RinMakoto. E l dios Ares apareció y al ser un dios, los demás no tendrían chances de vencerlo, así como cuando batallaron en México, lo de ellos dos es algo que veremos más adelante, por ahora, vamos con algo de historia.

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Sin más, comencemos…

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Ares había aparecido y las cosas no eran muy alentadoras, sin embargo, apareció una esperanza la cual llenó de mucha alegría a las Saintias y los demás.

- ¿Athena?

- ¿Pegaso?

- Ramón, Saori – Claudia miró a su pareja y cuñada, aunque era más por la peli lila la cual estaba mirando fijo al dios de la guerra.

- Más te vale que te vayas Ares… te herí con tu propia arma, así que espero que recapacites sobre lo que has hecho.

- Maldita Athena – susurró el dios, en eso, varios cosmos poderosos llegaron al lugar, los chicos reconocieron esos cosmos ya que habían peleado con ellos antes.

- Son las musas – las nueve chicas estaban reunidas ahí mirando al dios de la guerra, sin embargo, estas se vieron atraídas más hacia otro cosmos.

- Diosa Athena – Honoka se puso frente a la oji verde – un gusto verla.

- ¡No interrumpan malnacidas! ¡Esto no se quedará así Athena! – exclamó furioso el dios de la guerra haciendo que todo el lugar temblara con fuerza, pero el cosmos de Saori detuvo eso y se podía sentir dos cosmos divinos chocando.

- Ares, más te vale que vayas, después de todo se te nota que el cosmos que emanas no es fuerte, fuiste herido con tu propia técnica por lo que, si peleas tu físicamente, aunque no mueras, sufrirás mucho – decía la peli lila la cual al elevar su cosmos al máximo hizo que delante de ella apareciera su báculo el cual poseía a la diosa de la victoria, Nike, sin perder tiempo, esta lanzó a Nike hacia el dios el cual lo detuvo con una mano, sin embargo, este notó como el cosmos de la diosa de la guerra lo estaba marcando.

- ¡Maldita! – exclamó el dios devolviéndole el báculo, pero Ares notó como es que tenía una marca de luz en su brazo - ¡esto me lo pagarás Athena! ¡A partir de hoy iniciamos una Guerra Santa!

- ¿Una Guerra Santa? – Saori frunció el ceño – esto no pasaba desde la era mitológica cuando decidiste retarme, sin embargo, solo conseguirás el mismo resultado, mis Caballeros y yo nos encargaremos de proteger al mundo.

- ¡Eso lo veremos! ¡Mis Berserkers empezarán a atacar a todos! – el dios maligno desapareció del sitio, aunque el cosmos de este se sentía en toda la zona.

- ¡Ramón, despertaste! – los demás miraron como el hondureño se levantaba, aunque no era el único.

- Rafael – los chicos miraron al peli negro mexicano el cual hacía lo mismo y es que ambos solo se miraron entre sí, pero luego sintieron un dolor un poco agudo en el pecho, más específico en la zona del corazón.

- Dios… ese ataque si dolió.

- S-Saori – el moreno se levantó y fue a donde estaba su hermana mayor, pero este fue detenido por las musas.

- Sabes quién es ella ¿verdad?

- Sí, es mi hermana mayor Saori.

- ¡Ella es Athena, la diosa de la guerra y la que protege este mundo! – reclamó Umi a Ramón el cual ignoró eso mientras que se acercó a su hermana la cual volvió a su estado normal.

- Saori… ¿te encuentras bien?

- Sí… lo siento Ramón – el moreno sonrió mientras que la peli lila le devolvía el gesto.

- Diosa Athena, ¿es su hermano?

- Sí, es mi hermano Ramón, pero ¿Por qué es que me dicen diosa Athena? ¿Realmente soy ella?

- Por el cosmos que desprendes sí – susurró el moreno – por cierto, ¿Qué fue lo que me pasó? Miré cuando la lanza de Ares me impactó en el corazón, pero no siento ningún dolor.

- E-Espera Ramón… - la peli lila hizo memoria – Ares posee una lanza la cual mata a cualquiera que se le atravesé en frente, pero esta vez les clavó una maldición la cual les prohíbe pelear.

- ¿N-Nos prohíbe pelear? – preguntó Rafael confundido.

- Incluso si usas tus poderes curativos no podrás hacer nada ya que la maldición solo será removida cuando Ares caiga o él decida quitártela, cualquiera de las dos, por lo tanto, no podrás participar en esta Guerra Santa – los demás quedaron sorprendidos por esa noticia y es que realmente era un duro golpe para el ejército ateniense ya que los dos más poderosos estaban de baja.

- ¿Q-Que pasa si pelean? – preguntó Nozaki.

- Como dijo Ares, los corazones de ambos se saldrán de sus pechos y se destruirán, esa es la desobediencia y castigo – los dos chicos tragaron fuerte la saliva, saber que el solo hecho de que pelearan causaría sus muertes realmente los dejaban pensando.

