas, y se fue.
Estaba exhausto de todo, no quería ir a casa. Y, pensaba en los últimos minutos. Aunque las chicas querían animarle, le molestaban sus palabras.
"¿Qué rayos van a saber ustedes por lo que estoy pasando?", pensaba. "¿Volver con una sonrisa? Yo ni siquiera debería volver a este lugar". "Soy patético. Dándome unos días para pensar sobre mis problemas cuando ya suficiente pienso en ellos haga lo que haga, esté con quien esté, sea donde sea que esté…" "Gerente estúpido. Si tuviera que darle unos días para descansar a todo aquel que no se siente muy bien, créame, el mundo entero se detendría".
Todomatsu no podía detener sus pensamientos, y no podía escapar de ellos. Comenzaba a desesperarse y a darse cuenta que, mientras su mente siguiera teniendo control sobre él, no importa cuánto hiciera, jamás tendría progreso.
Para cuando Todomatsu llegó a su casa, se encontró con Ichimatsu que lo esperaba justo frente al portón.
—¡Ichimatsu nii-san! ¿Qué haces aquí?
—Quería llamar primero, pero estaba fuera de casa haciendo unas compras y quería venir. Aunque… —desvió su mirada hacia un lado con precaución.
Todomatsu hizo lo mismo y se sorprendió todavía más.
—¡Eh, Totty!
—¡¿Osomatsu nii-san?!
—Ichimacchan y yo estábamos haciendo las compras para hoy como puedes ver —dijo apuntando a unas bolsas que llevaba consigo y otras que yacían a los pies de Ichimatsu—, pero pensamos que sería una buena idea pasar a verte.
—Osomatsu nii-san, Ichimatsu nii-san…
—¡Vamos de paso, no te preocupes! —se apresuró a aclarar Osomatsu.
—¿En serio? ¿Vienen de tan lejos y solo "van de paso"?
—No es tan lejos, Totty. ¡Serían unas 2 horas cuando mucho!
Ichimatsu asintió, mientras parpadeaba varias veces, como si la miopía estuviera atacándole con malicia.
Todomatsu meneó la cabeza y retomó la conversación.
—Pasen, no tengo nada que hacer hoy. Les voy a preparar té.
El menor se abrió paso entre ambos para abrir el portón del hogar hasta llegar a la puerta principal.
—¿Qué hay de Atsushi-saaan? Creí que estaría aquí para compartir un par de tragos, quizá.
—Quítate los zapatos y cállate, Osomatsu nii-san.
—¡Con permiso! —exclamó el mayor, tomando unas pantuflas del recibidor y adentrándose a la casa. Su destino: la sala principal. La del televisor enorme y bonito que ninguno de ellos jamás tendría en casa con sus padres.
—Con permiso —dijo también Ichimatsu en un tono más ronco y bajo.
Estando los tres sentados en el sofá, en la sala de estar ya con una taza de té cada uno, hablaron cosas sin importancia.
Paso un rato considerable hasta que Osomatsu e Ichimatsu notaron que algo no estaba muy bien con él.
—Todomatsu, ¿todo en orden? Te noto algo…
—¿Verdad que sí? —concordó Ichimatsu ante la frase sin acabar de su hermano.
—¡Totalmente!
Parecía que ambos acababan de leerse la mente sin compartir pensamientos con Todomatsu. Después de las palabras del primogénito, ambos hermanos se quedaron con la mirada clavada en el menor.
—¡Todo en orden! Cielos, creo que ustedes siempre están paranoicos. Co-Como sea, no me gusta ser grosero ni nada pero, ¿no deberían llevar las compras a casa? Si mamá debía hacer la cena, entonces…
—¡Bien, bien, ya nos vamos! —dijo Osomatsu, fingiendo que estaba seriamente molesto. Después le dio una orden a su acompañante—: Ichimatsu, ¡despídete!
El mencionado apenas se giró a su hermano menor para observarle por efímeros segundos.
—Hasta pronto, Totty. —Hizo una floja reverencia.
3:30 p.m.
Unas calles más allá, cuando Osomatsu e Ichimatsu iban camino a casa, fueron encontrados por Atsushi, que se encontraba camino a su propia casa también.
—¡Osomatsu-kun, Ichimatsu-kun! —les llamó la atención desde su auto.
