Genial. Maravilloso. Estupendo. (Sarcasmo.)
Ladybug le había dado un voto de confianza y Queen Bee no había tardado ni cinco minutos en fastidiarlo.
Ni siquiera había "comenzado" la misión y ya había surgido el primer problema: Queen Bee no sabía dónde se encontraba Lila.
Y eso era un problema porque significaba que Lila podría aparecer de la nada, con quién-sabe-qué miraculous, y tomarlos por sorpresa. Que era precisamente lo que querían evitar.
Bueno, en realidad no sabían al cien por cien que fuese Lila y no Mayura la "compañera" que Hawk Moth le había prometido a Queen Bee. Pero lo más probable era que fuese Lila.
Hablando de Hawk Moth…
Un comunicador. Un maldito comunicador. Un auricular que Chloe se metió en la oreja pero que no emitió ningún sonido. Eso era lo único que el "gran supervillano" le había dado a Chloe, además del miraculous de la abeja.
―A las cinco en el Arco del Triunfo. Espera la señal y causa el caos ―le había dicho Hawk Moth. Y nada más.
Queen Bee no tenía más instrucciones, así que había asumido que su supuesta "compañera" ―¿Lila? ¿Mayura?― se uniría a ella de un momento a otro. Pero estaban a punto de dar las cinco, Queen Bee estaba esperando en lo alto del Arco del Triunfo, y nadie se había acercado a saludar.
Sabía que Chat Noir y Ladybug la estaban observando desde algún edificio cercano, ocultos de su enemigo mortal. Entre los tres habían supuesto que si Hawk Moth había sido tan vago en sus explicaciones era por una de dos: o bien Queen Bee era la distracción mientras que Lila era la atracción principal, o bien no confiaba del todo en ella. Probablemente las dos cosas.
Lo que ninguno de los tres había esperado era que Lila no se presentase, sobre todo porque le encantaba ser el centro de atención.
Y si no sabían dónde estaba o qué miraculous tenía antes de que comenzase la batalla, el plan se iría al garete.
Así que Queen Bee tenía que hacer algo. Y rápido.
Y de repente, se le ocurrió una idea brillante.
Queen Bee presionó el botón para activar el comunicador en su oreja, aunque no tenía claro quién la escuchaba al otro lado. Fuese Hawk Moth, Mayura o Lila, el mensaje que quería transmitirles tendría sentido para los tres:
―Solo quiero dejar claro una cosa ―comenzó Queen Bee―. Cuando recuperemos los miraculous del bicho y del murciélago sin alas, y reescribamos el mundo y todo eso… quiero a Adrien.
Queen Bee esperó. Durante un momento, solo hubo silencio. Pero al cabo de un rato, una voz chilló a través del comunicador:
―¡De eso ni hablar! Adrien es mío.
Queen Bee sonrió. «Soy un genio», pensó.
―Lo siento, pero me lo he pedido primero ―respondió, con el mismo tono pretencioso que usaba para exigirle cosas a su padre―. Y si tienes algún problema, ven aquí y solucionémoslo como mujeres.
Esperó.
Y esperó.
No tuvo que esperar mucho.
Sintió movimiento a sus espaldas y allí estaba Lila, embutida en una especie de traje azul verdoso que Queen Bee reconoció como el de la serpiente. Solo que los colores de Lila eran un poco más oscuros que los de Viperion. De hecho, el verde a sus costados parecía casi negro, y las puntas de su cabello estaban teñidas de azul marino.
―Vaya, vaya, vaya ―saludó Queen Bee, con una sonrisita de suficiencia―. Siempre he sabido que eras una víbora, Lila.
―No soy Lila, soy Ophidia.
Ophidia compuso una media sonrisa que enseñó un colmillo inhumanamente largo.
―Quiero dejar las cosas claras ―dijo, mientras caminaba hacia Queen Bee arrastrando los pasos―. No confío en ti.
Queen Bee pegó un respingo. ¿Tan transparente era? Pero mantuvo la farsa.
―El sentimiento es mutuo. Pero mientras nuestros objetivos coincidan, no tiene por qué ser un problema.
―Bien. ―Ophidia, para sorpresa de Queen Bee, pareció satisfecha―. Porque pronto descubrirás que Hawk Moth no es de los que perdonan fácilmente. Y si lo decepcionas… en fin, te perseguirá, te atrapará y conseguirá que lamentes haber nacido.
Queen Bee tragó saliva. ¿Tan cruel era el terrorista más conocido de París?
