"Periodo de amor"
.
.
.
.
Izuku no logró pegar el ojo en toda la noche. La preocupación por el estado de salud de Kota lo mantenía en el límite. Creía que en cualquier momento le llamarían del hospital, diciéndole que Kota había empeorado, mas nadie llamó a la casa. Tenía el celular agarrado en la mano y el teléfono de la casa en la otra. Quiso poder tener la serenidad que caracterizaba a Katsuki, pues así tendría una mejor mentalidad.
El frío incrementó en la noche, por lo que estuvo acurrucado entre las cobijas que sacó de la habitación de Katsuki. No tenían un olor en particular, más que a lavanda, lo que lo calmó. Inhalaba el olor, tranquilizándose.
Por la mañana, fue al hospital a saludar a Kota, pero éste se encontraba dormido, profundamente. Era bueno verlo descansar, por una vez, por lo que se sentó a armar unos papelitos en forma de letras que decía «Recupérate pronto», inspirado por el lema que solía leer en la clínica de la amiga de Toshinori cuando frecuentaba ir a sus curaciones.
Acompañó a Kota los pasados días en que estuvo hospitalizado. Los tíos y su madre llegaron a eso del mediodía del día siguiente. Pudo respirar tranquilo tras ver a los tíos. Asistieron al hospital con mayor frecuencia que él, sobretodo la tía, pues ella no trabajaba. Su madre iba las pocas veces que podía darse el tiempo de salir, debido a que el restaurante se llenaba al límite en esas temporadas de frío.
Katsuki visitaba a su hermano por las tardes, a lo que Izuku se hacía un espacio en la tarde para ir, aunque le restara importancia a su salud. En esas situaciones quería verlo.
—Mira, Kota— Decía Mitsuki. —Izuku te ha traído flores. Tan bonitas y huelen bien.
Kota ponía los ojos en blanco; e Izuku ruborizaba.
—Sólo las trae para quedar bien con mi hermano.
—No seas mal educado. Agradécele a Izuku que se haya tomado la molestia de comprarte flores.
—No es la gran cosa—Dijo Izuku.—No es para impresionar a Kacchan. Te dije que si lo quiero conquistar, lo haré con mis propias habilidades. No usaré otros métodos para tener su afecto—Las mejillas se habían colorado de un rojo escarlata, penetrante como las orbes de Katsuki. El corazón le latía con fuerza, prominente en el terreno turbulento de su amor por éste.
—Qué romántico, Izuku—Voceaba Mitsuki, emocionada.
—Tonterías—Bufaba Kota. —A mi no me engaña. Te atraparé en tus mentiras.
Izuku asentía apenado; así eran las conversaciones que tenían cada vez que Izuku traía flores al hospital, que eran regularmente, con lo rescatable de sus ahorros.
Para cuando terminaban ese tema, Katsuki llegaba de la universidad. Su cabello sedoso y puntiagudo simulando una llamarada fugaz y los ojos eran el fósforo que encendía todo a su paso. Los recovecos de su interior se centraban en sólo mirarlo, un instante, un parpadeo, un suspiro, un aliento; bastaba para sentirse embelesado con su presencia, inyectado por una serie de emociones positivas. Izuku quería abrazarlo cada vez que lo veía entrar por esa puerta. Quería saber cómo había sido su día, si la pasó bien, si tuvo problemas con sus compañeros o maestros, incluso en el trabajo, si comió antes de venir, si quería que alguien escuchara sus quejas, hasta la más mínima queja. No obstante, callaba el pensamiento casi insoportable de hacer lo que dictaban sus sentimientos. Izuku se limitaba a saludarlo y a observarlo. Era lo único que podía hacer; además, pasaban mucho tiempo en el hospital, tanto que Katsuki sugirió que atendieran su esguince de tobillo, pese a que Izuku se estuvo colocando hielo parar bajar la inflamación y la coloración morada que habitaba en su piel mitigaba lentamente.
Para esos entonces, Izuku ya podía caminar mejor. Empero, al escuchar la sugerencia de Katsuki, fue a atenderse personalmente. Le inmovilizaron el tobillo y le dieron analgésicos tomados para el dolor.
En una de esas veces, dio la casualidad de que Katsuki iba a su lado, mientras él caminaba rumbo a la parada de autobús. El tobillo lo sentía de mejor manera que antes del incidente de Kota. Al parecer algunas piezas del rompecabezas iban encajando. Y pese a no querer ilusionarse, sentía que Katsuki y él se habían vuelto más cercanos. De alguna manera, el rubio no lo alejaba como lo hacía otras ocasiones.
—¿Sabes? Kacchan— Habló de repente.
—Qué.
—Estaba pensando— Empezó. —El tiempo que llevamos yendo al hospital y el verte convivir con las enfermeras y los doctores me hizo pensar que serías un buen doctor.
—¿Hah?¿Yo? ¿Un doctor?
—Sí, tienes esa aura que inspira confianza. Tu voz, tu porte, tu manera de decir las cosas tan directas y sin pelos en la lengua, son buenas características para que seas un doctor. Y tu inteligencia…—Hizo cara de felicidad. —Serías capaz de curar a muchas personas. Imagínate los descubrimientos que harías, las personas que irían a agradecerte y ver tus ponencias. Sería maravilloso.
—No lo sé, Deku. No he pensado en ser médico.
—Oh, pero lo harías muy bien. Tienes mi apoyo completamente.
Katsuki no dijo una palabra después de eso. Izuku siguió disfrutando del camino, mientras pudiera tener el privilegio de acompañarse mutuamente.
Al darle de alta a Kota, supo que esos instantes de felicidad habían terminado, pues no estaría a lado de Katsuki como quisiera; además, se estuvo recuperando del tobillo, aunque aún no estaba listo para regresar al cuadrilátero.
