RinMakoto. Ambos batallaron contra una oponente fuerte, aunque Joan le terminó perdonando la vida, esto no acabará tan bueno al final de todo.
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Sin más, comencemos…
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Joan había casi acabado con la hija de Ares, aunque no la acabó del todo ya que pensó que no era una mala chica, por lo que al final decidió perdonarle la vida.
Mientras tanto, Shinonome seguía con su trauma por el cual no podía salir, aun así, siguió entrenando un poco con el arco y flecha, Ramón aun no despertaba y él era el único que la entrenaba como era debido.
La peli azul estaba lanzando varias flechas hacia los blancos que había puesto en varias partes de la casa de Sagitario, esta lo hacía bien, aunque en una de esas…
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Shinonome estaba apuntando al dios de la guerra con su arco y flecha, esta estaba sin miedo en su mirada.
- ¡Sagitario!
- ¿Qué osas hacer Caballero Dorado? – Ares miró fijo a Shinonome la cual no parecía tener la intención de bajar su flecha – que irrespetuosa eres Sagitario. ¡Baja tu flecha!
- No lo haré… ¡te derrotaré con esto ahora que tengo oportunidad! – Shinonome lanzó su flecha dorada hacia el dios, pero este sin inmutarse la tomó con una mano sin ningún problema – no puede ser… ¿detuvo la Flecha Dorada con una mano?
- Linda flecha, pero creo que quedaría mejor clavada… en tu pecho, Sagitario – Ares lanzó la flecha, pero antes de que diera en Shinonome, esta fue quitada de un lado y Ramón fue el causante de esto, este terminó recibiendo la flecha incrustándose en su pecho.
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- Maldición, de nuevo se me vino a la mente – susurró mientras que solo dejaba de disparar las flechas, por lo que decidió dejar eso y caminar un poco por las casas del Zodiaco. Bajando de la novena casa, llegó a la casa de Escorpio pasando sin saludar a nadie. Souta y Nozaki que estaban ahí notaron el comportamiento extraño de la peli azul.
- ¿Sigue un poco mal?
- Desde que Ares lastimó a Maldonado-san con la Flecha de Sagitario está así, supongo que se siente mal.
- Pero ella no tuvo la culpa Yuuki-san – habló el peli verde con la Armadura Dorada de Escorpio.
- Lo sé, pero se debe sentir culpable de todos modos – la rubia solo bajó la mirada un poco triste, sin embargo, no siguieron con esos sentimientos ya que fueron llamados por el Patriarca Fábregas. Aunque solo sería Souta, Nozaki decidió ir con él. Unos minutos después, llegaron a la Cámara de Athena.
- Patriarca – los dos chicos se arrodillaron frente al señor Fábregas el cual solo carraspeó un poco.
- Escorpio, Osa Mayor, irán con algunos Caballeros de Bronce a investigar una extraña entidad que yace en la Isla Milos.
- ¿Isla Milos?
- Escorpio, supongo que a lo mejor el nombre de esta isla te resulta familiar, porque ahí mismo realizó su entrenamiento el antiguo Caballero de Escorpio, Milo.
- ¿Milo de Escorpio? – Souta en ese momento sintió un pequeño latido en el corazón y la armadura le estaba como diciendo algo sobre su antiguo portador.
- Souta-kun.
- Muy bien, iremos entonces a averiguar que pasa en la Isla Minos – dijo el peli verde con determinación, por lo que al final ambos se fueron del sitio.
- Espero que les vaya bien – dijo Saori la cual estaba llegando a donde estaba el padre de Joan y Claudia.
- Por cierto, diosa Athena, ¿Cómo está su hermano?
- Aun no despierta, parece que la herida fue algo profunda, su cosmos se mantiene firme, pero no despierta – decía la peli lila con la mirada baja.
- No se preocupe, él no morirá, además… Claudia está rezando mucho por él y no dejará que él se vaya sin ella al Inframundo.
- Sí, lo más probable es que no pase nada malo, además, según las memorias que tengo, aunque el Inframundo ya no existe como tal, ahora es un sitio más agradable y mejor para las personas que van ahí después de morir.
Souta y Nozaki se fueron del Santuario con algunos de los Caballeros asignados, aunque lo que no pensaron es que alguien más estaba siguiéndolos.
- Lo siento si desobedezco las órdenes del Patriarca, pero esta vez quiero hacer algo que me haga redimirme – la extraña figura se fue del sitio siguiendo a Nozaki y Souta los cuales comandaban el escuadrón de reconocimiento.
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Isla Milos.
Aunque pareciera una broma, esta isla realmente existía y era una de las más hermosas que poseía el país helénico.
Actualmente era un paraíso tropical bastante bonito, aunque no todo parecía normal, los Caballeros que iban con el peli verde y la rubia estaban atentos por si pasaba algo extraño. Todos iban de civiles llevando sus armaduras en sus cajas de Pandora.
