"Apuntar a una cita"

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El ruido del traqueteo del metro al pasar por las vías resonaba en el techo. Las personas en su mayoría estaban sentadas; uno que otro se hallaba de pie, entre ellos él. La fascinación adornando sus facciones tiernas delineaba el curso de sus pecas centradas en sus pómulos sonrosados. Izuku miraba el anuncio de una película de acción con una dosis de romance. Pensaba que era una excelente oportunidad para verla con Katsuki, pues no parecía ser una película aburrida o una que él pudiera encontrar inadecuada para verla con éste.

De allí, que salió disparado del metro en cuanto llegó a su estación de bajada y corrió entusiasmado hacia la casa.

Llegando vio a Katsuki sentado en la sala, leyendo un libro, solo. Mitsuki se encontraba cocinando en la cocina, Kota dibujando en la mesa del comedor, y al no ver a Masaru y su madre, asumió que estaban trabajando.

—Kacchan— Pronunció al acercársele. Éste al notar su presencia, bajó el libro, alzó la cabeza.

—Qué.

Izuku ruborizó; y, a consecuencia, Katsuki frunció el ceño.

—Lo que sea que quieras decir, escúpelo.

—M-me preguntaba si…— Su voz se atoró. Carraspeó y siguió—: Me preguntaba si querías salir conmigo a ver una película en el cine.

—¿Hah?— Murmuró.

—Me preguntaba si querías salir conmigo a ver una película— Repitió con más vehemencia, más intenso. Sus pupilas se empequeñecieron aumentando la luminosidad de sus orbes rojas encontrarse con las suyas verdes y nerviosas.

Los latidos le bombardeaban el pecho. Sus ansias lograban carcomerle las extremidades hasta ceñir su columna en una rectitud inherente.

—No iré—Replicó.

Le tomó medio segundo en procesar su respuesta.

—¿Eh?

—No iré, Deku— Gesticuló fuerte y claro.

—¿Por qué?—Katsuki lo fulminó ceñudo. —Entiendo que no te agrado, pero quiero saber tu razón para no querer venir. A-aún no te he dicho qué película veríamos.

—No me interesa— Gruñó. Su cabeza se sacudió en un giro desinteresado.

—Es la película de una chica que se enamora de un ciborg—Explicó. —¡Es súper romántico! Te gustará…bueno, eso espero. Sé que la pasáremos bien. Haré lo posible por hacerte pasar una buena tarde a mi lado. Te lo aseguro.

—Deku— Torció el labio inferior en una mueca enfadada. —No me interesa ver una película contigo.

—Kacch-

—¡No quiero!—Alzó la voz, imperante.

—Está bien— Concluyó. —Entiendo. Ya no te molestaré con eso— Y se retiró derrotado.


A los pocos días de haber recibido el rechazo de Katsuki, se enteró de que saldría con Yaoyorozu porque Mineta fue quien le dijo aquello. Cabe decir que la primera impresión de éste no había sido la mejor, puesto a que Katsuki le había dicho que era un «pervertido» y por tanto, lo tachó de pervertido hasta después de su primera sesión de tenis, de la cual terminó en desastre; éste lo confrontó diciéndole que no le interesaban los hombres, y que aquello que hizo con Katsuki (refiriéndose a cuando tocó su cintura frente a todas las chicas) había sido por pura maña, no por otra razón.

No obstante, Mineta demostró ser un conocido decente, como mínimo, puesto a que él confesó estar enamorado de Yaoyorozu tanto como él gustaba de Katsuki. En tanto, le propuso unir fuerzas para impedir esa posible relación que se gestara entre ellos.

Al principio, Izuku no estaba muy de acuerdo con inmiscuirse en la vida privada del rubio, mas la tentación de estar más cerca, nubló su juicio y tuvo que acceder a la propuesta de Mineta: seguir a esos en su cita.

Se sentía tan debatido por ello que no podía creer que realmente hubiese accedido a ideas tan mezquinas.

—Mira— Le decía el hombrecillo. —No tenemos que ir tan cerca de ellos, seremos evidentes. Sólo estaremos cerca, en caso de que algo pueda pasar entre ellos.

—No estoy muy seguro de poderlo hacer.

—Claro que puedes—Presionó éste. —Has estado enamorado de Bakugo por más de tres años. ¿Dejarás que alguien más se atreva a interponerse en tu camino y te lo quite?

—No me gustaría que eso pasara—Admitió tras meditarlo unos segundos. —Pero es la vida de Kacchan. No puedo meterme en ella, aunque quisiera que él me correspondiera. No puedo…

La cara de Mineta se desplomó por los suelos. Izuku no quería hacer algo indigno de un futuro campeón del mundo, puesto a que tanto él como sus entrenadores estarían terriblemente decepcionados de su falta.

Izuku lo sabía más que bien. Sabía que inmiscuirse en la vida de otras personas, sobretodo en la vida de quien le gustaba era algo impensable, mas el saber que existía una evidente posibilidad de que una chica aparezca de la nada y decida quedarse con Katsuki así como así, sin dar batalla, le resultaba indignante como una pelea sin concretarse.

Izuku estaba dispuesto a pelear por el amor de su adorado Katsuki. Más que dispuesto.

Haría miles de cosas por tenerlo entre sus brazos.

—Sé que puedes, Midoriya— Lo animó Mineta, repentinamente motivado. —Sé que eres capaz de hacer cualquier cosa por Bakugo. Sé un hombre y hazlo.

—Yo…

—¡Hazlo!—Gritó.

—¡De acuerdo!— Exclamó. —De acuerdo. Lo haré.

Mineta lo agarró de las solapas de la camiseta y chilló en el derredor de su pecho hasta ensoparlo. Izuku tuvo segundos pensamientos con respecto a su decisión.


Su cabeza experimentó un turbulento movimiento al ver su cara en el reflejo del espejo. Las comisuras de sus ojos lucían obscurecidas por el color del delineador ocultando la blancura de su piel.

Desconocía su identidad al verse así.

El delineador remarcaba el recorrido evidente de lo que serían las ojeras. El pelo rizado lo llevaba alzado a efectos del gel y usaría un par de gafas del sol.

«Me veo tan extraño» Pensaba espantado por su aspecto. «Ojalá este aspecto oculte muy bien mi cara. Kacchan me reconocería enseguida. Es tan inteligente…» Titubeaba varias veces mientras pasaba segunda capa de delineador sobre el párpado y movía a pinceladas la sombra que se adhería a su piel como una capa de polvo.

La idea de ir a la cita era ir disfrazados. Izuku, que no tenía experiencia con los disfraces, más que en la infancia, que llegó a disfrazarse de su ídolo de la infancia, All Might, incontables veces. Mineta le insistió que vistiera de delincuente o un bravucón, aprovechando de su musculatura y su altura, que si bien, Katsuki era unos centímetros más alto que él, era considerado un hombre medianamente alto.

La idea de maquillarse un poco fue suya, puesto a que sus enormes y expresivos ojos verdes éranse demasiado llamativos, y por tanto, necesitaban ocultarse. Cabe decir, que dentro de la extrañeza del maquillaje inmiscuyendo su piel resultaba bastante cómodo. Y a decir verdad, admitía gustar del aspecto oscuro de sí mismo. Le daba un cierto encanto, supuso. Un poco de misterio entre tanta apertura de su personalidad en todas partes. Esa parte rota de él la usaba a su favor para ser alguien más.

Las gafas yacían en el buró aguardándolo como el broche de oro que le faltaba a su inmaculado disfraz. Con ellos pasaría totalmente desapercibido, porque nadie lo ha visto usar delineador, ni gafas del sol, ni el pelo peinado y los descolorados pantalones pegados a las piernas usando una camiseta sin chiste, desaliñada.

Sí, se decía que nadie lo reconocería luciendo como todo un bravucón.

Aun así, un sentimiento de frialdad lo abrazó por la espalda, como una ventisca de hielo congelarle el cuerpo. Se recordó que esta no era una cita. Que no era él quien salía con Katsuki, sino alguien más. Y el dolor fue súbito. Lo tomó de improviso y lo zarandeó a los lados hasta sacarle la ligera felicidad que sentía al poder ver a Katsuki en un contexto diferente al anteriormente acostumbrado.

