RinMakoto. Aunque vencieron a Enío, Tsubasa y Kudo murieron en la batalla. Este arco lo estoy haciendo al estilo de The Lost Canvas en el que apenas en los primeros capítulos muere el Caballero de Piscis, no solo eso, los demás tendrán que ponerse más fuertes porque esta guerra será muy violenta.

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Sin más, comencemos…

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En toda la ciudad, se reunieron muchas personas mirando el espectáculo que se había llevado a cabo, toda la metrópolis había sido severamente dañada, pero muchas vidas se perdieron también, sin embargo, se evitó muchas más víctimas.

Tomoe y Hibiki tomaron los cuerpos de sus mejores amigos caídos en combate, y se empezaron a ir con la mirada de todas las personas que lamentaban la perdida de los Caballeros que batallaron ferozmente por protegerla.

Cabe decir que muchas personas reconocieron a los dos, Kudo y Tsubasa habían sido muy buenos beisbolistas en sus respectivas secundarias, incluso algunos ex alumnos de ahí los reconocieron y se sintieron mal por eso, pero nada superaba a las familias de los dos, los cuales fueron testigos como es que ambos batallaron y murieron.

Tomoe iba con la mirada baja llevando el cuerpo de la castaña sin decir nada, Hibiki se mantenía más fuerte, pero este por dentro estaba muy mal, incluso pensaba que su novia estaba mucho peor.

Al salir de la ciudad, estos escucharon como es que los miembros de las familias de Kudo y Tsubasa llegaban adonde estaban ellos.

- Chicos.

- Tomoe-san – Aries miró a la peli negra la cual se detuvo, pero siempre teniendo la mirada baja.

- ¿En serio… van a seguir batallando?

- Así es – el chico respondió – nosotros entrenamos mucho para esto, hasta que la guerra no termine, no descansaremos, este es nuestro deber.

- ¿Y a donde llevan sus cuerpos? – la señora Arihara preguntó siendo consolada por su esposa, las hermanas de Tsubasa estaban igual de destrozadas.

- Los llevaremos a Grecia, serán enterrados en el Santuario.

- ¿Por qué no podemos tenerlos con nosotros? – los padres y la hermana de Kudo preguntaron.

- La sangre de Piscis que poseen es mortal para ustedes, además, los Caballeros que mueren son enterrados allá, lamento que no podamos ponerlos con ustedes.

- No te lleves a Kudo – la hermana del peli negro estaba a llanto vivo – ¡por favor no te lleves a mi hermano! S-Solo… tenía 16 años.

- Es triste para mi también, mi mejor amigo, con el que pasé tanto tiempo sacrificó su vida para que todos estuvieran bien.

- Tomoe-chan… ¿Qué pasará contigo? – preguntó Yui mirando a la peli negra, aunque esta tenía unas ganas fuertes de llorar, aguantó todo lo que pudo.

- Seguiré batallando, por que como dice Hibiki-san, estamos aquí para batallar – la oji verde miró el rostro de Tsubasa.

- ¿Y vas a morir por eso?

- Los Caballeros de Athena batallamos por el bien y la paz del mundo, no vamos hacia la muerte, vamos a pelear contra aquellos que quieran hacerle daño al mundo, por lo que sí es de morir, es necesario sacrificar varias cosas por un bien mayor – decía la Saintia de Osa Menor – Yui-san, Misa-san, señores Arihara… no se preocupen por eso, la muerte de Tsubasa no será en vano, ustedes están vivos gracias a ella, por eso agradézcanle a ella.

- Tomoe-san… es hora de irnos – la peli negra asintió y lo que más le dolió a ella fue escuchar los llantos de ambas familias, pero al final, con el poder de la tele transportación de Hibiki, fueron transportados al Santuario.

Llegando…

Estos sin decir nada, solo observaron como muchos de los que estaban ahí miraban a los dos chicos subir las casas del Zodiaco, cabe decir que las demás Saintias y Caballeros al ver eso, fueron con ellos hacia la casa de Piscis en donde estaba el Patriarca.

Cada una de las casas del Santuario tenían un mausoleo para los Caballeros Dorados, dando que normalmente eran enterrados en el camposanto que había en el Santuario, pero esta vez, decidieron enterrarlos en el doceavo templo.

Hibiki y Tomoe cambiaron a Kudo y Tsubasa con túnicas blancas, las armaduras de ambos descansaban en esa casa estando juntos, como lo estuvieron hasta el final de sus días. Unos minutos después, cerraron el mausoleo.

