Red Velvet

Capítulo 7: Calidez

Se sentía extraña.

Desde que era una niña que se consideraba una persona solitaria. Incluso en su vida de pareja, en su vida de prometida, en su vida perfecta, seguía sintiéndose sola.

Él no la entendía.

Lo único que tenían de parecido, eran sus buenas apariencias y su alto estatus social.

Fuera de eso, lo demás era muy poco.

Desde que se separó, comenzó a entender todo, y a repudiar la vida de compromiso que estaba teniendo, dejándose llevar por su familia, tal y como pasó en su adolescencia. Se marginó a sí misma en un estado de absoluto conformismo.

En su cabeza pensó que no había nada mejor, que no existía nada diferente. En su mente, todas las familias eran como la suya, todos sus conocidos eran como los suyos, y todas las parejas eran como la suya. Vivir en lo más alto de Atlas, le daba la razón. Todos eran iguales. Copias los unos de los otros, creados bajo el mismo adoctrinamiento.

Curioso era que el único lugar que parecía autentico, fue sacado de una persona que todo su círculo consideraba 'bohemio'. Coco clasificaba en esa definición. Si no tuviese tanta clase, tanto dinero, tanta apreciación por la moda y las artes, sería calificada como una loca. Su estatus la mantuvo en lo alto, le permitió mezclarse con la alta y asquerosa sociedad. La aceptaban lo suficiente para ignorar la clara diferencia de personajes. Para ignorar sus peculiaridades.

Agradecía el haberse amistado con ella. Fue una buena influencia, de cierta forma. Al menos ahora no sentía tanta culpa por hacer lo que estaba haciendo. Si no la conociese, se flagelaría por el simple pensamiento de ir a un prostíbulo. No, incluso con ella en su mente, aun se flagelaba.

Esa calidez que pudo conocer gracias a Coco, no la conocía en ningún otro lugar.

Se quedó ahí, inerte, por quien sabe cuánto tiempo. La mano de Ruby seguía en su mejilla, y la mantuvo ahí, acariciando su piel con una suavidad y consideración indescriptible.

Se estaba derritiendo ante las sensaciones.

Ruby era tan humana. Nunca había conocido a alguien tan humana en sus veintisiete años de vida. Sentía sus interiores estremecerse. Nada tenía sentido, sus acciones no tenían sentido, su sentir no tenía sentido, sus decisiones no tenían sentido.

Pero así era Weiss...Solo Weiss.

Ahí dentro, podía librarse de lo que la mantenía presa en vida. De la máscara que había hecho suya para mantener su posición en la sociedad.

Sentía asco de sí misma al verse ahí, pero sentía incluso más asco de sí misma al haberse convertido en la mujer que su padre quería que se convirtiese, esculpida en marfil tal y como él quería. Un peón. Eso le daba verdadero asco. ¿Como pudo perderse tanto en esos años?

El teléfono sonó, asustándolas a ambas. Sintió su rostro arder, y al menos Ruby se giró para contestar y así logró evadirla lo suficiente para calmar sus mejillas al rojo vivo. ¿Que estaba haciendo? No entendía absolutamente nada. Iba ahí para relajarse, incluso con la intención de tener sexo, pero no, ahí estaba, vislumbrando lo feliz que era ahora que iba a un recinto que prestaba servicios de compañía.

Su cabeza y su corazón era un caos.

Ese era el mundo de los vivos, y no estaba lista aun para estar ahí.

Ruby se levantó de la cama, arreglando su bata, y caminó a la puerta. La vio detenerse, volteando para que sus ojos conectasen. Esta le dio una sonrisa, tan cálida como toda su personalidad.

"Iré a buscar el almuerzo, ponte cómoda."

Se quedó ahí, sin decir nada, mientras veía a la chica desaparecer por la puerta.

Ya sola, respiró hondo.

Me das asco.

Era una estúpida, eso era claro.

Se levantó y fue hasta su bolso, el cual estaba colgado en el perchero y buscó su cartera. Tenía que pagar por el almuerzo de todas formas, así que dejó la tarjeta de crédito a mano y se sentó en la pequeña mesa, esperando. Ruby no se demoró mucho, la escuchó golpear la puerta unos minutos después, así que se levantó para recibirla. Tenía una bandeja en su mano, que dejó rápidamente en la mesa, para luego ir a la pequeña puerta y buscar una segunda bandeja.