Sin embargo, juntó el valor suficiente de encarar su reflejo en el espejo y ajustarse el conjunto, alisando la ropa que lo cubría.

Sin más, salió de la habitación a eso del mediodía, antes de toparse con el malhumorado rubio en la casa y se dirigió rumbo al punto de reunión.

Daría la mejor impresión de su vida.


Estando en la vasta plaza concurrida, miraba a los lados, esperando a que el hombrecillo del pelo de uva llegara. Sabía que, al igual que él, vendría disfrazado. El qué no lo sabía, pero podía imaginarse que de un ejecutivo o algo parecido.

En tanto aguardaba, mantenía las lumbares descansando en el borde de una fuente, apoyando duramente las vértebras que lo sostenían. Su pierna descansando en el material, golpeteando con la suela del zapato el pavimento.

Mantenía la facha de bravucón intocable a toda costa.

En eso, el celular le sonó del bolsillo del pantalón. Alarmado, atendió la llamada de inmediato al percatarse de que se trataba de Mineta.

—Ya llegué— Anunció.

—Yo también—Respondió.

—¿Dónde estás? Que no te veo.

Izuku vio hacia los lados en busca de aquel hombrecillo, encontrándolo al instante situado en el centro de la plaza donde las personas colisionan y avanzaban a velocidad constante. Centró su vista en detectarlo y en menos de lo que creyó posible, ahí estaba. Lucía exactamente igual, a excepción de unas gafas de sol muy parecidas a las suyas y usaba una chaqueta de cuero más grande que su cuerpo, haciéndolo verse ataviado por una gigantesca sombra apachurrándolo.

—Ya te vi— Musitó él.

—¿En qué parte estás?— Lo vio girarse a alarmado y no pudo contener la risa. —¿Qué es tan chistoso, Midoriya? Esto es serio.

Se acercó a éste, sigiloso, pero a la vez, adoptando la postura altiva que llevaba caracterizando desde que salió de la casa.

—Atrás de ti—Indicó.

—¿Eh?— El hombrecillo se giró y no lo notó. —¡No te veo!

—¡Estoy aquí!— Exclamó.

Mineta frunció el ceño, tratando de distinguirlo, fallando horriblemente en el proceso. En un arrebato de hacerse notar, se quitó las gafas del sol y mostró sus enormes ojos verdes.

Mineta enseguida lo reconoció. Fue un cambio tan sencillo que tuvo que hacer para demostrarse que pensó que debió comprarse unos pupi lentes, ya que sus ojos son tan reconocibles.

—Vaya, vaya— Suspiró al verlo. Ambos colgaron la llamada, guardándose los celulares en los bolsillos del pantalón. —Te tomaste en serio lo de disfrazarnos. Yo sólo me puse esta chamarra que encontré en descuento y estos tontos lentes que no me dejan ver bien. Pero tu— Lo señaló, impresionado. —Te ves como todo un chico malo.

Izuku ruborizó. —N-no creo que sea para tanto—Replicó avergonzado.

—Sí que lo es—Insistió. Lo miraba de pies a cabeza, moviendo sus cortos brazos imitando lo que sus ojos veían. —Mírate. Hiciste un buen trabajo.

—Gracias—Sonrió.

—Bueno, ¿Qué esperamos? Vamos a escondernos—Lo agarró del brazo y se escondieron detrás de un anuncio de teléfonos.

Aguardaron y en lo que transcurrieron unos cuantos minutos hasta que vio a la chica arribar usando un vestido de color blanco inmaculado, contrastando el color negro de su cabello, que despampanaba tras su espalda, resaltando aun más sus curvas femeninas.

Una punzada le atenazó en el pecho, haciendo que su corazón inflamado se debatiera entre si marcharse o permanecer y sufrir. Cualquiera que fuera su decisión sería igual de dolorosa que la otra.

La chica se notaba emocionada y nerviosa a la vez. Lo cual, Izuku no podía culparla, pues se trataba de alguien tan inalcanzable como Katsuki; no obstante, ella es la única chica a la que ha visto al rubio no rechazarla tajantemente, como lo ha hecho con él durante el tiempo en que lo ha pretendido.

—Tan guapa— Susurró Mineta, encandilado con la belleza de la chica. —¿A poco no es guapa, Midoriya?— Al no responder, continuó—: Sí es cierto. No te gustan las chicas.

—Sí me gustan—Corrigió. —Me gustan ambos. Chicas y chicos, digo. Pero, quien me gusta es Katsuki.

—¿Es posible eso?— Cuestionó incrédulo.

—Claro que sí—Aseguró. —Te pueden gustar los dos.

—No sabía—Exhaló. De pronto, lo oyó jadear de sorpresa y llevarse ambas manos a la boca para callar el jadeo. —¡Ya llegó Bakugo!—Gesticuló.

Izuku palideció y subsecuentemente, regresó la mirada hacia donde la chica estaba esperándolo. Su corazón dio un vuelco, inclemente de su sentir. Inclemente de la pesadez que corroía sus venas hasta emplastarlas con el veneno poroso que lo paralizaba, a la vez que se entregaba a ver a Katsuki en el mejor atuendo en que lo había visto desde que vive bajo su techo.

Todo lo que usaba iba de acuerdo a su figura, las pequeñas y casi imperceptibles curvas de su cuerpo que abrazaban, o mejor dicho, acogían su pequeña cintura. Sintió una grave envidia de no poder ser a quien éste acudía a ver.

Tragó saliva, fuerte y claro.

Tensó su cuerpo lo más posible y dedicó sus expresivas pupilas en la escena que se desenvolvía entre ellos.

Katsuki saludó a una Yaoyorozu muy complacida de verle, a lo cual, quién no quisiera ver a Katsuki ataviado de sus mejores ropas, mostrando ese lado suyo tan intrigante.

Sus dedos se afilaron en el anuncio en el que ambos se escondían. Los vio pasar del saludo a caminar por la calle, saliendo de la plaza.

—Hay que seguirlos— Susurró Mineta, apurado, y antes de que Izuku hiciera algo, le tomó del brazo y lo jaló en dirección a la parejita a la que seguían.

Arribaron a un cine. Los pilló comprar dos boletos; y, entre miradas educadas y signos de amabilidad intercambiadas, en especial por ella, no tanto por Katsuki.

Izuku apresuró el paso tropezando con los pies hasta llegar a la caja, sin que hubiera fila.

—Quiero lo mismo que ellos—Pidió presuroso.

La empleada lo miró escrupulosa, tomándole un segundo en entender lo que solicitaba.

—Dos boletos— Explicó. —Para la misma función que ellos—Señaló a Katsuki y Yaoyorozu alejándose de la multitud.

—Ah— Comprendió. Enseguida, realizó el movimiento en la caja y le entregó los boletos, tras cobrarle. Mineta veía la escena con asombro ante la velocidad con que Izuku reaccionó, además de sacar la cartera y de paso, pagar por los dos.

Al notar su presencia a su lado, sorprendido, dijo—: Es parte del plan.

—N-no esperaba que reaccionaras tan rápido, Midoriya. Al principio habías dicho que no querías hacer esto. Quién lo diría…

Las mejillas de Izuku se tiñeron de rosa profundo. —Sólo no quiero perder a Kacchan sin dar pelea. Es todo.

—Me imagino. Te ha gustado él desde el primer año.

—No quiero perder tan fácil—Agarró los boletos, agradeciendo a la chica. —No pienso perder. Lo quiero.

«No quiero perder sin dar pelea» Se dijo. «He hecho mucho para conquistarlo y aún no me he rendido». Empuñó los boletos entre su dura mano, indicándole a Mineta que entraran a la función de inmediato. En el proceso, compraron unas palomitas en la tienda e ingresaron sigilosamente por la puerta de entrada. Subieron los escalones, sin perder el tiempo en buscarlos, porque encontraron la notoria mata de cabello rubio de Katsuki y supieron que estaban sentados en el centro de la sala.

