"Corazones sin coincidir"

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Despertó antes que Katsuki, con la luz del alba traspasando las cortinas elegantes. Volteó de soslayo donde yacía la figura del rubio. Sus párpados cerrados con una delicadeza casi dolorosa, pues sus dedos quisieran navegar por esos bellos lugares abiertos de su rostro. Tocarlo, y ver si la sed de estrecharlo cesa; o es imposible que cese.

Reconoce que Katsuki no sabe lo mucho que duele lo que le hace y dice. No obstante, permanece observándolo recargado en la rodilla derecha, extendiendo los brazos alrededor de la prominencia de la rótula. Romper las reglas de admirarlo es un amago de amargura rasgarle los poros o la piel. Ya ni sabe qué es lo que le cala más, si la indiferencia de Katsuki o la incitación de la noche anterior.

Suspiró.

Esa invitación era suficiente para desmoronarlo ahí mismo y caer directo a sus pies, más de lo que estaba. Moría por tocarlo, claro, deseaba sentir esa piel hundirse con el peso de sus manos, sus brazos rodearla, la sensación de sus poros transpirar, la sangre acumularse en los lugares que pasaba. Y ver, ver el color blanco perlado teñirse de un rojo escarlata, como el de una rosa florecer bajo él. Contemplar sus pétalos esparcirse con el ritmo de sus caricias, una a una recorriendo territorios inexplorados, compuestos por kilómetros y kilómetros de piel profunda.

Se advertía enrojecer de la vergüenza de imaginarse aquel escenario tan poco probable que ocurriese. Según Katsuki, era la única oportunidad que le daba, por tanto, no volverían a llegar a ese nivel de intimidad.

Izuku no debía permitirse caer tan bajo para llegar a los sitios recónditos del corazón del rubio, pues no iba con sus principios, a lo que debía atribuirse una mejor visión de sí mismo. Incluso Shouto estaría orgulloso de haberse negado a semejante barbaridad. Qué decir de la opinión de Iida. Lo subestimaban demasiado; quizás porque él tenía la apariencia de ser alguien muy ingenuo; y tal vez sí era ingenuo para muchas cosas, pero su madre le enseñó bien. Le hizo ver que la vida puede ser dura al igual que bonita, mas lo importante es no rendirse.

Toshinori le hacía ver lo valioso que es el arte de no rendirse; el mejor arte. Consideraba. Enji iba detrás de su sombra para que él mejorara, pese a no haberse visto, el ejemplo de Enji de persistir por muchos años labrando piedritas en lugar de rocas, pacientemente, aguardando por el puesto del número uno; el puesto que Izuku también quiere conseguir en algún punto de su juventud.

No puede inmiscuirse en asuntos que lo podrían lastimar emocionalmente, y que debido a esas distracciones, terminase fallando. Sería una desgracia.

Con el desazón aún rumiando en él, salió del apartamento de Katsuki, no sin antes dejarle preparado el café y una notita que se retiraba.

Le dio un rápido vistazo a la figura durmiente de Katsuki. Sus mechones rubios destacando debajo de las cobijas, sus pestañas cubriendo sus párpados. Hermoso. Intocable. Así es como lo dejó.

Tal vez es la mejor manera de avanzar.


—¿Cómo sigue tu tobillo?¿Lo puedes mover?— Shouto le preguntaba con gesto consternado, pues ambos habían quedado de ir a correr esa mañana friolenta. Sabían que pronto vendrían las vacaciones de invierno y tendrían mayor tiempo de entrenar y prepararse para las peleas del próximo año.

—Estoy perfecto— Aseguró.

Shouto, que siempre demostraba una expresión pétrea, le dirigía miradas cargadas de una preocupación por su bienestar, lo que de alguna manera, desencadenó que sintiera un afecto enorme por su amigo. Con ninguno de sus amigos de la preparatoria se había sentido de esa forma. Tan en sintonía, tan en el mismo objetivo. Se parecen tanto, su historia de sufrimiento, sus emociones, sus pensamientos, sus recuerdos.

Lo ve sonreír; sus labios curveados ligeramente hacia arriba, causando un efecto tranquilizante en él.

Las páginas se mueven hacia adelante. No se quedan en una pausa obsoleta que sus lágrimas mimetizan.

—Si te duele, no dudes en decírmelo.

—Claro—Sonrió.

Corrieron por el sendero que daba con una vista espectacular hacia la playa. El sol se asomaba desde las montañas, iluminando de colores rojizos la torre de Tokio, los edificios se pintaban como si estuvieran vinculados desde una distancia discreta el calor, el caos de una ciudad concurrida.

Subieron. La pendiente se extendía arriba, rodeada por helechos, rocas, pequeños árboles, unas bancas con la vista deliciosa del horizonte. Izuku respiraba acompasando los latidos de su corazón, asemejando el ritmo de Shouto; ritmo del silencio rítmico. Pensaba.

Pronto como llegaron a la cima, como buenos deportistas observaron relucientes el regalo que la naturaleza las ofrecía. De pronto, Shouto se acercó a él, sorprendiéndolo.

