"El beso más grande"
.
.
.
.
—¡Suéltame!— Salió en voz de grito de los labios de Katsuki, quien lo empujó con su codo para que lo soltara, lo cual lo hizo.
Izuku a rastras procesó el rechazo, luego de que este ni siquiera lo alejó después de prevenir lo que pudo haber sido un accidente.
—Lo siento—Bajó la cabeza.
Katsuki le dedicó una mirada desdeñosa.
—Tsk—Chasqueó, moviendo la cabeza.
Sin más, se retiró.
—¡Midoriya!— Shouto lo devolvió al presente, luego de contemplar a Katsuki marcharse en súbito silencio. —Aquí estabas—Suspiró aliviado. Lucía agitado. Encorvó su espalda depositando ambas manos en sus rodillas. —Pensé que no te encontraría. Bakugo te llevó. Pensé que te perdería.
—Shouto…—Aproximó hacia donde estaba recuperando el aliento. —No te dejaría por una excusa como esa. Kacchan me dejó claro que le disgusta mi compañía.
—Lo dudo—Objetó. —Es la primera vez que veo a Bakugo mostrar interés por algo. Le interesas.
—No es cierto.
Katsuki no le demuestra interés, tampoco le presta atención a lo que hace, o dice. Quizá un poco a lo que dice, pero no ve muestras de interés del rubio por él. Por lo tanto, desecha esa extraña e improbable posibilidad.
—Está interesado en ti.
—No— Negó rotundo.
—Midoriya.
—Detente— Alzó la mano. —No quiero que pienses que quedaré a sus pies por lo ocurrido en la biblioteca. Yo-yo no soy tan ingenuo como creen los demás. Entiendo que no me corresponde ni aunque estemos juntos o con cualquier otro hombre.
Shouto clavó la mirada en los zapatos de ambos para después centrarse en verlo mediante un afán oculto.
—No entiendo tu razonamiento— Admitió desganado. —Dices una cosa y tu comportamiento dice otra. Yo…—Suspiró. —No sé si pueda con esto.
—Shouto, no.
¿Sufrirá otro rechazo?
Izuku no quiere que eso le pase. Ha tenido mucho de ello en los últimos meses.
Toma la mano de Shouto y la sostiene firmemente entre la suya. La nota fría.
—Es verdad que quiero a Kacchan. Pero también te quiero a ti.
—No puedes querer a dos personas al mismo tiempo. Debe ser otro tipo de amor el que sientes.
Izuku sacudió la cabeza. —A ti te quiero mucho, Shouto. No es un amor superficial ni una simple atracción. Te quiero por como eres.
Con un ligero movimiento de su brazo, Shouto lo atrajo a sus brazos. Izuku se estremeció.
—Sho-
—No digas nada— Interrumpió. —Ya entendí— Lo abrazó más fuerte.
El aire solemne los envolvió como un tenue nubarrón del cual Izuku no podía soltarse.
Izuku divagaba estando acostado sobre el césped del campus. No se sentía a la altura de la línea que lo separaba de lo que quiso hacer y lo que está haciendo.
Suspiraba. El viento se colaba bajo la playera, los shorts, la misma piel.
Cierra los párpados.
No puede evitar recordar la sensación de tener a Katsuki en su brazo. En la forma en que su cintura se fundía con la dermis. La tensión originada de sus músculos; el revoltijo de emociones que estallaron y desencadenaron las ganas alocadas de no soltarlo. No obstante, ese deseo moría con la misma intensidad con que sentirse abrazado por Shouto producía un fuerte sentido de protección.
No era momento de llorar ante la indecisión.
Los quería a los dos. Protegerlos, velar por su bienestar, hacerlos sonreír, cuidarlos. Mas sabía que no podía ser el protector de ambos hombres estando envuelto en una relación con uno y querer al otro. No tenía sentido.
Debía decidirse por uno.
A duras penas podía mantenerse en pie cuando lo tiraban de la lona como para decidirse de la noche a la mañana a quién dedicaría su tiempo con la más entera devoción. Sin más, sabía la respuesta desde el inicio, aun cuando se comprometió a ser la pareja de Shouto.
Iida tenía razón en decirle que no debería de haberse metido en una situación de la cual no podría manejar; además de la profundidad de su metida de pata.
Debió hacerle caso a Iida cuando tuvo la oportunidad de hacerlo y aparte de escucharlo, pues su amigo se preocupaba por él. Izuku le decía que no metería la pata, que su decisión era la correcta; sin embargo, ya no está tan seguro de lo que quiere. Y eso lo concierne.
Le concierne la terrible indecisión, ya que puede perjudicar a terceros. E Izuku no quiere eso. Busca más que una excusa, una solución.
Lo abruma el desconcierto de la hostilidad en la que se tornan las cosas que ha elegido para lidiar; y como ha dicho, él no toma decisiones con las que sabe lidiar con la carga así como el peso de las mismas.
No obstante, ansía no tener que enmarañarse en la enredadera de las suposiciones, de las fantasías. Es un agujero sin cierre para la caída.
Le afecta sobremanera la situación de herir a Shouto con sus vueltas sin fin, pues está consciente que le ha hecho daño a Shouto más veces de las que puede contar; más veces de las que puede ver.
Él es la joya que se juró cuidar, mas la está dañando a martillazos al estar buscando soluciones de segunda mano.
Se siente tonto. Inservible.
Shouto lo terminará dejando y Katsuki odiando más de la cuenta.
Así es como se darán las consecuencias de sus acciones. En ese orden. Y la piel se le enchina, el alma se estremece.
Aprieta los párpados, viendo negro. Todo tiene un precio; y él tendrá que pagar ese precio.
