"El momento crucial"

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Izuku extiende las piernas estando al borde de una roca en la playa. Shouto lo acompaña. Han aprendido a estar en la compañía del otro, tratando cada vez menos de ocultarlo.

El fuego del sol quemaba el horizonte como lejía contra la suciedad. Ambos contemplaban el florecimiento del atardecer abrirse cual flor extender sus pétalos.

Descansaban tras haber corrido cinco kilómetros de extremo a extremo de la playa, y para reponer energías, se sentaron en las rocas a contemplar el sol ocultarse en el horizonte, bajo la brisa del mar que helaba como agujas picando la piel.

—¿Has pensado en qué universidad vas a entrar?—Había preguntado Izuku.

Shouto negó. —No me interesa pensar tanto en mi futuro—Su respuesta sonó seca. —El viejo quiere que ingrese a la de Tokio y mamá quiere que haga lo que yo quiera. No es que lo piense mucho, pero no quiero complicarme con esto— Pausó por unos segundos, alargando el silencio. Izuku centraba la vista en las olas chocar con las rocas, salpicando espuma de mar. No necesitaba ver a Shouto para saber qué expresión ponía. Una de molestia. —Y, ¿Tú, Midoriya?

—U.A.

—¿Por qué ahí?

—Porque todavía no sé qué quiero hacer de mi vida, a nivel profesional, digo. Sé que quiero ser un boxeador profesional, pero también necesitaré un trabajo más adelante, para mantenerme. No puedo depender del dinero de mi mamá todo el tiempo.

—En eso tienes razón. Elegir una profesión nos será de gran ayuda si planeamos ser boxeadores.

Izuku asintió.

El atardecer estaba en pleno ocaso desfilando sus extendidos rayos por lo lejos del mar. Izuku contemplaba con absoluta precisión el espectáculo, pues no sabía si tendría otras oportunidades para ver el atardecer en la flor de su juventud de la misma manera. No sabía si llegaría a odiar los atardeceres o a quererlos con la dedicación que se quiere a la persona que te gusta. Izuku no tenía esa certeza, por eso, disfrutaba con seriedad el lejano paisaje que se asentaba frente a sus ojos.

La preparatoria estaba a la vuelta de la esquina. Los estudios a punto de culminar. La universidad era una realidad más próxima que lejana. Eran demasiadas cosas que abrumaban a Izuku, que necesitaba un momento de tranquilidad para repensar el presente y afrontar el futuro con la mejor cara que podía poner.


En uno de esos días, Mitsuki le pidió que le dejara una taza de té verde a Katsuki, puesto a que hacía la cena.

Izuku, de buena fe, la ayudó. Fue a la habitación de Katsuki y Kota, quien este último se encontraba viendo la televisión con Masaru, por lo que Katsuki estaba solo.

Tocó la puerta, nervioso. Entrar a la habitación de Katsuki era toda una novedad.

—Pasa—Lo oyó decir inesperadamente tranquilo. Entonces fue que Katsuki giró la cabeza y lo vio entrar a su habitación con cara torpe. Katsuki frunció el gesto. —¿Qué haces aquí? ¿La bruja te pidió que me dejaras mi té?

—Sí. La tía me pidió que fuera a traerte la taza de té que le pediste.

Katsuki lo miró por fracción de un segundo y después asintió. —Anda. Pasa, idiota.

Izuku apresuró el paso y le entregó la taza humeante con cuidado de no causar un accidente con la torpeza de sus manos. Sus ojos advirtieron la libreta de inglés del rubio y no pudo evitar sonreír.

—¿Mirabas tus notas?—Interrogó sin poder ocultar su alegría.

—No mires las cosas de alguien más.

—Lo siento. Pero no pude apartar la vista de lo que tenías en tu escritorio—Katsuki le restregó una cara de fastidio, a lo que Izuku con cierta torpeza explicó—: Lo que quiero decir es que me imagino que estás estudiando para los exámenes finales.

—Yo no estudio.

—Entonces, si no es inoportuno de mi parte, ¿Qué era lo que hacías?

—No me hables tan formal, idiota. Solo estaba viendo mis notas para la universidad.

—Oh…la universidad—Una sonrisa amplia se dibujó en sus labios. —Eso quiere decir que ya sabes que quieres estudiar.

—Nunca dije eso.

—¿No sabes lo que quieres estudiar, Kacchan?

—Eso no es asunto tuyo.

—Bueno, me gustaría saber a qué te quieres dedicar. Es importante tener una carrera, porque te pueden garantizar un mejor trabajo en el futuro.

—¿Y tú quieres eso?

—¿Yo?— Pestañeó. ¿Acaso Katsuki estaba dispuesto a abrirse un poco con él? No desaprovecharía esa valiosa oportunidad. —Sí, sí quiero eso. Me gustaría tener un trabajo para poderme mantener mientras me dedico al boxeo— Al verlo poner en duda lo que mencionaba, añadió—: Además, es bueno ir a la universidad, porque conoces a muchas personas con las que puedes trabajar y crecer, personas en las que te puedes apoyar. Ahí descubrirás quién eres, tanto tus limitaciones como tus habilidades.

—Hmm— Cabeceó cavilando.

—Podrás descubrir nuevos retos, adquirir independencia y autonomía, hacer nuevas amistades.

—Eres increíble— Irrumpió parando a Izuku, que se sorprendió por aquello.

—¿Eh?

—Yo no sé qué quiero hacer de mi vida— Confesó con la cabeza encorvada. Se miraba vulnerable. —Creí que no necesitaba ir a la universidad si era inteligente. Que podía estudiar lo que quisiera sin necesidad de que me lo enseñara un maestro. Siempre ha sido así para mi.

—¿No te has puesto a pensar que si vas con la mente en blanco a la escuela, podrías sorprenderte de lo que no sabes?

Katsuki abrió ligeramente los ojos, mirándose muy tomado por sorpresa. Negó.

—Podrías ir a la universidad teniendo eso en mente.

—No soy como tú—Sentenció.—No soy idiota ni un perdedor que va en la peor clase de la escuela. Soy el mejor.

—Puede ser que eso es lo que todos te han hecho creer— Se aventuró en decir. Katsuki se miró ofendido. —Porque no creo que soy un perdedor. Ya te lo he demostrado.

—Eso no fue lo que quise decir.

—Pero lo dijiste.

Katsuki guardó silencio.

—Sé que no me quieres— Aseveró consciente de sí mismo. —Pero no porque no me quieras voy a rendirme. Es lo mismo. Tampoco te agobies con mis sentimientos y con lo que te dije respecto a la universidad. Tu decides qué hacer con tu vida, nadie más que tú te conoces—Se atrevió a pasar la palma de su mano sobre esos mechones rubios de color dorado despampanante. —Confía en ti.

Katsuki se crispó bajo su toque, tensando cada milímetro de su cuerpo. El rubio le asestó un manotazo.—¡No me toques!—Rugió. —Soy mejor que tú en todo. Jamás vas a tener lo que yo tengo. No te atrevas a meternos en la misma página, bastardo.

—Kacchan.

—¡Jódete por compararnos, idiota!—Vociferó.—¡Ahora, lárgate!

—Está bien— Accedió Izuku de mejor actitud de la que esperaba. —No te molestaré más con eso. Te dejaré solo si eso es lo que quieres.

E Izuku se marchó con la frente erguida, dejando a un Katsuki enmudecido y con las orbes fuera de sus cuencas.


—¡Dicen que si una pareja se besa el día de graduación estarán juntos para siempre!— Uraraka le contaba a Izuku e Iida mientras subían las escaleras rumbo al aula.

Izuku abrió la boca, ojiabierto.

—¿Un beso? ¿Estás segura?

—Midoriya, eres muy ingenuo al creer que un minúsculo beso tenga semejante efecto. Es obvio que no se dará el milagro que tu esperas con Bakugo.