Mineta le apretó el brazo, llevándolo a la fila de atrás de ellos; sin embargo, no contaban con que hubiera una pareja sentada precisamente detrás de la parejita, a lo que Mineta los apartó echo una furia pequeña. Izuku se lanzó en el asiento de la sala, sosteniendo sus palomitas. Sentía su corazón latirle contra el pecho a toda velocidad, su cabeza punzando en un martilleo constante, delante a lo que hacía.

Mineta se sentó a su lado, de manera que éste tenía a Yaoyorozu de frente y él a Katsuki, cuya sola presencia desencadenada una serie de desenfrenadas sensaciones aledañas a sus sentimientos por el rubio.

Verlo en compañía de una mujer tan refinada como Yaoyorozu encendía una llamarada en su interior que quemaba de súbito dolor.

Quiso marcharse un sinfín de veces mientras la función ocurría; en tanto, Mineta estaba como halcón sobre cada movimiento echo por cada uno de los dos. A menudo interrumpiendo a la chica que buscaba tomar la mano de Katsuki, quien inmutable a su acercamiento, no movía un centímetro de su mano descansando en el reposador.

El estómago se le apretaba en un nudo de sólo vislumbrar a Katsuki de ese modo tan accesible.

«Tranquilo, Izuku» Se decía en modo zen. «No puedes interferir en la vida de Kacchan. No puedes hacerlo. Tranquilo. Respétalo. Quiérelo tanto como lo haces. Anhela su felicidad tanto que no logres sentir más dolor»

Apretó los párpados, endureciendo las líneas de la cara como si fuera un ladrillo. No buscaba desesperar, ni interrumpir una cita que bien podría salir a la perfección, incluso con él ahí detrás viendo todo.

En un de repente, abrió los párpados al oír un suspiro de sorpresa venir de Mineta. Izuku, ojiabierto, aventó las palomitas al aire causando un alboroto entre la multitud que observaba la función. Una lluvia de quejas se vertió sobre él, desmedidamente.

—¿Qué haces?— Susurró Mineta a medio gritar.

Lo que hizo fue detener a la chica de ponerle una mano encima a Katsuki, literalmente. La lluvia de palomitas frenó el acercamiento de Yaoyorozu, y en gran parte, fugó sus sentimientos al exterior sin pensar en si molestaría a los demás de la sala.

—Lo siento—Se disculpó.

«Me dominaron los celos» Pasó por su cabeza, fugazmente. «Soy de lo peor»

Salió disparado de la sala, oyendo a Mineta susurrarle que no se marchara, pero Izuku no aguantaba la sensación de interrumpir la cita de alguien más.

Hundió las manos en los rizos tiesos por el gel, queriendo estúpidamente no tener nada en el cabello para poderlo arrancar de sus raíces, arrancarse la piel, si fuera necesario para saciar el dolor que padece a raíz de ver a la persona que le gusta con otra persona que no fuera él.

Dolía tanto que las lágrimas se acumularon en el ras de sus lagrimales, sus labios tensos remarcaron el surco de su rostro arrugado por la presión de no soltarse a llorar ahí mismo. No cuando Mineta lo alcanzó en los bancos de afuera del cine.

—¿Qué fue eso?

—No sé—Replicó desahuciado. —No sé.

—Bueno, lo que sea que fue eso, cálmate— Fijó una mano sobre su cabello y apartó las manos hundidas en las raíces de su cabeza. —Aún tenemos que seguirlos después de que salgan.

—¿Los seguiremos toda la cita?—Preguntó boquiabierto.

—Sí— Obvió. —Sino para qué estamos aquí como idiotas vigilándolos en caso de que algo comprometedor surja entre ellos. No creas que me rendiré por un chico rubio aparentemente perfecto que le corre hielo por las venas sin dar pelea. Tú lo has dicho.

Izuku rió cuando dijo «hielo por las venas», porque él también había pensado eso.

—Es cierto—Sonrió. —Lo he dicho.

—Serás un idiota si te rindes.

—Y no lo soy.

—Yo tampoco—Negó. —Ahora, esperaremos hasta que salgan y los seguimos, Midoriya.

—Bien— Dijo resignado.

No había otra cosa que decir, además de esa. Lo sabía. Era un desastre por ir tras de Katsuki como un idiota. Incluso sus amigos lo consideraban un caso perdido por querer tanto a una persona que ni siquiera corresponde su amor. Aunque, quién podría culparlo. Por amor hace tonterías injustificadas e irracionales sólo por tener una dosis de esa mirada rojiza que se asemejaba al rojo vivo de la sangre pura.

Al cabo de una media hora, los vislumbró salir de la función, con Yaoyorozu tomando el brazo de Katsuki, sin que éste rechazara su contacto. A Izuku se le apretujó el cuerpo dolorosamente.

De pronto, sacudió la cabeza y se propuso olvidarse de él mismo por una buena vez y centrarse en lo que él y Mineta estaban haciendo.

Desde ahí, los empezaron a seguir por un gran número de tiendas de ropa, que aunque Katsuki no adquiriera nada, Yaoyorozu aprovechaba la ocasión para probarse vestidos y modelárselos a Katsuki en el proceso. La cosa no pudiera ir peor para el pobre corazón de Izuku. Los corajes provenientes de Mineta sobrepasaba la emoción invasora del pecoso, quien empuñaba las manos cargados de impotencia. Pura impotencia.

No aguantaba más el sentimiento de sentirse patético por ir tras su amor no correspondido haciendo uso de un disfraz.

Por eso y muchas razones es que despreciaba ése lado suyo que lo hacía sentir inseguro e insignificante. Era una sensación devastadora.

—No parece que llegarán a nada— Comentó Mineta, detrás de una raca de ropa. Ambos los habían seguido a otra tienda de ropa, donde Yaoyorozu se medía otro vestido que la hacía lucir despampanante.

—¿Por qué lo dices?

Izuku advertía las manos agarrotadas por mantener esa postura incómoda durante quince minutos.

—Bakugo no parece interesado en Yaoyorozu—Izuku pestañeó, perplejo. —Si realmente le gustara ella, se notara más sincero con sus halagos, en lugar de recitar frases bonitas porque sí.

—No lo había pensado— Admitió.

El alivio llegó a él como un abanico abanicar su cara caliente por la tensión. Atisbó una mueca retorcida en los labios de Katsuki cuando la chica se retiró al vestidor. Sí, el rubio estaba enfadado con el curso de la tarde.

—Me imagino que ahora ya lo pensaste— Afirmó.

Izuku asintió.

—¿Y de Yaoyorozu?— Interrogó un tanto inseguro.

—¿Qué hay con ella?—Enarcó una ceja a través del reflejo de las gafas. Izuku pudo notar la leve tensión que se formaba en sus ojos oscuros cuando decidió abrir la boca para decir eso.

—Cómo estás tan seguro de que ella gusta tanto de Kacchan— Continuó, jugueteando con sus manos. —Es decir, estoy consciente de que ella gusta de Kacchan. Y mucho. Pero cómo lo puedes saber, si ninguno de los dos le ha preguntado el por qué le gusta. Se escucha raro, lo sé. No puedo evitar cuestionármelo. Qué fue lo que a ella le gustó de Kacchan.

Mineta le dio un zape cariñoso en la cabeza. —Para de hablar, Midoriya. Apenas te entiendo.

—Lo siento.

—Ni siquiera sé lo que dijiste— Adujo, llevando una mano al puente de la nariz en señal de frustración. —Tu mente funciona de una manera muy extraña.

—Lo sé—Sonrió, mostrando un dejo de sus destellantes ojos verdes.

—Pero tratando de contestarte—Retomó. —Yo creo que ella gusta de Bakugo, basado únicamente en su físico. Si le gustara más allá de ser un hombre de buen aspecto, tendría una mirada diferente. Ten en cuenta que te lo dice el pervertido del club de tenis. Mi opinión no vale mucho.

—Descuida—Disuadió. —Mi opinión no vale mucho tampoco.

—Tienes un pésimo autoestima, Midoriya.