Su encuentro con Hawk Moth apenas había sido un intercambio extraño de demandas. Adrien ya había advertido a Chloe de que ocurriría, así que ella le había dejado soltar su discurso malvado y luego había ido al grano: quería el miraculous de la abeja y, cuando reescribieran el mundo, quería ser Presidenta de Francia.
Hawk Moth la había mirado con incredulidad, pero dado que su padre era el alcalde de París, Chloe había creído que sería apropiado que ella se convirtiese Presidenta de Francia. Y Hawk Moth no había puesto reparos.
En realidad no le había parecido un tipo tan amenazante. ¿Siniestro? Sí. Y con un sentido de la moda horrible si creía que el violeta le favorecía. Pero no amenazante.
Se replanteó su primera impresión de él en cuanto Lila soltó lo de «lamentarás haber nacido».
―¿Lleváis mucho tiempo colaborando juntos? ―preguntó Queen Bee, en parte para satisfacer curiosidad y en parte para exprimir toda la información que pudiese de Lila antes de clavarle un puñal en la espalda, algo que iba a disfrutar mucho.
Lila se acercó más, aunque despacio. Sus caderas se mecían como una serpiente de verdad, y cuando por fin se detuvo a apenas un palmo de Queen Bee, su voz fue un siseo escalofriante:
―Somos íntimos… Y por eso sé que Adrien será mío, y solo mío. Ni tuyo ni de esa panadera patética. Mío.
Queen Bee arrugó la nariz[MC1] . Al contrario que los crédulos de su clase, Chloe sabía identificar a una mentirosa patológica en cuanto la veía, y Lila tenía una enfermedad crónica: mentiditis. En realidad a Chloe no le importaba demasiado mientras Lila no se entrometiera en su camino. Le hubiera importado si se hubiera metido con Adrien, pero por suerte, su amigo ―¡sí, amigo! ¡yupi!― no era idiota.
Aun así, Lila tenía que estar realmente enferma como para colaborar con Hawk Moth voluntariamente. La promesa de un mundo hecho a su medida había sido más tentadora que su ética, supuso Chloe, y justo por eso estar tan cerca de ella hacía que le entrasen náuseas.
En un movimiento que esperaba que no pareciese deliberado, Queen Bee consultó el reloj en su peonza y comprobó que faltaban apenas dos minutos para las cinco.
Lila también reparó en ello. Le echó una mirada de superioridad a Queen Bee y acto seguido saltó del Arco del Triunfo hacia el que Queen Bee supuso que era su escondite.
Así que Lila esperaba tomar a los héroes por sorpresa…
Una venganza, supuso Chloe, por cómo Chat Noir la había pillado a ella desprevenida en su anterior confrontación.
Se iba a llevar un gran chasco.
Esperaba que, estuviesen donde estuviesen, Ladybug y Chat Noir hubieran visto el encuentro y hubieran descubierto que Lila tenía el miraculous de la serpiente.
Queen Bee se frotó las palmas de las manos. Estaba sudando. Jamás había estado tan nerviosa.
Gracias a Adrien y a Chat Noir, Ladybug le había dado una segunda oportunidad. Si fracasaba, Chloe estaba segura de que no le daría una tercera. Y eso la aterraba.
«Una coincidencia», se repetía Adrien, «Ha sido una mera coincidencia». Pero ni siquiera la vocecilla en su cabeza sonaba convincente.
Su padre había sido más indulgente de lo que Adrien había esperado con respecto a su castigo. No lo había sacado de la escuela, lo que era un milagro, pero había duplicado sus lecciones de chino y de piano, y había asignado a Natalie como su tutora personal. O más bien, como su niñera personal.
Básicamente, Natalie no se había separado de Adrien en todo el domingo. Se había pegado a él como un parásito.
Adrien había temido que, si no lo dejaba en paz pronto, iba a tener que "ir al baño" y no volver para poder "luchar" contra Queen Bee, pero en cuanto notasen su ausencia, la indulgencia de su padre llegaría a su fin.
Sin embargo, justo a las cuatro y media ―media hora antes del ataque de Queen Bee―, Gabriel había aparecido en el comedor mientras Adrien estaba practicando su chino y le había dicho a Natalie:
―Natalie, necesito tu ayuda. ―Luego se había dirigido a Adrien―: Natalie y yo tenemos que encargarnos de un imprevisto en mi nueva línea de bombines. ¿Puedo confiar en ti para que te concentres en tus estudios hasta que vuelva?
