¡Reciban el poder de la Exclamación de Athena!

.

RinMakoto. Los tres tenían un gran poder y vestir las Armaduras Doradas fue un logro gigante, pero el haber rechazado la oferta de ser lo mejor de lo mejor, es algo raro. Sí, hay mucha historia detrás de esto, pero se verá poco a poco. ¡Saludos!

.

El Redentor 777. Sí, el toro es un símbolo hispano, aunque más es de España. Lo hice en Joan porque ese es tu signo zodiacal y sí, atacamos duro amigo. ¡Saludos!

.

Sin más, comencemos…

.

.

.

Desde la era Mitológica, los Caballeros Dorados han sido la elite de Athena. Son los 12 Caballeros más poderosos dentro del ejército de la diosa de la guerra. Cada uno porta una Armadura Dorada que representa cada una de las doce constelaciones que pasan por la órbita eclíptica, de la cual el sol hace su recorrido cada año.

Los 12 Caballeros: Aries, Tauro, Géminis, Cáncer, Leo, Virgo, Libra, Escorpio, Sagitario, Capricornio, Acuario y Piscis; son los encargados de proteger a la Tierra de las malvadas manos de los dioses que intentan poseerla.

Luego de la última Guerra Santa en la que los Caballeros Dorados sacrificaron sus vidas para derrotar al malvado Hades junto a los Caballeros de Bronce y la diosa Athena, dejaron un gran hueco en la humanidad ya que dejaban a la Tierra desprotegida.

Pero desde que salieron nuevos guerreros y luego nacieran las Saintias, la humanidad pudo descansar en paz ya que tenían a las guerreras más poderosas, pero todo cambió hasta hace poco.

Con la llegada de tres jóvenes latinos, dos mexicanos y un hondureño, las cosas cambiaron mucho.

El trio de extranjeros logró vestir las famosas Armaduras Doradas y una vez más, mostró al mundo el poder de los Caballeros Dorados.

Todo el mundo pensó que ellos tomarían el poder de proteger la Tierra con sus poderes, pero se llevaron una gran impresión cuando los tres jóvenes rechazaron la oferta y solo se fueron del lugar… sin dar más explicación.

Mientras que en el cuarto de los chicos…

- ¡Eso fue increíble! – dijo Yasmina mirando a los tres latinos – realmente vencieron a las Saintias.

- No sabía que tenían ese gran poder oculto – dijo Kudo – realmente son muy fuertes.

- Imaginar que ustedes tendrían el poder de los Caballeros Dorados.

- Gracias, solo no fue nada.

- Vamos Joan – el peli rosado se acercó al mexicano menor – sabes muy bien que te luciste, lograste vencer a la segunda persona más fuerte de la Academia.

- ¿Lo era?

- Sí – dijo Hibiki – Kana Tsukumo-Senpai es la segunda más fuerte detrás de Nomi-Senpai.

- Vaya, ¿entonces Kana si era fuerte?

- ¿Kana? – dijeron los demás, incluso Rafael y Ramón lo miraron extrañado.

- O-Oye, no sé qué normas usen en tu país, pero el llamar a una chica y más siendo una de las más poderosas del mundo, por su nombre… como que no es muy adecuado – dijo Souta.

- Pero Kana me dijo que podía llamarla por su nombre.

- ¿En serio?

- Sí, luego de la pelea, nos hablamos un poco.

- Con razón miré que ustedes se hablaron – dijo Shinzuke.

- ¿Y él quién es? – preguntó Ramón mirando al peli turquesa.

- Oh, no me presenté, soy Shinzuke Haraguchi.

- Un gusto, Ramón Maldonado.

- Rafael Alférez.

- Joan Fábregas.

- Un momento, ¿Haraguchi? – el peli negro hondureño miró a Souta - ¿son familia?

- Sí, es mi hermano mayor.

- Vaya, no sabía que Souta tuviera un hermano mayor.

- Y además es un Caballero de Plata.

- ¿Caballero de Plata?

- Sí, soy Shinzuke de Cerbero – al decir eso, detrás del Haraguchi mayor apareció la imagen de un perro con tres cabezas.

- ¿Shinzuke…?

- ¿…de Cerbero?

- Vaya, así que representa al perro guardián del inframundo que gobernaba Hades.

