RinMakoto. Un posible Caballero Dorado nacerá siendo el poder de Sayaka, aunque todo ese poder tiene un origen algo macabro.
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Sin más, comencemos…
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El enfrentamiento que habían tenido Shinonome y Sayaka fue algo que ayudó a desvelar algo que nadie se esperó, una armadura de Plata como lo era Ofiuco se transformó en una dorada, algo que nunca en la historia había pasado, los involucrados no entendieron eso, pero Shinonome tenía mucha curiosidad sobre eso.
- Es mejor que descansemos, mañana deberemos planear y estar atentos en caso de que algunos de los guerreros de Ares intenten hacer algo contra nosotros – dijo Joan el cual ya había terminado sus actos con Tsukumo la cual estaba descansando en Star Hill.
- Sí, creo que es mejor descansar de vez en cuando.
- Espero que sí – susurró el castaño, en eso, Shinonome apareció caminando hacia ellos, algo que los extrañó.
- Ryo de Sagitario reportándose, lamento si es tarde, pero es que hay algo que la verdad me tiene comiendo la cabeza.
- ¿Por qué Sagitario? ¿Qué pasa?
- Verán… - la peli azul contó lo que había batallado con Sayaka, cabe decir que la información llamó la atención de Athena y del Patriarca, no se esperaban que alguien como Sayaka que tenía un cosmos cercano a los Dorados, que de la nada haya obtenido tremendo poder debía tener un origen.
- Las estrellas no mentían – exclamó Joan el cual llamó la atención de la peli azul, esta miró a su diosa la cual no parecía sorprendida, es más, parece que sabía de eso – verás Shinonome, la verdad es que estaba al pendiente de esto.
- ¿Lo sabías?
- Sí, lo sabía, es la línea del décimo tercer Caballero Dorado, aunque muchos de ustedes solo saben que han sido siempre 12 Caballeros Dorados, hay algo que no sabías.
- ¿Puedo saber?
- Llegados a este tiempo, es mejor que lo sepas – el castaño miró a la oji verde – Athena, si es tan amable de contarle lo que sabe sobre lo que ha pasado con el Caballero Dorado prohibido.
- No se preocupe Patriarca, puedo explicarlo sin problemas – Saori miró a la peliazul que seguía esperando respuesta – esto es algo que pasó hace milenios Sagitario, Se dice que este tiempo muy antiguo había un décimo tercer templo en el Santuario. Era el templo del portador de la serpiente. Se encontraba en medio del templo del escorpión celestial y del centauro. El guardián del templo del portador de la serpiente era el más benevolente, sabio y valiente de los 13 Caballeros Dorados. Pero su acto más noble era que podía salvar a las personas de las enfermedades que los afligían ya que podía curar a cualquier herido, la gente llego al extremo de llamarlo un dios. Sin embargo, no paso mucho tiempo para que se volviese arrogante y quiso volverse realmente un dios. Recibió la ira de los dioses, fue perseguido en el Santuario y su propia existencia fue borrada.
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Flashback
Era Mitológica.
Durante este tiempo las cosas estuvieron muy conflictivas desde ese momento, de suerte, había un ejército de guerreros los cuales batallaban en nombre de Athena, todos ellos, los 88, estaban divididos en tres bloques: Bronce, Plata y Oro.
Sin embargo, los más poderosos eran los Dorados, los cuales se suponía que representaban las 12 constelaciones zodiacales, ellos poseían un poder cósmico grande, sin embargo, había algo que pocos conocían y es que existía alguien más que llevaba una armadura dorada.
- Ahí viene hija, es él… ¡de verdad es él!
- Mamá, él me curará ¿en serio?
- El señor Asclepios es alguien genial, él te podrá curar de esta enfermedad – decía una mujer la cual llevaba a su hija que estaba con múltiples manchas en su cuerpo y justo estaban llegando a donde estaba un gran grupo de personas los cuales estaban anonadados frente a una persona que poseía una túnica blanca – ¡señor Asclepios! ¡señor Asclepios!
- Escucho que dicen mi nombre – el hombre de la túnica se levantó mirando para todos lados hasta que divisó a la persona que lo llamaba.
- Señor Asclepios, por favor, ayúdeme a mi hija, ella posee una enfermedad muy grave – al presentar a su hija, los demás que estaban alrededor del encapuchado notaron eso, les dio asco saber que una chica como esa poseía tal infección.
- ¡Cuidado, tiene la lepra!
- ¡Nos contagiará!
- Calma a todo el mundo – exclamó el tipo con túnica, este se levantó y fue hacia la mujer – ¿Qué es lo que deseas?
- Por favor señor Asclepios, cure a mi hija, es mi única familia y mi amada hija… no quiero que ella se vaya al Inframundo – susurraba la mujer casi llorando, el hombre solo asintió mientras miraba a la chica.