La respuesta de Adrien había sido:
―¿Puedo hacerlo en mi habitación?
Un «sí» después, Chat Noir estaba corriendo por los tejados de París, respirando pesadamente y con el corazón desbocado, mientras intentaba convencerse a sí mismo de que se trataba de una coincidencia. De que su padre había necesitado a Natalie ―¿Mayura?― justo a las cuatro y media no porque planeasen un ataque terrorista en el Arco del Triunfo, sino porque la suerte se inclinaba a favor del Bien.
¿A quién intentaba engañar? Cuando llegó hasta Ladybug, que estaba agachada detrás de una chimenea mirando hacia el Arco del Triunfo, Chat estaba de los nervios.
Pero desempolvó su sonrisa de «Vamos a patearle el culo a una mariposa con aires de grandeza» y Ladybug no dio señales de sospechar que pasaba algo malo. Sin embargo, la voz interior de Chat estaba chillando:
«No es él. No es él. No es él. No es él. No es él. No es él. No es él. No es él. NO PUEDE SER ÉL.»
―¡Chat! ―El tono de Ladybug le dio entender a Chat Noir que había estado llamándolo durante un buen rato y él no se había dado cuenta.
Cuando Chat por fin reacción, giró la cabeza hacia ella con un movimiento tan rápido que sintió un doloroso latigazo en el cuello. Por suerte, los poderes regenerativos de su traje eliminaron el dolor en un instante.
―Lo siento, estaba hablando con Plagg ―mintió―. ¿Qué pasa?
Ladybug alzó una ceja sorprendida.
―¿Puedes hablar con Plagg a voluntad?
―Lo descubrí ayer ―dijo Chat. En realidad, era cierto. Él y Plagg se habían pasado buena parte de la noche practicando esa nueva habilidad.[MC2]
―Oh. Eso es… genial.
La amargura en la voz de su lady no se le pasó desapercibida. Estuvo a punto de preguntar qué iba mal cuando cayó del burro.
Era evidente.
Él había conseguido el Disparo Cataclismo, los sentidos aumentados y hablar telepáticamente con Plagg, todo en una semana, mientras que ella seguía igual que al principio. Bueno, excepto por los amuletos mágicos, que protegían de los akumas normales aunque no de los mega-akumas.
Chat podía imaginarse lo frustrada que se sentía su lady…
Así que, en vez de «¿Ocurre algo?», lo que preguntó fue:
―¿Qué crees que activa los nuevos poderes?
Ladybug suspiró hastiada.
―Se lo he intentado preguntar a Tikki, pero al parecer no puede explicarme nada. Reglas de kwamis. Me ha dicho que la única forma de descubrirlo es encontrando la fuente original.
―La fuente original… ¿de poder?
―No, bobo, de información ―se rio Ladybug.
Su risa fue tan cándida y sincera que iluminó el mundo de Chat Noir en un instante. De golpe, Chat se dio cuenta de que su lady no se había reído demasiado desde Contraataque, aunque no es que le extrañara…
Había echado tanto de menos esa risa…
La amaba tanto…
―Resulta que hay más libros de hechizos ―continuó Ladybug, y Chat se obligó a hacer desaparecer la cara de bobo que había puesto―. ¿Pero para qué nos vale saberlo? No es como si pudiéramos dejar París desprotegido para irnos a recorrer el mundo en busca de templos perdidos y conocimiento que ha sido olvidado hace siglos.
―¿Y qué pasa con Su-Han? ¿O la reaparecida Orden de los Guardianes? A lo mejor ellos podrían ayudarnos.
Ladybug arrugó la nariz.
―¿Te has olvidado de que fueron ellos los que nos dieron un ultimátum de tres meses para derrotar a Hawk Moth? ¿Y que, si no lo conseguimos, nos quitarán nuestros miraculous?
―Oh, sí, eso… Pues la verdad es que se me había olvidado… ―admitió él.
Chat se rascó la nuca. Había sido una semana tan ajetreada que, en efecto, se había olvidado completamente del ultimátum de Su-Han. Pero, como siempre, Ladybug lo había ayudado a mantener los pies en la tierra.
Chat iba a comentar algo más al respecto cuando Ladybug abrió mucho los ojos y señaló la parte superior del Arco del Triunfo. Una figura femenina había aparecido junto a Queen Bee.
Lila.
De inmediato, Ladybug sacó su yoyó y enfocó el zoom de su cámara hacia ella. Soltó un juramento.