—¿Qué pasa?—Preguntó.

—Nada—Negó. —Sólo me gustar a tu lado. Es todo.

—A mi también.

Atisbó un poco de color en sus mejillas, pero supuso que se debía a la intensa corrida de la pendiente. Veían las olas estrellarse con las rocas. El color blanco y espumoso causaba una brisa longeva.

Por algún motivo, no lo alejó, pese a tenerlo pegado a él, como aquella vez en las bancas.

—Midoriya.

—¿Hm?

—Decidí decirle al viejo que no estoy interesado en conocer a otras personas, porque ya tengo a alguien que me gusta.

—¿En serio? Eso es genial.

—Y hablando de eso— Acercó sus ojos. —Te diré quién es la persona que me gusta. Mereces saberlo.

Por un instante, sintió un salto de su corazón. Un pinchazo en la piel que da paso a un fogonazo.

—De acuerdo— Asintió. —Te escucho.

—Te lo diré en la universidad. Te veo después de tus clases.

—¿Qué? Pero-

—Te quiero decir después— Lo cortó. —En caso de que te lleves una sorpresa, y quieras una explicación. Estamos ejercitando. Nos distraeremos.

—Está bien—Accedió; aunque no sabía bien a bien quién era la persona que sería la que capturó el corazón del enigmático Shouto Todoroki.


Mensajeó a su amigo al finalizar sus clases. El frío congelaba su cuerpo. Sus amigos iban detrás de él, curiosos al ver el origen de su apuro. Decían que lo acompañaría debido a que querían conocer a Shouto en persona, pues lo conocían por palabra; por parte de sus descripciones.

—¿Cómo será Todoroki-kun?— Hablaba Uraraka, emocionada. —¿Será tan alto como es en las fotos? O ¿Será tan frío como dicen sus admiradoras?

—De seguro, será un hombre elegante y respetuoso— Difirió Iida. —Viene de una familia rica.

—Eso es cierto. ¿Como cuánto gana al mes?

—Eso no lo sé—Respondió él, incómodo. De esos temas no hablaba con Shouto. Es más, evitaban hablar sobre las riquezas de su familia, pues estas le producían disgusto.

—Anda, habla—Insistió ella.

—Deja de molestar a Midoriya con asuntos de dinero—Refutó Iida. —Es una falta de respeto entrometerse en la vida privada de los demás. Y más si es un amigo de Midoriya. Debemos dar une buena impresión.

—Es verdad—Replicó ella con un puchero.

Izuku iba por delante de ellos, nervioso. Ver a Shouto en terrenos de universidad es complicado de por sí, como para verse acompañado por sus amigos, quienes harían la situación incómoda. Suspiraba, juntando la tensión de sus músculos en las prominencias extendidas de su espalda. Seguro le saldrán contracturas con tanto contraer y relajar deliberadamente.

En cuanto atisbó la cabellera bicolor deslizarse entre la multitud, sintió un gran alivio devenirle. Aceleró el paso, abismado por la seriedad y calidez que inspiraba.

Sus amigos hicieron comentarios acerca del elegante porte de su amigo, añadiendo piropos (de parte de Uraraka) de la frialdad que emanaban sus facciones pétreas descansando en las cejas ceñudas.

—¡Todoroki!— Exclamó al llegar. Su corazón rebosante ante la expectación y los nervios de encontrarse por vez primera en la universidad. —¿Te hice esperar mucho?

Éste sonrió; de alguna forma, se vio dócil.

—No me hiciste esperar nada— Comentó cortés. —Y las personas que te acompañan, ¿Son tus amigos?

Izuku se ruborizó del color del betabel. Soltó una risa nerviosa, para pasar a presentar a sus amigos rápidamente. Estos se presentaron, a su vez que Shouto los saludaba del mismo modo en que lo saludó a él.

—¿Y bien?¿Me dirás quién es esta persona?— Para esas instancias, Izuku moría de la curiosidad por saber de quién gustaba Shouto. Ponía sus ansias de punta.

—Sí— Hizo una breve pausa, mirándolo. —Te diré— Izuku sonrió radiante. —Y espero que tus amigos sean testigos de lo que diré a partir de ahora.

Izuku arrugó las cejas, confundido.

«¿De qué está hablando?»

Shouto se colocó firme, respiró hondo, conteniendo las energías de su cuerpo. Sus brazos pegados a los costados.

—¡Me gustas!—Alzó la voz; la sensación de un proyectil tomó a Izuku bajo guardia. —La persona que me gusta eres tú, Midoriya.

—¿Qué…?—Hubo un balbuceo casi imperceptible.

La sensación de comprensión arrasó con él, llevándose consigo toda la credulidad que poseía en aquellos instantes. Su voz yendo el frente de la situación era como un bálsamo para perderse en su oleaje. El resto de las personas perdieron visibilidad pues Izuku sólo veía a Shouto.

Sus amigos soltaban sonidos apenas audibles. Murmullos que se desvanecían con el crujir del viento, o ¿Era el crujir de su cordura?

