Red Velvet
Capítulo 13: Trauma
…
Quería verla.
Tenía tantas ganas de verla.
Revisó su papeleo, pero cada tantos, la imagen de Ruby volvía a su cabeza. Lograba arrancar el pensamiento, pero no podía, al menos no por mucho tiempo. No era egoísmo como otras veces, para sentirse mejor ella, para sentirse fuera de su mascara profesional, su mascara Schnee, no, por el contrario, quería verla para asegurarse que la chica estaba bien.
Ver a la Ruby que conocía, sufriendo de esa forma, era devastador.
Quería saber cómo estaba, y si bien tenía su número, no era capaz de llamarla. No existían palabras posibles para decirle a alguien que pasó por algo así, y tampoco sabía si ir a Red Velvet era la mejor opción, probablemente esta tuviese una licencia luego de todo aquello. Aunque ya llevaban dos semanas del accidente. No tenía idea de que podía hacer al respecto, no es que la conociera lo suficiente para meter su nariz en el asunto, aunque era ridículo decir eso cuando fue allá mismo diciendo ser su amiga.
Eres ridícula.
Oh, lo era, y lo peor es que encontraba inaudita la forma inusual por la que se preocupaba de la mujer. Tal vez lo que ocurrió la última vez que fue a verla para su cita, sintió su corazón latir fuertemente en su pecho, y aquello era inaceptable. Sin embargo, aunque lo que sea que estaba sintiendo fuese real o solo la consecuencia de su soledad, eso no quitaba el hecho de que estaba genuinamente preocupada por la mujer y eso era algo que, como persona, como una mujer con integridad y moral, no podía dejar en ascuas.
Necesitaba asegurarse de que ella estaba bien.
No perdía nada con ir y preguntar si esta estaba trabajando, pero luego de que le exigió a la chica del mostrador, la que al parecer se llamaba Velvet, que le diera el teléfono de Ruby, casi amenazándola, no se sentía con la valentía de enfrentarla. Su actitud fue horrible, y tal vez debería pedir disculpas.
Eso.
Pedir disculpas.
A penas salió de su trabajo, manejó raudamente a un local conocido.
No era fan de lo dulce, muy por el contrario. Las cosas demasiado dulces solían lastimar su estómago y normalmente estaba prohibido comer aquella basura al seguir sus dietas, pero también tenía claro que el lugar era muy bueno y reconocido.
Comprar un chocolate era algo típico de las disculpas, ¿No?
Honestamente, no era muy de disculparse, pero asumía que era lo mejor. Y también sería un buen regalo para la pelinegra, que tenía un claro gusto por lo dulce e iba a apreciar el gesto.
Sonrió para sí misma, comprando dos cajas.
Se estacionó y caminó por el lugar, que como siempre, era desolado. La entrada por el callejón seguía siendo su parte favorita. Se podía presumir que entró ahí, como también podía negarlo.
La mujer tras el mostrador, como siempre, la saludó con ánimo.
Notó sus orejas levantarse de una manera confusa, y se dio cuenta que la había reconocido. No servía de mucho el hacer un caos al respecto, tenía confianza de que si bien la fauno la reconocía, no iba a decir nada al respecto. No le convendría el perder a uno de sus clientes. Si bien no era tan asidua, había ido bastantes veces. Y luego de aquella actitud que tuvo con la mujer, dudaba que esta olvidase de su existencia.
"Buenas tardes, uh, vine a agradecerte y a pedirte disculpas por lo de la otra vez."
Se acercó lo suficiente al mesón, oculto entre las sombras, y le tendió una de las cajas a la mujer. No veía sus ojos, pero sus orejas eran clave para entender el asombro en ella. Hubo silencio entre ambas, hasta que esta tomó la caja entre sus manos, observándola.
"No tenía que molestarse. Estaba preocupada por Ruby tanto como todos aquí, no hay nada que disculpar. Pero agradezco el gesto."
