―¿Quieres que qué? ―preguntó Alya, sus ojos abiertos como platos y sus manos aferrándose al borde de su cama como si fuera a despertarse en cualquier momento.

Marinette, sentada a su lado, tomó aire y repitió:

―Quiero que vuelvas a convertirte en portadora permanente.

Alya no contestó. En cambio, se quedó mirándola como si no pudiese creer que Marinette de verdad le estuviese dando una segunda oportunidad.

―Sabes que no tienes que darme un miraculous para seguir siendo mi mejor amiga, ¿verdad?

Marinette le dedicó una sonrisa afectuosa aunque poco enérgica. Seguía cansada después de lo ocurrido con Chat Noir ―según Tikki, se debía a haber invocado la Burbuja por primera vez―, pero no podía seguir posponiendo esa conversación por más tiempo.

Además, por el momento, la cosa había ido bastante bien. Marinette se había esperado cierta resistencia por parte de su mejor amiga cuando tuvo que soltarle la charla sobre responsabilidad y los deberes de ser una heroína, pero Alya había escuchado con suma atención e incluso había asentido de vez en cuando para darle a entender que estaba registrando cada una de sus palabras.

Así que Marinette no se lo pensó dos veces al decir:

―No estoy te estoy devolviendo el miraculous como Marinette, Alya, sino como Ladybug. Me has demostrado una y mil veces lo mucho que te mereces a Trixx, y no voy a pasar por alto todo lo que aportas el equipo por un pequeño error.

En realidad, "pequeño" era un eufemismo; Nino podría haberle confiado la identidad de Rena a Adrien y eso hubiera sido un desastre. Pero Marinette decidió no meter el dedo en la llaga.

Sin embargo, Alya se removió incómoda.

―¿Significa eso que deberé mantenerlo en secreto de Nino?

―No ―contesto Marinette, aunque le costó un mundo pronunciar ese "no", porque iba en contra de lo que le decían sus instintos.

De nuevo, Alya abrió tanto los ojos que parecieron que se le iban a salir de las órbitas.

―¡¿De verdad?! ―se emocionó.

―Confió en tu criterio para decidir qué debes contarle y qué no. Al fin y al cabo, no es un civil del montón… también es Carapace, y mi amigo. Así que espero que…

Antes de que Marinette pudiese acabar, Alya se echó encima de ella y la envolvió en un abrazo de oso, más feliz que una perdiz.

―Dios mío, Marinette, ¡gracias, gracias, gracias, gracias! ―exclamó.

En realidad las gracias no eran por el miraculous, sino por ser por fin capaz de ser sincera con Nino sin el peso de su conciencia quitándole el sueño.

Marinette se sintió un poco abrumada por tanta alegría, especialmente porque aún tenía dudas con respecto a confiar en Nino después de descubrir que había metido la pata y Chat había averiguado su identidad, pero acabó rodeándola con los brazos igualmente.

Se planteó advertirle a Alya que Nino debería aprender a ser un poco más cuidadoso… pero al final decidió no arruinar el momento.

―Vale, vale. Ya basta, ya basta ―dijo entre risas, y las dos amigas se separaron―. Me encantaría continuar con esta conversación, pero no eres la única a la que tengo que ver antes de que se ponga el sol.

Alya frunció el ceño.

―No irás a entregarle el miraculous de la abeja a Chloe, ¿verdad?

―¡No, por supuesto que no! ―saltó Marinette.

«Por lo menos aún no», añadió, porque aunque ella no confiaba en absoluto en Chloe, Chat sí parecía hacerlo… pero le dio vergüenza admitirlo delante de Alya. En cambio, lo que le dijo, con una sonrisa traviesa en la cara, fue:

―Voy a entregarle el miraculous de la serpiente a Luka.


«Eso no ha ido tan mal», pensó Ladybug mientras se lanzaba desde el balcón de Alya hacia los tejados de París, en dirección al barco de los Couffaine.

Sonrió para sí. Tal vez eso de confiar en sus compañeros no fuese tan difícil…

Hablando de confianza…

Ladybug llegó a los muelles del Sena un poco nerviosa. Convertir a Alya en portadora permanente era una decisión que ya había tomado antes, así que no le había costado tomarla de nuevo; lo más difícil había sido darse cuenta de que Nino también venía en el paquete, y que no podría separarlos por mucho que quisiera.

Luka, por otra parte…

Marinette confiaba en Luka, de eso estaba segura. Estuvo a punto de confiar en él lo suficiente como para revelarle la identidad de Chat Noir, y confiaba en él cada día para que no le revelase al mundo la existencia de Su-Han (el Guardián Celestial se convertiría en objetivo de Hawk Moth si eso sucedía).

Pero un asunto bien diferente era confiar en él para para entregarle el miraculous de la serpiente.

