Este es un recordatorio de que esta historia se actualiza antes en wattpad. Mi perfil es: Likethelastwoman.


Chat Noir le dio de comer a Plagg, se despidió de Ladybug y luego se marchó hacia la mansión de los Agreste, procurando no llamar mucho la atención mientras viajaba con su bastón por París. Había sido un día muy largo, pero le había quedado un sabor agradable en la boca.

Habían recuperado un miraculous, no era moco de pavo. Solo quedaban dieciséis.

Dieciséis… la alegría de haber recuperado el del zorro se esfumó.

Iba a ser un largo camino…

Chat llegó por fin a la mansión de los Agreste y, como siempre, antes de entrar por su ventana comprobó que no hubiese moros en la costa. En realidad era una precaución innecesaria, porque los únicos que podrían entrar en su cuarto eran su padre y Nathalie, y si lo hubieran encontrado vacío, Adrien ya tendría el buzón de voz a rebosar. Por eso no hay palabras para describir el caos de confusión, sorpresa y extrañeza que sintió cuando descubrió que había alguien husmeando en su cuarto.

Había un chico rubio hurgando en sus cajones. Había robado la ropa de Adrien y le había copiado el peinado, pero Chat no supo quién era porque le daba la espalda. Cuando el extraño acabó de inspeccionar la cómoda, corrió a investigar los trofeos de la estantería, donde Adrien escondía las fotos de Ladybug. Fue entonces cuando el intruso se volvió y Adrien pudo verlo de perfil.

Chat estuvo a punto de caerse del tejado cuando se reconoció a sí mismo.

¡Era Félix!

El primer instinto de Chat fue esconderse mejor y contactar con Ladybug de inmediato, pero se detuvo con el pulgar suspendido sobre el botón de llamada.

Había muchas cosas que quería preguntarle a su primo y no podía hacerlo con Ladybug delante. Sobre todo, Chat quería saber el por qué.

¿Por qué Félix había condenado París? ¿Por qué había hecho algo tan atroz como darle los miraculous a Hawk Moth?

Tenía que haber algo, ¡cualquier cosa!, que justificase sus acciones. Tal vez hubiera sido amenazado, obligado a atender las demandas de Hawk Moth. Quizá alguien hubiera tomado a Amelie como rehén. Al fin y al cabo, su madre era la mayor debilidad de Félix.

Adrien rezaba a los cielos para que Félix hubiera tenido una razón de peso, porque si no la había… Chat ni siquiera podía pensar en ello.

Chat tuvo que alejar tales pensamientos de su cabeza. Tomó aire, guardó su bastón-teléfono y se preparó para entrar en su propio cuarto.


¡¿Dónde estaba?!

Félix había registrado la mitad del cuarto de Adrien pero aún no había encontrado lo que buscaba. Sabía que cabía la posibilidad de que no se encontrase allí, pero aun así no conseguir lo que quería lo ponía de los nervios. Lo que era peor: en cualquier momento su primo entraría por la puerta y lo pillaría con las manos en la masa, y si eso ocurría, Félix estaba seguro de que Adrien correría a chivarse a Ladybug como el perrito faldero que era. Así que Félix trabajaba a contrarreloj.

En realidad, ese era el peor de sus miedos: si alguno de los héroes se enteraba de que Félix se encontraba en París, la situación se pondría muy fea.

Por ironías del destino o tal vez por culpa del karma, Félix pensaba justo eso cuando una voz juguetona sonó a sus espaldas:

―Adrien, ¿has perdido algo?

Un escalofrío recorrió la columna de Félix. No reconocía la voz, pero reconocía el tono. Era único: contenía tanta socarronería que era un milagro que cupiese en una sola persona.

Félix se giró despacio, muy despacio, y se encontró cara a cara con el héroe de negro más descarado de París.

Chat Noir estaba apoyado de espaldas contra la cristalera, con los brazos y las piernas cruzadas en una actitud de quien va a comerse el mundo. En su rostro brillaba una sonrisa traviesa, entre burlona y divertida, y la mirada que le estaba echando a Félix gritaba «Vamos a jugar juntos».

Félix no le respondió de inmediato, así que Chat dio un paso adelante. Estaba saboreando el momento… Era una de las pocas veces en las que se sentía por encima de su primo.