—¡Oh, Atsushi-san! Justo veníamos de una breve visita a Todomatsu. ¿No es así, Ichimacchan?
Ichimatsu asintió con una sonrisa.
—Ya veo…
Para Atsushi resultaba extraño y gracioso que por fin pudiera diferenciar a los sextillizos aun a metros de distancia. Viéndolos caminar juntos por la calle parecían un simple par de gemelos, pero ya estando consciente de que había tenido que aprender a convivir con seis caras iguales, le daban ganas de reír para sus adentros.
—¿Qué te parece un par de tragos para la próxima, eh? Sería bueno despejarnos un día de estos otra vez, como en esos días. —Osomatsu hablaba amistosamente con su típico tono de voz que tanto solía animar o fastidiar a otros.
"¿Despejarnos de qué?", pensaba Ichimatsu con el ceño fruncido.
—Me encantaría muchachos, pero, ya saben… Llevo una vida muy ajetreada últimamente. —Atsushi sonrió con pena.
—Entiendo… —Osomatsu rozó su nariz con su dedo índice con un poco de incomodidad. Sonrió para terminar la frase—. Ya habrá momento para ello.
—Es bueno verte, A-Atsushi-san. —Un tímido Ichimatsu había articulado una frase después de pensarlo una y otra vez.
—Lo mismo digo. —El conductor sonrió.
Al quedarse todos sin nada más que decir, Osomatsu decidió despedirse.
—¡Bueno! Mi hermano y yo tenemos que ir a…
—Osomatsu-kun. —Atsushi lo interrumpió bruscamente.
—Eh, ¿sí?
—¿Cómo es que… tú…? Quiero decir, ¿esa vez tú fuiste quien…?
Osomatsu lo miraba esperando a que completara la pregunta e Ichimatsu hacía lo mismo. El mayor al sentir la pesada mirada de los hermanos, pareció perder la iniciativa y se resignó con un suspiro.
—Olvídalo, lo siento. Es obvio. Espero que te vaya bien… —dijo Atsushi, viendo específicamente a Osomatsu.
Después de terminar la frase se despidió formalmente para desaparecer entre el tráfico lejano. Atsushi había dejado un mal sabor de boca a los Matsuno.
—¿Es mi idea o todos están locos hoy? —se preguntó Osomatsu.
—Tengo la misma sensación, Osomatsu nii-san.
—¡Hmh! Ese tipo… tenía una mirada extraña.
—Quería decirte algo en especial a ti, creo.
—Lo que sea que fuera, Ichimatsu, no debe ser importante. Andando, debemos llegar a casa antes de las 5:00, y quiero comer un poco de ramen por ahí. —El mayor hablaba canturreando.
—¡Qué idiota eres! Mamá no debería obligarme a salir contigo.
3:45 p.m.
No hacía ni mucho frío ni mucho calor, pero Atsushi sentía el sudor frío recorrerle el cuerpo. Recordaba la cara de Yanagida y las palabras de la noche anterior… Estaba desesperado.
Cuando llegó a casa después de un largo recorrido matutino, lo primero que hizo fue ver a Todomatsu. Estaba sentado muy entretenido viendo la televisión; una especie de serie de época.
No sabía si debería decir algo o no, pero se acercó lentamente a Todomatsu. Su rencor contra el menor se había esfumado después de platicar con el moreno durante la cena del otro día.
Para su sorpresa, Todomatsu sí que estaba molesto con él. No se le veía furioso ni triste; parecía más bien como si fuese un zombie. No había emoción alguna en su rostro.
Atsushi se acercó a Todomatsu y posándose a un lado suyo, dijo:
—Este fin de semana… estaré afuera de nuevo. Hay varias cosas pendientes, así que quería hacértelo saber. Volveré cuando…
—¿Exactamente a dónde te vas, Atsushi-kun? —interrumpió.
—Shikoku. Tomaré un vuelo mañana por la noche.
No hubo respuesta por parte de Todomatsu. Exactamente como se lo había dicho, Atsushi se fue. Le había dicho la fecha en que posiblemente retornaría, pero no compartieron más palabras. El dolor por no despedirse adecuadamente se clavó en los corazones de ambos.
La situación no había sido muy buena para él desde hace mucho, pues pasar el tiempo fuera de casa y encargarse de asuntos pendientes se había vuelto muy inusual. Cargaba su computadora y portafolios a todas partes como si fueran parte de él mismo. Realizaba el trabajo de la empresa desde donde sea que estuviera mediante su laptop y rellenaba datos tanto físicos como virtuales religiosamente.