Solo espera no ser el que sale llorando como siempre.
—Hasta que por fin te das cuenta que salir con el boxeador no te trae más que desgracias— Acordó Uraraka, con signo de desaprobación.
—No son desgracias— Bramó Iida, cruzado de brazos. —Digamos que salió con él por impulso. Porque no quiere herir a su amigo.
Izuku, sentado, los veía, agachado.
—Sólo digo que no está bien salir con él teniendo esas intenciones— Aclaró. —No es mentira que no quiera a Shouto, porque sí lo quiero.
—Pero no en el sentido romántico— Esclareció Iida.
—¡Exacto!— Remarcó ella.
Izuku esbozó una mueca. —No es para tanto—Enfurruñó.
Se le antojaba poco ser reprendido por sus amigos.
—Las acciones de caridad no siempre son buenas— Atestiguó Iida. —Así como besar a hombres en la biblioteca tampoco—Al bochorno arrebolado de Izuku, añadió—: No creas que no nos enteramos de que Todoroki te besó en la biblioteca a ojos de todo el mundo, y que Kirishima, como buen impulsivo, lo agarró a golpes, por tu culpa.
—Te faltó decir que Bakugo-kun terminó la pelea y se llevó a Deku-kun del brazo—Interrumpió su amiga.
—Lo cual añade al tan precario argumento que, en efecto, Bakugo está interesado en ti, gracias a que saliste con el hijo menor de los Todoroki. Vaya proeza, Midoriya.
A esas instancias, desconocía si lo apremiaba o lo seguía reprendiendo.
—Kacchan no está interesado en mi—Optó por corregir.
—¡Mentiras!— Exclamó su amiga. —Si no estuviera interesado en ti le daría igual la discusión.
—Absolutamente—Acordó su amigo. —Por lo tanto, deberás aclarar esta situación, terminando tu romance con Todoroki para no herirlo por más tiempo—Vio a su amiga asentir, sintiéndose peor a cada minuto.
Entendía el problema, sí, mas no sabía cuánta magnitud conllevaba dicho problema, por lo que en un momento desechó la posibilidad de que dañaría a terceros tan gravemente.
No obstante, lloraba por dentro ante su misma estupidez.
—Sí, veré cómo hacerle saber a Shouto que esto no está funcionando—Accedió trabajosamente. Tropezaba con sus palabras, o con su voz. Tropezaba consigo mismo continuamente.
Era un idiota y un tonto.
Sin embargo, aún no quiere finalizar las cosas con Shouto. No está dispuesto a dejarlo partir. Calla aquella protesta, cuando ve las miradas de aceptación de sus amigos al concordar con el argumento de que terminar con Shouto es lo mejor que puede hacer para después recurrir a expresar su amor por Katsuki; algo que no está del todo seguro que puede volver a hacer con la misma libertad que antes.
Es agobiante recurrir a esos métodos de conquista mediante los discursos amorosos o las persecuciones. Eso no funcionaba con Katsuki. O más bien, no se le daba bien. Pensaba.
Debatido por esa situación, fue a la biblioteca con la intención de pasearse por las repisas y estanterías a ver qué encontraba disponible para él. No esperó encontrarse con Katsuki sentado en las mesas de estudio, ensimismado en un libro grueso de pasta dura.
—¿Qué haces?— Sin percatarse del todo de sí mismo, se encontraba a su lado.
Lo atisbó tensarse. Por consiguiente, cerró el libro, pese a que Izuku alcanzó a vislumbrar el contenido. Su boca se abrió en una oscilante "O", dejando escapar una exclamación de asombro.
—¡Wa! Kacchan. Estás estudiando medicina. ¿Piensas ser doctor?
Las venas de la sien de Katsuki se saltaron.
—Deku, cállate— Gruñó. —Estamos en una biblioteca. ¿Acaso quieres besarte otra vez con el bastardo mitad y mitad?
Ruborizado, negó ante la mirada retadora del contrario. Es claro que el asunto del beso no lo dejó pasar.
—Dime, ¿Es seguro que quieres estudiar medicina?— Cambió el tema.
Katsuki resopló.—No. Aún no sé si quiero estudiar eso. Es mucha información nueva— Apuntó al libro con recato, mas ausente de descaro. Era algo nuevo de observar. No se le veía antipático.
Izuku no hizo más que sonreír.
—Me da gusto, Kacchan—Dijo. —Me siento tan feliz que hayas podido elegir algo a lo que quieras dedicarte.
—Aún no lo he decidido. ¿No oyes bien?
—Lo que sea que quieras hacer, tienes mi apoyo—Hizo puños con las manos, contento.
Katsuki soltó un soplido.
—No tienes remedio, imbécil.
Izuku sonrojó; sin embargo, siguió sonriendo.
—Te deseo lo mejor.
—Cállate— Entornó los ojos hacia arriba.
Sin más, Katsuki cerró el pesado libro y lo regresó a su repisa; sin voltearse a mirarlo, se retiró, dejándolo vacío con su sonrisa enterrada en sus labios.
Sí, él era un idiota y un tonto.
—Midoriya— Una voz que no conocía lo llamó. Por reflejo, se giró. Sus ojos se abrieron, azorados. ¡Era la chica que estaba estudiando con Katsuki!
—¡Tu!—Señaló reconociéndola.
Ella traía unos audífonos colgando de sus hombros. Caminaba de cierta forma, desafiante. Sus orbes desinteresadas lo pusieron inquieto.
—¿En qué te puedo ayudar?— La interrogó, tratando de verse casual.
—Espero que no hagas otra escena aquí.
Izuku ruborizó.
