Red Velvet
Capítulo 6: Descubrimiento
…
Era tonto, lo sabía.
A penas entraba ahí, apenas pasaba unos minutos con esa compañía, se daba cuenta que era la decisión correcta. Que no había ni un solo lugar donde preferiría estar en ese exacto momento.
Era cómodo, natural, y se sentía bien el estar ahí.
Un error.Tal y como le dijo su voz en su cabeza hace solo unos minutos, por más que se lo intentase negar, seguía siendo algo malo. Pero podía errar, claro que podía, era humana, podía darse un lujo como aquel.
"Salí de compras hoy, intentando huir de mi padre y mi hermano, solo quería despejarme."
Ruby le sonrió, poniendo una mano en su antebrazo, apretando suavemente su extremidad. El acercamiento la sobresaltó, pero ya empezaba a acostumbrarse. Si no fuese su clienta, y estuviese a varios centímetros de ella, está ya la habría abrazado por los hombros como si fuesen conocidas de toda la vida. Parecía esa clase de personas que tomaba confianza con facilidad.
No le molestaba, porque sabía que era con buenas intenciones. Ya que las malas intenciones ya se las conocía de memoria.
"Viniste al lugar indicado."
Se quedaron en silencio, solo unos segundos, y su cuerpo le falló. Fue como si se pusiese en su contra, justo cuando Ruby estaba lo suficientemente cerca para escucharla.
Para escuchar su estómago.
Era difícil de saberlo, pero por el calor que sentía, probablemente todo su rostro se hubiese encendido, imitando la bata de la chica.
Ruby la miraba atónita, con sus ojos muy abiertos.
Se quedaron mirando unos momentos, ella lo había escuchado, claramente, ambas eran conscientes de eso. Intentó mantenerse inerte, no decir nada, su rostro impávido, pero podía sentir su propio nerviosismo. Eso era muy poco profesional, aunque no fuese ella quien estuviese trabajando. Nunca le había ocurrido eso, jamás.
Ruby parecía intentar con todas sus fuerzas el mantener su rostro serio, sus labios se movían, apretados, formando una línea.
Estaba intentando no reírse, era claro.
"¿De qué te ríes?"
Iba a pedir perdón por la ineptitud de su cuerpo para controlarse, pero las muecas que hacía la chica la llevaron a la desesperación. Sus palabras la sacaron de su concentración, y vio como esta abrió la boca, la risa a solo un segundo de salir de su garganta, pero logró cerrar los labios antes, capturando la mayor cantidad de aire que pudo.
Ahora la veía frente a ella, sus mejillas infladas, conteniendo la respiración.
No sabía si lo hacía para no hacerla enfadar más, pero si logró hacerla soltar una risa. Se tapó los labios. No quería reírse si es que estaba enojada porque Ruby se reía, no era justo, pero no pudo evitarlo. Parecía que esta se iba a empezar a poner morada por tanto aguantar. Era una mujer peculiar sin duda, era graciosa.
"Idiota, tienes que respirar."
Le dijo, notando como realmente estaba perdiendo el color en su rostro. Esta abrió la boca finalmente, un sonido extraño saliendo de su garganta, como un suspiro, risa, y tos.
Ruby recuperó el aliento y la miró, sus ojos mirándola divertidos, pero con un dejo de disculpa.
"Lo siento, es que jamás esperé escuchar algo así de ti, cualquiera diría que tienes a tu propio cuerpo amenazado de muerte."
Ruby finalmente rio, rascándose la nuca. Iba a decirle algo, pero esta se giró, rebuscando en una de las cajoneras. Sacó un libro colorido y se sentó en la cama, golpeando el sector vació al lado de ella, su mirada seguía siendo divertida, pero mucho más tranquila que hace unos momentos, más seria, más preocupada, y más ciertamente más reconfortante.
No imaginó esa mezcla de expresiones en ella.
Soltó un suspiro pesado y le dio la vuelta a la cama, sacándose los zapatos, y se acomodó, dejando su espalda recta en el respaldo. Ruby se le acercó, pasándole el libro. Sus cuerpos estaban lo suficientemente cerca, y volvió a sentir ese aroma a rosas que pudo oler cuando estuvo durmiendo en el regazo de esta. No sabía si era su acondicionador, su jabón o algún perfume.
