RinMakoto. Desde tiempos mitológicos se ha llevado a cabo esa rivalidad, aunque solo me dejé llevar con la historia de ambos, aunque también se mencionan en varias obras de Saint Seiya, aquí comenzamos con la batalla.

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Sin más, comencemos…

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Ares había llamado a uno de sus sirvientes más fuertes, este llegó sin más hacia su trono, este se arrodilló ante el dios de la guerra.

- Aquí estoy para recibir órdenes.

- Esta vez necesitamos avanzar más en la guerra, así que vamos a atacar con todo – decía el dios – acábalos… Enío.

- A sus órdenes dios Ares – dijo la que era una mujer de cabello rojizo corto, aparte de llevar una armadura de color bronce, un escudo, una espada y parecía de aspecto intimidante – me encargaré personalmente de mandar al Inframundo a los que se opongan a sus órdenes.

- Hazlos sufrir.

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Santuario de Athena.

Varios Caballeros estaban regresando de algunas expediciones, sin embargo, no regresaban completos, esto se debía a que algunos guerreros de Ares eran fuertes y lograban sobrepasarse con los guerreros atenienses.

Sin embargo, había algo que llamaba la atención del Patriarca Alfonso y por eso mandó a llamar a dos de sus Caballeros más fuertes.

- Patriarca – Kudo y Tsubasa estaban arrodillados frente al padre de Joan, este solo se limitó a carraspear su garganta.

- Piscis, Equuleus, por alguna razón he sentido un cosmos muy poderoso en la ciudad de Tokio en Japón, esta vez los he decidido mandar a ustedes debido a que siento que esto podría causar problemas – decía el hombre – no mando a mi hijo ya que necesitamos su poder para cuando una amenaza llegue aquí.

- Lo entendemos – el peli negro habló – aun así, daremos lo mejor para volver a salvo.

- No lo defraudaremos Patriarca – Tsubasa fue la siguiente en hablar.

- Cuento con ustedes – los dos asintieron y se fueron del lugar, sin embargo, el señor Fábregas estaba mirando a la diosa Athena que estaba con su hermano menor – ¿Qué opinan ustedes?

- Necesitarán apoyo – dijo Ramón – sé que Joan sería una buena opción, pero no tenemos a alguien más fuerte que él para defender a Saori, Claudia es buena opción, pero será mejor que descanse después de la última batalla.

- Así es, incluso merece descanso – dijo Saori – pero a quien mandamos.

- De hecho, ya tenemos eso hecho – dijo el Patriarca – mandaremos a…

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Tokio, Japón.

Cuando toda la metrópolis estaba calmada y parecía otro día calmado, todo se desató. Los guerreros de Ares estaban destruyendo a diestra y siniestra todo lo que les daba la gana.

Algunos Caballeros de Athena estaban batallando contra muchos de ellos, sin embargo, cuando apareció la mujer de cabello carmesí portando sus armas y armadura.

- Oh, ¿y esa belleza?

- Parece que es una guerrera de Ares, pero no se dejen intimidar, ni se confíen solo porque es mujer, es peligrosa – varios fueron a atacar a la peli carmesí, sin embargo, esta solo respondió lanzándoles una fuerte onda cósmica la cual los impactó duro.

- ¿Qué demonios fue eso?

- Aguanten, no se rindan, hay que acabarla – muchos de los guerreros atenienses asintieron y se dirigieron a atacarla, sin embargo, esta solo sonrió.

- Oh, parece que los Caballeros de Athena son muy débiles, lástima porque quería divertirme un poco – susurró la mujer elevando su cosmos – ¡destruirlos será un honor!

- ¿Qué demonios está diciendo? – uno de ellos que estaba más cerca de la peli carmesí cuando fue quemado por unos lazos los cuales estaban hechos de fuego haciéndolo gritar.

- ¡¿Qué demonios pasó?!

- ¡Malnacida! ¡Fuiste tú! – exclamó otro de los Caballeros dirigiéndose a atacar a la mujer, pero esta solo sonrió.