Tenía una idea errónea de él.
—Una disculpa por eso.
—No, qué va—Agitó la mano, negándose. —No me interesa tu vida amorosa en absoluto. Sólo quería hacerte saber algo antes de dejarte solo.
Izuku asintió en señal de que le daba la palabra.
Podía esperarse cualquier cosa de esa chica.
—Sé que te gusta Bakugo— Lo dijo como si fuera algo que todos supieran. Lo cual es verdad. —Y por la forma en la que nos mirabas cuando te besaste con el hijo del famoso boxeador Endeavor, que veías a Bakugo con dolor. Es obvio que aún lo quieres, pero estás saliendo con otro.
—¿A dónde quieres llegar con eso?
—A que no te metas en la felicidad de Momo— Advirtió. —Ella ha trabajado muy duro para estar en la misma universidad que Bakugo, para que tu, alguien que lo ha conocido desde el primer año no ha podido conquistar. Aléjate de ellos y no te metas en lo que ella con tanto esfuerzo ha logrado.
Izuku la observó sorprendido. Qué decir, completamente desconcertado. Creyó que obtendría una amenaza de alejarse de Katsuki, no de Yaoyorozu.
Jadeó del asombro.
—¿Puede ser que a ti te gusta ella?—Se animó a preguntarle.
Ella se sonrojó, mas no lo negó. Su reacción fue más que suficiente para saber la respuesta.
—No se lo voy a decir—Aseguró. —Ten por seguro que guardaré tu secreto conmigo.
—No vine a hablar contigo de mi—Opuso ella, empuñando las manos.
—Y en cuanto a Kacchan y a Yaoyorozu, no me meteré si eso es lo que quieres. Él ya me dejó muy claro que no me quiere.
—¿En serio?— Parpadeó ella, incrédula. —¿Y por qué sigues detrás de él como un cachorro?
Incómodo, sonrió dubitativo, apretando los dientes para no soltar un gañido arredrado.
—No tengo explicaciones para eso.
—Bueno— Respingó. —Sólo vine a advertirte eso. Es todo.
Y se marchó.
Se dirigió al gimnasio tomando el usual autobús que iba por el mismo recorrido. El follaje de los árboles despedía un precioso fulgor que rayaba en lo sublime. Al menos se entretenía con los matices de la naturaleza bañando el paisaje.
Al bajarse, notó que el frío permanecía congelando el aire y que además las ventiscas ácidas besaban sus labios con una tosca bienvenida a la sensación de que era considerado un fracasado en el amor. Aun así se planteó entrenar su cuerpo con la mejor actitud disponible.
Golpeó los costales con una fiereza desconocida en sus ojos siempre expresivos, siempre risueños, los cuales teniendo el costal regresando a él, no vacilaban en estrellar los puños en los confines de su interior.
Sacaba una exhalación contenida con cada jab, cruzado o gancho que sacaba de la serie de combinaciones que se le venían a la mente. Las combinaciones de cuatro, de seis, de ocho y hasta de doce golpes salían frenéticamente de sus puños empecinados en ejercitarse.
El calor exudaba de sus poros. La sensación abrasadora del sudor carcomía la viva piel casi como si le prendieran fuego. Las venas resaltaban palpitantes e intransigentes en el recorrido visible de un azul morado en el nítido epitelio que cubría su ser.
Al sonido de la campana recordarle que el round se acabó, soltó toda la tensión que lo tenía en el borde de sí. O mejor dicho, al borde su ineptitud.
De alguna manera, ya estaba exhausto de tener esa mentalidad tan poco convencional. Las fantasías y los momentos románticos que se imaginaba no se daban ninguno. No se cumplía lo que con tanta dedicación dió; y, entonces apareció Shouto en el gimnasio, tras la larga sesión de entrenamiento, donde lo halló terminando de hacer su rutina de estiramientos.
No obstante, su rutina se vio interrumpida cuando Shouto le comentó que lo quería presentar en su casa como su pareja.
Las piernas cedieron a caerse en el tapete. La impresión adornando sus facciones sudorosas.
—¿Qué dijiste?
—Quiero presentarte como mi novio— Repitió, inmutable a su expresión.
—Pero, ¿Estará bien?— Logró articular, desconcertado. —Digo, tu padre quiere que le traigas una mujer a la casa. Y yo soy un hombre… ¿Estarás bien conmigo?
—No me importa.
Izuku parpadeó.
—En verdad, no me importa, Midoriya—Desdeñó—. Me importas tu—Añadió.
Sonrojado, se deshizo en la intensidad de su pareja, puesto a que la característica frialdad que surcaba por sus orbes lo volvía un eventual inepto de negarse a sus peticiones; al igual a la constante ineptitud que lo dominaba encontrándose con los ardientes ojos de Katsuki.
Huir de esas orbes es inútil, una proeza casi imposible de escapar.
Sin más lugar a dudas, accedió.
—Iré—Fue la resolución hallada en su voz; la resolución que creía haber escuchado venir de él. Y, pese a ello, Shouto sonrió.
—Hoy el viejo vendrá a cenar a la casa—Dijo. —Fuyumi hará la cena.
—Espera…¿Es hoy?— Sonó alarmado.
—Sí, es hoy.
—Pero no tengo ropa formal.
—No importa. Ven informal. Al viejo no le molesta la ropa que uses.
—Shouto, no me parece bien irme en lo que tengo.
—Te presto algo mío si eso te tranquiliza— Aseguró calmado; por consiguiente, enterró sus manos en sus hombros tensos embarrados de las capas de sudor. Se estremeció. Su tacto caliente simulaba un fósforo encender las comisuras de sus pómulos. —Sólo quiero que te tranquilices y me apoyes en esto. Te lo pido por ser quien me gusta.
