"¿La vida de campus que siempre he añorado?"
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El camino de regreso a la casa de los Bakugo pasó tan rápido que apenas dilucidó en qué momento se bajó y caminó hacia la casa sin perderse o estrellarse con algún poste de luz o lo que estuviera delante.
Estaba tan perdido en sus pensamientos que los recuerdos de aquel día pasaron borrosos en su memoria. Su madre lo apremió con una sonrisa y unas palabras que no procesó. Mitsuki buscó sacarle detalles de la velada, pero hallándose tan sumido en su interior, dejó todo de lado y se encerró en su habitación.
No hallaba explicaciones plausibles para conseguir una respuesta lógica en el comportamiento de Katsuki. Nada. Era un enorme y encharcado pozo vacío lo que encontraba cuando se empecinaba en hilar los eventos de aquella noche en que tuvo su primer beso con Katsuki.
Lo frustrante era no tener una relación coherente con lo ocurrido. No supo qué fue lo que llevó a Katsuki a tomar la decisión de besarlo. A lo que él sabía, Katsuki nunca mostró signos de corresponderle; mucho menos de que aceptaba sus cortejos constantes. Lo que recibía eran rechazo tras rechazo en un ciclo sinfín, del cual el rubio no daba indicios de satisfacción por ser cortejado por él.
Y a todo esto ¿Qué sentido tenía aquel beso? ¿Por qué elegirlo precisamente él, sabiendo que le gusta? ¿Con qué propósito buscó sus labios tras presenciar la humillación de ambas partes?
Para Izuku, no tenía el más mínimo sentido aquello. Nada. Ni una pizca. El rubio había mostrado su indiferencia incontables veces como para cambiar de opinión de un día para otro.
Sabía que así no era este. Que Katsuki no se entregaría fácilmente a los brazos de alguien más; sobretodo a él. No hacía falta recordarle las ocasiones en que Katsuki le recordaba su desdén. Al punto de ni siquiera ocultarlo en ningún momento.
De ahí su inicial confusión.
La confusión de todos sus deducciones, de los cuales miraba sin la menor elocuencia y sin la menor intención de ser escenarios plausibles en su mundo.
Por otro lado, Shouto le comentó el otro día que Katsuki ignoraba sus llamadas y que la única explicación que le dio fue que estaba muy molesto con este, porque no le dijo de su amistad con él.
Izuku entendió que Katsuki habrá tenido sus razones para haberse molestado con ellos, pese a que no le debían una explicación con respecto a su oculta amistad, que para esas alturas no se molestaban en ocultarla de los demás.
Y debido a aquello que le dijo Shouto, pensaba que el beso era un completo misterio. Pero por otra parte, comprendía que los besos se daban entre las parejas, no en los amigos ni en dos personas que no se llevan del todo bien. Por eso, quería creer que Katsuki no jugó con sus sentimientos.
Lo único que podía asumir es que Katsuki era su pareja.
El primer día de la universidad llegó pronto y con ello, Izuku estaba muy emocionado por usar su nuevo traje: uno azul marino que combinaba perfectamente con sus tenis rojos. Se vistió mirándose al espejo con una sonrisa dibujada en sus labios y sus ojos brillaba.
Iría a la universidad con Katsuki.
No había nada más agradable que eso.
Trató vanamente de peinarse los alborotados rizos, mas al ver que era inútil hacerlo, dejó su cabello tal y como se encontraba aquella mañana. Desayunó en familia y partió tras Katsuki luego de verlo en el umbral de la puerta.
Los Bakugo le desearon buena suerte y su madre le dio un abrazo. El día pintaba bien. Así pues, Izuku emprendió el camino detrás de Katsuki, quien usaba un traje ceñido de color negro y zapatos de vestir. Su fachada elegante se desplegaba por las calles que iban recorriendo.
—Es un gusto poder ir a la misma escuela que tu—Habló Izuku, rompiendo el silencio del contrario.
—Hm— Respingó.
—Es agradable poder caminar a tu lado— Siguió. La distancia que mediaba entre ellos se disipaba a medida que Izuku aseguraba que las distancias se acortaran. —Otra cosa, te ves muy bien hoy. Te queda el traje— Se sonrojó. —Te hace ver atractivo.
—Hm— Respingó de nuevo. —No hace falta que me halagues. No lo necesito.
—Aun así—Interpuso. —Te hace ver atractivo—Repitió haciendo énfasis en su voz. —Me gusta— Le dedicó una mirada ferviente a Katsuki.
—Tsk—Chasqueó la lengua. —Son estupideces.
—No lo son—Opuso. —Es lo que realmente siento.