—Entiendo perfectamente bien que me rechaces porque quieras a Bakugo, pero ya no podía seguir ocultándolo. Eres la persona que me gusta, y me gustaría que me dieras una oportunidad.

—¿Opor-oportunidad?— Sus pupilas se derretían ante la inmensa impresión que devoraba el resto del mundo exterior.

—No sabíamos que escucharíamos una confesión— Murmuró Uraraka a sus espaldas.

—Midoriya, responde— Alegó Iida. —Es de mala educación callarse.

Izuku estaba perplejo, mudo. Apenas procesaba lo que ocurría, además de sentir los frenéticos latidos de su corazón resonar.

—Midoriya no me tienes que responder— Añadió Shouto con la más absoluta cortesía. Shouto tan correcto, tan dócil, tan sincero, tan confiable. Nunca hubiera pensado que la persona que tan hermoso describía Shouto era él. Que aquellos deseos de ser especial para alguien existía y estaba frente a él. Por alguna razón, tuvo el impulso de corresponderle, de no dañarlo como él había salido dañado por Katsuki. —Sólo quería que supieras mis sentimientos en algún momento. Te doy tiempo para pensarlo.

—¡No!— De un arrebato. Sabía que las miradas estaban sobre él, que lo que saldría de su boca sería un instinto de protección extraño. —Todoroki, yo… por supuesto que acepto— Expresó convencido de su decisión.

—¿Qué?— Dijeron los tres.

De pronto, sintió que un par de brazos lo jalaron hacia atrás con Shouto viéndolo ojiabierto.

—Midoriya, ¿Estás loco?— Encaró Iida. —¿No decías que te gustaba Bakugo?

—¿Por qué aceptas?

—Es una pésima decisión, aunque admito que Todoroki parece ser mejor opción para ti. Hablas maravillas de él.

—Sí— Acordó su amiga. —Se nota que va más en serio contigo que Bakugo-kun. Bueno, aunque Bakugo-kun no te ha dado ninguna oportunidad desde tu carta.

Izuku pestañeaba, aturdido con las miradas ajenas. Sentía el resquicio de sus sentimientos amortiguarle la cabeza aprisionando cada centímetro de sensatez abandonada.

—¡Ya sé!—Exclamó ella. —¿Por qué no sales con él para darle celos a Bakugo-kun?

Iida soltó un sonido similar al de un afónico intentando gritar.

—¡Uraraka-san!— Balbuceó Izuku, consternado. —No haré eso.

—Le acabas de decir que sí— Apuntó ella. —No me digas que no pensaste en eso.

—Basta, chicos— Los alejó con ambos brazos, separándolos. —Acepté porque no quiero que sufra lo que yo he sufrido.

—Ah, entonces saldrás con él por lástima— Asumió Iida. —A veces las buenas intenciones resultan dañar más a las personas. Piénsalo, Midoriya. No cometas una tontería por hacerle un favor.

—No es un favor— Alegó. —Lo quiero mucho. No lo lastimaría. Todoroki me entiende.

Iida colocó dos dedos en el puente de la nariz, dando la causa por perdida. Uraraka apoyaba la moción de Iida, repentinamente; cambiando de bando, al parecer.

—Haz lo que quieras— Fue el punto final de Iida.

Entonces, Izuku se acercó a un Shouto confundido, quien presenció el intercambio desde lejos.

—¿Dijiste que aceptabas?— Buscó una reafirmación de su parte con ansias.

—Sí, acepto.

Los labios de Shouto se curvearon en una sonrisa inocente bañada de una genuina felicidad. Se sentía bien verlo sonreír, verlo exudando una calma existente.

—Me alegro, me alegro que hayas aceptado— Dijo; para después estrechar a Izuku en un fundido abrazo.

Atisbaba los ojos fijarse en él. ¿Cómo alguien tan insignificante como él abrazaba al inalcanzable Shouto Todoroki? Era sin duda, motivo suficiente para suscitar a la envidia de querer lo que él ha conseguido sin pedirlo. Se sentía hundirse en la tierra, mientras que Shouto era la soga que lo traía de vuelta.

La amabilidad de Shouto logró conmoverlo, tanto que ser el centro de atención pasó a segundo plano.

Ese fue el comienzo de una relación un tanto ajena para los ajetreados sentimientos de Izuku, quien sopesaba que estar con alguien que lo quería era mejor que sollozar por la indiferencia de Katsuki; al menos ahora podía reír con alguien a su lado.

Podía disfrutar de un sentimiento nuevo similar al de un sueño del cual no se quiera despertar. Entrenaban juntos, comían el almuerzo juntos (a expensas de la mirada triste de Kirishima, que los veía a la distancia), paseaban por el campus juntos, iban a la biblioteca a estudiar juntos. Todo hacían juntos.

Pronto se volvió rutinario, de modo que Izuku se había acoplado en gran parte a estar cerca de otro hombre que no fueran sus divagaciones de Katsuki.

