RinMakoto. Lograron vencer a varias de las amazonas, aunque Souta llevará esa maldición lo que lo afectará en el futuro cuando le toque batallar contra los futuros enemigos.

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Sin más, comencemos…

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Dominio del dios Ares.

El dios de la guerra estaba mirando, como a pesar de que su ejército era numeroso, este caía fuertemente contra el ejército enemigo, por lo que se reunió con sus consejeras. Esta vez, Ares había reunido a sus dos Consejeras.

- Señor Ares, ¿Qué desea saber? – habló la Consejera de nombre Dino la cual poseía el cabello verde oscuro y los ojos color sangre.

- La Guerra contra Athena, ¿Cómo la ven?

- Está difícil decir – dijo la otra la cual poseía el cabello negro corto y ojos del mismo color, al igual que Dino, estaba con armaduras estilo guerreros de la Antigua Roma. Esta respondía al nombre de Pefredo.

- Enío batalló fuertemente contra los Caballeros de Piscis y Equuleus, aunque los logró matar, se cobró la vida de ella – la Consejera Dino apretó fuerte sus manos – señor Ares, permítanos ir a batallar para vencer a los Caballeros.

- No, aunque quiero lanzarme con todo hacia el ejército de Athena, esta vez iré más premeditado, no quiero perder más soldados y, además, mi lanza la tiene ella.

- Señor Ares, ¿Qué haremos entonces?

- Lo tengo – el dios miró a su Consejera la cual sonrió – sería bueno si mandamos a uno de los hijos del señor Ares, recomiendo a la señorita Harmonía o al señor Eros.

- Como sea, no me importa si los mandan a ellos, solo hagan lo que tengan que hacer – el dios se retiró dejándoles el mando a sus Consejeras, por lo que ellas se miraron entre sí sabiendo que tenían mucho trabajo que hacer.

- Mandaremos al señor Eros porque siento que realmente puede acabar con los Caballeros de Athena – las dos asintieron y sin más, mandaron a llamar al hijo de su dios.

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Santuario de Athena.

Nozaki se quedó descansando en el templo de Escorpio durante todo el tiempo para que se pudiera reponer luego de la batalla horrible contra las amazonas. Sus heridas estaban mejor, aunque no como cuando Ramón usaba su técnica, este seguía en el mismo estado.

- ¿Cómo te encuentras hoy? – Akane preguntó a la rubia la cual solo asintió.

- No te preocupes Ukita-san, ya estoy mejor, solo fue el susto de que me estaba desangrando, pero ya estoy mejor – río un poco la rubia mostrándole su cicatriz la cual estaba cerrando bastante rápido.

- ¿Puedes seguir batallando?

- Sí, soy una Saintia de Athena, por lo que no me daré por vencida solo por esto. Tsubasa-san hizo lo mismo y aunque ya no está con nosotras, al menos ella luchó duro – susurró Nozaki recordando a su amiga fallecida.

- Aun la extraño – Akane habló bajando la mirada – Arihara-san no merecía morir en ese enfrentamiento.

- Nadie merecía morir, pero ella batalló hasta el final para proteger a su ciudad natal, Miyamoto-san también, por lo que pensemos que ella no se fue sola al otro mundo – la Saintia de Osa Mayor se levantó – Ukita-san, nosotros vamos a hacer lo mismo, batallemos hasta que le ganemos la guerra al dios Ares.

- S-Sí – ambas chicas decidieron salir a dar una vuelta por el Santuario, un poco alejados, los hermanos Haraguchi miraban todo esto.

- Parece que Nozaki-san ya está mejor.

- Así parece – susurró Souta riendo un poco – tenían miedo que le pasara algo, pero creo que todo está bien, aunque esas putas amazonas eran poderosas.

- Lo importante es que salieron victoriosos Souta – Shinzuke miró al menor el cual solo sonrió un poco – que envidia, pensar que me tomó mucho trabajo obtener la armadura de Cerbero y tú, lograste casi de forma fácil la armadura dorada.