Llegaron a la universidad de UA y se toparon con un mar de estudiantes. Izuku miraba con ojos avispados los alrededores, tratando de ubicar el edificio de su facultad. Cuando regresó su vista hacia Katsuki, él ya no estaba ahí. Se había ido a otro sitio, tal vez al edificio de su facultad.
Suspiró.
Katsuki lo había dejado solo.
Se encontró con Uraraka en la facultad de literatura, pues Iida había elegido la facultad de derecho. Quedaron la noche anterior de verse en la cafetería de la universidad. Su amiga castaña estaba muy motivada por el nuevo reto que suponía ingresar a una carrera.
Izuku se contagió de su energía. Entusiasmados, pasaron las clases en un constante vaivén de materias relacionadas con la redacción, ortografía, etc.
—No estuvo tan mal— Dijo ella, luego de que se hubieran acabado las clases. Izuku asintió. —Pensé que las clases serían difíciles, pero se ve que serán divertidas.
—Es el primer día— Recalcó él. —Lo más probable es que se complica más a medida que avance el semestre.
—No seas tan pesimista, Deku-kun.
—Quiero ser realista. Ya es la universidad— Arrugó las cejas en un nudo. —No quiero desperdiciar la oportunidad que me han dado al poder pagar mis estudios.
—A tu mamá le ha estado yendo muy bien con el restaurante. Al menos te puede pagar la universidad.
Era cierto. Desde que su madre cambió la ubicación de su restaurante había tenido una inmensa cantidad de clientes y se vio en la necesidad de contratar más empleados porque no se daban abasto. Ya Izuku no tenía que ir a trabajar y podía dedicarse cien por ciento a su vida de estudiante y boxeador sin contratiempos.
Caminaron a la cafetería para encontrarse con Iida. Uraraka pidió su lonche primero mientras Izuku se decidía sobre qué pedir. Las opciones se parecían a las que había en la preparatoria. «Lonche A, Lonche B, Lonche C» Iba leyendo mientras se murmuraba las posibles combinaciones que podrían aportar la mayor cantidad de nutrientes.
—Muévete. Hay gente que quiere comer, nerd.
Izuku dio un salto.
—¡Kacchan!
Los rojos ojos del rubio lo miraban recelosos. Inmediatamente, ruborizó. —Hola, Kacchan. ¿C-cómo han ido tus clases?— Llevó su mano a la nuca, moviendo los mechones rizados de su cabello.
—Nada que te importe— Imperó. Se adelantó en la fila y se situó primero que él.
—A mi me fue bien—Explicó con una sonrisa. —Nos dieron una breve introducción a las materias que llevaremos y de las maneras en las que nos van a calificar. Parece que será divertido.
—¿Te pregunté?— Siseó, viendo el menú estudiantil.
Izuku bajó la cabeza, mordiéndose el labio inferior. Se hallaba muy desorientado con respecto a la actitud de Katsuki, debido a que se guiaba por la finta de que estaban saliendo.
¡Un beso los unía!
—¿Qué vas a pedir?— Le preguntó.
—Pensaba pedir un lonche A— Enfatizó la letra «A» con cierta burla. —Para mí sería un lonche A— Pidió a los cocineros; de pronto desvió su mirada a él, quien ruborizó.—¿Tu uno F?
—Pediré un lonche A— Contrarió. —Un lonche A, por favor.
—Dos lonches A a la orden— Respondieron los cocineros.
Katsuki lo escudriñaba con sorna, mientras Izuku exponía su puchero y consternación por las burlas del rubio, quien suponía lo trataría de mejor manera y no desviar sus aproximaciones a otras brechas lejos de su alcance.
Los lonches estuvieron listos frente a ellos. Atisbaron la diferencia de porciones. Primero Katsuki analizó los lonches y con ceño disgustado expresó su desconcierto.
—¿Tienes queja de mi manera de servir la comida?— Interrogó un cocinero hombre pelirrojo de apariencia familiar, manteniendo la cabeza encorvada, impasible.
—Las porciones deben estar iguales— Rezongó el rubio. —¿Cómo es que ese idiota tienes más comida que yo?
—Es bien merecido eso, Bakugo— El cocinero reveló su identidad. Se trataba de Kirishima. Tanto Katsuki como Izuku estaban atónitos.
—¿Q-qué haces aquí?— Balbuceó Izuku, señalándolo.
—Eso explica la diferencia de porciones— Bramó.—En la universidad no deben haber favoritismos, estúpido.
—Tenía que impresionar a Midoriya antes que nada— Sonrió presentable. Subió la gorra que tapaba sus expresivos ojos y su voluminosa presencia. Sus rasgos brillaban en son del pecoso, que todavía parecía estar en un estado de conmoción. —¿Te sorprendí, Midoriya?