Tendría que hacer otra cosa en lo que sanaba debidamente.
En la universidad veía a Shouto a distancia. Su porte elegante y frío semblante se distinguían como vestigios de silencio transmutable.
Tuvo la necesidad de hablar con él. Desde su lesión y el asunto de Kota, no hubo un espacio para verse.
Le marcó, esperanzado de encontrarse en algún lado. Para su suerte, Shouto respondió, empleando un tono consternado por él, diciendo que llevaban semanas sin hablarse y que Enji estaba bastante impacientado por prepararlo para la siguiente contienda. Eso era una buena noticia.
Accedieron verse ese mismo día en la cancha donde Enji los entrenaba en las mañanas. Tomaron asiento en las bancas estrechas que daban con una vista solemne hacia el océano. Los árboles se entremezclaban con los rayos escaseados del sol traspasarlos como flechas. Colores y colores refulgentes de un naranja fusionado con el rojo. El viento por esa zona era glacial, aun cuando la compañía era tibia.
—¿Cómo va tu tobillo?—Le preguntó Shouto.
—Mejor, mucho mejor— Aclaró. —Fue una pena haberme lesionado cuando estuve entrenando tanto tiempo para bajar de peso. Digo, de algún modo fue positivo porque vi a Kacchan y convivimos un poco. A lo que sería demasiado para él—Se rió. —Creo que aún no le agrado del todo, pero me he sentido más cerca de él estos días. Quiero suponer que lo he sacudido con mis sentimientos.
—Posiblemente— Dijo Shouto con un aire de reflexión. —No he hablado con Bakugo en meses. Aún sigue enojado porque le oculté nuestra amistad.
Izuku cabeceó decaído. No fue su intención romper su amistad. En serio. No comprende cómo es que Katsuki sigue molesto con aquello.
—Pero, eso no significa que no te deje de hablar— Testificó Shouto. —Eres muy importante para mi como para dejar que una amistad de la prepa me separe de ti— Lo miró con esos fríos ojos bicromáticos embarnizados por una calidez abrasadora. Izuku se sintió inmediatamente atrapado por la luz refulgente escondidas tras sus pupilas.
—Lo mismo va para mi— Acordó.
—Además—Irrumpió, removiendo su mirada de su vista. Izuku arrugó las cejas, interrogante. —El viejo me ha estado jodiendo que tenga novia. No entiende que no quiero. Intentó presentarme a unas mujeres hijas de sus socios. Son guapas, claro, tienen buenas cualidades, pero no me gustan. Ninguna es suficiente.
—¿Por qué quiere que tengas novia?
—Para joder—Desdeñó.
—¿Te incomoda que te pida eso?
—Ni al caso que preguntes—Sacudió la cabeza, negativo. —Estoy harto de escucharlo, de escuchar sus malditas quejas. Hasta me obligué a ir a un Goukon con los compañeros de la clase. Fue una pésima experiencia. Ni sé ni para qué fui. Carajo…
Sin saber cómo consolar a su amigo, estiró el brazo en dirección a sus hombros, cubriendo la línea de estos con el paso de su brazo entre ellos. Sintió el cuerpo del contrario tensarse, mas aceptando el contacto expresado.
—Entiendo que ha de ser muy frustrante para ti— Le dijo. —El amor no se puede obligar. Si no quieres hacer lo que tu padre te dice que hagas, entonces, no lo hagas—Acercó su cuerpo al suyo, externando el apoyo que quería transmitirle. Sus costados unidos por el lazo de su brazo, argumentaba su lógica.
—Midoriya.
—¿Hm?
—¿Sabes? La razón por la que he estado evitando que me presenten prospectas es porque me gusta alguien.
—¿Eh? ¡En serio?— Se sobresaltó.
Shouto estaba ruborizado. Era la primera vez que lo veía así. Era un nuevo tinte en su repertorio de expresiones, lo cual no pudo evitar sorprenderse, viéndolo tontamente con sus expresivos ojos verdes, largo y ancho.
Asintió.
—¿Puedo saber quién es?
Éste lo ojeó por el rabillo del ojo.
—No— Impuso. —Eso no lo puedes saber. Aún.
Izuku enfurruñó las cejas. El duro énfasis en el «aún» lo extrañó, pues no esperaba recibir esa clase de respuesta. Creía que ambos se tenían la confianza suficiente para contarse cualquier cosa.
Al parecer estuvo equivocado.
Bajó la mirada. Sus ojos empañados por una capa ensombrecida, teñida de tristeza.
—No te puedo decir porque es privado— Explicó su amigo. —Pero, sí te puedo decir qué clase de persona es.
—Sí, claro. Dime.
Nuevamente, lo vio sonrojarse. Y sin saber por qué mantuvo su brazo alrededor de su hombro.
—Es una persona muy especial— Describió. —Se esfuerza para lograr cualquier cosa que se propone. Cuando se le mete una idea en la cabeza es imposible sacársela. Es determinado, fuerte, siempre sonríe, tiene una vitalidad increíble. Y cuando lo ves, es inevitable sentirse atraído por su gentileza, su amable corazón, su voz, su paciencia.
—Suena como a una persona fantástica. ¿Dónde lo conociste?—Sonrió emocionado.
—En el gimnasio.
—Ah, entonces lo conozco…—Asumió.
—Mejor de lo que crees—Aseguró. —Es una lástima que ya le gusta alguien más. No tengo oportunidad con él.
Verlo entristecerse era como si a él lo lastimaran también. Por supuesto que quiso ayudarlo.
