Code Geass: Bloodlines

Capítulo doce:

Lazos de Sangre (parte II)

Lelouch llevó a su equipo a un restaurante de comida mediterránea. Les explicó someramente a Tamaki y Kallen en qué consistía los platillos que levantaron su interés. Nunca antes habían probado la gastronomía mediterránea y Lelouch no iba a tomarse el atrevimiento de ordenar por ellos. Tan solo a Rolo le sugirió algunos que había tenía el placer de comer. Él hizo caso a su recomendación de tomar la paella. No se decantaba por ninguna en particular y, de todas maneras, aquello sería lo más exótico que alguna vez habría probado. Kallen pidió mejillones sicilianos por su gusto por los mariscos; Tamaki, Ratatouille, porque lo asoció con la película y era lo único conocido para él en el menú y Lelouch, un Fattoush. Tamaki quiso sentarse al lado de su compadre, lo que dejó a Rolo y Kallen los asientos de enfrente. La mujer y Tamaki monopolizaron la conversación o, más bien, él era el que parloteaba y ella intervenía de vez en cuando. Rolo los oía con aire taciturno, mientras jugaba a darles vueltas a un cuchillo en un acto inconsciente bajo la atenta mirada de Lelouch. Estaban echando mano a las viandas delante de ellos, cuando se le ocurrió una forma sutil de fomentar el sentido de pertenencia y estrechar los lazos. Dijo:

—¿Qué les parece si jugamos un pequeño juego? Es simple. El jugador en turno realiza una afirmación sobre otro y si esta es cierta, el interpelado bebe; si falla, el jugador es el que bebe.

—¿Ese juego no salió en ese viejo programa de fantasía medieval que ve Carmen? —inquirió Tamaki, rascándose el pecho. Lelouch lo pateó en la espinilla. El hombre pegó un brinco.

—Para evitar agotarnos, que sea una afirmación por turno y la persona que recientemente fue requerida será el siguiente en jugar y así iremos rotándonos, ¿se entendió?

—¿Acaso este juego es una manera de fanfarronear tus habilidades detectivescas? —inquirió Kallen. No disimuló la pizca desafiante en la pregunta.

—Tal vez —Lelouch le regaló una sonrisa cómplice—. Veremos qué tan buenos detectives son algunos, ¿quién empieza?

—¡Yo! —expresó Tamaki alzando la mano vigorosamente y borbotando el mojito que estaba bebiendo. Lo puso sobre la mesa y exhaló fuerte. Miró a Kallen, que estaba delante de él—. ¡Tú tienes un tatuaje! —le sostuvo la mirada por unos minutos, dilatando la incertidumbre, y ella bebió un trago—. ¡Sí! Era obvio. Tienes el piercing, ¿no vas a tener el combo completo?

—¿Es verdad?

—Cuando era adolescente, atravesé un periodo de rebeldía máxima. Solía escaparme de casa. Participé en varias peleas de robot ilegales —explicó Kallen, cabizbaja. Al reparar que todas las miradas estaban fijas en ella, se aturulló—: ¿qué? ¡Era divertido! Mi Guren pateó muchos traseros. No se crean. ¡Miren! Buscaba adrenalina y afuera la obtenía. Y creo que me gustaba cabrear a mi mamá. El tatuaje fue la gota que colmó el vaso. Recibí más de una paliza, pero valió la pena —se rió de sí misma—. Estaba loca…

—¿Estabas? —cuestionó Tamaki, juguetón—. ¿Y en dónde tienes tu tatuaje?

—Eso no te lo diré —increpó, ruborizándose—. Es mi turno de jugar —afirmó. Se volvió a Lelouch—. Tú aprendiste a bailar tango cuando eras niño.

—Bebe.

—¿Qué? —exclamó, boquiabierta y decepcionada de haber fallado—. ¿Cómo es posible? Si no aprendiste bailar tango a esa edad, ¿cuándo fue? —gimió. Kallen cogió su vaso y lo sorbió.

—En realidad, a diferencia de mi hermana y mi madre, que les encantaba, a mí no me gustaba bailar y siempre lo rechazaba cada vez que me invitaban, aunque sabía algunas cosas. Decidí tomármelo seriamente cuando mi madre murió y mi hermana no podía más hacer lo que más amaba. Bailaría por los tres.

—¡Uhm! Me equivoqué por un tecnicismo —refunfuñó poniendo una mueca—. Yo aprendí de niña en una academia. Mi madre me dio la lata con eso. Decía que una señorita debía saber bailar cualquier tipo de música para nunca negarse a bailar con un caballero.

—Bueno, esos años que invertiste en la academia rindieron sus frutos: eres una gran bailarina —elogió con una sonrisa. Ella bebió otro trago de su mojito esquivando su mirada. Lelouch se dirigió a Rolo. El asesino lanzó miradas a ambos lados, como para rastrear vías de escape. Lo que temía había llegado—. Tú eres huérfano —afirmó Lelouch. El interlocutor mantuvo la boca cerrada—. ¿Tengo razón, Rolo? —preguntó con suavidad.

Pese los esfuerzos de Rolo por aparentar su habitual impavidez, la gesticulación de su rostro lo traicionó. Todos se dieron cuenta.

—Beba —masculló con aprensión.

—Tengo el presentimiento de que mientes —Lelouch sonrió confiadamente—. Sin embargo, dado que no establecimos reglas para los mentirosos, lo omitiré y voy a beber —encerró sus dedos en torno al vaso—. Está bien, Rolo. No tienes que sentirte intimidado. Nosotros hemos experimentado la orfandad de diferentes formas cada uno. Tamaki perdió a sus padres cuando era joven, mi madre murió y mi padre me abandonó y Kallen…

—También fui abandonada —remató con débil entonación observando el fondo de su vaso.

—No tuvimos el hogar que soñábamos. Eso es cierto. Pero, en el presente, aun si el trabajo nos reunió, la solidaridad y la confianza inspiró en nosotros un fuerte espíritu de hermandad en el que pudimos encontrar esa pieza que siempre nos faltó. Espero que tú también lo halles. Por lo pronto, siéntate a gusto. A tu salud, Rolo —Lelouch ingirió un trago largo—. ¿Cómo estuvo la comida?

—Deliciosa —respondió con sinceridad.

—Me alegro.

Los interrumpió el pitido de un teléfono. Rolo atendió. Era el suyo. Recibió un mensaje. De los que no podía ignorar ni postergar.

—Discúlpenme. Tengo que irme temprano.

—¡Ah! ¿Justo ahora cuando el juego se estaba poniendo bueno? —se lamentó Tamaki.

—Jugaremos en otra ocasión. De acuerdo, Rolo —asintió, amable—. Eres libre de retirarte.

Rolo se despidió de los otros y se puso de pie. Lo vieron por última vez alejándose, al tiempo que llamaba a la persona que le escribió. Tanto él como los otros miembros del bufete habían acabado de almorzar. Kallen miró a hurtadillas a Lelouch. Si no fuera por Tamaki, aquel sería el momento propicio para confrontarlo. O no. Un restaurante no era el sitio para discutir unos temas tan personales. Desde ayer, ella ardía de ganas de volver a tener un instante a solas con él —quién lo diría. Tenía tanto que echarle en cara y le urgía hacerle tantas preguntas. Se contuvo en el juicio, en la comida y estaba enloqueciendo ante la espera.

—Tamaki, ¿podrías alcanzar al camarero? Creo que no me oirá, aunque lo llamo —solicitó Lelouch. ¿O era una coincidencia o tenía una habilidad para leer la mente?

—¡Oh, claro, compadre! No tardaré.

La silla chirrió horriblemente cuando él se incorporó incomodando a algunos de los clientes que estaban alrededor. Tamaki no cayó en cuenta. Su actitud descuidada protegía su enorme sensibilidad.

—¿Quieres hablar de lo que pasó en el juicio? —inquirió Lelouch, inclinando la cabeza hacia su interlocutora.

Lelouch tenía los dedos entrelazados como solía hacer cuando tenía el sartén agarrada por el mango. Kallen estaba divagado en las profundidades de su mente. No respondió en el acto. Lelouch le repitió la pregunta.

—Siendo honesta, me siento extraña: me da la impresión de que fuimos tan malditos como él...

—Si nos hubiéramos ceñido a nuestro deber dejando que las cosas siguieran su cauce natural, habríamos ganado. Tú lo dijiste: la evidencia era circunstancial. Y aquel hombre era culpable. ¿Qué hubieras preferido? ¿Un asesino libre o un abogado antiético?

—¡Lo sé! ¡Lo sé! Hicimos lo correcto. Mira, fue mi decisión hacer las cosas a tu manera. Es solo que no me acostumbraré de inmediato, ¿de acuerdo? —señaló Kallen con brusquedad. Estaba cepillándose los muslos con ambas manos. Comprensivo, Lelouch le dio la razón asintiendo la cabeza—. Aunque no es esa la parte extraña...

—¿Y cuál es?

—Que estoy tranquila.

Una sonrisa condescendiente se dibujó en el rostro del abogado. Lelouch cogió una servilleta y se limpió las comisuras de los labios.

—¡Oh! Es normal —la tranquilizó Lelouch—. ¿Te acuerdas de que te dije que podías ser una buena mentirosa igual que yo?

—Sí —confirmó moviendo la cabeza afirmativamente, sin entender cuál era el punto—. ¿Y eso que tiene que ver con esto?

—¡Todo! —se rió. Entonces, Lelouch se enserió con una rapidez espeluznante y agregó sombrío—: sabes, Kallen. Sea de lo que sea que están hechas nuestras almas, tú y yo estamos hechos del mismo material —siseó. Al término de aquella frase, un escalofrío fustigó a la pelirroja por detrás, obligándola a enderezarse. Lelouch, por su parte, había vuelto a adoptar su expresión inocente.

—Puede ser —vaciló Kallen jugando con su tenedor—. A decir verdad, Lelouch, hay otro asunto que necesito hablar contigo. A solas.

Lelouch no preguntó por qué ni le pidió un adelanto. A lo mejor había escudriñado el fondo de su alma con esa mirada penetrante y ya sabía lo qué quería. Enarcó las cejas, fingiendo sorpresa. Cogió su vaso. Tan solo le faltaba un trago para acabárselo.

—¡Qué curioso! Yo también tengo algo de qué hablar contigo.

—¿Ah, sí? ¿Qué es?

—Muy pronto lo sabrás —aeguró Lelouch con aire misterioso y bebió el contenido del vaso.


Suzaku estaba en su apartamento. Hundido en su sofá, se había agarrado con las manos detrás de la cabeza. Tenía la mirada fija apuntando el suelo. No estaba pasando por el mejor de sus momentos. Se topó con un callejón sin salida en el caso de Zero y no tenía idea de qué sería su amistad con Lelouch. Algo se había roto en aquel altercado en la tarde. Con todo, no estaba arrepentido de lo que le dijo. Anhelaba que sus palabras, su confesión, sobre todo, lo hicieran reaccionar. Más que nunca estaba determinado a cumplir su promesa. Britannia Corps había destruido incontables vidas, incluyendo la de su amigo. No descansaría hasta ver al presidente Charles y Schneizel rindiendo cuentas ante la ley. No obstante, el actual sistema judicial no lo consentiría mientras corruptos como el fiscal Waldstein estuvieran en el poder. Por nada en el mundo podía perder contra ellos. Menos mal su voluntad era fuerte. Entonces, escuchó el timbre. «¿Quién será?». Se encaminó hacia la puerta, acarició las orejas de Arthur de paso y abrió. Era Euphemia.