—Mucho— Articuló con rezago.
Katsuki chasqueó la lengua ante eso. Lucía molesto. No era de extrañar que se enfadara si resultaba sorprendido por otras personas, además de su familia. Movió la cabeza en negación y se marchó a su sitio.
—No esperaba verte aquí, Kirishima— Como pudo, voceó su asombro a su amigo. —¿Cómo fue que decidiste trabajar en la cafetería?
Kirishima meneó la cabeza, dándose ánimos. —Pues— Suspiró. —Quería aprender a a cocinar en diferentes partes, y atender a grandes números de personas es un buen comienzo, hombre.
—Ah, qué buena alternativa.
—Todo para poderte mantener cuando seas el campeón del mundo— Aseguró el pelirrojo.
Entretanto, Izuku tomó la bandeja del lonche y partió rumbo a una de las mesas, buscando encontrarse con Iida y Uraraka en una de ellas. Atisbó a Katsuki comiendo solo en una mesa rectangular, quiso acercarse, mas sabía que aproximarse a él en público era tentar contra su suerte.
Ubicó a sus amigos sentados en una mesa redonda que daba con las enormes ventanas de la cafetería donde se podía ver el campus universitario y los espacios de distracción esparcidos por doquier.
—Los encontré— Sonrió a la vez que tomaba asiento con ellos.
Lo primero que le dijo Iida al verlo fue que le daba gusto verlo en traje por una vez en la vida, pues no era un hábito de él vestirse apropiadamente, más que en ocasiones especiales (como el día de graduación). Uraraka resopló que no era la única vez que veían a Izuku usar un traje alisado y generoso con sus proporciones.
—¿Pudiste ver a Bakugo?— Le preguntó su amiga tras dar por finalizada la conversación sobre el aspecto de su traje.
Izuku se tiñó de rojo. Asintió.
Uraraka jadeó.
—¿Y pudieron hablar?
—No tanto. Pero pudimos ir juntos a la escuela esta mañana.
—Porque viven juntos— Obvió Iida. —Sé más realista, Midoriya. Llevas viviendo un año en su casa y no ha habido avances entre ustedes.
—¡Claro que sí!— Exclamó; al percatarse de ello, enrojeció. Había hablado de más.
Sus amigos lo observaron reticentes. Aguardando a que sustentara su argumento.
Tragó saliva pesadamente.
Tendría que decir la verdad.
Iida se ajustó los lentes, y Uraraka lo animó a que dijera por qué había respondido eso.
—Lo que pasa es que…—Titubeó, viéndose de pronto las manos con hincapié. —El día que nos graduamos, después de la reunión, m-me llevó a un callejón luego de haber mostrado su foto.
—¿Y qué pasó?— Interceptó su amiga.
—Kacchan me…— Sus latidos resonaban contra su cabeza, amartillando su cráneo.—Me besó…— Dijo apenas audible con el rostro enardecido.
El silencio se instaló entre ellos, escuchando únicamente el sonido de sus latidos frenéticos.
—¡¿Qué?!— Exclamaron los dos envueltos por un asombro insólito. Izuku podía jurar que los ojos de sus amigos saldrían de sus órbitas.
La lluvia de preguntas cayó sobre él como un torrente de agua borboteando contra sus tímpanos. Izuku procesaba la serie de interrogantes digiriendo con gran dificultad.
«¿Cómo pasó?»
«¿Están saliendo?»
«¿Hicieron algo en las vacaciones?»
«¿Le gustas a Bakugo?»
Izuku movía la cabeza, aturdido. —No ha pasado nada desde el beso— Aclaró. —Kacchan no ha mencionado nada sobre eso, o se me ha acercado a decirme algo al respecto.
—Qué falta de respeto— Quejó Iida.
—¿No le has preguntado sobre el beso?—Interrogó Uraraka.
Izuku negó.
—¡Pregúntale!— Alegó la castaña con los brazos agitados. —No sabrás nada si no le preguntas. Si él no te dice nada, tú tomas cartas en el asunto.
La manera en la que lo dijo lo hacía entender lo erróneo que estuvo por no actuar a tiempo sobre la cuestión del beso. Esperó demasiado para no recibir nada a cambio y ahora sufría las consecuencias de su estupor.
En cuanto comprendió lo que debía hacer, vio que un hombre se acercaba a Katsuki. Un hombre de cabello negro enmarañado en forma de uvas, ojos oscuros, una nariz respingada y un porte desastroso. Era un hombre pequeño, que podría hacerse pasar por un niño de primaria; su voz chillona llegaba a oírse hasta su mesa.
