RinMakoto. La batalla no estaba en favor de Tsukumo, aunque ahora hay que ver cómo es que la aparición de Ares afecta a los atenienses.

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Sin más, comencemos…

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Tsukumo tuvo una dura batalla en donde logró derrotar a Keres, la diosa de la muerte en batalla, no obstante, las cosas no parecían estar lejos de terminar ya que en ese momento en que también su pareja sentimental, el Patriarca Joan, derrotaba al dios del miedo, Phobos.

Sin embargo, hubo alguien que hizo aparición.

- El dios Ares ha aparecido – susurró Asuka mirando al cielo en el cual estaba el dios de la guerra mirando con furia a los demás en el suelo, aunque sus ojos se clavaron en su enemiga.

- Athena… resolvamos de una vez por todas.

- No quiero resolver esto en esta zona, hay habitantes alrededor y no quiero que nadie salga pierda la vida.

- Dile eso entonces a los habitantes cuando vayan al Inframundo, luego deberías disculparte con ellos porque lo único que ganarán es que mis Berserkers los maten.

- No dejaré que eso pase – la diosa extendió su báculo Nike apuntando a su hermano el cual bramó por eso.

- Eres una perra Athena, mataré a todo aquel que se me oponga por lo que espero que estés lista – el dios Ares elevó su cosmos haciendo que el planeta comenzara a temblar, algo que todo el mundo puso alerta, aun así, los Caballeros de Athena no tenían miedo de eso.

- No voy a dejar que eso pase – exclamó la diosa de la guerra la cual lanzó su báculo contra Ares el cual intentó detenerlo, pero esto solo causó que le rozara a un lado hiriéndolo lo que causó que se quejara del dolor.

- M-Malnacida.

- Por eso, no podrás tener tu lanza de vuelta ya que fue purificada gracias al sacrificio de Virgo y Águila, además, decidí mandarla a otro lado en donde estaría lejos de cualquier Berserker.

- Purificar mi lanza es algo que no debieron hacer, ¡es un pecado contra los dioses hacer algo así!

- Mis Caballeros son guerreros que no mueren en vano, tanto Shinji de Virgo como Waka de Águila serán recordados como héroes al hacer eso, por eso decidí ocultar esa arma y no podrás tenerla ya que mi cosmos la ha bañado también.

- ¡Eso es trampa Athena! – gruñó con fuerza el dios, no obstante, este se quedó callado por un momento – pues bueno, vamos a enfrentarnos en la batalla final.

- ¿Batalla final?

- Así es, vengan si tienen el coraje de enfrentarse a mis demás guerreros los cuales defenderán mi templo en ese sitio que llaman Roma, estaré esperando a que lleguen y esperen su muerte.

- ¿Qué planeas hacer Ares?

- Pues vamos a enfrentarnos con lo que queda de nuestros ejércitos, así que espero que sepas cómo hacer para que puedan ganar.

- Ares – la peli lila apretó con fuerza su báculo – iré con mis Caballeros a batallar contra cualquiera enemigo el cual nos quiera dar pelea.

- ¡Por Athena! – los guerreros de la diosa de la guerra elevaron sus cosmos en respuesta al llamado de su diosa quien se sentía orgullosa de eso.

- Pues eso lo vamos a ver entonces, cuando te mate a ti y a tus Caballeros, los empalaré a todos como mis trofeos de guerra – el dios de la guerra se fue del sitio junto con sus guerreros, segundos después todo volvió a la normalidad.

- Diosa Athena, eso fue peligroso – decía Eli junto con las demás musas que llegaban al lado de la peli lila.

- No debe hacerle caso a ese malnacido de Ares, al final de todo solo tenemos que vencerlo.

- No se preocupen, confío en que mis Caballeros podrán hacerles frente a las fuerzas de Ares, los guiaré lo mejor que pueda, después de todo, nuestra fuerza viene del corazón y la confianza que tienen en sus compañeros y amigos.

- Lo entiendo, lamento haber dudado de usted diosa Athena.

- No hay de que disculparse, vamos a batallar juntos para que el mundo esté mejor y seguiremos así defendiendo este planeta – la diosa hablaba con seguridad, una que llenaba de confianza a sus guerreras.

- ¿Entonces qué hacemos ahora? – preguntó Shiho a un lado de las musas.

- Sencillo, vamos a reunir a todo nuestro ejército para que vayamos al enfrentamiento final contra Ares, pero antes, deberemos entrenar un poco para cuando nos toque batallar contra nuestros enemigos.

- Entendido.

- Kana, ¿estás bien? – con el Patriarca, este estaba yendo hacia su amante quien estaba sentada en el suelo tratando de recuperar las energías que había perdido en su batalla.

- Algo golpeada, pero pude vencer a mi enemiga, aunque tú también venciste a Phobos ¿verdad?

- Así es, aunque pensé en todo el rato en que te habría pasado algo – los dos estaban en su propio mundo por lo que el castaño llevaba a su amada sobre su espalda, luego fue a su hermana – Claud, ¿estás bien?