—¡Lo hice, Suzaku! ¡Me enfrenté a mi hermano! —manifestó entrando a su apartamento.

En cualquier día, hubiera preguntado si podía pasar; hoy fue arrastrada por el brío que había ganado ayer en su confrontación con Schneizel. Suzaku cerró la puerta. Euphemia estaba tan inmersa en sí misma que no vio que Arthur atravesaba su camino. La gata se quitó rápido de en medio. Euphemia liberó un hondo suspiro de alivio. Uno que había estado conteniendo.

—Respeto y admiro enormemente a mi hermano. Es el tipo de hombres que quieres seguir a donde vaya. Me asustaba perder el coraje cuando lo tuviera enfrente —reconoció Euphemia, abrazándose— pero me aferré a mis convicciones y mis sentimientos y así pude hacerle frente —se dio la media vuelta, encarándolo, y dijo con aplomo—: lo decidí, Suzaku. Voy a exponer la verdad de mi familia y nuestra empresa.

—¡Euphemia! —exclamó Suzaku, impactado—. ¡¿Sabes lo que significan esas palabras?!

—Lo sé —confirmó, enfriándose su entusiasmo—. Lo pensé la noche entera del día en que lo hablamos y la mañana del día siguiente. Intenté vivir como otro día más: no pude hacer la vista gorda y cruzarme de brazos. Estaba engañándome a mí misma si pretendía que mi vida volvería a la normalidad y, sin duda, no estaba siendo fiel conmigo.

—Pero, Euphemia, no vas a tener unas simples diferencias con tu hermano y tu padre. Esta decisión podría afectar su futuro de toda tu familia. Es posible que tus relaciones con ellos se rompan —susurró, aproximándose a ella—. ¿Crees que podrías soportar ver como encierran algunos miembros de tu familia?

—No me corresponde a mí decidir cuál es el castigo adecuado para ellos; sino al sistema de justicia —contestó bajando la mirada momentáneamente— y si tienen que ir lo aceptaré. Mi familia ha eludido la responsabilidad de sus crímenes. Solo un Britannia puede responder por ellos y, como hija de Charles zi Britannia, es mi deber —sentenció—. Tú me ayudaste a verlo cuando dijiste que éramos parecidos. Tú me inspiraste. Así como te convertiste en fiscal para enmendar el error de tu padre y tener el poder de arrestar a los corruptos, purgaré los pecados de mi familia y le devolveré su honor.

—Es un propósito admirable, Euphie —le sonrió él con tristeza—. Hermoso, duro y doloroso —enumeró—. Es cierto. Nos parecemos. Por eso te pregunto si esto es lo que quieres. Llevo cargando esta cruz por diecisiete años y con el correr del tiempo pesa más. Podría sucederte; podrías enloquecer; podrías arrepentirte…

—¿Tú lo has hecho?

—Hoy estuve a punto —admitió Suzaku con voz apagada—. El Lelouch que conocía no está. Me gustaría creer que sigue en alguna parte de su ser, pero no sé. Su modo de pensar, actuar, hasta su voz, son otros. El odio, la rabia y la venganza lo transformaron y me aterroriza. No es el Lelouch por quien yo decidí ensuciar mis manos.

Euphemia cogió sus manos entre las suyas y le dedicó una mirada tierna y compasiva.

— Un odio, una rabia y una venganza que mi familia engendró en él. Lelouch no permitiría que mi familia destruyera su personalidad bondadosa y gentil. Sería como si hubieran ganado —lo confortó con dulzura apretando su mano.

—¿Y por hacer lo correcto serías capaz de volverte contra tu familia? —le preguntó Suzaku, preocupado—. ¿Vivir como «traidora» sería mejor que vivir fingiendo ignorancia?

Euphemia miraba sus manos entrelazadas con las de Suzaku. Su corazón se le encogió. Cerró los ojos dolorosamente y retrajo sus manos. Juntó las manos y se paseó por la sala.

—Mi hermano me reprochó lo mismo y le respondí que sí. Por supuesto que me asusta y me duele ser repudiada; pero si es el castigo que he de merecer por nuestros crímenes lo recibiré y todos los que vengan. Alguien tiene que asumir la culpa. Es lo correcto. Amo a mi familia y por ellos soy capaz de soportar lo que sea —aseguró con determinación. Sintió el lomo de Arthur rozarle las piernas, se arrodilló y rodeó al minino en sus brazos, acunándolo contra su pecho—. Y si esta es la forma de expiar mis propios pecados, por mí está bien.

—Hasta en eso nos parecemos —observó Suzaku—. La diferencia entre nosotros es que no tuve que renunciar a nada. Soy el último Kururugi.

—Tuviste que cargar el peso de tus pecados tú solo por estos años; pero ya no tiene por qué ser así más —señaló, volviéndose hacia él—. No puedo llevar a cabo mi nuevo propósito sin ti —le sonrió, su corazón estaba a punto de romperse—. Tú me comprendes mejor que nadie. Ambos anhelamos perdón para nuestras familias y para nosotros. Yo creo que es posible. Los buenos hombres de los que hablas hay que reunirlos y haremos realidad juntos un mundo de misericordia, donde las segundas oportunidades existan.

La mujer parpadeó para espantar las lágrimas que empañaban su vista. Su idea la llenaba de entusiasmo. Suzaku la miraba arrobado y con la boca abierta. El agua hacía refulgir sus ojos como dos pequeñas y hermosas estrellas. Las mismas que él vislumbró la mañana en que sus caminos se cruzaron en el cementerio. Las veía ahora en sus ojos. No era su belleza lo que lo absorbía. Era la luz en su interior. Y Suzaku resplandecía cuando estaba con ella. Él caminó hasta ella y apoyó una rodilla en el suelo. Euphemia estaba haciéndole cariños a Arthur.

—Estuve torturándome por semanas temiendo tu reacción cuando te dijera o te enteraras que me proponía capturar a tu padre y tu hermano y tú te adelantaste. Eres más fuerte de lo que pensaba. Eres asombrosa —dijo, devolviéndole la sonrisa. Sonrosada, Euphemia se rió—. Te subestimé. Perdóname —añadió, enseriándose—. Tampoco puedo continuar mi propósito sin ti. Te has vuelto como una estrella que me guía en la oscuridad, ¿sabes?

—No —respondió con una sonrisa—. Me gusta que me compartas estas cosas. Me hace saber que estás cómodo conmigo —señaló Euphemia. Sus rostros estaban cerca el uno del otro que únicamente podían hablar en susurros—. Yo me siento de la misma manera…

—Hagamos esto juntos —asintió—. Euphemia…

—Suzaku…

Él inclinó la cabeza. Ella la alzó. Y sus labios se encontraron. Libres de remordimientos. La envolvió con un brazo. Arthur brincó al sentir cómo el espacio se cerraba. Suzaku deslizó su mano por su mejilla. Euphemia echó sus brazos en torno a su cuello, arrimándolo más hacia ella. Fundiéndose así en un abrazo, en las mieles de su amor. Shirley tenía razón. La verdad era lo único que podía unirlos.


Para el viaje del regreso, Kallen se montó en el auto de Lelouch con él del mismo modo que vino al restaurante. Ya que Rolo se había ido, Tamaki se subió solo en su camioneta. Entre el almuerzo y el vaivén suave del coche, Kallen se sintió inyectada por el letargo. Lelouch la animó a tomarse una siesta diciéndole que iban a tardar hasta llegar a su destino. Testaruda, Kallen le aseguró que podía resistir. Pero el sueño la venció. Despertó al cabo de un largo rato. No podía calcular cuánto. Kallen no traía reloj de muñeca ni de bolsillo. La joven se había recostado contra la ventana y había babeado un poco sobre su hombro. Lelouch había encedido la radio y la dejó en una estación que reproducía una balada instrumental. A Kallen se le escapó un bostezo.

—¿Todavía no hemos llegado? —preguntó, desperezándose. Sacó su celular para revisar la hora.

—Ya casi —respondió Lelouch, mirándola por el retrovisor.

—Creí que la distancia entre el bufete y el restaurante se medía en dos horas —dijo Kallen, frotándose los ojos legañosos.

—¡Oh! No vamos al bufete. Antes vamos a hacer una parada.

Kallen frunció el ceño. Echó un vistazo a través de la ventana. Notó que estaban circulando por una carretera sin pavimentar y sin señalización. No había edificios en ninguno de ambos flancos del camino. Solo había algunos árboles, tierra y grava. Kallen se puso roja. Si no estuviera enojada, estaría sufriendo un ataque de pánico. Lelouch se adelantó a la bocanada de sermones y gritos de Kallen preguntándole si le sonaba el nombre de Franz Vallo, lo que distrajo a Kallen por la naturaleza rara de la pregunta y el aire familiar del nombre. Lelouch le explicó que ellos habían tomado una pequeña desviación para visitar al hombre que hace años había chocado contra el taxi que su madre abordaba y que ese hombre respondía al nombre de Franz Vallo. El rostro de Kallen demudó del rojo vivo al blanco fantasmal. Por una fracción de segundo, Lelouch esbozó una sonrisa diabólica. Kallen estaba tan abstraída en el shock que ese detalle le había pasado desapercibido. Lelouch le contó que le había pedido a C.C. investigar al accidente de Ai Kozuki y al hombre que lo provocó. Ella había averiguado que él actualmente vivía fuera de la carretera, en un chalet con su mujer y su perro. La razón por la que él había decidido vivir en la naturaleza prácticamente se debía a que había robado cinco millones de la empresa en la cual trabajaba como contador. Franz Vallo había sido acusado por malversación y robo, pero quedó libre por falta de pruebas.

—Con todo ese dinero, uno podría invertirlo para ganar más o irse de viaje por el mundo. ¡Cualquier cosa! Pero la realidad es que Franz Vallo es un idiota pusilánime y un maldito avaro. Apuesto que lo cuenta, fajo por fajo, todas las noches antes de irse a acostar.

—¿Cómo sabes que él no ha gastado ese dineral? ¿Te lo dijo C.C. o tu poder deductivo?

—Porque el dinero robado es dinero maldito, sobre todo si ese dinero se reportó desaparecido y pertenecía a una empresa. Y porque no vives como un granjero después de llevar a cabo un robo tan grande.

—¿Y por qué me llevas ante ese hombre? No es solo para averiguar si se robó todo dinero, ¿verdad? Eso no nos concierne. Es para darle su merecido, ¿tú quieres que me vengue de él por dejar a mi mamá en estado de coma? Porque si es así, te advierto que no pienso hacerle daño. Independientemente de que ese hombre sea un ladrón y un desgraciado, yo no soy un monstruo sediento de sangre. Una cosa era lo de Asprius y esto es...

—Charlatana, nunca te pediría nada que te deshonrara. Mucho menos te pediría que lastimes a alguien por el motivo que sea. Estamos aquí, en realidad, porque quiero que aprendas una lección sobre la naturaleza humana.

—¡¿Qué?!

—Ya lo verás, ya lo verás —sonrió Lelouch conteniendo una risita. Kallen volvió a poner mala cara—. ¡Oh, vamos! ¡No me mires así! Te prometeré que nadie saldrá herido, si tú me prometes, a cambio, que no intervendrás.

—¡¿OTRA VEZ?!

—Por favor —imploró juntando las cejas. Kallen puso los ojos en blanco y Lelouch lo interpretó como el consentimiento que necesitaba—. ¡Gracias, Kallen! Cumpliré mi palabra. Yo tampoco soy un monstruo sediento de sangre.

