Red Velvet
Capítulo 11: Recompensa
…
Las manos ajenas avanzaron por sus piernas. Las uñas rozando ligeramente, causándole escalofríos. Podía sentir su piel erizarse. Estaba relajada, pero también se sentía de otra forma, y era algo que no sentía hace mucho.
¿Tal vez estaba deseosa de algo así? ¿Finalmente?
No era una persona que pensara en sexo con regularidad, por eso mismo le impresionaba estar ahí. Eso de hacer cosas con desconocidos no era lo suyo. Necesitaba un par de citas para aceptar algo similar. O al menos, a esa edad, creyó que no se interesaría en tales cosas como cuando se rebeló contra su padre y quería quitarse esa definición de perfección haciendo todo lo contrario a lo que una heredera debía hacer.
El hecho de que llamasen a esa reunión una cita, ¿Habrá encendido algo inadecuado en ella?
Tal vez solo estaba en esa época del mes donde su cuerpo parecía extraño incluso para sí misma. Debía de haber una razón para que la situación no le causase repudio.
Solo necesitaba respirar, y todo estaría bien, todo volvería a la normalidad.
Abrió los ojos, y deseó no haberlo hecho.
Ver a Ruby ahí abajo, sus manos tan cerca del borde de su falda, su rostro enfocado en sus movimientos, expresión seria, madura, sexy incluso. El poder ver parte de su busto no ayudaba en lo absoluto a controlarse. ¿Estaba teniendo pensamientos pecaminosos con una mujer a esta altura de su vida? Le sorprendía su propia impropiedad.
Ruby se levantó del suelo, de un segundo a otro, y se vio saltando de la sorpresa. Su rostro debía de estar imitando el de la bata de la menor. Levantó la mirada, intentando averiguar lo que estaba ocurriendo. Dio un salto, de nuevo, cuando noto la expresión de Ruby, cuyos labios estaban curvados en una sonrisa. Tal vez estaba viendo cosas que no estaban ahí, pero parecía que la estaba coqueteando con la mirada.
Las manos de Ruby se movieron, y de sus labios casi se escapa un gemido cuando los dedos de esta llegaron a su cuello. Las yemas rozando su piel ligeramente, causándole aún más escalofríos que antes. Sus manos eran más grandes que las propias, pero cuidadosas en cada movimiento. Estaba hipersensible, era oficial. Esta se acercó más, agachándose levemente, acercando sus rostros. Ahora podía ver con más claridad el escote entintado, y estuvo debatiéndose donde mirar, si a la rosa que se asomaba o al rostro de la chica, que parecía tan determinado que podía creer que iba a besarla, ya que no paraba de acercarse. Los dedos de esta estaban en su nuca, enterrándose levemente en su cuero cabelludo.
Eso se estaba saliendo de control.
Necesitaba detenerla.
¿Quería detenerla?
No, no, la idea de besarla no sonaba mal, y no entendía porque estaba tan conforme con la idea, si apenas y conocía a esa mujer. Ese pensamiento estaba en contra de todo lo que era Weiss Schnee. Inapropiado. Completamente inapropiado y fuera de lugar.
No es que la chica no fuese atractiva, porque lo era, y ahora que la tenía tan cerca podía notar con claridad su rostro. Era una mujer adorable, lo tenía claro, y sus labios…
¡Pero era una mujer! ¡Ese era el problema!
Cerró los ojos, no podía seguir mirándola. No podía, empezaba a volverse irracional y no quería cometer un error. No debía cometer errores, una Schnee no cometía errores.
Pero su corazón no parecía hacerle caso a su cabeza.
Se decía a sí misma que no podía tener ningún pensamiento impropio hacía aquella mujer cuyo trabajo era satisfacer a otras mujeres. De por sí, aquel trabajo era repudiable.
Entonces, ¿Porque demonios su corazón latía tan fuerte?
