—¡ALÉJATE DE ELLA, CABRÓN DESTROZA-HOGARES!
Su grito obtuvo reacciones muy diferentes de Marinette y Chat Noir. Ella giró la cabeza como una cierva ante el sonido de una escopeta, y en cuanto reconoció quiénes estaban plantados bajo el umbral de la puerta, la sangre abandonó su rostro. Él, en cambio, apretó a Marinette contra sí y dejó escapar un gruñido protector. Como si temiera que Kagami o Luka quisieran robársela.
—¡Esto no es lo que parece! —chilló Marinette. Todo en ella, desde su gritito demasiado agudo a su lividez, evidenciaba su pánico.
El resto de los presentes —incluido Chat Noir— se la quedaron mirando con una ceja alzada. Marinette seguía con la espalda contra la pared y con las piernas alrededor de la cintura de Chat Noir. De hecho eran los brazos de él los que la estaban aún alzando en el aire, y además Luka y Kagami los habían pillado infraganti.
Poco había que malinterpretar.
Chat contuvo una risilla. Marinette estaba prácticamente temblando en sus brazos; iba a divertirse muchísimo recordándoselo más tarde. Sin embargo, lo entendía: no era una situación en la que Adrien Agreste quisiera ser pillado tampoco, pero a Chat Noir no le importaba en absoluto.
—Kagami, Luka. —Chat se dirigió a ellos con una sonrisa asesina, dejando a la vista sus pronunciados colmillos—. Marinette y yo estábamos en medio de algo importante, así que, si no os importa dejarnos solos…
Fue esa frase la que hizo que Luka por fin se girara a mirarlos, pese a la posición comprometedora en la que aún estaban enredados y que le causaba cierto pudor. Examinó a Chat Noir de arriba abajo: uno de sus brazos agarraba a Marinette por la cintura y otro por… en fin, ya sabéis por dónde.
Luka trató de imaginarse a Adrien en lugar de Chat Noir. Adrien, el angelito perfecto, que les estaba pidiendo que los dejaran solos para poder seguir dándose el lote con Marinette. Que les estaba mostrando sus colmillos porque sabía que Kagami solo respondía a la fuerza bruta.
Luka no consiguió deshacerse mentalmente de la máscara negra.
Después de descubrir la identidad de Chat Noir, a Luka le había costado semanas asimilarlo, mucho más que lo que le había costado aceptar que había salido con Ladybug (brevemente). Al final había logrado ver el lado amable y dulce de Chat Noir y el lado salvaje de Adrien, pero había momento —como ese— en los que Luka no alcanzaba a comprender cómo dos personalidades tan aparentemente opuestas podían compartir un solo cuerpo.
De todas formas, dado que ya había comprobado que el mundo no se iba a acabar a manos del Dios de la Destrucción, Luka alzó los brazos a modo de disculpa y dijo:
—Sí. Claro. Ya nos vamos.
—De eso nada —siseó Kagami, dirigiéndole a Luka un gesto que decía «Mantén la boca cerrada». Luego clavó aquellos profundos ojos marrones en Chat Noir; la sonrisa pilla de Adrien se borró en cuanto advirtió la ira ardiente que corría por sus venas—. Suéltala ahora mismo, Chat Noir.
Que conste que Chat solo obedeció porque notó a Marinette retorcerse entre sus brazos. Antes de que Chat pudiera comprender lo que estaba pasando, Marinette volvió al suelo y corrió hacia Kagami.
—Kagami, te juro que te lo explicaré. Pero a solas, ¿vale? —le susurró en cuanto la tuvo lo suficientemente cerca.
Por desgracia, Chat lo escuchó de todas formas. Y sintió una puñalada en el corazón.
—¡No! —exclamó Kagami en respuesta. Pese a que la chica no era muy expresiva por naturaleza, la mezcla de incredulidad e ira se apreciaba con claridad en su ceño fruncido—. ¿Pero qué haces, Marinette? Alya me advirtió que estabas confundida, pero no sabía que te habías vuelto loca.
Esa vez fue Marinette la que sintió una puñalada en el corazón. Una impregnada de traición. ¿Alya había hablado con Kagami sobre su no-relación con Chat?
—Sabes perfectamente quién es tu alma gemela —insistió Kagami—, y no es ese payaso —añadió, señalando a Chat con un dedo que él percibió como si fuera la punta de una pistola.
Si el asunto no le importase tanto, Chat hubiera gritado «¡Oye, que estoy aquí!» para deshacerse de la tensión en el aire, pero no lo hizo porque se le había formado un nudo en la garganta.