- Así es.

- Eres increíble.

- Eso debería decir yo.

- ¿Qué?

- Saber que ustedes activaron las Armaduras Doradas es algo que muy pocas personas a lo largo de siglos desde la era Mitológica han logrado.

- No creo que es para tanto.

- Díganme una cosa… ¿Por qué no aceptaron el puesto de Caballeros Dorados?

Esa pregunta hizo bajar la cabeza de los tres chicos mientras los demás solo miraron extrañados esto.

- ¿C-Chicos?

- No quisiera hablar de eso por ahora – dijo Ramón.

- ¿Por qué?

- Es algo que juramos no decir ya que no queremos que nadie sufra por eso.

- Vaya – los demás notaron como los latinos hablaban con un gran pesar y con un gran dolor.

- No se preocupen, si no quieren hablar de eso, no hay problema.

- Está bien.

- Realmente, quisiera que me entrenaran - dijo Yasmina – así podría ganarle a las Saintias y me den unos besitos bien buenos.

- No actúes así pervertido.

- No tienes vergüenza Yasmina.

- Como qué Daisuke está pendejo.

- Oigan, vamos, no me digan que no les gustaría eso, además Joan ya se está ligando a Tsukumo-Senpai.

- O-Oye, no me estoy ligando a nadie – respondió Joan con un pequeño sonrojo en las mejillas.

- Pues como te hablaste con ella, lo dudo mucho amigo.

- C-Cállense.

Los demás comenzaron a reírse un poco por como molestaban al mexicano.

Mientras que en la sala del Consejo…

En los 12 asientos que rodeaban una mesa de tamaño ejecutivo, como las que usan los jefes de grandes compañías, se encontraban las 12 Saintias reunidas, aunque Shinonome, Kurashiki y Tsukumo se hallaban con algo de vendas por la batalla que tuvieron hace unos momentos atrás.

- ¡Esto es inaudito! – exclamó Ryo - ¿Cómo se atreven esos latinos a vestir las Armaduras Doradas y luego rechazar el puesto de Caballeros?

- Tampoco entiendo esa lógica de ellos – dijo la peli roja con algo de enojo – no comprendo que les pasa, pueden ser los mejores y, aun así, no quieren.

- Realmente me entristeció un poco el hecho de que no aceptaran el puesto de Caballeros – dijo Nomi mirando un poco por la ventana – he buscado por muchos años los próximos Caballeros Dorados y ahora que los encuentro, ninguno hace caso al llamado.

- N-No te preocupes Nomi-Senpai, ya vendrán otros aspirantes al puesto – dijo Tsubasa tratando de elevar los ánimos de la Presidenta.

- Gracias Arihara-san, pero no creo que vengan otros, realmente ellos son los únicos.

- Tonterías – dijo Shinonome - ¿Por qué sencillamente no vestimos las Armaduras y punto? ¿Qué tan difícil es?

- Pues mucho Shinonome-san, las Armaduras Doradas eligen a que portador tener, el hecho de que no nos acepten como portadoras, significa que no somos dignas de ellas.

- Tsk – chasqueó los dientes.

- Entonces, ¿Quién tomará el puesto de Caballeros Dorados? – preguntó Nozaki.

- Ni idea Nozaki-san, pero tiene que ser alguien que tenga un gran cosmos.

- Que mal – dijo Nakano y cuando miró hacia atrás… - ¿Esos no son los chicos?

- ¿Qué? – las demás miraron hacia donde la periodista veía y efectivamente, los chicos iban saliendo de la Academia.

Una vez terminadas las clases, los chicos podían salir a divertirse, siempre y cuando volvieran a la hora establecida.

- ¿A dónde irán?

- Tal vez a celebrar la victoria – dijo Waka.

- Presumidos – dijo Ryo en voz baja.

- No creo que sean presumidos, creo que simplemente van al karaoke.

- Creo que sí – dijo Tomoe.

- Bueno, y entonces, ¿Qué haremos Nomi-san? – preguntó Tsukumo.

- ¿Kana-san?

- Si Joan y sus amigos no aceptan el papel de Caballeros Dorados, entonces no nos queda más remedio que continuar sin ellos.