- Sé perfectamente que esta noticia realmente es muy dura, perder a dos de los Caballeros más fuertes es una tragedia para el Santuario y para el ejército de Athena, aunque más importante, como amigos que eran, debe ser horrible, pero que esto no baje los ánimos en general – el señor Fábregas hablaba a los Dorados y Saintias – el esfuerzo de Piscis y Equuleus no será en vano, derrotaron a una de las más fuertes del ejército de Ares.

- Realmente no pensé tener que vivir algo así otra vez – susurró Asuka al lado de Ramón y Claudia, estos sabían a lo que se refería la peli gris.

- Aun así, debemos seguir adelante en esta batalla.

- Patriarca, perdone la pregunta, pero ¿Cómo está conformado el ejército de Ares? – preguntó Asuka sabiendo que no era muy metida en la información.

- Bueno Libra, el ejército de Ares es bastante extenso, más en la zona baja ya que son los gladiadores.

- ¿Los gladiadores?

- Sí, los mismos guerreros que han estado combatiendo, estos son muchos guerreros que cayeron en batalla desde la era mitológica, todo esto lo sé por los recuerdos de Athena.

- Pero, ¿Cuántos gladiadores son?

- No hay un número exacto ya que son muchos guerreros de los cuales cada vez aumentan más, sin embargo, son el rango más bajo, aunque están a un nivel de un Caballero de Bronce.

- Por eso es que hemos perdido a algunos de Bronce.

- No solo eso, luego de eso vienen más guerreros de distintas elites, pero si vamos a los más grandes, serían los mismos hijos de Ares, los más cercanos los cuales tuvo con la diosa Afrodita, los más conocidos y más fuertes, Fobos y Deimos.

- Fobos fue derrotado por Rafael-san en Siberia – dijo Kurashiki recordando la batalla que tuvieron con ese dios, siendo derrotado por el peli negro usando su Ejecución de la Aurora.

- No creo que fuera derrotado.

- ¿Por qué lo dice?

- Porque dudo mucho que Fobos haya venido a la tierra así como si nada, si realmente Rafael lo venció, hubiera sido peor para el ejército de Ares, aunque creo que eso sería la razón por la que Ares hizo que Ramón y Rafael no batallaran, su poder sería tan grande que podrían vencer a los dioses menores con facilidad y le pueden hacer pasar un mal momento.

- Esperemos que todo salga bien – susurró Akane siendo abrazada por Shinzuke el cual estaba a su lado, no solo eso, Souta tenía a un lado a Nozaki la cual parecía algo desanimada por lo de Tsubasa.

- ¿Eh? – en ese momento, el hondureño sintió algo extraño en el ambiente, al mismo tiempo lo sintió el Patriarca y la misma Athena con las musas.

- Esto es algo serio.

- ¡¿Y ese cosmos?! – exclamó Joan en ese momento en el que el Santuario retumbó con fuerza, no solo eso, en el cielo se miró como este cambiaba de color azul celeste a un rojo sangre el cual llamó mucho la atención.

- ¡ATHENA! – la voz indiscutible de Ares rugió en todo el cielo, no solo eso, se miró como que la tierra tembló con fuerza haciendo que los demás Caballeros que estaban ahí se asustaran.

- Mierda, este cosmos es de ese maldito – susurró Yasmina.

- ¡Saori! – gritó Ramón corriendo rápidamente hacia la Cámara de Athena en donde estaría su hermana mayor, los demás siguieron al chico hasta que unos minutos después llegaron a ese lugar, en él, estaban la diosa de la guerra acompañada de las diosas de las bellas artes.

- Ramón.

- Otra vez Ares apareció y no se mira nada feliz – el dios de la guerra se miraba bajado de un enorme agujero con el fondo de estrellas en un espacio negro.

- ¡Athena, ¿Dónde estás?! – exclamó el dios de la guerra mirando desde el cielo al Santuario, incluso apuntaba con su lanza hacia el sitio – sal antes de que… ¡mate a todos tus putos Caballeros!

- Mierda, esto es malo – susurró Saori, pero se fue hacia la parte superior del Santuario en donde estaba su estatua y al ver al dios de la guerra, esta solo frunció el ceño – Ares, ¿Cómo te atreves a venir en un momento triste en donde dos de mis Caballeros más fuertes han muerto?

- Athena, parece que no comprendes mi dolor tampoco, perdí a una de mis Consejeras, la más cercana a mí, sin embargo… era débil por lo que miro, así que, sin más, te mataré de una vez por todas – exclamó en voz baja el dios de la guerra y lanzó con fuerza su arma hacia una parte del Santuario, al impactar al suelo este explotó llevándose a algunos guerreros atenienses.

- Maldición, si esto sigue así, el Santuario recién construido será destruido por parte de Ares.

- Ese dios no tiene límites – dijo con molestias Umi mirando al dios de la guerra.