Cada toque, cada movimiento, podía sentirlo. Los dedos moviéndose en su nuca, el aroma del cuerpo de la chica rodeándola, y su calor, también podía sentir eso a solo centímetros de su rostro. Iba a velar por la inocencia de la mujer, de que aquellos movimientos solo eran para relajarla, pero no estaba relajada. Para nada.
Estaba…
No, ni siquiera lo iba a decir.
No iba a darle validez a esa sensación que empezaba a crecer en sus partes bajas.
Los dedos de Ruby siguieron pasando por su nuca, masajeándola, hasta que una mano intrépida comenzó a bajar por su espina, poco a poco entrando en su ropa.
Dio un salto cuando escuchó un leve golpeteo.
Ruby dejó su labor y giró el rostro hacía la pequeña compuerta, cambiando de inmediato su rostro maduro a su expresión usual. Aprovechó ese momento para llevar sus manos al rostro e intentar disimular el grito que estuvo a punto de salir por su boca, así como lo rojo de sus mejillas. Casi le da un infarto, o peor...Casi cae ante sus instintos más básicos. Instintos que ni siquiera creyó que tenía. Porque no los tenía, ¿No? ¿Porque aparecían ahora, en ese lugar, con una mujer?
Debía ser un error, nada más.
Respiró profundamente, intentando recuperar su compostura, mientras Ruby tomaba la bandeja que había sido entregada en la puerta y luego la dejaba en la mesa junto con las botellas. Quiso convencerse de que cuando Ruby la miró, sonriéndole, su rostro había recuperado su color normal. Esperaba que así fuese.
Ruby le tendió la mano para ayudarla a pararse, y la aceptó. Su cuerpo se sintió de inmediato tembloroso ante el tacto. Realmente algo malo estaba pasando con ella. Eso no era normal. Nunca se había sentido así, ni siquiera en su adolescencia. Hubo gente que le gusto, claro, sobre todo cuando tuvo cierta independencia al iniciar sus estudios. Hombres galantes que llamaron su atención, y no quería aceptar que su ex prometido era uno de ellos. Pero pensándolo fríamente, esa necesidad sexual era algo que nunca sintió. Esos temblores, esa ansiedad, esa anticipación. ¿Era ese lugar el que la hacía sentir así, o era la chica?
Quería pensar que era la primera opción, realmente no podía aceptar que, de un día para otro cambio de bando, como decía Coco. ¿Era posible que una infidelidad gatillase su sexualidad oculta?
No tenía cabeza para esas cosas.
Comenzó a comer, y se concentró solamente en eso.
"Lo siento."
Luego de un rato escuchó a su acompañante hablar, así que levantó la mirada, en igual parte sorprendida y confundida. El rostro de Ruby parecía preocupado, sus cejas juntándose en su frente, sus ojos plateados brillando. La veía sentada con sus manos entre sus piernas, ni siquiera había tocado la comida.
Ladeó el rostro, sin entender.
"¿Porque te disculpas?"
Ruby pestañeó, suplica en su expresión, y se veía muy joven.
"Creo que me pasé de la raya hace un momento, ¿No? Es tan natural estar contigo que a veces olvido que esta situación no es cómoda para ti, ya sabes, estar con una trabajadora sexual, venir a un lugar como este, tener tanto contacto físico."
Ruby enumeró con sus dedos, y se sorprendió de lo mucho que la conocía, más de lo que creía.
Pero esta vez, se equivocaba, bueno, no del todo.
Sintió sus mejillas arder aún más, así que miró su plato. Estaba avergonzada de su actuar, ni siquiera de estar ahí, si no de sentirse así. Una cosa es ir allí y tener a su confidente personal, y sentirse cómoda, pero otra muy diferente era desear ciertas cosas de esa forma tan intensa. No era una necesidad física, que se podía perdonar, si no una necesidad sentimental. Incluso ir para allá con la mera intención de tener sexo sin compromiso era menos repudiable.
"Me siento cómoda contigo, Ruby. Normalmente no me siento así con nadie así que todo lo que ocurre aquí dentro es una sorpresa. No estaba incomoda, solo sorprendida y.…"
"¿Excitada?"