- Tal vez tengas razón – dijo Nomi – pero sabemos que el ejército de Athena no soportará un ataque enemigo sin los Dorados.

- Eso sí.

- ¿Kana?

- ¿Qué pasa Yoshimi?

- Noté que llamaste a uno de los latinos Joan.

- Sí.

- Es raro que llames a un chico por su nombre, además, nunca has sido muy amable con ellos.

- ¿Qué pasó con él Tsukumo? – preguntó Aoi.

- No es nada, solo estábamos hablando luego de la pelea.

- ¿Joan? ¿Acaso no es el nombre de Fábregas-san? – dijo Tsubasa.

- Sí.

- Vaya, quien lo diría Kana, te interesaste en un chico.

- ¿En serio? – dijo Nakano.

- No es nada de eso, solo estoy diciendo lo poco que sé – dijo Tsukumo con su típica expresión.

- Pero Tsukumo-Senpai, llamarlo por su primer nombre…

- No miro nada de malo, él también me llama por mi primer nombre.

Ahora eso sí dejó de piedra a más de alguna.

-Vaya, cuanta química tienen ustedes dos.

- ¡¿C-Como demonios te llevas con él?!

- Calma Shinonome-san…

- ¡¿Cómo quieres que me calme?! – dijo Ryo algo molesta – lo llamas por su primer nombre y, además lo defiendes ¿Qué te pasa Senpai?

- Shinonome-san, calma – dijo Tomoe tratando de calmar a la peli azul.

- No me calmaré Kawakita, no después de saber esto.

- ¿Por qué se llaman por su primer nombre Tsukumo-san? – preguntó Kurashiki.

- No es nada malo, luego de la batalla, me ayudó y hablamos un poco, él es muy amable.

- ¿Amable?

- Sí, me ayudó aun sabiendo lo que pasaron, a diferencia de ustedes – miró a Maiko y Ryo – los otros dos quisieron ayudarlas y ustedes no quisieron.

- E-Eso fue porque no quería aceptar a ayuda de un presumido.

- Pero él no fue presumido Shinonome-san, Maldonado-san quiso ayudarte.

- Entonces ¿Por qué se enojó?

- Cualquiera se enojaría por la forma en la que lo trataste, lo mismo Kurashiki-san.

- Y-Yo… solo no quería que me tocara ese extranjero.

- Ustedes realmente fueron muy mal educadas con ellos, se comportaron como Caballeros y ustedes despreciaron su ayuda.

- ¡P-Pero esa no es excusa…!

- Basta – dijo Nomi callando a todas.

- Presidenta.

- Shinonome-san, Kurashiki-san, lo dicho por Kana-san es cierto, noté que no quisieron recibir ayuda de los jóvenes latinos que enfrentaron.

- P-Pero…

- Ese no es un ejemplo que debe dar una Saintia – dijo – lastimosamente ya no podemos hacer nada, si los chicos hubieran aceptado el puesto de Caballeros Dorados ahora mismo las mandaría a disculparse con ellos, pero creo que por ahora no se podrá.

- ¿Disculparnos? De ninguna manera.

- Ni modo – suspiró Nomi – más vale que no se vuelva a repetir este momento, realmente es una pena hacer eso.

- Presidenta.

- Qué más da, al fin y al cabo, creo que debemos continuar con el trabajo del Consejo.

- Sí.

.

Pasaron unas horas desde que los chicos habían ido de salida y ya volvían de vuelta, estaban dentro de las horas limites, así que no había problema.

Justo cuando iban todos a la habitación…

- ¿Y mi tarjeta? – dijo Ramón revisándose.

- ¿Qué pasó Ramón? – preguntó Joan mirando a su amigo.

- Creo que boté mi tarjeta.

- ¿Te ayudo a buscarla?

- No te preocupes, a lo mejor se me cayó en la entrada de la Academia, todo porque Yasmina se puso a tocarle las nalgas a uno.

- ¡Oye! ¡No te toqué las nalgas!

- Ay sí, tu como no – dijo en tono sarcástico el hondureño.

- ¡En serio! Lo que pasó fue que Souta me empujó y solo aterricé en tu trasero.

- Que homo.

- ¡Oigan! ¡Que no soy homo!

- Que importa, solo voy a buscar mi tarjeta.

- Ve, no hay problema.