- Escorpio me escogió por alguna razón, aun así, usaré este poder para proteger a todos los que me importan, aunque sea apenas un novato.

- Ahora sí puedo decir que eres más fuerte que yo.

- Sí, al fin te gané en algo – el peli verde dijo esto con algo de arrogancia, pero finalmente los dos se rieron para seguir caminando por ahí hasta que alcanzaron a las dos Saintias.

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Mientras tanto, Yasmina estaba mirando Cabo Sunion, la cual era un pequeño cabo que daba al mar, mientras hacía esto, una presencia femenina llegó a donde estaba él.

- ¿Qué haces Daisuke-kun?

- Estaba mirando Cabo Sunion, he escuchado muchas historias de aquí, por lo que vine a ver como el lugar de cerca – el Caballero de Cáncer miró a la peli morada – ¿y tú Aoi-san?

- Solo vine a ver y como sentí tu cosmos aquí, pues ya sabes – río un poco la Saintia de Corona Boreal.

- Ven conmigo – Yasmina se llevó a la chica al fondo del Cabo Sunion, estos tenían unas escaleras que lo dirigían hacia la prisión del Cabo.

- Creo que la historia más conocida es la del fallecido Caballero, Kanon de Géminis.

- Conozco esa historia, se cuenta que fue encerrado en la prisión de Cabo Sunion – el peli rosa miró el sitio mencionado.

El cabo Sunion era, según la leyenda, el lugar donde Egeo se habría lanzado al mar. Su hijo Teseo había convenido con él que, si salía victorioso de su combate con el Minotauro, izaría velas blancas en su barco, mientras que, si moría, la tripulación debería dejar en el barco las velas negras en el mástil. Egeo vio llegar a lo lejos el barco enarbolando grandes velas negras, porque Teseo había olvidado izar las blancas, y desesperado se tiró de lo alto de las rocas al mar. De él proviene el nombre del Mar Egeo.

Esclavos fugitivos, llegados de las minas de Laurión, se refugiaron aquí en el siglo VIII a. C. El cabo fue fortificado en el 413 a. C. para proteger la importación de grano a Atenas durante la Guerra de Decelia, tercera y última fase de la guerra del Peloponeso.

El cabo Sunion es especialmente famoso por las ruinas de dos templos que dominan el mar, uno dedicado a Atenea, el otro a Poseidón.

- Supongo que Kanon de Géminis sufrió mucho estando aquí – dijo Aoi llegando a la prisión, la marea no estaba lata y podían llegar caminando sin problema, ambos abrieron la reja entrando para ver cómo es que era el lugar de aprisionamiento por dentro.

- Aquí se dice que el tridente de Poseidón estuvo resguardado – decía Yasmina mirando una pared en la que muchos años atrás el Caballero de Géminis y ex General Marino encontró el arma del extinto dios de los mares.

- Sí, se ve que han pasado muchas cosas, incluso podríamos decir que las cosas están peor por lo que pasa con Ares – la Saintia fue abrazada por el peli rosa por la espalda – D-Daisuke-kun, ¿Qué planeas?

- Lo siento, pero es que estar aquí encerrados sin nadie que nos interrumpa, es excitador – le susurró el Caballero Dorado besando el cuello de la chica la cual comenzó a soltar algo de gemidos.

- A-Aquí no Daisuke-kun, mejor vamos al templo de Cáncer – ya cuando las cosas estaban subiendo mucho de tono para ambos, un cosmos extraño los sacó de su mundo haciendo que estos miraron para arriba – ¿sentiste eso?

- Sí, y no es nada bonito – susurró el chico separándose de la peli morada, ambos chicos intentaron salir del lugar, sin embargo, por alguna razón, no pudieron hacerlo. Aun así, estaban bien ya que contaban con sus armaduras puestas.