Izuku sonrió motivado. Agarró sus antebrazos, acortando la distancia entre ellos. El rosa de sus mejillas brillaba asemejándose al brillo etéreo de sus ojos.
—Daremos lo mejor de nosotros. Haré mi mejor esfuerzo por dejar una buena impresión.
Viendo a Shouto verle con euforia por aceptar su petición, supo que podría posponer el hecho de terminar las cosas con él, puesto a que el cariño y afecto que sentía por él no eran sentimientos vagos, ni siquiera se dirigían a la vanidad de sus facciones ni a lo fría que era su voz cuando hablaba.
Podía ser una mejor persona a su lado, temporalmente. Podía adentrarse en las aguas de la tempestad por él sin cuestionarse.
De repente, Toshinori se acercó a ellos. Izuku inmediatamente soltó a Shouto, quien correspondió a su gesto.
Shouto saludó a Toshinori envuelto en una cortesía característica de su persona.
—Shouto, ¿Cómo estás?
—Toshinori—Dijo en tono respetuoso. —Muy bien, gracias. ¿Usted?
—Excelente— Con una sonrisa. —Veo que ambos han estado muy cercanos de un tiempo para acá. Su amistad se ha desarrollado bastante bien, diría yo.
—Bastante bien—Enfatizó Shouto cada palabra. Izuku ruborizó. La franqueza de Shouto es incontrolable; arrasa con todo.
Notó que Toshinori no captó la doble intención de su pareja, mas pasaba desapercibido el eventual sonrojo de éste, puesto a que la tranquilidad de su expresión tapaba esos detalles.
—Venía a hablar con el joven Midoriya sobre algo—Anunció casualmente.
Izuku lo miró con las antenas al aire.
—Mañana no podré estar contigo porque me adelantaron una clase en la preparatoria. Así que entrenarás solo o si quieres, puedes irte al gimnasio de Enji. Él no tendrá problema si te ve.
«Lo tendrá cuando sepa que soy el novio de su hijo» Añadió en su mente con cierto miedo. Enji de seguro lo haría carnitas, o peor aún, un filete para los perros.
De seguro imaginárselo, le daba un escalofrío. Bueno, se corregía, Enji no era tan propenso a la violencia de esa manera, mucho menos con él, puesto a que sabía de su buena influencia en la vida de su hijo menor. El único hijo destinado a ser el que seguiría con el legado de los Todoroki en el mundo del boxeo.
Sonaba prometedor si lo ponía de esa manera, mas sabía de antemano, de la animadversión que le causaba a Shouto ser estigmatizado con ese título, si él tenía su propia vida, pese a ser el boxeador de la familia.
—Claro que no tendrá problema con él— Afirmó Shouto, en tono displicente.
Izuku advirtió la energía canalizada hacia él con esa frase, como si Shouto buscara una confirmación de su parte. Confirmación que no escatimaba en reaccionar con la mejor disposición por ser ese novio dócil que no podía fingir ser.
Se limitó a asentir.
Sólo esperaba que la cena con los Todoroki fuera de maravilla.
—¿Cómo me veo con este traje?— Izuku daba una vuelta completa mostrando abochornadamente el quinto atuendo que Shouto le había prestado. Era un traje completo de color blanco que le quedaba ligeramente holgado de los brazos y parte de las piernas; no le asusta sentirse absorbido por la ropa de Shouto, pues éste es más robusto y grande que él.
Shouto lo miraba atentamente, lo que acrecentaba el rubor reflejado en sus mejillas.
—Creo que el blanco no te queda— Musitó sincero.
—¿Me pruebo otro color?
—Sí.
Shouto se puso de pie buscó otro traje, en lo que Izuku se desprendía de las prendas del anterior traje. Shouto hurgó entre su walking closet, mientras Izuku lo observaba con el torso desnudo y los shorts colgando de sus rodillas, mostrando sus blancas y tonificadas pantorrillas.
Encontrando el traje de color azul, Shouto se lo tendió, no sin antes ruborizarse de un santiamén al ojearlo, a lo que Izuku puso cara incrédula, al no saber la razón de su comportamiento.
Consiguió colocarse el traje azul claro; y, con una sonrisa de orgullo se pavoneó en la habitación de Shouto, modelando el atuendo.
—¿Cómo me veo con este?
—Mejor que yo— Sinceró, sin quitarle el ojo de encima. —Si te gusta, quédatelo.
—No puedo quedármelo—Negó, bastante sorprendido. —Es tuyo.
—Se te ve bien. Qué mejor que quedártelo—Lo animó, empujándole la oportunidad de quedarse con algo suyo. De alguna manera, agradecía tener un atuendo de valor, pero por otro lado, no quería verse como si se estuviera aprovechando de las buenas intenciones del bicolor. Tendría que darle algo a cambio de su amabilidad. Ya pensaría en algún regalo para darle.
¿Quizás enfrentarse a su imponente padre?
—De acuerdo—Aceptó con esa idea en mente. —Me lo quedaré.
—¿Por qué aceptaste tan rápido? Siendo tú, lo negarías más veces.
Izuku abordó a Shouto por los hombros, atrayéndolo a él, sonriéndole. Shouto, confundido, se dejó guiar por las manos de Izuku, como si su voluntad flotara al mando de sus brazos.
—Lo acepté porque me lo das tú.
Shouto frunció el ceño. —No te creo. Tienes una idea en mente. ¿Qué es?—Exigió.
—Lo verás.