—Iida, no le digas eso—Regañó su amiga, frunciendo el ceño. —Deku-kun puede tener su primer beso con Bakugo. ¿No has visto que lo tolera más?

—No he visto nada parecido. Lo único que he visto desde el incidente de la carta es cómo Bakugo hace a Midoriya a un lado cada que lo ve.

Izuku hizo una mueca triste.

Uraraka tomó a Izuku del brazo con ambas manos. —Para el recuerdo de la ceremonia de graduación, ten tu primer beso con Bakugo.

—¡¿Yo?!— Se ruborizó. —¡No puedo hacer eso!

Pensar en la mera posibilidad de que eso pasara era muy íntimo. El rubio aún le profería odio y desdén. Es claro que un beso entre ellos no se daría.

—Vamos, Deku-kun. Confía en ti. Imagínate— Su amiga desplegó sus brazos en el aire con gesto radiante. —Un beso entre ustedes dos al final de la graduación.

Izuku se sonrojó, sonriendo ligeramente.

—Es irresponsable de tu parte decirle eso a Midoriya, si no se puede obligar a alguien a besar a una persona que no quieren.

—Eso es cruel— Sentenció Uraraka, haciendo un mohín.

—No, si Bakugo realmente quisiera a Midoriya, lo cual no es verdad, aunque duela.

—Tienes razón— Admitió Izuku con pesar. —Kacchan no me quiere y no puedo obligarlo a que me bese el día de graduación. No es justo para él y para mi tampoco.

—Esa es la actitud— Celebró Iida.

—Dices eso porque estás de acuerdo con que Deku-kun salga con Kirishima—Acusó la castaña.

—¿Y qué si los apoyo?— Bufó el de lentes. —Él trata mejor a Midoriya que todos en el salón. Le ha sido fiel desde el primer año. Además, ha ido a todas sus peleas. ¿Cuándo has visto que Bakugo vaya a ver una de las peleas de Midoriya?— Al silencio de la castaña y de Izuku, dijo—: Ese es mi punto.

—Entiendo tu punto— Replicó la castaña. —Sin embargo, no podemos dar por hecho los sentimientos de Bakugo.

—En efecto, claro que no—Concordó Iida. —Desconocemos los detalles que respectan los sentimientos de Bakugo y como la situación nos da a entender, podemos esperar cualquier cosa del genio de la clase A.

La castaña asintió y los dos se adelantaron al aula, dejando a Izuku ensimismado en sus pensamientos. Se sentía extraño consigo mismo, pues no quería hacerse ilusiones con Katsuki, luego de las cosas por las que ambos han pasado y por la falta de interés que el rubio demuestra con él.

Katsuki no lo incita a persistir. Lo incita a desistir.

Sin embargo, nadie le prohibía que imaginarse cómo podría darse su primer beso no lo hacía sonrojar hasta las entrañas, ya que le quedaba muy claro que imaginárselo jamás podría asemejarse a la realidad y debía conformarse con el poder de su imaginación para sentirlo unos segundos antes de que todo se esfumara en su mente.

No obstante, mientras visualizaba ese momento inmaculado, sonreía bobamente sin notar las miradas de extrañeza que los estudiantes posaban sobre él.

«Sería maravilloso tener mi primer beso con Kacchan» Pensaba. Sus mejillas indudablemente se inundaron de un matiz rojizo que aliso el tinte blanco e iluminado de su tez. «Sería maravilloso si tan sólo Kacchan no me odiara» Su entrecejo se apabulló, surgiendo un mohín de sus labios, enfurruñado.

El tren de sus pensamientos no siempre lo llevaba por un camino agradable.


—Kirishima lleva varios días sin venir a la escuela— Dijo Iida, el representante de la clase F.

—Me pregunto si estará bien— Suspiró Uraraka, preocupada. —Kirishima nunca ha faltado en los tres años que de clases.

Kaminari y Sero se unieron a su grupo, que observaban el pupitre vacío del pelirrojo.

—¿Ustedes no saben porqué ha faltado Kirishima?— Los interrogó Iida.

Ambos negaron.

—Lo único que nos dijo es que necesitaba un tiempo a solas después del pleito que tuvo con Bakugo— Comentó Kaminari.

Los tres se giraron a ver al rubio con gesto boquiabierto.

—¿Se pelearon?— Hubo una nota de mortificación en Izuku. No tenía idea de que se habían peleado.

Sero asintió, seguido por Kaminari, que dijo—: Se pelearon por el descuido de Bakugo.

—Bueno, no le diría descuido—Intervino Sero, meditabundo. —Más bien, diría que Kirishima se molestó con Bakugo porque cree que él fue la causa de tu apendicitis.

—Ambos pelearon y fue un caos.

Miraron a Izuku con cierta reticencia, que él bajó la cabeza, sintiéndose terriblemente avergonzado por la situación que su condición desencadenó en otras personas, que eran considerados amigos.

Se sintió mal por ser el causante de que dicha amistas se resquebrajara.

—Así que lo mejor es que tu hables con él y lo convenzas de regresar antes de que sea la graduación— Increpó Kaminari, en tono persuasivo.

—Pensamos que es lo correcto—Coincidió Sero, afirmando con la cabeza.

—Lo correcto sería que yo hablara con él, dada a mi posición como representante de la clase F—Objetó Iida, removiendo sus lentes.

—Midoriya es quien debe hablar con él— Opuso Kaminari.

—Es mi deb-

—Iida-kun—Irrumpió Uraraka, agarrándolo del brazo para que éste se hiciera a un lado. —Deberías escuchar lo que dicen tus compañeros. Deku-kun es la persona indicada para hablar con Kirishima antes de que acabe el ciclo escolar.

Los amigos de Kirishima concordaron con su amiga. Entretanto, Izuku estaba procesando todo lo dicho, asimilando que posiblemente Kirishima malinterpretó su malestar, culpando a Katsuki de ser el origen de ello.

—Lo haré—Habló Izuku, de golpe. —Hablaré con él.

Las cinco cabezas que lo rodeaban se giraron a verle. Las mejillas de Izuku inevitablemente se tornaron rojizas. Su mente discrepó de ser observado con tanto énfasis que llegaba a moverle el piso del bochorno.

Unas sonrisas se formaron en los amigos inseparables del pelirrojo, siendo imitados por los suyos. Iida por fin había cedido a su orgullo de ser el representante de la clase y le cedía la tarea de persuadir a Kirishima.

Izuku quiso mostrarse tan seguro como su voz acaparó la atención de sus amigos, mas las ansias de fallar en el proceso lo sobrepasaron.

Lo único que podía esperar de todo esto es hacerlo funcionar.


Encontró a Kirishima sentado en la ventana del café al que solía ir.

Sin avisarle, tomó asiento frente a él, sobresaltándolo por la rapidez de su movimiento, carente de ruido.

—Midoriya— Pronunció estupefacto. Sus ojos lo escudriñaron sorprendidos. Izuku tragó saliva en instinto reflejo de mantenerse sereno, pese a estar al borde de colapsar de los nervios. —¿Qué haces aquí? Espera— Movió la cabeza de una rápida sacudida. —Olvídalo. Sé cómo me encontraste. No hace falta que me lo digas.

Izuku dio un breve asentimiento, apretando ligeramente los labios. La quietud de sus movimientos delimitaban su posición tan rígida como callada. Acomodó sus manos de modo que estuvieran entrelazadas en un puño, frotándose con fuerza y consistencia.

Tragó saliva por segunda ocasión. —Vine porque los demás, incluyéndome, estamos preocupados por que no haz venido a la escuela. La graduación está muy cerca y te necesitamos. No será divertido graduarse si no estás ahí.

Si Kirishima estaba estupefacto, ahora estaba echo piedra.