Lelouch se detuvo frente a un acogedor y pequeño chalet junto a un huerto aninado en medio de la nada. Tamaki, que lo seguía desde su camioneta, lo imitó. Todos se bajaron de sus respectivos vehículos. Tamaki llamó a la puerta mientras Lelouch se colocaba unos guantes negros. Tuvieron suerte de que Franz en persona les abriera. Un hombre corpulento con el cabello color de arena como Rolo y ojos oscuro. Aunque a Kallen le sonaba el nombre, esta era la primera vez que lo veía. Después de todo, su padre le había hablado sobre el accidente. Pero ella no estuvo allí, sino que se enteró del mismo años después.

—¿Sí, díganme? ¿Quiénes son ustedes?

—Buenas tardes, señor —lo saludó con su mejor sonrisa—. Yo soy Karma, él es Nadie y ella es Alguien. Estamos aquí para cobrar una deuda que tiene con Alguien.

—¿Perdón? —balbuceó Franz.

—Le refrescaré la memoria, señor. Hace diez años, usted lastimó de gravedad a una persona muy querida de Alguien y el sistema no lo castigó por ese crimen, porque es el ciudadano con mayor suerte de Pendragón o porque sobornó a la policía. No tengo idea y el motivo no me importa, para ser honesto. El punto importante es que una persona no habría pasado el resto de su vida en el hospital en coma, si no fuera por usted. Debe pagar por el sufrimiento que le causó a una familia inocente y esa compensación debe ser monetaria.

—¿Usted está loco? No sé de qué me habla y no tengo ninguna deuda pendiente. ¡Retírense de mi propiedad o llamaré a la policía!

—Sus amenazas son vanas, hombre. No malgaste su saliva —se burló disintiendo con la cabeza—. Sé que no llamará a la policía porque no quiere atraerla. Ya los enfrentó en el pasado por malversar los fondos de la última empresa para la que trabajó. No quiere tratar con los uniformados. Seguro temerá que descubra en donde guardó el dinero.

—¡Estoy hablando en serio! Si no se largan de aquí de inmediato, ¡llamaré a la...!

Tamaki encañonó el hombre con una pistola. Franz se tensó. Kallen miró de reojo a Lelouch en busca de explicaciones. Él solo apretó su hombro y dirigió un dedo a sus labios.

—Déjame encárgame de esto. No te preocupes —le pidió. Se volvió hacia Franz—. Si no pagará con dinero la deuda pendiente con Alguien, se pagará con tu sangre.

—¡Por favor! ¡No me mate ni tampoco mate a mi esposa y mi perro! —suplicó Franz. Entrevió a Kallen y caminó hacia ella. Extendió los brazos para coger sus manos entre las suyas. Kallen retrocedió instintivamente—. Señorita, por favor, ayúdeme. Si por mi culpa sufre, le ruego me perdone...

—¡Aléjase de ella, bola de carne! ¡No quiere que la toques! —espetó Tamaki pateándolo. Envió al hombre al interior del chalet. Franz se cayó sobre el culo.

—¡Aj, por favor! No pida disculpas por cosas que no recuerda ni sienta. Es excesivamente falso —se quejó Lelouch, irritado—. Ahórrese las súplicas y llevénos con el dinero.

—¿Quieren mi dinero? Está bien —accedió entre jadeos—. Se lo daré.

Con la pistola de Tamaki muy cerca de su cráneo, Franz los condujo adentro del chalet. La esposa los vio a los tres cuando estaban atravesando la sala y lanzó un grito ahogado. Su marido trató de tranquilizarla con un gesto. Por otro lado, el perro estaba pegando ladridos a los desconocidos. Tamaki lo apuntó con el arma y la esposa abrazó al animal como si su vida dependiera de ello. Tamaki volvió a encañonar a Franz sin muchas más ostenciones. El recorrido concluyó en su dormitorio, que era el lugar donde estaba la caja fuerte. Demasiado pequeña para contener en sus adentros una suma de dinero tan grande y Lelouch tuvo que haber intuido que Franz no los llevaría donde estaba el dinero que buscaban porque se desvió del curso. Lelouch apareció en el umbral del dormitorio para cuando el hombre estaba abriendo la caja fuerte con una paciencia exasperante (Kallen se preguntaba si lo hacía para ganar tiempo o porque estaba en verdad asustado). Lelouch les anunció que había descubierto que averiguó dónde estaba el dinero.

Todos siguieron a Lelouch afuera, aunque, en el momento que la esposa iba a salir, él le cerró la puerta en las narices y la trabó colocando una mochila pulverizadora que había ocultado medianamente en algunos arbustos que adornaban la entrada. Todo el dinero estaba empaquetado y tirado desordenadamente entre el chalet y el cobertizo, donde la pareja guardaba todas sus herramientas para el mantenimiento del huerto. A Kallen la desconcertó que Lelouch pudiera encontrar tan rápido el dinero. Infirió que Lelouch había acertado en su deducción y estaba en un lugar de fácil acceso. Se preguntó si la esposa también conocía la existencia del dinero. Lelouch abrió el maletero de su auto y sacó un bidón de gasolina. Seguidamente, vertió la gasolina en las pilas de dinero y Franz gritó como si le hubieran fracturado un hueso. Kallen regresó la mirada al hombre. El puchero repulsivo de Fraz había sido sustituida por una expresión de terror intenso. Las pupilas contraídas. La quijada desencajada. La palidez que cubría su tez. Casi fue a detener a Lelouch, de no ser porque Tamaki le disparó cerca de los pies y Franz se agazapó. Kallen imaginó que Lelouch iba a encender el dinero para castigarlo. Sin embargo, estaba equivocada. Lelouch pasó a echar todo lo que quedaba del bidón en el chalet. La mujer, que estaba encerrada en el interior viendo a Lelouch esparcir el líquido inflamable por la vivienda, golpeó las ventanas.

—Le... —tartamudeó Kallen con el corazón palpitándole en la garganta. Tragó saliva para hacerlo bajar hasta los pulmones—. Karma, ¿qué hace...?

—Le daré una oportunidad de hacer las cosas correctamente —la interrumpió Lelouch mientras sacaba una caja de fósforos del bolsillo de su chaqueta. Le hablaba a Franz. Encendió un fósforo y lo elevó por encima de su cabeza. La lumbre concentró la atención de todos—. Elija.

Y Lelouch dejó caer el fósforo en el montón de dinero que se prendió en fuego en el mismo acto.

—¡MI DINERO! —chilló Franz.

Seguidamente, Lelouch encendió otro fósforo y lo arrojó en el chalet. El fuego empezó a devorar el chalet. Franz estaba congelado. No reaccionaba ni ante a los gritos de terror de su esposa ni a los ladridos enloquecidos de su perro que olía el peligro. Kallen alternaba la mirada entre Franz, el montón de dinero en llamas y el chalet ardiendo. Si él no iba a hacer nada, ella lo haría. No podía quedarse inactiva por más tiempo. Kallen corrió hacia el chalet. Lelouch la atrapó en un apasionado abrazo de amantes por detrás. La joven era veloz. Tuvo que abalanzarse sobre ella para frustrar su propósito.

—¡Me prometiste que no intervendrías!

—¡Y tú me prometiste que no lastimarías a nadie! —protestó Kallen, forcejeando contra él—. ¡Eres un puto monstruo, Lelo...!

—¡No he roto mi promesa! ¡Acuérdate de lo que te dije en el bufete a comienzos del caso de Asprius! —le susurró él a su oído. Kallen puso una mueca. Dudó si debía hacerle caso o ignorarlo—. Nosotros somos espectadores. Él es el protagonista activo de esta obra. Déjalo elegir. Que él elija a quien o a que salvar —Lelouch deslizó sus manos por los brazos de Kallen, tomó sus muñecas y la hizo girarse hacia la escena. Kallen reconoció aquel movimiento. Era uno de los pasos del tango que ellos compartieron en la mansión Britannia. Lelouch tomó la barbilla de Kallen y, por una vez, el tacto y la cercanía de Lelouch no la perturbó, porque asuntos más graves requerían su atención—. Mira. ¡Míralo! ¡Esta es la verdadera naturaleza humana!

Franz había vuelto en sí y estaba arrastrándose sobre los codos cual gusano hacia la montaña de dinero llameante. La esposa suplicaba su ayuda entre llantos y gritos. Pero Franz no la oía. Probablemente porque sus propios aullidos largos ahogaban los ruegos de su esposa y los ladridos de su perro:

—¡MI DINERO! ¡MI DINERO! ¡MI DINERO! ¡MI DINERO!

Franz corrió a tomar una pala y se apuró a apagar las lenguas de fuego que lamían los fajos de dinero aplastándolas con la pala. Al ver que no daba resultado, se quitó su chaqueta e intentó socavar el fuego de la misma manera. Tampoco funcionó. De modo que, impaciente, quiso salvar el dinero que no había sido tocado por las llamas jalándolo hacia él. Obviamente, fue una idea estúpida que se le volvió en su contra porque se le quemaron las manos. Conforme la escena se deshilvanaba frente a ella y la falsa angustia de Fraz se derretía ante el calor del fuego que crecía, Kallen disminuía su fuerza hasta quedarse inmóvil. Embargada por un profundo asco y una estupefacción. De repente, los gimoteos y los gritos de pavor del hombre se trocaron en carcajadas maníacas. Kallen no entendió a que se debía el súbito cambio hasta que Franz tiró un puñado del dinero que pudo rescatar hacia ellos con rabia. No era dinero. Era papel verde recortado.

—¡No era mi dinero, maldito hijo de puta! ¡No era mi dinero! ¡NO ERA! ¡NO ERA!

Las risotadas no le duraron mucho al hombre. En algún punto del tiempo en el que Kallen estaba luchando contra los brazos de Lelouch y Franz hacía lo imposible por recuperar el dinero falso, los ladridos del perro y las imploraciones de la mujer cesaron. Tamaki había ido a sacarlos del chalet entretanto todos estaban distraídos con el doble incendio. Simplemente rompió una ventana trasera del chalet, los ayudó a salir y los llevó con Franz. La esposa había visto y escuchado lo mismo que Kallen. Franz se levantó con torpeza. Las piernas le temblaban. Había enrojecido de la pura vergüenza.

—¡Cariño!

La mujer alzó la palma abierta con todos los ánimos para propinarle un bofetón. Pero sin la intención real de hacerlo. Bajó la mano, recogió al perro en brazos y se largó. Kallen juró haber visto que tenía lágrimas en los ojos. Franz, que se había encogido en un intento feroz por reducir al máximo el volumen de su cuerpo a la espera del golpe que en el fondo sabía que se lo merecía, relajó su postura. Ni a Tamaki ni a Lelouch les parecía que un canalla como él debía evitar una buena bofetada, así que Tamaki le tiró un puñetazo en pleno rostro, sobre el pómulo y la nariz, que le sacó sangre. Lo pateó en el pecho. Empujándolo hacia el suelo nuevamente. Lelouch se arrimó y Tamaki le entregó su pistola. Lelouch lo pisó en la garganta impidiendo que se levantara y, al unísono, obstruyendo sus vías respiratorias.

—Ni se te ocurra llamar a la policía o volveremos y esta vez te mataremos de verdad —advirtió Lelouch—. Si acaso te preguntan qué pasó, diles que el Karma quemó tu casa y te despojó de tu familia por herir a Alguien, pero Nadie lo hizo.