Shouto lo miró disgustado. —No sueles ocultarme cosas, Midoriya. Me dijeron que si la gente te mira así significa que que te quieren sorprender. No estoy para sorpresas—Refunfuñó al final con un mohín.
—No es una sorpresa—Aclaró. —Es una muestra de mi agradecimiento por darme el traje.
—No quiero nada a cambio.
Las mejillas de Shouto cobraban el color del clavel rojo, casi rosado. Esos colores son matices que brillan, que tienen vida propia. Tiene ojos de diferentes tonalidades, unas tonalidades que envuelven, abrazan, a sus pupilas penetrantes; perennes al verlo.
Izuku no se resiste a ello y besa su mejilla, arropado por el cobijo de su calidez. Por ningún amor hacia Katsuki piensa desechar el vínculo entre ellos dos.
Es demasiado valioso.
Shouto se tensa ante el contacto de sus labios en su piel rosada y sus manos se fijan en el apoyo de sus codos.
—Injusto—Murmuró.
—¿Qué cosa?
—Me tomaste con la guardia baja.
—Si fuera un golpe te habría noqueado—Bromeó Izuku.
—Lo esquivaría y después te golpearía justo aquí— Señaló con la mirada su quijada. —Te derribaría al instante—Añadió con fingida sorna.
—No lo dudo— Sonrió deslumbrante. Su semblante deslumbraba alegre, aliviado. A gusto. Siendo él. Siendo Izuku. No un apodo.
Entonces, Shouto besó su mejilla, habiéndose acercado a él con sigilo, gesto que igual lo sorprendió. Tieso como calcomanía recibió el afecto de un beso en su mejilla sonrosada. La piel se encendió, donde los glóbulos rojos se acentuaron en aquel sitio latente por sus labios de color rosa.
De seguro, Iida lo reprendería si lo hallara en esa situación. Le diría que lo que está haciendo es una completa idiotez, que es despreciable estar con una persona si no se le quiere románticamente. Pero esas cosas se le pasan a Izuku por una oreja y salen por otra. Aunque su corazón lata por Katsuki, no encuentra el valor de romper con Shouto; su compromiso para con la relación es relevante, pues a esas instancias se halla dispuesto a vese bien delante del padre de éste.
Mentiría si dijera que no está nervioso, pues Enji es un boxeador bastante respetado en el mundo del boxeo, quien aún tiene lona por recorrer, cuadriláteros por pelear, montañas por subir, escenarios por aparecer, entrevistas por contestar, noticias en aparecer; mas su acto, su porte, su vestuario, lo haría por el bien de Shouto.
Sabe, pese a que su pareja no demuestra sus emociones con tanta facilidad como él, está nervioso por lo que hará, mas agradece que tuvo el coraje de vestirse de seguridad y exigir la aceptación de tener una vida amorosa como todos los demás.
Shouto le ajusta la corbata, pues Izuku nunca ha sabido ponerse las corbatas; mucho menos, vestirse formalmente. Esta es su primera vez usando un traje decente.
Es su ropa de pelea.
Empuña las manos y le sonríe a Shouto con la seguridad cerniéndose en su rostro. Lo ve devolverle la sonrisa. Ese es el Shouto que merece tener el mundo a sus pies.
Arribando la lluvia de elogios se vertió sobre ellos cuando Fuyumi atisbó los atuendos formales. Izuku ruborizó en toda la conversación con la hermana de Shouto, quien terminaba de poner los platos en la mesa de manera formal. Natsuo no se encontraría con ellos, dado que se hallaba en el campus universitario pasando la noche en los dormitorios. Así que solo serían Shouto, Fuyumi, Enji y él. Más vacía la mesa, más presión.
Suspiró.
Se dijo que Shouto estaría a su lado; no debería asustarse. Iba vestido de un apuesto traje. Sería una ridiculez escapar. Por lo que intenta buscar el balance entre sí mismo y el estar ahí.
Enji arribó al cabo de unos minutos. Izuku sintió las piernas hacerse gelatina conforme los Todoroki se saludaban entre ellos, y él sólo estaba estorbando. No podía pensar con claridad; por ende, su comportamiento era desarticulado. Sus nervios sacaban su peor lado, lado que no buscaba mostrar.
Enji lo atisbó parado a lado de Shouto. Y dirigiendo su penetrante mirada en él, cabeceó en señal de saludo. Un pequeño gañido emergió de sus labios y correspondió el saludo con formalidad.
Sentía que Enji podía ver a través de él como si removiera el manto que lo protege. Se advierte descubierto, vulnerable. Es un pésimo sentimiento. Contrae los músculos de la espalda, dispuesto a no darse por vencido en su cometido.
No decepcionaría a Shouto.
La cena aconteció de manera amena. Enji comía de los deliciosos platillos hechos por su hija, quien los miraba a la espera de que alguno de los dos abriera la boca.
Izuku sopesaba la comida cada tanto, perdiéndose en la sopa miso como si tuviera ocultos los secretos del universo a su disposición. Sentía la sombra de Shouto perseguirlo, expectante, a lo que Izuku entornaba los ojos a su sopa.
De pronto, Enji habló.
—¿Cómo han ido tus estudios, Shouto?
Izuku podía advertir una exclamación salirle de la laringe; por suerte, se contuvo.
—Bien, padre. Como siempre.
Enji asintió con un cabeceo discreto, dirigiendo la atención en él ahora. Sintió un estremecimiento someterle en ese instante.
—¿Y tú, Izuku? ¿Cómo va la escuela?
—¡Bien!—Sonó más alarmado que tranquilo. Su voz aguda delataba sus escalofríos. —No se han interpuesto en mi entrenamiento, en absoluto… a-aunque Shouto me ha estado ayudando mucho en subir mis promedios. Es una buena influencia para mi.