- ¿Sientes algún cosmos extraño? – preguntó Souta a su amiga rubia la cual negó con la cabeza.
- He tratado de sentir algo, pero todo parece normal – Nozaki miró a los demás turistas los cuales parecían disfrutar mucho de sus vacaciones ahí, aunque se sabía que aquella isla no era tan popular como sus islas vecinas, aun así, poseía unas bellas playas bastante bonitas y arenosas – que envidia me dan algunas mujeres, puedan estar con sus parejas y aunque estamos en una misión… Souta-kun y yo estamos solos en estos momentos.
- ¿Ocurre algo Yuuki-san?
- N-No, no es nada, solamente estaba mirando el sitio, realmente es lindo, aunque posee muchas rocas – exclamó – la verdad no encuentro como es que dicen que hay una presencia de Ares en estos lados.
- Alguno de sus guerreros pueden ser, quien sabe – Escorpio decidió explorar otros sitios en los cuales podría haber algo, uno de los lugares que registró fue el anfiteatro que tenían en la isla.
- Supongo vinieron algunos a batallar.
- Sí, pero… - el peli verde se quedó callado mientras que cerraba un poco los ojos siempre frente al sitio arqueológico – sí, aquí fue donde mi antecesor realizó su entrenamiento para convertirse en Caballero Dorado.
- Tengo una vibra extraña aquí – dijo el líder de los Caballeros que andaba bajo las ordenes de Souta y Nozaki, el guerrero con el que Souta combatió en la batalla entre Satogahama y Seijo, Yamato Shikamoto de Orión.
- ¿Por qué lo dices?
- No lo sé, pero… huele a veneno – susurró el tipo de Plata mientras que miraba para todos lados, Souta quedó confundido por eso, Nozaki estaba del mismo modo, pero si alguna vibra mala se sentía en el sitio, entonces era de confiar.
- I-Imaginar que ambos estarían batallando en el mismo bando – Nozaki calmó las cosas entre Escorpio y Orión, sabiendo que desde tiempos mitológicos han tenido algunos momentos tensos.
- Lo que importa es que batallemos en nombre de la diosa Athena – Orión habló como si nada mientras se iban del sitio, aunque por alguna razón, Souta se detuvo al ver como un escorpión salía de una grieta en el suelo.
- Oh, qué lindo escorpión – el peli verde acariciaba al animal el cual parecía bastante calmado estando con Souta, aun así, seguía alerta y justo cuando pensaba en eso, este saltó esquivando lo que parecía ser un arma.
- ¿De dónde vino eso?
- Es una espada – susurró, en eso, vinieron algunos guerreros los cuales estaban sonriendo mirando a los Caballeros.
- Vaya, vaya, parece que los asquerosos Caballeros de Athena han llegado hasta aquí – dijo con arrogancia uno de ellos – pero no importa el rango que sean, caerán ante nosotros.
- Va, solo son guerreros debajo nivel – dijo Orión el cual elevó su cosmos, pero para sorpresa de todos, este atacó a Souta y a Nozaki, el Dorado de suerte aguantó el ataque y cubrió a su amiga rubia.
- ¡¿Qué mierda fue eso Shikamoto-san?!
- Oh, supongo que no lo sabías Haraguchi – sonrió el Caballero de Orión el cual elevó más su cosmos, aunque fue peor cuando los que andaban con él hicieron lo mismo – pero ya no batallo por Athena.
- ¡¿Qué?!
- No batallaré más por la diosa Athena, no después de la humillación que sufrí a manos tuyas en el torneo que tuvieron Satogahama y Seijo – hablaba – es hora de que mueran Escorpio y Osa Mayor.
- ¡Ten cuidado Yuuki-san!
- ¡Fuego Fatuo! – Orión lanzó su ataque hacia el peli verde, pero este no se dejó intimidar.
- ¡Aguja Escarlata! – los dos ataques chocaron entre sí causando una fuerte onda cósmica mientras que Nozaki trataba de defenderse de los Caballeros traidores que estaban batallando contra ella.
- ¿Por qué traicionan a Athena? ¡Son Caballeros de Bronce!
- No lo entenderías, pero batallar por Athena es muy aburrido, con el pasar del tiempo el señor Ares nos llamó y su voluntad fue tan grande y genial que no pudimos negarnos, estar ahí realmente es jodidamente espectacular – decía uno de ellos siguiendo con sus ataques a la rubia, pero fue más pesado cuando los guerreros del dios de la guerra se unieron a batallar contra la Saintia.
- ¡Yuuki-san! – Souta quería ir en su ayuda, pero el Caballero de Plata no lo dejaba ir – más vale que te quites de mi camino Shikamoto-san.