Un rictus de sorpresa atravesó el rostro de Félix, pero fue fugaz y casi imperceptible. De hecho, Chat no lo hubiera advertido de no haberse criado juntos.

Sin embargo, fue fugaz porque Félix recobró la compostura en un segundo. No para nada se había disfrazado como Adrien. Se había preparado para engañar a Nathalie o a su tío si se daba la ocasión, pero suponía que sería incluso más fácil engañar a Chat. Al fin y al cabo, ya había engañado a Ladybug.

Así que puso su mejor sonrisa de niño que no ha roto un plato y contestó:

―He perdido un amuleto, pero no es nada de lo que debas preocuparte. ―Se reclinó sobre el escritorio como si de verdad fuera suyo―. ¿A qué debo tu visita?

La sonrisa de Chat se ensanchó. Qué divertido estaba siendo… Félix no sospechaba que Chat sabía quién era. ¿Cuánto podría burlarse de él antes de verse forzado a entregarlo a Ladybug?

―Siento haberme presentado sin avisar ―continuó el héroe, mientras daba otro paso hacia su primo y veía que Félix se tensaba―. Tu casa me quedaba de camino y decidí pasarme a ver si hay novedades.

Félix trató de que no se mostrara la confusión en su rostro. ¿A qué se refería? Cayó en la cuenta de inmediato. ¿Para qué otra cosa podría Chat necesitar a Adrien?

―Lo siento, pero no hay noticias de mi primo ―dijo Félix, haciendo un puchero como si lo sintiese muchísimo―. ¡Es como si hubiera desaparecido del mapa!

Chat se mordió el labio inferior a propósito, fingiendo decepción.

―Se está ocultando… Tu primo es muy inteligente ―dijo.

―Súper inteligente.

―El más inteligente del mundo.

―¿Sabes que tiene un coeficiente intelectual de más de 160?

Chat alzó las cejas con (falsa) fascinación.

―Impresionante ―dijo, mientras comenzaba a jugar con su cola distraídamente―. En fin, que no hay novedades, ¿no?

―Me temo que no.

Félix sonrió. Chat sonrió. Y luego se instaló un silencio cargado de tensión entre los dos.

Fue Chat el que lo rompió:

―Déjame contarte un chiste. ¿Sabes qué es un gato debajo de un coche?

Félix parpadeó estupefacto. La conversación acababa de tomar un rumbo muy raro…

―No lo sé ―dijo, preparando sus pulmones para soltar la carcajada más grande que pudiera fingir.

―Un gato hidráulico ―completó Chat, y Félix, tal y como había planeado, se echó a reír como si fuera lo último que fuera a hacer en su vida.

Pero Chat no se rio con él. Sus labios sonreían, era cierto, pero sus ojos no. Cuando abrió la boca de nuevo, Félix se puso blanco como el papel:

―Ese era el código que acordé con Adrien para que no pudieras suplantarlo otra vez. ―Era mentira, evidentemente. Chat había improvisado. Pero eso Félix no lo sabía.

Chat le guiñó un ojo, y antes de que Félix pudiera reaccionar, Chat se abalanzó sobre él y le aplastó la cabeza contra el escritorio.

―¡Bienvenido de nuevo a París, Félix! ―exclamó, mientras lo inmovilizaba―. Te estábamos esperando.

Félix encadenó una larga sarta de improperios. ¡Por supuesto que habían acordado un código!, pensaba. Era evidente. Debería haber despachado a Chat en cuanto entró por la ventana, diciendo que tenía una sesión de fotos o algo así, y volver más tarde para registrar la habitación de su primo.

Pero lo hecho, hecho está, y Félix tenía muy claro que no se dejaría vencer por ese aspirante a Superman.

Así que hizo algo que tomó a Chat completamente desprevenido: echó la cabeza hacia atrás y le propinó un golpe tan fuerte en la barbilla que Chat trastabilló hacia atrás y lo soltó. Cuando se vio libre, Félix saltó y, con una acrobacia digna de un trapecista, se encaramó al balcón interior donde Adrien guardaba sus videojuegos y CDs.

Desde abajo, Chat se lo quedó mirando con estupor. ¡Félix acababa de pegar un salto de más de tres metros! ¡Era humanamente imposible!