Lelouch completó su amenaza disparándole cerca de la sien. El tronar de la pistola casi dejó sordo a Franz que tapó su rostro despavorido con sus manos. Lelouch les hizo una seña a Kallen y Tamaki. Su trabajo ahí había terminado.

—Lamento si no te dejé que te vengaras de él, Kallen. Ya viste por ti misma que no valía la pena ensuciarse las manos de sangre por una basura. La sangre no se lava con agua, ¿sabes? —fue lo primero que le dijo Lelouch tras subirse al coche y conducir devuelta a la ciudad y al bufete—. En mi opinión, además, Franz tuvo el peor castigo que alguien puede sufrir: la absoluta pérdida —declaró Lelouch viendo el retrovisor unos instantes. Kallen observó que sus ojos relampaguearon. Apartó la mirada, impresionada.

—Pero él no perdió el dinero robado, ¿verdad? —inquirió Kallen—. ¿Qué hiciste con él?

—Nada. Está guardado en donde solo él sabe —respondió, encogiéndose de hombros—. Verás, Kallen, esta fue la primera vez que fuimos a su chalet. Vive bastante lejos de donde nosotros estamos instalados y seguramente si mis chicos y yo nos presentábamos antes, él y su esposa iban a estar ahí y nos habrían estorbado en nuestra búsqueda. Sé que quemar ese dinero habría sido mejor, pero es todo lo que pudimos hacer en el poco tiempo que teníamos. Sino, habríamos aprendido su rutina para averiguar cuándo salían con la finalidad de meternos a husmear. Por eso le pedí a los chicos que falsificaran el dinero y lo guardaran en la camioneta de Tamaki para que montáramos esa farsa. A Tamaki le asustaba ir con tanto dinero falsificado por toda la ciudad, así que les dije a él y a los chicos que mezclaran algunos billetes falsos con papel del mismo tamaño, densidad, textura y color que nuestros billetes en circulación.

—Una mentira puede parecer verdad y una verdad puede sonar como una mentira. Al final, todo vale mientras sea creíble —repitió Kallen—. ¿Eso es lo que me pediste que recordara del caso del Dr. Asprius?

—Te dije que soy un maestro en el arte del engaño —asintió Lelouch con orgullo.

De ahí en adelante, Lelouch no quiso volver a hablar. Kallen una vez intentó sacar el tema de conversación que le comía la cabeza desde el día anterior, pero Lelouch le pidió esperar que llegaran al bufete. Allí tendrían toda la privacidad y calma para tratar un asunto serio y él le dedicaría su total atención. Para su sorpresa, Kallen pudo aguantar las ganas. Tenía muchas emociones y pensamientos que procesar. No solo en lo que había presenciado y lo que habían discutido con Lelouch durante el camino. También en la supuesta lección sobre la naturaleza humana. Le desconcertó que Lelouch no le dijera nada sobre eso y no creía que lo hubiera olvidado. A lo mejor se lo preguntaba más tarde cuando estuvieran en un lugar estático y a solas.

Las horas habían volado desde que abandonaron el chalet en llamas hasta que Lelouch se estacionó en la acera frente al bufete. Kallen no se percató del paso del tiempo hasta que Lelouch anunció que habían llegado (no podía decir con exactitud qué la sorprendía más: que el elocuente de Lelouch se resistiría a iniciar una conversación o que ella estuviera pensando en silencio por horas). Tamaki, por su parte, seguiría conduciendo hasta su casa. Lelouch agradeció sus servicios por ese día y le deseó las buenas noches. Lelouch pretendía llevar a Kallen hasta su despacho donde podían sentarse y tal vez beber algo de café. Pero ella no avanzó más allá de la sala de espera. Había aguardado todo lo que pudo y había sido azotada por una ola de impaciencia. Lelouch se giró sobre sus talones cuando notó que ella no lo acompañaba. Le sonrió.

—Estamos solos, por fin —recalcó Lelouch, guardándose las llaves del despacho y el auto—. ¿Qué es eso tan importante que tienes que decirme?

Kallen se rascó la cabeza. No sabía por dónde comenzar. A lo mejor ese viaje al campo la había desestabilizado de lo que pensó. Sus pies la llevaron a deambular por la sala inconscientemente, imitando el recorrido de sus pensamientos en su mente. De tanto en tanto se detenía de golpe, se volteaba hacia Lelouch creyendo que tenía la respuesta, abría la boca y se quedaba en blanco. Frustrada, se obligaba a reanudar las vueltas. Lelouch no decía nada y la dejaba concentrarse. Sin intentar reprimir una sonrisa traviesa.

—¡Al diablo! —resopló Kallen—. ¡¿En serio pensabas ocultarme para siempre que conocías a mi hermano?! Cuando te hablé de él y fingiste que no lo conocías, debí parecerte divertida, ¿no? —lo encaró. Los carrillos le temblaban—. ¡Es mi hermano, maldito! ¡¿Sabes cuánto he esperado por obtener noticias suyas?! ¡Diecisiete jodidos años! —masculló, reptando hacia él—. Increíblemente, no estoy enojada por eso, ¡sino porque no creías que iba a descubrirlo!

—Es lo contrario —objetó Lelouch con serenidad, llevándose las manos detrás de la espalda—. La verdad es que quería que lo hicieras.

—¡¿Qué?! —espetó Kallen sin dar crédito a lo que oía.

—Vamos, Kallen, llevas conociéndome por dos meses. Si sabías que yo conocí a tu hermano, ¿todavía crees que nuestro encuentro fue casual? —le preguntó con una sonrisa burlona—. El espectáculo de la pizza fue una pieza que yo dirigí y te seleccioné como mi actriz principal.

—¡¿Estuviste jugando conmigo a los detectives todo este tiempo?! —estalló Kallen al atar los cabos—. ¡Basta de putos juegos, Lelouch! Fuiste la última persona que vio a mi hermano. ¡Dime en dónde está! —exigió, sujetándolo por las solapas de su chaqueta.

—Ojalá pudiera decirte —susurró y una expresión triste barrió su sonrisa. Oyó la respiración de Kallen cortarse—. La última vez que lo vi fue en un callejón. Huíamos de los matones que Charles zi Britannia mandó por nosotros. Perdí el conocimiento cuando nos atraparon. Luego, desperté en un hospital. Estuve varios días inconsciente. No supe más de él.

La revelación se asentó en el estómago de Kallen. Luchó por mantener el equilibrio asiéndose de su chaqueta a tal punto de estrujar la tela en su puño. Hizo acopio de esfuerzos de aferrarse a él. Sentía que si lo soltaba se derrumbaría.

—Dime más —siseó. En un tono menos agresivo, más de súplica.

—Es todo —repuso él—. Lamento que no fuera lo que querías escuchar —agregó como nota de consuelo al fijarse en su labio titiritando—. Tal vez ya lo sepas. La noche que tu hermano desapareció, mi madre…

—Fue asesinada —completó la pelirroja aflojando su agarre—. Sí. Lo sé. Suzaku me contó la historia, excepto por qué no me lo dijiste…

—Tenía que probarte.

—¿Para qué? —gruñó.

—¿De qué hubiera servido que te lo dijera? Me acabas de escuchar. Sé qué hizo la noche en que desapareció, no dónde está ni lo que le pasó; aunque es bastante obvio —dictaminó. La pelirroja se mordió el labio para que se quedara quieto. Lo dejó ir empujándolo—. Te busqué por otras razones. Para darte algo mejor que una respuesta…

—¿Venganza?

—Un propósito —le lanzó una de sus sonrisas, de esas que cifraba que estaba urdiendo algo. Avanzó hacia Kallen lentamente haciendo gala de su gracia felina—. Mi madre y tu hermano forman parte de una estadística. Eran obstáculos para Britannia Corps. Nuestro dolor y rabia no los va a traer de vuelta a la vida; pero sí podemos hacer que sus muertes valgan la pena…

—¿Cómo?

—Haciendo justicia —respondió con una lentitud intencionada—. ¿No quisieras dar a conocer la verdad sobre tu hermano? ¿No quisieras castigar a los que lo hicieron desaparecer? ¿No quisieras vivir feliz con tu madre? —le atinó a preguntar. Kallen escondió su barbilla en la garganta, transida por el dolor—. Porque eso es lo que deseo para mi hermana y para mí. Desafortunadamente, eso es imposible en un mundo controlado por Charles zi Britannia —suspiró Lelouch y agarró un mechón de Kallen y lo recogió detrás de su oreja. Ella siguió el movimiento de su mano con la mirada y luego lo miró a los ojos violetas. Los suyos estaban vidriosos. Veía doble, como si tuviera puestas unas gafas con filtro. No le dio importancia—. Para hacer justicia, la raíz del mal que corrompe esta ciudad debe ser arrancada. No con una cátedra moral ni con una advertencia. Al mal solo puedes castigarlo con el mal.

—¿Pero no sucumbiremos ante el mal así?

—¿Quién decide lo que está mal? ¿Quién decide lo que está bien? —cuestionó Lelouch. Kallen se estremeció tanto por la elección de palabras como por las cosquillas que el aliento de Lelouch le provocó. Por vez primera, la mujer huyó a su mirada. Lelouch cogió su mentón suavemente, volviéndola hacia él—. Hoy en día la justicia que conocemos es débil y vacía debido a la corrupción de los funcionarios. Las regulaciones del sistema que deberían fortalecer la justicia se han convertido en limitaciones. Ya no es digno de representarla. ¿O me dirías que fue un acto de justicia condenar a la mujer que defendiste por matar a su esposo en un defensa propia?

—¡Claro que no!

—Pero fue una decisión del sistema, ¿no?

—¡Aun así...!

—¿Se hizo justicia en el caso del Dr. Asprius?

—Así es...

—¿Y no es justicia que Franz Vallo haya sido castigado por sus crímenes?

—Lo es.

—¿Y todo esto qué te dice?

—La justicia no existe a menos que la hagamos —pensó Kallen en voz alta conjurando las palabras de Lelouch aquella noche como si fuera una especie de hechizo de invocación.

—Exacto, Kallen. No hay métodos equivocados. No hay caminos correctos. Solo acción e inacción —sonrió, satisfecho, y la agarró por los brazos con cariño—. ¿Lo entiendes ahora? Necesitaba ver hasta dónde estarías dispuesta a llegar —indicó deslizando la punta de su nariz desde la frente hasta la suya. Ella sintió su pulso acelerarse. Prestamente, plantó su mano en su pecho, deteniéndolo—. No vamos a sustituir la justicia. Vamos a ayudarla. Este juicio apenas fue el comienzo. Luego será duro. Dime con franqueza, ¿tú crees que podrías librarte de tus ataduras morales y de toda consideración que te aparte de lo que quieres? —murmuró Lelouch en sus labios. Todo lo que creía Kallen en ese instante era que su corazón iba a explotar. Reparando en ello, Lelouch retrocedió y, justo en eso, una pregunta cruzó por su mente y la soltó—: ¿te enfrentarías a tu padre de ser necesario?

Kallen podía percibir a través de su mano que seguía en su pecho que el alma de Lelouch se había encendido cual una lumbre. Su mano vibraba al mismo tiempo que los rápidos latidos de su corazón. Lelouch miró ansiosamente a Kallen. La primera pregunta la había dejado en jaque, por así decirlo. Para la segunda, en cambio, sí tenía una respuesta.

—Soy Kallen Kozuki. Independientemente de que sea Stadtfeld, ese nombre no me identifica —aseguró sin vacilación—. Mi corazón eligió ser Kozuki. Que James Stadtfeld sea mi padre no le da derecho a determinar lo que quiero. Yo soy quien soy.