- No lo haré – el chico elevó su cosmos aún más, Souta sabía que no manejaba del todo el uso del séptimo sentido, aun así, no daría su brazo a torcer.
- ¡Muere maldito! – los dos chocaron sus poderes haciendo que todo volara por los aires, aun así, siguieron batallando con más intensidad.
- No puedo creer que los guerreros de Athena se hayan ligado con Ares, se supone que debemos estar unidos para vencer a la maldad – trataba de hacer recapacitar Nozaki a los demás, pero la verdad, no escuchaban nada de lo que la Saintia decía.
- No nos importa lo que digas estúpida, ¡ten esto! – los demás se lanzaron a la rubia, esta solo bajó la mirada con tristeza.
- Nunca creí que fueran a hacer eso, se supone que como Caballeros de Athena debemos estar unidos y no darle tregua al enemigo, pero no creo que pueda hacer nada por eso – exclamó la rubia elevando su cosmos y mirando fijo a los chicos mientras que detrás de ella aparecía su constelación guardiana, Osa Mayor.
- ¡Ni creas que nos ganarás!
- ¡Mordida de Osa Mayor! – el ataque manifestado en un oso de cosmos el cual se dirigía a dar una fuerte mordida hizo que los Caballeros cayeran al suelo con muchas heridas.
- E-Eso no fue nada… aún podemos batallar.
- Osa Mayor, no evitarás que te matamos y… - las armaduras de esos Caballeros de Bronce se desligaron de sus cuerpos dejándolos expuestos.
- ¿Por qué? ¡¿Por qué nuestras armaduras nos dejan?!
- Las armaduras no son objetos inertes, ellas saben escoger bien a sus portadores, cuando el usuario pierde la capacidad de pelear o ya no es digno de llevarla, esta se desprende de su cuerpo y los repudia – decía Nozaki siempre con la mirada baja, aunque ahora fueran sus enemigos, sentía gran pena porque debían ser compañeros y no rivales – solo una vez pasó eso y fue con la Armadura de Cáncer, aunque también se menciona con el Caballero de Géminis.
- ¿Y qué? ¡Vamos acabar contigo de todos modos!
- No lo hagan, batallar sin armadura es como echarse el cuerpo desnudo a las brasas, de nada sirve, pero si quieren seguir batallando, no lo impediré – susurró mientras volvía a atacar de nuevo, pero esta vez, fue un golpe definitivo dejando a los antiguos Caballeros de bronce en el suelo sin vida – gracias por su servicio al lado de Athena.
- Parece que esa chica realmente acabó con varios de los guerreros de Athena, mejor para nosotros – dijo una voz misteriosa que Nozaki no identificó, pero al ver para todos lados, no encontraba rastro de alguien.
- Sé que hay un cosmos aquí y es uno muy fuerte… ¿Dónde estás?
- Tenemos una Saintia de Athena aquí, dicen que son de las más fuertes de su ejército – susurró de nuevo la voz apareciendo frente a la rubia, una mujer de cabello castaño largo vistiendo ropas de guerra femeninas, aunque lo más destacado era que poseía un cinturón de color dorado.
- ¿Quién eres? – preguntó la chica, pero no recibió respuesta sino hasta que sintió un dolor agudo en su brazo y al darse cuenta, tenía una flecha incrustada en el brazo.
- Supongo que no te diste cuenta que una flecha estaba en tu brazo ¿no? – empezó a reír la tipa mientras que Nozaki se tomaba la zona afectada quitándose el arma, pero de su brazo caía mucha sangre de la herida.
- Lo preguntaré de nuevo, ¿Quién eres tú?
- Lo siento, no me presenté – sonrió la chica para sin más dispararle una flecha a Nozaki la cual no vio venir y terminó incrustada en su muslo derecho.
- ¡Mierda! – exclamó de dolor.
- Hipólita, líder de las amazonas, hijas del dios Ares y de la ninfa Harmonía – susurró mientras se acercaba a la Saintia de Osa Mayor la cual terminaba de quitarse la flecha, esta se le había clavado en todo el muslo atravesando la pierna de lado a lado.
- ¿La líder de las amazonas?
- Sí, parece que los rumores de que las Saintias eran fuertes no parece tan cierto, apenas unas flechas fueron suficientes para hacerte daño – susurró mientras que llegaba frente a frente con la rubia la cual estaba casi de pie, pero con dificultad.
- Las Saintias de Athena somos fuertes – declaró la de ojos verdes encendiendo su cosmos – no creas que por estas heridas me seré sometida.
- ¿A sí? Pues eso no lo veremos – ambas chicas comenzaron a batallar, pero Hipólita estaba lanzando muchas flechas desde distintos lados lo cual extrañaba a la rubia la cual no entendía como lo hacía, pero esquivaba una buena parte de estas.