Félix se deleitó con aquel estupor. Cuando habló, el contorno de un antifaz de color violeta apareció sobre sus ojos. La marca de un sentimonstruo. De ahí sus poderes.

―¿De verdad pensabas que volvería a París en persona? ―se burló Félix, que hablaba a través de su marioneta pero que estaba escondido muy lejos de allí.

Chat no entendía nada. Si aquel era un sentimonstruo, una copia de Félix, ¿significaba eso que Félix se había apropiado del miraculous del pavo real? ¿Era eso lo que había conseguido a cambio de entregar el resto de miraculous?

Pero lo que era más importante: ¿qué le aseguraba que fuese Félix quien le hablaba detrás del sentimonstruo, y no Shadow Moth? Sin embargo, hubo algo en la forma de hablar de Félix, un tono de frustración contenida que lo caracterizaba, que hizo intuir a Chat que su primo era quien movía los hilos de la bestia.

―¡¿Tienes idea de lo graves que son tus acciones?! ―le bramó Chat―. ¡Has entregado París a un monstruo!

―¡No exageres! ―repuso Félix desde el balcón, ofendido de verdad por sus acusaciones―. ¡Hawk Moth no quiere destruir el mundo! Entregadle vuestros miraculous, y dejará de molestaros ―añadió con retintín.

Chat pegó un brinco.

―Entonces sabes quién es… ―murmuró, boquiabierto. Se tomó un segundo para procesarlo y luego gritó―: ¿Quién es, Félix? ¡Dímelo! ¡Ayúdate ti mismo a redimirte!

Félix arrugó la nariz. No le gustaba la forma en la que héroe le estaba hablando, como si Félix fuera una especie de… villano.

―¡No estoy buscando la redención!

―¡Mentira! Sé que no eres un… ―trató de decir Chat, pero su primo lo interrumpió:

―¿Quién eres tú para judgarme? ―Félix estaba perdiendo la paciencia. Ese cabeza-hueca vestido de negro no conocía sus circunstancias. No conocía sus motivos. No entendía que el fin justifica los medios―. ¡Tú no eres nadie! ¡No me conoces!

«Soy tu familia», pensó Chat, «Soy tu único amigo». Pero no lo dijo en alto.

―¡Entonces explícamelo! ―Chat intentó que no sonase como una súplica, aunque en realidad era exactamente eso: Chat estaba desesperado por comprender a Félix. Necesitaba que su primo le diera algo a lo que aferrarse, algo que pudiera justificar no odiarlo. Porque, en ese momento, Chat luchaba por no odiarlo.

Sin embargo, Félix contestó con una risotada:

―¿Y por qué iba a hacerlo? ―El sentimonstruo se apoyó en la barandilla y clavó una mirada de desafío en Chat―. No sabes dónde estoy de verdad, quiero decir mi verdadero yo. No sabes dónde está el amok. Lo que significa que podría destrozar este cuarto y tú no podrías hacer nada para evitarlo.

Chat apretó los puños con rabia. Félix tenía razón, pero aun así… Chat no pudo contenerse. No podía dejar que su primo lo pisotease de esa forma. Adrien podría no ser capaz de enfrentarse a su familia, pero Chat sí lo era.

Sin pensárselo dos veces, ni caer en la cuenta de lo que el cataclismo les hace a los sentimonstruos, Chat invocó una bola de destrucción en la punta de su dedo índice y la apuntó hacia la marioneta de su primo.

―Dime quién es Hawk Moth, o reduciré París a cenizas hasta encontrarte ―amenazó.

Era un farol, ambos lo sabían, pero Félix perdió la actitud burlona al ver el Disparo Cataclismo. No por miedo ni porque se hubiese tragado la amenaza, sino porque lo reconoció.

―Veo que ya has alcanzado la Primera Evolución… ―murmuró con asombro.

Aquello era oportuno, muy oportuno, pensó. E inmediatamente después, adoptó su mejor sonrisa de negocios y propuso:

―Si tanto quieres entender mis motivos, podemos hacer un trato. Tú contestas a una de mis preguntas y yo contesto a otra.

Chat levantó una ceja extrañado. No se esperaba ese desarrollo y no sabía qué podía querer su primo de él. Sin embargo, aceptó. No era como si fuera a obligarlo a revelar su identidad, ¿verdad?