La verdad era que la decisión había sido un poco impulsiva. Para empezar, Marinette no podía dejar de pensar que Volpina no hubiera vuelto si Ladybug le hubiera dejado a Alya mantener el miraculous del zorro.

Además, Hawk Moth tenía un gran poder en ese momento ―Vritra había sido la prueba definitiva de que no podían subestimarlo―, así que Ladybug ya no podía perder tiempo buscando a los portadores temporales por París mientras Chat Noir distraía al enemigo. Solo pensar en dejar a solas a su gatito con ese dragón de pesadilla… a Ladybug le entraba un escalofrío.

(La imagen de Chat Noir con los ojos negros le vino a la cabeza… pero la apartó.)

Así que, estratégicamente hablando, darle el miraculous a Luka para que pudiera unirse a la batalla por su cuenta era la mejor opción… de no ser porque Hawk Moth ya conocía su identidad. Eso lo convertía en un riesgo, por supuesto, pero el riesgo a no dárselo ―por lo menos según los cálculos de Ladybug― era aún mayor.

Ladybug rezó para que Hawk Moth asumiera que Luka seguía siendo un portador temporal…

Era una apuesta arriesgada… pero el Equipo Miraculous necesitaba a todos los miembros que pudiera conseguir.

Tratando de que su convicción no flaqueara en ese momento clave, Ladybug no perdió tiempo. Cuidando que ni Juleka ni Anarka la descubrieran, localizó la ventana del camarote de Luka, se deslizó por el costado del barco y golpeó el cristal tres veces con los nudillos.

Ladybug no pretendía espiar a su ex, pero no pudo evitar notar, antes de que él se percatase de su presencia, que Luka estaba dando vueltas por su camarote con la mirada fija en la pantalla de su móvil, como esperando una mala noticia. Cuando el chico escuchó los golpes en la ventana y la descubrió colgando de la borda del barco, corrió a abrir el ojo de buey y le tendió una mano para ayudarla a entrar.

(Qué caballero, pensó Marinette con una sonrisa.)

Sin embargo, la sonrisa pronto se le borró de la cara porque lo primero que preguntó Luka fue lo último que Ladybug esperaba que preguntase:

―¡Por fin! Llevo toda la tarde esperando un mensaje de Chat Noir. ¿Está Chloe bien?

Ladybug parpadeó dos veces, confusa.

―¿C-Chloe? ―se extrañó. ¿Por qué estaba Luka preguntando por Chloe, de todas las personas?

Primero Chat Noir la trataba como una princesa, ¡¿y ahora Luka?! ¿Llevaba a cabo una pequeña buena obra y de repente todos los chicos del barrio se peleaban por ella? ¿Había una epidemia de chloenitis suelta por la ciudad o qué?

―Chloe, Chloe Bourgeois ―insistió Luka, mientras tomaba las manos de Ladybug entre las suyas con preocupación. Era un gesto que, de ser ella cualquier otra persona, hubiera resultado demasiado íntimo. Pero, por supuesto, ella era Marinette y él era su ex, así que ni uno ni otro lo consideró fuera de lugar.

Luka explicó:

―Chat Noir prácticamente me la tiró encima y luego se marchó corriendo. Tuve que llevarla a cuestas hasta el hotel, y no se despertó en todo el trayecto. Cuando me vio llegar, su padre se puso histérico y me echó del Grand Paris. ¿Sabes si está bien? ¿Ya se ha despertado?

―Oh… ―De repente, Ladybug se sintió tremendamente culpable por no haberse pasado por el hotel para comprobar cómo estaba Chloe. Después de haberse desmayado de pura extenuación, y de haber puesto su propia seguridad en peligro engañando a Hawk Moth, Ladybug debería haber considerado hacerle una visita, por lo menos. Aunque fuese solo para agradecerle su ayuda.

―Sí, sí… Chloe está bien ―mintió.

«Bueno, por lo menos no tiene razones para estar mal», añadió para sí. Luego, al notar que Luka seguía preocupado, aclaró:

―Se desmayó por el esfuerzo. Hawk Moth trató de controlarla, ella se resistió y, aunque venció, la batalla le pasó factura.

―Ya veo… ―asintió Luka, el nudo en su estómago deshaciéndose por fin. Ya había supuesto que Hawk Moth tenía que estar involucrado después de que Adrien (ejem, Chat Noir) le dejase a Chloe y luego se marchase corriendo como si el mundo estuviera a punto de acabarse y solo Chat pudiera evitarlo―. Supongo que lo veré mañana en las noticias.

Ladybug asintió con la cabeza.

―Supongo que sí. Pero eso no es por lo que he venido. Por favor, siéntate.

De repente, Luka advirtió el tono serio en la voz de Marinette (ejem, Ladybug) y la preocupación de la que acababa de deshacerse volvió a él, aunque obedeció de inmediato y se sentó en el borde de su cama.