Le sonrisa deslumbrante de Lelouch se amplió.

—¿Y qué es lo que quieres, Kallen?

—Quiero justicia para mi hermano —contestó—. Y quiero un mundo en el que pueda vivir con mi mamá.

A la pelirroja la sorprendió la sensación de que esas palabras quemaron su lengua. No en el sentido de que las llamas iban a tragársela, sino en el que ardía igual que ellas. Fue en aquel mismo punto que Kallen comprendió cuánto se moría por decirlas.

—Entonces, únete a mí —pidió Lelouch con vehemencia—. Ayúdame a descubrir la verdad. Hagamos que paguen por sus crímenes. Hagamos que el presidente Charles llore lágrimas de sangre por cada lágrima que nuestras familias derramaron por su culpa. Creemos juntos un mundo de justicia. Yo sé que lo lograríamos —le sonrió—. ¿Me ayudarás, Kallen?

—Sí —asintió. Su voz era baja, pero estaba limpia de titubeos.

—Gracias.

La mujer sintió como se le formó un nudo en la garganta y las lágrimas inundaban sus ojos. Incapaz de sostenerse en pie, se desmoronó por su propio peso, deshaciéndose en agua. Trató de levantarse, y volvió a caer hincada sobre sus rodillas. Se cubrió el rostro con ambas manos. Silenciosamente, Lelouch se agachó junto a ella y la rodeó con sus brazos. La joven lo atrajo hacia ella por la chaqueta. Estrechándolo contra ella. Él le pasó la mano por el pelo repetidas veces. Sus caricias consiguieron calmarla. Por extraño que sonara, Kallen se sintió segura en sus brazos. Fue inesperadamente ameno hallar tanta calidez en un corazón en el que frío había echado raíces desde hace diecisiete años…


El presidente Charles descansaba en el estudio de su mansión. Estaba repantigado en su sofá de terciopelo borgoña frente a la chimenea. Deleitándose con el crepitar de los rescoldos de la hoguera como si estuviera oyendo música celestial. En sus diminutos y hundidos ojos, las flamas interpretaban una danza exótica. La luz del fuego reverberaba en su semblante adusto sus cálidos colores: amarillo, rojo, anaranjado.

—Papá.

Era la voz de su hija Euphemia que lo llamaba. El presidente volvió la vista atrás brevemente. Estaba en el umbral acompañada por alguien más.

—El fiscal Kururugi desea hablar contigo.

El viejo Britannia no dijo nada. No obstante, todos sabían que había escuchado. Euphemia le infundió ánimo a Suzaku con una sonrisa y una caricia en su mejilla. Enseguida se retiró para que pudieran charlar con toda la tranquilidad del mundo. Suzaku se dirigió al sillón.

—La noche de la fiesta en su mansión, leyó mi corazón mejor de lo que yo lo había hecho y reconozco que me aterroricé. He visto lo que el poder les hace a las personas, concretamente en mi padre, y no quería convertirme en eso. Pero he entendido que no puedo hacer de este país un lugar mejor sin el poder. Lo necesito y ahora lo quiero —declaró, enfatizando de un modo especial esa última palabra—. Soy más ambicioso de lo que pensaba que era —admitió entre dientes— y si todavía estoy a tiempo quiero aceptar la mano que me tendió esa noche.

El presidente demoró en dar su respuesta aposta. Tenía que paladear la resignación del fiscal y su victoria por unos instantes. Una sonrisa triunfante curvó en sus labios. Colocó las manos en los brazos de su sillón y se incorporó.

—Saber lo que la gente quiere es una de mis habilidades —comentó el presidente fijando sus pupilas en él—. Nunca es demasiado tarde, fiscal Kururugi. ¿Le gustaría ser fiscal jefe?

—Suena perfecto…, para empezar.

—Bien. Así será —asintió, volviéndose. Tiró de la comisura derecha de su labio esbozando una sonrisa horrible.

Le extendió su mano derecha apergaminada y marchita. Suzaku la apretó. Era áspera al tacto —bueno, la suya tenía algunos callos como resultado de su entrenamiento, tampoco debía de ser muy suave. Se la sacudió un par de veces y algo se estremeció en su interior. ¿Qué había sido eso? ¿Felicidad? ¿Miedo? ¿Asco? Sí. Se había ensuciado. Tenía una mancha que nunca podría quitarse. Era peor que vender su alma al diablo. Le había entregado su alma a dios.


—¿Te sirvo otro? —inquirió Kallen vertiendo la botella en el pequeño vaso de cristal por…, cualquiera que sea la maldita vez. No estaba llevando la cuenta.

Llorar y moquear había estado bien por un rato, salvo que eso no lo saciaba. Tenía que sacarlo de su interior y necesitaba hacerlo o iba seguir obstruyendo la sangre en sus venas y sus vías respiratorias y, a la larga, enloquecería. Lelouch reconoció la sed de alcohol ardiendo en sus ojos azules, se acordó de las cervezas que C.C. había comprado y le propuso sacarlas. Prefería que se emborrachara en el despacho que en un bar a plena vista. Kallen era el tipo de persona que se bloqueaba por vergüenza. Se lo agradecería. Lelouch bebió con ella los primeros vasos y luego la dejó seguir sola. Era de noche cuando el humor de Kallen se tornó más chispeante. Por accidente, la pelirroja derramó algo de cerveza al colocar la botella sobre la mesita baja. Se echó a reír. Cogió su vasito y la bebió sin pausas.

—No, gracias. Creo que has bebido suficiente —expresó Lelouch, quitándole el vaso. No le supuso esfuerzo ya que la japonesa no estaba en sus facultades. La cerveza se le escurrió por la boca. Se limpió con el dorso de mala gana—. Te pediré un taxi que te lleve a casa.

—¡Aj! ¡Odio que seas tan dominante! —gimió ella haciendo un puchero.

—Me gusta tener el control de las situaciones —confesó—. Es la única forma de asegurarme que las cosas salgan bien.

—¡No! No, no —atajó moviendo el dedo en señal de negación—. Es por algo más. Es porque te asusta que te sometan —señaló ella, haciendo hincapié a su acusación con un manoteo exagerado. Se le escapó una risilla boba—. Y eres un embustero y un arrogante y un egoísta, pero ¿sabes qué me cabrea más que todo eso? ¡Que seas tan amable conmigo cuando te trato mal!

—¿Te sentirías mejor si me portara hostil contigo?

—No, ¿ya para qué? Sé que lo haces porque te sientes agradecido con mi hermano…

—No del todo —la desdijo, mirándose las manos agarradas— Lo hago porque me caes bien.

—¡No es cierto! —exclamó Kallen descargando energéticamente la palma de su mano sobre la mesa—. Te burlas de mí y me llamas «charlatana».

—Son bromas sin malas intenciones —le sonrió con aire de disculpas—. Me gusta tener por fin alguien con quien conversar y que comparte mis opiniones.

—¡Basta, basta! No quiero que me mires así —bramó realizando un amago de levantarse.

—¿Así cómo?

—¡Borracha! ¿Por qué coño no me llevaste a un bar? —reprochó Kallen, irritada—. ¡Hubiera elegido mil veces que unos extraños me vieran así antes que tú!

—¿Ah, sí? ¿Por qué?

—Porque me olvido de todo lo que hago borracha cuando estoy sobria y esos desconocidos no me verán de nuevo en su vida, ¡duh! —contestó atropelladamente—. En cambio, tú estarás aquí para recordarme que hice el ridículo mañana y mañana y mañana… ¡y precisamente tú! —graznó, frustrada—. Me voy a casa…

Kallen tanteó en búsqueda de su bolso. Agarrando las cosas que sus manos alcanzaban como si fuera ciega. Las luces estaban apagadas debido a que era de día cuando se sentaron a beber y Lelouch optó por vigilar a Kallen. En cuanto lo halló, se lo guindó en el hombro y se orientó en dirección a la puerta trastabillando y balanceándose. Sus pies se le enredaron y Kallen se inclinó peligrosamente hacia el suelo. Lelouch sujetó su cintura

—¡No me toques! No me gusta —chilló, dándole unas palmadas en el pecho, obligándolo a liberarla inútilmente—. ¡Ni que me mires!

—¿Por qué no?

—¡Porque me pones nerviosa! —gimoteó lanzándole una mirada feroz.

Ante sus profundos ojos violetas, la mujer fue cediendo. Era la primera vez que se limitaba a mirarlos solamente. No para probarse frente a él, no para desafiarlo, no para intentar adivinar sus pensamientos. Eran hermosos. Sus ojos resbalaron por su delgado rostro de porcelana y se detuvieron en sus labios sensuales. Su mente se dividió. Una mitad pensaba en el brazo alrededor de ella. La otra mitad en sus labios. Lamentó haberlo hecho. Ahora ya no los podría ver de otra manera. Ni impedir que su corazón se paralizara. Se había condenado.

—Eso estará un poco difícil —murmuró él—. Cambio de planes: yo mismo te llevaré a casa.

Precedido por su anuncio, Lelouch llevó a Kallen afuera. La sostuvo durante ese lapso como si fuera una muñeca. La ayudó a subirse al volvo e hizo lo mismo. Condujo hacia la pizzería. Kallen no armó alboroto la mayor parte del trayecto. De cuando en cuando, Lelouch le echaba miradas al retrovisor para supervisar lo que hacía. La halló dormitando. Sonrió. «Eso explica tanta tranquilidad». Los suaves bamboleos del automóvil la sacaban del sueño. Al llegar a su destino, Lelouch salió y después le abrió la puerta a ella. Colocó su brazo sobre sus hombros y rodeó con su brazo derecho su cintura. Arrastrando los pies, fueron a la pizzería. Kallen no colaboró demasiado: tenía el cerebro lleno de burbujas de alcohol y los músculos agarrotados. Él tuvo que desplazarse por los dos. Ohgi distinguió a Kallen a través de la ventana. Acudió a ellos.

—¿Qué pasó? —balbuceó—. ¡¿Por qué Kallen está borracha?!

—Sí. No es grave como parece. El juicio no salió como esperábamos y, para quitarnos el mal sabor, decidimos salir a beber. Kallen se excedió ligera …

—¿En dónde estamos? —gimió Kallen, esparciendo la mirada—. No me siento bien…

Kallen sintió que una bola de fuego subía por su garganta vertiginosamente. Se tapó la boca con sus manos por acto reflejo ya cuando iba a botarla. Las piernas le flaquearon. Fue jalada por una enorme fuerza que surgía de su estómago para adelante y cayó en los brazos de Ohgi.

—¡Kallen!

—¡Ay, maldita sea! Tengo que ir al baño.

—Cuídela. No estará más a salvo que en su hogar —intervino Lelouch—. Me tengo que ir. Lamento no quedarme más. Buenas noches.

Lelouch regresó a su coche y partió. Hoy fue un día de provecho. Sus planes salieron a pedir de boca. El único desperfecto era Suzaku. A Lelouch lo había afectado sinceramente su confesión. Su asombro cada vez al rememorar el sufrimiento traslucir en el rostro de su amigo aumentaba. No había sido el único abrumado por imágenes en bucle durante diecisiete años. No obstante, los amargos reproches infundados de Suzaku y su propio ego herido prevalecían sobre la compasión y empatía que se inclinaba a sentir. Su renuencia era un signo de debilidad execrable. «Suzaku no lo comprende, pero tendrá que hacerlo; si logré que Kallen viera el mundo a través de mis ojos, tarde o temprano él también». Acto seguido, Lelouch metió la mano en su chaqueta y llamó a Tamaki. Repicó varias veces hasta que cayó la llamada. Lelouch le pidió que él y los Caballeros Negros pasaran por el chalet de su amigo Vallo, saquearan el dinero robado y le prendieran fuego.