- Tenga cuidado señor Asclepios.
- No se preocupen por mí, no hay nada que alguien tan divino como yo pueda curar… ¡las enfermedades no son nada para mí! – exclamó el hombre el cual usó su cosmos sobre la niña curándola de esa enfermedad haciendo que fuera finalmente una infanta normal y saludable.
- Estoy curada… ¡mira mamá, ya no tengo nada!
- Es un milagro… ¡realmente es un milagro! – la mujer lloraba tomando a su hija, los demás que miraron eso quedaron una vez más asombrados por el milagro creado por el tipo de la túnica – ¡mil gracias señor Asclepios!
- Eso muestra una cosa, ¡que soy un dios en todas las palabras! Curo a todo el mundo y tengo un enorme poder – decía el hombre el cual se quitó la túnica revelando su rostro, aparte de poseer el cabello largo de color plateado, sus ojos color verde y la piel blanca – ¡sientan el poder del gran Asclepios de Ofiuco!
- ¡Viva el señor Asclepios! ¡El nuevo dios de la Tierra! ¡Alabado sea el señor Asclepios! – todo el mundo estaba aplaudiéndole y halagando al peli plateado el cual parecía sonreír por lo bajo mirando al cielo.
Este hombre era Asclepios, era un hombre el cual poseía poder divino y era conocido por curar todo tipo de enfermedades con su cosmos el cual era bastante bueno, sin embargo, a pesar de que se había hecho de seguidores en muchas partes del mundo a donde iba, muchos de sus compañeros lo miraban con malos ojos debido a la actitud del tipo, siendo catalogado de arrogante.
Este hombre volvía a su templo, el cual era el Templo de Ofiuco, ubicado entre los templos de Escorpio y Sagitario, esta poseía poderes curativos y otras propiedades, pero este solo era habitado por el protector de esta casa.
Asclepios estaba descansando luego de ese día, cabe decir que la guerra contra Hades estaba por iniciar, siendo que el dios del Inframundo le había declarado la batalla a la diosa de la guerra, esto porque Hades quería el control de la Tierra, pero estas cosas no se quedarían así.
Sin embargo, el problema fue cuando a Asclepios se le subió un poco la fama a la cabeza, haciendo que este por sus técnicas curativas, comenzara a verse así mismo, ya no como un guerrero o un humano, sino que, como un dios, alguien que tenía el poder de ir más allá de la humanidad, alguien que podría rivalizar con los mismísimos Olímpicos.
- Athena, ¿crees que es permisible que alguien como ese Caballero tuyo, Asclepios de Ofiuco, siga haciéndose pasar como alguien de nosotros? – una voz imponente estaba hablando con la diosa de la guerra.
- Es imperdonable, los humanos tienen que servirnos, no estar tratando de compararse a nosotros, son solo seres incompetentes que crees que pueden llegar a nuestro nivel, ni de chiste estarán sobre nosotros.
- Sé que Asclepios es alguien que realmente es cuestionable, pero por favor, no le hagan…
- Es imposible que nos hagamos de la vista gorda hija – otra voz más imponente se escuchó.
- Padre… mis Caballeros solo…
- Sí no haces algo pronto con ese Caballero tuyo, tomaremos medidas drásticas, Hades está furioso, por culpa de ese Caballero llamado Asclepios es que él ha decidido invadir la Tierra ya que el Inframundo se está vaciando ya que no hay personas que estén falleciendo, la población allá está cada vez más en decadencia y todo porque ese tipo ha salvado de la muerte a una gran cantidad de humanos.
- Padre, veré que puedo hacer entonces – las voces que eran de los Olímpicos se esfumaron dejando sola a Athena la cual se quedó mirando al techo de la Cámara en donde estaba, era una decisión difícil, es cierto que la actitud de Asclepios había cambiado mucho desde que fue ascendido a Caballero Dorado, aunque ella no negaba que fuera fuerte, es más, podría considerarlo el más fuerte de los 13 Dorados, superando incluso a los del signo Géminis, es más, sus poderes curativos eran beneficiosos para el ejército ateniense y más sabiendo que tendrían una guerra contra el Rey Hades, pero tenía que tomar una decisión.
Todo estaba claro, Asclepios debía morir.
Un día, fue citado ante la diosa Athena la cual estaba sentada con la mirada escondida entre sus cabellos lilas, todo esto le daba mala espina y es que amaba a sus Caballeros y hacer esto le dolía, pero no tenía otra opción.
- Asclepios de Ofiuco reportándose, ¿Cuál es el motivo de su llamado?
- …
- ¿Diosa Athena? – el peli plateado no entendía nada, pero todo fue más extraño cuando la diosa de la guerra levantó su báculo de Nike y en menos de lo que canta un gallo, parte del suelo de la habitación se abrió – ¡¿Qué es eso?!