Esto le dio valor a Izuku de seguir hablando—: A decir verdad, entiendo que te hayas peleado con Kacchan por lo que pasó conmigo. Pero el doctor dijo que esto no tenía qué ver con los malos ratos que me ha dado Kacchan. Lo juro. Es- es por una condición de salud que afortunadamente no me detendrá de perseguir mi sueño. Así que no quiero que te preocupes por eso o que busques culpables a raíz de mi.

—Midoriya—Interrumpió, poniendo ambas manos como barrera entre ambos. Izuku abrió los párpados, y asiente. —No me peleé con Bakugo por la apendicitis.

—Entonces, ¿Por qué?

—Porque estaba harto de cómo te trataba— Su semblante se tornó serio. —Entiendo que no te quieres rendir, porque así eres tú. Pero las cosas que te dice, como te mira, como se dirige a ti como si no le importaras… me hizo hervir por dentro—Empuñó ambas manos, temblando por la presión.— Eso que hace no es varonil. ¡No lo es! ¿Cómo puede tratarte así si eres tan lindo? Tus sentimientos no le hacen daño a nadie. Cómo podrían hacerlo si eres tan gentil, tan encantador, tan dedicado, tan maravilloso. Es imperdonable que te haga llorar y que te trate como basura si eres más valioso que cualquiera.

Los ojos de Izuku se humedecieron, conmovidos.

—Además, desde que llegué aquí, siempre pensé que lograría cosas grandes—Admitió con cierto coraje contra sí mismo, más que por Katsuki. —Y no he logrado nada.

—¿Qué quieres decir con 'cosas grandes'?— Interrogó sonriendo amablemente.

—Bueno, solo se tiene una vida que vivir— Explicó, llevando su cabeza hacia el respaldo del booth. —A pesar de que no entré a U.A. tenía en mente casarme y tener una buena pareja.

Izuku asintió.

—Cuando hablo de pareja, me imaginaba a una mujer—Aclaró. —Porque no contemplaba enamorarme de ti—Indudablemente, Izuku ruborizó. —Pero… ya me enamoré de ti. Y lo que más me gustaría es que tuvieras todo lo que tú quieras, porque te lo mereces, Midoriya. Te mereces amor, aunque digas que ya lo tengas de parte de tus amigos y de tu mamá, pero yo…—Llevó una mano a su pecho. —Yo quisiera ser tu pareja. Es un deseo, lo sé. Sé que no me quieres. También quisiera triunfar en mi vida, individualmente, claro. Y cuando llegue ese día, quiero que me mires.

Izuku abrió los ojos, sorprendido.

—No como tu amigo, sino como un hombre que te quiere. Alguien que realmente te quiere— Sus ojos se iluminaron fugazmente, reflejando las puertas de su corazón con sus palabras.

Izuku se estremeció.

—Kirishima…— Sus ojos cristalizaron.

—Lamento hacerte escuchar este lado de mi tan…—Se cortó sin poder hallar una palabra que describiera lo que intentaba decir.

—No, Kirishima— Opuso. —No lamentes que haya escuchado otro lado de ti que es vulnerable. Yo también soy vulnerable— Puso una mano en su pecho, acompañando el sentimiento por el que su amigo pasaba. Izuku buscaba transmitir lo que no podía hacer con acciones en palabras. —Y lo demuestro todo el tiempo. No me da vergüenza ser vulnerable y tú tampoco debes sentir vergüenza o enojo por mostrarte vulnerable. Eso demuestra que eres una persona gentil.

El pelirrojo puso gesto conmovido por la solemnidad con que Izuku buscó transmitir su mensaje con la mejor intención posible, porque le dolía ver a su amigo decaído por algo que no tenía la culpa. En realidad, nadie la tenía.

—Tienes razón— Exhaló con contundencia en su voz. Se mordió el labio inferior, dirigiendo su vista hacia la calle. —Es poco varonil no mostrarte que puedo ser vulnerable.

—Sí, no tengas miedo de mostrarme ese lado de ti, eso dice que eres una persona gentil y bondadosa—Sonrió, exudando el máximo de confianza que podía transmitirle al pelirrojo, quien al ver su sonrisa, la devolvió con el mismo entusiasmo que la suya.

De pronto, su semblante cambió, tornándose muy oscuro.

—Midoriya— Sintió escalofríos con el imponente tono de su voz. —Hay algo que te he querido decir, pero no he tenido la oportunidad de hacerlo.

—¿Qué es?—Susurró con ojos desorbitados y el aliento cortado.

—Acércate— Indicó con la mano.

Izuku alzó las cejas, asombrado, pero obedeció. Sentado a lado de Kirishima en el booth, pudo sentir la tensión de sus músculos. Inconscientemente, apretó la quijada, forzando a sus dientes a colisionar.

—Has conocido a Kota, ¿verdad?

Asintió.

—Cuando llegaste a la casa de Bakugo, pensabas que era hijo único, ¿No es así?

Volvió a asentir.

No entendía la dirección de la pregunta, o en su caso, el cambio radical de sus emociones viéndose reflejadas en su rostro.

—Estuviste en lo correcto.

—¿Qué?—Balbuceó.

—Kota no es un Bakugo— Expuso. —Es adoptado.

Le tomaron minutos recomponerse de semejante revelación, puesto a que no esperaba enterarse de tal cosa. Nadie en la familia Bakugo le dijo nada.

—La señora Bakugo, como sabes, es diseñadora. Un día las tías de Kota solicitaron ayuda de la señora Bakugo para que diseñara su nueva casa. En el proceso se dio cuenta de la existencia de Kota, que resulta ser que vivía con sus tías porque sus padres fallecieron en el trabajo.

—¡¿Qué?!— Exclamó. —¿Sus…sus padres fallecieron?

Kirishima asintió con semblante pétreo. —Sí, eran boxeadores. Ambos murieron en el trabajo. Eran demasiado buenos que suscitaron la envidia de los demás peleadores, per como trabajaban de policías, los mandaron matara antes de que fuera la fecha de la pelea de cada uno (peleaban a una semana de diferencia).

Izuku estaba estupefacto. —No… no sabía eso— El vasto color que acaparaba sus mejillas se extinguió en un pálido color tan blanco como la porcelana.

—Me imaginé que no te lo dirían—Exhaló destensando su cuerpo de la previa tensión que lo sucumbía. —Es un tema bastante delicado. Los Bakugo no suelen hablar de eso; en especial, Bakugo. Aunque no le afecta—Aclaró de pronto. —Digo, he hablado con él muchas veces sobre el tema y siempre llega a la conclusión de que no le afecta tener un hermano. Lo que sí le molesta es que Kota lo quiere imitar todo el tiempo. Bakugo quiere que él tenga su propia autonomía y que no busque replicarlo cada vez que Bakugo tenga un logro o haga algo distintivo.

—Ya veo…

—Y yo creo que Kota es indiferente a ti, por el tema del boxeo.

Izuku agachó la mirada, clavando sus grandes orbes en las palmas de sus manos. Se imaginó que Kota lo odiaba por otras razones y no por lo que Kirishima estaba revelando; no obstante, entendía mejor la razón de su indiferencia para con él, misma que en ocasiones lo desilusionaba al creerse poco valioso en la vida del chico.

Ahora, comprendía que tal vez no sea así. Y eso, en cierta forma, lo ilusiona. Suelta un suspiro aliviado, exudando la calma que arrebolaba sus mejillas.

Asintió, haciéndole saber a Kirishima que procesaba bien la situación, que la entendía.

Izuku había vivido momentos muy difíciles, que podía sentir el dolor de Kota en gran medida; quizá no lograría en el futuro próximo entender a Katsuki, pero a Kota sí. Y podría acercarse al chico luego de la graduación.

Esa sería un buen objetivo durante las vacaciones.

