RinMakoto. Kudo y Tsubasa están batallando contra una de las guerreras más fuertes de Ares, aun así, aunque están salvando a las personas, esto les costará caro porque esta batalla está lejos de acabar y no terminará bien.

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Sin más, comencemos…

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Kudo estaba frente con la mujer de cabello carmesí, esta se hacía llamar Enío, una de las tres Consejeros del dios Ares, aunque esta no se mirará tan fuerte, su cosmos indicaba otra cosa.

- ¿Que ocurre Piscis? – preguntó la peli carmesí riendo un poco – se supone que tú, como Caballero Dorado, serías alguien fuerte, pero un simple golpe mío te ha herido el brazo, patético.

- Pues no es patético, porque a pesar de esta herida, mi cuerpo en lo general está bien – el peli negro dejó a un lado su herida – Enío, una de las tres Consejeras de Ares, pues esto será interesante, aunque será un gran reto enfrentarme a alguien tan poderosa como tú.

- Pues será un honor matar a uno de los Caballeros más fuertes de Athena – sonrió la peli carmesí elevando su cosmos y de la nada, algunas cuerdas hechas de fuego aparecieron y tomaron los dos brazos de Kudo sin previo aviso.

- ¿Q-Que demonios es esto?

- ¿Sorprendido Piscis? – susurró la mujer – esta es mi técnica, Tortura Fogosa, son cuerdas hechas de cosmos de fuego las cuales envuelven varias partes del cuerpo para quemarlas hasta que se hagan cenizas o simplemente usarlas para destruir esas partes.

- Entonces, los Caballeros de Plata que estaban tirados por ahí…

- Así es, fueron víctimas de mi Tortura Fogosa, por lo que tú serás la máxima victima que morirá a manos de mi técnica – río la mujer, Kudo solo elevó su cosmos un poco y destruyó la cuerda de fuego que tenía sus dos brazos.

- Pues sean de fuego o de cualquier otra cosa no me importa un carajo, lo importante es que terminarás muriendo a manos de mí, Kudo de Piscis.

- Bueno, pues suerte si intentas hacerme daño, así que vamos a ver si lo haces.

- Lo veremos – el peli negro comenzó a crear algunas rosas rojas las cuales comenzaron a agruparse en todo el sitio en el que estaban haciéndose un campo de rosas – espero que te gusten.

- ¿Rosas Rojas?

- Sí, a ver si eres tan fuerte como para aguantar unas rosas que poseen un veneno muy fuerte – dijo el Caballero el cual solo esperó que se diera cuenta de que el veneno de las rosas hiciera efecto, pero pasado unos segundos se dio cuenta que no pasaba nada – ¿Qué pasa?

- Pues sigo esperando la sorpresa que me tenías preparada, porque solo sacaste rosas rojas y no me han hecho nada.

- No puede ser… se supone que el veneno de las rosas deberías afectarle, no lleva máscara ni nada – susurró el peli negro.

- No soy idiota Piscis, ya vi lo que hiciste con mis subordinados, tampoco soy tan despistada para evitar el veneno de tus rosas, por lo que miro, solo tú eres capaz de pararte en ellas – Enío miró dijo a Kudo el cual frunció el ceño – pero ¿no te has dado cuenta de porque es que no me hacen nada?

- ¿Qué? – Kudo finalmente entendió cuando notó como es que la peli carmesí estaba envuelta en un aura roja la cual parecía estar hecha de fuego – mierda, entonces te proteges usando un escudo ¿verdad?

- En efecto Kudo de Piscis, como controlo el fuego, puedo crear un escudo de cosmos que envuelve mi cuerpo y evita que cualquier cosa que no la pueda percibir sea repelado, como por ejemplo… el veneno de rosas rojas.

- Tendré que probar otra cosa, las rosas rojas no creo que le hagan ningún efecto, por lo que tendré que improvisar… aún tengo algunas armas bajo la manga.

- ¿Qué pasa Piscis? ¿A poco te quedaste sin armas para pelear?