Izuku sonrió sin responder.

La verdad se depuraba sobre él como un velo que cubría su incertidumbre, sus miedos, sus inquietudes e inseguridades consumándola sobremanera de que él en realidad es así: inseguro de sí.

Dirigió su atención en la parejita, sintiendo el inminente crecimiento de nerviosismo que padecía su acompañante. Ambos estaban tan inquietos de la situación, que, al verlos salir de la tienda con una bolsa. La primera compra que habían hecho desde que comenzaron a seguirlos.

Katsuki le había comprado una raqueta de tenis a Yaoyorozu.

Ella se veía tan contenta y complacida por ello, que Izuku no soportó más estar ahí que se vio en la necesidad, no, en la urgencia de huir de la desgracia que acontecía ante sus mismos ojos.

Era un verbo reverberante que doblegaba su dignidad. Espiar a una próspera pareja no iba con él. Lo sabía con lastimosa certeza.

—Lo siento, Mineta— La boca le sabía amarga; su cara lucía agria. Éste se detuvo en seco, boquiabierto. —No puedo seguir con el plan.

—¿Qué dijiste?

—No puedo seguir con el plan— Repitió. —Es…es demasiado para mi—Confesó terriblemente herido. Mineta pudo ver su sentir, mas el chillido que emanó de sus labios lo sobresaltó de modo que su cuerpo impactó con otro cuerpo desencadenando un evento desafortunado. Vertió el líquido del sujeto contrario sobre su camisa de detalles tropicales, ocasionando una furia bastante racional (a ojos de Izuku) contra él, que le asestó un golpe brutal en la quijada.

—¡Midoriya!— Chilló su acompañante.

—Arruinaste mi camisa, imbécil— Apuntó el hombre, que tenía el cabello negro en puntitos por la cabeza, de estatura promedio, delgado, con brazos relativamente fuertes.

—¡Lo siento!—Exclamó escandalizado.

—Es bastante cara. Tendrás que pagar por ella.

—¿Pagar?— Musitó excesivamente temeroso. Dinero es lo que no poseía, sin duda. Siempre ha sido pobre. —No tengo ninguna clase de dinero.

El hombre hundió las cejas, enfurruñado.

—¡Me pagarás mi camisa!— Exigió. El sudor corría por su frente en un hervidero de ira.

—¡No tengo dinero!

—¡Mentira, imbécil!— Gritó y le asestó un golpe en la cara, que fructuosamente bloqueó con el antebrazo. Mediante una exhalación, esquivó una serie de puñetazos que distaban de ser jabs perfectos como los de Shouto, mientras los otros sujetos que iban con el hombre apoyaban a su amigo que buscaba aterrizarle una ráfaga de golpes.

Izuku respiraba feroz, sintiendo la inyección de adrenalina correr por sus venas. El rostro se le calentó en la zona donde el primer golpe se estrelló en su quijada.

—¡Pelea! ¡No seas tan cobarde!

Mineta se hallaba detrás de él, por unos pasos, enseñando los dientes chasqueando de los nervios, producto de su preocupación yacente en sus ojos oscuros.

Decidido a defenderse, aterrizó un cruzado de derecho en la quijada, lo suficientemente rápido para que en un parpadeo viera al hombre tirado en el suelo con los ojos muy abiertos como si sacaran chispas.

El corazón le bombeaba fuertemente contra el pecho en una maraña de pensamientos que colisionaban para sí en su cabeza. Huir o permanecer. Esas dos opciones rondaban por su cabeza como una humareda colándose por entre sus orejas hasta ser lo único que escuchaba venir de sí mismo.

¿Se podía huir de una situación así? ¿No sería eso una opción de cobardes? Es decir, Izuku ha sido llamado «cobarde» un sinfín de veces, además de «inútil» o «Deku». Un escalofrío lo rodeó ante la mención de «Deku» flotar por la ola de pensamientos.

De pronto, los dos amigos del sujeto se abalanzaron sobre él. Lo empujaron, jalaron, patearon hasta tirarlo al suelo, estrellando su cara contra el duro pavimento. Juró que sintió el torrente de sangre salirle de la nariz. Caliente y veloz.

Los tres se encontraron sentados en su espalda, sosteniendo sus brazos, piernas y estrellando su mejilla en el pavimento. Una y otra vez. Apretaba los dientes. Ése dolor no podía igualar el de saberse no querido por el rubio. Ése dolor superaba con creces todo.

Mineta chillaba por que lo dejaran en paz. Katsuki estaba en otra parte; quizá muy lejos de donde él sufría semejante paliza.

Sin embargo, resistía.

Respiraba por la boca, rechinando los dientes conforme la presión de su agarre lo sometían contra el pavimento de la banqueta. Las gafas se le habían caído de los ojos, el maquillaje seguía en su lugar. La sangre de la nariz dejaba de salir fresca y a menor presión.

«Deku, Deku, Deku, Deku»

Los cantos lejanos de las burlas resonaban en su cabeza como una bruma que cegaba su cordura.

Las risas contra él, contra su persona, lo devolvieron rotundamente a un lugar del cual pocas veces recordaba: la secundaria, el jalón de pelo para levantar su cabeza y el cabello gris de tonalidad blanca, esa cara llena de arrugas como si fuera un anciano,, acercarse a su oído a decirle con ese tono despectivo que corroía la naturaleza de un fatal ataque de su voz que dice «Mi-do-ri-ya»

Los escalofríos de haber avivado tan desafortunado recuerdo lo orillaron a levantarse de un estrépito, tirando a los tres hombres que lo sometían sin el menor esfuerzo.

Se levantó como si buscara quitarse pulgas del cuerpo. Se sacudió desesperado de remover semejante recuerdo. Creía haberlo olvidado. Creía estúpidamente haber enterrado ese angustiante dolor de sabor ferroso.

Miraba a los tres hombres, encarándolos en pie firme, buscando alejarlos. Lidiar consigo mismo, como siempre lo ha hecho.

Lo sujetos lo miraron desconcertados.

Mineta, quien no había abandonado su lado, se acercó a él, preguntando si estaba bien, a lo que Izuku asintió, sin mediar palabra.

—Estás sangrando—Musitó asustado.

«No importa»

Inhaló profundo.

«No importa»

No importaba el resto si no se enfrentaba a lo demás, a lo que temía, a lo que huía tontamente, a lo que buscaba encarar con sonrisas que no subyugaban el sentimiento.

No importaba sangrar por la nariz si eso no se comparaba con sus experiencias recientes. Perder la pelea que tanto entrenó, soportar el rechazo de Katsuki. Era mucho para él. Aun así, resistía.

—¡Paga por mi camisa, maldito infeliz!—Exigió el sujeto, rabioso.

Tiró un cruzado de derecha, que Izuku estaba listo para esquivar, sin embargo el golpe no llegó. Miró bien y vio que Katsuki estaba allí, agarrando el brazo en forma de cruzado del sujeto.

—¿Sabes extra, que esa camisa no vale ni un maldito centavo?—Inquirió. —No eres más que un patético imbécil jodiendo a cualquiera que se le cruce al frente.

El rostro del hombre se contorneó de ira y estupefacción.

Izuku abrió las orbes, sorprendido.

—¡Kacchan!

A la mención de su apodo, el rubio volteó a verlo y curiosamente, sus ojos mostraron un dejo de reconocimiento.

—¡Aléjate, estúpido!

Se abalanzó contra Katsuki, que en un acto reflejo, bajó la espalda, esquivando el que pudo haber sido un jab en la nariz.

Izuku contempló el curso del movimiento, impresionado, como con todas las cosas que el rubio hacía. La admiración y adoración seguían ahí, latiendo en su interior.

Sin embargo, otro de los tres sujetos, se las ingenió para agarrar a Katsuki por la cintura y alzarlo con la intención de aventarlo. Izuku le asestó un jab de derecha en la nariz tan fuerte que se fue hacia atrás soltando a Katsuki. Izuku lo jaló del brazo, a pesar de haber recibido una mirada de protesta de su parte, pero no toleraba que lo lastimaran.