- ¡Ares! ¡Basta! – el cosmos de Saori se elevó llamando la atención del dios el cual solo miró a la peli lila con una sonrisa macabra.

- Athena… oh, Athena… finalmente volvemos a encontrarnos, ese pequeño enfrentamiento no fue nada – decía Ares casi acercándose al Santuario, pero este tenía cuidado de cualquier cosa.

- Fuiste herido por tu propia arma Ares, mejor ya ríndete, sino es que quieres terminar como en la era mitológica.

- Bastarda – susurró – ¿en serio crees que me volverás a derrotar Athena? No seas estúpida.

- ¡No insultes a la diosa Athena! – una de las musas salió a tratar de golpear al dios de la guerra.

- ¡No Umi-chan!

- Una de las musas, las diosas protectoras de Athena, pero… ¡no son más que estúpidas cantantes sin valor alguno! – el dios solo usó su cosmos para lanzar una pequeña onda cósmica hacia la peli azul haciendo que esta volviera hacia donde estaban sus compañeras cayendo estrellada en el suelo, sin perder tiempo, Umi se levantó de nuevo y fue a atacar a Ares – patética.

- ¡No creas que no sé pelear! – Umi creó un arco y flecha de cosmos y tiró una de sus flechas hacia el dios.

- Eso no es nada – el mismo Ares desvió la flecha hacia Umi impactándole en la zona del corazón y esta cayó al suelo desangrándose.

- ¡Umi / -chan! – exclamaron sus compañeras las cuales miraron como es que la peli azul tenía una herida en su pecho, causando que saliera mucha sangre.

- Mierda, no puedo usar mis métodos de curación – decía Ramón por lo bajo.

- ¡Kurumi! – Asuka miró a su amiga la cual asintió y usó su magia curativa en Umi la cual unos segundos después, estaba de nuevo bien.

- Mierda, parece que tengo que deshacerme de ella también – susurró Ares, sin embargo, fijó su mirada en Athena y lanzó su arma a toda velocidad.

- ¡Saori!

- ¡Espera Ramón, esto va conmigo! – la diosa detuvo el arma de Ares usando una gran parte de su cosmos, incluso la logró tomar la lanza bajo su poder.

- Te jodiste – susurró Ares el cual sonrió, la sombra de la lanza se fue hacia la sombra de Kurumi y se clavó en su pecho, la enfermera lo sintió también, incluso perdió su transformación mágica y cayó al suelo inconsciente.

- ¡Kurumi!

- ¿Qué demonios pasó?

- Parece que no se percataron, lanzar mi arma fue una trampa, su sombra se clavó en el corazón de esa tipa y le provocó la misma maldición que a esos dos que clavé antes. Si se atreve a batallar o usar sus poderes de curación, su corazón saldrá de su pecho y morirá.

- ¡Eres un tramposo!

- ¡Silencio humanos!

- Yo me quedaré con tu lanza Ares – susurró Saori envolviendo con su cosmos el arma del dios de la guerra, no solo eso, sino que le quitó mucho efecto.

- No importa, al final de todo, mis guerreros acabarán con tu ejército y por fin… podré obtener mi venganza sobre ti Athena – decía el dios riendo de forma macabra – espera ver como tus hombres mueren lentamente.

- No dejaré que te salgas con la tuya.

- ¿A sí? ¿Qué esperan hacer contra mi poder? – Ares usó su cosmos para hacer que todos cayeran al suelo y no se podían levantar.

- ¿Q-Q-Que demonios es esto?

- E-Este cosmos es tremendo – susurró Ramón levantándose a duras penas, cosa que impresionó al dios Ares.

- Parece que hay alguien que no quiere seguir mis órdenes – dijo le dios mirando al hondureño, no solo eso, se fijó que alguien más se levantaba – ¿otro más se va rebelar?

- No creas que… me daré por vencido – decía Joan, mientras que su hermana y su novia lo miraban con mucha preocupación.

- Supongo que solo lo mataré con mi escudo decapitándolo – el dios lanzó su protector hacia el mexicano el cual, al ver el escudo, elevó su cosmos hasta donde más pudo.

- ¡No moriré aquí! – el cabello de Joan se hizo largo y dorado al mismo tiempo que detenía un poco el escudo de Ares, pero este le estaba ganando en poder.

- C-Carlos… ¡no te dejaré solo Carlos! – Claudia accedió al poder más fuerte de su transformación y con ese poder ambos lograron desviar el escudo del dios hacia otro lado, pero este volvió a Ares el cual estaba impresionado por eso.

- Parece que esos dos son los más fuertes del ejército – susurró el dios. Saori por su lado estaba cada vez más molesta, sin embargo, el Patriarca Alfonso sacó varios papeles los cuales la diosa supo que eran, al regarse por todo el sitio, los Caballeros podían moverse un poco más ligeros.

