Red Velvet
Capítulo 9: Estrés
…
Ahora todo se veía más claro.
Bueno, de cierta forma.
Seguía amargada por la reunión que tenía próximamente, y ya se le hacía difícil encontrar tiempo fuera de la oficina para poder estar libre, y en realidad, libre, no era la definición de su tiempo libre, porque su padre, siempre presente, aprovechaba cada segundo de su presencia para discutir temas sobre la empresa y negocios externos, que honestamente, eran un dolor de cabeza.
Al menos saldría de Atlas para tener una conferencia fuera, y agradecía a los cielos porque él no estaría presente a su reunión con su ex prometido.
Y ese, en ese instante, era su mayor problema.
Lo que si había solucionado era esa culpa de ir a visitar Red Velvet.
Coco era abierta, y gozaba de las buenas cosas que da la vida, como aquellas. Así que no le diría nada en contra, y, de hecho, parecía aprobar la alternativa al terapeuta, y si lo aceptaba, era porque notaba un cambio. La conocía mejor que nadie en el mundo, sin duda, aunque no fuesen las amigas más cercanas del universo, y se viesen muy rara vez.
Era necesario ir, necesitaba ir.
No, quería ir.
E iba a hacer lo que quería, de una vez por todas.
Manejó por las calles, mientras estas se bañaban en oscuridad. Era tarde, y era sin duda la única hora en la que tendría tiempo, sobre todo antes de dicha reunión. Era ahora o nunca.
Mantuvo sus manos firmes en el manubrio, rezando inconscientemente para que Ruby estuviese disponible.
Luego de que fue, y esta no estaba trabajando, empezó a sentir cierta amargura.
Negó con el rostro, intentando quitar ese sentimiento posesivo que empezaba a tener. Ruby era de muchas personas, lo tenía claro, y no podía monopolizarla de esa forma.
Eso...también le trajo cierta amargura.
Pero era estúpido siquiera que así fuese, el sentirse así, era estúpido.
Eres estúpida.
Se estacionó y caminó hacía la escondida puerta lateral, mimetizada en lo oscuro del callejón. Era gracioso, el lugar, donde estaba, causaba cierto temor, pero jamás se había sentido temerosa ahí, aunque había sido criada para temerle a lugares similares.
Entró y se topó con la recepcionista, era la misma de siempre, pero notó algo diferente en ella, y fue como sus orejas se levantaron de golpe cuando entró en el salón. Al parecer se estaba quedando dormida, reconocía esa postura demasiado bien. Las reuniones a veces se alargaban y se volvían inmensamente aburridas, así que no la culpaba. Había estado en su posición.
Esta la saludó alegremente, pero con un tono de disculpa. Al parecer pudo darse cuenta que su cabeceo no pasó del todo desapercibido. Debía de estar desde temprano trabajando ahí, sentada en ese lugar, monótono, así que era entendible que estuviese cansada, por su parte ya se habría dormido más de una vez.
La saludó de igual forma, intentando que lo sucedido no fuese un tema importante.
Le dijo el nombre de la chica de ojos plateados, y sintió que pudo respirar en calma cuando le dijo que estaba disponible. Al fin.
Era ya la cuarta vez que la visitaba, y seguía sintiéndose nerviosa de estar ahí.
Se sentía un poco hambrienta a esa hora, así que pidió de inmediato algunos aperitivos para poder calmar un poco a su estómago. No estaría mucho tiempo, pero el solo pensar en llegar a su casa y estar hambrienta y encontrarse a alguien en la cocina era suficiente para amargar toda su noche de sueño reparador. No quería ver a nadie.
Se dirigió a la habitación, y al parecer ya había estado en esa, no estaba segura. Los números empezaban a confundirla, y el hecho de que fuesen iguales las unas con las otras no la ayudaban. De hecho, su sentido de la orientación no era del todo buena tampoco, así que era una tarea complicada.
Colgó sus pertenencias y caminó al lavabo para mojarse la cara. Lucía muerta, agotada mentalmente. Se secó el rostro y justo sonó la puerta. No alcanzó ni siquiera retocarse el maquillaje.
Auch.
Abrió la puerta y apareció Ruby frente a ella, sonriéndole mientras traía una bandeja con aperitivos y una botella de agua.
"¡Weiss! ¡Hola!"
Se impresionaba la calidez en que la saludaba últimamente, a diferencia del practicado discurso que le dio cuando fue para allá la primera vez. No pudo evitar sonreír ante ese pensamiento.
Ya se sentía mejor.