Honestamente, Luka ya se había acostumbrado a obedecerla sin rechistar tanto fuera como dentro del traje. Pese a su tamaño y a su aspecto dulce, no era muy difícil darse cuenta de que Marinette era una fuerza de la naturaleza una vez que comenzabas a conocerla.

Por desgracia, toda esa fuerza estaba destinada a otra persona…, pensó Luka con cierta amargura.

―Hoy hemos recuperado dos miraculous más ―explicó Ladybug, y aunque era una muy buena noticia, el acorde grave que Luka percibió salir de ella aplacó las ganas del chico de celebrarlo―. Uno es el de la abeja… y el otro es el de la serpiente.

Nada más escuchar la palabra "serpiente", Luka dejó escapar un suspiro tan largo y profundo que pareció vaciar sus pulmones de aire.

―Gracias a Dios… llevo una semana muerto de preocupación por Sass ―explicó, llevándose una mano al pecho. Se acababa de quitar un gran peso de encima―. Casi no he podido dormir pensando en qué torturas le estaría haciendo pasar Hawk Moth.

»¿Te imaginas estar encerrado en una misma habitación día tras día, sin contacto con el mundo exterior? No le desearía ese destino ni a mi peor enemigo. ―(Marinette no lo sabía, pero Sass no era el único en la mente de Luka.)

Aun así, Ladybug escuchó ese tono sincero y esa genuina inquietud y se derritió por dentro. Joder… ¿por qué todos los chicos a su alrededor tenían que ser tan tiernos?

Hubiera sido tan fácil haberse quedado con Luka… el amable, educado y atento Luka, que no tenía problemas en expresar su afecto por ella.

Pero no, claro que no. Los superhéroes no tienen derecho a disfrutar de una relación normal y corriente… los secretos no tienen cabida en una relación sana.

Aunque, por otra parte, de haber continuado con su relación, ¿podría Luka haber hecho desaparecer sus sentimientos por Adrien? ¿Podría Marinette haberse entregado a Luka en cuerpo y alma? Pese a que le gustaría afirmar que sí, una parte de ella sabía que nunca hubiera sido capaz de amar a Luka lo suficiente; o por lo menos no de la forma que él se merecía.

Sin embargo, no era el momento de lamentarse por el pasado. Dentro de ese camarote no era Marinette, sino Ladybug, y tenía una misión que llevar a cabo.

―Luka Couffaine ―lo llamó, y de nuevo, la seriedad en su voz hizo que Luka se tensara.

De repente, Ladybug sacó el miraculous de la serpiente de su yoyó y el chico frunció el ceño. No había ningún akuma suelto en ese momento, ¿por qué Marinette necesitaba a Viperion?

―Este es el miraculous de la serpiente. Lo usarás para proteger a París de las garras de Hawk Moth, y para devolver el resto de miraculous a sus dueños correspondientes.

Ladybug extendió el brazo hacia Luka, la palma hacia arriba en silencioso ofrecimiento, pero él no tomó el brazalete. En cambio, se quedó mirándola pacientemente, esperando la última parte de un discurso que había escuchado ya tantas veces: «Cuando acabes el trabajo, me devolverás el miraculous. ¿Lo has entendido?».

Sin embargo, esta nunca llegó.

Tras unos minutos de incómodo silencio, Luka por fin cayó del burro. Miró el brazalete, luego a Marinette (ejem, Ladybug) y luego otra vez el brazalete, poco a poco entendiendo el significado de ese gesto, de la invitación.

Oh…

¡OH!

De todas las cosas que Luka había esperado que ocurriesen esa tarde de domingo, convertirse en portador permanente no era una de ellas.

―¿Estás segura? ―preguntó, porque aunque le hacía mucha ilusión compartir cuarto con Sass, era consciente de que Hawk Moth conocía su identidad como Viperion, y no estaba seguro de poder proteger el miraculous si él o Mayura se daban cuenta de que lo tenía.

―Estoy completamente segura ―afirmó ella, y su determinación disipó cualquier duda que Luka tuviera.

Así que el chico tomó el brazalete con parsimonia ―era un momento importante― y se lo colocó alrededor de la muñeca. Cuando Sass apareció delante de él, Luka compuso la mayor sonrisa que había compuesto desde Contraataque ―¡qué alivio saber que su kwami estaba sano y salvo!―, pero su sonrisa se borró de inmediato en cuanto Sass abrió la boca.

―Es un honor volver a servirle, señor Couffaine ―saludó el kwami, con un tono tan formal que Luka intuyó que algo no andaba bien.

Sass siempre había sido más bien callado, el más maduro de los kwamis, pero el héroe se había esperado por lo menos el ruido festivo de un matasuegras después de librarse del yugo de Hawk Moth. Sin embargo, lo que percibió del dios-serpiente fue el sonido ominoso de un réquiem.