—No importa si le gusta alguien más—Dijo de un impulso. —Puedes demostrarle cuánta vales dándole tu compañía incondicional, que sabe que puede contar contigo para lo que sea. Hazle saber lo especial e importante que es para ti a través de acciones, no con palabras. A veces las palabras pueden ser muy pesadas de procesar; en cambio, las acciones son sutiles pero hacen una gran diferencia. Es sorprendente, enserio. Créeme. Funcionará. Así te adentrarás en su mundo.
Shouto lo miraba y asentía cada tanto.
—Voy a hacer eso—Fue lo que dijo al final.
—¡Sí! Cuenta con mi apoyo—Izuku alzó el pulgar, sonriendo de oreja a oreja.
—Gracias, Midoriya.
Izuku siguió sonriéndole, apoyando su costado con el suyo. La tarde se ocultó entre ellos sumiéndolos en la absoluta oscuridad. Reinando la calma, la apacibilidad. Muy dentro de él sabía que si persistía en lo que se proponía podría lograr lo que sea, justo como la persona que describió Shouto, que sonaba como alguien realmente maravilloso. Tanta fue la inspiración que surgió en él al oírlo, que quiso poder provocar que Katsuki hablara así de él, o en cualquier caso, la persona que se fijara en él.
Enamorarse de alguien es como un tesoro, en el sentido de que el tesoro puede ser bueno o malo, dependiendo de cómo lo vea el receptor de aquel estímulo tan particular.
Para él enamorarse ha sido un tesoro muy doloroso.
Al día siguiente no pudo dormir por más que daba vueltas en la cama. Los pensamientos sobre el tipo de tesoro que encontró en Katsuki, son una cruel metáfora que llevaba torturando mientras se tapaba y luego se jalaba el bosque de rizos. La noche fría calaba los huesos, debilitaba las piernas, repiqueteaba las entrañas, doblaba la columna.
«Quiero ser alguien maravilloso para ti, Kacchan» Pensaba. «Quiero conquistarte, ser tu apoyo, ser parte de tu mundo, ser el que pueda protegerte. Quiero tantas cosas contigo, que me he vuelto codicioso. Soy de lo peor. Es entendible que no me quieras en tu vida. Es mejor alejarme que tenerme a tu lado, soy demasiado insignificante a diferencia de las habilidades de Yaoyorozu, o de otro que le demuestre que Kacchan es su mundo, aunque para mi ya lo es. Para mi es todo, pero no lo suficiente para pertenecer a su lado. Me han de decir que no alimente este amor porque me hace sufrir y el amor no es para sufrir, sino para sonreír y disfrutarlo. Soy tan patético después de todo. No dejo de querer a Kacchan por que los demás me digan que no lo quiera. Es insuficiente guiarse por motivos vacíos envueltos por sus preocupaciones. Deben entender que yo decido alimentar este amor aunque no sea correspondido hasta donde las distancias me lleven» Las cobijas pesaban sobre su espalda, pesaban sobre el mar de pensamientos que lo orillaban a desistir o persistir. Lo que sea que fuese su conclusión sería basada únicamente en lo que él quisiera, no lo que su madre, o Kirishima o sus preciados amigos le dijeran. Ellos no eran Izuku e Izuku no era ellos. Aceptaba las solicitudes de desistir, mas eran su decisión hacerlo o no. Nadie podía obligarlo a dejar de sentir. Es ridículo.
Si él quería a Katsuki sin condiciones, es porque él quiso.
A la mañana siguiente, vio su cara reflejada en el espejo del baño. Las ojeras que supuestamente desaparecieron, regresaron. Su piel usualmente tersa, lucía seca, embarnizada por una palidez lúgubre. Mojó la cara con agua, su tacto glacial refrescaba la dermis. Las partículas del agua trazaron vitalidad en su cara.
Se consoló pensando que se veía un poco mejor que cuando entró a lavarse los dientes. Hacía un frío tremendo. Al revisar el celular notó que anunciaban que no habría clases vespertinas porque estaba pronosticada una fuerte nevada. La primera nevada del año.
Preocupado por la condición del rubio, pues sabía que éste trabajaba en las tardes, decidió acudir al café con la intención de avisarle. Se puso su delgada chamarra. La única que tenía, debido a que el dinero no le alcanzaba para comprarse algo decente de ropa de invierno.
Sin embargo, Mitsuki lo detuvo en la puerta, diciéndole que no saliera, pues no estaba bien abrigado. Izuku, haciendo caso omiso a las solicitudes de la tía, pues consideraba más importante acudir a ser de ayuda al rubio.
Salió disparado de la puerta, sintiendo la ráfaga helada estrellándose en su rostro, penetrando sus mejillas sonrosadas por efectos del viento.
Arribando a la cafetería, encontró a nada más y nada menos que a Yaoyorozu atendiendo mesas, incluyendo a la suya. Sintió que la cruda realidad de su carente sentido común cernirse sobre la cabeza. La primera impresión de la chica al verlo fue quejarse de su aspecto demacrado.
—Mira tus labios— Comentó. —Están morados. Y tu cara, una lástima. Así no conseguirás conquistar a Katsuki.
Izuku le plasmó una mirada seria. —No me importa. Vengo a advertirle a Kacchan sobre el informe del clima.
—Serás necio, mocoso ingenuo— Chistó la chica. —Katsuki no necesita que cuiden de él.
Izuku frunció las cejas, juntando las manos encrespadas. —Me preocupa su salud.
—Más que preocuparte por otros, deberías de preocuparte por ti primero. No creas que no me fijé ayer que andabas cojeando. Y aun así viniste cojeando aquí. Te gusta la vida difícil.
—¿Dónde está Kacchan?— Decidió preguntar.
No lo había visto, más que a la chica.
—En la cocina, descansando. ¿No vas a pedir nada?
—Sí— Dijo, sintiéndose intimidado por la presencia de su rival. —Un café americano.
—¿Con leche o azúcar?