Atsushi estuvo aproximadamente dos semanas fuera de Tokio, sin dar señales de vida. Todomatsu no le cuestionaba nada.
[Tres semanas atrás…]
—Okay, entonces, hablemos de Takeuchi-kun.
Atsushi compartió mirada con Kaede y su primo. Ninguno de los presentes parecía querer hablar, pero el momento había llegado.
—¿Cómo se supone que comencemos? —se dijo Kaede—. Ah, bueno, supongo que debería empezar desde que… tu padre y yo terminamos, Atsushi-kun.
—Me parece bien —dijo Yanagida asintiendo con la cabeza.
Después de titubear y tomar el suficiente valor, Atsushi sugirió:
—Podemos comenzar, si gustan, hablando de Kin-chan.
—¿Que hay que saber sobre mi hermana, Atsushi? Creo que sabemos lo suficiente: ¡ella fue abusada sexualmente por tu padre!
—Yanagida, ¡baja la voz! —le espetó Kaede en alerta.
—Yo no dije lo contrario —dijo Atsushi—. Sé que eso fue lo que sucedió, y si no mal recuerdo…
—¡Así es! También yo pude haber corrido ese destino. Sin embargo, por una u otra razón alguien siempre terminaba apareciendo para salvarme. Como el día que ambos nos escondimos de él bajo el viejo pino de mi antigua casa… Ese día tu viejo se había vuelto loco. Kinko había abierto la boca a duras sin decir detalles, y aunque nadie le había creído, ¡yo lo hacía! Y tú no querías creerlo tampoco, como el montón de adultos que nos rodeaba, Atsushi.
Atsushi enmudeció. Estaba reviviendo cierta parte de esos recuerdos.
—N-No podía creer que fuera capaz de eso… —La voz de Atsushi se rompía de vez en cuando. Le costaba recordar a su padre.
—Después de que ella hablara, se pudo más agresivo. ¡Y también hacia mí! Sentía tanto miedo y asco… Al recordarlo, me siento agradecido de que un tipo como él perdiera su tiempo en la cárcel.
—Si yo hubiera sabido eso antes —dijo Kaede uniéndose a la conversación—, jamás me habría comprometido con él. Al principio era atento, tierno y cariñoso, pero después comenzó a mostrarse como realmente era. Después de los abusos físicos y mentales, tuve que enfrentar mi terror y escapé a como pude. Yo no sabía que ustedes estaban sufriendo por lo mismo porque no tenía oportunidad de verlos, pero… aun así, quise adoptar a Atsushi-kun y hacerme cargo de él como si fuera mi propio hijo. Nunca te vi como un monstruo pese a que tu padre lo era, Atsushi-kun —dijo la mujer mientras miraba al mencionado a los ojos—. Yana, tú tenías a tu madre, así que no podía llevarte conmigo también.
—Ya lo sé, Kaede.
Kaede había conocido al padre de Atsushi en una reunión de trabajo importante en las afueras de Osaka, y luego se habían mudado a Tokio, donde después el hombre le dijo por primera vez que tenía un hijo de 12 años llamado Atsushi. Kaede estaba dispuesta a casarse con el padre soltero y poder vivir la nueva experiencia de su vida. Era la primera vez que ella se enamoraba. Y, además, Kaede no podía tener hijos.
Ella platicaba que su relación iba bien. Comenzaron a salir durante varios meses y después se habían comprometido. Había pasado ya mucho tiempo desde que el hombre le había dicho que su antigua esposa (madre de Atsushi) había fallecido. Atsushi vivió feliz por un tiempo junto a la mujer. Sin embargo, el sujeto comenzó a mostrarse cada vez más agresivo e indiferente como solía ser antes con su esposa e hijo. El hombre comenzó a cometer ciertos crímenes que provocaron que desatara su furia y la desquitara con su nueva familia.
Kaede fue golpeada y violada incontables veces, y Atsushi había sido obligado por su propio padre a ver semejantes actos.
Al menos, era lo que la mujer recordaba. Pero no había señales de que Atsushi recordara algo sobre aquello.