- No… aun no me rindo ya que ni siquiera he tirado la mitad de mi armamento – el peli negro sacó algunas rosas negras – veamos si te callas luego de esto… ¡Rosas Pirañas!

- ¿Rosas negras? – la Consejera de Ares miró como las rosas llegaban así ella, aunque cuando la impactaron en su casco y su escudo, estos se destruyeron.

- Mis Rosas Pirañas destruyen todo lo que tocan, al igual que el pez que lo devora todo, estas rosas consumen todo lo que tocan.

- Bueno, puede ser cierto, pero te haré pagar… ¡por destruir mi escudo y mi casco! – la peli carmesí sacó varias cuerdas de fuego las cuales salieron del suelo y sujetaron los brazos de Kudo el cual notó que estas no eran normales.

- ¿Qué pasa? Son más fuertes que las que rompí – dijo el chico sintiendo como es que el fuego empezaba a quemar un poco su piel.

- Las que rompiste apenas las hice suaves, pero estas son las verdaderas sogas de la Tortura Fogosa – la mujer río un poco y en eso, vinieron algunos gladiadores los cuales se veían algo musculosos.

- Señora Enío, ¿Qué hacemos ahora?

- Muy bien, ahora vayan a atacar a la ciudad y más a sus habitantes, quiero ver la sangre correr de las personas de este sitio, en especial… de una chica de cabello negro y de apellido Miyamoto.

- ¿Qué? – Kudo quedó callado ante eso – ¡cuidado le hacen algo a mi hermana! ¡¿Cómo demonios sabes que tengo una hermana?!

- Encontré una chica que se parece a ti y pensé que existía esa posibilidad – sonrió Enío para después dirigirse a sus subordinados – ¿Qué esperan? ¡Vayan!

- ¡Sí! – los demás se fueron, Kudo trató de liberarse, pero entre más lo intentaba, las cuerdas de fuego parecían pegarse más a su cuerpo.

- Es mejor que te resignes, mis hombres destruirán la ciudad y matarán a cualquiera que se interponga – el peli negro parecía preocupado, pero por un momento pareció calmarse y sonreír un poco – ¿Qué pasa con esa expresión?

- Supongo que debería estar molesto y asustado, pero sé que alguien me ayudará con eso – Kudo habló – no soy el único con el poder de las rosas.

- ¿Qué cosa?

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Mientras tanto, los gladiadores que iban en camino hacia la ciudad y en especial hacia las personas que matarían, sin embargo, cuando iban caminando, notaron como es que pasaban frente a un jardín de rosas rojas.

- Tengan cuidado, son esas rosas venenosas.

- Pero ¿Quién es el que manda estas rosas? – preguntó uno de ellos, pero en eso, decidieron mandar muchos ataques de cosmos hacia las rosas, las cuales se destruyeron, sin embargo, los cinco tipos no notaron cuando algunas cosas se les clavaron en el cuerpo.

- ¿Qué tienes en la espalda…? – antes de que se dieran cuenta, estos estaban perdiendo rápidamente energía, justo en ese momento, apareció Tsubasa llevando una rosa de color blanco.

- Lo bueno fue que me aseguré que ninguno de ustedes saliera con vida.

- ¿T-Tu eres…?

- No me presentaré con ustedes, pero lo que si les diré es que tienen la muerte asegurada – la castaña caminó hacia ellos – lo que tienen clavado en sus espaldas son mis Rosas Blancas, las cuales me costó mucho hacerlas, pero gracias a Kudo-kun las pude perfeccionar, al menos un poco.

- M-Maldita Saintia – los gladiadores cayeron muertos cuando las Rosas Blancas se tornaron rojas al haber absorbido la sangre de sus cuerpos, por lo que adquirieron ese color.

- Kudo-kun, debo darme prisa – susurró Tsubasa yéndose hacia donde estaba su amante – de suerte, pude usar las Rosas…

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- … Sangrientas – terminó la frase Kudo el cual seguía en la misma posición, Enío solo sonrió – a lo mejor te diste cuenta que el cosmos de tus hombres desapareció producto de mis Rosas Sangrientas. Al ser lanzadas al enemigo, estas rosas perforan el corazón y absorben la sangre de los enemigos hasta tornarse roja.