―¡Mierda! Hawk Moth le ha dado el maldito miraculous de la serpiente.
Ambos dejaron escapar un gruñido. De todos los miraculous a los que podrían haberse enfrentado, el de la serpiente estaba entre de los peores, sino el peor. La parte buena era que también era uno de los más difíciles de usar, Adrien lo había descubierto por las malas.
―¿Crees que podrías escuchar lo que están diciendo? ―preguntó Ladybug.
―Lo intentaré.
Acto seguido, Chat se concentró y rebuscó en su interior hasta encontrar ese pequeño fragmento de poder que Plagg ya le había ofrecido una vez. En cuanto lo tuvo a su alcance, lo agarró y tiró de él.
De repente, el mundo estalló ante Chat Noir. Los colores eran más intensos, los sonidos eran ensordecedores, y los olores le atacaban la nariz como un millón de agujas. Era maravilloso y abrumador al mismo tiempo. Necesitó un momento para acostumbrarse, pero en cuanto lo hizo, dirigió su oído hiperdesarrollado hacia la conversación que Lila y Chloe estaban manteniendo.
Solo captó la segunda parte.
«Te perseguirá, te atrapará y conseguirá que lamentes haber nacido», dijo Lila.
Esa frase, aunque debería haberle puesto los pelos de punta, lo tranquilizó, porque no era el modus operandi de su padre en absoluto. Es más: Gabriel Agreste no solía guardar rencores. En su opinión, perseguir el pasado era un obstáculo para avanzar hacia el futuro, así que no perseguiría a Chloe después de que lo traicionase, porque no merecía su tiempo.
«¿Ves? Mi padre no es Hawk Moth», se dijo Chat a sí mismo. Ignoró a propósito el hecho de que Lila era una mentirosa y no podía confiar en nada que saliese de su boca.
―¿Has escuchado lo que han dicho? ―le preguntó Ladybug.
―Nada importante. Creo que Chloe la ha provocado a propósito para hacerla salir de su escondite.
Ladybug esbozó un leve gesto de admiración ―muy muy leve― y luego volvió a dirigir su atención al Arco del Triunfo, donde una nerviosa Queen Bee esperaba su "señal", fuese la que fuese.
Hablando de Chloe…
Aunque no pensaba admitirlo delante de Ladybug, la verdad era que Chat Noir ―o más bien, Adrien― sentía pena por Chloe.
Era una adolescente caprichosa y malcriada, eso era un hecho, y había sucumbido a la akumatización bastantes veces en las últimas semanas, pero Adrien sabía que en el fondo su comportamiento se debía a la soledad. Y los cambios recientes no la habían ayudado.
Primero, tener a su madre en París no había sido el paraíso que Chloe se había imaginado. Aunque estuviera físicamente cerca, Audrey Bourgeois estaba igual de lejos que cuando vivía en Nueva York.
Y en segundo lugar, la llegada de su media hermana, Zoe, tampoco había resultado hacer bien a su carácter, en especial porque Zoe pronto había estrechado lazos con el alcalde, y Chloe lo había interpretado como una provocación.
Por supuesto, Adrien sentía mucho las circunstancias familiares de Chloe, en especial porque no eran muy diferentes a las suyas propias, pero justo esa soledad había hecho terriblemente fácil asegurar su colaboración.
La promesa de la amistad de Adrien había bastado para devolverla al bando correcto. A Adrien le había incluso asustado lo fácil que había sido. ¿Tan sola se sentía Chloe?
De cualquier manera, cuando dejasen atrás todo ese asunto de tenderle una trampa a Hawk Moth, Adrien estaba decidido a reparar su relación con Chloe, y quizá, solo quizá, ayudarla a volver al buen camino.
Adrien tenía la firme creencia que cualquiera se merecía la oportunidad de la redención.
Fuese una bully como Chloe…
…un traidor como Félix…
…o un supervillano como…
Chat Noir se dio una bofetada mental.
¡Gabriel Agreste NO era Hawk Moth, y punto!
―¿Nervioso? ―preguntó Ladybug, a su lado, sin duda advirtiendo que Chat había comenzado a gesticular como si estuviese manteniendo una conversación con sí mismo. Que era exactamente lo que estaba haciendo.
―Muchísimo. Solo espero que Hawk Moth no decida hacer acto de presencia.
―No lo hará. Ese no es su modus operandi.
Chat se puso serio de repente.