- Que rico, voy a comer carne fresca.

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En otra parte de la ciudad…

- ¡Corran! – muchas personas huían de los gladiadores los cuales hacían de las suyas con varias de ellas, en especial con las mujeres.

- Vaya, parece que tenemos unas lindas chicas aquí – un grupo de gladiadores llegó a donde estaban las hermanas de Tsubasa las cuales habían estado de compras, sin embargo, todo pasó tan rápido que no se dieron cuenta cuando estaban rodeadas por los guerreros.

- V-Váyanse de aquí, no sabemos que hicimos.

- No nos iremos, no con tan buena carne presente – sonrió uno de los tipos, de hecho, Yui, siendo la mayor de las hermanas Arihara, se levantó hacia el tipo el cual solo esperó a que la chica le diera el golpe, sin embargo, para Yui, fue como golpear lo más duro, fue tanto que el puño le sangró.

- ¡Yui!

- Q-Quédate atrás Misa, no dejaré que te hagan nada.

- Oh, pues parece que tenemos carne rebelde, pues entonces vamos a ponernos más agresivos – el líder de estos tomó a Yui y le dio un golpe en el estómago, fue tan fuerte que la mayor de las Arihara vomitó sangre cayendo de rodillas tomándose la zona afectada.

- ¡Yui!

- M-Mierda… eso dolió.

- No creas que hemos terminado contigo, esta vez será diferente – sonrió el tipo mientras tomaba a la adolorida Yui y comenzó a romperle la ropa a la mayor haciendo que solo quedara en ropa interior y en eso sin pensar que el sostén estaba siendo roto por el guerrero, esto causando las lágrimas de ambas hermanas.

- ¡Déjalas! – gritó una voz masculina llegando al sitio, el cosmos que emanaba era fuerte, por lo que el líder de ese grupo de gladiadores dejó a un lado a Yui.

- ¿Qué demonios es eso?

- ¿Qué tanto daño te hizo? – preguntó el tipo el cual miró a la mayor de las Arihara, esta se quedó callada y con un poco de miedo mirando al peli negro, pero este parecía no querer hacerle nada malo.

- T-Tu… ¿eres el amigo de Tsubasa?

- Así es.

- ¡Maldito, eres un Caballero de Athena! – dijo uno de ellos y aunque quiso atacar al pelinegro, este expulsó una enorme onda cósmica lanzándolos lejos hasta que cayeron en un edificio.

- Jefe, matémoslo y usemos su cadáver para llevárselo a la señora Enío.

- Muy bien – los gladiadores iban a atacar al chico, no obstante, se dieron cuenta de que estaban parados en lo que parecía ser un campo de rosas.

- Será que mejor que se cubran – Kudo les dio su capa blanca y las hermanas Arihara se cubrieron con esta siguiendo las instrucciones del peli negro.

- ¿Y quién te crees que eres? – exclamó molesto uno de ellos.

- Pues podemos decir que soy su perdición. Por si no lo saben, soy el Caballero Dorado de Piscis, Kudo Miyamoto.

- ¿Piscis?

- Mierda… es un Caballero Dorado.

- ¿Y eso que importa? Mira que ponernos un campo de rosas tan ridículas.

- ¿Qué vas a hacer con estas rosas? ¿Nos vas a matar? – río uno de los tipos parándose por el campo de rosas que había y solo comenzaba a aplastarlas – jajaja, que mierda harás ahora Piscis.

- ¿Cómo es que nos intenta detener usando rosas? – decía el líder de estos gladiadores, sin embargo, al mismo tiempo miró como es que el que había ido a aplastar las rosas se detuvo y comenzaba a temblar – oye, ¿Qué te pasa?

- N-N-No sé – susurró el tipo, pero este comenzó a vomitar sangre y a temblar de manera violenta hasta que cayó al suelo sin vida.

- ¡¿Qué demonios pasó?!

- ¿No se dieron cuenta? – preguntó Kudo – estas no son cualquier tipo de rosas, son Rosas Demoniacas Reales, por lo que, al ser inhaladas, su potente veneno hace que cualquiera caiga muerto, no son algo con que deban burlarse si es que quieren vivir para contarlo.