- No te preocupes, estoy bastante bien, esos tipos no me hicieron nada – río la morena – creo que tienes que atender más a Kana, ella sí parece herida luego de vencer a su enemiga.

- Sí, la llevaré a que descanse por mientras, además, puede curarse un poco con el agua de la Armadura de la Copa.

- ¿La Armadura de la Copa?

- Luego te contaré eso, así que mejor vámonos a descansar, luego hablaremos esto – ambos hermanos asintieron, Asuka y Pei Pei iban detrás de él a acomodarse en sus casas, aun así, los demás guerreros fueron hacia la cámara del Patriarca en el que los guerreros heridos bebieron un poco de agua de la Armadura de Copa.

Las heridas no parecían estar ahí, rápidamente cicatrizaron y sus fuerzas estaban restauradas por lo que fue algo que sorprendió a muchos.

- Supongo que era cierto lo del mito del agua que posee la armadura de la Copa – decía Shiho.

- ¿Y quién es el portador de esta armadura? – preguntó Ramón.

- Es la pareja de Alférez-san.

- Oh, ¿Yumi? – la Saintia de Perseo asintió – no recordaba que ella poseía esta armadura.

- Patriarca, usted sabe sobre esta armadura ¿no es así?

- Así es, por lo que tengo entendido, en la Era mitológica, Athena había bebido de esta copa para saciar su sed en el campo de batalla antes de que esta se convierta en una armadura. En su forma object, la misteriosa armadura tiene el poder de convertir el agua o líquido que se vierta en su interior en un poderoso elixir con poderes milagrosos de curación, que restaura a los heridos además permite recuperar las fuerzas al beber el agua. Otro don increíble que concierne al líquido vertido en la armadura, esta se convierte en una "ventana al futuro", ya que al observar la superficie del líquido en la armadura muestra augurios para quien se refleja en el líquido de la misma – terminó de explicar el castaño al lado de su hermana.

- Ya veo, entonces poseía casi los poderes curativos de Kurumi.

- Así es, aunque tuvimos esa baja luego de que la guerrera de esta armadura tuviera a su hijo, además de que Alférez-san no permitiría que ella batallara en ese estado – decía Shinonome, Pei Pei asintió sabiendo la situación de Yumi y Rafael.

- Por cierto, necesitaremos entrenar aún más para darle la batalla a los enemigos que vendrán a continuación – Kurashiki habló llamando la atención de los demás – si Tsukumo-san quedó así por su pelea contra una diosa como Keres, no quiero imaginar si nos toca pelear contra un enemigo poderoso.

- Necesitaremos entrenar más, por lo que nuestro cosmos tendría que aumentar más – la de la armadura de Sagitario exclamó por lo bajo mientras que se iba del lugar, Joan no dijo nada ya que entendía que Shinonome no estaba del todo bien sabiendo que no había sido, según ella, de mucha ayuda en esta guerra.

- Creo que necesita tiempo para ella sola, no nos queda mucho tiempo antes de la batalla final contra Ares – susurró el castaño – si Shinonome quiere entrenar que lo haga.

- Muy bien, entonces nosotros entrenaremos por nuestra cuenta – Hibiki habló al lado de Tomoe – diablos, si Ramón no estuviera maldito por Ares le pediría que nos entrenara con fuerza.

- Lamento no ser de utilidad – río a un lado el moreno.

- No digas eso, ya nos entrenaste a todos antes de esto, gracias a ti es que tenemos estos poderes y hemos llegado lejos, ahora nos toca hacerlo por nuestra cuenta.

- Muy bien – Joan se dirigió hacia los demás – ¡vayan a descansar mis soldados! Mañana deberán levantarse a superarse lo mejor de sí mismos.

- ¡Sí! – unos minutos después, los soldados y Caballeros de Bronce y Plata sobrevivientes regresaron a sus posiciones a tomar algo de descanso, mientras que los Dorados bajaron a sus templos zodiacales.

Mientras tanto con el noveno templo, Shinonome estaba sentada en las afueras de su templo, esta solo veía el cielo estrellado, la presencia de Ares se había disipado por lo que esta puso ver las estrellas encima de ella.

Ella estaba pensando en que debía hacer, desde que obtuvo el rango dorado no había tenido una batalla memorable ya que las demás chicas hicieron muchos trabajos, mientras tanto, ella no había hecho que realmente hubiera importado.

Salvó a Nozaki de ser atacada por las Amazonas cuando la intentaron atacar estando herida, aun así, eso fue hasta después que llegó, luego de eso, no fue nada más.

- Pensativa como siempre ¿no es así Ryo? – la peli azul se alarmó por eso, pero esta se dio cuenta de quien se trataba.

- Ramón, ¿Qué haces aquí?

- Pensé en venir a verte, cuando te fuiste me di cuenta de que estabas molesta por alguna razón, aunque espero que sepas que no me puedes mentir.

- ¿A poco eres adivino?

- No es por nada, pero es que se te nota frustrada.