Shouto tomaba su mano sin dudar de los comentarios ajenos, o sobre las opiniones de su padre y los demás en el gimnasio.

Pese a pasar tanto tiempo juntos, Izuku realizaba que al final del día, sentía un vacío en el pecho, que aún latía por Katsuki. Le guardaba un lugar. Sin embargo, desde que empezó a salir con Shouto no había visto a Katsuki en ningún sitio del campus, lo cual suscitaba su curiosidad de si estaba bien, si comía, si tenía problemas, si quería ser escuchado, consolado, etc. Lo que sea que necesitara. Izuku se lo daría.

No obstante, sus cavilaciones lo llevaban a cuestionarse sobre si su decisión de salir con Shouto había sido la adecuada. Sin embargo, sumirse en pensar exclusivamente en aquello, lo dejaba sin energías para entrenar.

Por otra parte, había notado una mejora en sus calificaciones desde que Shouto pasaba más tiempo él. Esas eran las cosas positivas que conllevaban a estar a lado de alguien que lo apreciaba por quien era y no por ser mera apariencia.

Unas veces salían a correr por las mañanas a ver el cielo despejarse entre la bruma de los cerros y se quedaban parados como estatuas admirando la exultante belleza del horizonte cubrirse de colores. Izuku abría tanto los ojos para poder digerir la vista. No obstante, cuando permanecía embobado, era sorprendido por una mano de Shouto tomar la suya y apretarla.

Izuku sentía el corazón darle un vuelco cada vez que hacía estos acercamientos. Eran impredecibles. Lo tomaban por sorpresa.

—Es hermoso, ¿No?— Decía con una nota refulgente.

—Lo es— Concediéndole un apretón de manos de vuelta.

—Pero no tanto como tu.

—¿Eh…?— Ruborizó hasta las orejas.

Shouto sonría viéndolo sólo a él. El fuego de su mirada arde y es como ver una constelación deshacerse lentamente por el cielo nocturno.

—Sabes que no me importa que me hayas elegido por impulso, ¿Verdad?

—¿Qué has dicho?

Shouto apretó su mano, aprisionando sus dedos uno a uno con las falanges dobladas. El corazón de Izuku subía de tono, mientras el sonrojo de sus mejillas se iba incrementando.

—¿Te parece si salimos hoy después de la escuela?

—Em, sí. Está bien—Accedió un tanto desconcertado.

—Entonces, te veo en la cafetería donde trabaja Bakugo.

—¿Qué? ¿Por qué?

—Te ayudaré a ponerlo celoso.

Izuku sintió un viento glacial removerle el calor del ejercicio.

—No necesito eso. Estoy bien contigo.

Shouto agarró ambas manos, de modo que ambos se miraban de frente.

—No quiero verte forzarte a estar conmigo cuando sé que tienes a Bakugo en tu corazón. Sé que te pedí que me dieras una oportunidad cuando me confesé, pero no busqué que estuvieras conmigo por no hacerme sentir mal.

—¡No!— Apretó sus manos entre las suyas. —No estoy contigo para eso. Estoy contigo porque te quiero.

Shouto bajó la cabeza, dubitativo. Parecía que estaba sumido en un océano de tempestades; para esas instancias, la constelación de sus ojos se había disuelto en piscinas oscuras.

Izuku no quería verlo así.

—Sé que quieres a Bakugo—Le dijo.

—Sí, lo quiero—Admitió. —Pero también te quiero a ti. Mucho. Me has hecho sentir especial, querido. Me has devuelto muchas cosas que creía perdidas. Contigo a mi lado no me he sentido como el tonto Deku o el hazmerreír. Contigo soy Izuku.

—Es que eres Izuku.

—Contigo no soy un apodo— Expresó.

Shouto se tomó unos segundos parpadeando. De pronto, sus manos se deslizaron a tocar sus codos y asimismo atrajo a Izuku frente a frente.

—No importa—Disuadió. —Iremos a la cafetería donde trabaja Bakugo y le haremos saber que estamos juntos.

—¿Crees que será una buena idea?

—Por supuesto—Aseguró.


Para el atardecer, Izuku se encontraba sentado en una mesa del café, observando el menú repetidas veces.

—Se puede saber por qué no pides nada— Katsuki lo encaró, adoptando su característico ceño fruncido.

—¿Eh?— Izuku levantó la cabeza. —Lo siento. No he pedido nada porque estoy esperando a alguien.

Katsuki movió las cejas en un claro desinterés, que Izuku atribuyó se debía a sus ganas de sacarlo del lugar.

—Estás saliendo con el hijo menor de los Todoroki— Apareció Yaoyorozu, burlona. Izuku enrojeció de la vergüenza. —Si no era con uno, es con otro. Y qué mejor con un rico para sacarlo de la pobreza.

Katsuki cabeceó inexpresivo, mientras Izuku quería hundirse en la silla. Se estaban burlando de su estatus económico. Era hiriente.