—Sin nada.
Para esos instantes, Izuku temblaba de frío. La delgada chamarra apenas cubría su cuerpo tonificado y el tobillo no dejaba de punzarle. Era un desastre.
Su rival le trajo su pedido, mientras Izuku miraba con ojos bien atentos alguna señal de Katsuki. Al cabo de unas cuantas tazas de café, puesto a que no tenía el suficiente efectivo para comprarse un almuerzo más o menos decente—podía pagarse las tazas de café con sus ahorros— vio a Katsuki. Aliviado, lo saludó haciendo uso de su brazo para hacerle señas de que estaba ahí.
En cuanto éste lo miró, su apacible rostro se tornó exasperado. Sin embargo, eso no exhumó los ánimos de Izuku.
—¿Qué haces aquí, idiota?¿No sabes ver lo feo que está el clima allá fuera?
—A eso vine, Kacchan.
—¿A morir enterrado bajo nieve con esa chamarra?
Negó. —Vine a advertirte que te abrigues bien, porque habrá una ventisca muy pesada en la noche. Cancelaron las clases vespertinas, quizás hasta nuevo aviso.
—Eso ya lo sabía—Rezongó. —Aun así viniste con tu tobillo sin tratar, ¿No es así?
—¿Eh?
Izuku no esperaba que el rubio fuera a fijarse en su manera de andar. Por esa razón, sonrió. Podría ser que Katsuki se preocupara un poquito por él.
—¿Se nota?
—Hasta un niño se daría cuenta de que algo no anda normal contigo. Quizá por que no eres normal, idiota.
—Pero, Kacchan—Puso gesto de súplica. —¿Cómo has estado? Ayer no tuvimos la oportunidad de hablar(estaban tu mamá y Kota). Muero por saber si estás bien, si necesitas algo. Lo que sea. Sabes que estoy para ayudarte en lo que necesites— El rubio hizo un sonido de desaprobación. —¿Recuerdas lo que te dije el día del partido? Que quiero ser tu apoyo. Vine aquí mismo a demostrarte lo decidido que soy por ser tu apoyo. Déjame serlo. No te defraudaré— Sus ojos verdes lo miraban cual cachorro rogando por un plato de comida, por tenerle misericordia a su sufrimiento.
Pese a las inmensas inseguridades que sentía, estaba dispuesto a demostrarle a Katsuki que iba en serio a conquistarlo.
Katsuki rellenó su media vacía taza y se retiró sin decir nada. Su silencio dijo más de lo que pudo haber pedido, mas su corazón aún se negaba en aceptar su negativa.
Alimentaría ese amor con todo lo que tenía, aunque ya lo había dado todo desde el principio.
No obstante, al terminarse la octava taza, su estómago se contrajo, constriñendo sus vísceras entre sí. La acidez quemaba sus paredes estomacales en un dolor lacerante. El poco color que le sobraba en las mejillas se vació, asimismo abandonando la blancura de su piel. El mar de desgracias no paraba de seguirle como una segunda sombra. Temeroso de ser notado, encorvó el cuello, tratando de aparentar el caos que ocurría en su interior. Lágrimas emergían dejando un rastro transparente en las manzanas de sus mejillas, quienes pálidas y frías, ahuyentaban el calor del local.
Apretó los párpados tan fuerte que pudo sentirse gritar.
Se levantó de la silla dispuesto a ir a pagar e irse corriendo a la farmacia, mas en el momento en que se puso de pie, el resto oscureció y sintió que el cuerpo se cayó atrás, sin oír más.
Despertó, a lo que creyó ser algo cómodo y ligeramente blando. Una calidez lo envolvía gentilmente, mientras permanecía acostado.
Abrió pesarosamente los párpados, preguntándose qué le había pasado, puesto que no recordaba nada. Se asustó al encontrarse con varios pares de ojos viéndolo desde su lugar.
—¿Qué hago aquí?
—Estás aquí porque tu inútil trasero se desmayó— Apuntó Katsuki.
—Tomaste mucho café, Midoriya— Dijo Yaoyorozu con una obvia mofa, dentro de su faceta indiferente.
El otro hombre que se encontraba con ellos era el gerente. Usaba anteojos muy similares a los Iida y el cabello negro lacio relamido.
—Una disculpa que nuestro café le haya sentado tan mal— Dijo apenado.
—¿Eh? ¡No!— Exclamó. —No fue el café. En serio. Fue otra cosa.
—Fue tu pésimo hábito de preocuparte por los demás— Rechistó Katsuki. —Patético.
Izuku enfurruñó las cejas, entristecido. Esa no era la reacción que buscaba generar en este. Sin embargo, no lograba sacarle las sonrisas que con tantas ansias esperaba ver.
No obstante, aún se sentía débil por la falta de sueño y atención a su cuerpo. Fue torpe, sí, pero por Katsuki valían la pena las torpezas. Es una forma de pensar bastante estúpida, pero cuándo ha sido racional en su por amor por él. A su juicio, ni una vez.
El gerente luego de ofrecerle disculpas otra vez, Yaoyorozu se retiró del saloncito donde se encontraban, dejando a Katsuki y el gerente con él.
Para fortuna (y desfortunio), el gerente le ordenó a Katsuki a que lo llevara a casa, puesto a que Izuku aún se hallaba frágil. El rubio puso los ojos en blanco, descartando la posibilidad de llevarlo consigo. Sin embargo, el gerente persistió con el favor, a lo que Katsuki terminó aceptando a duras penas.
Al cabo de media hora de esperarlo, se encontraron con los inicios de la tormenta de nieve. Ráfagas y ráfagas de viento helado se movían peligrosamente por la calle. Izuku tembló. Su chamarra delgada no lo protegía contra las inclemencias del tiempo.