Tiempo después de aguantar los abusos, ella había denunciado al tipo y había huido junto a Atsushi, a quien consideraba su propio hijo. Vivieron juntos un tiempo, hasta que el joven fue capaz de abandonar el nido. No volvieron a verse después de aquello, hasta mucho tiempo después.
Volvieron al mismo lugar de inicio de conversación: Kin-chan fue abusada, a Yanagida casi le sucedió lo mismo, y a Atsushi jamás se le tocó ni un solo pelo, pues únicamente fue obligado a observar.
Kaede hablaba con Atsushi diciendo que estaba agradecida de haberlo conocido pese a todo. Lo consideraría siempre como a su propio hijo, al igual que a Yanagida.
Luego discutieron el destino de Kinko, la prima de Atsushi. Ella se había matado un día de otoño luego de no soportar los terribles recuerdos de aquellas noches de sufrimiento durante los "encuentros" con aquel sujeto. Jamás lo dijo, pero Yanagida que la conocía bien sabía que esa había sido la razón.
—Quizá… la madre de Atsushi-kun no está muerta. ¿Y si ella huyó también de su terrible marido?
—¡No, Kaede! Mi madre murió. Se fue, me abandonó. Ella siempre había sido distraída y distante… Ella murió lejos.
—¿Te consta?
—No pude ir al extranjero a comprobarlo, pero llegó una carta. La mucama la leyó para mí.
—¿Mucama? Ja, ja. —Yanagida se metió a la conversación. Se rió con un poco de confusión.
—Atsushi-kun… —Kaede apenas murmuró. Se mostraba preocupada por el mencionado. La mirada de la mujer estaba llena de tristeza y resignación.
—¡Yo estaba en casa cuando me enteré de ello! Yo…
—Atsushi-kun, cuando te conocí la primera vez, me dijiste que no conociste nunca a tu madre. Y luego de un tiempo, cambiaste la historia. Comenzaste a decir que ella había muerto fuera de Japón. Que ella era extranjera y que viviste fuera de aquí por un tiempo. Pero, ¿no será que siempre estuviste aquí? Quiero decir, sueles cambiar la historia constantemente… ¿Eso no sugiere que tú…?
—Déjalo, Kaede. —Yanagida se veía dispuesto a defender a Atsushi—. Él no lo sabe.
—¡Claro que lo sé! Es tal y como lo digo —se defendió Atsushi.
—No me refiero a eso.
—¿Eh?
La mujer meneó la cabeza. Un mesero se acercaba a ellos, pero ella amablemente le indicó que no necesitaban nada y que podía retirarse. Prosiguieron con el tema.
—Olvidar a tu padre es difícil, Atsushi. Sobre todo porque él fue capaz de conseguirte un buen puesto de trabajo con sus contactos del alto mundo, por muy buenos o malos que sean —dijo Kaede.
—Alguna vez fue así, pero ahora aprendí a moverme solo, como ustedes.
—Y, bien, ¿por qué empezó tu paranoia? ¿Por tu noviecito ese? Hum, eres algo extraño, Atsushi —hablaba Yanagida—. Chicos, chicas… Siempre te dio igual y lo hiciste con quien fuera, pero ahora amas a alguien realmente. ¿Por qué tuviste que elegirlo a él entre tantos? ¿Acaso eres masoquista?
—No sé de qué hablas.
—¡Claro que lo sabes! Por una vez en tu vida intenta hacer memoria —dijo Yanagida. Kaede le llamó la atención con un gesto no aprobatorio, pero Yanagida siguió hablando—: mi tío, tu padre, una vez dijo que había conocido a un montón de hermanos con las caras iguales y tenía… cierta colección en casa. Al menos fue lo que me dijiste. ¿Despertó interés en ti?
—¿Por qué dices todo eso ahora?
—¡Vamos! Ese monstruo tenía montones de fetiches e intereses extraños. Si le obsesionaba coleccionar fotografías de hermanos con las mismas caras como gemelos, mellizos, o lo que sea, y tú las viste, ¿no desarrollaste… esos gustos también?
—¡No me compares con mi padre, Yanagida!
Kaede se alertó.
—Calma, calma. Es una suposición… Seguí a tu chico en Instagram y, vaya, aunque parecía intentar ocultarlo, es obvio que tiene cinco hermanos y todos con el mismo rostro. Pareciera como si tu subconsciente quisiera reconciliarse con ese terrible suceso. No debiste ver nada ese día. Quizá hasta llegaste a ver el rostro de tu novio entre el montón de fotografías enfermas que tu padre guardaba. O quizá algún otro de ese montón de hermanos, quien sabe. ¿No te trae recuerdos?