El hondureño se fue a la entrada de la Preparatoria a buscar su tarjeta, que era una tarjeta de crédito la cual le daba dinero para muchas cosas.

La buscó un rato, pero su sorpresa fue con quien estaba.

Unos minutos antes de que el hondureño llegara…

- ¡Estoy cansada! – dijo Tsubasa bostezando un poco.

- Por favor Arihara, ni que hubieras hecho gran cosa.

- Shinonome, ya estaba cansada desde hace rato, fue milagro que no me durmiera.

- La que debería decir eso soy yo – dijo Ryo – batallé con todas mis fuerzas y luego hice trabajo del Consejo.

- Yo no me quejó – dijo Tsukumo.

- Eso es porque ya estás acostumbrada al trabajo excesivo del Consejo.

- En parte en así – dijo la peli negra mayor.

- Chicas.

- ¿Qué pasa Ukita-san?

- ¿Acaso él es no es uno de los latinos?

- ¿Qué?

Efectivamente, las chicas miraron como el hondureño estaba buscando algo, pero luego de un rato lo encontró.

- ¡Lo hallé! – dijo Ramón con alegría – hay mi bebé, pensé que te había perdido.

- ¡Oye!

- ¿Eh? – al voltear la mirada, se halló con las Saintias – son ustedes ¿Qué quieren?

- No me hables así – reclamó Ryo molesta.

- ¿Cómo quieres que me comporte? – dijo el chico.

- V-Vamos, no se peleen – dijo Tsubasa poniéndose en medio.

- Es verdad, no quiero pelear ahora que tengo sueño – Ramón dio media vuelta listo para dirigirse a su dormitorio, pero otra voz lo detuvo.

- Maldonado-san.

- ¿Presidenta Nomi?

- Sé que no es mi intención meterme en una conversación que no me incumbe, pero, aun así, no podemos quedarnos quitas sabiendo que los Caballeros Dorados próximos no acepten el puesto.

- ¿Por qué siguen jodiendo con ese tema? – el hondureño se cansó de tanta tontería – ya dejen de una vez este tema, no nos interesa el puesto de Caballeros, solo queremos estudiar como estudiantes normales.

- Por esa misma razón no puedo dejar pasar esto por alto.

- Pues ese es su problema, ya lo dijiste arriba, busquen a otros aspirantes a Caballeros Dorados, porque conmigo y con los demás no contarán.

- P-Pero…

- Esa fue mi última palabra – dijo el peli negro mientras se iba.

Las demás Saintias miraban algo tristes esta escena, aunque para cierta peli azul, esto no le gustaba nada.

-M-Maldito… - Shinonome cargó mucho cosmos en su mano derecha - ¡Maldito arrogante!

- ¡Shinonome-san!

- … - Ramón sintió como el ataque iba directo a él, pero antes de que reaccionara, un brillo dorado se hizo presente y se interpuso entre el ataque y el cuerpo de Ramón.

- ¿Qué mierda?

El ataque de Shinonome fue repelido y cuando se reveló la causa, todas quedaron calladas.

La Armadura Dorada de Sagitario estaba frente a Ramón y lo protegió del ataque.

- ¿Q-Que demonios está haciendo la Armadura de Sagitario? – dijo Shinonome.

- Se dice que las Armaduras Doradas protegen a sus portadores de cualquier ataque.

- Pero él no es su portador – protestó Shinonome – es solo un presumido.

- Pues no lo creo Shinonome – dijo Tsubasa – por algo lo protegió la Armadura Dorada.

- No necesito de tu ayuda – dijo Ramón para impresión de las Saintias – ya iba a repelar el ataque Shinonome, no necesitaba de tu ayuda Armadura Dorada.

Sin más, Sagitario se fue del lugar a su respectiva columna en la que se encontraba.

- ¿Lo ves? – dijo Nomi – incluso la Armadura de Sagitario te protegió Maldonado-san, no creo que debas desperdiciar esta oportunidad.

- Ni loco – dijo el joven – ya dije que no seré Caballero, mi tiempo como Caballero ya pasó y ya dije que no volvería a luchar.

- Como eres necio – dijo la peli azul de cabello largo – si no vas a luchar con nosotras, entonces no sé qué demonios haces aquí.