La saludó de vuelta y notó como la chica frunció el ceño. Esta avanzó deprisa a la mesa para dejar la bandeja y se dio media vuelta para mirarla una vez más. Se vio asombrada con la actitud extraña de la chica, sobre todo cuando la miró fijamente, analizándola.
Se quedaron ambas en silencio, por su parte, esperando que esta dijese algo, o disculpase su extraña actitud.
Eso solo cambió unos momentos después cuando parecía que Ruby respondió a la pregunta que parecía querer responderse.
"¡Estas sin maquillaje!"
Podía notar el brillo en los ojos de Ruby, como si esta hubiese encontrado algún tesoro o algo similar. Rodó los ojos. No le sorprendía la actitud infantil de la chica, le resultaba refrescante y todo, pero no podía evitar sentirse en igual parte molesta y avergonzada. No solía dejar que nadie la viese sin maquillaje.
"Si, estoy cansada, así que me lavé el rostro."
Ruby ladeó el rostro, su ceño fruncido en preocupación. Cambiando velozmente de burbujeante a consternada.
"¿Pasó algo?"
Le encantaba que se preocupase, no podía negarlo. Era tonto, pero era inevitable.
"Que pasará. Pero no quiero amargarme pensando en eso."
Esta frunció los labios, dudando si dejar el tema ahí, sin embargo, asintió con fervor, y le sonrió, intentando cambiar de tema. Comenzó a empujarla levemente por la espalda, guiándola a la cama. No quería porque si caía ahí se iba a dormir, pero bueno, ya sabía que Ruby la despertaría, aunque no quería desperdiciar el tiempo durmiendo.
"Bueno, siéntate y descansa un poco, cuéntame cómo fue tu día."
Se sentó en la cama, apoyando su espalda en el respaldo, hundiéndose en los suaves cojines. Soltó un largo suspiro y cerró los ojos, respirando profundamente todo ese aroma agradable que emitía el lugar y la propia mujer.
"Tuve una reunión con unos empleados algo molestos, y llamadas varias. Pero nada fuera de lo usual. Supongo que ya estoy acostumbrada al ritmo."
"¿Entonces lo que vendrá es lo que te tiene cansada?"
Abrió un ojo para mirar a Ruby, y esta dio un salto, tapándose la boca con las manos, pánico en su mirada. Si, no quería hablar de eso, pero podía distinguir la curiosidad cuando la veía.
Esta negó, y miró alrededor, para salvarse, buscando una excusa. Finalmente la miró de nuevo, su mano en la nuca, y empezó a balbucear cosas sin sentido, hasta que de un momento a otro se detuvo. Los plateados se quedaron mirándola fijamente una vez más, y esta vez se sentó de piernas cruzadas frente a ella, y movió su cuerpo de izquierda a derecha, de una manera muy extraña. Parecía un metrónomo. Estaba de igual forma que el péndulo, moviéndose de un lado a otro, marcando un ritmo.
"¿Estás bien, Ruby? ¿Te está dando un ataque?"
Le preguntó, ya preocupada por el estado mental de la chica. Con la observación esta se detuvo, su rostro aun parecía conmocionado.
"¿Puedo preguntarte algo?"
Levantó una ceja. No podía creer que esta fuese tan cuidadosa. No la conocía mucho pero que fuese tan precavida empezaba a asustarla. Quizás de verdad le había dado algo en la cabeza.
"Ya me preguntaste algo."
Ruby pareció confundida en primera instancia, y luego rio con nervios para volver a poner su mueca preocupada. Sus manos estaban firmes en sus pantorrillas.
"Si, pero otra cosa. Es que no quiero que me tomes a mal o algo así. No quiero preguntarte algo que haga que te enojes o que te haga sentir mal."
No entendía porque tanto revuelo.
No, de hecho, una parte de su cabeza, ya lo había imaginado. Era algo común, algo a lo que estaba acostumbrada. Probablemente era la misma pregunta que todos le hacían en cuando vieron su rostro descubierto de cualquier maquillaje. Una parte de ella imaginó que ese momento llegaría tarde o temprano.
"Pregúntame, no me enojare."
Ruby infló las mejillas y levantó el dedo pequeño de una de sus manos.
"¿Promesa?"
Rodó los ojos una vez más, y enganchó su meñique con el ajeno. ¿Acaso era una niña? Al parecer sí. Envidiaba esa juventud, honestamente.