Abrió el libro, notando que era un menú como el que estaba en el mesón de recepción, pero este era realmente de comidas. Era como una carta de restaurante común y corriente, de hecho, se veía bastante elegante, incluso más que algunos locales a los que había ido. Los precios no eran económicos para un bolsillo cualquiera, pero si iban ahí, podían permitírselo sin problema. Ahora entendía porque Coco pasaba tanto por ahí, siendo claramente un lugar exclusivo.
Ver las imágenes de los platillos hicieron que su estómago volviese a sonar, esta vez lo ignoró. Tenía hambre, no podía culpar a su cuerpo.
Ruby, a diferencia de ella, soltó una risa a penas el sonido llegó a sus oídos.
"¿Hace cuanto que no comes, Weiss?"
Siguió volteando las páginas, sin mirar a la chica, su cabeza haciendo memoria.
"Tomé un café a las nueve."
Pudo notar de reojo como Ruby fruncía el ceño.
"Pero son las dos de la tarde, es de esperarse que tengas hambre, no puedes descuidar tu alimentación de esa forma."
Rodó los ojos antes de enfrentar a la chica, pero le impresionó la expresión de verdadera preocupación. Se vio estupefacta. El solo comparar esa expresión con la de su hermano, le daba nauseas. Vaya familia más patética que tenía. Que una prostituta pudiese mostrar más simpatía que tu propia familia hablaba mucho de lo grotesco y retorcido que era el mundo, o su vida en específico.
"Tomar desayuno en familia me quita el apetito. Y tampoco suelo comer demasiado."
Ruby pareció enojada en ese momento, y aquello le llamó la atención. Esta se apoyó en el respaldo, cruzándose de brazos. Enojada y triste. La miró con curiosidad, sin entender del todo su comportamiento.
"¿Pasó algo?"
Esta soltó un bufido.
"De haber sabido te habría traído de las galletas que hice ayer."
Sonrió al escuchar aquello. Estaba realmente preocupada, y no podía sentirse más agradecida al respecto.
"Oh no, ¿Planeas envenenarme o algo?"
Intentó burlarse de la chica, para hacerla salir de su extraño sentimentalismo, y lo logró. Esta la miró con el ceño fruncido y sus mejillas enrojecidas.
"¡Hey! ¡Comí algunas antes de venir aquí, no estaban malas!"
Iba a reírse de su comportamiento infantil, pero al escuchar eso, empezaron a llegar otras preguntas a su cabeza.
"Espera, ¿Estuviste cuanto rato con una clienta y comiste 'unas galletas' antes de venir aquí?"
Ruby la miró con sus ojos muy atentos, confusión en todo su rostro, digiriendo sus palabras, y luego simplemente asintió.
"¿Es acaso ese tu almuerzo? No eres quien para darme sermones si es que tu alimentación es así de deplorable."
Esta abrió la boca para reprocharle, pero la cerró, luego solo soltó un suspiro.
"A veces también como frutas."
Frutas y galletas-
La conversación, o discusión, no llegaría a ningún lado. Soltó un suspiro, mirando la carta de bebestibles.
"Mejor dime que es lo que me recomiendas del menú."
Los ojos plateados se encendieron llenos de emoción.
"Ay, no lo sé, todo lo que cocina Ren sabe genial. Hay un platillo escrito en un idioma que no puedo pronunciar, que es el que más elige la gente. Pero en general, todo es muy bueno. Él es muy riguroso en la cocina."
Volvió a mirar los platillos, buscando el que la chica mencionaba. Algo muy común en restaurantes elegantes, así que lo había probado unas cuantas veces, los ingredientes eran locales, así que debían de estar frescos, parecía una buena opción.
"¿Y cómo se supone que voy a pagar esto si ya pagué?"
Ruby le señaló una pequeña puerta en la pared, cerca de la puerta de servicio, levantándose de hombros con una tranquilidad y desinterés increíble.
"Te pueden venir a dejar el menú, y darte una boleta y la posibilidad de pagar con tu tarjeta de crédito. De hecho, también puedo ir a buscar yo tu comida y venir con esa máquina para que hagas el pago. No es complicado si hasta yo puedo hacerlo."