- Lo siento Asclepios, pero has cometido el pecado de querer igualarte a los Dioses Olímpicos y es algo que no puedo permitir que pase.
- ¿Usted… me está matando?
- Lo siento de nuevo… Asclepios, pero los Dioses atacarán al hombre que quiso compararse con ellos y no puedo permitir que la Tierra pague los daños por alguien que ha sido tan arrogante, que ha cambiado de ser aquel humano que curaba a todo el mundo a querer creerse una divinidad, por eso, en nombre mío, ¡quedas desterrado de este mundo! – de la nada, del sitio, salieron cadenas las cuales tomaron los brazos y piernas del Dorado, este estaba callado por todo eso, sin contar que la Armadura Dorada de Ofiuco se separó de su cuerpo yendo al lado de la diosa.
- No me lo puedo creer… ¡¿solo por querer ser lo que ustedes los dioses no pueden soy castigado?! ¡Es un acto de traición hacia aquel que juró protegerla! – gritaba con total ira el peli plateado, aunque luego de eso, sonrió por lo bajo – no importa si usted me destierra, volveré.
- ¿Qué?
- Volveré Athena… ¡no me importa que usted y los Dioses hayan conspirado para que desaparezca! ¡Yo, Asclepios de Ofiuco, regresaré y me vengaré de todo esto! – reía el peli plateado.
- Adiós Asclepios de Ofiuco… ¡irás al Tártaro! – el cuerpo y alma del Caballero fueron arrojados a un pozo en el subsuelo del Santuario, mismo que dirigía a un lugar más profundo que el mismo Inframundo, siendo este el Tártaro, un lugar en donde solo la escoria más grande iba a parar allá.
Athena quedó mirando la armadura dorada de Ofiuco, ahora ya no tenía al protector de esa casa y, es más, ahora que las cosas se habían puesto peor, tenía que hacer algo para evitar que la verdad saliera a la luz.
La diosa no tuvo otra opción que borrar toda la evidencia de que alguna vez existió Asclepios, por lo que, sin previo aviso, usando su cosmos, mandó a destruir y ocultar el templo de la serpiente, dejando solo la vía libre entre Escorpio y Sagitario, pero solo quedaba una cosa que hacer.
- Veamos, ¿Qué hago con la armadura de Ofiuco? alguien deberá darse cuenta de que hay una armadura de este tipo sin usar – la diosa lo pensó hasta que tuvo una idea y fue degradarla de puesto, pasando a ser Dorada a de Plata.
Mientras tanto, Asclepios en cuerpo y alma seguía dormido en su prisión en el Tártaro, esperando algún día volver para llevar a cabo su venganza.
Fin Flashback
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Shinonome estaba callada por eso, finalmente logró entender las cosas sobre lo que miró cuando peleó con Sayaka.
- Me está diciendo que entonces lo que miré fue…
- Tal parece que la manifestación de los poderes del legendario Caballero de Ofiuco están despertando de nuevo – susurró Athena – espero que no sea lo que estoy pensando.
- ¿Cree que ese tal Asclepios de Ofiuco vuelva a la vida para tomar su cabeza?
- Tengo mis dudas, pero es que él no puede escapar de la prisión en que está, pero puede ser que esté a punto de dar al menos un indicio de querer hacerlo – susurró Joan pensando en las cosas – todo esto es muy extraño, pero las estrellas ya me estaban advirtiendo sobre que algo malo pasaría, aparte, tengo algo más que solo Athena lo sabe Shinonome.
- ¿Puedo saber qué es? – Joan asintió y le pasó una hoja la cual, al leerla, la peli azul se dio cuenta de algo.
- Tal y como puedes verlo, es sangre y en él está escrito el número 13, esto me lo hice cuando estaba mirando las estrellas el otro día, me golpeé la mano y justo cayó sobre una hoja en donde curiosamente se hizo este número.
- ¿Qué es lo quiere decir?
- Verás, en varias culturas asiáticas sé que el número de la mala suerte es el 4 porque la pronunciación de este número se parece a la palabra "muerte", no obstante, para muchos de nosotros, el número de la mala suerte es el 13, entonces quiere decir que esto es malo y ya se anunció por lo que miro – explicaba Joan el cual se dirigió hacia una de las ventanas mirando al cielo – no sabemos si los poderes de Sayaka de Ofiuco nos ayudarán o al contrario… nos perjudicará.
- Sagitario, ¿Qué tan fuerte era ella?
- Logró superarme la verdad, sentí que mi cosmos estaba siendo inferior al de ella, no fue hasta que finalmente acabó cediendo al cansancio, pero creo que, en una batalla sin límites, me habría ganado.
- Ya veo – la peli morada se quedó mirando al jefe de su ejército, la verdad es que, si el tal Asclepios de Ofiuco volviera, todo sería un desastre – Athena, tendremos que tener vigilada a Sayaka Jinguji por si las cosas se salen de control, no podemos permitir que el alma de Asclepios tomé posesión de su cuerpo en caso de que así sea.