- Mierda… lo siento Ramón – Joan miró a su amigo – si no hubiera estado distraído no hubieras recibido esa lanza.

- Joan – el moreno sonrió un poco – no importa, al final de todo eres el más fuerte en el ejército de Athena, por lo que te necesitan más que nada, lo mismo que tu mujer y tus hijos.

- Pero pude haberla recibido y habría revivido, sabes que al tener la bendición de la muerte podría morir y revivir sin problemas…

- No funcionaría – Saori habló – incluso si revives, la maldición seguiría contigo, como dije, solo el dios que la hace la puede deshacer.

- No puede ser – Claudia abrazó con fuerza al moreno el cual solo aceptó el gesto, pero solo fue eso.

- Vamos a la academia, tenemos que hablar sobre esto – los demás asintieron, Ramón se llevó a su hermana mientras que todos estaban yendo a su lado. Los demás estaban en el coliseo para hablar sobre el asunto, las musas estaban al lado de la diosa de la guerra mientras tenía a Nike en su mano.

- Si Ares empezará a atacar, debemos tener una estrategia, a pesar de ahora comenzará una guerra.

- Athena, pero ¿Cómo se supone que atacaremos? – preguntó Tsubasa arrodillada al igual que los Dorados y Saintias, Ramón estaba a un lado de su hermana.

- Por el momento debemos tener paciencia, aunque es cierto que los Berserkers atacarían en cualquier momento – decía la diosa de la guerra – Ramón, ¿Qué opinas?

- Bueno, si me lo dices a mí, supongo que deberíamos reunir a los demás Caballeros, debemos estar listos para atacar – el hondureño menor miró a las musas las cuales analizaban la situación – si tienen algo que decir, pueden hacerlo.

- B-Bueno, no miro nada malo en eso, funcionaría – dijo Hanayo.

- Obvio, no es un ejército solo las Saintias y algunos de los Dorados, también son varios del rango de Plata y Bronce – dijo Nico.

- Por el momento se llamarán a todos los Caballeros atenienses para que se reúnan aquí – Eli miró a su diosa – Athena, si nos hace ese favor.

- Comprendo – la peli lila se levantó y trató de concentrar su cosmos, aunque le costó, finalmente pudo acceder a él y poder comunicarse a todos los Caballeros y aspirantes - ¡a todos mis honorables guerreros! ¡por favor, escúchenme, soy yo, Athena!

- ¿Athena? ¡¿Es Athena?! ¡¿No es un engaño?! – muchos estaban confundidos por eso, en cambio otros solo se arrodillaron escuchando la voz de la diosa.

- Escúchenme, puede ser que no me crean nada, pero soy Athena y es que supongo que sintieron el cosmos maligno de hace poco, Ares, el dios de la guerra viene a tratar de conquistar la Tierra para usarla para sus malvados hábitos y su ejército. Por favor, reúnanse en el coliseo de la academia Satogahama, porque ahora vamos a planear nuestra batalla contra él… sé que suena brusco y muy apresurado, pero se los ruego, ¡Caballeros de Athena! ¡Vamos a la batalla! – al terminar de decir eso, se escucharon muchos gritos y aplausos gritando el nombre de la diosa de la guerra.

- Supongo que al final pudiste llamarlos – Ramón abrazó a su hermana la cual se sonrojó un poco por el gesto.

- No me creo todavía que seas hermano de la diosa Athena – decía Nico algo irritada.

- Pues sí, aunque no entiendo todo el asunto y porque es que mi hermana es Athena – decía el chico.

- Aun así, miro que hay más Caballeros Dorados – Nozomi miró a los mencionados, aunque se extrañó de ver a Shinonome y Kurashiki llevando armamentos de este tipo - ¿y ustedes? ¿No se suponen que son Saintias?

- Así es.

- Se supone que esas armaduras las llevan ellos dos – la peli morada miró a Rafael y Ramón – ¿Por qué las llevan?

- Las entrenamos a ellas dos para que lleven esas armaduras, Rafael y yo no seriamos Caballeros Dorados por lo que ellas se encargarían de eso – Ramón fue el que explicó – por eso es que se ven así.

- Aunque apenas la llevo – Fénix fue la que habló llevando la vestimenta de Acuario – aun así, no desperdiciaré el entrenamiento que me dio Alférez-san.

- Solo queda esperar a que los demás Caballeros lleguen – decía Rafael el cual luego habló con su pareja Yumi para avisarle de lo acontecido.

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Pasada una hora, muchos de los Caballeros de distintos lados estaban reunidos en el coliseo, además de muchos aspirantes, aunque los que estaban arriba en las gradas junto a la diosa de la guerra eran los Dorados.