Sus sospechas se confirmaron cuando Sass se dirigió a Ladybug con toda la seriedad del mundo y dijo:

―Guardiana, si no le importa, me gustaría ponerme al día con mi portador. Como comprenderás, hace mucho que no nos vemos.

―Claro ―accedió Ladybug mientras se levantaba de la cama de Luka. Marinette no podía ni imaginarse cómo se hubiera sentido ella de haber estado separada de Tikki durante una semana, sin saber si volvería a verla algún día. Así que entendió que Sass quisiera pasar tiempo a solas con Luka―. Sass, quedas en buenas manos.

―Lo sé ―asintió el kwami con una reverencia, y acto seguido, Ladybug se despidió de Luka con una sonrisa más cariñosa de lo que debería, y se marchó a través del ojo de buey.

Sin perder ni un segundo, Luka corrió a cerrar la ventana y luego preguntó, agitado:

―¿Qué ocurre, Sass?

―No tienes ni idea… ―contestó el kwami, abandonando la fachada de piedra y dejándole ver a Luka la inquietud que lo carcomía en realidad―. Algo anda mal con Adrien, Luka. Muy, muy mal. Hoy ha perdido el control. De no haber estado Ladybug con él, quién sabe lo que hubiera pasado. Y créeme cuando te digo que se pondrá peor…

«Se pondrá peor en cuanto descubra que su padre es Hawk Moth», pensó Sass, pero la magia de los kwamis le prohibía revelar la identidad de un portador. De cualquier portador.

Sin embargo, Luka arrugó la nariz sin entender.

―¿A qué te refieres con «perder el control»? Me crucé con él hace unas horas y parecía bien. Nervioso, pero estaba en medio de una batalla, así que era de esperar.

―No, no, no. No me refiero a su estado anímico, Luka. Me refiero a su alma. Algo ha abierto una brecha en ella. La oscuridad lo está tentando, y no podemos permitirlo. El poder de la destrucción es demasiado peligroso.

―Vale, ya entiendo. Hablaremos con Marinette y…

―¡No, no! ¡No me estás escuchando! ―estalló Sass. Acto seguido, se dio cuenta de que había levantado demasiado la voz y chasqueó la lengua arrepentido. Luego comenzó a dar vueltas por la habitación de Luka, muy nervioso, pensando cómo explicarlo―. No puedes revelarle a Ladybug la identidad de Chat Noir, y Marinette no entenderá el alcance del peligro sin tener toda la información.

Luka, el paradigma de la calma, se cruzó de brazos y asintió pacientemente.

―¿Qué quieres que haga, entonces?

―Quiero que seas quien lo vigile. Quiero que te pegues a él las veinticuatro horas del días para que no empeore. Quiero que estés en cada sesión de fotos, en cada show, y en cada ataque de akuma. Quiero que te conviertas en su sombra.

Luka frunció el ceño. No estaba en contra de hacer de niñera si Sass lo consideraba necesario, pero no creía que él fuese el más adecuado para el trabajo. Él y Adrien habían coincidido más de una vez y no se llevaban mal, pero Adrien no salía mucho de casa y Luka no iba a su escuela así que, sin exagerar, del grupo de amigos de Juleka, Adrien era la persona con la que Luka menos había hablado.

Y aun así conocía su mayor secreto…

Sass debió advertir las dudas en el rostro de Luka, porque añadió, con el tono más serio que pudo poner:

―Eres el único que puede ayudar a Adrien.

Luka no necesitó que Sass insistiese más. Jamás le daría la espalda a alguien que necesitase su ayuda, en especial si ese alguien no dudaba dos veces en interponerse entre el disparo de un akuma y uno de sus compañeros de equipo ―sí, había ocurrido más de una vez, y a Carapace, que era el símbolo de la protección, le ponía de los nervios.

Así que, si Luka tenía que hacer de hada madrina de su rival en el amor (¿exrival?), lo haría.

Porque si había alguien que se merecía que velaran por él, ese era Adrien.

―No puede ser muy difícil ―habló Sass―. Lo único que tienes que hacer es no perderlo de vista. Y si ves que su poder comienza a perder el control y Ladybug no está cerca, entonces llamas a Marinette.

Luka asintió.

―No parece muy difícil, ¿verdad?


¡Hola! Estoy de vuelta. Aún tengo compromisos y no puedo volver a publicar dos veces por semana, pero tengo planeado subir el siguiente capítulo el próximo LUNES.

Mientras tanto, no me matéis, jeje... pero he tenido un episodio de escritura compulsiva y he escrito el primer cap de otro fanfic... porque me apetecía...

En fin, se llama "Hijo de Hawk Moth", pasaros por ahí si queréis...

¡Buenas noches!