Esta se acomodó y agarró un teléfono que ahí había, y jamás se había percatado de la existencia de dicho aparato. Ruby la miró, poniéndose el teléfono en el oído.
"¿Lista para pedir?"
Asintió, divertida de ver cómo era Ruby quien iba a darle el pedido a los de la cocina.
Le dijo el menú que quería, y el bebestible que quería, y cuando Ruby iba a marcar un número, le dijo algo más.
"¿Tu qué quieres comer?"
Ruby la miró, sorprendida, o más que sorprendida, atónita. Esta negó rápidamente, el teléfono temblando ligeramente en su mano.
"Weiss, no puedo pagar eso. Y no sería profesional el estar comiendo contigo."
El rostro de esta le decía que sus palabras eran las más obvias de la tierra, y por su parte imitó esa mirada.
"Obviamente voy a pagar yo, y no voy a comer en frente tuyo mientras tu no haces lo mismo, es muy poco protocolar."
Ruby se quedó en silencio, su rostro enrojeciendo y su mano libre dirigiéndose a su nuca. Sus ojos brillaban con calidez, y sintió por un momento que el gesto fue muy bienvenido por la chica, así como los gestos de esta eran muy bienvenidos por su parte. Sonrió al pensar en eso. Finalmente, Ruby asintió y apretó un botón, pasaron unos segundos para que se escuchara una voz por el auricular, no pudo entender nada ante la lejanía, pero se notaba que la persona al otro lado de la línea parecía animada.
"Hola, Nora, te voy a pedir dos menús del 24. Avísame para ir a buscarlos."
También le dijo el bebestible que querían y la otra persona le siguió hablando, y ahí estuvieron. Por último, Ruby soltó una risa, acompañada de la risa de su interlocutora. Parecían amigables con la otra.
No recordaba a alguien en su empresa a quien pudiese hablarle de esa forma.
Debía de sentirse bien.
Tal vez lo tenía todo de cierta forma, pero de otra, no tenía absolutamente nada. Ruby era diferente, no tenía muchas cosas, pero en cambio, tenía un trabajo que le gustaba, tenía a su hermana y a sus amigos. Y si bien le había dicho que no era buena haciendo amigos, claramente los hacía sin siquiera proponérselo con su carisma innato. Simplemente estaba en su personalidad buena y amigable, atraía a las personas de forma natural.
Luego de unos momentos más de conversación, Ruby colgó el teléfono, y tomó el menú que seguía encima de su cuerpo. La vio estirarse y volver a abrir la cajonera, y notó un segundo libro ahí.
"¿Y ese?"
La menor se puso tensa de inmediato, y soltó una risa nerviosa.
"Oh, no, esto no es nada."
Oh no, claro que era algo. Ruby Rose tenía una honestidad desbordante, y notó el engaño en sus palabras. No era algo molesto, como usualmente lo era con la gente que mentía, pero nuevamente, lo de Ruby era inofensivo, y más bien parecía que intentaba protegerla, pero no necesitaba protección, era Weiss Schnee, se podía proteger perfectamente bien sola.
"Pásamelo."
Ruby soltó un suspiro, bajando sus hombros, y tomó el segundo libro ahí escondido y se lo pasó, su mirada baja y sus mejillas rojas.
Bueno, al parecer la pelinegra de verdad quería protegerla.
Al abrir el libro, notó que era una mala decisión.
Juguetes sexuales.
Nuevamente su rostro se bañó en rojo, al igual como cuando sonó su estómago, pero mucho peor. Se quedó con el libro en sus manos, sin saber que hacer ahora que lo tenía ahí. Tragó sonoramente, y comenzó a mover las páginas, fingiendo que no pasaba nada, que era lo más normal del mundo. Se sintió igual que cuando estaba en el mesón hojeando el menú de disfraces.
Cerró los ojos luego de un punto, recuperando el aire.
"Esto es tan o más vergonzoso como ver los atuendos del mesón."
Ruby soltó una risa, y se acomodó a su lado, sintió la mano ajena en su espalda, trazando círculos. Parecía estar animándola. El tacto se sentía agradable, pero no ayudaba a su vergüenza.
"Cuando Yang me mostró todo esto, yo estaba igual. Es un poco impactante la primera vez."
"Probablemente lo siga siendo las veces siguientes. Quería que estuvieses más cómoda, pero nada de lo que vi lucia cómodo."