Izuku se crispó al ver que le hablaba a Katsuki con tanta familiaridad.
—¿Quién es ese?— Esa fue Uraraka, confundida. —¿Sabes quién es ese hombre?
—Hombrecillo—Corrigió Iida.
—No tengo idea…—Murmuró Izuku, perplejo.
«Jamás lo había visto» Pensó para sus adentros.
—Anda, Bakugo—Alcanzaba a percibir que decía el hombrecillo. Rodeaba su corto brazo alrededor de los hombros estilizados del rubio con una familiaridad envidiable. Izuku sólo podía desear tocarlo de esa manera, aunque sea un poco.
—No haré lo que me pides, imbécil— Rugió el rubio, quitándose el brazo del hombrecillo.
¿Qué era lo que le pedía? ¿Qué podría necesitar aquel hombrecillo que le rogaba a Katsuki con suma urgencia? Le intrigaba saberlo con tantas ganas que se retorcía por inmiscuirse. Se supone que estaban saliendo, pese a que Katsuki no daba indicios de que correspondía dicha relación. Izuku daba por hecho que podía intervenir o meterse en su conversación si quisiera, ¿no?
Tragó saliva, sintiendo sus extremidades entumecerse.
Lo haría.
Intervendría si veía a su pareja en una situación incómoda.
Sus amigos apoyaron su movida y lo empujaron a que lo hiciera. Con una fuerte inspiración, llenó sus pulmones de oxígeno suficiente para moverse rápido y llegar a ellos.
—Te estoy diciendo que no haré lo que quieres, perdedor.
—Bakugo, por favor. Sólo te pido que lo hagas un día. ¡Un día!
—Búscate a otro que quiera ayudarte en tu farsa.
—Nadie tiene tu talento.
—Kacchan— Pronunció, sobresaltando a ambos hombres.
«Puedo hacerlo» Se dijo. Vio a Katsuki escudriñarlo desde su posición y regresar su vista hacia su comida a punto de terminar. «Sí, puedo hacerlo»
—¿Qué quieres?— Dijo.
El hombrecillo miró a Izuku, incrédulo. —¿Y este metiche?
—Vi que estabas incómodo y me acerqué a ayudarte— Repuso, ignorando al hombrecillo.
—Yo puedo solucionar mis problemas solo.
—Lo sé— El hombrecillo miraba a Izuku, intrigado. —Pero quiero estar a tu lado para apoyarte.
Katsuki bajó los palillos en el tazón de arroz. Giró la cabeza, adoptando una actitud cabreada. —No necesito ayuda, Deku.
Izuku se mantuvo firme, pese a la decisión expresada por Katsuki.
—¿Eres amigo de Katsuki?— Le preguntó el hombrecillo.
—No somos amigos— Rezongó Katsuki. Esto desembocó una sonrisa de orgullo en Izuku.
—Sí— Añadió.—No somos amigos.
El hombrecillo meneó la cabeza. —Lo que sea que seas. ¿Puedes convencer a Bakugo para que se una a nuestro equipo de tenis? Es urgente, porque quiero que los principiantes se motiven a mejorar si lo tienen de ejemplo. No hay nadie en este campus tan bueno como Bakugo.
Oh… para eso lo llamaba. Quería a Katsuki en su equipo. Izuku no vio nada de malo en eso; debido a la reacción de Katsuki, creyó que era algo peor.
Sonrió.
—Es bueno que Kacchan conviva con otras personas— Opinó.
—¿Verdad que sí? Bakugo es muy antisocial.
Katsuki se crispó en su asiento y se izó de sus manos para agarrar a Izuku de la manga de su traje. —¡Eres un imbécil, Deku! No lo escuches, pervertido.
—¿Pervertido?— Murmuró Izuku, sonsacado.
—Este idiota—Señaló al hombrecillo con grave desdén. El hombrecillo sonrió medio orgulloso. —Es un maldito pervertido. Cualquier excusa es buena para que moleste a los demás por su cuerpo.
—¡Eso no es verdad, Bakugo!— El hombrecillo se abalanzó hacia Katsuki para tomarlo de las solapas de la ropa, mas Izuku lo cogió del otro extremo de la camiseta, apretando el puño que lo sostenía, mirándole sombríamente. El hombrecillo chilló, tensándose. Sus ojos expresaban desconcierto y terror.
—No te atrevas a tocarlo—Amenazó Izuku, empleando una voz helada.
—No intentaba tocarlo—Excusó despavorido.
Izuku arrugó el ceño, sospechoso. Katsuki se paró y se colocó a lado de Izuku, agarrando su bandeja de comida vacía.