Ruby le sonrió y se acercó un poco más. Su mirada lucía diferente en ese instante. Su mirada fija, no era como hace unos momentos. Como cuando un niño pequeño te mira desde la distancia, si no como...diferente. No lo podía describir. Nunca nadie la había mirado así. Era diferente. Esa mirada intensa consiguió avergonzarla, y no tenía una capa de productos que pudiese ocultar la rojez de su piel. Se veía madura, cambiando rápidamente su mascara infantil, poniéndose sería, adulta, tal y como debía ser a su edad.
"¿Como conseguiste esa cicatriz?"
Ahora entendía un poco más esa extraña expresión en la chica.
No era solo preocupación, o curiosidad, era algo aún más fuerte. Nadie la había mirado así, tal vez porque nadie le había mostrado esa inquietud respecto a su persona.
Se quedó mirando la bata de la chica, el color siendo lo único que veía mientras su cabeza daba vueltas.
¿Qué le dijo él cuando notó su imperfección?
No lo recordaba con claridad, tal vez lo que muchas conquistas le dijeron en algún determinado momento. Era joven cuando la obtuvo, así que fueron muchos hombres los que mencionaron algo sobre eso. Si bien seguía siendo popular y de las más guapas de su círculo, seguía siendo algo que no se podía ocultar en la intimidad.
¿Qué es eso que tienes ahí?
Es un poco tosca, ¿No?
¿No has pensando en borrarla? Conozco a alguien que las elimina del todo.
Tienes mucho dinero, deberías cuidar un poco más tu aspecto.
No encaja para nada contigo.
Normalmente pasaba desapercibida, pero estando con alguien, tan de cerca, era imposible que no la vieran.
Lo que si recordaba de su ex prometido, fue que mencionó que debía de tener cuidado para que en las fotos de la boda no se notase.
En el momento, le dio igual, pero ahora, le daba rabia.
Dio un salto cuando sintió calidez en sus manos. Se quedó atrapada en sus pensamientos por demasiado tiempo. Ruby la miraba con preocupación. Sus manos envolvían las propias, con cuidado, pero presionando lo suficiente para llamar su atención.
"Lo siento, Weiss, no quise tocar un tema doloroso. No tienes que decir nada si no quieres."
Soltó un suspiro, recuperándose rápidamente de su ira contenida.
Adoraba, sin duda, esa preocupación. Y también le preocupaba el volverse adicta a ella. Era la primera persona que se había preocupado de esa forma por ella, y no creía que alguien pudiese demostrar tal inquietud por ella. Por más que fuese un servicio, como se obligaba a creer, era más de lo que había recibido de muchas personas.
Negó, mirando las manos de ambas, unidas, tan diferentes la una de la otra. Le sonrió levemente.
"Me gusta mi cicatriz. Me hace recordar lo fuerte y perseverante que fui en mi adolescencia. Lo mucho que me esforcé para conseguir mis objetivos y lo poderosa que me sentí al hacerle frente a mi padre y ser honesta con él. No me siento mal por ella, me siento mal por lo que los demás creían de mi por tenerla."
Sintió como se removía la cama. Ruby se había movido, sentándose a su lado, sin soltar sus manos.
Notó como esta apoyó la cabeza en su hombro, descaradamente, pero cuando comenzó a hablar, olvidó por completo este atrevimiento. Su voz ahora profunda, intensa y calma.
"No deberías sentirte mal por eso. Ellos no te conocían de verdad, y probablemente tampoco les interesaba lo que tu sentías respecto al tema. La gente es así, les importa más el exterior que el interior, se enfocan más en lo de afuera y pierden completo interés en explorar lo demás. Es una lástima, ya que el exterior es lo que menos nos define como personas."
Giró levemente el rostro, buscando el de la chica. Al estar a su izquierda, era consciente de que podía ver aún más su cicatriz, y, de hecho, los plateados se dirigieron al lugar de inmediato.
No le incomodaba la acción, habiendo pasado tantas veces.
Pero esta vez parecía más agradable de lo usual. No había asco, ni repudio, ni cualquiera de los otros pensamientos negativos que la hicieron sentir vulnerable al ver esa herida. Ruby no le diría nada malo, y eso le daba cierta paz. Esta no juzgaba a nadie, ni por el exterior ni por el interior. No sabía si todas las personas que ahí trabajaban tenían esa cualidad, de no juzgar a nadie por las vidas que llevaban, ya que sería algo hipócrita, pero si sabía que Ruby tuvo una infancia difícil, donde debió de hacer cosas horribles para sobrevivir, así que era entendible que pensase de esa forma.