- Tienes razón… sus cosmos desaparecieron – en lugar de preocuparse por sus soldados caídos, Enío comenzó a reír desenfrenadamente, cosa que descojonó a Kudo el cual no entendía ese comportamiento.

- ¿Por qué te ríes así de sus muertes? Eran soldados a tu cuidado, deberías preocuparte por ellos.

- Discúlpame Caballero de Piscis, pero si ellos murieron es porque eran débiles, una lástima, además, me alegra que por lo menos no serás la única víctima de mi Tortura Fogosa.

- Hm, te diste cuenta ¿verdad?

- ¡Meteoros de Equuleus! – Tsubasa lanzó su ataque, aunque la peli carmesí no dejó que eso le afectará, protegiéndose en su campo de fuego, aunque varios de los golpes estaban haciéndole un poco de problemas.

- Maldición, se supone que estas tipas no deberías ser tan fuertes, pero parece que me equivoqué, aun así…

- ¡Kudo-kun, te salvaré!

- ¡Cuidado Tsubasa! – la oji azul no se dio cuenta que cuando iba a lanzar más de sus meteoros, su brazo fue atrapado por las cuerdas de fuego de Enío.

- Esto quema… mierda… ¿Qué es esto?

- Parece que atrapé a la que mató a mis inútiles subordinados – susurró la peli carmesí – y no solo eso, tengo al Caballero de Piscis también. ¡Matarlos será un gran honor para el señor Ares!

- ¿Matarnos? – las cuerdas de fuego apretaron más las extremidades y cuando menos acordaron, se empezaron a golpear a sí mismos – mierda… es como si fuéramos controlados…

- Esta técnica la aprendí de la Marioneta Cósmica del Juez del Inframundo, Minos de Grifo, creo que, si no me equivoco, se supone que un antiguo Caballero de Piscis lo mató, pero esta vez será diferente – sonrió la peli carmesí – supongo que por el momento debería matarlos de una vez, no me quiero confiar mucho.

- N-Ni creas que dejaré que te salgas con la tuya – susurró Tsubasa tratando de moverse libremente, pero le resultaba muy difícil hacerlo.

- Y no dejaré que le hagas daño a las personas de esta ciudad… ¡aquí es donde vivimos ahora! – exclamó Kudo, pero en eso notó como Enío se le acercó muy de cerca, pegando sus rostros, cosa que no le gustó nada a Tsubasa.

- ¡Oye, no te le acerques así!

- Ya veo que los Caballeros de Piscis son bastante bellos, y tú no eres una excepción – sin pensarlo, la peli carmesí le dio un pequeño beso en los labios al peli negro, este se separó de una vez – oh, ¿te atreves a rechazar un acto de este calibre de una diosa? Qué pena por ti.

- Ni creas que alguien como tú me atraería – exclamó Kudo.

- Que pena… entonces no tendré más opción que seguir – la Consejera hizo apretar más las cuerdas de fuego en las extremidades de los dos Caballeros, pero fue más allá hasta el punto de romperle los brazos a ambos haciendo que lanzaran un fuerte quejido de dolor – ¿y ahora que harán? Les he roto los brazos, supongo que esta es su derrota ¿no?

- N-Ni lo creas – Tsubasa habló – aunque nuestros cuerpos sean destrozados… seguiremos batallando.

- Como Caballeros de Athena, no debemos darnos por vencidos ante nada – Kudo elevó más su cosmos al igual que la Saintia, cosa que impresionó a la Consejera.

- Este cosmos…

- ¡Espinas Carmesí! – las agujas de sangre envenenada salieron disparadas de ambos chicos hacia la peli carmesí la cual, al parecer recibió el ataque de lleno. Unos momentos después, Kudo y Tsubasa estaban confiados en que la lograron detener, sin embargo, tremenda sorpresa se llevaron ambos cuando miraron como es que la tipa estaba ilesa y con una gran aura de fuego envolviéndola.

- ¿Q-Que?