Katsuki soltó un suspiro exasperado.
—No te preocupes, Kacchan. Puedo irme solo.
—¿Estás loco? Por supuesto que no te irás solo. ¿No ves que esto empeorará?—Señaló al cielo. De repente abrió una sombrilla roja (el mismo color de sus ojos).—Vamos.
—¿Qué?
—Que vengas, dije.
—Sí.
—Eres un dolor en el trasero.
—Perdona.
—Quién sale con una chamarra así con este maldito frío. Solo tú, Deku. Eres un idiota sin remedio.
Izuku estaba caminando rápidamente al paso de Katsuki, quien avanzaba diciendo una sarta de quejas referidas a él, mientras iban a un rumbo, del cual desconocía adónde los llevaba, puesto a que creía que irían a la casa de la tía; en cambio, pasaron por la parada del autobús en que se bajó para llegar a la cafetería.
Veía de reojo a Katsuki. Su ceño fruncido no abandonaba su rostro, las líneas resaltadas en su piel lucían prominentes, pese a la coloración rosada de ésta, debido al frío.
—¿A dónde vamos?— Le preguntó.
—A mi casa.
Le tomó una fracción de segundo procesar su respuesta.
—¡¿Qué?!—Exclamó. —¿Cómo dices? ¿A tu casa?
«Es una locura» Pensó.
—Queda cerca— Dijo. —Llegando le hablo a la vieja para que te recoja.
—Está bien— Accedió más temeroso que alegre. No digería en su totalidad que Katsuki lo invitara a su casa. Es decir, qué estará pensando el rubio. Dejar entrar al hombre que dice que le gusta a su vida privada.
Llegaron a un complejo de condominios bastante decente. Era de cuatro pisos, nada más nada menos. Izuku sentía el corazón en la boca de la emoción. Apenas podía caminar, sin contar con el esguince de tobillo que lo delataba.
Izuku estaba viendo a los lados, atisbando la tensión de Katsuki del otro extremo. Vio al contrario adentrar la llave en la habitación 401 del cuarto piso y se sintió desfallecer y regresar a la realidad en cuestión de un segundo. Los miles de escenarios que se formó de ellos viviendo en casas, mansiones, departamentos, trenes, etc. Arribaron a su mente de un parpadeo.
—Ni se te ocurra decir nada— Advirtió el rubio.
—Está bien—Aseguró.
Sin embargo, resultaba difícil mantenerse callado cuando estaba en un lugar nuevo, donde la persona que le gusta vive. Dejó los zapatos en la entrada. El calor del hogar lo abrazaba. Las paredes del departamento eran de color crema, una tonalidad muy sutil, incitaban a la tranquilidad, a un soplo de aire fresco.
Los muebles lucían bastante bien acomodados, impecables. Izuku no despegaba la vista del orden en que Katsuki tenía puestas sus cosas. Había pocos libros en el librero, escasos electrodomésticos en la diminuta cocina. Una estufa con dos hornillas, entre ellas estaba una tetera.
—Es un bonito lugar en el que vives— Opinó.
—No pedí tu opinión. Sólo siéntate y cállate.
Izuku obedeció, tomando asiento en la alfombra. Era cálida justo como el ambiente del lugar. Otros dirán que Katsuki es frío con las personas por su trato, pero en realidad era alguien cálido; al menos en sus ojos lo era.
—Imagino que Yaoyorozu ha venido aquí—Supuso él.
—Eres el primero que traigo.
—¿Eh?
«¿Eso significa que no ha traído a nadie? Yo-yo pensé que tenía una relación muy cercana a Yaoyorozu».
—Ya deja de pensar en tonterías.
—Perdón.
Katsuki paseaba por su habitación dejando su bufanda y chamarra en la repisa de un mueble. De pronto, le lanzó una toalla sobre la cabeza, del cual se sobresaltó.
—Toma un baño— Indicó el rubio. —Mientras le hablaré a la vieja para que venga a recogerte.
—Está bien—Ruborizó. —¿Dónde está el baño?
—En el pasillo de la entrada, primera puerta a la derecha.
—Gracias.
Ruborizado y con los nervios de punta, se encaminó hacia el baño. Sostenía la toalla como si fuera una extensión de su cuerpo. Sentía los vellos pararse a flor de piel, cualquier estímulo de parte de Katsuki era capaz de catapultarlo a estremecerse de lleno en los deleites acaramelados de sus orbes rojizas.
Entrando al baño, notó el patrón de organización en la escasez de detalles, estando solamente un cepillo de dientes, una pasta de dientes, un vaso para colocar el cepillo, un espejo que daba del torso hacia arriba, una bañera con cortinas de color menta, y un baño bastante sencillo.
Nervioso, aspiró la esencia del lugar. Mirando cada recoveco, cada esquina, admirándose de la capacidad de su adorado rubio.
Removió las prendas lentamente. Advertía el corazón latirle fuertemente contra el pecho, abriendo los canales de sus venas, sus arterias, vitalizando el recorrido vasto y laborioso de expresar el nerviosismo padecido.
El tocar de la puerta lo asustó.
—¡¿Qué?!
—Vengo a dejarte un cambio de ropa, idiota. No mal entiendas— Se quejó el rubio.
—Sí, voy—Corrió a abrir la puerta, haciendo uso de la toalla cubriendo su pecho desnudo. Su piel seguramente se encontraba teñida de rojo, similar a un rosa muy intenso. —Gracias—Expresó tímido.
Katsuki ni siquiera lo miró. Entregó la ropa extendiendo el brazo a su cara y se marchó.