- ¿Nos matas con rosas? ¡es ridículo!

- Llámenlo así, pero no permitiré que lastimen a más personas, de hecho, también me molesta mucho que quieran atacar por detrás – Kudo lanzó una rosa de color rojo hacia el gladiador que venía detrás, incluso parecía querer atacar a las hermanas Arihara – no es de guerreros nobles atacarse por la espalda, eres una vergüenza.

- E-Ese maldito, es fuerte.

- Obviamente, no soy alguien que deberían subestimar – río Kudo – adelante, vengan por mí, guerreros de Ares.

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En otro lado de la ciudad, mas gladiadores estaban haciendo estragos en muchas otras casas, varias chicas estaban siendo maltratadas por los guerreros de Ares, los hombres eran brutalmente asesinados, cosa que dejaba a las féminas solas, aunque no podían defenderse ya que la fuerza de estos era muy superior.

Sin embargo, un caso estaba muy peculiar, esto debido a que había una chica la cual era muy conocida para Kudo, aunque este no estuviera presente.

- P-Por favor… no me hagan nada – susurró una chica de cabello largo y negro, los ojos del mismo color.

- Vaya, vaya, pero esto es una belleza de mujer – dijo uno de los tipos el cual estaba acercándose mucho a la peli negra, sin embargo, cuando estaba por tocarle el pecho, este fue golpeado por una gran cantidad de ataques de cosmos.

- Uf, pensé que no llegaba a tiempo – dijo una voz femenina aterrizando frente a la peli negra – lo lamento, pero parece que no te tocaron.

- T-Tu eres…

- Eres la hermana de Kudo-kun ¿verdad?

- ¿Kudo? – la peli negra se levantó mirando a la chica que la había salvado – ¿conoces a Kudo?

- Sí, podemos decir que sí, es una gran persona para mí – la chica de cabello castaño miró a la peli negra - ¿no es así… cuñada?

- C-Cuñada… ya entiendo – susurró – Yuzu Miyamoto.

- Un gusto – la castaña miró a los gladiadores – me da asco pensar que ustedes quisieron dañar a mi cuñada, por eso es que no permitiré que le hagan daño a ella ni mucho menos a otras personas.

- ¿Quién eres tú?

- Me presento, soy Tsubasa Arihara, Saintia de Equuleus y además… - la chica elevó su cosmos mientras detrás de ella aparecía la imagen de un caballo – soy la persona que los acabará a todos ustedes.

- Pues inténtalo – susurró uno de los gladiadores, en eso, se dieron cuenta que Tsubasa había creado un circulo de rosas rojas alrededor de ellos, ninguno estaba asustado, es más, se les veía relajados.

- Hm, parece que la chica solo nos quiere intimidar usando sus estúpidas rosas, como se esperaría de ella – decía uno de los gladiadores el cual tiró su lanza hacia Tsubasa la cual dejó que esta pasará, sin embargo, no sin antes hacer que el arma rozara el brazo de la castaña haciéndola sangrar solo un poco.

- A-Arihara-san.

- No te preocupes, todo está bien – dijo la oji azul con la voz muy calmada – todo va de acuerdo al plan.

- ¿Al plan?

- Ja, parece que alguien como yo ya te pudo herir – el mismo tipo que había tirado su lanza la recuperó y solo lamió un poco la sangre que había quedado en el arma – será muy fácil matarte Saintia de Equuleus.

- Aun así, no se confíen con ella, es una Saintia y son de las más fuertes, estense listos – en eso, los demás gladiadores miraron como es que el tipo que había tirado la lanza estaba temblando para posteriormente caer al suelo convulsionando con fuerza y con mucha sangre saliendo de su boca, nariz y orejas – ¡¿Qué mierda te pasa?!

- Maldición – uno de los gladiadores se acercó a este y al tocarlo, supo la verdad – e-e-está… está muerto.