Parecía que Yanagida quería decir algo sutilmente, pero Atsushi no terminaba de entenderlo. Kaede había entendido solo una parte del mensaje del moreno. Atsushi estaba confundido y disgustado.
—Basta, Yanagida. Eso fue una coincidencia. Estás rebuscando demasiado. —Kaede le espetó.
—¡Bueno! Puede que sí.
Ninguno dijo nada por un tiempo, hasta que Atsushi volvió a romper el silencio.
—¡Y hablando de Todomatsu…! ¿¡Por qué lo hiciste!?
—Ya te digo, Atsushi. No tuvimos sexo ni nada. Sabía que no accederías a verme si no era por venganza. No querrías verme para no revivir tu pasado, pero teníamos que hacerlo. Fue solo un beso. ¿Por qué me ves así? ¡A mí tampoco me gustó! ¡Sabes que no me gustan los hombres!
—¡Pues que poco maduro e inteligente eres! Eres un imbécil. ¿¡No se te pudo ocurrir algo mejor!?
—¡Pff! Sabía que él te lo diría tarde o temprano, así que lo hice sin pensarlo. La mente se congela en situaciones desesperadas. No pensé otra cosa.
—¡Hubo muchos malentendidos entre nosotros por esa estupidez tuya! Maldita sea, ¡quiero romperte la cara!
—Cálmense, chicos —intervino la mujer—. Si lo que quieren es agarrarse a golpes a media calle o aquí en el restaurante para resolver algo, ¡háganlo! Siempre y cuando verdaderamente resuelvan sus diferencias, y no frente a mí.
Después de sus palabras, ambos se neutralizaron.
El ambiente estaba pesado. Había miles de cosas de las cuales platicar, por lo que siguieron hablando del terrible padre de Atsushi. También discutían cosas de ciertas circunstancias que el anterior mencionado no recordaba del todo, y concordaron en que, de nuevo, seguirían pidiendo la ayuda de éste para que su padre retornara a la cárcel por más tiempo. Había sido su plan desde el inicio y lo seguía siendo. Diez años en detención seguramente no le ayudaron en nada, pues se había hecho de gente incluso estando preso, o era lo que Kaede decía. Hasta estuvo el rumor de que se había juntado con los yakuza, lo que a Yanagida le pareció absurdo.
—Y sobre "Takeuchi", rayos, eso puedo recordarlo claramente. Todomatsu ha estado molestándome con eso, diciendo que te he hecho daño, Yanagida.
—¿Eh?, ¿por qué?
—Creo que él encontró las grabaciones de audio que estuve escondiendo en el ático o en el sótano durante todo este tiempo… Casi está seguro de que lo lastimaste para vengarte de mí porque yo "te traicioné".
—¡Rayos! ¿Sigues guardando eso?
—¡No tenía de otra! Podía servir como evidencia algún día en contra de mi padre, pero todo marchó mal.
—¿Por qué supone que soy yo?
—Eres mi única familia…, y conservaste ese apellido por un tiempo al igual que yo. ¡Ya no más! Ahora soy Atsushi Takahashi.
—Tiene sentido, es un chico listo. Olvidemos lo de "Takeuchi", voy a casarme pronto, por lo que seré "Nakajima". Mi novia está en contra de que las mujeres cambien su apellido al de su marido, así que es una buena oportunidad para mí. Voy a soltar el pasado.
—¡El maldito nombre de Takeuchi nos trajo desgracias! Es mejor que lo dejes ir. Como sea, Todomatsu no tiene idea.
—¿De qué hablas?
Kaede oía y observaba atenta.
—Pues, ¿quién sabe cuánto escuchó ya sobre las grabaciones de esas consultas psicológicas? Debe estar confundido. Sobre todo porque…
—¿Y no se lo dijiste? —le cuestionó Yanagida a Atsushi.
—¿Cómo podría? Me daba miedo y vergüenza. Tengo miedo de mí mismo porque no recuerdo ya esas sesiones. Sobre todo intenté evitarlo porque podía que se alterara si se daba cuenta de que, Takeuchi-kun, el chico de las grabaciones, soy yo.