Sin embargo, no dejaba que eso lo hiciera caer, sino lo tomaría como un obstáculo más. Se mantuvo lo mejor que pudo en una posición quieta, apretando los dedos entre las palmas de sus manos en un sutil movimiento que ocultaba sus menesteres.

—Midoriya no es pobre— Irrumpió Shouto, sorprendiéndolos; se sentó en la silla de a lado y tomó la mano de Izuku, entrelazándola. —Nació en pésimas circunstancias, pero eso no excluye que haya tenido una vida difícil. Así que por favor no hablen sin saber, Midoriya ha pasado peores condiciones que los tres juntos.

Yaoyorozu y Katsuki los miraron reticentes, el segundo más molesto que el primero. Aunque Katsuki parecía más disgustado que otra cosa.

—Así que es verdad que ustedes salen— Afirmó la chica.

Shouto asintió más que seguro. La presión fundida en su mano, traspasaba el pulso de su sangre recorrer las venas de sus tiernos dedos.

—Eso es extraño— Siguió ella. —Porque Midoriya parecía muy optimista por quedarse con Bakugo y a la más leve disyuntiva provocada por él, te rindes. Es más, buscaste a la mejor opción.

—Cuidado con lo que dices—Advirtió Shouto, a la defensiva.

Izuku sentía su cuerpo temblar. Tenía a Katsuki mirándolo, oyéndolo. Era algo de temer, pues causarle una mala impresión al chico que le gusta no es factible.

Sin embargo, se halla en buenas manos. Shouto lo protege y es mutuo. Velan por el bienestar del otro.

Yaoyorozu puso los ojos en blanco, seguido de un gruñido apenas audible de Katsuki al retirarse a atender otra mesa. Shouto sostuvo su mano, clavando los ojos en su contacto.

—Fue una tontería haber venido aquí—Se quejó; colocó su otra mano encima de la suya, apretándola.

—No te preocupes.

—Te involucré en esto por querer ayudarte.

—Todoroki—Pronunció pausado. —No te pedí esto. Yo estoy feliz estando contigo.

—Midoriya…

—Lo digo enserio. Me has hecho muy feliz.

—Y tu a mi.

El momento se vio interrumpido cuando un brazo se interpuso entre ellos dos; Katsuki depositó dos tazas de café sin leche con un aire reservado.

Shouto separó el contacto con Izuku, quien extrañado por la interrupción miró atontado a Katsuki, sin saber con exactitud cuál era el punto de irrumpir de dicha manera. No iba con la fachada de desinterés del rubio.

—¿Qué van a ordenar?—El tono glacial extrañó aún más a Izuku. ¿Por qué les hablaba con tanto desdén? ¿Será acaso que le disguste la decisión que tomó de salir con Shouto en lugar de ser humillado por conquistarlo? Lo que Katsuki no sabía es que Izuku quería darle una oportunidad a Shouto, no porque quisiera darle celos al rubio, porque sabía que eso estaba lejos de ser posible, sino porque siente un profundo afecto por el bicolor.

Shouto dio su orden, mientras Izuku sólo pidió una sopa, evadiendo los duros ojos rojos que lo observaban, como si buscaran en él una razón a su evasiva. Sin embargo, Izuku no le daría respuestas ni explicaciones. Lo importante era centrarse en su relación con Shouto, en lo que el vacío de su corazón se llenaba de resentimiento por su desdén.

Comieron envueltos por la atmósfera íntima que caracteriza a una pareja de mucha confianza y conocimiento por el otro, pues lo demás perdía el sentido si no estaban en la compañía del contrario; en el caso de Izuku, él buscaba refugiarse en el manto protector de Shouto. Enredarse en él y abrir camino a un sitio desconocido de los confines que oculta la imaginación.

—¿Te parece si vamos al parque?— Sugirió Shouto, al terminar de comer.

Izuku asintió.

—Siento que te metí en una situación que no deberías de estar pasando. Ya has sufrido bastante por Bakugo.

—No digas eso— Lo dijo casi como un susurro.

—Es la verdad, Midoriya— Replicó del mismo modo.

Lo negó. No rompería su corazón por un amor no correspondido. Decía. Romperlo en pedacitos sin tener algo a lo cual asirse para no hundirse en las miserias. Izuku no le haría pasar por semejante martirio a una persona que ya tenía demasiados problemas como para lidiar con sus inseguridades.

Animado por las nociones del derredor, apresó las manos de Shouto y las sujetó embonando las capas de piel de ambos, amortiguando el calor ajeno; la sensación vaporosa de tocar al otro.

Lo vio tan frágil de la enorme carga de su pasado que quiere removerle las pesadumbres, convertirse en su ancla, su motín. Por nada del mundo quería retractarse de lo que pasaba en ese momento.

—Tu quieres a Bakugo.

—También te quiero— Recordó; éste alzó la vista a mirarlo, sobresaltado.

—Midoriya—Suplicó.

—Te quiero— Profundizó la entonación.

Lo oyó suspirar, encogiéndose de hombros.