- Muy bien – ambos decidieron ese plan, Shinonome por su parte se retiró, ya tenía la información que necesitaba para aclarar varias cosas que no la dejaban en paz, ahora sabía que Sayaka era la que llevaba la que sería la armadura dorada más poderosa de todas.
La peli azul estaba volviendo a su templo, sin embargo, llegó a un punto en el que le agarró la curiosidad y es que decidió ir más abajo, justo en donde según se cuenta la leyenda, estaba ubicado el templo de Ofiuco, se puso en medio del recorrido de las escaleras que estaba entre el templo de Sagitario y Escorpio, sabía que la ubicación era ahí.
La de la constelación de Sagitario decidió buscar entre las ruinas que estaban por ahí, sin embargo, fue algo que encontró que la dejó callada y fue ver indicios de unos pedazos de bloque de los que estaban hechos los templos del Santuario.
- ¿Qué demonios es esto? – susurró la chica mirando un pedazo de bloque el cual tenía la forma de una vara y alrededor de esta estaba una serpiente, la forma en la que estaba enrollada daba el número 13 – mierda… realmente todo era cierto… ¡estas son las ruinas del Templo de Ofiuco!
Shinonome había dado con algo nuevo, nadie sabía sobre el décimo tercer templo del cual se creía que solo era una leyenda, ahora… todo estaba claro, pero en eso, notó una serpiente extraña que estaba paseando por ahí.
- ¿Qué hace un animal como este aquí? Bueno, supongo que debe ser normal – susurró.
- Él… viene…
- ¿Eh? – la peli azul quedó callada, el reptil emitió voz sin ni siquiera abrir la boca – espera… ¿hablaste?
- Ofiuco… Ofiuco… ¡ya vendrá! – la serpiente habló con euforia, aunque Shinonome no perdió el tiempo ya que creyó que era un enemigo.
- ¡Impulso Luminoso de Quirón! – el aire dorado se llevó a la serpiente del sitio cayendo muerta, sin embargo, algo le daba mala vibra a Shinonome por lo que decidió irse de ahí a su templo – ya no sé si la verdadera amenaza es Ares o en realidad es este tal Asclepios.
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Cayendo más la noche, en el templo de Virgo, Sayaka por fin despertaba luego de la batalla contra Shinonome, aunque la verdad es que el cuerpo le dolía un poco.
- ¿Qué pasó? Solo recuerdo que tanto Shinonome-san y yo estábamos entrenando y de ahí… ah, mi cabeza me duele de solo acordarme – exclamó la peli ceniza levantándose de donde estaba, es más, hasta segundos después se dio cuenta de lo que pasaba, estaba en el sexto templo descansando, sin más, esta se fue caminando hasta donde estaba el centro del templo en donde se topó justo con el Dorado protector de la casa y la Saintia que la acompañaba – ¿Shinji? ¿Suzuki-san?
- Ya te sentía venir hermana – susurró el peli ceniza el cual estaba en posición de loto, junto a él estaba Waka y en medio de ambos estaba la lanza de Ares, ambos parecían estar bañándola con sus cosmos.
- ¿Cómo es posible si no me estabas viendo?
- Ya te dije que, aunque me privé de la vista, aun puedo sentir las cosas mucho mejor que las demás personas, Waka-san hace lo mismo.
- Así es Jinguji-san.
- ¿Qué hacen?
- Estamos tratando de purificar la lanza de Ares, pero por más que la bañamos con nuestros cosmos no parece funcionar – exclamó el Caballero de Virgo.
- Ojalá que se resuelva todo esto.
- Por cierto – Shinji se notaba algo sonrojado, su hermana mayor estaba confundida – no salgas de la cama desnuda.
- ¿Qué?
- Shinji-san tiene razón Jinguji-san… no salgas desnuda incluso si es tu hermano el que está aquí – Sayaka se quedó callada por eso y cuando se miró el cuerpo se dio cuenta de que era cierto, se sonrojó de golpe sabiendo que salió hasta el templo de Virgo sin nada puesto.
- ¡Lo siento! – exclamó yéndose a la habitación del templo de la virgen dorada a vestirse.
- Que cosas ¿no?
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Continuará…
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Y hasta aquí el capítulo de hoy.
Lo del decimotercer Caballero Dorado no es algo que me inventé, es algo que de hecho ya es canónico dentro de Saint Seiya, para los que sabemos de Next Dimension.
Asclepios es un hombre que realmente existió y por él es que existe la constelación de Ofiuco, aparte de que, si existe en Saint Seiya, aparte de que para Sayaka me basé en Odysseus de Ofiuco para que vean cómo será.
Sin más, este ninja se despide.
Bye.