Izuku se advertía ruborizar del sólo hecho de ver las cosas de Katsuki esparcidas por la pieza. Tentado por la pátina de la toalla verde menta ingirió su aroma. El olor invadió sus fosas nasales al instante. Exhaló absorto en el aroma de Katsuki. El caramelo quemado, las cenizas de lo que fueron brasas consumieron sus pulmones en una inherente seducción de imaginarse la posibilidad de ingerir el aroma de Katsuki viniendo de su cuello. Hipnotizado, cayó de espaldas. Fueron cuestión de minutos lo que le tomaron para despertar de su ensoñación.
«No, Izuku. No puedes permitirte pensar en Kacchan de esa manera. Me odiará más de lo que hace. Pensará que soy un degenerado» Se reprochó.
Izuku suspiró.
Mejor se metía a bañar en lugar de embarcarse en las ensoñaciones devastadoras del amor.
Una vez salido de la ducha, pasó la toalla alrededor de los hombros, evitando que partículas de agua cayeran desparramadas en el impecable piso. Katsuki enfurecería de ver su desastre.
—Gracias por el baño—Pronunció Izuku, al ingresar por el diminuto comedor que conectaba con la cama y el librero.
Katsuki se hallaba sirviendo lo que parecía ser comida en unos tazones.
—Hm—Gruñó.
—¿Hablaste con la tía?
—Ni la menciones— Escupió. —Esa vieja bruja no quiso pasar por ti. Te dejó aquí a tu suerte.
—¿Qué?— Lucía aturdido.
¿Qué dijo?
¿Que pasarán juntos la noche?
¡Es una locura! No puede pasar la noche con Katsuki. Querrá abrazarlo durante toda la noche. Un furioso sonrojo crepitó por sus mejillas. Un cortocircuito desencadenó de las conexiones neuronales de su cerebro.
—No puedo pasar la noche aquí, Kacchan— Excusó alarmado.
—Yo tampoco quiero que pases la noche aquí, pero hay un clima del demonio allá fuera y si te pasa algo, la vieja bruja se las arreglará para hacerme pasar un maldito infierno—Sirvió los tazones que, viéndolo bien, era un tazón de fideos.
Antes de probar bocado, Repitió—: No puedo pasar la noche aquí—Katsuki endureció el ceño; Katsuki a punto de replicar, Izuku se adelantó.—No puedo porque querré abrazarte toda la noche—Katsuki apretó la quijada, molesto. —Querré aferrarme a ti y sé que es injusto. Sé que te molesta. Lo siento.
—Pervertido.
—Lo siento.
—Ahórrate las malditas disculpas, idiota— Espetó. —Me tocas un pelo y te mato. No me importa si nuestras madres son amigas. Te mato—Izuku quieto y enmudecido asintió. —Ahora come.
—Sí…
«Se nota que Kacchan me odia» Pensaba herido. «No soporta mi compañía, ni siquiera de verme. Comeré y evitaré intercambiar palabra con él, a menos que sea para darle las gracias por su amabilidad»
Terminando la cena, ayudó a Katsuki a lavar los trastes como muestra de su gratitud. No mesuraba lo genial que se sintió ayudarlo, mucho menos evitar imaginarse que eran como una pareja recién casada haciendo tareas del hogar.
El bochorno se vertió en su rostro.
El momento alegre duró muy poco, pues Katsuki lo ojeó por el rabillo del ojo, para después ignorarlo por completo. Lo vio sacar el piyama de un cajón y dirigiéndose al baño.
Izuku no sabía a esas instancias qué hacer, ya que omitió en decirle dónde dormiría y con qué.
Se limitó a mirar la cama con un creciente bochorno atiborrarlo fuera de los límites de la cordura, puesto a que era un sueño suyo dormir a lado de Katsuki. Mas la palabra de "sueño" añadía rotundamente que se debía a algo distante de la realidad. Una fantasía, por así decirlo. Pues de alguna manera estaba muy consciente de lo que ocasionaba en el rubio y sabía que no debía permitirse imaginarse yaciendo a su lado; con su cabello rubio cubriendo la almohada, su calor reconfortante, la cercanía de la exuberancia de su piel, su mirar, su respiración, sus latidos.
Advirtiéndose anhelando llevar a la realidad aquel escenario, Izuku forzaba el tren de la ficción detenerse por una buena vez; quizá soñar no estaría tan mal si lo hacía estando solo. No con el objeto de sus deseos ahí presente.
—¿Qué tanto haces mirando, idiota?— Apareció Katsuki por detrás, sorprendiéndolo.
—¡Oh…! Kacchan. Perdona, andaba sumido en mis pensamientos— Rió nervioso. —Es una costumbre mía de hace años. No se quita.
Katsuki puso los ojos en blanco, desinteresado. Abrió una puerta situada debajo del armario, sacó unas sábanas y unas cobijas calientitas. Se las lanzó encima de la cabeza. —Úsalas en la cama.
—¿Dónde dormirás tú?
—En el piso.
—¡No!
—¿Insinúas que durmamos juntos?— Sonrió socarrón.
Izuku sonrojó; eventualmente, Katsuki amplió su sonrisa. —Pervertido.
—¡No lo soy!
—Lo eres. Apuesto a que te imaginas tenerme entre sus brazos toda la noche—Ante la mirada de haber sido expuesto, rió presuntuoso. —Patético.
—¡Kacchan! S-son imaginaciones mías. No tienen que ser realidad, obvio si no quieres cumplirlo. Sabes que jamás te reprocharía el que no me quieras de regreso. Soy lo suficientemente fuerte para soportarlo.
—Lo dudo— Reconoció.
—Sea la decisión que tomes a partir de ahora, prefiero que pase lo que pase, duermas en la cama—Expresó Izuku, decidido.
—Sí que eres insistente.
—Me entrometo donde sé que puedo manejar la carga. Y te juro que puedo manejar esta. Duérmete en la cama. Te prometo que no voy a tocarte ni un pelo. Nada.