—Me alegra que lo entiendas— Comentó el pelirrojo.

—Sí— En un arrebato, recostó su cabeza en el hombro ancho de su amigo, quien al percatarse de su repentina cercanía, no reparó en el inmenso rubor que desencadenó en su físico. Izuku se hallaba en un estado de suma cavilación, buscando el apoyo de alguien en quien confiaba. Y Kirishima era precisamente eso.

Pese a ello, suspiraba por la boca, bajando los hombros y relajando los músculos del torso. El calor próximo de su amigo aumentaba los ánimos de Izuku. —¿Kirishima?— Dijo de pronto.

—¿Hm?—Lo oyó asentir.

—No te preocupes por que todavía no hayas logrado las cosas grandes que dijiste que harías. Habrá tiempo para hacerlo. De eso, estoy seguro.

—Sí—Afirmó con una voz varonil. El tono que solía usar cuando una situación lo motivaba. —Mientras te tenga cerca sé que podré lograr lo que me proponga.

Ambos sonrieron, por la conexión que sentía recién descubierta con los Bakugo y con Kirishima.


—Sonríe más, Izuku.

—¿Así?— Izuku sonrió posando en el sillón de una persona de la sala.

—Ahora, mira al otro lado y sonríe.

Era el día de graduación e Izuku posaba en la sala desde la mañana después del desayuno a petición de Mitsuki.

—Te miras muy guapo hoy, Izuku— Elogiaba Mitsuki.

—G-gracias— Replicó modesto. Los elogios no eran muy comunes en su día a día y recibirlos era un acto genuino, extraño. El sentimiento que le dejaba era sublime.

—Izuku siempre se ha visto muy guapo— Dijo su madre entre hipidos. Su madre llevaba toda la mañana llorando por su graduación. —Todavía no creo que este día haya llegado. Estoy tan orgullosa de mi bebé.

—Mamá…— Murmuró Izuku, avergonzado.

—Qué desperdicio tomar fotos— Irrumpió Katsuki, bajando las escaleras con paso firme. —Es sólo la graduación—Bufó.

—¡Claro que no, mocoso malcriado!— Refunfuñó Mitsuki, fulminando a su hijo con la mirada.

—Por favor, cálmense. Las graduaciones son sólo una vez— Dijo Masaru, tratando de calmar las aguas tormentosas que se formaban cuando Mitsuki y Katsuki discutían.

—¿Cuántas veces te vas a graduar de la prepa? ¿Eh, mocoso?— Coincidió Mitsuki, centrando el lente de la cámara al rubio, quien inmediatamente tornó su expresión a una pétrea combinado con su mirada retadora.

—Me voy— Gesticuló fríamente, sin mirar a Izuku, observarlo con ojos tímidos.

—¡Espérame, Kacchan!— Agarró su mochila, se despidió de su madre y los Bakugo y salió corriendo tras la puerta. —¡Voy contigo!

En el camino a la escuela, Izuku avanzaba a dos metros de distancia de Katsuki. Su melena rubia brillaba bajo los rayos luminosos del sol, empapando la imagen sublime de Katsuki. Quiso acercarse. Aceleró los pies, colocándose discretamente a un lado de éste. Una sonrisa en forma de mueca, debido a los nervios acaparaba sus labios. El surco de sus cejas era una fina línea que exclamaba gozoso de poder caminar, aunque sea con discreción, a lado de Katsuki.

Ni un día desde que vivían en la misma casa pensó que tal hecho se daría.

Advirtió a Katsuki mirarle por el rabillo del ojo y girar la cabeza hacia el frente en un claro dejo de fastidio. Un gruñido salió desde el fondo de su garganta.

—Pensaba que podíamos caminar juntos en nuestro último día de clases— Aclaró Izuku. —No sabemos si en la universidad se pueda dar.

—O si yo quiero que se dé— Dio un respingo. Pero no lo quitó de su posición. Era un avance.

Izuku sonrió ilusionado por no recibir un rechazo de su parte.


Sus ojos avisaron a Kirishima sentado en su pupitre.

Una sonrisa aliviada surgió de sus labios y corrió hacia él. Sus pómulos sonrosados matizaron el suave color de sus mejillas arrebolados.

—¡Kirishima! Viniste.

—Claro que sí, hombre. Cómo faltar a la graduación. No te dejaría solo—Sonrió mostrando sus dientes afilados.

—¡Así se habla, bro!— Apareció Kaminari detrás de él.

—Si no venías te íbamos a golpear—Le siguió Sero.

—Vine porque Midoriya me lo pidió— Dijo eso mientras se levantaba de la silla y rodeaba a Izuku con su brazo en señal de confidencia. La cara de Izuku se encendió en un nítido rubor, a raíz de la vergüenza de ser el centro de atención de su círculo amistoso. —Además de que no quería perderme mi graduación, hombre.

Sus amigos celebraron lo anteriormente mencionado, el pelirrojo seguía abrazándose de Izuku, quien sentía su pulso acelerado por la aparente cercanía del contrario. El calor abrasador de su cuerpo pegado al suyo acrecentaba los feroces latidos que rugían desde las prominencias de su pecho.

Su cerebro desencadenaba alarmas de emergencia por la explosiva situación en la que se encontraba por el inmenso cariño del pelirrojo.

Si bien, Izuku no era intolerante del calor de sus amigos, mas le resultaba incomprensible la ferocidad con que Kirishima lograba sostenerlo frente a los demás; además de la carencia de pudor de mostrar su amor por él abiertamente, lo cual era una situación muy similar a la suya, puesto a que Izuku no temía mostrar su amor por Katsuki.

—Los veo muy juntitos— Canturreó Kaminari haciendo ojitos. Sero lo imitaba. Izuku percibió su cara estar en llamas. Kirishima lo apretó contra su costado, sonriendo ampliamente.

—Nos amigamos el otro día— Dijo.—Me convenció a que viniera.

Izuku asintió.

—Es bueno que hayas venido— Surgió Iida.—Sino, hubieras dejado a Midoriya a que recogiera los certificados solo.

—Jamás abandonaría a Midoriya— Declaró. Lo sostuvo muy aferrado a su costado, lo cual incrementó el aspecto cocinado de sus mejillas a punto de hervir. Izuku estaba invadido de sentimientos encontrados con relación a su amigo, pues la confianza con que expresaba sus deseos sin restringirse de ello y abrir la boca para decir las cosas que transcurrían por su mente, afloraban el sentimiento desenfadado con que permitía los límites de su confianza a ojos de los demás. —Somos los representantes de la clase F.

—Es muy responsable de tu parte demostrar tu interés por este día tan importante— Refirió Iida. Esto sacó una sonrisa dientona del pelirrojo, soltando a Izuku de su agarre y plantando sus manos en la base del pupitre, mostrando sus alargados y tonificados brazos con la ligera tensión en aquellos músculos anchos y prominentes. Izuku no lograba tener sus músculos tan prominentes como los suyos, dado al peso que debía estar.

—Espero que Deku-kun no se caiga cuando recoja los certificados— Voceó Uraraka, apareciendo entre ellos con aire divertido.

Izuku se coloró de la vergüenzas, pues sabía que algunas veces podía ser torpe cuando estaba nervioso o siendo observado por muchas personas a la vez.

—No creo que Midoriya se caiga—Adujo Iida, muy recto. —Kirishima lo sostendrá si se cae.

—Por supuesto— Afirmó el pelirrojo.—No dejaría que Midoriya pase por una vergüenza en la ceremonia.

Izuku dio un breve asentimiento, mordiéndose el labio inferior con aparente interés en la conversación.

Esperaba que la ceremonia fuera un evento memorable que recordaría como agradable.