El sujeto restante de los tres se lanzó contra Izuku, quien aún agarraba el brazo de Katsuki, que en su defensa le dio una patada en la pierna, evitando así que llegara a Izuku.

—Kacchan…—Suspiró el apodo del rubio, impresionado.

El aludido esbozó una mueca tensando los labios.

Esos pequeños gestos que si bien, pueden pasar como muestras de enfado en éste, le fascinaban por su genuina espontaneidad.

Le fascinaban porque provenían de él.

De pronto, vio que Katsuki se acercó a Mineta a susurrarle algo al oído, mientras que Izuku esquivaba los golpes de los tres sujetos sin saber qué tenía en la mente el intrépido rubio.

Se preguntó qué fue lo que le dijo porque le entregó una raqueta de tenis de la bolsa y le guiñó el ojo con cierta maña. Frunciendo el entrecejo de preso de la confusión, se paralizó en cuanto Katsuki lo agarró de la mano y lo jaló en una carrera.

Juró por ese brevísimo instante que su cuerpo entero fue un estallido de fuegos artificiales.

Las piernas de Katsuki se movían velozmente por las calles, entremezclándose con la gente y entrando por pasillos que no conocía de la ciudad. Izuku sentía que el corazón le brincaba del pecho y regresaba a su sitio. La sangre caliente pasaba por sus venas quemando todo a su paso.

—¡Kacchan!—Exclamó desconcertado.

—No preguntes nada— Masculló entre dientes. —Sólo corre, imbécil.

«¿Que corra?» Pestañeó. «Eso es lo que estamos haciendo… pero, ¿Por qué me escogió si estaba con Yaoyorozu? Tal vez, solo tal vez, supo que era yo por el ruido de la pelea»

Izuku aceleró el ritmo, quedando a la par con el de Katsuki. Oía el sonido de su respiración, el golpeteo de sus zapatos colisionar con el pavimento, los ruidos del claxon, el motor de los vehículos, cesaban de llegar a sus oídos. Estaba concentrado en ver la mano de Katsuki tocar la suya duramente, como si él se fuera a soltar de su agarre.

Izuku sentía que estaba soñando, sin importarle si dos de los sujetos los seguían. Él estaba con Katsuki a su lado, huyendo del peligro, huyendo del resto.


Se detuvieron en lo que parecía ser un parque.

Los árboles se extendían frondosos por el caminito compuesto por senderos de banquetas. La mano de Katsuki se encontraba caliente contra la sudada piel de la suya.

Ambos respiraron para amortiguar el efecto del cansancio producido por la persecución. Katsuki se miraba más calmado de lo que Izuku imaginaba, debido a la rareza de la situación en la que estaban.

Prácticamente cada cosa ocurrida aquel día era una rareza en su más absoluta expresión.

Katsuki desprendió su mano de la suya de un arrebato, dejando el frío contacto renuente sobre su piel húmeda.

—Serás idiota, Deku— Ladró el rubio. Izuku lo ojeó, con las orbes abiertas y el sudor recorriendo finamente su frente trazando un camino por las prominencias de sus mejillas.

—¿Supiste que era yo?

—Desde el principio—Correspondió.

—¿Qué?—Exhaló desorbitado. —¿Cómo supiste que era yo desde el principio?

—Eras demasiado obvio—Comentó. —Tuve que controlarme para no reírme de la ridiculez de ustedes dos.

—Perdóname. Fue-fue una estupidez, lo sé. Invadí tu privacidad de la peor manera; de seguro pensarás que soy una basura.

—Tonto…—Sus ojos rojos lo perforaban. El pequeño destello de su sonrisa lo cegó.

«Lindo…»

—¡Lo siento!— Dobló su espalda, recta como una flecha. Cerraba los párpados dispuesto a buscar el perdón del rubio, dispuesto a demostrarle lo arrepentido que estaba por haberlo seguido en lo que sería una cita increíble. —No volveré a intervenir en tu vida a partir de ahora. Si Yaoyorozu es quien te gusta, lo aceptaré… lo aceptaré porque quiero que seas feliz sin importar con quien sea.

Aguardó ansiosamente por una respuesta de parte de Katsuki, pero no obtuvo nada, más que silencio. De esa clase de silencios que hacían que los latidos se acrecentaran sobremanera y el tiempo pesara sobre su conciencia como un velo encima de sus ojos, ocultando cualquier destello visible del exterior.

Izuku estaba envuelto en la más absoluta oscuridad a raíz de un miedo claramente racional.

—¿Quieres hacer algo?

Interrumpió su postura en el instante en que esa pregunta salió de los labios de Katsuki cual cambio cernirse entre ellos.

—¿Eh?— Pestañeó.

Katsuki lo miraba, serio. No había indicios de emoción en su rostro, más que la firmeza pétrea que caracterizaba su semblante.

—Sino quieres, me iré a casa.

—¡Espera…!—Reaccionó.

Katsuki frenó el paso a media vuelta.

—¿Te decidiste?— Sonrió como un carnívoro. —¿O es que te da vergüenza venir con ese ridículo disfraz?

Izuku ruborizó a más no poder.

—Es lo único que tenía— Explicó abochornado. Enseñó un poco de su atuendo, abriendo la chaqueta que cubría parte de su torso. —Fue idea de Mineta venir disfrazados para que no nos vieran. Resulta que no funcionó.

—Por supuesto que no.

—Bueno respondiendo a tu pregunta…—Lo miró a los ojos y se sintió palidecer del nervio. Vio a Katsuki enarcar una ceja, sin esperar nada. —Acepto salir contigo.

—No es una cita—Aclaró ceñudo.

—Lo sé. Me tomaste por sorpresa. ¡Estoy muy nervioso!—Llevó ambas manos a la cara y frotó las duras palmas húmedas con su tiesa piel. —¡Me acabas de pedir salir!

—Idiota.

—¿Adónde quieres ir?—Se apresuró en interrogarle.

Katsuki soltó un gruñido de asentimiento y partió en los adentros del parque. Izuku no creía su suerte. Katsuki lo estaba invitando a pasar un rato a su lado. No desaprovecharía esa oportunidad.

El rubio lo guió por los senderos; y, mientras él lo seguía, notaba lo cálida y certera que era la naturaleza del sitio. El viento soplaba una brisa tan fresca que deleitaba sus pulmones cual caricias, suficientes para relajarlo. Izuku iba tras éste a una velocidad menor que la suya, pues no quería incomodarlo en el transcurso del silencio que los rodeaba.

El camino se estrechó hasta dar con un lago artificial. Abrió la boca, asombrado con el panorama que vislumbró.

—¡Wa!—Exclamó encantado.

—Es sólo agua, idiota— Rezongó Katsuki.

—Nunca había estado por esta parte de la ciudad.

—Se nota que no sales mucho—Metió las manos en los bolsillos, encorvando la espalda.

Izuku sonrió más por cortesía que por otro motivo, pues no sabía cómo responder a eso. Aún no salía de la estupefacción de estar en una especie de cita con Katsuki y no sabía si debía comportarse normalmente o si debía ser todo un caballero con éste.

Sus sentimientos no harían pases con él sólo por el mero hecho de desear que no se abalanzara a abrazar a Katsuki ahí mismo.

Vio a Katsuki doblar en una esquina, avanzó por el sendero compuestos por tablas de madera balanceadas sobre la lisa tierra que se extendía entre el pasto y los árboles anclados en las reminiscencias del subsuelo.

El rubio se detuvo en zona de los botes y miró a Izuku de una forma tan rara, pero a la vez tan peculiar, que sólo provocaban espasmos en su cuerpo; pequeños estremecimientos que exclamaban por él, llamaban por su presencia a gritos, por que Katsuki lo siguiera viendo así. Quiso ser el único ser en la tierra a quien tuviera a Katsuki.

—¿Quieres subirte a los botes?— Le preguntó éste.

Asintió en medio de su trance.

Ambos tomaron asiento en un bote de color rojo de aspecto muy adorable y asientos cómodos dentro de la misma madera tallada que los demás botes.

—No sé remar— Confesó Izuku, una vez sentado en el extremo sur del bote.