- Por Athena, si es ella. ¡Es nuestra diosa! ¡Ha vuelto Athena a la Tierra! ¡Su cosmos es tan bello!

- Supongo que si se convencieron que eres Athena – Ramón habló al lado de su hermana.

- Sí, aunque todo esto parece muy extraño, se supone que solo vine a pasar unos días aquí en Japón para conocer el país de mi madre biológica, no me imaginé que terminaría siendo Athena y tendría que dirigir una Guerra Santa.

- Una pregunta, ¿no necesitaremos un Patriarca o algo así? – preguntó Nakano.

- Puede ser, pero no estamos en el Santuario, se supone que este fue abandonado luego de que la diosa y todos los Caballeros murieron hace muchos años.

- Puede ser, pero… - en eso, los demás sintieron que un cosmos iba rápidamente hacia ellos, lo que los puso alerta.

- ¡Protejan a Athena! – exclamó Umi, pero en eso, el cosmos maligno se detuvo en medio del aire dejando a todos callados y más cuando supieron que este fue detenido.

- Supongo que no llegué tarde – una voz conocida para algunos chicos se escuchó y más cuando destruyó el cosmos maligno que resultó ser un gladiador – hola hijos, ¿Cómo están?

- ¡¿Papá?! – Claudia y Joan miraron como su progenitor llevaba ropas parecidas a los del Patriarca del Santuario, incluso el casco dorado.

- ¿Suegro? – Tsukumo miró al hombre el cual llegó al frente de la diosa, las musas se pusieron alertas por eso, pero fueron detenidas por Ramón.

- Diosa Athena, mi nombre es Alfonso Fábregas Carrillo y yo soy el Patriarca del ejército ateniense.

- ¡¿Patriarca?!

- Explicaré todo luego, pero solo le digo que quedo a sus servicios – la peli lila miró a su hermano menor el cual asintió como diciéndole que era necesario.

- Muy bien, Patriarca Alfonso… le encargo el mando de nuestro ejército, debemos vencer a Ares para que no invada la Tierra.

- Entendido.

- Oigan, ¿su padre sabe de algo? – Yoshimi preguntó a los hermanos Fábregas.

- Hace tiempo mencioné que una persona nos entrenó a mí y a Claud, nuestro padre era esa persona – dijo Joan – gracias a él puedo usar mejor algunas técnicas de muerte, Claud pudo comenzar su entrenamiento cuando obtuvo sus poderes mágicos.

- Ya veo, entonces lo guerrero viene de familia – río la peli mostaza – no me quejo, vengo de una familia con muchos shinobis.

- Rafael – Ramón llamó a su amigo – lo mejor es que te vayas con Yumi a cuidarla.

- No Ramón, no puedo dejar esto, es una guerra como la que tuvimos hace 3 años.

- No podemos pelear amigo… si lo hacemos moriremos, tú tienes un hijo en camino y no me perdonaría que te pasara algo así.

- No eres el único, yo estoy preocupado que te pase algo también, aunque no tengas hijos, Claudia se sentirá triste si te pasa algo – el oji morado habló – pero supongo que no puedo hacer nada con esta maldición.

- Espero que Yumi disfrute de su futuro esposo – ambos se dieron la mano mientras que el mexicano mayor se fue del lugar.

- ¿Y a dónde fue? – preguntó Maki mirando como desaparecía el chico – se supone que él es el más fuerte de aquí.

- Como dijo mi hermana, tenemos la maldición que nos impide pelear, por lo que él se fue con su mujer.

- ¿S-Su mujer?

- Así es – las palabras del hondureño parecía que habían dado profundo en la musa peli roja, aunque las demás quedaron analizando sus palabras.

- Ya te lo ganaron Maki-chan – susurró Nozomi mirando cómo es que Maki se sonrojaba mucho.

- Y eso sin contar que su novia está embarazada, pero no les incumbe – la noticia fue peor para las musas, en especial la peli roja.

- ¡¿Su novia está embarazada?!

- Así es, Joan por ejemplo ya es padre – el moreno señaló al castaño el cual estaba con Tsukumo, ambos habían dejado a sus vástagos con los padres de la peli negra ya que podría ser peligroso.

- Так он уже отец (Así que ya es padre) – susurró Eli mientras bajaba la mirada a la vista de sus demás compañeras.

- Mejor sigamos con esto, veo que todo el mundo se puso tenso con lo de la guerra, pero la haremos en donde originalmente se llevaría a cabo cada guerra – dijo Saori por lo bajo mientras tomaba a Nike – debemos ir a Grecia, al Santuario.

- Entendido – el señor Fábregas habló fuerte - ¡escúchenme Caballeros de Athena, aspirantes, estamos a punto de dar una noticia!

- ¿El Patriarca? ¿Es él? ¡Dios mío!