—Te acercaste a él.
—Sí, porque lo conozco.
—Yo también lo conozco y a Kacchan no le gusta que lo toquen.
«Ni siquiera a mí me deja tocarlo» Añadió en su cabeza. Sacudió ese pensamiento negativo e impuso su antebrazo en el diminuto pecho del hombrecillo, dispuesto a defender a Katsuki, si eso fuera necesario.
—No necesito que te metas, idiota— Le habló Katsuki.
—Pero te ves incómodo, Kacchan— Haló al hombrecillo con su diestro poder. Los músculos de su antebrazo se flexionaban tensos.
Oyó a Katsuki bufar y de un movimiento, estrelló la bandeja vacía en la cabeza de Izuku, quien posteriormente se fue para abajo, aturdido. De inmediato, soltó al hombrecillo, que recibió un golpe en la cabeza de parte del rubio.
—Estoy harto de ustedes dos— Bramó.
—¡Kacchan!—Recibió otro golpe con la bandeja, esta vez en la cara. —¡D-detente! Sólo te protegía.
—No soy una damisela en apuros, imbécil. Yo puedo defenderme por mi cuenta— Refutó.
—¡Bakugo!
—No formaré parte de tu equipo de perdedores, bastardo.
De ahí, soltó un gruñido y se marchó.
Izuku regresó con sus amigos, ignorando al hombrecillo, quien parecía quererlo abordar en ese momento, mas Izuku no estaba de humor para conversar con alguien que molestaba a Katsuki.
—¿Qué pasó?— Inquirió Uraraka, preocupada. Iida dentro de lo que cabía, lo miraba serio.
Izuku les contó sobre lo ocurrido con Katsuki y el hombrecillo, obteniendo ligeros asentimientos de ambos, quienes no decían nada al respecto. Su silencio sirvió, puesto a que podía explayarse sin ser juzgado por ello.
Lo rescatable de su situación fue que sus amigos no se mostraron convencidos de que mencionara que Katsuki era, en efecto, su pareja. Por lo tanto, terminaron de almorzar y se fueron a sus respectivas clases con la intención de que al final de estas, asistieran a la facultad de ingeniería, una vez que Iida estuviera a la vista. Y precisamente, eso fue lo que hicieron.
Arribaron a la facultad de ingeniería al cabo de la conclusión de sus clases. Uraraka estaba emocionada por ver dicha facultad, e Izuku temblaba por los nervios. No cabía en su ilusión por ojear el sitio en que Katsuki estudiaba.
Uraraka y Iida conversaban animadamente en una de las bancas, mientras Izuku sentado, observaba a los alumnos entrar y salir de la facultad solemne.
Se preguntaba en qué momento podría ver al rubio que lo traía echo un desastre. Su corazón latía excitado ante la euforia que suponía verlo.
Pasados unos treinta minutos de esperar, una mujer de cabello largo y negro como la noche, de tez blanca, lisa como una estatua, salió de la facultad. Su traje rojo entallado, hacía relucir todas sus curvas femeninas sin dejar nada a la imaginación.
Uraraka exclamó asombrada. —¡Wa! ¿Quién será esa mujer? Es hermosa.
«Es preciosa» Añadió en su mente.
—Ah, hablan de Yaoyorozu— Mencionó Iida, sin verse sorprendido. Ajustó sus lentes.
—¿La conoces?— Fue Uraraka.
Izuku no despegaba el ojo de semejante mujer. Era guapísima, le quedaba muy claro eso, mas la intriga, las ansias de saber si ella había tenido la oportunidad de mostrarse ante Katsuki y hacerle ver sus dotes físicos. Tragó duro, áspero. Sabía que él no era mucho comparado a aquella mujer.
No tenía nada que ofrecerle a Katsuki, más que sus sentimientos puestos en bandeja de plata.
—Sí, es la única mujer de la facultad de ingeniería— Informó Iida, cruzándose de brazos. —Momo Yaoyorozu. Sacó la segunda mejor nota del examen nacional (después de Bakugo, claro) y el primer puesto en el examen de la universidad de Tokio.
—Impresionante— Articuló Uraraka, asombrada.
«Bastante» Suspiró, conteniendo la tensión de sus músculos en toda la espalda rígida. Bajó la cabeza ligeramente. «No puedo compararme con ella»
—Midoriya no te desanimes por que esa mujer es guapa.
—Sí, Deku-kun— Le siguió Uraraka. —Demuéstrale a Bakugo-kun que pelearás con quien sea por él—Dio unas palmadas en la espalda alta para animarlo. Izuku no estaba para nada animado.