Levantó el rostro a una velocidad que la dejó mareada, estaba probablemente más roja que...no podía pensar en algo más rojo. Ruby la miraba con inocencia mientras le daba una leve sonrisa comprensiva. Por su parte abrió la boca para explicarse y tartamudeó en el proceso.
"¡A-Avergonzada!"
Ruby le sonrió mostrando sus dientes mientras sus hombros temblaban ante su risa. No podía creerlo. Justo Ruby dijo aquella palabra que quería evitar siquiera pensar. Era demasiado. Nunca había siquiera dicho esa palabra, simplemente era vergonzoso y sucio. Quería esconderse. Puso sus manos en el rostro, sin tener otra forma de huir.
Pudo notar como Ruby se movió, y la miró de reojo. Esta cambio su posición, cruzándose de brazos sobre la mesa, una sonrisa en sus labios, una sonrisa tranquila. Sus ojos se veían maduros, justo como hace unos minutos cuando parecía comérsela con la mirada.
"Es algo normal, Weiss, no le tomes tanta importancia. Si quieres hacer algo, puedes hacerlo, aquí dentro nadie puede juzgarte, nadie puede saberlo siquiera. Solo quiero que sepas que, si algo te incomoda, dímelo. Me es humanamente imposible mantener mis manos lejos de ti, así que necesito saber que si algo no te gusta me lo dirás."
Eso se lo dijo cuando fue ahí la primera vez, acerca de la comodidad, de los límites. Pero ahora, sonaba aún más íntimo, más cuidadoso, más preocupado, no un simple dialogo que decía como un mantra. Ruby no quería verla mal, y seguía pensando que haberla encontrado fue obra del destino.
Y acerca de no poder mantener sus manos lejos de ella, era algo que la hizo avergonzarse, pero también lo tenía claro, porque desde el minuto uno que las manos la tocaban sin permiso, y si en algún momento le incomodo, no significó que no le gustó, porque le gustaba. Sentía su rostro arder cada vez más. Iba a darle un derrame si seguía así.
Pero si, Ruby tenía razón. Quizás por eso se sentía tan normal estar ahí dentro, porque nadie la veía. Ni siquiera podía hacer eso en su propia casa, teniendo sirvientes atentos a ella, incluso su padre, siempre ahí, constante en su vida, monitoreándola. Solo ahí tenía privacidad, y aunque no estuviese tan sola, las personas de ahí no tenían idea de ella, ni siquiera los que ahí iban. Los unos con los otros siendo completamente desconocidos. No los escuchaba, ni los veía, y aunque así fuese, era un secreto en común que ninguna de las partes revelaría.
La única persona que la veía, era Ruby, y sentía que eso necesitaba, privacidad y alguien con quien compartir su vida. Le pagaba, si, podría cumplir el mismo rol que su terapeuta, pero ella parecía genuinamente interesada en ella, su preocupación. Su terapeuta solo hacía las cosas de acuerdo al protocolo, si se sentía muy mal, le recetaba pastillas o ejercicios, no le daba un consejo orgánico, solo hacía su trabajo y lo veía todo con profesionalismo, lo que estaba bien, pero tal vez no era lo que necesitaba. Necesitaba alguien que estuviese ahí para ella, de forma orgánica, apoyándola, tocándola, haciéndola sentir diferente, haciéndola sentir menos una Schnee y más Weiss. Solo Weiss.
Se quedó en silencio por bastante tiempo, lo suficiente para incomodar a Ruby y hacer que esta comiese su ensalada en silencio, casi castigada.
Estaba haciendo todo mal, estaba pensando todo mal.
Notó que está ya había terminado y había vuelto a su posición incómoda, haciéndose pequeña en la silla. Se levantó, casi asustándola.
Tal vez necesitaba un poco de ese don Schnee para sentirse más cómoda.
"Quiero que sigas con el masaje, Ruby. Fue una promesa, ¿No?"