- ¡¿Qué pasa aquí?!

- Ni idea, pero… - los dos jóvenes fueron arrastrados por un portal en cabo Sunion, el cual los mandaría a otro lugar, nadie sabría de esto, salvo una persona.

- ¿Eh?

- ¿Patriarca?

- Lo siento Athena, pero tengo que irme, siento que esta es una emergencia en la que debo batallar – decía el señor Fábregas levantándose de su asiento, Saori se dio cuenta de lo que pasaba ya que también pudo sentir esa extraña protuberancia cerca del Santuario.

- También lo sentí, es extraño que me diga eso, pero ¿Por qué debe ir?

- No dejaré que usted, una diosa, vaya a arriesgarse así, además… debe cuidar a su hermano ¿no? – Athena se quedó callada, sin embargo, asintió, no sin antes mirar fijo a Nike hasta que se le vino algo a la mente.

- Tengo una idea, una de mis antiguas reencarnaciones hizo lo mismo, si mis memorias no me fallan, creo que puede usar esto – la diosa le dio un cofre pequeño en el que tenía un sello de Athena, sin embargo, al ver eso, el Patriarca sabía de qué se trataba.

- Sé lo que está planeando Athena, aunque no creo que la vaya a usar, lo tendré en mente – el líder de los Caballeros se levantó y solo hizo una reverencia a la diosa la cual quedó callada ante esto.

- Por favor no vaya a morir, sus hijos lo esperan aquí, no quiero que ellos estén tristes por su partida.

- No le puedo asegurar nada, pero si le prometo que la victoria será nuestra – susurró el señor yéndose del lugar. Justo cuando estaba caminando por las escaleras que conectaban el templo de Piscis con la Cámara de Athena, se topó con sus hijos.

- ¿Papá?

- ¿Pasa algo?

- Joan, Claudia – el hombre les dio un pequeño abrazo – iré a batallar.

- ¡¿Qué?! – los hermanos Fábregas se quedaron callados mientras que su progenitor se alejaba de ellos – ¿Cómo es eso que te vas a pelear? ¡No entiendo!

- Así como lo escucharon, tengo que cumplir con mi deber también, no solo quedarme aquí a dar órdenes y ver cómo es que muchos de los guerreros atenienses mueren, pasó algo que solo Athena y yo sentimos, Cáncer y Corona Boreal fueron arrastrados a un portal a otra dimensión.

- ¿Qué cosa?

- Lo siento, pero debo irme.

- Yo iré contigo papá.

- No Joan, no irás conmigo, esto es algo que solo yo puedo hacer, mis técnicas de muerte son más fuertes.

- Papá, insisto, ahora que soy Caballero Dorado tengo mi cosmos a un nivel más alto que el tuyo, puedo ayudarte.

- Yo también iré contigo papá – Claudia fue la siguiente – soy lo suficientemente fuerte como para ayudarte.

- ¡No irán! – exclamó con fuerza para asombro de sus hijos – sé cómo llegar a ese lugar porque lo viví antes.

- ¿Lo viviste antes?

- No diré más, sin embargo, no quiero que ustedes se involucren en esto. Joan, Claudia, ustedes son de los más fuertes entre los Caballeros Dorados. Si pasa algo a donde voy y ustedes mueren, la Tierra estará perdida. Por eso, tienen que estar bien para cuando nuevas amenazas lleguen. Además, Joan, tienes a Kana y tus hijos, no puedes dejarlos solos, Claudia tiene que vivir su vida también, por eso, su viejo se encargara de todo.

- Padre – los dos estaban anonadados, aunque también impotentes ya que querían ir con su padre, pero parecía que no podrían hacerlo.

- Lo entiendo padre – Joan habló – solo vuelve sano y salvo.

- … - el señor Fábregas no respondió, solo miró al frente mientras que sus hijos lo veían bajar hasta que se perdió de la vista.

- Carlos, ¿crees que papá estará bien?