Entonces, Katsuki emergió de la facultad. Las entrañas de Izuku se contrajeron, y soltó todo el aire que guardaba en sus pulmones, extasiado.
Katsuki bajó las escaleras de la facultad y caminó con paso firme. La mujer lo abordó con una sonrisa encantadora. Y para su sorpresa, Katsuki no la ignoró; al contrario, habló. Boquiabierto, miraba cómo la situación se desenvolvía frente a sus ojos, sin poder hacer nada para detenerlos.
No obstante, ambos avanzaron.
—Esta es tu oportunidad— Susurró Uraraka, codeándolo. —Háblale.
—No es bueno hacer esperar a las personas, Midoriya.
Ante su carencia de valor, su amiga lo empujó fuerte en el momento en que Katsuki pasaba por su banca. Se detuvo. Izuku recuperó el equilibrio e irguiendo su espalda, plantó cara, demostrando que él era la persona a la que Katsuki besó.
—¿Qué quieres?—Inquirió el rubio.
La mujer fijó su vista en él, y su reacción fue de inmediato desinterés.
—Vine para ver cómo era tu facultad.
Katsuki puso los ojos en blanco.
—Ya la viste esta mañana.
—Sí, pero quería ir por ti—Habló sincero.
El rubio enarcó una ceja. Yaoyorozu abrió ligeramente la boca, sigilosamente. —¿Se conocen?— Los apuntó, luciendo muy cómoda a lado de Katsuki. Algo que despuntaba todas las alarmas del cerebro de Izuku.
—Sí, nos conocemos— Respondió Katsuki.
Izuku lo miró con ojos ilusionados.
—¿Eres amigo de Katsuki?— Le preguntó Yaoyorozu a Izuku, quien lució tomado por sorpresa al ver la familiaridad con que pronunció el nombre del rubio.
—No— Era su momento de decir lo que realmente eran. —Soy su novio.
La cara inexpresiva de Katsuki se tornó a una de haber sido ofendido. Yaoyorozu abrió la boca atónita.
—¿Qué has dicho, imbécil?—Gruñó.
Izuku se vio muy sorprendido por su reacción. Según él, Katsuki estaría menos molesto por mencionar ser su pareja.
—La verdad— Adujo.
—No somos nada, idiota.
—¿Qué?—Balbuceó.
Yaoyorozu lo pilló desconcertado y sonrió complacida. Se acercó a Katsuki, silenciosamente.
Cabreado como lucía el rubio, ignoró a Izuku, yéndose por un lado de él sin dedicarle una mirada siquiera.
—Pero— Articuló tontamente. —Nos bes-
—No te atrevas a terminar esa frase—Interrumpió, volviéndose a él. Sus mejillas siempre blancas y redondas, cambiaron a una tonalidad rojiza enalteciendo el rojo de sus irises brillar candentes. Estaba crispado.
—Pero—Repitió a medio terminar.
«Nos besamos» Fue lo que quiso añadir, mas calló al ver el rostro de Katsuki encenderse como si le saliera humo de las orejas.
—No es nada— Repuso. Sus expresivos ojos verdes estaban eclipsados por la herida sangrante que brotaba de su interior rasgado. Quería llorar.
Realmente quería desmoronarse ahí mismo y desaparecer. Desaparecer del campus, para que nadie le recordara la cortada en el pecho que le hizo Katsuki: el que creía que era su novio.
Regresó a la banca donde sus amigos lo esperaban; no obstante, su estado herido y desolado le impidió articular palabra, limitándose a escuchar el mar de preguntas, que de pronto se tornaron en discusiones entre sus amigos sobre si alguna vez se habían llegado a enamorar de alguien, a lo que Iida enrojeció y posteriormente los mofletes de Uraraka se inflaron llenos de indignación debido a la supuesta indiferencia de su amigo.
Izuku no prestaba atención a dicha discusión, encerrándose en sus cavilaciones cavernosas de su cerebro, deseando arduamente poder detener el líquido amargo emergente de sus ojos cayendo a pequeños raudales al ras de sus mejillas enrojecidas por el esfuerzo.
No podía creer que se equivocó.
Había sido ingenuo.
Estaba entrenando en el gimnasio. Golpeaba el costal. Dirigía su dolor al objeto inanimado con el que desquitaba ese recuerdo con la intención de olvidarlo.
Necesitaba olvidarlo. Le urgía hacerlo.
Golpeó tanto el costal que sentía sus nudillos magullarse dentro del guante. La capa gruesa de sudor recorría su rostro, su espalda, hasta bajar a sus piernas. Ojos verdes sin despegar la vista del costal. Sus dientes apretados permitían el paso del aire entrar y salir de sus pulmones. El grado sumo de concentración incrementaban conforme aumentaba la frecuencia de golpes de velocidad, siguiendo el ritmo de sus pies al cambiar el peso de uno por el otro.