Katsuki enarcó una ceja con una sonrisa burlona.

—Yo sí, imbécil—.Presumió— Ahora cállate y déjame remar.

Los movimientos sutiles del rubio mover los remos, encogiendo su pecho para después extender la espalda en un ángulo perfecto. Izuku contemplaba embelesado la destreza del rubio para mover los remos en lo que paseaban por el lago artificial.

—Eres increíble, Kacchan— Halagó.

Katsuki rezongó.

—No es la gran cosa, Deku.

—Lo es—Insistió. —E-eres increíble, Kacchan. Todo lo que haces, todos tus talentos, todo eso es genial.

El rubio apartó la vista de él, dirigiéndola en el oleaje del agua al separarse de la madera del remo. Izuku sabía del aplomo que debía adoptar en su actitud si buscaba la aceptación de su compañía.

—Yo no tengo tantos talentos— Dijo Izuku, sinceramente. Sintió la mirada de Katsuki sobre él. —No considero que soy bueno en mucho. Fallo tanto en lo que hago, incluso en lo que más me gusta en el mundo.

—¿Yo?— Arqueó las cejas, deteniendo sus brazos. El bote se deslizó por el agua, disminuyendo la velocidad.

Izuku se percibió enrojecer hasta la punta de las orejas, advirtiendo un vuelco en el pecho. Creyó estar hablando del boxeo, tratando de no hacer hincapié en sus sentimientos por éste, por ello evitó el tema sin contemplar que Katsuki hiciera mención de estos en un audaz movimiento de sacarlos a la luz.

—N-no hablaba de ti…—Admitió avergonzado. —Hablaba del boxeo—Katsuki hizo una mueca irritada. —Pero también trataba de evitar hablar de ti, porque no quería incomodarte con mis sentimientos que tanto disgusto te dan— Explicó. Katsuki enarcó una ceja, sospechoso. —Lo digo en serio. Me gustas. Mucho, mucho. Pero si eso es un impedimento o te molesta de alguna manera, házmelo saber y me detendré. Te juro que me detendré, aunque eso no hará que deje de quererte como lo hago ahora.

—Cállate—Masculló. En ese momento, su cabeza se encontraba plasmada en el fondo del bote como si el suelo fuera más interesante que su conversación.

—Perdona.

—Deja de disculparte—Ordenó. —Deja de disculparte—Repitió. —Sólo cállate y déjame remar—Agarró los remos y los movió. —Es fastidioso oírte todo el tiempo.

Izuku apretó los labios en una línea queriendo frenar el «Lo siento» que amenazaba con escapar de sus labios.

—Continúa con lo que decías— Demandó el rubio.

Izuku se sobresaltó.

Creyó oír que se callara, mas ahora le pedía continuar.

—A dónde quería llegar es que no tengo tantos talentos— Retomó.

—Eso ya lo dijiste— Apuntó.

Izuku sonrió un poco.

—Y que sé que fallo mucho para mejorar en mi deporte favorito—Explicó. —He fallado tanto y tantas veces que nadie creía que yo podría llegar a ser un profesional por mi cuenta. Recuerdo que All Might me dijo que no llegaría a ser nadie si boxeaba con el cuerpo que tenía en ese entonces. Hasta me dijo que buscara otra profesión más realista para mi— Rió melancólico.

—¿Y cómo fue que se convirtió en tu entrenador?

Katsuki remaba, aparentemente sin prestarle atención, mas aquella interrogante sembró una pizca de sus esperanzas.

Explicó a grandes rasgos que Toshinori decidió ser su entrenador cuando lo vio intentar salvar a su principal bully de la escuela de un peligroso altercado entre un rival demasiado poderoso para derrotarlo solo. Recordó la sensación que despertó en él en el instante en que reconoció el rostro de la persona que más le infringía daño físico y psicológico.

El cabello grisáceo colgaba enmarañado a causa del feroz oponente, quien lo golpeaba a la luz del día en medio de la calle y nadie hacía nada por detenerlos, más que observar.

El oponente tenía el cabello del color del limo, explotado y sin rumbo. Sus ojos aparentaban el aspecto amarillento que el de los irises de los gatos, dándole un semblante tenebroso. Sus manos cerradas en puños aterrizaban volados de izquierda, ganchos de derecha, jabs de izquierda-derecha seguidos en la nariz ya rota de su adversario, quien luchaba inútilmente por librarse de la golpiza.

Izuku estaba con ambas manos en sus mejillas, aterrado. La persona quien golpeaba a su bully había sido quien intentó matarlo bajo el puente, pero Toshinori lo había salvado de morir; y, al reconocer a ambos, y ver la cara de desesperación e impotencia que surcaba el rostro del bravucón de la secundaria pedir ayuda con unos ojos llenos de lágrimas que no salían, originó un impulso desconocido que lo llevó a correr como nunca antes había corrido en su vida para asestarle un jab de derecha que derribó al hombre del cabello del color del limo.

Su bully lo estuvo mirando desde que empezó a correr hacia ellos y su sorpresa fue evidente. Lo observó enojado por su intervención, pero a Izuku no le importaba haberlo hecho enojar o haber interrumpido la pelea la cual estaba perdiendo, sino le importaba su bienestar, a pesar de todo el maltrato de años y años acumulados en su historia.

«¿Por qué viniste?» Le había preguntado.

Izuku con lágrimas en los ojos, sonrió. «Porque lucías como si necesitaras ser salvado»

En ese instante en un fugaz sinsentido ambos se miraron. El reconocimiento fue efímero. Pese a ello, Toshinori intervino, arremetiendo contra el hombre del limo de un puñetazo.

La situación se resolvió en un parpadeo. Izuku recordaba ese tiempo en que él dudaba el doble de lo que dudaba ahora de sí mismo y de lo mucho que creció con el entrenamiento, las porras, los elogios, las compañías, la ayuda, etc.

Al finalizar, vio que Katsuki prestaba atención a su relato, pese a no tener su mirada puesta en él.

—No era necesario que me contaras toda tu estúpida historia— Fue lo que dijo.

Izuku rió.

—Quiero que me conozcas—Repuso con aspecto renovado.

—No quiero conocerte.

—Yo a ti sí— Aseveró con la mayor tranquilidad. —Quiero conocerte y que tú me conozcas. Así sabrás si puedo llegar a gustarte.

—Eso no hará que cambie de opinión.

—No es una causa perdida desearlo—Su voz sonó calmada, a la vez que deseosa.

Katsuki aceleró el ritmo del remado, mirando hacia otro lado. Izuku no sabía cómo tomarse aquello, no obstante, agradeció que Katsuki hubiera escuchado parte de su historia. Significaba mucho para él.

—¡Ah! Hay muchas familias aquí— Comentó Izuku, destacando la obviedad de los grupos que estaban en los botes. —¿A qué se deberá?

Entonces, Katsuki sonrió mañoso.

—Se debe a la superstición.

Izuku abrió los ojos. La sonrisa de Katsuki se amplió aún más.

—¿Qué superstición?

—Las parejas que pasan por este lago están destinadas a separarse.

—¡Qué!—Se paró de golpe.

—Oi, siéntate—Repuso alarmado.

El bote comenzó a moverse en un violento vaivén.

—Siéntate, Deku.

—¡No puedo!

El bote se movía demasiado para que recuperara el equilibrio. Katsuki estaba alarmado por su inutilidad de sentarse, a lo que éste intentó levantarse y acercarse a él con la intención de obligarlo a sentarse.

Sin embargo, al pararse provocó que el balance de Izuku se descarrilara y en su afán de encontrar el balance, Katsuki se fue hacia atrás habiendo perdido el equilibrio. Izuku rápidamente se lanzó a abrazarlo para que la caída no fuese tan agresiva para éste.

Ambos hombres cayeron al agua. El contacto frío estremeció a Izuku, quien sostenía fervientemente a Katsuki, quien se sacudía de su agarre con los brazos. Soltó al rubio de sus brazos, sintiendo el agua calarle los huesos como si llenara sus huecos con hielo en la sangre.