Los ojos plateados la miraron, brillantes, parecía confundida, y comprendía su confusión, ella misma no se entendía lo suficiente. Solo quería sentirse bien, y ahí era el único lugar donde podía.
Creyó que había logrado quitarse la vergüenza usando su voz profesional, pero los ojos insistentes en ella lograron romper poco a poco su fachada. Sintió que nuevamente su rostro adquiría color.
"No me mires tanto."
Le dijo, en un susurro, y ahí recién esta salió de su estupor. La vio levantarse deprisa, lo suficiente para que la silla se moviese de un lado a otro a punto de caer al suelo. Ruby estaba parada frente a ella en cosa de un solo paso, y ver ese rostro tan cerca la hizo sentirse abrumada por los sentimientos que aparecieron cuando esta comenzó su masaje. Su cuerpo y su altura superándola lo suficiente para sentirse pequeña y vulnerable a su lado.
Ahora la tenía realmente en frente, muy cerca. Tal vez había estado esta así de cerca antes, como cuando vio su cicatriz por primera vez, pero ahora, la cercanía comenzaba a afectarle. Sentía las piernas temblorosas como una adolescente. Los ojos la observaban minuciosamente, y se sintió desnuda frente a ella.
No, Weiss, no digas desnuda ni siquiera en tu mente, lo vas a empeorar.
Las manos de Ruby se posaron en sus mejillas, abruptamente, tanto que dio un pequeño salto de la sorpresa. Si, sus manos eran fuertes y grandes, y sentía su rostro tan pequeño en comparación. Como si su vergüenza no fuese suficiente, como si el calor no fuese suficiente, tenía esas manos cálidas en su rostro, aumentando aún más lo abrasador de sus mejillas.
"¿Estás incomoda?"
Miró a Ruby, sin saber que decir. La tenía tan cerca, podía sentir su aroma y su calor, podía sentir esos ojos plateados analizando cada parte de su rostro.
Si alguien más hiciera eso, si, tal vez estaría incomoda, pero en esa situación, con ella, no era el caso. No había lógica alguna, solo era así. Ahí dentro, todo perdía lógica, ella misma perdía toda lógica.
"No."
No pudo negar con su rostro, el agarre intenso evitándolo, así que lo dijo.
Se dio cuenta de que había ocurrido antes de que Ruby hiciese una mueca divertida, conteniendo la risa. Como las manos tenían tan apretadas sus mejillas, sus labios debieron verse graciosos al hablar, y esa era la razón por la cual la chica frente a ella intentaba con todas sus fuerzas aguantar una carcajada. Al parecer logró tragarse la risa estrepitosa, para finalmente darle una sonrisa.
"Eres muy tierna, Weiss."
Ruby habló, su voz intensa, madura, pero suave. Sintió su corazón latir fuertemente, y esperaba que esta no pudiese sentirlo. Esta siguió sonriendo mientras su agarre se debilitaba, ahora eran los dedos los que se movían por su rostro, acariciándolo. Apenas tenía maquillaje, su intención era que su cicatriz se viese del todo, y era sin duda una parte de su rostro que Ruby no dejaba de mirar, incluso su pulgar pasaba por la zona una y otra vez.
Estaba ardiendo.
¿Como una caricia tan simple podía hacerla sentir así?
¿Así tan bien?
Las manos de Ruby volvieron a moverse, sin dejar de mover los pulgares por diferentes zonas. Llegaron una vez más a su nuca, y sintió que sus piernas iban a flaquear en cualquier sentido. Era demasiado estimulo.
Ruby lo notó, pero no dejó de hacer su labor.
"Dos pasos hacia atrás, Weiss."
Le dijo, casi en un susurro, y le hizo caso, confiando en ella.
Oh Dios, como confiaba.
Sintió la parte de atrás de sus rodillas chocar con el armazón de la cama, y decidió usar sus manos libres, las cuales estaban muertas a sus costados, para asegurarse que quedase sentada en la cama. Si cayese sería realmente un cambio en el ánimo, y no quería que nada cambiase.