- Lo entiendo – susurró la peli azul con la mirada oculta en su cabello – no he tenido una batalla real desde que obtuve la armadura de Sagitario, solo fue un enfrentamiento contra las Amazonas el cual no duró mucho, luego de eso Otori, Kurashiki y Claudia-san fueron a Asgard a batallar, aunque luego de eso fueron más batallas y me siento… como si no pudiera darle con todo mi poder a un verdadero enemigo, quiero hacerme más fuerte.

- Entiendo cómo te sientes Ryo, el poder de la armadura de Sagitario es algo que realmente da como un peso grande ya que verdaderos héroes la han portado como lo fueron Sísifo y Aioros de Sagitario, aun así, no te desanimes en demostrar el verdadero poder que posees, puede que pienses que no tienes el poder para defender esta constelación, pero te digo, no te des por vencida, sé que podrás hacerlo bien, solo ve con cuidado.

- Lo sé, aun así…

- Tengo en mente algo – al hondureño se le vino algo a la mente – por las memorias de Pegaso y sé que también las tendrás, el Caballero de Pegaso del siglo 18, Tenma, se fue a entrenar a una isla en donde tenía un maestro el cual era conocido como el demonio de esa isla.

- ¿No me estarás diciendo que…?

- No pierdes nada con intentarlo, si logramos entrenar ahí posiblemente logres aumentar tu cosmos.

- Pero sabes que tú no puedes entrenar o invocar tu cosmos de ese modo o si no…

- No te preocupes, estaré bien así que es mejor que nos vayamos esta misma noche.

- Tendré que avisarle al Patriarca.

- Iré yo a decirle – el hondureño fue de nuevo hacia la sala del Patriarca en donde pasó hasta donde estaba el castaño casi subiendo a Star Hill, este le explicó la situación con la peli azul.

- Comprendo eso, aunque es algo arriesgado dejar el Santuario sin un Caballero Dorado menos, pero permitiré eso, condúcela con cuidado amigo.

- Igual te lo digo, espero que sepas decirle a Claudia que tuve que salir – los dos se dieron la mano en tono de hermandad, por lo que sin más se despidieron, Joan tomando camino hacia sus aposentos mientras que el peli negro se iba con la Dorada.

Unos minutos después, los dos estaban saliendo del Santuario, el chico iba con ropas de calle normales mientras que Shinonome iba con ropa de entrenamiento, llevando su armadura dorada en la Caja de Pandora, ambos se dirigían hacia su destino, la Isla Kanon.

Esta isla es una pequeña isla volcánica, situada en el Mar Mediterráneo, no lejos de Grecia y el Santuario, y se compone principalmente de un poco de tierra y el cono de un volcán activo. Es un lugar conocido por sus propiedades curativas provenientes del humo que escapa de su volcán, y es visitado por Caballeros para recuperar fuerzas, sometiendo su cuerpo a los vapores.

Pasaron varias horas hasta que finalmente llegaron a su destino y aunque al día de hoy se dijera que el sitio estaba perdido, la isla estaba frente a ellos.

- Hemos llegado Ryo.

- No pensé que pudiera ver la isla Kanon con mis propios ojos.

- Pues créelo, estamos frente a ella – los dos bajaron y fueron hacia la isla en donde nada más llegar notaron un pueblo el cual lucía algo desértico, no obstante, luego se dieron cuenta de que había población que estaba escondida.

- Me pregunto de que se esconderán, es como si tuvieran miedo de algo.

- No tengo ni idea, pero es mejor que vayamos al volcán en donde entrenaremos mejor.

- Bien – mientras caminaban, estos se toparon con una anciana la cual lucía asustada mirando a ambos jóvenes – este, ¿está bien…?

- ¿Qué hacen aquí? ¡Aléjense de este lugar!

- ¿Qué le pasa? ¿Por qué nos dice eso?

- Ese volcán está maldito – decía la anciana – desde hace semanas el volcán ha entrado en una actividad muy peligrosa, pareciera como si un demonio estuviera habitando el volcán.

- Eso es algo extraño, ¿Cómo que un demonio en el volcán?

- A menos que se refiera a uno de los soldados de Ares que a lo mejor habita el volcán – susurró el hondureño a su amiga japonesa quien asintió, estos a pesar de las advertencias de la mujer, siguieron adelante.

- ¡Arrepiéntanse jóvenes! ¡El demonio de la isla Kanon devorará sus miserables vidas! – los dos continuaron adelante por lo que cuando llegaron a la base del volcán, notaron los ríos de lava los cuales eran largos e iban a dar al mar.

Aunque pasó algo que no esperaban y es que se sintió un cosmos el cual provenía desde las entrañas del volcán, aunque no solo eso, sino que eran dos que venían de ahí, no obstante, uno de ellos era más poderoso.

- Hay que tener cuidado, puede ser un peligro.

- Siento que este cosmos es familiar, no recuerdo donde lo he sentido – susurró el peli negro, en eso, aparecieron dos figuras las cuales vinieron de la lava del volcán, acto que asustó a la peli azul y sorprendió al centroamericano – ya veo… eran ellas dos.

- Ramón… ¿ellos son…?

- Sí, ellos dos seguían vivos – susurró el chico sonriendo de lado, tal parecía que dos aliados habían vuelto.

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Continuará…