Vio bajo la tenue oscuridad del lago la figura de Katsuki subirse a la superficie, agitando los brazos y las piernas con una fiereza increíble.

Seguido de Katsuki, salió él a la superficie. El agua se escurría por sus rizos y su rostro sonrosado.

—¡Eres un idiota!—Rezongó Katsuki. Su cara enrojecida por los temblores de su cuerpo, ocultaban el castañeo de sus dientes. Sus hombros se sacudían sutilmente en el quebrado oleaje el agua.

Supuso que el rubio tenía frío.

—Perdona.

—¡Deja de disculparte!— Gritó. —Por tu culpa nos caímos al agua.

—No fue mi intención.

—¡Joder! Claro que no.

Katsuki nadó hacia los escasos metros que faltaban para llegar al muelle. Izuku fue tras éste, sintiendo el maquillaje correrle de los ojos, manchándole la cara en una desastrosa pintura negra teñirle la piel.

Subió al muelle tras Katsuki. Éste se quejaba y refunfuñaba, cada vez más rojo por del enojo.

La ropa mojada se les pegaba en el cuerpo, transparentando los músculos y contornos de sus cuerpos nítidamente. Izuku no pudo evitar ver a Katsuki con las prendas adheridas en la piel y sonrojarse ante la vista.

Se recordó a sí mismo que no debía de verlo sumido en el prendado deseo de sostenerlo nuevamente para brindarle calor, pero sabía que no podía hacer eso, ni en sueños.

No obstante, se percató de que no tenía sus gafas con él; y, preocupado por su ausencia, se lanzó de vuelta al agua en un clavado. Oyó a la distancia al rubio gritarle.

Izuku se sumergió en el fondo del lago artificial sabiendo que no estaría tan profundo como aparentaba serlo. Centró su vista en buscar sus preciadas gafas. No tardó en encontrarlas, puesto a que se encontraban flotando en la cercana profundidad de las aguas.

Salió a la superficie y subió al muelle haciendo uso de sus brazos. Se sorprendió de ver a Katsuki en el mismo lugar en que lo dejó. No se había movido. Permanecía impasible en su lugar, secándose la camiseta con las manos. Pequeños rastros visibles de su enojo surcando en las esquinas de sus cejas.

—Listo—Anunció Izuku, orgulloso.

—¿A qué carajos regresaste al agua?

Mostró sus gafas mojadas.

Katsuki hizo una mueca disgustada.

—¿Todo por unas ridículas gafas?

—Me las dio Uraraka en mi cumpleaños del año pasado—Explicó. Katsuki frunció el ceño. —Dijo que quería ver un estilo diferente en mi forma de vestir.

—Vaya manera de vestirte— Bufó. —Como un nerd.

Izuku hizo un puchero, pero estaba contento con ver que Katsuki no se hallaba tan cabreado como hacía unos momentos atrás.

Ambos hombres se dirigieron por el pasto cerca del lago. Katsuki se detuvo para quitarse la playera y escurrir el agua, luciendo una dura mueca en sus labios. Izuku no se midió y ruborizó a un punto notorio, que difícilmente podía ocultar.

Izuku imitó a Katsuki y se quitó la camiseta junto con la ensopada chaqueta. Escurrió el agua, sin atisbar la mirada de Katsuki en él. A falta de interpretación a sus conductas, no dilucida si lo que está haciendo es bueno o malo.

A grandes rasgos, no podría englobar una sola característica de parte de Katsuki como algo que puede interpretar.

—Es una jodida molestia habernos mojado—Gruñó Katsuki, sacudiendo la playera sacándole gotas de agua por el pasto. Usaba una camiseta sin mangas debajo de la playera.

El rubio exhaló aire de su pecho, cayendo sentado en el pasto. —Demonios. Estoy exhausto.

—¿Fue un día pesado para ti?—Preguntó inocentemente.

Katsuki le dedicó una mirada de molestia y se encogió de hombros.

—No es mi culpa que un nerd idiota me haya seguido todo el maldito día, que me haya tirado al agua y que el muy imbécil me pregunta si fue un día pesado—Resopló.—¡Hah!

—No lo volveré hacer—-Aseguró con las mejillas encendidas de vergüenza. —Sé que estuvo mal por mi parte, pero Mineta fue el del plan. Yo no quería. ¡F-fue un desastre! El disfraz, el maquillaje, la actuación, la ropa—Señaló su mojada ropa con perplejidad. —¡Oh! ¡La ropa! Se mojó y es mi mejor ropa. Todo lo demás lo compro a no más de dos mil yenes.

—Que ropa tan barata compras— Bromeó Katsuki con una sonrisa ladina. —Eso explica la mala calidad de tus camisetas que dicen «playera». No hay variedad.

—¡Kacchan!

—Qué, idiota. Al menos tienes ropa, ¿No?

Izuku sonrojó, luego asintió.

Creyó que Katsuki se estaba burlando de su condición económica.

—Entonces no chilles porque tu ropa no vale más de dos mil yenes. Es sólo tela.

—Tienes razón—Sonrió en reconocimiento. —Es sólo tela.

—En fin— Dijo tras unos segundos en el interludio de su conversación. —Iré a comprar ropa nueva porque esta tardará en secarse.

—Iré contigo—Ofreció.

—No—Respondió. —Quédate aquí a vigilar nuestra ropa en lo que vengo. Y ni se te ocurra moverte un milímetro de aquí o te mato.

—¡Está bien!

Y con eso Katsuki se fue.


Izuku se encontraba aguardando la llegada del rubio con una impaciencia desorbitante. Jugueteaba con las manos tratando de hallar la manera de hacer que el tiempo marchara más rápido para así volver a estar en compañía de Katsuki. Apenas creía su suerte. Se sentía inmensamente agradecido por haber venido ese día, pese a sus protestas.

Si Shouto lo viera, ¿Seguiría diciendo lo mismo de entonces? ¿Le dijera que no anduviera detrás de alguien que no lo quiere? Recordó la vez que estuvieron en su vehículo y se abrazaron. La intimidad que se gestó de aquel encuentro lo había dejado lleno emocionalmente de toda la energía que en esos instantes carecía.

Los brazos cálidos de su amigo fungieron de puentes que trazaban el camino correcto que evitara que él cayera al precipicio.

Izuku también quería formar un puente con sus brazos. Y ser el puente de Shouto, de Katsuki; de las personas más importantes. Y asirse a ellos con fiereza y fervor. Pero lo que más quiere es ser el puente que guíe a Katsuki por el camino que éste decida cruzar.

También quiere ir por el puente que le dé entrada a su helado corazón.

Es tan difícil hacerlo. Lo reconoce, más que cualquier otra persona que se lo recuerde. Sabe que no puede conquistarlo por medio de un simple cortejo, o de un par de flores, o recitarle un poema a la luz de la luna. Sabe que Katsuki es especial (como cualquier otra persona en el mundo), pero es especial para él. Y conquistarlo requiere de paciencia (demasiada), de gentileza, de acciones, de buenas intenciones.

Se sobresaltó al sentir una bolsa de papel pegarle en la mejilla. Se giró, vislumbrando a Katsuki, mirándolo ceñudo.

—¿Qué es-

—Come— Señaló la bolsa. —Anda. No has comido en todo el día por andar de jodido entrometido.

Izuku agarró la bolsa de Burger King y sonrió. —¡Gracias, Kacchan!—Recibió un gruñido de asentimiento, seguido de una bolsa de cartón que, por lo que vio, sostenía unas camisetas. Una de color rojo y otra de color azul.

Izuku le dio un mordisco a la hamburguesa de queso y exclamó maravillado. —¡Delicioso!

—Es sólo una hamburguesa—Obvió.

—No importa— Manifestó. —La comida o la situación no importa si estás en compañía de la persona que te gusta.

Katsuki dio un resoplido.

—Estupideces.

«No importa» Se dijo, mientras comía la hamburguesa y las papas fritas, pese a saber que comer comida frita no iba de acorde a su dieta. «No me importa la comida si estás conmigo, Kacchan».

Al terminar, miró melancólico sus manos sucias por la grasa de las papas.