Izuku emulaba un aire de nostalgia viendo la graduación dar rienda suelta frente a sus ojos. Grababa efusivamente tras sus pupilas el andar de Katsuki cuando lo nombraron a dar el discurso de clausura del evento. El rubio se trasladó en la mitad de la fila extendiendo la longitud de sus piernas conforme desplegaba su figura pulcra, imperante, segura. Sus ojos irradiaban una calma que rayaba en la seriedad inminente, en la carencia de emoción que le dejaba terminar la preparatoria.

Sin embargo, Izuku lo contemplaba, recordando la primera vez en que sus ojos divisaron su figura e hicieron su corazón latir aceleradamente, y su cerebro se desconectó de la realidad en los minutos en que Katsuki recitó su discurso.

Tras terminar de recitar, Izuku no precisó en qué momento era su turno de pasar a recoger los certificados, dándose cuenta de ello cuando Kirishima lo agarró del brazo y lo guió por el camino, luego de soltarlo.

Asimiló el panorama en cuanto avanzó erguido, la cabeza recta, los brazos tiesos a sus costados, los movimientos estáticos de sus extremidades tallaban la tela de su saco y sus pantalones recordándole dónde estaba, qué hacía, qué haría.

Una vez llegando al estrado, el director del instituto le entregó los certificados de sus compañeros, que recibieron amablemente. De pronto, Kirishima lo sorprendió chocando hombros con él accidentalmente, así provocando que Izuku tropezara en la mitad de las escaleras con todo y los certificados saliéndosele de las manos.

Izuku cayó de boca, estrellando su cara contra el suelo de madera. El sonido del impacto lo hizo levantarse al instante en que su cara chocó contra el piso. Llevó ambas manos a cubrir su nariz, que para esos momentos sabía que estaba roja. Le ardía. Pero no le ardía tanto como ver la cara desaprobadora de Katsuki dirigida a él. Los rasgos bruscos de sus cejas fruncidas mezclado con la oscuridad de sus ojos rojos teñían todo aquello que observaba.

«No llores» Se recordó justo cuando sus ojos se empañaron y la vista se tornó borrosa.

Vio a Katsuki esbozar una mueca indiferente combinada por el movimiento desinteresado de sus cejas.

—¡Midoriya!— Exclamó Kirishima, dispuesto a auxiliarlo. —¡Lo siento! ¿Estás bien? Deja te ayudo a levantarte. ¡Ah! Tu nariz está roja. Perdóname.

—Está bien— Aseguró, asintiendo rápidamente. Ambos recogieron presurosamente los certificados, e Izuku escuchaba los vestigios de las risas aplastar sus tímpanos, las miradas fijadas en él en tonos burlescos que apabullaban su autoestima.

—¿Seguro que estás bien?

Izuku asintió sin dar indicios de que estaba bien, porque no lo estaba. La manera en la que la situación se dio fue demasiado bochornosa que él no acababa de procesar el inmenso peso que las burlas dejaban en el núcleo de su memoria.

Por un instante deseó desaparecer de ahí a raíz del conflicto consigo mismo frente a los demás. En especial, de Katsuki. Su mueca iba agrandándose conforme las risas del exterior prolongaban el sonido que retumbaba a lo largo del auditorio.

Kirishima se apresuró en tomarlo del brazo y guiarlo hasta la silla y sentarlo con tal de que las risas cesaran, pero pasaron varios minutos hasta que los ruidos se extinguieran.

Sin embargo, la ceremonia transcurrió sin percances y sin interrupciones. A la salida, Mitsuki lo abordó con su cámara y las lágrimas de su madre.

Izuku sonrió en las fotografías. Sus amigos lo acompañaron en el escenario, su madre sollozando.

No obstante, mientras Mitsuki repasaba entre las fotografías, animadamente.

—Izuku— Le dijo.

Asintió acercándose.

—¿No le darás a Katsuki tu segundo botón?

—¿Eh?

—Tú segundo botón—Repitió. —¿Se lo darás a Katsuki?— Izuku ruborizó. —O ¿Le pedirás que te lo dé?

Él pestañeó, abriendo ligeramente la boca, la vergüenza surcó en su rostro. Acaso Mitsuki lo estaba insinuando a que le diera su segundo botón a Katsuki, pero él no contaba con dárselo todavía, debido a las múltiples fricciones que ha tenido con el rubio. Mas no descartaba la posibilidad de darle esa zona de su uniforme como parte de su afecto. Si Izuku ya tenía claro que no se rendiría, porque Katsuki conformaba la raíz de su cariño desmesurado.

Ruborizado, afirmó que le daría su botón a Katsuki.

—Tienes mi apoyo— Apoyó Mitsuki, con el pulgar alzado. —Katsuki tendrá que ver lo maravilloso que eres un día de estos.

—Gracias— Sonrió tímido.

—¿Le darás tu botón a Bakugo-kun?— Uraraka salió a su lado e Iida del otro.

—Es atrevido hacerlo.

—Aunque sea atrevido hacerlo, Deku-kun tiene que intentarlo.

—No, sino se encuentra listo para hacerlo, ¿Verdad Midoriya?

Izuku asintió. El valor que tenía en esos momentos lo ayudaría a sobrellevar el nuevo objetivo de darle a Katsuki una demostración más palpable de su afecto.

Tragó saliva preparado para llevar a cabo su misión autoimpuesta. Se dijo que lo haría bien, que le haría saber a Katsuki que no se rendiría aunque lo rechazara mil veces (al menos en el presente). Con expresión determinada, partió rumbo a hablar con Katsuki, siendo apoyado por sus amigos, quienes le dijeron que encarara la situación de frente.

—Sé valiente, Izuku—Dijo Mitsuki al último.

No tardó mucho en encontrarlo, puesto a que era el centro de atención de una docena de chicas que le pedían su segundo botón, donde claramente Katsuki rechazaba cada vez que una chica diferente le hacía la misma pregunta. Izuku vio el gesto de enfado del rubio y por un instante desistió de su labor, pero decidido a dar sus sentimientos a conocer de una manera más formal que las ocasiones anteriores, caminó con la frente en alto y semblante determinado abriéndose paso por el gentío. Inspiró y exhaló. Debía respirar tranquilo, pausado. Relajó los músculos que ataban sus movimientos y los volvían estáticos como una piedra.

Katsuki lo divisó acercarse, y esbozando una mueca de pocos amigos, continuó viéndolo sin quitarle el ojo de encima. Eso era algo bueno (se decía), pues no obtendría un rechazo inmediato.

Las chicas abrieron los ojos al verlo interponerse entre ellas y Katsuki, mostrándose imponente entre ellas, debido a su altura ligeramente prominente, pues Izuku no era tan alto como para abarcar todo el panorama.

«¿Qué hace el de la clase F ahí?» Oyó decir.

«¿Aún no se ha rendido? ¿Es idiota o qué?»

Paladeó sus labios, remojándolos. El miedo a no decir las palabras adecuadas lo dejaba con los labios secos y un dejo de preocupación matizando el brillo de sus ojos. Necesitaba concentrarse.

Inspiró hondo y exhaló el aire tenso proveniente de la tempestad ocurrida en su cuerpo.

—¿Puedo hablar contigo en privado, Kacchan?— Exteriorizó un poco más rápido de lo esperado. En su mente sonaba muy elegante su propuesta, pero de sus labios salieron sus inseguridades.

Katsuki ladeó la cabeza en gesto arrogante. Sus labios formaron una mueca sarcástica, como si se burlara de él. De pronto, asintió.

Animado por su respuesta, apresuró el paso, siguiendo la melena rubia en medio del gentío. Katsuki detuvo la marcha llegando a un punto donde el alumnado no acaparaba todo el espacio y las voces se podían distinguir claras como el agua.

Katsuki metió ambas manos en los bolsillos, separando las piernas adoptando una postura segura.