—Maldición. Yo también— Cedió. Subió una mano a sus rizos y tiró de unos mechones, separándolos, luego uniéndolos con los filamentos de sus dedos. Los movimientos sedosos le producían cosquillas, asimismo agachando la cabeza donde permitía mayor proximidad. —No hagas eso.

—¿Por qué no?

—Te ves lindo. Me hace querer besarte.

A esto, Izuku ruborizó. Sus mejillas salpicadas por pecas asemejaban a rosas rociadas por una frescura nítida sin igual, enajenado a la provocación de recibir dichas declaraciones.

¿Cómo se sentiría besar a otro hombre que no fuera Katsuki? ¿Sería diferente? ¿Mejor? ¿Una pérdida de tiempo?

No lo sabía. Temía porque fueran equivocaciones, metidas de pata; imaginaba lo peor a su lado o lo mejor. Imaginaba que Shouto querría más si se iban por esa ruta. ¿Y si él no estaba dispuesto a dar ese paso? Los vellos de la nuca se encresparon, a la vez que las caricias de Shouto por sus rizos enmarañados.

—Midoriya.

Asintió.

—Salgamos de aquí.

—Sí

Y ambos salieron del café tomados de la mano como una pareja, habiendo dejado del dinero de la comida en la mesa.

El color de las mejillas de Shouto eran del color de los melocotones. Un hermoso matiz que mimetiza el verde que lo contempla.

Sonrió.

La mano de Shouto era cálida.

Había fundido las lágrimas perforadas en el yugo de su corazón.


—Corrimos bastante, eh— Comentó Shouto.

—Sí.

Llegaron al parque en donde conversaron aquella vez luego de tiempo separados; la semilla de su relación. Aquella con la que ambos han estado siendo alimentados.

—Midoriya— Dijo.

Asintió.

—Perdóname otra vez por meterte en el restaurante donde trabaja Bakugo y por restregarte en la cara que Bakugo es quien te gusta.

—Todoroki.

—Sé que no puedo cambiar eso—Insistió. Izuku enfurruñó el gesto.

—Claro que puedes— Musitó. —Y lo has hecho. Cambiaste mi perspectiva de estar en una relación. No dudes de lo que has logrado hacer, de lo que me has hecho sentir, de lo que hemos pasado desde que nos conocemos hasta el día de hoy.

—Por favor— Extendió la mano, en señal de que se detuviera. —Detente— Suplicó en un susurro. —No digas más. Entiendo tu punto, Midoriya. Y lo respeto. Pero no estoy de acuerdo con que estés conmigo y no me quieras del mismo modo que yo.

Izuku, muy ofendido, sintió un eclipse solar taparle los párpados; es una oscuridad enajenada. Enreda sus dedos, sus labios, sus ojos, su piel. Siente un pellizco atenuarle el corazón como una neblina que tapa los síntomas de su desaire por su adorado rubio.

En ese mismo momento, vio tan vulnerable a Shouto. Tan frágil como un cristal roto. Izuku se dice que no debe malherirlo, ni romperlo. Entonces, lo abrazó. Shouto no protestó ni lo empujó(como esperaba ante su iniciativa de abrazarlo), simplemente cedió a sus brazos, apelando de que lo aceptaba, pese a las dificultades habladas, a los sentimientos resguardados bajo las sombras de una sombrilla en un día soleado, a las sintonías que no logran encajar, a las instancias en las que Izuku calló por miedo cando necesitaba hablarlo. Por eso lo abrazaba, buscando transmitir esa carga sentimental.

—Te quiero, Shouto— Dijo en un lenguaje diáfano, entreviendo la luz traspasando la inmiscuida profundidad de su alma. —No lo dudes.

Lo sintió apretarlo más; aferrado en no contestarlo. Aferrado a la vela fogueando en medio de una oscuridad completa. Aferrado a sostenerse a él, algo que él no le negaría.

El viento helado proveniente del follaje de los árboles rociaba las pieles ajenas, los cuerpos cubiertos por el suave aleteo de un tierno corazón buscando el afecto de otro deseoso de ello, entrelazándose en un vínculo que rayaba en la ingenuidad.


Pasaba por la biblioteca de la universidad. No porque iba a estudiar, sino porque pensaba pasearse un rato entre los libros en caso de encontrar uno de fortalecimiento muscular.

Mientras hojeaba las páginas de un libro que hablaba de la importancia del sueño para incrementar masa muscular, vio a Katsuki sentado con una mujer. Curiosamente, no era Yaoyorozu, sino otra chica. Tenía el pelo corto de color morado, unos ojos espigados adaptados muy bien a su menudo cuerpo, contrastados con el porte seguro y de moda relativamente vanguardista.

Un dolor le atenazó el pecho.

Acongojado, colocó su mano en la zona cercana de su palpitante corazón sintiendo la tensión de las cuerdas del mismo se estiraban formando nudos y nudos dando un sinfín de tirones, los cuales apenas dilucidaba a conciencia debido al desazón producido por semejante escena.