—Entiendo que me odies—Dijo. —Y que es una locura que la persona que gusta de ti viva en la misma casa. Sé que he sido tan insistente entrometiéndome en tu vida sin detenerme un segundo a respetarte. He dicho esto durante todo el día desde que me descubriste y lo he estado pensando sin parar a partir de esta mañana, sintiéndome patético y despreciable por ser tan codicioso. Sólo dime que pare y lo haré. Lo-

—Cállate— Irrumpió el rubio, cabreado. Izuku apretó los labios, estático. Los segundos transcurrieron lentamente. —No te odio—Suspiró. Izuku abrió las orbes, estupefacto.

—¿Qué dijiste?

—No te odio, Deku— Repitió, estrellando su mirada en el pasto. —Al principio pensé que eras un idiota…lo sigo pensando…pero no de esa maldita manera. Carajo. Lo que quiero decir es que no te odio y no me molesta vivir en el mismo techo.

El corazón de Izuku estaba henchido de gozo. No podía creer lo que sus oídos escucharon.

Katsuki no lo odia.

Para él es todo un acontecimiento.

Sin pensárselo, se lanzó sobre Katsuki, rodeando sus brazos alrededor de su cuello, abrazándolo. —¡Kacchan!¡Kacchan! Me gustas. ¡Me gustas mucho…!

Sintió el cuerpo del contrario tensarse.

—Oi—Murmuró.

—Haré mi mejor esfuerzo por hacer que me mires— Profirió.

—¿Entonces aprobarás todos tus exámenes?— Dijo en tono desafiante.

—¿Eh?

—¿Aprobarás todos tus exámenes? Digo, si demuestras que eres inteligente, además de un nerd, puede que te mire.

Izuku rompió el abrazo, colocando sus manos sobre sus firmes hombros. Katsuki lo miraba divertido.

—¿En serio?

—Puede ser—Tanteó.

—¡Lo haré! ¡Lo haré!

—Cuánta motivación—Ironizó.

—Si aprueba los exámenes, ¿Saldrías conmigo en una cita? Una cita real. Sin disfraces, sin intromisiones. Solo tu y yo.

—¿Hah? No te descarriles tanto, nerd.

—Kacchan, por favor—Suplicó con ojos de cachorrillo.

Katsuki puso los ojos en blanco.

—Puede ser—Fue su respuesta.

Sin salir de su estupefacción, abrazó a Katsuki una vez más, aferrándose a éste. Pensó que Katsuki lo rechazaría, mas no lo apartó. Permanecieron en esa posición, con Izuku descamisado y Katsuki en una camiseta sin mangas, sin moverse.

Sentía un calor desprenderse de su cuerpo, que asumió venir de la tensión que emanaba el rubio, puesto a que siempre rechaza el contacto físico con otras personas, incluso de su familia, a lo que tuvo que separarse de éste en algún momento, sin percibir la nítida coloración de la punta de las orejas del contrario, mientras se colocaban las camisetas.

Izuku sonreía visiblemente. Katsuki no lo odia. Y es un gran avance.

Ambos tomaron el autobús de regreso a casa con una atmósfera innegablemente tranquila entre ellos.

Izuku no podía estar más feliz por haber salido ese día.


Esa misma noche bajó para tomar un vaso de agua, pero se detuvo al ver las luces encendidas del comedor. Escuchó voces y calló cada movimiento ruidoso de su cuerpo, cerrando la boca hasta apretar los labios.

Eran Mitsuki, Masaru y Katsuki juntos. Al parecer estaban discutiendo.

¿De qué hablarán? No podía evitar sentir una inmensa curiosidad.

—Me gustaría mudarme— Confesó Katsuki, serio.

—¿Adónde, mocoso?— Cuestionó Mitsuki.

—¿A qué se debe que te quieras salir de casa? ¿Te sientes insatisfecho con nosotros?—Fue Masaru.

—No me digas que es porque te molesta que Inko e Izuku vivan con nosotros.

Katsuki bufó.

—No, carajo. Sólo quiero salir de la casa y probar mi independencia.

—¿No te vasta con ir a la universidad?— Mitsuki se escuchaba irritada.

—No.

—Bueno, Mitsuki—Dijo Masaru. —No podemos retener a nuestro hijo si lo que quiere es independizarse de nosotros.

—Sí, pero pudo decirlo de otro modo—Convino Mitsuki. —Este mocoso malcriado exige las cosas de la peor manera. Nunca pregunta nada.

—Les estoy diciendo lo que haré—Refunfuñó. —No les estoy pidiendo permiso. Ya no soy un niño.

—Eso lo sé, mocoso insolente— Bufó Mitsuki. —No te importa lo que piensan los demás o sus sentimientos. Hijo engreído— Y con eso, Mitsuki dio un manotazo en la mesa que sobresaltó a Izuku.

Asomó la vista desde su sitio, sintiendo cómo su corazón se desbordaba de su cuerpo como una solución acuosa que se erosionaba bajo los intensos rayos del sol de verano. El calor que incineraba la fertilidad de la sensación de logro que creyó inútilmente haber alcanzado aquella tarde se desvanecía rápidamente de sus manos. Perdía fuerza, agarre.

—Me importa un carajo lo que ustedes piensen—Rezongó Katsuki.

—Katsuki—Exhaló Masaru, perplejo.

—Te hemos dado lo mejor que podemos y ¿Así es como nos pagas?—Alegó Mitsuki. —Bien, si esa es tu última decisión. Salte de la casa. Vete. Demuestra que puedes independizarte, buscar un trabajo, administrar tu dinero, e ir a la universidad. A ver si es tan fácil como piensas que es. Porque de nosotros no recibirás ni un quinto.

—Está bien— Aceptó Katsuki, desafiante. —Les demostraré que soy mejor de lo que ustedes creen.

—Engreído egoísta— Desdeñó Mitsuki.

Izuku volvió a asomar la vista y advirtió el fuego viviente de los ojos de Katsuki gestando una explosión a viva voz de su alargada cara.

Sus ojos eran explosiones refulgentes, más intensas que cualquier otra estrella desvanecerse.

Se llevó una mano a su pecho, sintiéndose romper en pedazos. Pensó que Katsuki y él se habían vuelto cercanos, pero con esa conversación le había quedado muy claro que Katsuki no quería tener nada que ver con él.

Y pensado eso, se fue a su habitación, sin su vaso de agua, sino un corazón herido por las ilusiones sinsentido que su mente creaba.

EXTRA:

«Midoriya y Mineta están saliendo»

Era el rumor que había en el club de tenis. No había nadie quien no sabía de ese rumor. Era sumamente molesto la repetición que existía entre sus compañeros del club.

Y justamente por eso le molestaba saberse parte de un hecho que supuestamente estaba comprobado. No había persona que no los había visto juntos en la cancha; incluso llegó a oír que Izuku lo había arrinconado detrás de un contenedor de basura.

Eso por alguna razón desconocida ponía su humor de perros. Le jodía saber que alguien que profesaba su amor por él tan abiertamente e insistentemente como lo hacía Izuku cayera por otro estúpido.

Cuando Yaoyorozu le propuso salir a ver una película a cambio de haberle prestado un libro para una tarea, aceptó. Resultaba ser la misma película a la que Izuku lo invitó y rechazó por desinterés.

Sin embargo, haber visto a Mineta caer encima de Izuku en la cancha, mientras éste recogía las pelotas (puesto a que era el recoge pelotas del equipo) lo cabreó. Su cabeza de imbécil encima de su tonificado abdomen le causó una rabia inimaginable. Un sentimiento glacial que desató su necesidad de despejar su mente de aquella imagen.

No obstante, saberse seguido por esos expresivos ojos verdes en su supuesta cita desmintió la posibilidad de que el rumor existiera. Sabía que tenía el amor de Izuku asegurado.

He ahí que se divirtió de su ridículo disfraz y de sus expresiones de nerd tanto como pudo aquella tarde.

Su humor de perros había concluido de buena manera.

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NOTA: Disfruten del capítulo.

NOTA #2: Lo corregí por errores de dedo.