Izuku se vio palidecer en cuestión de segundos. Se le olvidaron las palabras y el orden en que las diría. Su cerebro hizo cortocircuito desconectando los cables que lo hacían funcionar correctamente, asimismo perdiendo la noción de sus pensamientos en el tiempo presente. Sólo concebía que la persona que tenía al frente era quien lo llevaba a esos extremos de su existencia donde la razón carecía de importancia.

—¿Qué quieres?

Izuku apretó la quijada tan fuerte que oía el crujido de sus dientes. Se advertía explotar en ese mismísimo instante.

Katsuki arrugó las cejas.

De un arrebato, Izuku arrancó el segundo botón de su traje y empuñando la mano entre el objeto lo extendió a Katsuki. Tragó saliva.

—Por favor, acepta mi botón como símbolo de mi amor por ti— Ofreció.

—¿Hah?— Murmuró como si sacara el aire arraigado en sus pulmones de un tajo brusco.

Sentía las palpitaciones aplastarlo contra el suelo. —También me gustaría tener tu segundo botón. Por eso te ofrezco el mío con todo mi corazón—Acercó el botón abriendo la mano para que éste pudiera tener un vistazo.

Aguardó pacientemente, pese a los temblores emergentes de su cuerpo.

«Por favor di que sí, di que sí, di que sí, di que sí» Suplicaba.

—No lo quiero— Rechazó.

El balde de agua fría cayó sobre su cabeza, helando sus pensamientos.

Tardó un segundo en procesarlo.

—¿Eh?

Alzó la vista, desencajado.

Katsuki frunció todo el rostro.

—No quiero tu estúpido botón.

—¿C-cómo…?

El botón aún estaba en su palma, pegado como si tuviera pegamento. La mera sensación distorsionaba sus sentidos, los cuales estaban a punto de estallar.

—No aceptaré tu ridículo botón, Deku.

—Kacchan—Exhaló, su expresión rota, así como su corazón.

Katsuki puso cara de sarcasmo y se marchó, dejando a Izuku con el botón colgando en su mano y sus sentimientos desplomados por el suelo.

¿En verdad creyó que aceptaría la demostración de sus sentimientos sin herirlos? Claro que no.

Cerró los párpados, apretándolos tanto que veía oscuridad absoluta. Tener esperanzas por formar parte del universo de Katsuki era tan vacío como pensar que sabría cuál carrera estudiar.

Patético.

Rastros de lágrimas amargas bañaron su piel, impregnando la alisada textura dude sus pómulos redondos. Advertía quebrarse en pedazos como estar desangrarse en medio del mar; deliberante y agravante.

Los vestigios de las frases dichas por Katsuki amortiguaron hondo y duro contra su frágil corazón que sangraba profusamente.

—Midoriya.

Esa voz. Lo templada y aterciopelada detuvo el torrente de sus lágrimas. Se volteó.

—To-Todoroki-kun— Pronunció ojiabierto. —¿Qué haces aquí?

—El viejo te vio y quiere tomarnos una foto juntos— Anunció. —Digo, si no quieres, está bien. Estás llorando y sé que es por Bakugo.

—¿Foto? ¿Nosotros?—Articuló, calmando sus lágrimas. Los rastros líquidos se fundieron en las células de su piel. El bicolor plasmaba sus suaves ojos sobre él aguardando a su respuesta. —Claro— Se limpió la cara con los antebrazos. —Una foto, sí, no está mal— Izuku metió el botón en el bolsillo de su traje.

—Bien. Le diré al viejo y a mis hermanos.

—¿Vinieron tus hermanos?

—Sí, quisieron venir— Giró su cuerpo, otorgándole una vista de su cabeza ladeada.—¿Vamos?

Izuku asintió, yendo tras él. Sabía que había quedado con Shouto de no contarle a nadie de su amistad, mas aceptar una fotografía por parte de este, suponía que sus hermanos y Enji vieron su ridículo en las escaleras, lo cual pudo haber hecho que su vergüenza se vertiera en su semblante.

No obstante, el bochorno pasado junto con el previo rechazo de Katsuki, no ayudaban a que el dolor disminuyera de su interior.

Sin embargo, la aparición de Shouto lo distrajo de lo demás.

Cuando se encontró con los Todoroki, estos lo saludaron amablemente y se tomaron fotos con él, celebrando la culminación de una etapa de su vida.

—Felicidades, Midoriya, por tu graduación— Congratuló Natsuo. El otro hermano de Shouto, el que no solía ver seguido y el que no se dedicaba a los deportes como Fuyumi.

—Oye sí, no sabíamos que ibas en la misma escuela que Shouto— Coincidió Fuyumi. —Nos hubieras dicho— Le dijo a Shouto en tono enfurruñado.

—Midoriya y yo acordamos en no hacerlo, por motivos personales—Aclaró el bicolor, serio. —Más que nada, para que no nos molesten—Izuku confirmó lo dicho por su amigo.

Fuyumi hizo un mohín, Natsuo se encogió de hombros y Enji simplemente movió la cabeza en un breve asentimiento. Fue positivo que no se tomaran el acuerdo que hicieron como algo ofensivo.

Eso sí, inmediatamente notó las miradas posarse sobre él luego de que los Todoroki se marcharan al vehículo conducido por el chofer de Enji, dejando a Shouto en la sola compañía de Izuku, con la intención de que de ahí partieran a la fiesta de graduación que se llevaría a cabo en unas horas.

Inquieto, encogió los hombros de modo que daban la ilusión de que buscaba ocultarse en un cuerpo llamativo.

—No dejes que las miradas te molesten— Aconsejó Shouto, clavando los ojos en el suelo, como si eso fuera lo más óptimo de hacer. Izuku al notar su sinceridad, recompuso su postura.

—Tienes razón.

—En cambio, de las personas que hablan somos nosotros—Izuku atisbó un amago de sonrisa en los labios pulcros del bicolor. La sombra de su aspecto melancólico siempre lo acompañaba, incluso cuando pasaban el tiempo juntos en el más solemne silencio.

Tomaron asiento en una banca lejos del bullicio y de las miradas ajenas, teniendo una vista de la vegetación lustrada del instituto.

Sería la última vez que estarían ahí.

—Lamento haberme aparecido cuando estabas llorando—Dijo de pronto, sorprendiendo a Izuku, quien había dejado el asunto de sus lágrimas enterrado en las profundidades de su cerebro. —Bakugo, de nuevo, te rechazó.

—Está bien— Aseguró .— Estoy acostumbrado a que lo haga. No debería de estar acostumbrado a ser rechazado, pero ocurre tan seguido que no pude evitar acostumbrarme.

—Me imagino. Bakugo puede ser muy cruel.

—Lo es— Afirmó. No era mentira que Katsuki era muy cruel con sus palabras y sus conductas. —Pero, no deja de gustarme, aunque sea así conmigo.

Shouto suspiró.

—No puedo hacer nada para cambiar tu mentalidad—Declaró.

—No.

—Pero sí puedo estar a tu lado, en caso de que las cosas se pongan feas. Es decir, que Bakugo consiga a alguien más y no tengas esperanza.

Izuku coincidió con su punto de vista, pese a que la mera posibilidad de imaginarse a Katsuki en brazos de otro le destrozaba el corazón.

Mientras sopesaba aquella horrenda posibilidad, el paisaje del instituto quedaba enmarcado para la longevidad.


La fiesta se dio en la noche en un restaurante escogido por Iida. Kirishima preparó lo bocadillos que estaban desplegados en la mesa. Uraraka y las chicas de la clase se encargaron de las decoraciones, como los papeles recortados en diferentes formas sobre el techo, los manteles rojos de las mesas, etc.

Izuku apreciaba las cosas que hicieron sus amigos para que la fiesta fuera más memorable de lo que solían decir en las aulas.

—Decoraron muy bien el salón— Les comentó.