Katsuki entornó los ojos en indiferencia. Quizá porque ya estaba harto de escuchar las mismas regatas de Izuku con respecto a lo que quería construir con él. Sin embargo, desechó la negatividad que sabía de antemano solía llegarle cuando ponía en tela de juicio sus nulos avances.
Katsuki estiró las cobijas encima de las sábanas de la cama. Su duro semblante apremiaba el fulgor de sus facciones resaltar en una situación (demasiado) intimidante. Era pesado decir que no lo deseara, que no le aceleraba el universo entero querer pararse en el mismo cimiento que el suyo, sostenerlo, abrazarlo, asegurarle que sus objetivos se cumplirán, que él los apoyará, que lo acompañará en las buenas y en las malas.
Izuku, al verlo, tembló ante la emoción, la expectación de no saber lo que éste haría. La aceleración de su pulso, lo llevaban a contemplar embobadamente su figura al no decirle qué planeaba hacer.
—Anda, súbete— Ordenó Katsuki.
—¿Eh?— Boquiabierto.
—¡Súbete! O ¿Acaso esperas congelarte en el piso?
Izuku negó moviendo repetidamente la cabeza. Izuku ingresó su cuerpo bajo las sábanas que lo recibieron abrazando su piel. Seguido de él, Katsuki se adentró en la cama con él. La tenue luz de la lámpara de noche iluminaba los contornos blanquecinos de su dermis, la textura lisa que aludía ser placentera de lo que el roce de sus dedos podía tocar encima de esos kilómetros y kilómetros de profundidad que componían su ser, sus recovecos desconocidos e inciertos.
Izuku sintió el corazón pulsarle recargado contra el pecho, descargando una adrenalina voraz e inquietante. Pasaba lo que en sus más alocados sueños había imaginado. Se sentía como un pez en medio de un vasto océano denso y etéreo.
Sus ojos lo admiraban refulgentes bajo la escasa luz.
—Deja de mirarme—Bramó Katsuki. —Es incómodo.
Izuku saltó. —¡Lo siento! ¡Lo siento! No quise mirar.
—Claro que quisiste maldito degenerado.
—¡No, Kacchan! Juro que no te miraré.
—Puedes tocar, si quieres— Sugirió en tono incitador. Subió una mano en su pecho, moviendo los músculos de sus bien formados pectorales. La tela del piyama se estiró exhibiendo las fibras finas de sus músculos. Es deliberante. Apretó los puños enterrando las uñas en las sábanas, estas se arrugaron. —Estamos solos, que es lo que querías. ¿Acaso no te ves tentado en tocarme?
Izuku pasó saliva, duramente. Sus expresivos ojos verdes lo veían más con devoción que devorándolo. Sabe lo tentador que es Katsuki, mas no quiere cruzar la línea impuesta por éste si no están en la misma sintonía. Si no hay amor de por medio, él no hará nada, por más que éste lo incite a pasearse por esos kilómetros de piel blanca que gritaban por ser acariciados.
—No haré nada— Dijo él.
El tren de movimientos de su mano sobre su pectoral se detuvo.
—¿Hah?
—No te tocaré si no me quieres—Expuso Izuku. —No va conmigo.
—¿Tan cobarde eres? Estoy justo a tu lado, me jodes todos los días que me quieres y deseabas abrazarme toda la noche y ¿Dices que no quieres hacer nada?
—No.
—¿Acaso necesitas más?
—Kacchan… te respeto demasiado para tocarte en este momento en cualquier otro—Determinó. —Si tu dices que me aceptas, que me quieres, jamás te soltaré. Eres importante para mi y por eso es que no pienso tocarte, no pienso cruzar esa línea. ¿Qué me asegura que no te arrepentirás después? ¿O que yo no me arrepentiré de tocarte?
—Cobarde—Masculló entre dientes.
—No es cobardía, Kacchan. Es amor.
De un arrebato, Katsuki agarró su muñeca, volteándolo a enfrentarse con esos ojos rojos cara a cara. El ceño fruncido temblando furioso, inyectado por un sentimiento indescifrable en todo el misterio que constaba de su esencia.
—No sé qué es lo que quieres, Kacchan, pero no voy a tocarte si no sientes lo mismo que yo.
—A ti nadie te entiende, imbécil. Dices una cosa y haces otra. Eres un maldito inconstante.
Herido, agarró la otra muñeca de Katsuki, sintiéndolo crisparse ante su tacto.
—¿Inconstante?— Tosió. —He sido constante en mis sentimientos por ti desde antes de darte esa carta. He sido constante desde el día en que decidí que te conquistaría sin importar qué. He sido constante en el momento en el que me propuse ser un boxeador profesional. Y he sido constante cuando elegí que te querría por sobre todas las cosas, sin condiciones, sin falsas promesas, sin juzgarte— Para esos instantes, Izuku lloraba. —Cómo puedes creer que no soy constante. Aún no me he rendido.
—Deku, cállate.
—¡No! ¡No lo haré!— Sostuvo su muñeca como si fuera su ancla. —Quieres que te toque, pero ¿Sabes lo que soy capaz de hacer si lo hago?. Me tienes rendido ante ti desde el inicio. Respóndeme con la mayor sinceridad que puedas:¿Te gusto?.Si lo haces, entonces lo que pase entre nosotros cambiará. ¿Estás dispuesto a eso?
—Asco.
—¡Kacchan! ¡Contéstame!— Izuku sentía el corazón hacerle presión en la boca.
Pensaba que entrando en la cama, dormiría enseguida. No esperaba este giro de eventos, que iniciaría con Katsuki invitándolo a tocarlo.
—¡No, no me gustas! ¡Eres horrible! ¡Odio todo de ti!