Chat era bien consciente de que seguía habiendo un contendiente importante cuando se trataba del corazón de Marinette: Pastelito. Adrien aún no sabía quién era y tampoco tenía intención de averiguarlo; Marinette se lo contaría cuando se sintiera preparada. Lo que no se había esperado era que no solo Alya, sino también Kagami, estaban al tanto y preferían a ese tal Pastelito que a él.
Ese pensamiento solo hizo que se le revolviera aún más el estómago, y que una inseguridad que antes no sentía lo embargara.
Se llevó una mano a la nuca, rascándose la parte de atrás del cuello como hacía cuando se sentía nervioso. Kagami y Marinette estaban demasiado enfrascadas en su propia discusión como para notarlo, pero Luka lo advirtió y se tensó.
Miró a Kagami de reojo. Tenía que evitar que metiera aún más la pata; ninguno de ellos se podía permitir que Chat Noir acumulara emociones negativas.
Por suerte su intervención no fue necesaria.
—Aprecio tu preocupación, Kagami, pero sé tomar mis propias decisiones —contestó Marinette—. Y no me gusta que Alya ande por ahí hablando de mí a mis espaldas.
La admiración brilló en los ojos de Chat y de Luka. Por desgracia, Kagami era una mujer de armas tomar tanto como Marinette.
—No estás pensando con claridad —replicó—. Tienes miedo de que te rechace, así que prefieres huir a afrontar tus sentimientos por él. Pero ambas sabemos que tu única alma gemela es…
—¡Pastelito! —Una mano voló a tapar la boca de Kagami; la de Marinette. Una sola mirada de soslayo hacia Chat y Kagami entendió que Marinette no le había revelado esa información aún, pese a que era un secreto a voces.
Kagami sonrió con satisfacción. Aquello solo probaba su teoría.
—¿Ves? ¡Pastelito es tu verdadero amor! ¡Deja de hacer el tonto, Marinette!
Marinette cambió el peso de su cuerpo de un pie a otro. Ya había tomado una decisión, había elegido a Chat Noir. Y sin embargo, ¿por qué las palabras de Kagami la herían tan profundamente?
Puede que no fuera el mejor curso de acción, seguramente no era una buena idea, pero en vez de seguir discutiendo con su amiga, Marinette se dirigió a Chat Noir.
—Chat… —lo llamó, y él, que se había girado para fingir que no las estaba escuchando, se volvió hacia ella con una mirada triste. Sabía perfectamente lo que significaba ese «Chat»—. Chat, ¿podemos… hablar más tarde?
Por lo menos se lo pidió con cierto arrepentimiento, pensó Adrien.
Así que asintió.
A Marinette no le pareció suficiente:
—Por favor, no me malinterpretes, te quiero, pero…
—No hace falta que te justifiques, Princesa —le aseguró él con una sonrisa comprensiva—. Está bien. Yo siento lo mismo: te quiero. Pero me tomará un tiempo olvidar a Ladybug. Así que entiendo lo que está diciendo Kagami. —Se aseguró de que Kagami estuviera mirando cuando se inclinó hacia Marinette y le plantó un beso en la frente. Un mensaje tácito de que, pensaran lo que pensaran ella y Alya, sus sentimientos eran verdaderos y honestos.
Kagami no se lo tragó.
Marinette, sin embargo, sintió que los ojos se le humedecían. Si situación no era la misma para nada. Chat Noir estaba enamorado de una sola persona; ella, en cambio, sentía que le estaba siendo infiel al tener sentimientos por Adrien.
—Nos vemos mañana, ¿vale? —se despidió Chat, y acto seguido, se descolgó el bastón de la cintura y lo usó para propulsarse hasta la azotea contigua. Luego saltó a la siguiente, y de ahí a otra… hasta que se convirtió en un puntito en la distancia.
Luka lo observó hasta perderlo de vista. Para ambas chicas, Chat Noir había desaparecido en la oscuridad, alejándose del hotel y perdiéndose en el horizonte. Luka, sin embargo, sabía que en realidad ya estaría haciendo el camino de vuelta y que Adrien pronto haría acto de presencia en el baile.
Luka se frotó los ojos. No sabía cuanto más podría aguantar esa tontería, y eso sin Kagami empeorando las cosas… La situación entre Marinette y Adrien no podía ser más estúpida, enredosa, estresante…
La voz de Marinette interrumpió sus pensamientos:
—Kagami, ya he superado a Adrien, ¿vale?
—¡Ja! —rio ella, sin creérselo ni por un segundo.