El minutero sonó e Izuku soltó una exhalación profunda, relajando sus tensos músculos; su cabeza ondeó en dirección a descansar su sudorosa frente en el costal. Apretó los párpados.
«No somos nada, idiota»
Le había quedado muy claro que Katsuki no quería nada con él. Sin embargo, aún perduraba un pequeño destello de esperanza que latía efusivamente en la parte trasera de su cerebro.
—Joven Midoriya— Toshinori le hablaba en su breve descanso.
Asintió.
—¿Pasó algo en la escuela que te tenga así?
Suspiró bruscamente. Había preocupado a su entrenador con su comportamiento y su actitud notoriamente decaída.
—Cosas horribles— Admitió, aún sin despegar su frente del costal.
—¿Cómo cuáles? Es mejor que lo saques ahora, antes de que destruyas el costal. Es un buen gasto comprarlos de buena calidad.
—All Might— Pronunció conmovido. Levantó su frente del costal y miró a su entrador situado detrás de él. Su mirada era calmada, pese a que en sus ojos se notaba un claro dejo de preocupación por su estado de ánimo.
Sabía que su actitud llamarían la atención de su siempre calmado entrenador, que en sus circunstancias, llevaba grabada en su cara la encarnación de la tristeza.
—No romperé el costal. Lo prometo— Juró él.
—¿Qué es lo que te tiene así?—Interrogó tras observarlo por unos segundos a la espera que dijera más.
—Yo no-
—No evadas el tema, joven Midoriya. Guardarse las cosas es malo para tu entrenamiento y tu salud.
—Sí, pero-
—Enamorarse debilita el cuerpo— Alzó la voz, apuntándolo imperantemente con la mirada. Izuku cerró la boca, apretando los labios en una fina línea. —Te distrae de tu carrera, tu futuro. Es muy pronto para que bajes la guardia en cosas como el amor y la pasión.
—¡N-no haré eso!— Exclamó.
—Tu actitud dice lo contrario— Contrarrestó. —Estás bajando la guardia. No dejes que tu corazón sea más fuerte que tu mente, joven Midoriya. Recuérdalo.
Tan triste y debatido como estaba, asintió. Asintió porque había escuchado lo que su mentor le dijo, mas eso no querría decir que estaba totalmente de acuerdo con su consejo.
Su corazón inflamado por la indiferencia de su amado rubio sangraba profusamente, pero no quitaba ni una gota de su valor y su esperanza. Él persistiría por sobre todas las cosas y por sobre todos los obstáculos, pese a que los demás dijeran que eso lo distraerá de su meta, mas Izuku sabe que eso es mentira.
Ni Katsuki ni el amor incondicional que le tiene podrán con el boxeo.
Si hay una cosa que tiene muy claro es que tiene una vida fuera de su amor por Katsuki; por eso no le pesa tanto el dolor de su rechazo porque tiene muchas otras cosas en las cuales puede sentirse mejor consigo mismo.
De todas maneras, su corazón tan grande y tan intenso como es, no puede ejercer un dominio tan profundo como su mente.
—Si entiendes eso— Dijo Toshinori. —Ve al costal de velocidad y practica el movimiento de cintura. Cuatro rounds. Luego cuerda para enfriar.
—Sí.
Llegó a la casa muy entrada la noche. No le extrañó ver la sala y el comedor vacíos, sin un rastro de que los Bakugo hubieran estado ahí.
Se quitó los tenis rojos y suspiró, destensando su pecho, en dado caso de llegar a ocasionar ruido en la silenciosa casa.
La luz de la lámpara de la sala estaba encendida. Supuso que se debía a que esperaban su llegada. Bueno, Mitsuki y Masaru esperaban su llegada, porque los otros dos nunca harían eso por él.
Subió las escaleras, sin prever que Katsuki se encontraba en la mitad de la escalera con una toalla rodeando sus anchos hombros y mechones de cabello rubio mojados.
—Kacchan—Exhaló.
El rubio enarcó una ceja, meneando levemente la cabeza, desinteresado.
—Hm.
—Estás despierto— Mencionó extrañado.
Eran las nueve. Katsuki dormía a las ocho y media.
Le pareció raro verlo.
No es que le molestara, al contrario, le encantaba verlo; además, no era común tener un vistazo de su aspecto recién bañado.