"No creo que debieses ocultarla. Si te hace sentir orgullosa, pues deberías mostrarla con orgullo. Y honestamente, es una cicatriz bastante elegante si me lo preguntas. He visto muchas cicatrices y marcas de nacimiento que hasta yo las escondería si estuviesen en mi cara, pero vamos, la tuya hasta que se ve bien en ti."
Soltó una risa, y levantó una ceja, poniendo en duda a la menor.
"¿Estás hablando en serio? ¿O es una parte del servicio?"
Ruby le dio otra sonrisa de esas tan amplias y llenas de ánimo, donde la hacía lucir más joven de lo que era.
"Por supuesto que hablo en serio. Ahora si te veo sin ella se sentiría extraño, como que hay algo que falta o algo así."
Se quedó en silencio, y miró al frente, perdiéndose en el reflejo de la televisión. No era claro, pero podía notar las figuras de ambas a un lado de la otra. Y era gracioso como eso se sentía tan natural.
"Gracias, Ruby."
Miró de nuevo a la chica, y esta asintió, sus manos acariciando las propias levemente.
Se estaba acostumbrando a eso, y por una parte se sentía aterrada, pero por otra, ya todo le daba igual. Había aprendido con los años, que no importaba que hiciera, no importaba si hacía todo lo que el mundo quisiera de ella, al final, la mirarían mal o la juzgarían. Sin importar que hiciese, iba a ser regañada al final. A ser tratada como la peor escoria, por unos, o por otros.
Esa era su vida después de todo. Así lo fue desde el comienzo.
Incluso la voz en su cabeza la juzgaba, su propia voz, su propio ser.
Respiró profundamente.
"¿Estas segura que quieres oír lo que pasará que me tiene tan agotada?"
Le dijo a la chica, sonriéndole levemente, anticipando su reacción, y no se vio decepcionada. Los ojos plateados brillaron, y esta asintió con fervor, su cuerpo removiéndose en expectación.
Era un cachorro sin duda.
"Si bien mi relación terminó antes de que lográramos consumar el matrimonio, si hubo papeles que firmamos en antelación, cuya intención era el hacerlos validos cuando nos casáramos. El problema es que él y su abogado están apelando a que como ya fueron firmados tienen cierta validez."
Soltó un suspiro pesado, y observó el rostro pensativo de la menor. Parecía confundida con el tópico, pero interesada. Tenía razón, esta no iba a entender mucho de esos temas, y le causó cierta gracia aquello.
"¿Y es así? ¿Tienen validez?"
Masajeó su cuello, sintiéndolo ya doler ante toda esa presión.
"No, y sí. Hay un cierto vacío legal en el papeleo, así que nos reuniremos para tratar el tema, a ver si llegamos a un acuerdo. Pero no voy a dejar que se aproveche. No nos casamos así que no tendrá ningún beneficio marital de los que habla el acuerdo. Él se irá con las manos vacías, me aseguraré de eso."
Iba a suspirar de nuevo, pero la chica le arrebató el gesto.
"Ahora entiendo porque estas así. Desde que te vi la primera vez que no te notaba así de agotada. Eres inteligente, así que sé que lograras mantenerlo a raya, pero eso no quita la carga de estar en esa posición. Que mal que tengas que pasar por eso y tener que lidiar con él luego de ya haber terminado."
Ruby podía entenderlo. Asintió, sintiendo su corazón latir. Ojalá su padre hubiese tenido tal empatía en vez de culparla por lo ocurrido.
"Me gustaría poder acompañarte."
La escuchó decir, levemente, y se vio mirándola con asombro. Parecía genuinamente decepcionada de no poder hacer eso. Y si, sería muy extraño el llevar a una desconocida a una reunión con su ex prometido y los abogados. Soltó una risa, imaginándoselo. Si en un universo paralelo ocurriese, podía imaginarse el rostro de Ruby completamente deformado al estar hablando de leyes y temas minuciosos que era obvio que esta no entendería en lo absoluto.
Intentó controlar su risa cuando Ruby la miraba haciendo un puchero.
"¿Que se supone que harías ahí?"
Ruby infló el pecho, luciendo engreída de cierta forma, haciendo el gesto de tronar sus nudillos.
"Mantendría a ese tipo a raya."
Quiso reír de nuevo cuando esta la miró, como si pidiese su aprobación. No tenía duda que ella era más fuerte que su prometido, era cosa de mirar sus manos y su cuerpo, pero era una discusión legal no una pelea callejera. Igual sería interesante ver ese lado de Ruby.
"Estarán los abogados también ahí. Ellos lo mantendrán a raya. Y si eso no funciona, llamaré yo misma a los guardias."
"Ah...pues...entonces, uh ¿Apoyo moral?"