- Pues me gustó mucho ese intento de hacerme daño, pero mi fuego hace que su sangre esa sea evaporada… por lo que sus técnicas estúpidas no serán efectivas contra mí – sonrió Enío mientras que apretaba aún más las cuerdas de fuego – aun así, me sorprende que sigan batallando a pesar de que los brazos los tengan rotos… así que simplemente les destrozaré los huesos del cuerpo, rositas de campo.

- ¡¿Por qué?! – ambos en ese momento miraron como la mujer apretó la mano y acto seguido sus cuerpos se retorcieron en posiciones inimaginables escuchándose como sus huesos se rompían hasta que cayeron al suelo en un enorme charco de sangre, ambos aparentemente sin vida, Enío se fue alejando rumbo a la ciudad.

- Fueron unos rivales entretenidos… Equuleus y Piscis.

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En otro lado de la ciudad…

- ¡Revolución de Polvo Estelar! – exclamó Hibiki el cual estaba con su novia atacando varios guerreros los cuales los habían atrasado en su búsqueda de sus mejores amigos.

- Puño Polar de las 7 Estrellas – Tomoe fue la siguiente en acabar con varios de los enemigos, ya no quedando ninguno, pero en eso, se dieron cuenta de algo – no puede ser… los cosmos de Kudo-san y Tsubasa.

- No me lo creo… - el peli humo apretó duro sus puños – no Tomoe-san, de ninguna manera perdieron.

- Eso espero… ¡Hibiki-san, ese cosmos!

- Un cosmos poderoso viene hacia acá – ambos chicos se fueron hacia donde provenía ese cosmos, siendo Enío la cual comenzó a destruir todo lo que había a su alrededor, varias personas fueron quemadas hasta morir por la Tortura Fogosa de la mujer.

- Parece que encontré lo que buscaba – Enío dio con las hermanas Arihara y la hermana de Kudo, no solo eso, los progenitores de los dos estaban ahí también – esta vez creo que me desquitaré más.

- ¿Y-Y esa quién es?

- Ustedes deben ser familiares de Piscis y Equuleus ¿no es así?

- ¡¿Qué le hiciste a Kudo y a Arihara-san? – dijo la hermana del peli negro, pero esta solo miró como es que la Consejera de Ares estaba cargando una enorme bola de cosmos para tirarla hacia los familiares de Kudo y Tsubasa, sin embargo, esta nunca llegó a tocarlos, porque dos destellos llegaron a salvarlos.

- ¿Qué demonios pasa?

- Lamentamos haber tardado – al dispersarse el humo, se notó a Hibiki y Tomoe los cuales estaban parados ahí.

- Tomoe-chan – las hermanas de su mejor amiga estaban ahí mirando a la peli negra.

- Inoue-kun – la hermana de Kudo también conocía al mejor amigo de su hermano.

- Oh, parece que tenemos más Caballeros aquí.

- Así es, Hibiki de Aries y Tomoe de Osa Menor están aquí para vencerte de una maldita vez – dijo el peli humo elevando su cosmos al igual que su novia.

- Lamentamos tener que haber llegado tarde, pero varios de esos malditos gladiadores estaban dando guerra – susurró la peli negra.

- Espero que disfruten del destino que les espera al igual que Piscis y Equuleus – las palabras de la peli carmesí dejaron callados a todos – por si se lo preguntan, acabé con ellos de manera fácil.

- Desgraciada – susurró Hibiki, Tomoe trató de mantener la calma, aunque le costó, las familias de ambos chicos quedaron perplejos por eso.

- ¿Qué harán entonces? – el peli humo iba a atacar cuando sintió como unas sogas de fuego tomaban su brazo derecho, Tomoe también notó eso en su propio brazo.

- ¿Q-Que es esto? – susurró la peli negra, pero en eso, su brazo comenzó a tratar de moverse hacia atrás como queriendo romperse, Tomoe aguantó lo que pudo, Hibiki fue por el mismo camino aguantando evitar que su brazo fuera roto.

- Parece que no quieren ser víctimas de mi Tortura Fogosa.

- No creas que te… saldrás con la tuya – exclamó Hibiki, pero su brazo comenzó a irse más atrás, en este punto el peli humo sentía que en cualquier momento se le quebraría.