—¡Es cierto! ¡He elegido a Chat Noir!
—¡Oh, por favor! Has estado corriendo detrás de Adrien durante años. ¿De verdad quieres que me crea que has cambiado de idea de la noche a la mañana?
—¡No ha sido de la noche a la mañana! —se defendió Marinette—. ¿Recuerdas cuando me recomendaste que practicara mi confesión para Adrien con alguien que no tuviera sentimientos por mí?
Kagami alzó una ceja.
—Creía que habíamos dejado claro que era una mala idea, que esa persona podría acabar enamorándose de… —Un leve movimiento de las pupilas de Marinette hacia la dirección por la que Chat había desaparecido hizo que Kagami sumara dos más dos—. Oh. Así que ahí empezó todo.
—Más o menos —mintió Marinette. En realidad no tenía ni idea de en qué momento su corazón había decidido dar un giro de ciento ochenta grados.
Mientras tanto, Luka se había quedado de piedra. Marinette había practicado su confesión a Adrien con… ¿Adrien? Justo cuando pensaba que nada podía sorprenderlo…
—Además —continuó Marinette—, durante dos años, Adrien nunca me ha visto como más que una amiga.
«Ha estado enamorado de ti desde el día que te conoció», pensó Luka.
—¡Mi cerebro se convierte en gelatina cuando estoy delante de él!—siguió ella.
«Lo tiraste a una papelera y el Ladyblog lo tiene grabado en video», pensó él.
—Adrien es demasiado perfecto para mí.
«Eres una maldita superheroína.»
—¿Y qué pasa con todos tus esfuerzos por hacerte amiga de Adrien? —intervino Kagami—. Vas a tirarlo todo por la borda?
—No han sido en vano. Me gusta ser amiga de Adrien. Quiero ser amiga de Adrien —contestó Marinette con total sinceridad.
«No lo parecía cuando le estabas metiendo la lengua por la garganta», pensó Luka, pero apartó la imagen de su cabeza inmediatamente.
—Chat me entiende. Me quiere a pesar de mis defectos —explicó Marinette—. Y aunque sé que es todo lo opuesto a Adrien…
«¡Son la misma persona!»
—…también estoy enamorada de él, Kagami. Y lo he elegido a él. Así que, por favor, como amiga, te pido que respetes mi decisión. —Marinette envolvió las manos de Kagami entre las suyas en un ruego silencioso. Kagami se mantuvo impasible, con los labios fruncidos en una fina línea, pero Marinette supo que en realidad se lo estaba pensando.
Luka, por su parte, estaba a punto de desmayarse.
¡La situación no podía ser más absurda!
Su única misión era asegurarse de que Chat Noir mantuviera sus poderes bajo control, ¡en ninguna parte de su contrato estaba escrito que también tuviera que lidiar con ese embrollo de cuadrado amoroso! No iba a meterse más de lo debido y solo pensar en ello le estaba dando dolor de cabeza.
—Yo me voy adentro. Hace frío —interrumpió mientras se pellizcaba el puente de la nariz. No podía aguantarlo más. De verdad que no podía. Algún día de esos iba a darle un patatús.
Así que, sin esperar a la respuesta de las chicas, que parpadearon como si se hubieran olvidado de su presencia —se habían olvidado—, entró en el hotel y cerró la puerta tras de sí, con un portazo bien potente.
No escuchó cómo Kagami le prometía a Marinette darle una oportunidad a Chat Noir. No escuchó cómo Marinette le juraba que era la decisión correcta. Y por supuesto no escuchó los gruñidos de disconformidad de Kagami, que pese a querer respetar los deseos de su amiga, seguía sin pensar que era una buena idea.
En cambio, Luka emprendió el camino de vuelta, bajando las escaleras por las que había llegado a la azotea. Por suerte, la vuelta fue mucho más fácil que la ida, y cuando Luka regresó al salón de baile, lo primero en lo que se fijó fue en el traje blanco e impoluto de Adrien destacando entre la multitud.
Como Luka había previsto, Adrien no había perdido ni un solo momento y había regresado al hotel. Su presencia era como el sol. Una abundante muchedumbre se estaba congregando a su alrededor, curiosos por conocer personalmente al hijo predilecto de París y por descubrir qué lo hacía tan especial a ojos de las revistas y críticos de moda.
La sonrisa de Adrien era brillante, sus movimientos elegantes y su modales irreprochables. No desatendía a ninguno de los invitados y declinaba las preguntas que no quería contestar con una leve inclinación de cabeza. Resultaba extraño pensar que hacía un momento había estado embutido en negro y metiéndole mano a la mismísima Ladybug, pensó Luka.