- Iremos al viejo Santuario en Grecia en el que por siglos y siglos los Caballeros defendieron a Athena con sus vidas, sin embargo, como se sabe, el Santuario fue abandonado luego de la guerra violenta contra Hades que puso fin a todo, así que defenderemos nuestro planeta en el sitio en el que muchos de los Caballeros pasaron – el Patriarca miró a los Dorados los cuales estaban arrodillados detrás de él – no teman, tenemos a los Caballeros más poderosos de vuelta, los Caballeros Dorados están aquí, Hibiki de Aries, Joan de Tauro, Daisuke de Cáncer, Claudia de Leo, Shinji de Virgo, Asuka de Libra, Ryo de Sagitario, Esperanza de Capricornio y Maiko de Acuario batallarán en serio para defender los ideales de nuestra diosa.

- Parece que ya somos nombradas como del rango dorado – susurró Shinonome la cual llevaba la dichosa armadura alada.

- Lastimosamente nuestros guerreros más fuertes, Ramón Maldonado y Rafael Alférez no podrán batallar con nosotros, sin embargo, sus cosmos nos darán esperanza para poder ganar esta guerra contra un dios que solo ha traído desgracias cuando está presente – el señor Fábregas siguió hablando – iremos al Santuario en Atenas con la ayuda de los Caballeros de Aries y Cáncer los cuales nos ayudarán a tele transportarnos hacia allá.

- Entendido – Hibiki y Yasmina elevaron sus cosmos para llevar a cabo una tele transportación masiva.

- ¿Vendrás con nosotros Ramón? – preguntó Claudia a su pareja el cual asintió.

- Aunque no pueda batallar, no creas que te dejaré sola en esto – sonrió el moreno mientras se ponía al lado de su novia y su hermana, las musas se sumaron.

- ¡Vayamos a la batalla! – todo el mundo gritó mientras que los dos Caballeros Dorados ejecutaron sus técnicas para llevar a todo el ejército ateniense hacia el Santuario de Athena en Grecia.

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En un sitio alejado de toda realidad…

- Espero que padre no esté muy molesto por su despertar – decía una joven la cual era muy bella, de cabellos claros, lisos y semi ondulados y ojos azules lindos como un manantial purificado.

- Harmonía – una deidad que parecía igual de joven que ella apareció – supongo que ya sabes que vamos a batallar contra el ejército de Athena.

- Hermano Phobos.

- Mandé unos cuantos soldados a atacar a varias personas, pero esos tipos eran tan débiles que sucumbieron ante dos Caballeros de Athena – el dios menor seguía hablando – no me creo que hayan sido capaces de caer así, es una vergüenza para el ejército de nuestro padre Ares.

- Aunque papá se retiró a sus aposentos como si hubiera estado herido.

- Lo sé, todos los Berserkers se dieron cuenta y dicen que vengarán ese gesto de Athena, sin embargo, no contamos con la ayuda de Eris para esta vez ya que su alma sigue en el Cometa Repulse – el dios del miedo apretó sus puños – pero no importa, vengaremos lo que esa diosa le hizo a nuestro padre, espero que esta vez des lo mejor de ti armonía.

- Por supuesto, como hijos del gran Ares que somos, nosotros y el ejército de Berserkers ganaremos esto.

- Sí, no caeré de nuevo ante las Saintias como pasó hace muchos años – Phobos se acarició las cicatrices que tenía – esas malnacidas me hicieron eso, aunque murieron en la batalla, no me di el lujo de matarlas yo mismo.

- Hermano Phobos – Harmonía miro a su hermano el cual estaba bastante molesto por eso, pero sabía que hasta que su padre diera la orden de ataque, el ejército comenzaría su ataque.

- Timeρα για εκδίκηση (Hora de la venganza) – susurró el dios del miedo en griego, mientras tanto, en los aposentos de Ares, este estaba en su trono cuando de la nada aparecieron varios cosmos malignos.

- Señor Ares, un placer estar bajo sus servicios.

- Ustedes fueron los únicos espectros que no cayeron en la última batalla entre Hades y Athena, por lo que si quieren vengar a su dios… ¡únanse a mí! – exclamaba el dios de la guerra a lo que las entidades ahí presentes asintieron.

- Será un placer servirle señor Ares – susurró uno de los espectros ahí presentes el cual estaba en un grupo 4 espectros, aunque no era el único, había varios más los cuales se miraba que eran muy intimidantes y peligrosos.

- Desde la era mitológica Athena me ha humillado y ya por fin tendré la oportunidad de poder vengarme – susurraba el dios de la guerra poniéndose de pie empuñando su lanza – Πάμε να πολεμήσουμε τον στρατό μου! Νικήστε την Αθηνά! (¡vamos a la batalla mi ejército! ¡A derrotar a Athena!).

Una nueva Guerra Santa iniciaba y sería una de las más fuertes que se hayan vivido.

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Continuará…