—Gracias—Dijeron ambos.

—Nos costó trabajo poner los manteles, porque a unas les gustaba otro color y la longitud del mantel no iba de acuerdo con las medidas de la mesa— Explicó la castaña.

—Yo escogí este restaurante porque lo cerca que está de la escuela y por el precio accesible a estudiantes— Dijo Iida.

—¿Y qué estamos esperando? Vamos a comer un poco de los bocadillos— Sugirió su amiga.

Los tres se pusieron a probar los bocadillos con efusividad; en especial, Izuku, quien era el que más necesitaba distraerse de los pesares de aquella mañana. Los amigos aparecieron detrás de él devorando los takoyakis, impidiendo que Izuku y sus amigos pudieran tener la oportunidad de comer uno una segunda vez.

—Está muy rico— Chilló Izuku, sin importarle alzar la voz en total confianza en la compañía de sus amigos y que otros lo oyeran.

—Me da gusto que te agrade mi comida— Surgió Kirishima del otro extremo de la mesa, sonriendo orgulloso. —La hice especialmente para ti.

Izuku se coloró del color del betabel, ensanchando los ojos verdes de un extremo al otro.

—Agradezco que quieras ser amable con Deku-kun, pero él tiene a alguien que le gusta—Informó Uraraka, en modo automático.

—Gustarle o no, eso no impide que quiera demostrarle mi afecto de cualquier manera posible— Arguyó Kirishima, socarrón.

—Igual tus intentos no hacen nada para que la lagartija con esteroides te haga caso— Comentó una voz proveniente de la entrada del salón privado, dejando a todos estupefactos. Sin embargo, antes de que los demás dijeran algo, emergieron los alumnos de la clase A detrás del rubio, acaparando gran parte de la entrada hasta bloquearla.

—¿Qué hacen los de la clase A aquí?—Susurró Uraraka a Izuku, quien palidecido por vislumbrar a Katsuki paralizaba sus movimientos.

—Perdone que me vea grosero, pero ¿Qué hacen aquí?—Iida medió la tensión que habitaba en el aire.

—Nuestra fiesta de graduación es allá—Señaló Katsuki al salón seguido del suyo. Los estudiantes de la clase A iban llenando el salón, compuesto por comida refinada y música solemne. Entre ellos, divisó la melena bicolor e inmediatamente ruborizó. —No molestaremos a los idiotas de la clase F.

—¿Qué has dicho?— Se crispó Kirishima, oponiendo su presencia. —¡Ten más respeto por los demás, Bakugo! Nosotros tenemos el mismo derecho de graduarnos que tu.

El rubio se posicionó viciosamente en el umbral del salón, cruzado de brazos y una ceja enarcada, rumiando su rostro. Todo de ello exclamaba presuntuosidad.

—No, si eso incluye que todos ellos son una manada de inútiles que no aportan nada a la humanidad, como a Deku— Acusó.

Izuku frunció las cejas en gesto pétreo. Katsuki lo estaba humillando frente a los demás.

—¡Discúlpate con Midoriya!

—¡Sí! Discúlpate con Deku-kun por ser tan malo cruel con sus sentimientos.

—Has sido muy despreciable con Midoriya.

Sus amigos se habían puesto a defenderlo. Katsuki contemplaba los comentarios acusatorios con una expresión complacida en su fina cara. Ni una sola arruga surcaba en sus afinadas facciones.

Eso suponía que no mostraba el mínimo de interés en Izuku.

—Para qué disculparse si seguirá siendo el mismo idiota de siempre— Subió los hombros con desinterés.

Esas palabras hirieron más a Izuku, que se redobló en su postura, tratando vanamente de enterrar ese sentimiento abrasador.

Sin más preámbulos, la fiesta se dio sin percances de cualquier tipo, ni de los pleitos anteriores que surgieron a raíz de los sentimientos abarrotados, los cuales hicieron que la situación estallara en el aula. No obstante, el momento de paz finalizó cuando la luces se apagaron y las voces fueron susurros y murmullos que no cesaban de sonar chocantes contra la pared.

De pronto, una luz se encendió en el escenario. Kirishima se situó detrás de un micrófono colocado en el centro del escenario y tras este Kaminari y Sero vestidos con trajes iguales de color azul marino.

—Midoriya— Pronunció en una elocuencia sagaz.—Esto es para ti—Lo señaló con el dedo índice. Y el inicio de una canción romántica era lo único que se escuchaba en el salón.

Izuku se petrificó en su lugar. Todo el color que tenía su piel decayó en un ritmo muy lejos del pulso de su sangre llenar sus pómulos.

Iida lucía como si lo hubieran tirado un balde de agua fría en la cabeza, porque el asomo que reflejaban sus lentes irradiaba una mezcla de confusión y aprobación, pues el conflicto rayaba entre si intervenía o dejaba que la presentación se diera por completo.

Uraraka aferraba sus manos en su brazo, encajando sus dedos en los tensos músculos de su bíceps. Izuku advertía perder el equilibrio de sus piernas en un vaivén que no llegaba a culminarse con la parálisis que surcaba su semblante.

Kirishima finalizó de cantar la balada. Los aplausos royeron hondos y estruendosos. El pelirrojo bajó del escenario, cruzando miradas con Izuku, quien no lograba reaccionar consigo mismo. Desconectar su cerebro del aturdimiento y regresar a las sintonías constantes de hablar, opinar, reprochar. No salía nada de él.

—¿Qué te pareció mi actuación?

Izuku observaba perplejo a Kirishima, completamente falto de palabras.

Sin embargo, no esperó que quien lo sacaría de su estupor no era nada más que Katsuki, apareciendo para burlarse de la presentación de Kirishima sin retener su tono burlón, que hizo que Izuku se exaltara por lo imponente que el rubio desfilaba su actitud imperiosa.

—Oye— Lo llamó Izuku. Esas orbes rojas lo miraban despreciativos, rayando en la tempestad. —No te burles de Kirishima. Él puede expresarse como quiere hacerlo. No es justo que menosprecies los esfuerzos de los demás.

—Ah— Suspiró. —¿Como los tuyos?— Soltó una risita grotesca, sin filtros.

Sintió una punzada directo a las cuerdas de su corazón.

—Más respeto, Bakugo— Gruñó Kirishima, buscando interponiéndose entre ellos dos, mas la presencia de Katsuki impidió que eso se diera. —No te atrevas a lastimar a Midoriya.

—Esa lagartija con esteroides no significa nada para mi— Desdeñó.

—¡Bakugo!

—Chicos, cálmense, por favor. Es una falta de respeto que busquen pelearse en un día tan importante para todos nosotros— Intervino Iida. —Bakugo, si podrías retirarte, nos permitiría tener un mejor ambiente.

Katsuki lo fulminó con la mirada.

—Será mejor que te calles, cuatro ojos— Advirtió.

—Disculpa— Bufó Iida, ofendido. —Esa no es la manera correcta de dirigirse a los demás.

—No busques subestimarnos— Quejó Uraraka, haciendo un mohín.

Izuku se encontraba encasillado entre la discusión, no obstante, la clase F defendía su honor y dignidad ante el impositivo Katsuki Bakugo de la clase A, quien tomaba la batuta de ser ruin y grotesco con ellos.

De pronto, un grupo de tres chicas de la clase A ingresó al aula, con expresiones tajantes, distorsionando el asunto del cual discutían previamente. Las chicas lo abordaron a él, haciéndolo sentir como si estuviera a punto de caer al abismo.

—Por tu culpa Katsuki no podrá ir a la universidad de Tokio— Rezongó una chica con la melena corta a la altura de los hombros y un copete tapando su frente.

Inmediatamente Iida y Uraraka interpusieron sus figuras en medio de Izuku, protegiéndolo. Izuku apreciaba su preocupación por él, pese a que no articulaba una sola palabra emergente de su boca.