―No suele serlo, porque sus poderes no funcionan así ―dijo―. Pero, ahora que tiene tantos miraculous… ¿por qué no usarlos él mismo y acabar de una vez por todas? ¿Por qué enviar minions como Lila y Chloe a por nosotros?
En realidad, no era la primera vez que alguno de dos se lo planteaba. De hecho, al principio habían asumido que Hawk Moth no tardaría en descargar su ira sobre París en cuanto se familiarizara con los poderes de los miraculous. Aunque hubiese un límite a cuántos miraculous pudiera controlar a la vez, con tres o cuatro bastaría para poner a París de rodillas. Sin embargo, no lo había hecho.
―Es un cobarde ―decidió Ladybug, medio en serio medio en broma.
Ninguno de los dos tuvo nada que añadir.
Queen Bee no sabía cuál iba a ser la "señal" que Hawk Moth iba a enviarle para indicarle que comenzase a sembrar el caos, pero por alguna razón el villano había creído que Chloe la entendería en cuanto la viese.
Y Chloe la entendió.
Un akuma.
Por supuesto que iba a ser un akuma.
En cuanto Queen Bee divisó a la pequeña mariposa oscura acercarse a ella, la invadió una punzada de terror. Se suponía que tenía que dejarse akumatizar… ¿a propósito? Pero… ¿y si perdía el control de sus propias acciones?
Chloe había sido akumatizada suficientes veces como para saber lo que esa pequeña mariposa les hacía a las mentes de sus víctimas: las ahogaba en sus emociones negativas para doblegarlas a la voluntad de Hawk Moth.
Chloe se planteó abortar la misión en aquel mismo instante, pero en el último momento, cambió de idea.
Ladybug la necesitaba.
Chat Noir la necesitaba.
Pero, lo que era más importante: Adrien la necesitaba.
«Por favor, Chloe», le había suplicado Adrien a Chloe hacía un par de días, «Eres la única que puede ayudar a Ladybug». Por supuesto, Chloe no se había podido resistir a esos enormes ojos esmeralda y a ese rostro angelical. Y ahora, no podría soportar decepcionarlo.
Así que Chloe respiró hondo y esperó a que el akuma llegase a ella. Además, si sentía que comenzaba a perder el control y atacaba a Chat Noir en serio, Queen Bee siempre podía librarse de la influencia del akuma, aunque eso la delatara ante Hawk Moth. No era la primera vez que se libraba de un akuma a voluntad.
Por fin, el akuma se fusionó con la peineta sobre su cabeza y Chloe sintió cómo el poder oscuro corrompía el miraculous de la abeja. Una marea de burbujas moradas cubrió a Chloe, y cuando desapareció, ya no era Queen Bee la que esperaba sobre el Arco del Triunfo, sino Miracle Queen.
―Miracle Queen… ―Chloe escuchó la voz siniestra de Hawk Moth dentro de su cabeza―. Hoy comienza tu reinado de terror. Chat Noir y Ladybug te derrotaron la última vez gracias al miraculous del dragón, pero hoy no podrán escaparse de tu ejército de…
Hawk Moth se detuvo en medio del discurso cuando percibió un enorme imprevisto en su plan. El ejército de abejas que habían tomado el control de las mentes de los parisinos la última vez… no estaba. Los poderes de Miracle Queen no eran comparables a los de la primera vez que había sido akumatizada.
La explicación era sencilla: los poderes que un akuma otorgaba eran proporcionales a la intensidad de las emociones negativas del akumatizado, pero Chloe no albergaba ninguna emoción negativa especialmente poderosa en ese momento, a excepción de un miedo tremendo a decepcionar a Adrien y a Ladybug. Y también a Chat Noir, a quien estaba comenzando a coger cariño. Al fin y al cabo, había sido Chat, no Ladybug, el que había confiado en ella.
(Por supuesto, lo único que Hawk Moth percibió en Chloe fue un intenso miedo al fracaso. No pudo saber a quién no quería decepcionar.)
Hawk Moth, a salvo en su observatorio, se frotó el puente de la nariz con hastío. Hubiera deseado contar con el ejército de abejas, pero en fin, Chloe no era su peón principal de todas formas, sino Lila.
La tarea de Chloe era solo distraer a los héroes, y en cuanto tuvieran su guardia baja, Lila atacaría a Ladybug. Sin Ladybug, Chat Noir no podía purificar akumas, y la victoria sería de Hawk Moth.
Como quitarle un caramelo a un niño.