Pero pese a su sonrisa blanca como el nácar, Luka percibió una melodía agridulce en sus gestos. La interrupción de Kagami debía de haberle dejado un mal sabor de boca, y la clara preferencia de las amigas de Marinette por Pastelito —aunque él fuese Pastelito, en realidad—, tampoco debía de haber sido agradable.
Por supuesto, nadie más lo notó; Luka tenía el raro don de escuchar lo que otros no escuchaban.
Decidió no acercarse. Llevaba semanas cumpliendo rol de ángel guardián y por el momento no había ocurrido ningún incidente grave, así que Luka no tenía interés en cambiar su modus operandi.
Se apostó al lado de una de las columnas de mármol y, como ya era costumbre, agudizó el oído, afinó la vista y se dispuso a convertirse en la sombra de Adrien. Invisible, manteniendo las distancias… pero siempre presente, vigilando.
A eso estaba cuando una mano huesuda y llena de arrugas se posó sobre su hombro.
Luka pegó tal brinco que se golpeó el codo contra la columna. Se giró al mismo tiempo que la mujer que lo acababa de tocar se dirigía a él:
—¿Luka Couffaine? He escuchado mucho de ti.
Luka se quedó paralizado. Tenía delante a una anciana: morena, con el pelo blanco recogido hacia atrás en un moño, y encorvada y arrugada de una forma que tan solo se veía en las películas. No podía medir más de metro y medio, y sin embargo Luka sintió que lo estaba mirando por encima del hombro.
Pero lo que era más importante, ¿cómo podía ser que no la había escuchado acercarse? Luka se sentía muy orgulloso de su oído, nada se le pasaba desapercibido, y en cambio aquella anciana había logrado tomarlo por sorpresa.
Incluso Kagami, silenciosa como era, no había conseguido acecharlo sin ser descubierta; Luka había escuchado su marcha de guerra incluso sobre la música de la sala de baile. Y sin embargo, de esa anciana no percibía nada.
Luka redobló sus esfuerzos para tratar de captar la melodía de la mujer.
Nada. Completo silencio. Una sonrisa amable se mostraba en su rostro, pero aparte de eso, Luka no percibía absolutamente nada de ella. Ni un solo acorde. Ni una nota. Nada.
Jamás le había ocurrido. Jamás había no sabido lo que pensar de una persona. Y eso lo ponía muy pero que muy nervioso.
—Oh, espero no haberte asustado —dijo la anciana, ampliando esa sonrisa afable.
«¿Tan transparente soy?», se preguntó Luka. Pero no contestó, así que ella continuó por su cuenta:
—Me gustaría que habláramos en privado. ¿Podrías acompañarme? —Le tendió un brazo en jarras a Luka, esperando que se enganchara de él y la siguiera.
Luka no lo hizo; en su lugar entornó los ojos y la miró con suspicacia. Luka sabía calar a las personas en cuestión de segundos, así que esa extraña lo estaba empujando a terreno desconocido.
La anciana asintió despacio.
—Lo entiendo. No confíes en extraños, ¿no es cierto? Los franceses sois muy precavidos —dijo, aunque el recelo de Luka no pareció molestarla—. Sin embargo, creo que Sass podría abogar a mi favor.
Nada más escuchar su propio nombre, Sass se deslizó desde el bolsillo en los pantalones de Luka hasta asomarse un poco por el cuello de la camiseta, lo suficiente como para que la extraña pudiera echarle un buen vistazo pero sin quedar lo suficientemente a la vista como para que cualquiera que pasara por allí pudiera verlo.
Luka lo miró a él y luego a la anciana, confuso pero no preocupado. Los kwamis no podían mostrarse a ningún humano que no fuera su portador a menos que ese humano fuera un Guardián o ya conociera la identidad del portador del miraculous.
Luka podría estar desprovisto del mejor de sus cinco sentidos, pero aún le quedaba el sentido común.
Esa señora conocía a Sass.
—¡Anciana! —exclamó Sass a modo de saludo—. Pensé que no volvería a verla.
La Anciana saludó al pequeño kwami con una leve reverencia. Sass correspondió con el mismo gesto.
—Yo también lo pensaba, viejo amigo. Pero aquí estamos. Ahora —Alzó la vista hacia Luka—, deseo hablar en privado con tu portador. Tengo la sospecha de que posee un don muy especial.
¿Quién recuerda al personaje de la Anciana?