El aroma le abrió aún más el apetito.

Se sentó, y Ruby insistió en que empezara a comer.

No era algo de etiqueta, pero seguía sintiéndose muy estricta para estar pegadas en esa pequeña mesa en ese motel.

Al final, olvidó todo cuando comenzó a comer. Se sentía muerta de hambre. Hacer dietas le había achicado bastante el estómago, pero llegó a creer que iba a comerse todo lo del plato.

No fue así, pero la sensación la tuvo.

Sus almuerzos últimamente era tomarse un café en su oficina o comprar una ensalada al delivery más cercano. Era extraño comer de manera normal, a una hora normal, sintiéndose normal. Las comidas en su casa eran las más nutritivas sin duda, sin embargo, también eran las más desagradables. Su padre no permitiría que fuese a su cuarto a comer, a menos que se encontrara indispuesta, y no podía fingir aquello todos los días, aunque desearía poder hacerlo.

A veces envidiaba a su madre, encerrada en su estudio, bebiendo y comiendo a solas.

Odiaba la soledad y el aislamiento, pero preferiría eso antes de aguantar a su padre y a su hermano juntos en una misma mesa, hablando casi como si fuesen el doppelganger del otro, sonriéndole mientras la criticaban y la herían sin remordimiento. Ese enano cada día se parecía más a su padre, y aquello solo le causaba repulsión.

¿Ella se estaba convirtiendo en su madre?

Negó con el rostro, alejando el pensamiento aquel que solo amargaría el resto de su comida.

Bebió de su jugo, mientras miraba de reojo a la chica a su lado, la cual devoraba todo lo de su plato. Parecía tener un apetito feroz, o simplemente era buena para comer. Parecía que ni siquiera masticaba. Le iba a decir algo al respecto, pero no se sintió en la postura de regañarla.

"Si te quedas con hambre, come lo de mi plato."

Ruby la miró, ladeando su rostro en confusión. Aún tenía comida en su boca y comenzó a masticar más lento, como que pensar y masticar era complicado para ella. Luego de unos momentos tragó, y al fin abrió la boca para hablar. Tenía la sensación de que, si hubiese más confianza entre ellas, Ruby habría preguntado con la boca llena, sin duda.

"¿Por qué? ¿No te gustó?"

Negó, limpiándose los labios con una servilleta, y haciéndole un gesto a Ruby para que hiciera lo mismo, ya que había un poco de salsa en su rostro. Esta no se enojó con la observación, solo rio nerviosa como una niña.

"Me pareció delicioso, lamentablemente no creo que pueda comer más. Mis comidas suelen ser ligeras, así que todo esto era demasiado para mí."

Eran comidas contundentes para ser tan elegantes, pero era de imaginarse que gran parte de las personas que ahí estaban necesitaban una comida grande para tener energías para seguir…No quería pensar en eso o se iba a avergonzar, de nuevo.

Ruby frunció el ceño por unos momentos, dudando, pero creyó en su palabra y le arrebató su plato, comiéndose el contenido en solo unos segundos. La miró estupefacta, pero no pudo evitar reír. Pudo notar vergüenza en la chica cuando se dio cuenta de que reía de ella, y se sintió un poco mal por hacerla sentir incomoda, pero la sonrisa que le dio, le hizo olvidar eso rápidamente.

Era una buena persona la que tenía en frente, de eso era claro.

La menor se relajó en la silla, soltando un suspiro.

Si su padre la veía hacer algo así, sería una hora de reclamos, y en parte, si estuviesen en un restaurante comiendo, probablemente haría lo mismo.

"Esa no es la actitud de una señorita."

Le dijo, apoyando el rostro en su mano, y usando su puño para esconder su sonrisa, la cual no se podía quitar. Ruby dio un salto, arreglándose la bata y poniendo la espalda recta, en un fallido intento de verse de alcurnia.

"Mis disculpas, señorita Schnee. Perdí el decoro por un momento, pero no se preocupe, no volverá a ocurrir."

Esta dijo, mientras se limpiaba los labios con la servilleta, de una forma muy incompetente, porque cuando bajó la servilleta, la mancha de salsa seguía ahí.