- H-Hibiki-san… maldición – Tomoe también estaba cediendo a la enorme fuerza de la técnica y sin contar el calor que sentían en sus pieles.

- Que aburrido, supongo que seguiré en marcha con mi plan… pero seré piadosa con ustedes y les voy a romper el cuello de una vez – dos sogas salieron de la tierra y fueron directo a los cuellos de ambos enrollándose y tratando de darles vuelta, los dos luchaban por evitar esto – ¡morirán!

- ¡Deténgase! – gritó Yuzu, pero en eso, las sogas fueron cortadas repentinamente por algo que nadie pudo entender, sin embargo, segundos después, pudieron ver que se trataban de rosas. Hibiki y Tomoe estaban tomando aire luego del tremendo susto que se llevaron.

- ¿Rosas? ¿De dónde vinieron?

- ¿Por qué… cof… hay rosas?

- Lamentamos… llegar tarde – dos voces se escucharon y al voltear la mirada, notaron a Tsubasa y Kudo que venían caminando como haciendo un gran esfuerzo, sus cuerpos cubiertos de sangre al igual que las armaduras.

- ¡Hermana / hermano / hija / hijo!

- Tsubasa / Kudo – Hibiki y Tomoe miraron a sus mejores amigos los cuales solo asintieron, pero en el rostro se les notaba una seriedad muy grande, estos llegaron frente a Enío.

- Aun… podemos pelear.

- No nos… hemos dado por vencidos.

- Malnacidos, ¿Cómo es que están de pie? Se supone que les rompí todos los huesos de sus cuerpos y las quemaduras en ambos eran muy graves. ¡¿Cómo demonios siguen de pie?! – pensó la peli carmesí.

- Tomocchi… por favor, no dejes que nada malo le pase a mi familia.

- Hibiki… protege a mi hermana y mis padres… por favor – ambos chicos se pusieron una rosa roja en sus bocas mirando a Enío.

- No me creo que sigan de pie, pudieron morir fácilmente, pero al parecer no quisieron aceptar sus destinos, ahora están con sangre y lodo por doquier… ya no me apetece matarlos – eso dio en el orgullo de Kudo y Tsubasa, pero estos no se dejaron intimidar.

- Enío… toda mi vida quise ser alguien fuerte y ahora que lo soy, si es de morir peleando, pues lo haré – el peli negro comenzó a elevar su cosmos al igual que la Saintia.

- El hecho de que nos veas así de jodidos, no es para decir que somos débiles – Equuleus estaba molesta – nadie me dirá como batallar… ¡¿Quién te crees que eres para hablarme así?!

- Tenemos nuestros poderes, nuestros cosmos… ¡Tsubasa y yo te demostraremos nuestros verdaderos poderes!

- Bien, muéstrenme lo que tienen, ¡veamos de lo que son capaces! – exclamó la mujer mientras se envolvía en su aura de fuego, Tsubasa y Kudo prepararon su ataque.

- ¿Lista?

- ¡Sí!

- ¡Espinas Carmesí! – ambos dispararon las agujas de sangre envenenada hacia la peli carmesí la cual parecía no inmutarse por eso.

- Idiotas, las Espinas Carmesí no pueden dañarme.

- Las Espinas Carmesí atacan como un millón de agujas mortales hacia el enemigo – susurraba Hibiki hacia los demás, Tomoe estaba protegiendo a las familias de Kudo y Tsubasa.

- Hibiki-san, ¿este poder es normal?

- No… algo no me cuadra – el peli humo abrió grande los ojos al darse cuenta – acaso… ¡¿están usando toda su sangre?!

- ¡¿Toda su sangre?! – los demás miraron como ambos caían de rodillas y se les notaba muy cansados, pero no se detenían.

- Que habladores son ustedes dos, Piscis y Equuleus, ¿es todo lo que tienen? Pues terminemos con esto – susurró Enío lanzando una onda cósmica deteniendo el ataque de ambos jóvenes los cuales ahora solo estaban de rodillas.

- ¡Tsubasa / Kudo!