—Entonces— Soltó su muñeca al instante. —Buenas noches.
Le dio la espalda cubriendo sus orejas con las pesadas cobijas, palpitándole los tímpanos aturdidos.
—Era tu única oportunidad— Lo oyó advertirle a lo lejos enfrascado en un extraño desdén. —Más vale que no se te ocurra volverme a tocar.
—No pensaba hacerlo con esas condiciones— Dijo, sintiendo la garganta escocerle dolorosamente como el efecto de un analgésico adormecerle los sentidos.
—Púdrete, idiota.
—Te quiero, Kacchan. No lo olvides. Tienes mi corazón, mi amor, mi alma, a mi. Si lo correspondes, es todo tuyo— Lágrimas caían pasando por sus mejillas sonrosadas. Este sentir tan devastador tienta con destruir la poca cordura que posee advirtiendo el cuerpo ajeno sumirse en la calidez de las cobijas con un gruñido.
Lo sabía, lo había ofendido, pero se mantuvo firme en no cruzar los límites invisibles, pues la indeleble situación por una invitación en contra de sus principios.
—No creí que fueras tan cabeza dura— Escuchó a Katsuki decirle. —Pensaba que eras otro tipo de idiota, aunque no dejas de ser uno.
Izuku removió las lágrimas con el dorso de su mano. El tacto era áspero, seco.
—¿Sabes? Yo… pensé que tenía la idea de que llegarías a otros extremos para tenerme—Admitió. —Te mirabas tan decidido a no rendirte que creía que te sobrepasarías en algún momento. Te estaba tanteando para ver qué tan lejos irías. Sin embargo, no hiciste nada.
Izuku se giró, topándose con Katsuki. Estaba serio, oculto por las sombras desnudas de la oscuridad matizada por la iluminación. Era un especie de ilusión óptica que lo mantenía a raya.
¿Eso creía de él? ¿Que lo lastimaría sobrepasándose usando el nombre del amor como justificación de sus penosas acciones?
Izuku estaba profundamente herido, mas se tragó esas penurias, optando por prestarle atención, ofreciéndole palabras de afecto.
—Jamás caería tan bajo para tenerte. Usaré mis habilidades para conquistarte, Kacchan. Si no me eliges, no está en mi el no haberte atraído. Está en tu decisión, en tus sentimientos. Yo persistiré en adentrarme en tu mundo, pero si llega alguien a ser el elegido por ti, me detendré definitivamente—Los ojos de Katsuki refulgían. —Qué más quisiera ser el elegido, pero si alguien lo es, me mantendré a tu lado, aunque sea de lejos. Contarás con mi apoyo cada que me necesites, o que quieras ser escuchado. Estaré contigo aunque no sea el indicado.
—No voy a elegir a nadie—Replicó, mirando hacia el techo, absorto.
Verde miraba su pelo, sus afiladas facciones, la quietud de su silencio extrañamente firme, el enigma oculto.
Asintió. —Está bien.
No obstante, el sueño le llegó tras dar por terminado el tema entre ellos. Izuku se sentía complacido.
Rojo lo observó después de advertirlo dormir plácidamente en su lugar. —No importa lo que digas sigues siendo el mismo idiota de siempre.
EXTRA:
La presencia de un hombre además de él dentro de su habitación es extraño. Aunque no era cualquier hombre. Era Deku. El hombre que lo perseguía y profesaba amor incondicional por él. Reservado en sus acciones, se permitió callar y verlo. Era tan torpe que notaba lo nervioso que se encontraba, sus nervios matizaban el aire de la habitación. Sin embargo, cuando la pátina de duda se removió del rostro pecoso del contrario, se percató de lo enterrada que estaba su mirada en él; en su cada movimiento. De un impulso desconocido (y desconcertante) colocó una mano en su pecho y comenzó a trazar movimientos lentos, cerrados. La palma de su mano removía las delgadas fibras de su pectoral. Seguía masajeando esa parte de su cuerpo buscando provocar una reacción en el contrario, pues esa cara de embobado era una inyección de adrenalina.
No obstante, la situación se le revertió tras haber sido confrontado por Deku, quien dijo que no lo tocaría a menos que sus sentimientos fueran recíprocos. ¿Qué demonios significaba eso? ¿Sentimientos recíprocos? No existía tal cosa. Fue igual para él, cuando lo besó en el hospital luego de que lo encontró durmiendo en la cama donde Kota yacía. El simple contacto de dos labios unirse no producía una diferencia a como oía a sus compañeras en la preparatoria; describirlo como lo más maravilloso que hay entre las parejas adolescentes.
Fue lo mismo incitarlo que besarlo, a expensas de haber sido descubierto por Kota con el contacto de labios y pillarlo ruborizar del bochorno de lo que hizo.
Sin embargo, Katsuki reaccionó rápido y le indicó que callara con una señal de su dedo sobre sus labios sellados. Lo vio asentirle enseguida, con eso sonrió orgulloso, retirándose del sitio.
Deku se exaltó al decirle en la cara que si gustaba de él, que si sabía lo que haría al tocarlo si sentían lo mismo, lo cual fue un mero error, pues se encontraba peor que desconectado con las mediocridades que salían de su boca. Gruñó.
Deku era un idiota. Seguía siendo un idiota, a pesar de las veces en que hablaba, en se expresaba, en que sus ojos lo veían como un cachorrillo, en lo que lo hacía para llamar su atención. No lo soportaba. Lo odiaba.
.
.
.
.
NOTA: Me apuré en terminar este capítulo. Le agregué una discusión entre Deku y Kacchan. Espero que les haya gustado los cambios y el ligero aumento de la madurez en Izuku.
NOTA #2: Le corregí algunas cosas.
NOTA #3: Espero que les haya gustado el capítulo.