Al otro día, una llamada de su celular sacó a Lelouch de un sueño plácido. Era C.C. Ya había verificado la información que le ordenó encarecidamente investigar. Todo parecía indicar que la historia del Dr. Asprius era cierta. Su esposa contrajo cáncer. Se lo detectaron ya en una etapa muy avanzada de la enfermedad. Estuvo sometiéndose a tratamientos largos y rigurosos. Incluso estuvo internada en el hospital. Pero, a la larga, falleció hace catorce años más o menos. Ella le indicó dónde había sido sepultada y, antes de colgarle, le recordó que lo hecho, hecho estaba. Si bien Lelouch sabía que nada ganaba con ir allá, arremetió contra él unas ganas incontenibles. Debía ir y ver la tumba con sus propios ojos. Así que se vistió, comió algo ligero y se fue en su coche.

C.C. no solo le dio la dirección, le describió, además, la parcela; de modo que se atuvo a seguir las instrucciones al pie de la letra y dio con ella rápidamente. Tuvo sentimientos encontrados. Fue asaltado por un violento resquemor, el dulce néctar con que se había embriagado ayer, hoy le supo a hiel. Estaba avergonzado, pero no lo suficiente para no experimentar un placer malévolo que le arrancó una sonrisa cruel de los labios. Aquel vejestorio había conocido el dolor ante la inopinada pérdida de un ser querido. Sí, tenía que renunciar a ese sentimiento enloquecedor y dejar que la frialdad y la determinación lo poseyeran de pies a cabeza y espesaran su sangre cerrando las puertas de su corazón. En sus planes no había espacio para arrepentimientos. En medio de estas lúgubres lucubraciones, Lelouch recibió un mensaje de Euphemia citándolo en su mansión…


Euphemia no podía explicar cómo ni por qué desde los últimos tiempos estaba habitada por un vacío enorme. Provenía de una familia multimillonaria y de gran prestigio. La naturaleza la había dotado con los mejores atributos: belleza, talento, bondad, inteligencia. Tenía todo el éxito y el amor de la gente. La estrella bajo la cual había nacido brillaba más que nunca. Y, aún así, aparecían lágrimas en sus mejillas todas las noches. Llegó al punto de que empezó a sentirse culpable. Comparada su situación con las de otras personas, ella no tenía razón ni derecho de sufrir. Su vida era de ensueño. Muchos matarían por vivir un día aunque sea como ella. No tenía pies ni cabeza que fuera miserable. Era como si un agujero negro estuviera succionando toda la felicidad en su pecho. La irrupción de Lelouch y posteriormente Suzaku pareció contrarrestar al agujero negro; si bien, lo que en verdad lo hizo desaparecer fue el propósito que encontró casi por accidente.

Euphemia contemplaba con tensa atención la ventana. Desde la sala podía fijarse con perfecta claridad en la cúpula de la iglesia de la familia sobresaliendo de una capa frondosa de árboles. La joven jugueteaba con sus manos con gesto distraído. Encarar a Schneizel era a duras penas el inicio de la misión que pensaba estaba destinada. El próximo paso era develarle a Lelouch sus verdaderos lazos de sangre y su intención de ayudarlo. No imaginaba cómo iba a tomarlo. Tenía el corazón en un puño. Le entró un escalofrío al arruinarse el silencio. La bella heredera se giró sobre sus talones. Era el joven criado que estaba acomodando las copas en la mesa.

—Discúlpeme si la asusté, señorita…

—Está bien. No hay problema —le sonrió, cordial.

—Vino. Es de la última cosecha de sus viñedos —ilustró, enseñándole una botella.

—Puedes ponerla ahí.

—De acuerdo —asintió el sirviente poniendo la elegante botella en la mesa, entre la bandeja de quesos y las copas—. Si eso es todo, me voy…

—¡Aguarde! —exclamó. El joven sirviente se estancó en su sitio. Euphemia estudió su rostro pálido y su cabello pajizo con cuidado. Sus facciones no se le hacían familiares—. Me parece que no nos hemos visto antes…

—Soy nuevo —contestó con su singular voz desapasionada—. Me contrató su hermana ayer, la señorita li Britannia. Hoy comencé a trabajar —explicó—. Llámeme cuando necesite algo.

Mostró sus respetos realizando una corta reverencia y se retiró. La mujer volvió a verse sola. Bueno, no del todo. Sus pensamientos la acompañaban. Ni su padre ni sus hermanos estaban y la servidumbre no iba a molestarlos. Nadie los escucharía. Era la hora perfecta para tener una charlita privada con el abogado. Más bien, hacer una impactante revelación. Presionaron el timbre. Euphemia avisó que iba a atender la visita. Abrió la puerta.

—¡Hola, Lelouch!

—Hola, Euphie —saludó con una sonrisa. Le entregó un hermoso ramo de rosas.

—¡Oh! ¡Qué preciosas! Muchas gracias. ¿Te tomaste la molestia de comprarme estas flores?

—No fue ninguna molestia; fue un verdadero placer. De nada. ¿Puedo…?

—¡Claro! Ven.

Lelouch siguió a Euphemia a la sala. Ella deshizo el delicado lazo rojo y quitó el papel celofán para meterlas en un jarrón de cerámica vacío. Pediría a uno de los sirvientes que trajera agua. Lelouch, entretanto, se percató del vino tinto y la bandeja de gorgonzola picados en pequeños cubitos.

—Veo que preparaste el ambiente para los dos.

—¡Sí! Ve sirviendo si te apetece, yo voy a…

Cuando ella se dio la vuelta, se topó con la mirada tierna de Lelouch. Todo lo que podía oler, sentir y ver era Lelouch. Tan solo unos centímetros separaban sus labios de un beso. Percibió sus dedos acariciar su cuello. Euphemia arqueó la espalda, instintivamente. Aun si Lelouch era su hermano, todavía ejercía un efecto sobre ella. El amor no era algo que se esfumaba de la noche a la mañana. Lo rechazó, agarrándolo por los brazos.

—No, Lelouch.

—¿Qué ocurre, Euphie? —preguntó moviendo la boca en sus labios entreabiertos.

Euphemia inspiró y se alejó unos pasos para recuperar el aliento. Los ojos de Lelouch fueron tras ella.

—Esto te va a desconcertar. Te resultará aterrador —advirtió, a espaldas a él—. Tardarás en digerirlo. Sé que es inverosímil, pero te juro que es la verdad —gimió. Se volteó y lo miró a los ojos—. Lelouch, ¡somos hermanos!

—¿Uhm? —Lelouch reprimió una risotada inaudible a medias, lo que acabó sonando como un resoplido—. Euphemia, ¿qué estás diciendo? Es imposible.

—¡No lo es! —replicó, quebrándosele la voz—. Lo escuché de mi hermano, Schneizel.

—Tal vez escuchaste mal o malinterpreta…

—No escuché mal ni lo malinterpreté. Yo misma lo interrogué para confirmar si era cierto y él dijo que sí: tu madre fue amante de mi padre, nuestro padre —sentenció, entrecortándosele la voz.

Un respingo surcó sus facciones. No por la razón que Euphemia creía. Era porque su mayor miedo se había cumplido. Ya nada de lo que intentara la reconquistaría. De forma irónica, su shock favoreció la tesis de que fue su reacción ante la noticia. Euphemia no se dio cuenta de que sí sabía.

—Escuché también que nuestro padre orquestó el asesinato de tu madre y amañó el juicio —Euphemia se forzó a proseguir—. Como tú y Suzaku dijeron. No le pregunté sobre eso, pero se justificó diciendo que ambos hicieron lo que creyeron necesario por la empresa y el legado familiar —dijo. Sus manos temblaban, tuvo que retorcérselas para mantenerlas ocupadas—. Y creo que sé lo que procuras hacer. Suzaku me habló del juicio del Dr. Aspirius.

«Suzaku, ¡cabrón!». Él frunció el ceño. El cambio fue vagamente perceptible; así que parecía que había adoptado una expresión seria. Ella lo interpretó como una actitud a la defensiva.

—Yo te entiendo. Estás indignado. Que exijas justicia es normal. Es un deseo que comparto. Mi familia tiene que responsabilizarse de sus pecados. La justicia debe aplicarse a todos por igual. Pero la justicia no es venganza y la venganza no es solución. Es la alternativa más fácil y un ciclo interminable de violencia y dolor que acaba convirtiendo a la víctima en victimario y al victimario real en víctima —explicó, acercándose. Por cada paso que iba dando, cobraba más seguridad y se le evidenciaba en la voz—. Como la hija de Charles zi Britannia, quisiera enmendarte por el daño y el sufrimiento que te hemos infringido ayudándote a hacer justicia exponiendo la verdad y, como tu estimada hermana, te pido tu ayuda para destruir la cadena de violencia, mentiras y ambición y escribir un nuevo capítulo de amor, paz y misericordia. Restauraremos el honor de nuestra familia juntos.

—Si de veras crees que puedes hacer justicia en un sistema judicial corrupto y que un lavado de cara quitará la sangre de los crímenes de Britannia Corps eres una ingenua con estúpidos sueños infantiles —masculló Lelouch con desdén.

Ya Euphemia sabía casi todo y lo que aún desconocía lo intuía, ¿qué caso tenía disfrazar sus verdaderos pensamientos? A ella se les cayó el corazón a los pies con aquella fría respuesta. No se ofendió. Él estaba en su sano derecho. Se armó de paciencia. Ser humillada e insultada era uno de los castigos que estaba dispuesta a recibir.

—La misericordia no es estúpida —increpó Euphemia—. Es una virtud que pocos poseen y todos subestiman. Se necesita una gran fuerza de voluntad para perdonar a los otros y a veces más para perdonarse a sí mismos —afirmó solemne. El cuerpo entero de Lelouch se sacudió por un escalofrío—. Llegaste a mí con motivos de venganza y te perdoné. No creo que seas un monstruo como teme Suzaku y cree mi hermano. Creo que has sido muy desgraciado, ¿no te gustaría que parara? ¿No crees que las personas merecen redimirse si lo desean de corazón?

Euphemia acarició la mejilla de Lelouch con cariño y lo interrogó con la mirada. Las arrugas de su frente delataban su compasión. Había suscitado en su corazón el sentimiento más puro y hermoso en ella. Y él lo había corrompido con su locura y su odio. No era digno. Deliberadamente él la había engañado y usado. Incluso, aún después de haber descubierto la horrible verdad sobre ellos, insistió mantener sus planes. Lelouch le agarró de la muñeca apartando su mano de su rostro.

—No me reduzcas a un conjunto de factores influyentes. Nada de lo que me pasó me conllevó a tomar estas decisiones. Yo sucedí.

Pese que su apretón era fuerte, no la lastimaba. Su voz se había languidecido.

—Perdón —susurró—. Entonces, si no vas a ayudarme, tendré que hacerlo sola. Iré adelante con mi decisión hasta sus últimas consecuencias. Es mi deber, Lelouch.

—¡No lo hagas más difícil de lo que ya es atormentándome, Euphemia! —suplicó, adolorido.