Ruby volvió a reír, acomodando su espalda en el respaldo. Comenzó a jugar con unos mechones de cabello de su flequillo.
"Yo le dije a Velvet que debía existir una opción de ropa casual, pero no me escuchó."
Observó a la chica, y analizando aquello, si, con unos jeans y una camiseta sería suficiente.
"Yo habría escogido esa opción."
La menor volvió a acomodarse, rozando su brazo con el suyo, dándole un leve empujón que no supo si fue de adrede o no. Su risa seguía revoloteando en sus labios, se veía divertida y despreocupada. Intentó fijarse en otra cosa, ya que era demasiado consciente de la cercanía que tenían ahí recostadas. Lamentablemente la única distracción que tenía era el libro, así que se vio en la obligación de seguir ojeándolo. Era complicado.
"¿Y esto? ¿Como se supone que funciona? ¿Los venden o los arriendan?"
Intentó no mirar a la chica, pero podía sentir su aliento rozándole el rostro, y este olía a menta. Así como su cuerpo aún tenía esa calidez propia de una persona luego de darse una ducha caliente. Nunca había sido consciente de todas esas cosas, pero todos los aromas y sensaciones eran muy claras en ese instante. La vergüenza la hacía percatarse de cosas que no necesitaba percatarse.
"Los vendemos. Hace mucho tiempo, solíamos arrendarlos, pero no vayas a asustarte, los sometíamos a baños especiales para eliminar toda bacteria. Estaban incluso validados por los mismos sujetos que verifican la comida. Lamentablemente un hombre puso una denuncia, porque supuestamente se le había pegado una enfermedad y culpó el servicio. La cosa graciosa es que no fue por eso, sino porque la mujer le era infiel y ella lo había contagiado."
Pensó en 'pobre hombre' por un segundo, y luego recordó que si estaba en ese lugar usando los productos que arrendaban era porque estaba con una trabajadora sexual que claramente no era su esposa. Se imaginaba que era algo así como 'doble karma'.
"Desde ese día que Velvet decidió venderlos. No es tanta ganancia, pero ha conseguido muchos tratos con empresas fabricantes, así que le hacen precios por los productos y ellos ganan publicidad. Todos ganan."
"Los negocios mueven el mundo."
Ruby soltó una risa.
"Me imagino que tu si sabes de esas cosas."
Si, así era. Llevaba muchos años sabiéndolo, pero ahora, más que nunca, era pan de cada día.
Siguió ojeando el libro, eran bastantes páginas. Incluso había al final una sección con los trajes que había en el mesón. Al parecer también podía decidir a última hora el atuendo que quería para su acompañante. Los podía comprar también. Interesante.
Notó como Ruby se removió, algo inquieta. Al parecer estuvo muy callada y Ruby no podía aceptar tanto silencio.
"Entonces, Weiss, ¿Quieres comprar algo?"
Dio un salto, mirando a la chica con estupor bañando su rostro.
"¿Estás loca? No sé qué va a pensar de mi la servidumbre si entran en mi cuarto y encuentran alguna de estas cosas."
Ruby la miró con los ojos bien abiertos, y le dio una sonrisa pícara.
"Oh vamos, solo van a pensar que la señorita Schnee se divierte en su tiempo libre."
Rodó los ojos, negando, y usó el mismo libro para darle a Ruby en la frente. Esta solo soltó un chillido, riendo como una niña pequeña. No pudo evitar sentirse sonrojar ante la chica, como ahora pronunciaba su apellido correctamente, y sonaba diferente a como lo había escuchado toda su vida.
No entendía nada, pero claramente necesitaba hablar con más personas, ¿Como le iba a afectar tanto el pasar tiempo con alguien? Realmente el aislamiento le estaba haciendo fatal.
"Prefiero mantener mi reputación antes que tener a esas señoras murmurando en los pasillos."
Pudo notar el puchero en la chica, hasta que una luz se iluminó en su cabeza, lo que era claro por su expresión emocionada.
"Hay personas que comprar los juguetes y nos piden que los guardemos por ellos. Ya sabes, también quieren ocultarlo."
Miró a la chica, sus ojos observando cuidadosamente a los plateados. Esta parecía satisfecha con su intervención, pero por su parte, no. No podía entenderlo y esperaba recibir más datos, pero por lo que veía, Ruby no entendía a que venía su confusión.