- Eso pienso, él no es alguien débil Claud, hay que tener fe en él – los dos asintieron y subieron para llegar a la Cámara de Athena, pero el pensamiento de su padre no se les iría de la cabeza.

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En una dimensión desconocida, estaban cayendo Yasmina y Aoi, el primero cayó en el suelo parado atrapando a la peli morada.

- ¿Estás bien?

- Sí, pero ¿Dónde estamos?

- Ni idea, no es como que estuviéramos en el Monte Yomotsu – decía el peli rosa mirando para todos lados, la dimensión estaba con un cielo color rosado y algunos corazones de color rosado claro.

- ¿Por qué esto tiene forma de sí? No entiendo nada.

- Y yo mucho menos – en eso, sintieron un cosmos algo extraño, en el cielo se empezó a formar alguna extraña distorsión mostrándose una figura extraña.

- Vaya, parece que tenemos una hermosa pareja aquí.

- Ten cuidado Aoi-san – el Caballero Dorado se puso delante de la Saintia la cual también se puso en posición de combate.

- ¿Quién será él?

- El amor entre ustedes es realmente lindo, pero recuerden que no todo es para siempre, porque en el amor y en la guerra todo vale – dijo la figura la cual se manifestó como un ser de piel clara, ojos y cabello rosados, este poseía unas alas grandes y poseía una armadura de guerra, pero con colores brillantes, aparte de llevar una jícara con flechas en su espalda.

- ¡Ya revélate quien eres! – exclamó Cáncer – no entiendo porque es que nos trajiste a este sitio.

- No tienes que tener esos modales Caballero Dorado, menos estando con tu amada cerca – al decir eso, los dos chicos se sonrojaron por eso – además, estaban a punto de iniciar el acto amoroso más grande que pueden hacer dos personas que están enamoradas.

- O-Oye, ¿de qué hablas?

- ¿Acaso no tienen idea de quién soy aún? – el misterioso personaje habló – soy Eros, uno de los hijos principales de mi padre Ares.

- ¿Eros?

- Es el famoso cupido del que se dice que trae el amor a las personas – exclamó Aoi – ahora entiendo todo, por eso es que hay tantas cosas de amor aquí.

- Sí, aquí están en mi dimensión amorosa, en este lugar es donde caerán derrotados ante mis poderes, espero que estén listos para morir, Cáncer y Corona Boreal.

- ¡Pues eso lo veremos! ¡Ataquemos Senpai!

- ¡Sí! – ambos se lanzaron al ataque – ¡Lágrimas Enjoyadas!

- ¡Ondas Infernales! – los dos ataques fueron hacia el dios menor el cual solo sonrió un poco, los dos ataques no dieron en él, sino más que bien que rebotaron.

- ¿Qué cosa? – tanto Aoi como Yasmina terminaron siendo impactados por sus propios ataques mandándolos a estrellarse con violencia en el suelo.

- No crean que con sus poderes podrán ganarme de alguna manera, están ante un dios como yo, no solo eso, mientras haya amor entre ambos, eso me da energía para seguir adelante – Eros preparó una de sus flechas directo a los dos Caballeros y la disparó – ¡Flecha de Éxtasis!

- ¡Cuidado Aoi! – exclamó el peli rosa queriendo apartar a su chica, pero tal él como ella recibieron el flechazo de Eros. Los dos se revisaron el cuerpo y notaron que no tenían nada raro.

- ¿Qué pasó?

- No siento nada raro – Cáncer se revisó el cuerpo y su armadura, pero no había nada – pues tu ataque no dio efecto en mi Eros, vamos a ver quién es el más fuerte, ¿lista Senpai?

- …

- ¿Senpai?

- …

- Aoi-san, ¿Qué pasa? – el Caballero miró a la peli morada la cual estaba sonrojada y mirando al chico el cual quedó confundido – Senpai, ¿Qué le pasa?