- ¿Cómo es posible que ella sea así de rápida? Sus flechas viajan a una gran velocidad, no entiendo cómo es que ella tiene semejante poder – dijo Nozaki mientras seguía esquivando sus ataques, aunque de la nada, alguien salió detrás de ella atacándola a traición con una espada haciéndole un corte en esa zona – ¡maldición!
- No creas que soy la única de las amazonas, soy la líder de ellas, somos muchas – Hipólita dijo eso con arrogancia mientras que miraba como Nozaki se desangraba al mismo tiempo que era atacada por múltiples flechas, las cuales esta vez la rubia no pudo esquivar – ¿y bien Saintia de Athena? ¿Cómo se siente saber que has sido derrotada como si nada por las amazonas?
- A-Aun no me… rindo – susurró la oji verde, no obstante, su cuerpo decía otra cosa, este estaba con múltiples heridas y el corte de su espada no dejaba de sangrar siendo de gravedad, aun así, Nozaki se seguía poniendo de pie.
- No deberías hablar sabiendo que estás en esas condiciones, no eres rival para nosotras – muchas amazonas se presentaron apuntando con flechas a la Saintia de Osa Mayor la cual solo frunció el ceño sabiendo que la tenía jodida contra tantos rivales y con el cuerpo bastante lastimado.
- No me importa… si tengo que morir – escupió sangre – seguiré batallando, aunque me maten todas.
- Pues que bien, porque ese va a ser tu destino – susurró Hipólita mirando a sus subordinadas – ¡muere!
- Mierda – susurró Nozaki mientras cerraba los ojos para esperar recibir las flechas, pero estas no aparecieron y cuando abrió los ojos de nuevo – ¿eh?
- Lo lamento si tardé Yuuki-san – dijo Souta el cual estaba con varias de las flechas en su cuerpo, pero estas no lograron atravesar la armadura dorada de Escorpio.
- Souta-kun.
- Resulta que estas flechas son duras, pero mi armadura me ha protegido como si nada – susurró el peli verde mirando a Hipólita la cual solo frunció el ceño.
- Maldito, ¿Qué pasó con Orión?
- Hm, aunque fuera un Caballero de Plata, recuerdo bien nuestra batalla, sin embargo, alguien de su rango no podrá vencer jamás a un Caballero Dorado, después de todo, mi constelación fue la que dio muerte a Orión en el tiempo de la mitología – susurró el Caballero mientras que elevaba su cosmos, las demás amazonas quisieron seguir lanzando flechas, Souta solo sonrió por lo bajo de forma sádica – con que quieren seguir batallando… ¡pues hagámoslo entonces!
- ¡Tengan cuidado amazonas! ¡Puede atacar en cualquier momento y…! – Hipólita se calló cuando sintió una punzada fuerte y aguda en su estómago el cual comenzó a sangrar.
- Creo que lo has sentido ¿no es así? – susurró Souta mientras que miraba con malicia a la amazona – esta fue mi Aguja Escarlata.
- ¿Aguja Escarlata? – preguntó la líder de las guerreras, pero la respuesta de Souta fue otro disparo en la pierna derecha de Hipólita haciéndola gritar de dolor – ¡mi pierna hijo de puta!
- Ahora entiendes el poder de mi técnica, la Aguja Escarlata – Souta se acercó a la amazona la cual frunció el ceño, pero antes de que pudiera ordenar algo, Escorpio le dio otro golpe de su Aguja Escarlata en el pecho causándole un fuerte dolor.
- ¡¿Q-Que se supone que es esto?!
- ¿Te gusta mi ataque? – Souta le dio un fuerte golpe en el estómago a la amazona, las demás encargadas estaban calladas y con miedo, las flechas que disparaban no funcionaron, a traición, salió la amazona que le había dado el corte grave a Nozaki en la espalda y cuando quiso hacer lo mismo, la uña de Souta atravesó el corazón de esta matándola al instante para sorpresa y miedo de las demás féminas, incluida Nozaki.
- T-Tu… ¿Qué se supone que es eso?
- Ya lo dije, es mi Aguja Escarlata – susurró – es una técnica que ataca directamente al sistema nervioso central del enemigo mediante una onda de choque que surge de la punta de mi dedo índice, de modo que su intensísimo dolor provoca además una parálisis total. Sin embargo, no se trata de un golpe mortal, puesto que para causar la muerte del adversario se necesitan quince golpes. Así, se le puede conceder a su oponente la posibilidad de rendirse. Esa es mi técnica.
- ¿Q-Que demonios eres tú?
- Souta de Escorpio y por si no lo saben… - el chico mostró su cosmos dorado – soy el que les dará muerte por haber herido de esa manera a Yuuki-san.
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Continuará…