—¿Por qué sería difícil? —inquirió quedamente, como haciendo el esfuerzo de comprenderlo.

—Porque no quiero enfrentarte —gimió sin advertir en lo que decía.

Euphemia vislumbró una chispa de esperanza. Bajó la mano.

—No tienes por qué hacerlo si nos unimos —le sonrió con compasión—. Juntos seremos más fuertes. Juntos alcanzaríamos nuestros objetivos —insistió Euphemia—. De todos modos, no puedes enfrentar a mi padre ni a mi hermano solo. Necesitarás ayuda.

Tenía razón en eso. Lelouch cerró los ojos. Su cuello se le había puesto rígido. ¿Ahora qué? ¿Aceptaba su ayuda? Por más ridículo que sonara, en verdad, no quería oponerse a Euphemia. La simple idea era insoportable. Lo incomodaba, lo sacaba de sus casillas, lo apesadumbraba. Tampoco le agradaba la otra opción. Su discurso, aunque estaba cargado de buenas intenciones y compuesto de dulces palabras, no disuadió su postura ni cambió su propósito. Su plan era inviable en una ciudad cuyo sistema servía a los intereses de los poderosos. Desafortunadamente, su decisión era irrevocable. ¿Qué iba a hacer? Su indulgencia, desinterés y sinceridad lo habían desarmado. En el fondo, sí quería recibir su compasión. No lo admitiría jamás. Excepto quizás para su fuero interior.

Pensó rápido. Rescató algo positivo de la proposición de su hermana: quería tenerlo a su lado. Le ofrecía una relación de iguales. A sus ojos, eso era una oportunidad para adherirla a su visión de las cosas o de «utilizarla». ¡Sí! El único cambio sería que no tendría que desposarla. Asimismo, su alianza era más genuina que la de su medio hermano. Era una situación de ganar-ganar.

—De acuerdo —suspiró abriendo los ojos—. Te ayudaré.

Euphemia sonrió de oreja a oreja. Se arrojó a sus brazos, entusiasmada. Lelouch le acarició la espalda a un ritmo dulce. La mujer fue devuelta a la realidad al inspirar su colonia. Se echó para atrás.

—Perdón —farfulló—. No me hago a la idea aún. Te prometo que aprenderé a amarte como mi hermano.

—Descuida. Existen otros modos para celebrar…

Él cogió el vino por el cuello de la botella y el descorchador y la destapó. Este salió volando. Euphemia fue a recogerlo y le tendió un pañuelo con que pudiera secarse las manos y la botella que había borboteado un poco de espuma. Lelouch sirvió a ambos.

—¿Quieres…?

—Sí, por favor. Dame esta. Esta es mi copa.

Lelouch le dio la copa que su mano derecha agarraba. Euphemia levantó la suya primero para brindar.

—¡Por nuestra alianza!

—Por ti, Euphemia, que me derrotaste sin trucos ni mentiras.

Euphemia se rió. Bebieron. El vino era exquisitamente dulce. Al menos, hasta el final en que les sentó amargo en el paladar.

—¿Sabías que el vino era la bebida asociada al éxito?

—No. Me estoy enterando gracias a ti. Me gusta aprender cosas nuevas contigo —respondió Euphemia poniendo la copa en la mesa—. Sabes, me sorprende que hayas asimilado rápido que nosotros…, bueno, somos hermanos —señaló con un nudo en la garganta. Forzó una tos.

—Quizás es porque en el fondo sentía un cariño fraternal por ti. Hubo veces que tus ojos me recordaban a mi hermana. Son del mismo color y me transmitía la misma sensación de calidez que ella cuando no había perdido su vista —titubeó. Hizo una pausa para aclararse la garganta y recuperar su timbre normal de voz—. No te lo dije porque te parecería extraño.

No era su mejor excusa. Tampoco discurrió otra. Estaba siendo sincero. Esa fue la razón por la cual se le dificultaba seducirla a intervalos. Su voluntad venció su incomodidad, al fin y al cabo. Esperaba que eso lo ayudara a sonar convincente.

—No me lo parece. Diría que es tierno…

Euphemia fue interrumpida por un ataque de tos seca. Se golpeó el pecho. No se le pasó. De inmediato, cogió la copa para sorber un trago que calmara la tos. Al llevársela a los labios, la copa resbaló de su mano y cayó al piso. El vino se desparramó. Como si su vida dependiera de ello, Euphie se agarró de la garganta y se la arañó frenéticamente en un intento exasperado de parar la tos.

—¡Euphemia! ¡¿Qué tienes?! —vociferó Lelouch—. ¡Ayuda! ¡La señorita li Britannia se está ahogando!

Inopinadamente, Euphemia comenzó a temblequear. Sus rodillas cedieron viniéndose abajo. Tumbada bocarriba, experimentó una violenta convulsión. Sin pensarlo, el abogado se arrojó sobre ella y trató de estabilizar su cabeza.

—¡Ayuda! —clamaba, desesperado—. ¡Llamen a una ambulancia! ¡Maldita sea, ¿por qué no viene nadie?! ¡Euphemia!

—Le…lo…u…

Lelouch miraba hacia los lados en busca de alguien que pudiera atender sus ruegos. Nadie se asomaba por ahí. No quería dejarla sola. De súbito, le agarró el brazo o eso daba la impresión. Agitaba en el aire las manos sin poder aferrarse a nada. Su rostro se le había puesto amoratado por la falta de aliento. La lengua se le salió. Sus ojos saltones fueron palideciendo. Sus agudos y terribles estertores se entremezclaron con los gritos de socorro de Lelouch que contemplaba con impotencia y consternación la muerte.

—¡EUPHEMIA!

La mujer se irguió como un cadáver a quien galvanizan con los cabellos desechos, las pupilas fijas, la boca abierta. Un estremecimiento la hizo caer en el suelo. Las convulsiones cesaron.

—¡EUPHEMIA! ¡EUPHEMIA!

Al punto que percibió su inmovilidad, zarandeó sus hombros como queriéndola despertar de un sueño. Comprendió que nunca lo haría. El alma había abandonado su cuerpo. Lelouch se desplomó sentado en total estado de shock. La sangre se había fugado de su rostro, convirtiéndolo en una máscara de yeso. Su pecho jadeaba furiosamente.

Euphemia se había ido…

En esto, un intenso picor traspasó su ojo izquierdo cual si lo hubiera atravesado un cuchillo caliente. Lelouch pegó un alarido de dolor tan desgarrador como el de Euphemia. Asiéndose de la cabeza y jalándose de la raíz de los cabellos, se revolcó en el suelo.

—¡No, por favor! ¡No esta vez! —imploraba lagrimeando.

Con enorme dificultad, abrió los ojos. El izquierdo se había tornado de un color carmesí y se había manifestado un pájaro.

—¡Pronto! ¡Busquen por todos lados! —ordenó una potente voz femenina.

Lelouch recobró su lucidez. Identificó la voz. ¡Era la de la detective Villeta! ¡¿Por qué coño la policía estaba ahí?! Sus ojos erráticos revolotearon por toda la sala hasta posarse en el vino que seguía extendiéndose por la alfombra. Las sinapsis dispararon. En un flash, encajó todas las piezas del rompecabezas. ¡Era una puta trampa! Se puso de pie tan brusco que se mareó. La premura de sus movimientos hizo que fuera torpe. Corrió a abrir la ventana. La misma por la que Euphemia estuvo contemplando sin saber que esa sería su última vez.

—¡Quieto! —profirió una voz detrás de él. Lelouch ni siquiera echó un vistazo—. ¡Refuerzos aquí! ¡Tengo al sospechoso!

—¡Mierda! ¡MIERDA!

—¡Queda arrestado! —anunció el oficial apuntándole con su arma.

Lelouch ya había abierto la ventana. Oyó el tropel de pasos de sus compañeros. Era ahora o nunca. Saltó a través.

Disparó.

Todo se había ido al carajo.

FIN DEL PRIMER LIBRO


N/A: así nos despedimos de esta primera parte del fic, damas y caballeros, con un final impactante. Bueno, si tuviera que resumir el capítulo diría que les regalé el tan esperado beso entre Suzaku y Euphemia que el animé no les dio, pero arruiné la oportunidad de un final feliz para este par. Soy cruel, pero justa (?). ¿No les extraña que las dos parejas canónicas que tuvo este animé jamás nos dieron una miserable escena de beso? Aunque, ¿quién no nos asegura que Euphemia y Suzaku no se besaban cuando no lo estábamos mirando? Y, por supuesto, Villeta no se embarazó del viento. Existen dos cosas que me gustaría comentar antes de pasar a dejar las preguntas habituales:

1.- El nombre del fanfic. ¿Por qué esta historia se titula Code Geass: Bloodlines? Porque, para empezar, quería que mi tríada de protagonistas fueran Lelouch, Suzaku y Kallen. No tengo nada contra C.C., pero, pese que le dio el Geass a Lelouch e intervenía en los momentos claves, observé que ella jamás se implicó realmente en la rebelión (no formó parte activa de los acontecimientos, quiero decir). Su papel se limitaba a prestar apoyo ya que eso es lo que hace un cómplice. Esto cambiaba radicalmente en la subtrama del Geass —si bien, eso es otro tema. Paralelo a eso, yo apercibí que el motivo que los había metido en esta rebelión fueron los lazos de sangre: Lelouch promueve esta insurrección contra el Sacro Imperio de Britannia ya que quiere un mundo amable para su hermana, vengarse de su padre y averiguar la verdad sobre el asesinato de su madre; Suzaku entra en el ejército para expiar su culpa de haber matado a su padre y Kallen quiere recuperar la libertad de Japón porque es un sueño que hereda de su hermano y, más adelante, ya que quiere un mundo en el que viva con su madre. Sin estos vínculos de sangre no fueran tan importantes, no participarían en la rebelión. Así que cogí este elemento en común y decidí escribir una historia en que hiciera énfasis sobre él, adaptándola a un ámbito en que me siento cómoda (amo CG, y eso no quiere decir que me gustan los Knightmares xD). En mi defensa, algunos críticos de Shakespeare alegan que la mejor adaptación de Macbeth es El Trono de Sangre, de Akira Kurosawa, aun cuando la historia está situada en el Japón feudal ya que la esencia de la obra de El Bardo está en la película (claro que no consideraría mi novela una adaptación de CG porque hay decisiones que he tomado que me hacen desviar de la trama). Como da cringe que yo explique como abordé esto en mi fic, harán ese análisis en sus cabezas y si lo desean me lo comentan. Con respecto a Schneizel y Charles que no se mueven por razones intrínsecas a la familia en el animé, en mi opinión, el antagonista «ideal» debe ser el espejo obscuro del protagonista (si habrán puesto atención en la serie, Charles y Schneizel comparten los mismos ideales que Lelouch y Suzaku respectivamente y sus propósitos son en varios sentidos similares; en todo caso, serían versiones extremas de nuestros dos héroes). Me las he arreglado para trasladar sus propósitos originales y adaptar sus creencias en este nuevo ámbito —de ahí se desprende el sangriento lema de los Britannia: «sangre de mi sangre»—. ¿Cómo C.C. encaja aquí? Bueno, con relación al animé, yo tengo mi propia teoría de por qué el creador eligió a C.C. como la tritagonista y conecta con la trama de la rebelión (eso sí, no se siente del todo orgánico), sin embargo, no la voy a revelar hasta el capítulo 24 del fic (si les interesaría conocerla, háganmelo saber en comentarios). Por último, me apoyo en la frase de Joseph Eisen, en Murder: a history, que contiene tres de las ideas fundamentales de este fic:

«La idea de que el asesinato pueda concernir en algún sentido al estado es relativamente moderna. Durante la mayor parte de la historia de la humanidad, el homicidio ha sido algo puramente privado. En las sociedades tradicionales, un crimen era simplemente una ocasión de disputa entre dos clanes. Se esperaba de la familia o la tribu del asesino que solucionara dicha disputa equitativamente, con una especie de ofrenda a la familia o tribu de la víctima. Dicha restitución variaba de sociedad en sociedad. Podía implicar cualquier cosa, desde una multa a la muerte del asesino (o de un sustituto). Si los parientes de la víctima no quedaban satisfechos, podía traer como consecuencia una enemistad sangrienta. Ese modelo pervivió varios siglos y en diversas sociedades… A pesar de la práctica actual, el asesinato ha sido durante mucho tiempo un asunto estrictamente familiar».