- No puede ser… ¡¿Qué le hiciste desgraciada?!

- Yo no hice, él solo se mató al tomar mi sangre – susurró Tsubasa mirándolos – supongo que mi sangre era demasiada para él.

- Tu… ¡¿Cómo demonios lo haces?!

- Sencillamente no ataqué, él me atacó primero y cayó derrotado – Tsubasa miró a la peli negra – Yuzu-chan, es mejor que te cubras, porque esto se pondrá algo feo.

- B-Bien – la chica se fue del lugar, aunque uno de los gladiadores quiso atacar a la peli negra, no pudo ya que, sin darse cuenta, Tsubasa apareció delante de él.

- ¿Qué?

- Dije que no iba a permitir que dañaras a nadie más – dijo la castaña poniéndole una rosa en la cara, cosa que no entendió el gladiador.

- ¿Y que se supone que harás…? – no pudo continuar ya que este cayó al suelo haciendo lo mismo que su compañero de la lanza, cayó muerto.

- ¿Qué demonios? ¡¿Cómo lo mató si no lo atacó?!

- Las rosas.

- ¿Las rosas tendrán algo que ver?

- Parece que se dieron cuenta – Tsubasa se dirigió hacia ellos mientras tomaba una de sus rosas y la olía – estas no son normales, son Rosas Demoniacas Reales.

- ¿Rosas Demoniacas Reales?

- Estas rosas son altamente peligrosas debido al veneno que desprende su aroma. Es por ello que son la última barrera de los 12 templos del Zodiaco, manifestándose ante los enemigos en la senda a la Cámara del Patriarca. Se dice que fueron plantadas en ese lugar en la era mitológica – contaba Tsubasa – esta rosa es usualmente empleada como arma de combate por los Caballeros de Piscis, ya que el hecho de respirarlas induce a una muerte lenta y sin sufrimiento, cuyo proceso implica la suspensión constante de toda capacidad sensorial de la víctima.

- Pero tú no eres el Caballero de Piscis – dijo uno de los gladiadores – ¡solo eres una Saintia!

- Lo sé, pero eso no quiere decir que no las pueda usar, ningún veneno me hace daño, soy la única junto con Piscis que puede sobrevivir a este veneno mortal de las Rosas – la castaña elevó su cosmos haciendo que el circulo de rosas se hiciera más grande – aun así, aunque la muerte sea indolora, no quiere decir que sea piadosa… si yo quisiera podría hacerla más dolorosa.

- ¿Nos estás tomando el pelo? ¡Maten esas rosas! – exclamó el líder de estos pisoteando las rosas al igual que los demás gladiadores, sin embargo, miraron a Tsubasa la cual no parecían inmutarse o preocuparse, solo puso una cara un poco triste – ¿sabes que te derrotaremos para que pongas esa cara?

- No, solo siento pena por mis rosas, pero por lo único que no me dará pena es ver como mueren por el veneno de ellas.

- ¿Qué? – todos los demás se pusieron a vomitar sangre mientras caían al suelo temblando con fuerza y al mismo tiempo perecían.

- Bueno, supongo que acabó todo aquí, pero siento un cosmos bastante extraño – susurró Tsubasa mitrando para todos lados – será mejor que me vaya, Kudo-kun puede tener problemas.

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De vuelta con Kudo, este estaba al frente de los demás guerreros de Ares, Yui y Misa Arihara seguían detrás de este.

- ¿Qué ocurre? ¿Dónde está esa confianza que decían que tenían? – preguntó el Caballero Dorado mirando a los tipos.

- ¡Cállate! – uno de ellos se lanzó con lo que parecía ser una espada y cuando estaba por golpear al peli negro, este detuvo el ataque – ¿Qué es eso?

- ¿Te gusta mi rosa negra? – Kudo mostró la planta del mismo color de su cabello la cual había detenido el arma del guerrero de Ares – esta es mi Rosa Piraña.

- ¿R-Rosa Piraña?

- Así es, es un tipo de rosas negras resistentes como el metal, cuyas espinas actúan del mismo modo que el de los afilados dientes de las pirañas, destruyendo por completo todo lo que encuentran a su paso.