Katsuki también estaba en compañías distintas, igual a él. No tenía nada de malo, excepto lacerarle el corazón a sangre fría; de eso no cabía dudarlo. Sabía que salir con Shouto conllevaba esa consecuencia, mas aun así, aceptó estar a su lado, hasta le había dicho que lo quería. Qué más le faltaba, qué más podía hacer para llenar ese vacío. Qué más…

—Sabía que aún te seguía gustando— La voz de Shouto lo sobresaltó de su sitio.

—¿Q-qué haces aquí?

—Es lo mismo que me preguntaba cuando te vi aquí, pero ya me di cuenta que soy una máscara para ocultar tu dolor— Acusó.

El color se le desvaneció de la cara quedando del color del papel. Sentía las emociones muy vivamente en las penumbras de su ser.

—No es lo que tu crees.

—Quieres a Bakugo—Vio el subir de su mano incrustarse en la punta de su hombro, obligándolo a retroceder. —Puedo ver lo mucho que te duele verlo con otra persona. No lo niegues más, Midoriya.

Izuku se mordió el labio.

Estaba acorralado por él.

Había visto a través de sus ojos el alma misma que sangraba por el cariño de un rubio inexpresivo de mal carácter que ni caso le hacía.

Aun con esos sentimientos por el rubio, quería estar con el bicolor, pues sabía que era apreciado por éste y sentía su valía como individuo. Shouto no le causaba angustia ni dolor, sino risas y confort. Le daba un espacio dispuesto para llenarse.

—Es verdad—Admitió al borde de las lágrimas. —Pero quiero estar contigo.

—Si insistes tanto en quedarte conmigo—Adivirtió; ambas manos fijadas en las puntas de sus hombros. —Déjame darte una prueba de que voy en serio contigo. Ayer, hoy, mañana. No importa el día.

Izuku lo empujó asustado con la fiereza de sus ojos bicromáticos mirándolo a través de su alma. Era una presión inigualable, el sosiego remueve los matices, los colores perdiendo el sentido al momento en que Shouto lo agarra de la muñeca, lo regresa a su sitio anterior y el resto se nubla a sus ojos.

La incomodidad de las repisas del librero carecía de importancia mientras sentía el calor abrasador de los labios de Shouto besar los suyos envueltos en una seda preciosa. La textura de sus labios se escapaba como vapor sobre los suyos.

Ojiabierto, experimentaba la ráfaga de sensaciones perceptibles en cada partícula de su ser erizarse y yacer en la electricidad de su tacto.

No paraba de pensar que este beso era muy diferente al de Katsuki. Encontrar una frase, una palabra, no igualaba la inmensidad vivida. La nitidez del frío y el calor fusionarse en él. Era abrumador. Todo de Shouto en ese momento era abrumador.

De pronto, una brisa helada lo catapultó de regreso a la realidad. En cuanto enfocó la vista, notó una mata pelirroja golpear a Shouto en la cara.

—Cómo te atreves a besar a Midoriya si él no quería— Resoplaba desde su pecho.

—Lo besé porque estamos saliendo— Shouto le devolvió el golpe sin esfuerzo.

—Entonces, por qué tenía los ojos abiertos, idiota— Otro golpe, que esquivó el bicolor.

—Lo sorprendí— Bramó con ironía.

Los oídos de Izuku zumbaban. Estaba aterrado ante la idea de que ambos se estuvieran peleando por él cuando no había fallas en la lógica de Shouto.

No había nada erróneo en eso.

—¡Esperen chicos!—Intervino, movido por la necesidad de detenerlos. No hay espacio para aguardarse a que las cosas se descarrilaran cuando claramente podía parar la situación. Interpuso su cuerpo entre ambos hombres, sintiendo la adrenalina brotar de los dos bandos como machos peleándose por la hembra. Izuku no es la hembra. Ni quiere serlo. Tampoco quiere ser el motivo por el cual personas importantes para él se aferraran a defenderlo cuando él tiene boca y opinión.

Accidentalmente, Kirishima aterrizó un golpe en su mejilla, cegado por la habilidad de Shouto de esquivar y bloquear golpes. No es de extrañar que no pudiera pegarle a un boxeador profesional. A eso se dedica, en gran parte.

—Midoriya— Murmuró el pelirrojo, aterrado. —Perdón. No iba para ti.

—Lo sé—Exhaló agraviado. —Iba para Shouto.

Sentía el aire salirle de los pulmones a Shouto del otro extremo. Era un aleteo feroz, activo.

—Dijiste su nombre— Exclamó Kirishima, aterrorizado.

Izuku logró mitigar el problema, mas no las evidencias en los rostros de ambos hombres. Rastros de nudillos encajados en la sangre detenida por el impacto, del cual se formaban cúmulos de color morado en las mejillas del pelirrojo y el bicolor.

—Claro—Afirmó él, insuflando aire del centro de su abdomen. —¡Shouto es mi novio!

Es cuando los ojos de desconocidos se pusieron sobre él. Izuku sentía el aula conspirar en su contra. No le importaba. Se forzaba en decirse que eso no importaba tanto como los sentimientos de Shouto, los de Kirishima y los de él.