Esta dijo, ya no muy convencida.
Le sonrió levemente.
"Estar hablando contigo ya es suficiente apoyo moral. No te preocupes. Ya hiciste suficiente."
Ruby seguía frunciendo el ceño, dándole vueltas al asunto. La dejó ahí, que forzase sus neuronas, mientras aprovechó de levantarse e ir a la mesa para comer un poco.
"¿Cuándo tienes la reunión?"
Esta preguntó luego de unos largos momentos, parecía determinada, su cuerpo aun en la misma posición que antes.
"Pasado mañana."
Ruby se levantó y comenzó a caminar sobre la cama hasta llegar donde ella. Le impresionaba como podía parecer una niña y luego lucir como alguien de su edad, en cosa de un segundo.
"Hasta la próxima semana tengo este horario nocturno. ¿Porque no te pasas por aquí algún día de estos? Imagino que necesitaras un respiro, y la gran Ruby Rose, tu heroína del Red Velvet tiene la mejor solución para ti."
Esta comenzó a girar por la habitación, estirando los dedos de sus manos, insinuando tal vez su habilidad manual, nada sexual. Soltó una risa, apoyando sus codos en la mesa, y su mentón en sus manos, mientras veía a la chica parecer nuevamente una niña.
"¿Eres así de idiota e infantil con todos tus clientes?"
Ruby se paró en seco y la miró, su rostro tiñéndose de rojo. Llevó sus dos manos a la nuca mientras reía.
"A veces."
Finalmente se sentó en la mesa frente a ella, dejando caer sus hombros, rendida y avergonzada.
"Intento no serlo tanto, supongo."
Se miraron, ahora más seriamente.
"¿Tienen problemas con tu actitud?"
Esta se removió en el asiento, incomoda.
"No realmente. Suelo seguir más las reglas, e intentar adaptarme al cliente. Siento si mi actitud te molesta o algo, supongo que se me hace natural el estar contigo, y agarro confianza. Lo siento. Nunca he sido muy buena con las personas, a veces olvido el papel que estoy haciendo. Al menos los clientes asiduos saben que soy así y si vuelven es porque no les molesta, supongo."
Podía notar la seriedad en su voz, pero su rostro parecía arrepentido. Pensándolo así, esa personalidad era agradable y cómoda, por su parte, si esta se hubiese visto más madura e intensa, no se habría abierto tan rápido. No necesitaba a alguien tan fría como ella o algo similar.
Negó.
Se quedó en silencio, generando expectación por parte de la chica, que parecía atenta a lo que pudiese decir. Le gustaba generar eso en las personas. Incluso una parlanchina como Ruby se podía quedar en total silencio si se trataba de estar atenta a lo que decía, y bueno, también cuando le daban esos momentos de madurez increíbles.
"Me irrita, sí, pero es adorable. Eres diferente a la gente amargada que veo todos los días, así que es refrescante. Tal vez si fueses más fría y formal no me habría sentido tan cómoda."
Eso lo pensaba, y era extraño simplemente decir lo que sentía, pero ya tenían suficiente confianza, más de la que tenía con cualquiera, aunque sonase realmente triste.
Ruby no la juzgaría.
Esta pareció feliz con sus palabras, tanto así que soltó un largos suspiro de alivio.
"Eso me deja tranquila."
Luego de unos momentos, esta volvió a incomodarse.
"Entonces, ¿Vendrás de nuevo?"
Había cierta suplica en la voz de la chica, y se sintió inesperadamente motivada por ese factor. Recordó lo que dijo Coco acerca de no abandonar a esta chica, y ahora parecía imposible hacer semejante cosa.
Igual vendría en algún momento, así que ¿porque no aprovechar de reservar una visita? ¿Podía hacer eso? Lo intentaría.
"Espero que la gran Ruby Rose me haga su mejor masaje."
Esta le sonrió, divertida y emocionada. Cumplió su objetivo, sin duda.
"No te vas a arrepentir, Weiss. Haré que te olvides de todo ese mal rato."
Y si, no tenía dudas.
Al final, Ruby siempre conseguía acallar sus más grandes dolencias.
Capitulo siguiente: Cita.
¡Nooo! Tendremos que lidiar con míster infidelidad 2021, no se si estoy preparada alskjdasd Probablemente añada algo para hacerlo aun más irritante, si eso es posible. Espero disfruten este capítulo, donde un secreto de Weiss a salido a flote, veremos si le cuenta más sobre el origen de su cicatriz, Ruby le hará un nanai después.
Nos leemos pronto.