Apuntó su propio rostro, justo en la zona donde seguía la mancha, y Ruby entró en pánico, saliéndose de su papel actuado, limpiándose ahora con brutalidad como su tuviese un parásito pegado en la cara y quisiera extirparlo. A ese punto, ya no pudo aguantar la risa. Notó de reojo como esta hizo un puchero, sus cejas levantadas haciendo ver toda su expresión en una agonía y tristeza absoluta.

"¿Tal mal estuvo?"

Dejó de reír, y siguió en su posición anterior, mirándola divertida.

"Fue horrible, nadie caería en esa pobre actuación."

Ruby soltó un suspiro, sus hombros caídos y su expresión frustrada.

"Te he decepcionado, Weiss."

Negó, aun sonriéndole.

"Desde que tengo memoria que me educaron para vivir en la alta sociedad, si hubiese nacido en una familia diferente, en una parte diferente del mundo, tal vez también tendría aquellos problemas con la etiqueta. Así que no te preocupes demasiado."

Ruby negó, poniendo sus manos en la mesa, su rostro determinado.

"Oh vamos, Weiss, aunque nacieras en la familia más pobre del mundo, sé que seguirías teniendo esa esencia elegante. Creo que es hasta natural en ti."

Ruby asentía, sonriendo para sí misma, como si lo que dijese tuviese el mayor sentido. ¿Era así?

Sus palabras la dejaron pensando más de lo que debería.

Ser perfecta.

Ser única.

Ser superior al resto.

Se acostumbró a oír eso, a sentir el peso del mundo en sus hombros desde que era niña. Tal vez pensaría que su hermano tenía más peso que ella, pero no era así, ya al ser hombre, ya había menos rigidez en su vida. No requirió un entrenamiento, ni tampoco un adoctrinamiento.

No sabía hasta donde la teoría de Ruby podría ser verdad, pero tenía claro que su dedicación a su posición fue variando con el tiempo. Como en su adolescencia, donde su camino debió ser rectificado. Ver a su hermana irse, tomar su propio camino, hacer a un lado los deseos de su padre, le dieron los ánimos para hacer algo similar, pero ella fue a cumplir los deseos de otro hombre, un militar, y tampoco quería eso para su futuro. Su huida no duró mucho, y casi pierde la vista a causa de eso.

Hubiese deseado conocer a alguien como Coco cuando era incluso más joven, y tener la clara representación de ser libre y hacer lo que debes hacer, todo a una buena edad. Aunque claramente su trabajo era más placentero y ella lo disfrutaba genuinamente. Tenía más hermanos así que la responsabilidad no caía solo en ella, aun así, usó esa motivación para tener su propia empresa construida por ella misma. Debió hacer algo similar, pero ya era muy tarde para eso.

Se había acordado mucho de Coco últimamente, iba a agendar una junta, y así se sentiría mejor sabiendo que lo que hacía en ese instante no era algo malo como se lo decía la voz tras su cabeza.

Dio un salto cuando sintió la mano cálida de Ruby en la suya.

Se vio perdida en sus pensamientos.

Ruby tenía una mueca preocupada, y si, honestamente preocupada.

"¿Dije algo que te molestó?"

Negó, restándole importancia. Y en realidad, no importaba. Quería dejar de estar ligada a su pasado, a su familia, así que debía empezar a afrontar que era parte de su existencia y que no iba a desaparecer de un día a otro, por el contrario, iba a estar ahí hasta su muerte, pero debía aprender de una vez por todas que no iba a definirse más por eso. No iba a volver a caer en ese mundo que tanto repudiaba.

Se quedó mirando su mano en la ajena, en ese tacto que ahora se le hacía tan común, pero no recordaba ni una sola vez que alguien le hiciese un gesto así. Incluso las personas cercanas a ella tenían claro que apreciaba su espacio personal, pero Ruby no sabía eso, así que simplemente lo hacía porque así lo quería.

Tal vez era solo una función de su trabajo, pero tenía esa sensación de que, si Ruby quería hacer algo, lo iba a hacer, y también era lo suficientemente consciente de la otra persona para pedir permiso y perdón, si es que creía que sobrepasaba un límite.

Ojalá todos fuesen así.

Cerró los ojos, respirando profundamente. Ruby mantuvo su mano en la suya, y se quedó inerte, esperando, siendo paciente. Cuando la miró, esta dio un salto en sorpresa. Era realmente como un cachorro, no tenía duda.