2.- Euphemia. Todos ustedes estaban esperando que Euphemia se muriera, según leí en comentarios xD Ojalá estén satisfechos con este final que creo que no sorprendió a nadie (¿o sí?). Bueno, hablando en serio, no iba a reproducir la masacre que se dio en la serie ni convertirla en la «princesa sangrienta» porque como se estaban llevando a cabo las cosas no tenía sentido ni hacía falta. Euphemia no va a diezmar gente porque no está en su naturaleza (no es figura pública ni tiene un papel en la política, ¿a quién iba a matar? ¿A los sirvientes de la mansión? En absoluto) y Lelouch no iba a matarla sin una buena razón (que la única que había en este caso es porque lo descubrió y, siendo así, era mejor asesinar a Schneizel que es más peligroso que Euphemia); para justificarme, me remito de nuevo a la naturaleza del personaje. Aun así, tanto ustedes como yo sabemos que la muerte de Euphemia era vital porque marcó un antes y un después en la serie y en dos de los personajes principales. Tal parece que no es una historia de Code Geass sin que ella muriera. En el animé, la tragedia de Euphemia se basaba en que murió siendo quien no era, fue autora de una masacre sin precedentes en contra de su voluntad, sintiéndose terriblemente injusto para ella que era una buena persona. En mi fanfic, la tragedia de Euphemia se basa en que se enamoró y se acostó con su hermano y no fue porque estaba sujeta al Geass, fue por su libre albedrío (que sí, fue parte de un plan de Lelouch, pero, aun así, podemos decir que su amor fue sincero y que Lelouch le jodió la vida xD).

Honestamente, este libro no me parecía tan atractivo comparándolo con los otros; pero conforme iba escribiéndolo, incluso yo misma tenía ganas de saber qué iba a pasar y ya sabía xD Hemos conocimos a nuestros cinco personajes principales, sus personalidades, sus motivaciones, sus trasfondos, sus creencias, sus ideologías y tuvimos oportunidad de explorar algunos de sus conflictos como el de Kallen y su dilema moral o el de Suzaku y su debate entre el deber y el amor. No se pueden quejar: tuvimos violencia, amor prohibido, incesto, groserías, triángulo amoroso, venganza, frases épicas. Hoy no les voy a preguntar sobre sus expectativas para el próximo capítulo, dediquémonos a lo que han leído desde hace meses y este día.

En este capítulo tuvimos dos alianzas importantes: la de Charles y Suzaku, por un lado; la de Kallen y Lelouch, por otro, ¿qué les genera más interés de estas formaciones? ¿Se las esperaban? ¿Aspiran algo de ellas? El amor flotó en el aire hoy, ¿no les pareció? Les confesaré tres cosas: la primera, para la escena del beso entre Euphemia y Suzaku me inspiré en Desayuno con diamantes; la segunda, para describir el amor entre los tórtolos, usé las estrellas como metáfora, basándome en la frase de «Start-crossed lovers» que salió en Romeo y Julieta —es un amor prohibido tanto en el fic como en la serie—y, la tercera, no es coincidencia los paralelismos que establecí entre ellos (en mi opinión, las parejas que mejor funcionan y que resuenan más son las que tienen paralelismos). ¿Se imaginaron que la muerte de Euphemia iba a suceder o fue una sorpresa? ¿Quién mató a Euphemia y por qué? ¿Qué opinan del cambio de la «princesa sangrienta» a la «heredera incestuosa»? ¿Les sigue pareciendo injusta su muerte? ¿La bala alcanzó a Lelouch? ¿Están satisfechos con el final de este primer libro que llevan leyendo desde el 2020? ¿Cuál fue su escena favorita? ¿Creen que pueden esperar un año por la continuación? Okey, no xD Esa última pregunta fue una broma.

Ahora bien, ¡hablemos del primer libro! ¿Tienen algún o varios capítulo(s) favorito(s)? ¿Acaso algún personaje que no les gustaba en la serie les gustó aquí? Viceversa, ¿hubo un personaje que amaban en la serie y aquí lo odiaron? Por ahora, ¿cuál es el personaje o los personajes que más generó interés en ustedes? ¿Tienen alguna escena que resalten de este primer libro? ¿Alguna frase? ¿Qué amaron y qué detestaron de Lelouch of the Re;turn?

Ya saben que son libres de responder lo que quieran, así como también de preguntarme :v

Malvaviscos asados, cumplo con el deber de participarles que en la semana entrante retorno a clases. Será a distancia, naturalmente. Yo ruego por mantener un ritmo de escritura normal aprovechando que estaré en casita. Crucen los dedos por mí.

Debería subir el segundo libro el próximo año para que puedan descansar de este fanfic; mas, si hago eso, ustedes se enfurecerán conmigo y yo extrañaré mucho sus comentarios que me motivan a seguir. Por tanto, ¿cuándo llegará el segundo libro? ¡El 19 de abril! Así es, no van a aguardar tres semanas, sino dos. Mientras tanto, les propongo un reto: ¿pueden adivinar cómo se titulará la segunda entrega? Les dije que voy a estar jugando con la nomenclatura del animé, de manera que el título será Lelouch of the Re…, y esa palabra está inglés y es una bastante sencilla que se ha dicho tantísimas veces en español aquí. No como la tercera.

De antemano, quiero agradecer todo el apoyo que están dando el fanfic y por haberme acompañado hasta este punto. Significa mucho para mí la oportunidad que le han dado el fanfic y que les haya gustado. Estaré leyendo sus comentarios y apreciaré sus votos, de corazón. ¡Nos leemos pronto!

PD: yo creo en la supremacía del abogado Lamperouge.

PD2: quería terminar esta parte con una grosería xD


Respondiendo comentarios:

Sick Marshmellow: me contenta leer que te encuentres mejor de salud. Llegó la fecha y aquí tienes el desenlace de este primer libro, ¿y bien? ¿Superó tus expectativas? xD Yo concuerdo contigo: la escena entre Suzaku y Lelouch fue mi favorita de aquel capítulo. Como señalas, se palpa la tensión y el intercambio de los sentimientos que detona en esa revelación. ¿Te la imaginaste con las voces? ¡Vaya! Eso me halaga bastante :3 La escena en que rompe el espejo y su posterior conversación con C.C. es buenísima, pues vimos a un Lelouch decaído que se levanta y nos asegura una oscura promesa. Puede ser. Así es el querido Lelouch. Oscila entre la melancolía y la cólera —como yo. Técnicamente, no perdieron por culpa de Lelouch, supongo que, a su juicio, no es una derrota y que su récord continúa impecable. Es un halago saber que te has enganchado con la historia. Bueno, Euphemia era un obstáculo para Schneizel —qué cruel decirlo. Es cierto que le guarda un profundo cariño. Es su dulce hermana, después de todo. En realidad, fue un tremendo error haber rechazado la propuesta de Schneizel. En la partida de ajedrez se explica por qué y aquí tú leíste las consecuencias… Es curioso que menciones esa frase ya que la he usado para el fic. Eso sí, Lelouch nunca hubiera saciado su sed de venganza en la tregua. «¿Qué hubiera pasado si Schneizel se hubiera detenido en solo revelar su parentesco con Lelouch?». ¿Tú qué respuesta te das? ¿Y por qué crees que el presidente Charles no reconoció a sus hijos bastardos? No creo que sea una pregunta tonta ni obvia, es interesante. Bueno, Euphemia sabe plantar cara cuando el momento llega y sí, es idealista. «Ahora espero ver hacia dónde la llevarán sus nuevos objetivos». A su muerte xD Lelouch y Suzaku fueron enemigos durante la primera temporada por la posición en que estaban ubicados en el tablero de ajedrez: Lelouch era Zero y Suzaku, un soldado del ejército del Sacro Imperio de Britannia, se convirtieron enemigos luego de que el primero matara a la novia del segundo. Okey, veremos si eso es verdad. Todos tienen la duda si el Geass continuará existiendo en este mundo y creo que esa respuesta ha sido contestada en este capítulo. Anota tu teoría para ver si eventualmente resulta cierta :v Antes de los eventos de la serie, sí, ella fue aliada de Charles, V.V. y Marianne. ¿Por qué no terminaste de revisitar CG? Veo que ambos disfrutamos esa escena final. Bien, ya sabes cómo se terminó, ¿qué te pareció? ¿Considerarías este final como un giro drástico o no? Marzo también es un mes horrible para mí porque es la fecha en que me pasaron peores cosas xD Me enternece leer eso. En fin, malvavisco enfermo, nunca me cansaré de agradecerte por ser un fiel lector y dejar tus comentarios. Te envío un abrazo libre de contagio. Sigue manteniéndote sano.

Masa larguirucha: ¡descuida! Creo que si le preguntas a cualquier lector todos te dirán que se sumergieron en ese capítulo. ¿Granadas? Es una bonita metáfora para referirte a las revelaciones, aunque la mayoría de las verdades ya las manejaban. ¿Ah, sí? Veo que a los lectores les gustó la escena. ¿Cuál fue la segunda verdad si tan solo dijiste que eran medio hermanos? Supongo que te referirás a la verdad del asesinato de Marianne, aunque no hiciste alusión. Pues no, Lelouch esperaba el momento oportuno para revelar a Kallen la verdad. Mira como aquí se lo tomó tranquilamente cuando ella lo confrontó. Tenía la situación agarrada del mango. ¿Qué le contó Lelouch a Suzaku? Me perdí ahí. ¿Cuándo fue la primera vez que Suzaku descubre a Lelouch con personas inesperadas? Creo que la memoria te está jugando una mala pasada. Sí, sería un dilema moral: entre declarar la verdad en el juicio o aceptar el dinero de Britannia Corps y cometer perjurio —¿tú qué hubieras hecho en el caso del buen doctor? En efecto. A estas alturas, debiste constatar que no fue suficiente para replantearse cómo estaba haciendo las cosas. No diría que la revelación de Shirley como el primer amor fue una verdad, pero bueno. A sus ojos, C.C., que es una estafadora, y Britannia Corps, que planearon el asesinato y son corruptos, son iguales de criminales. De ahí que les diga «viles escorias». Lo fue. La escena entre Luciano y Lelouch en el café es mi favorita de aquel capítulo, pero no hay ninguna verdad ahí. La escena entre Aspirius y Kallen sí cuenta como una verdad. ¡Ja, ja, ja! Es cierto, ¿y podemos estar de acuerdo que los cierra de forma impactante? Así es. Leer para saber qué se traerá el fic con Rolo :v ¡Gracias por leer y comentar, cariño! ¡En verdad lo aprecio infinitamente! ¡Nos leemos!