—Estás perjudicando el futuro de Katsuki— Acusó una chica de cabello oscuro.

—Ese idiota no es la razón por la que no entré a la universidad de Tokio— Explicó Katsuki, disgustado.

—Sí, Katsuki aquí no dejaría su carrera por alguien— Intervino un hombre con aspecto de profesor. O… ¿Es que ese hombre de lentes era su maestro?

Katsuki movió la cabeza afirmativamente. Izuku frunció el entrecejo, decaído por los ataques acusatorios de la mayoría de los presentes.

—Lo que pasó con Midoriya es una condición de salud. No fue su culpa que Bakugo no presentara el examen—Aclaró Kirishima.

Katsuki alzó una ceja, desinteresado.

—Le pasó eso porque es un Deku— Refirió Katsuki.

—Eso es insensible, Kacchan— Reaccionó Izuku, dolido.

—Pero amas a este insensible, ¿No?

Unos abucheos se oyeron por el aula. Advirtió su pecho punzar como un aguijonazo clavarse en su corazón.

—Es un tonto por pensar que Katsuki se fijaría en él— Gruñó la chica de la melena corta.

Las dos chicas asintieron.

Entonces, Shouto entró en escena. —Están arruinando la reunión con sus voces.

«Todoroki-kun…» Sus ojos lo miraron esperanzado por su intervención, pese al desconocimiento de los presentes.

Katsuki puso los ojos en blanco. —Ah, sí— Suspiró, formando una sonrisa desenfadada. —Lo que faltaba. Que viniera la otra opción de este inútil.

Izuku abrió los ojos, seguido de Shouto y de los demás. Katsuki soltó una risita arrogante. —Este idiota los tiene engañados. Creen que es tan inocente e ingenuo, pero es un maldito hipócrita— De repente, señaló a Shouto acusatorio. —Todoroki es su segunda opción.

Izuku percibió el color de su rostro desvanecerse, viendo con horror las acciones del rubio, que tenía a toda la audiencia atenta a su cada movimiento.

—Es muy facilito, este nerd.

—¡Kacchan! Eso es cruel.

—No como tú en brazos de este mitad y mitad— Apuntó a Shouto con la mirada. —Los vi juntos en la banca— Le murmuró para que los demás no lo escucharan. La sangre de Izuku se heló. Una sonrisa se asomó en los labios del rubio, quien erguido y petulante, bufó.

—Desde que este se te acercó te han llovido desgracias— Comentó la chica de la melena corta.

—No sólo desgracias, sino desde que rechacé su tonta carta de amor, no ha dejado de molestar—Añadió Katsuki, gruñendo.

—Es una lástima que por su culpa no hayas podido tener un buen último año de preparatoria— Dijo la de cabello oscuro. —Este chico es una desgracia.

—Es lo peor que ha acontecido en mi vida—Quejó Katsuki. —Es tan patético que no puede ni hablar.

Iida y Uraraka estuvieron tentados en intervenir, pero la ausencia de expresión en el semblante de Izuku fueron suficientes para que no hicieran nada al respecto de su desgraciada situación.

De pronto, Izuku caminó hacia Katsuki situándose a centímetros de este. —Te— Tragó saliva. —Te has pasado de la raya— Musitó empleando mayor efusividad a su voz. Los ojos de Katsuki chispearon.

—¿Ah, sí?—Ladeó la cabeza, socarrón. —¿Y qué vas a hacer al respecto? ¿Llorar?

Le dolió por lo ciertas que eran esas palabras. Claro que quería llorar con locura, pero el sentimiento de haber sido tratado de esa manera por el rubio lo motivaba a contener el llanto que amenazaba con escaparse de sus ojos cristalinos y sus labios temblorosos. Controlaría la emoción que afloraba en su vientre y revoloteaba cual relámpagos a punto de estallar.

—Me has humillado de todas las formas posibles y aun así lo sigues haciendo—Inhaló reteniendo los menoscabos de sus lágrimas. Las curvas ascendentes de sus pómulos formando esa sonrisa lo llevaban a ese punto de no poder retractarse, pues sus orbes rojizas lo aplastarían.

—Nada de lo que he dicho es mentira— Mofó el rubio, alzando la barbilla. —Eres patético. Todo lo que haces y dices es vergonzoso.

Izuku tragó saliva, sus labios temblando. Debía poner a Katsuki en su lugar. Pagarle con la misma moneda que él.

—¿Y qué me dices de ti, Kacchan?— Levantó la cabeza y mostró sus determinados ojos verdes directo a las pupilas del rubio, quien se vio muy complacido por que hubiera contacto visual. —¿No tienes cosas de qué avergonzarte?

«No desistas, Izuku. Sabes que puedes hacerlo» Se dijo conforme observaba la arrogancia del rubio que tenía en frente.

—Yo nunca he hecho algo de qué avergonzarme en mi vida—Presumió. Parecía un pavo real pavoneándose con tanta seguridad que lo hacía dudar si su siguiente movida realmente pondría a Katsuki en su lugar. Sin embargo, llevaría a cabo su plan.

—¿Ah, sí? Yo creo que sí has hecho algo de lo que te puedas avergonzar— Entonces sonrió travieso. Y esa sonrisa traviesa se transformó en una divertida, al ver que el rostro de Katsuki se tornaba pétreo.

—No me digas…— No terminó la frase, cuando Izuku sacó un vistazo de la fotografía de Katsuki con falda del bolsillo de su pantalón. Podía ver los gritos internos venir de sus ojos rojos encenderse cual llamaradas.

—Por supuesto que tienes motivos para avergonzarte de algo.

—De-

Izuku sacó la fotografía frente a los demás sin pudor. Hubo jadeos de sorpresa, risas, burlas, el resto transcurrió muy borroso para Izuku de procesar, pues Katsuki lo agarró del brazo y lo llevó arrastrando hacia el callejón del restaurante, lo estampó contra la pared frío, colocando ambas manos a los extremos de su cabeza.

—Se puede saber por qué hiciste eso—Demandó claramente enfadado. Qué decir, furioso.

Izuku contuvo los vestigios de sus lágrimas y pasó saliva, paladeando sus labios. —Estoy cansado de esto—Respiró. —D-dejaré de quererte— Una llamarada gestó en sus ojos.

—¿Crees que puedes hacer eso?

—¡Claro que puedo!—Exclamó. —Conozco tanto tu carácter que me disgusta.

Una contracción nerviosa originó de sus cejas, dándole una apariencia despreciativa, de la cual no pasaba a ser muy convincente.

—Voy a encontrar a alguien en la universidad que me quiera.

—Inténtalo si puedes— Desafió, al momento en que sus labios tocaron los suyos. Sus rosados y tiernos labios lo sentían con una sutil cadencia y ritmo que se vio a sí mismo desfallecer en la calidez de sus labios. Katsuki se separó apenas durando unos segundos de besarlo. Sus ojos centellearon fugaces, liberados de la negatividad que previamente dominaba su expresión.

Izuku, ojiabierto y perplejo, veía la diversión del rubio devorarlo en su enigmático sazón.

—Te lo mereces— Mofó, sacando la lengua.

Y tras el golpazo de su frase amortiguarse en su cara, Katsuki se desvaneció del callejón dejándolo solo.

Katsuki lo besó.

Las piernas le fallaron cediendo a la gravedad que lo ataba, su cuerpo entero vibraba, sacudía sus terminaciones nerviosas de todos lados.

«Mi primer beso» Se dijo. «Acabo de tener mi primer beso con Kacchan» Sus ojos traslucían en los pálidos reflejos de la noche, reflejando el sentimiento enrarecido que suponía lo que acababa de pasar.

Miró a la noche y suspiró.

Su primer beso había sido con Katsuki.

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NOTA: Disfruten del capítulo.