- ¿Son sellos de Athena?

- Así es, estos anulan los poderes que algún dios que no sea la diosa Athena haga usar – el señor Fábregas mostraba los sellos, trozos de papel que tenía el nombre de la diosa de la guerra en ellos. El nombre de Athena estaba en griego (Aθήνα).

- Aunque usen esos papeles sin valor, de nada servirá – el dios de la guerra quiso llamar a su lanza, pero esta no se movió de ningún lado – ¿Qué?

- Oh, ¿buscas esto Ares? – la lanza poseía uno de los sellos de Athena – lo siento, pero esta lanza ahora forma parte de Athena, así que es mejor que te vayas retirando Ares.

- Malnacidos.

- ¿Shinonome-san? – las demás miraron como es que la joven peli azul estaba apuntando al dios de la guerra con su arco y flecha.

- ¡Sagitario!

- ¿Qué osas hacer Caballero Dorado? – Ares miró fijo a Shinonome la cual no parecía tener la intención de bajar su flecha – que irrespetuosa eres Sagitario. ¡Baja tu flecha!

- No lo haré… ¡te derrotaré con esto ahora que tengo oportunidad! – Shinonome lanzó su flecha dorada hacia el dios, pero este sin inmutarse la tomó con una mano sin ningún problema – no puede ser… ¿detuvo la Flecha Dorada con una mano?

- Linda flecha, pero creo que quedaría mejor clavada… en tu pecho, Sagitario – Ares lanzó la flecha, pero antes de que diera en Shinonome, esta fue quitada de un lado y Ramón fue el causante de esto, este terminó recibiendo la flecha incrustándose en su pecho.

- ¡Ramón! – la primera que lo tomó fue la peli azul la cual solo estaba a un lado, Claudia llegó a su lado mirando cómo es que el chico estaba sangrando del pecho, pero este con lo último de fuerza logró curarse a sí mismo con su Bendición de Kukulkán, pero cayó desmayado por el dolor que tuvo.

- No puede ser, hirió sin ningún problema a Ramón.

- ¡Ahora si me enojaste Ares! – exclamó Saori muy molesta porque hirieron a su hermano menor.

- Athena, parece que finalmente despiertas tus poderes, pero, aunque quisiera matarte aquí mismo, lo haré cuando mi ejército derrote al tuyo, no tienes idea las ganas que tengo de ver los cuerpos muertos de tus guerreros, algo así como lo que pasó con ese Caballero Dorado y la Saintia – al decir eso, muchos solo apretaron las manos con fuerza, Tomoe bajó la mirada con impotencia mientras que Hibiki elevaba su cosmos, pero se mantenía a raya para no hacer escándalo.

- Más vale que te calles Ares.

- Muy bien, solo recuerda mi advertencia Athena, esta guerra no será como la última que tuvimos, esta vez los ríos de sangre serán más grandes, aparte de que mis guerreros vendrán con más ganas de matar – en eso, varios soldados salieron del espacio detrás de Ares yendo hacia los Caballeros los cuales no se podían mover libremente – suerte.

- ¡Chicos! – Saori estaba por hacer algo, pero de repente, pasó algo que nadie se esperaba.

- ¿Eh? ¿Huele a rosas? – muchas rosas salieron desde la escalera que conectaba el templo de Piscis con la Cámara de Athena y estas se fueron hacia los guerreros de Ares que estaban llegando, todas resultaron ser Rosas Blancas las cuales se incrustaron en el pecho de los tipos y estos cayeron al suelo muertos.

- No me lo creo – en eso, justo delante de todos, aparecieron las armaduras de Piscis y Equuleus en su modo normal.

- ¿Qué mierda? – preguntó Ares.

- Sus armaduras nos han protegido – dijo Claudia.

- Las almas de Kudo y Tsubasa-san nos han venido a salvar – dijo Hibiki mirando estas las cuales solo estaban paradas ahí.

- Ni crean que esto acabará – susurró el dios de la guerra yéndose del sitio, el campo de fuerza de Ares desapareció y todo volvió a la aparente normalidad.

- ¡Rápido, lleven a Kurumi y a Ramón a mis aposentos! – ordenó Saori haciendo que los demás llevaran a estos dos para ser tratados. Shinonome se quedó atrás con la mirada baja y solo teniendo el arco en su mano.

- ¿Cómo es posible que fallé esa flecha? Por mi culpa Ramón fue herido de gravedad, se supone que entrené para no fallar esos ataques y, aun así, teniendo al enemigo frente a mí, no lo pude hacer bien – la peli azul apretó más fuerte el arco sintiéndose totalmente molesta e incompetente – soy una vergüenza para Sagitario.

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Continuará…