- Lo mismo me preguntó que hacen insistiéndome en ser Caballero Dorado cuando no quiero. Espero que no se me acerquen, tampoco los quiero ver cerca de Joan y Rafael, ni tampoco cerca de algunos de mis amigos.

- ¡Ya me hartaste! – dijo Shinonome yendo a atacar al joven junto con Kurashiki, cosa que las demás no pudieron evitar antes de tiempo.

Pero algo increíble pasó.

Un destello fugaz de luz pasó a gran velocidad hacia Shinonome específicamente, la cual salió afectada.

Una flecha dorada se clavó en el hombro izquierdo de Ryo, causando que la chica cayera al suelo agarrándose el lugar herido, mientras la demás miraban asustadas la escena.

Kurashiki quedó helada y no avanzó más.

- ¿Q-Que demonios fue eso?

- Eso es…

- Una flecha dorada – dijo Kana mirando el objeto el cual casi al instante se deshizo.

- ¿De dónde provino?

- De allá – dijo Nozaki señalando la Armadura de Sagitario la cual tenía apuntando el arco a Ryo, como si la propia Armadura defendiera la vida de Ramón a toda costa.

- Tal parece que si alguna intenta atacar a Maldonado-kun, esta lo atacará – dijo Tsubasa analizando las cosas.

- ¡Increíble! – dijo Nakano apuntando en su libreta – esta información es valiosa.

- ¡Chicas, Shinonome-san está sangrando! – dijo Ukita y Tomoe mirando a la peli azul.

- Maldición – dijo Shiho – Shinonome-san, estás sangrando.

- Me duele – dijo la peli azul tomándose el hombro.

- Ni modo, tendré que hacer esto de nuevo – dijo Ramón siendo alcanzado a oír por las demás Saintias – a un lado.

- ¿Q-Que harás?

- No pregunten – el hondureño se acercó a Shinonome, especialmente a su herida – no te vayas a mover.

- ¿Q-Que harás?

- ¡Bendición de Kukulkán! – dijo el pelinegro mientras un cosmos cálido envolvía la herida de Shinonome mientras detenía la herida y el sangrado del flechazo.

Las demás miraban eso con asombro y en menos de lo que canta un gallo, la herida de Shinonome quedó en la nada, ya no había nada ahí.

- ¡Increíble! – dijeron algunas de las Saintias.

- Creo que ya estás mejor.

- ¿Qué me hiciste?

- Usé la Bendición de Kukulkán para sanar tu herida, de nada.

- Mi herida – Shinonome estaba viendo su herida, o lo que se supone que había ahí.

- Mi poder hizo que te sanaras de la herida causada por la flecha de Sagitario.

- Que gran poder tienes Maldonado-san – dijo Nakano acercándose al chico.

- No es nada.

- Vamos, dime que es ese poder – dijo Nakano acercándose mucho al joven hondureño.

- A-Ayaka-san, ¿puedes separarte un poco por favor?

- ¿M-Me llamaste por mi nombre?

- Sí, ¿Por qué?

- N-No es nada – dijo la periodista – te lo dejaré pasar si me cuentas que es ese poder.

- ¿Solo eso? – la peli verde asintió – bien, creo que es como una forma de disculparme.

- ¡¿Por qué te comportas tan amable con ella?! – reclamó Ryo.

- Porque ella se está comportando amable y además la llamé por su primer nombre, es algo que merece.

- Vaya, que caballeroso eres Maldonado-san.

- No me llames así – dijo el catracho – no me gusta que me llamen por mi apellido, no estoy acostumbrado.

- ¿Quieres que te llame por tu nombre?

- Si pudieras, a mí no me molestaría.

- Está bien, Ramón-san, cuéntame sobre tu poder.

- Bien – dijo el chico relatando una gran anécdota a Nakano, la cual tomó nota de todo, aunque las Saintias se quedaron a escuchar.

.

Horas después…

- ¡Llegué! – se escuchó una voz femenina – aquí será donde estudiaré, creo que aquí también están mis amigos.

Una joven de cabello verde y piel morena estaba en la entrada de Satogahama, como una alumna nueva que había faltado los días anteriores.

.

Al día siguiente…

Las cosas no pasaron por alto el triunfo de los latinos el día anterior sobre las Saintias.