A esa altura, sus ojos estaban cerrados del todo, simplemente disfrutando de las caricias, de la cercanía, y ahora de la comodidad de estar sentada. Por eso tal vez no notó cuando una de las manos ajenas no estaba en su cuello. Sintió vergüenza en ese instante, cuando su camisa pareció ser abordada, al parecer, siendo desabotonada. Probablemente saltó, o hizo alguna mueca de sorpresa, pero aquella reacción fue suficiente para que la chica lo notase, la cual dejó su trabajo a medias.
Sabía que bajo de su camisa había una camiseta de tirantes, ya que si algo se traslucía realmente no le importaba del todo, pero como iba a ver a cierto sujeto, prefería evitarse miradas. Así que no se sintió tan desnuda. De todas formas, apreciaba lo considerada que era Ruby.
Las manos volvieron a su cuello, masajeando la zona, su nuca, sus clavículas, deslizándose por sus hombros, moviendo la tela a un lado.
Probablemente creyó que no podía estar más roja, más avergonzada, pero cuando sintió el peso ajeno en sus piernas, se dio cuenta que estuvo equivocada. Ruby había acomodado su cuerpo sobre ella, y ahora sus manos parecían ejercer más fuerza en sus movimientos, llegando más lejos que antes. Sintió la garganta seca y se vio desesperada por aire, así como también sentía la necesidad de mirar, pero no era estúpida, si miraba, se iba a avergonzar aún más.
"¿Incomoda?"
Ruby estaba...realmente atenta a ella.
Abrió la boca, pero la sintió seca y se vio incapaz de decir algo.
Negó levemente con el rostro, ahora teniendo la libertad de hacerlo.
"Eres muy linda, Weiss."
La voz de Ruby se escuchó suave y ronca en su oído derecho, y casi podía oír la sonrisa en sus labios.
Linda, tierna, sexy.
Por favor, Ruby, detente. No puedo.
Pero sí, claro que podía. Estaba disfrutando aquello más de lo que su raciocinio le permitía.
Las manos masajeaban sus hombros, sus omóplatos, y sus dedos presionaban de una manera que hacía que su cuerpo se encendiera. Eso no era solo un masaje relajante, no, eso iba mucho más allá. No sabía que tanta inocencia tenía Ruby al hacer aquel masaje, pero poco le importaba. El simple hecho de estar tan cerca de una mujer era indecente para sus estándares, así que subir la indecencia no haría mucha diferencia.
Se sentía caliente, pero poco a poco se iba sintiendo adormecida.
Era extraño, difícil de describir.
Se sentía agotada, y los movimientos manteniéndose en la misma zona comenzaba a adormecerla.
Recordó una sensación que creía perdida en su memoria, una vez donde pasó mucho frio, pasó horas fuera, en pleno invierno, y luego cuando volvió a su casa se mantuvo al lado de la chimenea, las leñas ardiendo a menos de un metro, y su cuerpo se calentó tan rápido, su propio organismo subiendo su temperatura con el calor de la chimenea, que se sintió sobrecogida con la calidez.
Tal vez era la única vez donde sintió eso, y ahora, ahora volvía a pasar, pero tal vez más metafóricamente que casi haber sufrido una hipotermia.
Cuando abrió los ojos, no se dio cuenta donde estaba, su cuerpo adormilado, descansado. Sus sentidos poco a poco volviendo en sí mismos, captando su alrededor.
Rosas.
Estaba ahí. Tenía su rostro acostado en el pecho de Ruby. Se había quedado dormida descaradamente en el torso prácticamente descubierto de Ruby. No se movió, se quedó de piedra, incapaz de moverse. Respiró, intentando entender lo que sucedía. El aroma a rosas inundó sus sentidos.
El cuerpo de Ruby seguía sentado sobre sus piernas. Podía sentir los brazos ajenos abrazándola por los hombros, sujetándola y manteniéndola en la posición. Sus propias manos estaban sobre la tela de la bata de la chica, el material siendo suave en su tacto. La cabeza de Ruby estaba apoyada sobre la suya. Estaban en una posición bastante incomoda, mirada desde cualquier punto, pero se sentía tan bien.