Una pátina de sudor se asomaba entre su frente y las raíces de su cabello, apenas escuchando el alrededor con los furiosos latidos de su corazón.
La experiencia era demasiado abrumadora.
Esperaba una frase como «Eso es aceptable» como a veces le decía cuando comentaba que sus estudios iban por buen camino, mas no articuló nada.
—Fuyumi— Dirigiéndose a su hija. —Te quedó bien el tempura—Elogió; por consiguiente terminando el bocado del tempura de camarón.
—Gracias, padre.
Ella los vió con cara de «Hablen», a lo que Izuku sintió sus vísceras constreñirse, apretujándolo.
—Antes de retirarme—Prosiguió Enji. —Aprovechando que estás aquí, quería hacerte saber que te he conseguido una pelea sumamente importante, Izuku. Por lo que requiere que mañana vayas con el nutriólogo para que te haga tu dieta, con el fisioterapeuta para que te evalúe y conmigo para moldearte para esta contienda. Me enorgullece decirte es una contienda para el título mundial del peso pluma de la CMB.
—¡Qué!— Izuku saltó de su asiento, lívido. Ni Shouto ni Fuyumi salían de su asombro.—¿U-una pelea? Título mundial. ¡¿Yo?!
Enji sonrió. —Así es—Colocó los palillos en el tazón vacío, apacible. —Toshinori no lo sabe. Aún no se lo he comentado. Ha tenido una gran carga de trabajo por parte de la preparatoria, por lo que no estará del todo disponible para tu preparación. Por eso me he ofrecido a encargarme de prepararte para esto tan importante—A la estupefacción de Izuku, añadió—: Esta es una oportunidad de una vez en la vida. No puedes, o mejor dicho, no acepto un "no" por respuesta. ¿Entiendes lo que digo? No hay segundas oportunidades en el boxeo.
—Pero, padre, ¿Eso es seguro?—Irrumpió Shouto. —¿Es seguro que es para título mundial?
—Es seguro.
—¿Cómo lo conseguiste?
—Dio la casualidad de que un conocido vio la pelea de Izuku contra el chico Tokoyami y se asombró de su capacidad de resistencia y de manejar una pelea tan complicada como esa, a lo que me citó hace unos días para que uno de sus peleadores (prospecto a ser campeón mundial) tuviera una contienda con Izuku por el título mundial de la CMB.
—No es uno de tus trucos, ¿No?—Buscó cerciorarse, Shouto.
—No—Aclaró.
—Esto no es razón para negarse—Soltó Fuyumi.
—Por supuesto que no—Comunicó Enji.
Izuku no podía creer lo que sus oídos escuchaban. ¡Una pelea de título mundial! Es lo que lleva soñando desde que era un niño escuálido. Cómo negarse ante una oportunidad de una vida entera; una oportunidad que cambiará su vida para siempre.
Se le borró el chip del motivo por el cual estaba ahí, para empezar. Pero su intuición le pedía a gritos aceptar tan valiosa oportunidad.
—¡Acepto!¡Acepto!—Borbotó de un chillido emocional. —Claro que acepto—Se llevó ambas manos a su cabello. —No puedo creerlo—Exhaló para sí.
—Bienvenido sea tu entusiasmo, Izuku—Respingó Enji. —Lo necesitarás si piensas durar en este mundo tan exigente.
Izuku asintió; que, para esos momentos, lloraba de alegría. La mano de Shouto apareció presente y próspera en su hombro, apoyándolo.
Claro que pensaba durar muchos años en el boxeo. Claro que quería seguir golpeando su camino hacia la cima.
Lo añoraba tanto que dolía.
—Empezamos mañana antes de que salga el sol—Indicó.
Izuku asintió.
—Padre—Soltó Shouto, cambiando el ambiente de la mesa por completo. —Hay algo que quiero que sepas…
Enji arqueó la ceja, interrogante.
Fuyumi los ojeó, expectativa. Izuku sentía las manos temblarle, sus hombros sacudirse a los lados.
Entonces, Shouto agarró su mano y la alzó a la vista de ellos. Izuku percibía el corazón en la boca, pues palabras de ella no salían.
—Midoriya y yo estamos saliendo— Confesó de un suspiro, que seguramente conteniendo la tensión. —Y no espero que lo entiendas o me apoyes. Sólo quiero que lo sepas, porque no pienso salir con esas mujeres que me presentaste. A mi sólo me gusta Midoriya—Apretó su mano con un ligero temblor. —Nadie más— Aclaró.
Un poderoso silencio reinó entre ellos, haciendo visibles las facciones de nerviosismo en él, quien desbordaba inseguridad.
Quería que la seriedad menguara. Que dejara de hacerlo sentir tan pequeño como una burbuja insignificante flotando.
Ansiaba un clima de mayo rodearlos, en especial la inminente petulancia de Enji.
—Ya lo sabía— Musitó Enji, de pronto, sobresaltando a los demás. —¿Creían que no sabía lo que pasaba entre ustedes las últimas semanas? Sé que le presenté a Shouto a chicas buenas para él, pero al ver su desinterés, supuse que debía de gustarle alguien. No imaginé que a ti.
—No me lo creo—Suspiró Shouto, incrédulo. Fuyumi los veía a los tres, estupefacta, mas la vez, con una dosis de alivia surcar su expresión.
Izuku se encontraba flotando en las lagunas de su mente. Perdido.
—¿P-por qué no me lo dijiste?
—No le vi la necesidad.
—Padre, Midoriya estaba muy nervioso. Se vistió para esta cena y lo vi prepararse con Shouto para estar aquí.