Los extranjeros eran admirados por las chicas, las cuales le daban piropos y les echaban ojitos, aunque los demás miraban esto como algo legendario, ya que ningún chico había logrado tener toda la atención de las chicas.

Yasmina estaba algo celoso por la atención que los chicos recibían de parte de las chicas del lugar.

Rafael estaba algo extrañado por la múltiple atención que estaba recibiendo de parte de las féminas.

Joan, en cambio, no estaba acostumbrado a esto tampoco, pero él se mantenía firme y solo agradecía las muestras de cariño.

Ramón en cambio, no le prestaba atención a ninguna de las chicas, más cuando se le acercaban a darle cosas, él medio las aceptaba, pero de mala gana.

- ¿Por qué no aceptan los sentimientos de algunas chicas? – dijo Yasmina – tienen las oportunidades en la mesa y no las aceptan.

- Bueno, no son como tu Yasmina – dijo Hibiki.

- Ya cálmate amigo, solo decía.

- Pues yo no lo hago ya que no me interesan – dijo Ramón.

- Ramón, creo que deberías aceptar a algunas chicas, ya pareces Hibiki.

- ¡Te escuché!

- Tampoco es que seamos tan populares por ganarles a las Saintias – dijo Rafael.

- Eso mismo – habló Joan - ¿creen acaso que solo por eso seremos los chicos populares?

- Ni modo, ustedes se lo pierden – dijo Yasmina algo rendido.

- Eso mismo – dijo Rafael sentenciando el relato.

Y justo llega el momento más raro. Cuando los tres latinos estaban por abrir sus casilleros, se vino una sorpresa bestial.

Cuando abrieron el casillero, una avalancha de cartas se llevaron a los chicos, cosa que causó algo de risa en los demás.

- ¡¿Qué mierda?!

- Son cartas.

- ¿Cartas?

- ¿Por qué hay tantas cartas?

- Te lo dije genio – dijo el peli rosado – ahora que vencieron a las Saintias, tienen muchas nenas detrás de ustedes… ¡Que envidia me dan!

- Ya relájate Yasmina.

- Bueno, vamos a clases, que no quiero responder esto.

- Bien.

.

En la clase 2-5…

Las cosas estaban normales, eso sí, la habladuría de la derrota de tres de las Saintias más poderosas era el tema del momento.

- ¿Cómo van las cosas Iwaki? – preguntó una chica de cabello vino tinto y con gran busto.

- Normales como siempre.

- ¿Cómo están las cosas con las chicas?

- Bien, bueno, Ryo aún sigue aturdida por la derrota, Kana está bien y Maiko está con la azúcar alta, así que es mejor no molestarla.

- Ya veo, después de todo es la primera derrota de ellas en mucho tiempo.

- Sí, pero dime, ¿Cómo estás hoy? Chikage Honjou, Caballera de Plata de la Flecha.

- Pues todo bien, escuché por ahí un rumor que hoy asiste una alumna nueva.

- ¿Una nueva?

- Sí, veremos como es.

- ¡Chicos, a sus asientos! – dijo el maestro entrando.

- Bien.

- Chicos, hoy tenemos una nueva alumna, la cual no pudo presentarse el primer día por unos problemas que había en su trasferencia, pero ya está aquí y quiero que la reciban con una cálida bienvenida.

Anteriormente descrita, por la puerta ingresó una chica muy linda de cabello verde oscuro, piel morena y ojos amarillos brillantes. La chica poseía un gran pecho, por la que muchos chicos quedaron embobados viéndola.

- Puedes presentarte

- Bien – desde que habló, se notó el acento extranjero – hola a todos, me presento, soy Esperanza Cortés del Río, soy nueva aquí y bueno, no conozco mucho sobre la cultura de Japón y también soy mala en inglés. Por cierto, si preguntan por mi acento, es que soy de España.

- ¿Española? – dijeron algunos chicos mirándola aún más.

- ¿De España? – dijo Honjou mirando fijamente a la peli verde.

- Bueno, Cortés-san, puedes sentarte al lado de Honjou-san.

- ¿Quién en Honjou-san?

- La inglesa de cabello rojo que está al fondo – dijo un chico y eso provocó un tic nervioso en Esperanza, pero trató de disimularlo.