Sus mejillas se hallaban ligeramente teñidas de un color rosáceo, sus ojos rojos incandescentes y muy abiertos. Las líneas de su cintura finamente marcadas debajo de la camiseta del pijama que colgaba de él. Sus brazos alargados y humedecidos por las gotas perladas de su piel.
Era una vista que, sin duda, lo embelesaba.
—¿Algún problema?— Inquirió.
—No, no—Sacudió las manos a los lados. —No tengo problemas contigo, Kacchan. Es sólo que me sorprendiste— Ruborizó.—No esperaba verte a esta hora de la noche.
—Es mi casa—Obvió.
—Sí— Dijo estúpidamente.
Katsuki lo observó petulante, haciendo una mueca de lado. Izuku jugueteó con las manos, sonrojado a mayor intensidad. Tener al rubio en frente hacía eco en su cabeza, causando un caos en su corazón y en su cuerpo.
—La chica—Mencionó. —La chica que estaba contigo. ¿La conoces?
—Ah— Suspiró indiferente. —¿Te refieres a Momo Yaoyorozu?
—Sabes su nombre.
—Recuerdo todo lo que escucho una vez.
—¿Te interesa?— Preguntó tímidamente preocupado.
Los ojos de Katsuki chispearon. Dio un paso adelante, acercándose a él sin ninguna barrera. —¿Estás celoso?— Parecía divertido.
Izuku puso gesto alarmado. —¡No me refiero a eso! Es que— Bajó la voz. Su vista apuntada hacia sus manos. —Nos besamos…—Alzó la cabeza. —Nos besamos. Y quiero saber qué significa eso para ti.
La cara de Katsuki permanecía inamovible, lo cual aumentaba los crecientes nervios suyos.
—¿Quieres volver a hacerlo?— Presionó su torso delgado y estilizado contra el suyo, que inmediatamente combustionó como si la mera proximidad de su cuerpo hubiera encendido una flama en él. Las diminutas gotas formadas en la puntiaguda cabellera rubia, caían vertiginosamente sobre su pecho, humedeciéndolo.
Izuku cerró los ojos, apretando los músculos faciales, preparado para la bomba. Para la explosión efusiva que significaban los labios de Katsuki en los suyos.
Aguardaba ansiosamente poder sentir a Katsuki cerca de él, aceptándolo, reciprocando sus sentimientos… De pronto, una ráfaga de aliento se estrelló en sus mejillas haciendo que abriera los ojos rápidamente.
Katsuki se reía.
Se reía de él.
Su corazón se oprimió, junto con su expresión.
La risa siguió, mientras la miraba ocurrir.
—Hasta crees que te besaría— Mofó. —No seas ridículo, Deku.
Ojos verdes lo contemplaban destrozados.
¿Que no sea ridículo? Pero si estuvo a punto de besarlo, ¿No? O bueno… hizo que lo iba a besar para después burlarse de él.
Debió suponerlo.
—Eres una jodida molestia— Detuvo el curso de su risa, optando por adoptar una actitud seria.
—Pero, Kacchan. Tú y yo-
—No te atrevas a seguir con la misma estupidez— Advirtió cabreado. —Ya me tienes harto— Gruñó. Sus duros ojos lo atravesaban como flechas. —Supéralo, Deku. Un beso no significa nada.
Un beso para él significa mucho. Significa que sus sentimientos son recíprocos, que están en la misma página. Pero no, las cosas no suelen salir como él gustaría que se dieran; y, además, el fuego inacabado emergían de sus refulgentes irises quemando sus esperanzas dejándolas en sólidas y sórdidas cenizas.
A esas alturas, sus ojos se humedecieron.
Katsuki al ver que no articulaba palabra, se retiró a su habitación con una sonrisa de lado complacido con su cometido.
Lágrimas cayeron de sus ojos simulando diluvios. Otra vez lo habían ilusionado en vano. No, fue su misma mente que creó una ilusión y vio algo en una relación inexistente.
Derrotado, ingresó al baño y mientras el agua corría en la regadera, el agua soluble se mezclaba con la amargura silenciosa de sus lágrimas y el llanto que no salía de su boca, más que en forma de sollozos quedos que morían junto a su corazón magullado.
Acostó su cuerpo pesadamente sobre el colchón, los párpados cerrados y los brazos extendidos a los costados.
Respiró profundamente. Todavía mantenía la suficiente cordura para convencerse de que aún podía dar batalla por un largo rato, porque sabía que muy dentro del hielo en las venas de Katsuki habitaba un hombre con sentimientos.
Sólo hacía falta sacarlo a la luz.
Y esa persona que lo haría sería él.
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NOTA: Me tardé en terminar este capítulo. Lo iba a hacer más largo pero lo dejé así.
Disfruten del capítulo.