—Supongo que es bueno—Replicó el jefe de los Todoroki con el menor afán. —Si eso es todo. Fuyumi trae las copas de sake, beberemos un poco para celebrar que Shouto se haya sincerado.
—Sí, padre.
Los tres se hallaban en una situación lejos del alcance de la comprensión. Izuku cayó de rodillas de la alfombra, envuelto por la perplejidad y lo hilarante de su actuación en la cena con los Todoroki.
Sin más, sentir la mano de su pareja mermaba las dudas; borraba las inseguridades. Un peso de encima se removió. Quizás hablar al mismo tiempo de ayudar a alguien importante no resultaba ser tan malo después de todo.
Por primera vez en la cena, sonrió. Sonrió de alivio.
Fuyumi trajo las copas de sake y unas botellas de la bebida alcohólica. Izuku nunca había probado alcohol en su vida, pues lo tenía prohibido por parte de su preparación deportiva, además del conocimiento general de que el alcohol saca el peor lados de las personas que lo consumen.
Shouto mostró reticencia ante la idea de beber con su padre e inmiscuirlo a él en el paquete. Sin embargo, Enji mandó las negativas por un tubo y sirvió las copas rebosando en la punta de sake.
Izuku observaba azorado cómo la bebida se acumulaba en su vaso y por consiguiente, aguardaba a ser bebido.
Tragó saliva.
Dudaba de hacerlo. Dudaba de siquiera levantar los brazos, agarrar la bebida, beberla, y ver lo que acontecía de ahí, pues el temor de lo desconocido es tal que le provoca un ligero estremecimiento.
—No tienes que beber si no quieres, Midoriya—Le susurró Shouto.
Tal vez para Enji el ofrecerle licor a su invitado—novio de su hijo menor— era una buena señal, aunque para él, es perjudicial a lo que atañe su salud.
—Lo haré— Murmuró para sí.
Entonces, tomó el vaso y lo bebió. El trago fue amargo, ardiente. La bebida quemaba sus cuerdas vocales, su voz, su angustia, sus lágrimas. Era una naturaleza nada agradable, carente de la virtud del placer. No había cosa placentera en aquella bebida.
Dejó el vaso vacío.
Sus sentidos yacían adormecidos por los efectos del alcohol, emanando un estado atontado.
Enji le sirvió otro trago, animado por la iniciativa de Izuku por aceptar su amabilidad. Sabía que Enji no es amable con todos, por lo que acepta el trago.
Shouto lo intentó detener, mas al irrevocable ánimo de su padre y la aceptación de Izuku, se vio en la delicadeza de que no existía otra opción que unírsele a él, no a su padre.
Los dos hombres bebieron. Un trago le siguió a otro, luego a otro y después a otro y al final a otro, terminando por vaciar la botella entera.
Para esas instancias, ambos se encontraban embobados, perdido en un universo de riquezas inexistentes para los sobrios.
—Lo hicieron bien, jóvenes— Apremió Enji, para después retirarse de la mesa y dirigirse a su habitación.
—Ven, Midoriya— Oyó a Shouto decirle al menoscabo de su estado.
—¿Eh? ¿A dónde? ¿A tu casa o a la mía?
—A la mía— Se paró, agarrando a Izuku con las manos. —Ah, no. Creo que estamos en la mía. Están las puertas de mi cuarto por allá.
—Se ven bonitas— Al pararse se tambaleó desvirtuoso de los movimientos elegantes de un boxeador de técnica refinada, pues la ebriedad despuntaba las malas cualidades o el peso de las virtudes de un boxeador.
—Son bonitas.
Shouto rodeó su brazo por su hombro e Izuku por su cintura para mayor estabilidad. Shouto poseía mejor control motor que el suyo, por lo que lo guió por las habitaciones, pasando por los pasillos del estilo tradicional que caracterizaba a la casa de los Todoroki. El estilo favorito de Shouto. Era infalible saber eso, pese a apenas entender lo que ocurría tras las imágenes borrosas del alrededor.
Entraron a una habitación sin cama, más que un tapete, una almohada, una mesa a menos de un metro de altura del piso, unos muebles sencillos y una ventana.
—Este es mi cuarto— Resopló Shouto, arrastrando las palabras. —Lindo, ¿Eh?
—Bastante—Elogió; por consiguiente, se tambaleó, tropezando con sus pies. Shouto lo agarró por la cintura, apretando ambos extremos con sus dóciles manos.
Enlentecido por los efectos del alcohol, miró a Shouto borroso, imperceptible. Las palabras no salían de él ni de su parte. Respiraban por la boca, agotados.
Se miraron a través de ellos mismos. Compartían algún tipo de comunicación más de la lógica de las palabras o las frases convencionales. Era un lenguaje distinto a la naturaleza común de los hombres, sino de dos seres que no entendían razones del exterior, ensimismados en un claro instinto palpable.
—Midoriya—Articuló Shouto, atrapando sus labios en un beso lento, solemne, envuelto en respiraciones chocantes, pieles torpes rozarse, manos romper las barreras de la conducta elocuente, apremiando a una sensación entre penumbras que Izuku no podía distinguir.
Izuku cayó con Shouto encima suyo. El trazo de sus dedos era benevolente, acorde a los caminos buscados por dibujar, esculpir. Las manos podían tocar, destruir, abrir, cerrar, empujar y atraer. Las suyas lo tocaban, lo abrían, lo atraían. No había nada erróneo en ello. Pensaba. Extingue la quemazón que le dejó el alcohol en los brazos de quien lo quiere.