—Pensaba que era mentira—Reconoció Kirishima.

—No es mentira. Estamos saliendo— Informó Izuku.

—¿Y qué pasó con Bakugo? ¿Te rendiste con él?

Izuku remembró el dolor que le atenazó al ver a Katsuki con otra mujer. Se dice que no debe caer, que no está bien ceder. Trata de convencerse que querer a Katsuki es una causa perdida, una meta sin rumbo. Debe tener la cabeza fría para afirmarle a él, y a todo el mundo que su amor por Katsuki había llegado a un punto final.

—Claro que no se ha rendido.

La atención del resto se centró en la voz sarcástica de Katsuki, rompiendo con la tensión.

—¡¿Bakugo?!—Exclamó Kirishima. —¿Qué haces aquí?

Éste puso los ojos en blanco. —Hacen demasiado ruido. Estamos en una biblioteca.

—Nadie te está hablando a ti— Ladró Shouto, un tanto intimidado por su presencia. Supuso.—Esto es entre nosotros.

—Sí— Le siguió el juego, Kirishima.

Izuku miraba lívido al rubio, sin despegarle un ojo de encima. Su figura asemejando el color dorado daba una apariencia de salvador.

Katsuki sonrió arrogante mostrando la gracia que le producía esto.

—Yo creo que lo que no entienden es que Deku me quiere a mi. No a ustedes—Aclaró. —¿No es así, Deku?

Izuku podía sentir la sangre abandonarle el rostro o el rostro abandonarle la sangre. Qué pensar. No buscaría comprender eso en ese momento.

Es verdad que lo quiere.

Dónde está la mentira en ello.

A su falta de respuesta, Katsuki lo rodeó con un brazo a ojos de los hombres y los demás y se llevó a Izuku consigo.

—¡Oi!—Gritó el pelirrojo. —¿A dónde te lo llevas?

—Eso qué importa— Bufó Katsuki, guiando a Izuku a las afueras de la biblioteca, paseándose por el entero campus hasta detenerse cerca de la parada de autobuses.

El camino lo vivió flotando en un mar de dudas, siendo Katsuki el ancla que cargaba con su peso.

—Eres un idiota— Lo oyó.

—Lo siento—Se disculpó sin tener motivos para hacerlo.

Katsuki chasqueó.

Izuku lo veía nítido, los objetos de atrás de éste borrosos. Casi nulos.

—¿Crees en tu inútil cerebro que salir con Todoroki será suficiente para ganar mi corazón? Pues fallaste. No lograste tu propósito.

Izuku sacudió la cabeza, sorprendido.

No esperaba ese interrogatorio.

—No pensé eso—Respondió.—Genuinamente, quiero a Shouto.

—¡Cállate! ¡Lo hiciste para llamar la atención!— Acusó.— Fue inútil. Sólo quedaste más en ridículo de lo que ya estabas. Así no ganarás mi amor, Deku.

—Espera…—Recapacitó. —¿Crees que salí con Shouto con esa intención? ¿Eso piensas de mi?

—Pues que otra cosa puedo pensar.

—Jamás haría eso. No recurriría a esos fines para tenerte, Kacchan. Shouto me confesó su amor y yo gratamente acepté.

—¡Mentira!—Lo vio apretar los dientes y empuñar las manos. Estaba furioso. Y lo peor es que no entendía por qué. —Mejor me largo— Se dio la media vuelta y caminó con la cabeza encorvada rumbo a la parada de autobuses.

Izuku lo siguió, pues le pareció raro verlo ir a la parada, puesto a que Katsuki no usa ese autobús, sino toma otro. Lo conoce demasiado para saber esos detalles tan simples de éste.

—¡Espera!

—No te voy a esperar, maldito nerd. Eres un idiota. Un maldito desvergonzado. Un-

—¡Kacchan, cuidado!

El autobús que recogía estudiante avanzó por donde Katsuki ponía el pie mientras vociferaba insultos a él, quien al observar la situación desenvolverse, rodeó a Katsuki por la cintura, obligando a su cuerpo retroceder en la síncope de su fuerza.

Atisbó a Katsuki tensarse en su brazo, mas sin oponer resistencia, ni recurrir a empujarlo como usualmente lo haría. No quiere caer en el abismo de quererlo en un afán ridículo, sino quererlo porque así es él.

Sabe que su sentir es alguna falla de su cerebro por impedirle tener una existencia más decente de la que ha tenido, mas en el instante de sentirlo en su brazo, olvidó por completo el por qué se encontraban juntos. Olvidó el tiempo en que no se habían visto (el cual fue mucho), supo que las mentiras debían llegar a su fin.

—¿Estás bien?—Musitó.

—Ehm, sí.

Asintió, quitando el brazo.

Sí. Se dijo convencido Aún lo quería.

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NOTA: No tengo fecha para cuándo actualizo, pero lo hago lo más frecuente que pueda.

Este capítulo fue el más Dekutodo de la historia.

Espero que les guste, porque se viene el drama después.