"Supongo que estoy demasiado acostumbrada a sentir lastima por la vida que tuve."

Se levantó, liberándose del agarre de la chica, sintiéndose abrumada. Era demasiado silencioso ahí. Recordó los botones de la habitación, que asumió estarían en un lugar similar a la primera vez que los vio, cerca de la puerta de servicio. Logró hacer que la música funcionase, y era solamente una música instrumental, y ese hecho, la ayudó de inmediato a relajarse.

Extrañaba la música, pero ahora, con su vida tan ocupada, ya era algo que había abandonado como el resto de su vida. Como su libertad.

Se quedó ahí, mirando los botones, tal vez por más tiempo de lo que imaginó. Se sorprendió cuando volvió a sentir el tacto en una de sus manos. Ruby estaba tras suyo, y casi podía ver el rostro de la chica en su cabeza.

"¿Quieres hablar?"

Se movió, soltándose una vez más, pero esta vez fue para voltearse y mirar a la chica. Se sorprendió al verla con los brazos extendidos. Ofreciendo algo. Ofreciendo un abrazo.

Al parecer estuvo demasiado rato mirando a la chica, perpleja, o más bien, perpleja mirando su gesto. No imaginó algo así, y no sabía qué hacer en una situación así. Nadie le había ofrecido un abrazo, ni siquiera su hermana cuando eran jóvenes, hacer algo así cuando estaba vulnerable era algo que no existía. Se tuvo que consolar por sí misma por mucho tiempo, hasta ignorar que eso era una necesidad humana. Realmente su vida era un asco.

Ruby finalmente bajó sus brazos, su rostro enrojecido. Sus manos se fueron a su espalda, sus hombros temblando ligeramente con la risa nerviosa que salió de sus labios.

"¿Muy pronto? Lo siento, pero insisto, ¿Quieres hablar?"

Sonrió a la menor, apreciando sus esfuerzos, y asintió. Caminó por inercia a la cama, y se sentó en la orilla. Pensó que Ruby haría lo mismo que la primera vez que estuvo ahí, sentándose a su lado, apoyándola silenciosamente, pero le impresionó el verla saltar a la cama, y se sintió avergonzada al sentir el calor de esta en su espalda, como cuando sucedió lo del masaje. Esta estaba cómodamente sentada tras de ella, y sintió como los dedos de esta comenzaban a moverse por su cabello.

Tal vez era una luz verde para ella, el jugar con su cabello, ya que lo hizo la primera vez y no hubo queja, aunque ese día en particular llevaba horas sin dormir y en realidad no tenía demasiadas energías para quejarse. Ahora podría hacerlo, ahora podría decirle que no, que no le gustaba que jugaran con su cabello, que lo cuidaba demasiado bien para aceptar algo así, pero fue casi mágico, como los dedos se movieron por los mechones largos, su tacto era analgésico. Debió ser gracias a eso que cayó dormida tan rápido.

Estaba loca, sin duda alguna.

"Mi hermana tiene el pelo tan largo como tú, pero no deja que nadie se lo toque, así que supongo que me dan muchas ganas de tocar el tuyo por lo mismo."

Se relajó, la voz de Ruby siendo unos decibelios menos chillona. No es que le molestara la voz de la chica, aunque sonase demasiado inmadura para su edad, pero apreciaba como podía sonar más grave en ciertos momentos, cuando tu personalidad cambiaba y mostraba la madurez que tenía. Tal vez esta también tenía una máscara, que la hacía lucir despreocupada e infantil, pero en el fondo era madura e intensa.

No era la única con máscaras.

"¿Y porque no te lo dejas crecer y juegas con tu propio cabello?"

Ruby soltó una carcajada, la cama removiéndose con ese simple movimiento.

"Oh no, no me llevo para nada bien con el peine. Somos enemigos mortales. De hecho, suelo cortarlo cada vez que llega a mis hombros y el tiempo extra en la ducha lavándolo me cuesta la vida. Es horrible."

"Te morirías con mi cabello entonces."

Soltó una leve risa, burlándose del poco cuidado que tenía la chica con su apariencia. No usaba maquillaje alguno ni lucia como el tipo de chica que se preocupaba de esas cosas. Era natural por completo, si es que los tatuajes podían considerarse naturales.