Félix hizo la pregunta primero, intentando ―sin mucho éxito― ocultar lo ansioso que estaba:

―¿Fue tu kwami el que dañó el miraculous del pavo real?

Sin embargo, Chat entrecerró los ojos, suspicaz.

―Lo siento, pero para contestar a eso tendría que preguntarle a mi kwami, ¡y no voy a de-transformarme contigo delante! ―dijo.

―¡Mentiroso! ―bramó Félix, dejando entrever sus ansias un poco más de lo que debería. Luego tomó aire y añadió, más calmado―: Has llegado a la Primera Evolución, lo que significa que estás a un paso de poder hablar telepáticamente con tu kwami. Te aconsejo que estrujes ese pequeño cerebro tuyo y lo intentes, o me iré de aquí y no volveremos a vernos.

Chat levantó una ceja, extrañado. Quería retener a Félix en su cuarto, para respondiese a un par de preguntas, pero su primo se había puesto a decir tonterías. ¿Hablar con Plagg telepáticamente? No era posible, o Ladybug se lo hubiera dicho. Sin embargo, entonces recordó el breve susurro que había escuchado en su cabeza justo antes de que sus sentidos se amplificaran, hacía menos de media hora en la torre Eiffel. Fue eso lo que lo llevó a concentrarse, tratando de buscar a Plagg dondequiera que estuviera escondido dentro de él.

Durante casi un minuto, el silencio dominó el cuarto. Chat aún apuntaba hacia Félix con su cataclismo, pero él no se vio amenazado. En cambio, se había inclinado sobre la barandilla del balcón sin querer, mirando hacia abajo, hacia Chat, y rezando para que el héroe que quería verlo entre rejas lograse evolucionar sus poderes. ¡Qué giros daba la vida!

Chat hurgó y hurgó en su cabeza, pero no sentía a Plagg por ninguna parte.

«Plagg, si estás ahí, por favor, te lo suplico, contesta a la pregunta. ¿Dañaste tú el miraculous del pavo real?», se dijo a sí mismo.

Un susurro apenas perceptible sonó dentro de él. Una sola sílaba fantasmal: «Sí».

Por la expresión sorprendida de Chat, Félix supo que Plagg le había contestado.

―¿Y bien? ―demandó.

Chat sacudió la cabeza. ¡Dios mío! Félix tenía razón. ¡¿Cómo lo había sabido?!

Sin embargo, lo que dijo fue:

―No fue él.

¿Por qué mintió? Ni siquiera él lo tuvo claro. Simplemente le apeteció, puede que por venganza, tal vez por la infinidad de ocasiones en las que Félix le había mentido a él.

Ante esa respuesta, Félix se mostró confuso y pensativo, pero ni siquiera se planteó que Chat pudiera estarle mintiendo, porque no tenía razones para hacerlo.

―Mi turno, Félix. ¿Cuál es la verdadera identidad de Hawk Moth? ―preguntó Chat.

Félix soltó un resoplido divertido.

―No voy a contestarte a eso. Sería como preguntarte a ti quién eres bajo la máscara.

―Es justo ―contestó Chat. De hecho, Chat incluso sintió alivio, porque aunque la identidad de Hawk Moth era la pregunta evidente, lo que más quería saber era por qué Félix había hecho lo que hizo―. ¿Por qué le entregaste los miraculous a Hawk Moth?

Félix no se hizo de rogar:

―A eso puedo contestarte, pero necesito que prometas que no le dirás nada a Adrien.

Chat se lo juró sin dudarlo. Incluso tuvo que ocultar una risilla.

―Necesitaba el miraculous del pavo real ―contestó Félix. Chat no mostró sorpresa, ya había deducido esa parte. Sin embargo, lo que Félix añadió después hizo que le diera un vuelco al corazón―: Mi madre se está muriendo. Le está ocurriendo lo mismo que le ocurrió a mi tía, pero pienso salvarla.


¡Espero que os haya gustado! Sé que por ahora los motivos de Félix no tienen sentido . En el prólogo se intuye una cosa y ahora acabo de terminar este capítulo con otra... pero prometo que todo cobrará sentido al final.

¡Nos vemos el domingo con "Orbe"!