- Daisuke-kun – Aoi se acercó al peli rosa abrazándolo mientras suspiraba en su cuello haciendo que el chico estuviera del mismo modo en pocos segundos – no me di cuenta que bien olías, realmente me gusta.

- ¿Por qué te comportas así Aoi-san? Te dije que lo hiciéramos antes, pero no te dio la gana – Yasmina seguía cayendo ante el roce de aliento de la peli morada en su cuello.

- Daisuke-kun, no sé qué me pasa, pero quiero hacerlo aquí – decía entre susurros la chica mientras se pegaba más al Caballero Dorado el cual parecía estar cayendo con sus deseos carnales que lo caracterizaban. El chico la tomó de la cintura y la pegó con fuerza a él haciendo que esta gimiera, pero al hacer eso, Yasmina despertó de su estado para mirar al dios menor.

- ¡Eros! ¿Qué nos has hecho?

- Simplemente lancé mi Flecha de Éxtasis – decía el dios peli rosa sin mucha preocupación – supongo que al inicio no sintieron nada, pero eso es lo que hace mi ataque.

- ¿De qué hablas?

- Mi Flecha de Éxtasis, al ser disparada hacia mi enemigo no causa dolor ni nada, pero esta llega al sistema nervioso para enviar muchas hormonas al cerebro evitando que usen sus cosmos como se debe, así que es una forma pasiva de acabar con mis enemigos, matándose entre ellos con el placer que aumenta cada vez – decía Eros la cual reía un poco – Cáncer, ¿hay algún problema?

- Tiene razón, mi cosmos no es el mismo, además, mi cerebro no puede dejar de pensar en otra cosa que no sea Aoi-Senpai, además, solo se me vienen las veces que tuvimos sexo, pero no tengo que pensar en eso, ¡debo derrotar a este tipo! – el cosmos de Yasmina comenzó a arder – no caeré ante esto, Eros.

- Oh, parece que eres resistente a mi efecto, no fue como la Saintia de Athena que cayó fácilmente.

- ¡Aoi-san! ¡Despierta! ¡Ondas de Inframundo! – el peli rosa lanzó su ataque hacia la Saintia haciendo que su alma se saliera de su cuerpo y anduviera vagando por ahí, pero la chica se dio cuenta de que pasaba.

- ¡Daisuke-kun! ¿Qué me pasó? – preguntó el alma de Aoi al Dorado.

- Tenemos una técnica de parte de ese tipo, hace que no podamos concentrar nuestros cosmos, nos ponemos calientes técnicamente – explicó el chico – nuestros cosmos no salen como esperamos, pero no sé cómo detener esto, estoy aguantándome las ganas de hacerte cosas.

- Espero que no te aproveches de mi cuerpo – la peli morada se le quedó mirando fijo al peli rosa, este solo río de lado – ¿o planeabas hacerlo?

- Claro que no.

- Más te vale – los dos estaban distraídos cuando fueron impactados por otra Flecha de Éxtasis por parte de Eros, el alma de Aoi estaba mirando su cuerpo el cual adquiría el color rojo en sus mejillas, no solo eso, Yasmina estaba del mismo modo, como peleando por no caer ante los efectos del ataque de Eros.

- Maldición, me cuesta concentrar mi cosmos Senpai.

- ¿Qué hacemos ahora? – solo terminó de decir eso cuando un agujero se abrió en esa dimensión y de ahí, apareció el señor Fábregas.

- ¡Patriarca!

- Lamento si me tardé, pero tenía tiempo de no entrar aquí – susurró el mexicano mirando de cerca al dios menor – tiempo sin vernos, Eros.

- ¿Por qué siento que ya te había visto? – el dios del amor miró al hombre y unos segundos después, se dio cuenta de lo que pasaba – ahora entiendo, ya te recuerdo.

- Sí, no me olvidé de lo que me hiciste hace tiempo, Eros.

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Continuará…