Ruby se quedó callada unos momentos, sus manos jugando con su cabello, haciendo que este cayese como una cascada desde una mano a otra. Se giró levemente, y notó los ojos plateados grandes observándola, curiosos.

"¿Cuánto tiempo te demoras en la ducha para tener el cabello así de bonito?"

Le sonrió con malicia.

"No quieres saber."

Sintió las manos de Ruby en sus hombros, el tacto la asustó. Ruby era...un poco fuerte. O tal vez ella misma era muy débil, pero le impresionaba.

"No, no. Quiero, quiero. Dime."

Soltó una risa ante su abrumador ánimo, y su expectación, que era claramente visible en cada rincón de su rostro.

"Al menos una hora completa, y media hora extra para hacerme un tratamiento especial con aceites y mascarillas."

Ruby quedó estática, sus ojos grandes mirando la nada. Parecía más que sorprendida, horrorizada.

"Creo que ahora aplica el termino, para ser bella hay que ver estrellas."

Soltó una risa ante lo que la chica dijo, no por lo que dijo, si no por su rostro, que aun lucia estupefacto y su voz salió robótica.

"Si. De todas formas, intento no lavarlo tan seguido, o se estropea aún más."

Ruby volvió en sus cinco sentidos y volvió a acomodarse tras de ella, siguiendo con sus caricias.

Le hubiese gustado estar todo el día ahí. Lamentablemente no era posible, y, de hecho, odiaba como las horas se pasaron volando tan rápido. Al final, estando ahí, sentada, dejando que Ruby acariciase su cabello, fue más relajante de lo que creyó, y si bien se propuso hablar de cosas serias, dejar sacar lo que tenía presionando en su pecho, no pudo. No pudo decir nada en lo absoluto. Se sentía tranquila y todos esos pensamientos se vieron minimizados, así que el resto de la tarde siguieron ahí, hablando de nada importante, y Ruby tampoco insistió en hablar de algo serio. Solo le siguió el juego, y siguió sacando diferentes tópicos para distraerla.

Cuando se dio cuenta de la hora, ya era demasiado tarde. Ya estaba a punto de acostarse en la cama y seguir hablando.

Ruby parecía triste al ver la pantalla, pero el tiempo se había acabado. Esta se levantó a agarrar el aparato para pasar su tarjeta, y mientras configuraba todo, aprovechó para ir a la pantalla y dejar su calificación para el día de hoy.

Esta no pareció sorprendida cuando vio las cuatro estrellas, como si se hubiese esperado que las cinco no llegasen. Pero seguía teniendo esa mirada determinada, iba a conseguirlas algún día.

Terminó de pagar lo que consumió, y fue al baño a arreglarse, suponiendo que su cabello estaba hecho un desastre. Podía notar una parte de este que estaba trenzado. Le dio una mirada a la chica, y esta la sonrió, disculpándose. Rodó los ojos y re hizo su cola de caballo perfectamente centrada tras su cabeza. Cuando salió del baño Ruby ya tenía su chaqueta en las manos, ofreciéndosela. Aceptó la ayuda, abrigándose. Afuera iba a estar frio, pero siempre lo estaba, y sobre todo lo estaría su casa.

Ojalá pudiese guardar aquel calor, lo cálido de esa habitación, lo cálido de su compañía, pero era imposible.

Abrió la puerta, pero antes de que pudiese salir, la mano de Ruby atrapó la suya por tercera vez en ese día. Cuando volteó para mirarla, esta le dio una gran sonrisa, tan cálida y esperanzadora que por un momento quiso simplemente quedarse ahí por siempre.

¿Podría hacer eso?

Probablemente si decidiese algo así, la voz en su cabeza no pararía de molestarla, por lo menos estuvo callada casi todo el día.

"Recuerda que aquí estaré si quieres hablar, o lo que sea, puedes confiar en mí, Weiss."

No supo que decirle, así que simplemente asintió, sintiendo una presión en su pecho.

La mano ajena la soltó, levemente, suavemente, y siguió su camino.

Daría lo que fuese por quedarse un poco más, daría lo que fuese por llevar un poco de ese lugar a su casa, a su vida.

Pero nuevamente, debía despertar.

Odiaba despertar.

Odiaba escapar de esa fantasía.


Capitulo siguiente: Conversación.


Capitulo doble, disfruten.