Quizás si fingía dormir, podía aprovechar un poco más de la cercanía.
Recordó cuando Ruby le ofreció un abrazo, y esta desistió de inmediato, diciendo que era muy pronto.
Debió haber reaccionado más rápido, y haber aceptado ese abrazo.
Después de todas las cosas que había aceptado de esa extraña, un abrazo no era nada. Y ahora que estaba entre los brazos de esta, apretada contra su pecho, no podía pensar en algo que se sintiese mejor. Tal vez realmente estaba loca, y punto. Pero no podía negar lo evidente.
No sabía que sentía, no entendía que sentía, pero lo que sentía por Ruby no era normal.
Cerró los ojos de nuevo, acomodándose en la piel tibia frente a ella, de nuevo, desvergonzadamente. Disfrutando un poco más.
Estaba despierta aun cuando sintió la nariz de Ruby en su cabello, la sintió moverse, y ahí supo que esta también se había dormido. ¿Cuánto rato había pasado? Esta hizo un sonido con su boca, y aun parecía estar desperezándose. Luego de unos momentos esta bostezó, acomodándose una vez más en sobre su cabeza, el agarre en su cuerpo reafirmándose.
Ruby era fuerte y la sujetaba con intensidad. Se sentía segura en su agarre.
"Cinco minutos más..."
La escuchó decir, su voz sonando casi como si estuviese ebria. Dio un salto al no haber pasado ni un segundo cuando la chica se removió en un movimiento sorprendido.
"Oh, ha pasado un rato."
Fingió seguir dormida, inerte como una roca. ¿Por qué? Simplemente le resultaba vergonzoso moverse del pecho de la chica, sobre todo si esta, ahora despierta, podía notarlo. No podría mirarla a la cara.
No había babeado nunca en su vida, pero esperaba que babearle el escote no fuese algo de una primera vez, o realmente no volvería a pisar ese lugar.
"Uh, debería despertarla, pero debe estar cansada luego trabajar todo el día y además verse con el idiota de su ex. No quiero arruinarle el descanso."
Sintió su pecho apretarse entre sus costillas. Ruby estaba hablando muy bajo, susurrando levemente, hablando para sí misma, pero desde esa posición, y estando en su pecho, era capaz de escucharla con claridad. Ruby era una buena persona, y ahora lo corroboraba. No era un servicio, era genuino, ya que no tendría sentido decirlo si sabía que estaba dormida.
Una de sus manos pasaba por su espalda dándole leves caricias.
Esta soltó un leve gruñido.
"Si, si, no puedo dejar que le cobren extra, estaría mal. Pero es que esta tan cómoda."
Esta dijo de nuevo, retándose a sí misma. Ruby estaba un poco loca, sí, pero sin duda era adorable.
Se iba a remover, para anunciar que estaba despertando por sí misma, para no darle la tarea a Ruby, pero se detuvo cuando esta dejó un beso en su cabello.
Sintió su corazón latir con fuerza.
Eso fue…
No podía definirlo.
Ya no quedaba más tiempo, pero quería seguir así por siempre. Y aquel gesto la hizo sentir abrumada. Estaba supuestamente dormida, Ruby creía que estaba dormida, así que hacer algo así para complacerla no debía de ser así. Era algo que Ruby hizo por querer, y eso la dejó impactada. Más de lo que ya estaba.
Quizás para Ruby ella también era especial.
Capitulo siguiente: Accidente.
¿Es esta la primera muestra de algo sexual es esta historia que fue hecha para ser sexual? Algún día escribiré algo que sea completamente sucio sin tener que esperar tanto para el momento, pero conociendo a mis waifus, será difícil hacer algo similar.
Como sea, espero disfrutasen del capitulo con más gay panics para Weiss, cada día se le alborotan más las hormonas, pero está bien, la vida es una sola.
Y lo siento desde ya por el próximo capitulo. Teehee.
Nos leemos pronto.