- Por si no se han dado cuenta, ambos están acabados, ahora los siguientes son ustedes.

- No… no hay necesidad de pelear contra alguien que ya fue derrotado – dijo Aries.

- ¿Qué demonios dices? – Enío no se dio cuenta cuando un rastro de sangre salía de su boca – ¿eh?

- Tan solo mírate el pecho Enío.

- ¿Q-Que es esto? – la mujer miró como es que en esa zona poseía dos rosas clavadas, quitándoselas a duras penas – estas son las Rosas Demoniacas… que tenían ambos en la boca… pero, ¿Cómo lo hicieron?

- Te equivocas Enío, no son Rosas Demoniacas, son Rosas Sangrientas, tal vez te mencionaron que se vuelven rojas con la sangre del enemigo, pero esa es diferente.

- ¿Qué dices? ¡¿Son Rosas Blancas?!

- Así es, Rosas Blancas… cubiertas con la sangre roja envenenada de Kudo y Tsubasa-san – al decir eso, Enío quedó callada, los demás también.

- E-Entonces ellos…

- Usaron todo lo que les quedaba de sangre para llenar las rosas con su propia sangre. Su objetivo nunca fue matarte con las Espinas Carmesí Enío. Subestimaste el poder y el orgullo de ambos – fulminó Hibiki dejando Enío callada y río un poco, pero era de cólera.

- No puedo creer… que me han derrotado con dos plantas insignificantes y con gotas de veneno… es absurdo… malditos… ¡LOS ODIO CABALLEROS DE ATHENA! ¡LOS MATARÉ, A TODOS Y A ESTA CIUDAD! ¡TORTURA FOGOSA! – exclamó muy molesta Enío y muchas sogas de fuego de gran tamaño comenzaron a salir de debajo de la peli carmesí.

- ¡Tomoe-san!

- ¡Sí! – la peli negra creó un escudo invisible el cual evitó que las familias salieran lastimadas.

- Todo lo destruiré… ¡todo! – Enío estaba por cometer su objetivo, pero fue detenida por una enorme barrera invisible que la encerró – ¿Qué es esto?

- Esto que ves, es mi Muro de Cristal, Kudo y Tsubasa-san dieron sus vidas para evitar que toda la ciudad se salvara y no permitiré que la destruyas.

- M-M-Malditos… ¡sean! – exclamó la mujer la cual vomitó sangre y ya sin más energía, cayó al suelo muerta, víctima de la sangre de ambos jóvenes.

- Terminó… todo.

- ¡Chicos! – los demás fueron hacia Kudo y Tsubasa.

- ¡No nos toquen! – el peli negro exclamó deteniendo a todos, esto más por la sangre que los cubría, aún seguía siendo venenosa.

- Realmente lo… logramos – susurró Kudo mirando a la castaña la cual sonrió por eso y tomó su mano – padre… madre… Yuzu… Hibiki… espero que se cuiden.

- Yui-nee… Misa-nee… papá… mamá… Tomocchi… por favor cuídense.

- N-No digas eso – en eso, varios pétalos de rosas volaron por toda la ciudad, pero estos no contenían veneno, eran rosas normales.

- Gracias por acompañarme… en mi viaje, Tsubasa.

- A ti… Kudo-kun, gracias por dejarme estar contigo – ambas se miraron y sonrieron por última vez antes de caer al suelo ya sin cosmos… sin energía… sin vida, dejando a todos en un verdadero shock.

Ganen esta batalla… y que florezca la nueva esperanza.

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En el Santuario…

Las Saintias quedaron de piedra, los Dorados igual, todos sintieron la perdida de dos cosmos y supieron detectar quienes habían sido.

- No me creo que ellos dos…

- Sí Ramón-san – Shiho miró al hondureño – si debes creerlo. Arihara-san y Miyamoto-san…

- Han derrotado a una de las tres Consejeras de Ares, guerreras de la elite de su ejército, pero a cambio de eso… sus vidas se apagaron – el Patriarca habló – Junto con algunos Caballeros de Plata… Equuleus y Piscis han caído en batalla.

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Continuará…