Finalmente soltó un suspiro.
"Necesito una mejor explicación."
Ruby pestañeó y ahí recién captó. Al parecer sus miradas intensas solo servían en los miembros del consejo. La chica parecía inadvertida con todo aquello.
"Pues, a ver, digamos que compras esto para usar conmigo."
Justo apuntó una especie de dildo doble súper largo. Lo miró por un segundo y no pudo mantener la mirada. Era demasiado gráfico, y pensar en usarlo con ella, era…
No tenía palabras para definirlo, pero si le daba vergüenza, mucha vergüenza. Era una mujer tradicional, demasiado tradicional, odiaba eso de sí misma pero no podía saltar al abismo tan pronto. Estaba avanzando paso a paso. No quería desmayarse.
"Entonces acaba nuestra cita y me lo encargas. Yo lo limpiaría y lo guardaría para la próxima vez que vengas. Algunos suelen dejar un mensaje en recepción. A nosotros nos llega un mensaje, en plan, habitación número tanto, ropa tal, botella de vino o lo que sea que pidan para beber o comer. Entonces a mí me llegaría el mensaje que tú quieras añadido a eso. Si me llega 'el águila sale de su nido' yo diré, oh vaya, quiere que lleve su juguete, de acuerdo."
Lo del águila la dejó estupefacta. Dejó su mano en su rostro unos momentos, sintiendo vergüenza ajena. No sabía si reír o llorar.
"Ahora sé que ese mensaje jamás lo pondré."
Ruby solo rio masajeándose el cuello.
"Hay mensajes aún peores."
Lo imaginaba, y honestamente, no quería imaginarlo.
"¿Y entonces qué? ¿Como yo sé que no lo usaste con alguien más?"
Ruby ladeó su rostro, pensativa, se había sentado con las piernas cruzadas y sus manos estaban firmes en sus pantorrillas.
"No hay forma de saberlo, supongo que solo deberías confiar en mí. Es muy poca la gente que hace eso, normalmente son clientes asiduos, así que tienen cierta seguridad de que su acompañante es de fiar. Ya sabes, confidencialidad. Tú me diste tu nombre y confiaste en mi para guardarlo, pasa lo mismo con eso. Y bueno, imagino que a muchos ni siquiera les importa."
Cerró el libro y se lo pasó a la chica, sintiendo la migraña volver. El solo pensar en esa anti higiene, la hacía sentir vulnerada. No confiaba en Ruby lo suficiente, y bueno, aunque le confiase la vida, probablemente siguiese siendo algo conflictivo para sí misma. Si algún día quería entrar en ese mundo, iba a tener su propia caja fuerte para guardar esas cosas.
La servidumbre se caería de cabeza si se enteraban que lo que guardaba la señorita Schnee en esa bóveda de máxima seguridad no eran joyas como creyeron, si no que juguetes sexuales. Final inesperado.
Salió de su trance cuando escuchó la risa de la menor.
"Tienes una mueca graciosa."
"¿Gracias?"
Pudo sentir su mejilla arder cuando la mano de Ruby rozó la zona.
Oh Dios, se sentía como una adolescente.
Cerró los ojos, sintiendo la mano por completo apoyada en su mejilla, le avergonzaba tanto el tacto como el rostro de Ruby que parecía diferente que hace unos momentos, más madura, más de su edad.
En esos segundos, con el más mínimo tacto, se sentía vulnerable. Débil. Su cuerpo palpitando desesperada, y su mente supliendo sensaciones que creyó tener en el pasado pero que jamás existieron.
¿Qué le estaba ocurriendo?
En momentos así se daba cuenta de cuan sola estuvo.
Nunca iba a ser normal.
Capitulo siguiente: Calidez.
Un capítulo relajado para la pobre Weiss que merece un descanso. ¿Acaso superará su aversión con estás cosas? Es un misterio, incluso para mí. ¿Se dará cuenta que está teniendo un montón de gay panic en todos estos capítulos? Quédese a averiguarlo.
Espero hayan disfrutado este capítulo, y espero saber su opinión respecto a esta historia algo tabú, eso me ayuda como escritora.
Nos leemos pronto.