- G-Gracias.

La española fue directo a su asiento, que justamente quedaba al lado del de la inglesa, cosa que provocó una cierta tensión en ambas.

Durante el transcurso de la clase, Esperanza y Chikage se miraban de vez en cuando, como examinándose.

Eso fue, hasta el receso…

Con los chicos…

- ¡Ya es hora de comer! – dijo Ramón devorando parte de su almuerzo.

- R-Ramón, deberías comer más despacio – dijo Joan.

- Amigo, estoy muy hambriento ya que tuve una noche pesada.

- Pero si te acostaste temprano.

- Pero amanecí con un hambre de dioses.

- No te digo pues.

- ¿Así son siempre? – preguntó Kudo a Rafael.

- En parte, pero de vez en cuando llegan a ser muy raros.

Los chicos comían en una de las banquetas de la cafetería, aunque claro, no eran excluidos de ser el centro de atención de parte de las chicas y chicos quienes veían a los latinos.

Incuso desde el área VIP, las Saintias los observaban.

Pero en eso, no notaron cuando una chica se les acercaba a los mexicanos.

- ¿Rafael? ¿Carlos? – dijo la voz femenina.

Ambos mencionados miraron hacia atrás y la boca se les abrió al ver a cierta chica.

- ¿Esperanza? – dijeron ambos aztecas viendo a la peli verde.

- ¡Sabía que estarían aquí! – dijo la chica abrazando a los dos jóvenes muy feliz de haberlos encontrado.

- ¿Qué pasa aquí? – dijo Yasmina y todo el mundo miró esta escena, las Saintias incluidas, pero la que reaccionó algo contrariada por esto, fue Tsukumo.

- Tiempo sin verlos.

- Igualmente, pensé que estabas en Estados Unidos.

- Yo pensé que te habías regresado a España.

- Y yo pensé que nos podrían decir que pasa aquí.

- ¿Y este chaval quién es?

- Lo siento, no me presenté, soy Ramón Antonio Maldonado – dijo el hondureño hablando en español.

- Tío, así que hablas español, además tu nombre no es muy japonés que digamos.

- Es que soy de Honduras, pero no te conozco amiga, pero miro que eres amigos de estos dos.

- Sí, me llamo Esperanza Cortés del Río, y soy de España.

- Genial, una española.

- D-Disculpen – dijo Souta.

- ¿Qué pasa?

- ¿P-Pueden decirnos que pasa? Es que no entendemos cuando hablan su idioma.

- Además, ¿Quién es esta bella mujer? – dijo Yasmina mirando el pecho de la peli verde, pero luego recibió un golpe de parte de Joan que lo mandó al piso.

- Tío, ¿Por qué hiciste eso? – exclamó la peli verde.

- Es un pervertido, así que no te preocupes, este reaccionará pronto.

- Esperanza, creo que deberías presentarte con ellos, no entienden español.

- M-Mis disculpas – dijo la chica – lo diré en japonés, soy Esperanza Cortés del Río, un gusto.

- Vaya, un gusto Cortés-san.

- El placer es mío.

- ¿E-Esperanza? – dijo Yasmina tratando de recuperarse, pero solo recibió un golpe, esta vez de parte de Ramón.

- ¿Y ese golpe por qué fue?

- Por llamarla por su primer nombre.

- Vaya, los latinos sí que se quieren entre ellos.

Los chicos junto con Esperanza hablaban amenamente, pero desde lejos, una figura de cabellos color vino tinto miraba a la española no con buena cara.

- ¿Así que española? – dijo Honjou – veamos qué tan fuerte eres.

.

Mientras que con las Saintias…

- ¿Quién será la nueva? – preguntó Aoi.

- Se llama Esperanza Cortés del Río – dijo Iwaki.

- ¿La conoces? – preguntó Maiko.

- Es la nueva alumna de nuestro salón – dijo la peli mostaza mientras comía – y es extranjera.

- ¿Extranjera?

- Sí, por lo que dijo, es española.

- ¿Española?

- Sí, quiere decir que es de España.

- Interesante – dijo Nomi.

- Está muy cerca de Joan – dijo Kana mirando la interacción que tenía la española con el mexicano.

Eso no le gustó para nada.

.

.

Continuará…