- ¿Cómo es que destruyen todo lo que se topen?

- Ya lo verás – sonrió Kudo mientras que la rosa brillaba, acto seguido el arma del gladiador se destruía mandándolo a volar hasta caer en el mismísimo jardín de rosas, siendo que tuvo que inhalar el veneno de las rosas rojas.

- M-Maldito hijo de… puta – el tipo cayó muerto.

- Es un monstruo – dijo uno de los tipos – con razón es un Caballero Dorado.

- Si son rosas, solo debemos hacer lo lógico – decía uno de los gladiadores el cual estaba tomó un látigo en llamas, y usando un casco color rojo oscuro – simplemente hay que hacer lo que se hace con las plantas no necesarias.

- Eres uno de los gladiadores del fuego – susurró uno de los tipos mirando al del látigo de fuego – eres Lavar ¿cierto?

- Así es, sin embargo, estoy aquí para destrozar las rosas de este insecto – susurró el tipo para usar su arma en el jardín de rosas, mientras tanto, este comenzó a agarrar fuego haciendo que las rosas se destruyeran, sin embargo, el veneno parecía estar flotando en el aire lo que fue deshecho por el fuego de Lavar – ¿y ahora que harás? ¿Usarás más de tus rosas? Las quemaré todas.

- No sabía que su látigo podía quemar mis rosas, esto es malo – susurró el peli negro, pero en eso, miró como el tipo comenzó a golpearlo con su látigo y tenía que admitir que el fuego era bastante caliente.

- Parece que alguien no la está pasando muy bien – Lavar seguía golpeando al chico peli negro haciendo que parte de su sangre saliera de su cuerpo, sin embargo, esta no cayó al suelo, sino que se evaporó y esta creó una nube alrededor de Kudo – ¿y esto?

- Hm… las rosas no son mi único método de ataque – sonrió Kudo mientras que la sangre evaporada tomaba la forma de una rosa detrás de él – espero que soportes el poder de las espinas de rosas.

- ¿Qué?

- ¡Espinas Carmesí! – múltiples espinas hechas de la sangre de Kudo fueron directo al tipo del látigo, no solo a él, los demás recibieron el ataque del peli negro – idiotas, no solo las rosas son mi especialidad, de hecho, ahora tienen el veneno de mi sangre dentro de ustedes, esto es peor que las rosas que uso.

- T-T-Tu… - fue lo único que dijeron antes de caer muertos producto de la sangre de Kudo.

Este acompañó un rato después a las hermanas Arihara a salvo, aunque no se salvó de ser besado en los labios por Yui, esto como agradecimiento por haberla salvado.

Unos momentos después, Kudo caminaba por el lugar, sin embargo, cuando pasó cerca de un parque, este notó como había varios Caballeros muertos en el suelo, sin embargo, Kudo reconoció a uno.

- Wakabayashi-san – el peli negro reconoció al Caballero de Lagarto, su mismo contrincante del torneo entre Seijo y Satogahama. El rubio estaba en el piso casi muerto.

- M-Miyamoto-san…

- ¿Qué demonios pasó? ¿Quién te derrotó?

- T-Ten cuidado con ella… esa tipa es una muy poderosa… - susurró Lagarto antes de cerrar los ojos, su vida se apagó.

- Wakabayashi-san – Kudo se levantó para luego sentir un cosmos aproximándose rápidamente hacia él, pero no le dio tiempo de esquivarlos y terminó hiriéndole un brazo.

- Oh, parece que hay una presa muy buena… estoy esperando con ansias matarte – la misma peli carmesí apareció frente a Piscis el cual se sostenía la herida causada por el ataque de esa mujer.

- ¿Eres la que mató a los demás Caballeros de Plata?

- Podemos decir que sí – sonrió la peli carmesí empuñando su arma – soy Enío, una de las tres Consejeras del dios Ares y solo me queda decirte… que esta será tu tumba, Piscis.

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Continuará…