—Midoriya—Murmuró Shouto, depositando sus manos en sus hombros, bajando a su pecho, aterrizando en sus caderas. Los sitios tocados arden, es abrasador. Lo abrumaban. Izuku respiró por la boca y jadeó. —No. Izuku—Corrigió.
Izuku llevó un brazo a cubrir el bochorno comer su rostro, pero era inútil. Shouto tomó sus manos y colocó las suyas entrelazadas. Suspiró sobre sus labios, y los besó.
Era un sabor al dulce néctar del clavel inmiscuirse en su lengua.
Vio el nubarrón asomarse entre las esquinas de sus pupilas, las cuales veían estrellas conforme la piel de su pareja se desnudaba. No sabía si fueron sus manos quienes lo expusieron, o si Shouto deshizo los botones de su camisa a expensas de su distracción.
El aire se tornaba espeso, denso. Sus respiraciones se unían, difiriendo del exterior. Sus manos rozaban la desvestida espalda de Shouto y atisbó las palmas de sus dedos encenderse. Era demasiado, se decía. Sin embargo, no ralentizaba el estado errático de sus latidos a punto de estallar.
—Izuku— Pronunciaba; e Izuku se estremeció. Lo decía con familiaridad, con admiración.
Shouto besó el camino de su mejilla rumbo a su cuello. Cada sección besada hormigueaba.
Izuku no podía contener la cascada de emociones vertidas en él como la gravedad atrayendo su peso, y se abalanzó a abrazarlo. Ocultó su rostro en la abertura de su cuello y respiró de él. Es un perfume incomparable a ningún otro.
Se sintió desvanecer, dado que la cercanía ajena disolvió las sensaciones que el dolor marcó a causa de la indiferencia de Katsuki.
Al abrazarlo, intentó alejar el poder abrumador de Shouto sobre él, mas resultó insólito hacerlo. La presión que lo sumergió a mantenerse estático en esos momentos de insondable locura lo aplastó.
No dilucidó el momento en que tanto calor emergente lo inhabilitó de detenerse, pues el resto de sus sentidos cayeron por una fuerza ajena a la suya.
Izuku abrió los ojos cuando el sol arrasó sin piedad contra su rostro. El ardor inexorable penetró las pupilas y sintió derretirse en un insoportable dolor de cabeza que atenazó sus sentidos.
¿Es esta la sensación que acontece el efecto del alcohol?
No le gustaba en absoluto. Lo despojaba del control de sí mismo, además de no recordar lo que pasó la noche anterior. El cuerpo le hormigueaba, sintió cosquillas en la piel como pellizcos sutiles que se materializaban en los confines de su dermis.
Volteó a ver los alrededores, atisbando el cuerpo de Shouto yaciendo a su lado con el torso descubierto. Se sonrojó inevitablemente hasta sentir las mejillas quemar.
Su corazón se desbocó. Le invadió la incertidumbre, miedo. Llevándose ambas manos a sus mejillas, no podía creer lo que estuvo(estuvieron) a punto de hacer aquella noche a lo que su intuición le indicaba. ¿O habrá sido el alcohol?
Suspiró frustrado.
Su cabeza estaba echa un desastre. No disoció lo que ocurrió a lo que no recuerda. Lo único que tenía en el cerebro es que fue una tontería haber bebido si nunca lo había hecho.
Era como meterse en arena movediza, o quizás es la reacción que se originó por el constante rechazo. Sea lo que fuera, no podía borrar lo que hizo, pues ya está escrito en tinta sobre el cuerpo.
—¡Lo siento, Shouto! Por favor, perdóname por lo que pasó.
Diciendo eso, se paró y caminó torpemente por la casa de los Todoroki. Reconoció las paredes que guiaban al comedor y entró por ahí. No reparó en que vería a Enji sentado al fondo de la mesa, tomando el desayuno.
Enji, al verlo, asintió con un gruñido.
—¡B-buenos días, señor!— Tartamudeó, tratando de sonar entusiasmado.
—Toma asiento— Fue su respuesta. Contundente y firme. A Izuku las piernas se le hicieron gelatina. Arredrado por el miedo, tomó asiento en la silla próxima a este.
Pronto, Fuyumi le trajo un plato con el mismo desayuno que Enji. Izuku no podía digerir la vergüenza de haberse dejado llevar por el alcohol y el instinto.
Pero, ¿Qué instinto? ¿El instinto de meter la pata? Katsuki se lo había dejado muy en claro que él era un tonto.
—Anoche— Inició Enji, tomando a Izuku con la guardia baja. El dolor de cabeza y el atolondramiento sacaban lo peor de él. —Te fuiste con Shouto a su habitación, ¿No?
Izuku asintió.
Sostenía dócilmente los palillos con la mano, mostrando nervios en su actitud supuestamente respetuosa.
—Sea lo que estuvieron por hacer o hicieron, quiero que sepas algo— Bajó la taza de café en la mesa con un estrépito. Izuku atisbó sus ojos penetrantes devorarlo y pisotearlo. —No rompas el corazón de mi hijo. Es lo único que te voy a pedir. Te espero en la cancha para entrenar.
Antes de siquiera emitir un sonido, Enji se retiró de la mesa, dejándolo en la compañía de sus pensamientos.
Llevó ambas manos a cubrir su frente.
Ojalá la tierra se lo hubiera tragado en ese instante.
¿Cómo es que las cosas se dieron así?
.
.
.
.
NOTA: Quería que fueran menos capítulos, pero por razones de tiempo, tuve que acortarlos. Omití algunas cosas y añadí otras contrapuestas a la historia original tanto del manga de Itazura na Kiss como de Boku no Hero.
Aun así, disfruten del capítulo.
NOTA #2: Le hice unas correcciones al capítulo.