Le sonrió y asintió. Debió decir algo, pero era bien entendido que los faunos veían mejor en la oscuridad, así que probablemente si logró visualizar el gesto, incluso con el velo cuya intención era opacar esa gran visión.
"¿Han sabido algo más de la atacante?"
No era buena para las pequeñas charlas sin importancia, así que quería ir al grano, o al menos lograr obtener algo de información. No se iba a quedar tranquila sabiendo que Ruby estaba en peligro.
"No, pero hemos instalado cámaras en la entrada, por si acaso algo similar vuelve a ocurrir. No estaba yo aquí cuando la mujer vino, así que debió haber sido a consciencia. Tal vez sabía que había una posibilidad que yo pudiese reconocerla."
"Significa que la mujer conocía el lugar, debió ser planificado el ataque. Claramente era una venganza."
Habló más consigo misma que con la mujer, pero esta afirmó.
"La policía está al tanto, y están haciendo lo que se pueden con la poca evidencia que hay, la mujer no dejó rastro alguno. No creo que logren algo, para ser honesta, así que solo me queda a mí el prevenir y aumentar un poco más la seguridad. Dudo realmente que la mujer vuelva, es claro que la situación se volvió más rigurosa y le será difícil entrar como lo hizo la última vez, además que ahora nadie puede entrar a las habitaciones si están estas a oscuras, es una nueva regla para prevenir cualquier cosa."
Se sentía impotente, porque sabía de primera mano cómo era Atlas, no muchos trabajarían día y noche para proteger a los trabajadores de un lugar como ese, lleno de tabú. Incluso si Ruby hubiese muerto aquella vez, dudaba que la policía se enfrascara en la situación de una prostituta. Ella misma se consideraba tradicional y evidentemente tenía muchos prejuicios, pero eso no significaba que apoyaba el comportamiento de la sociedad. Eran personas, y merecían un trato justo, eso fue lo mismo que le dijo a su padre cuando comenzó a influir en la compañía, lamentablemente no podía hacer mucho para cambiar a una sociedad como aquella, corrompida hasta la médula.
Se acercó un poco más al mesón, intentando ver a través del velo y ver a la mujer a los ojos.
"Ella, ¿Como está?"
Las orejas de la mujer cayeron en picada. Esta no dijo nada, pero el gesto involuntario le dio la respuesta.
"¿Está trabajando? ¿Puedo verla?"
La mujer sé quedó en silencio, lo que le llamó la atención ante lo conversadora que estaba hace solo unos momentos. Aquello, solo aumentó la sensación desagradable en su estómago.
Ruby no estaba bien. No tenía ni siquiera que decir algo, nada, era claro como el agua. Y le dolía, le dolía saber eso.
"Está disponible."
"Quiero verla."
Le dijo, sin vacilar. Esta solo soltó un suspiro, iniciando con la rutina de ingreso.
Todos los minutos que trascurrieron desde que pagó la tarifa y caminó hasta la habitación, se le hicieron eternos. Sentía sus latidos en su oído, molestándola, generando más ansiedad.
¿Qué iba a suceder una vez que entrase ahí?
No tenía idea.
¿Iba a poder animar a la chica, o su visita solo empeoraría las cosas?
No tenía idea de absolutamente nada. Pero no quería que su visita fuese en vano. Ruby la animó desde el primer día y quería ser capaz de hacer algo por ella, aunque fuese lo más mínimo.
Entró en la habitación, sintiéndola más abrumadora que nunca. Respiró profundamente, y dejó la caja con chocolates en la pequeña mesa. Se sentó en una de las sillas, no sin antes deshacerse de su chaqueta y su bolso.
Intentó relajarse, pero el golpeteo en la puerta la hizo saltar.
Incluso aquel sonido tan simple, parecía ajeno. No era lo mismo.
Su corazón se hundió cuando abrió la puerta.
Ruby estaba ahí, con su bata usual, sonriéndole, pero antes, solo un segundo antes, logró ver la opacidad en sus ojos, la inseguridad en su expresión. Pudo ocultarlo rápido, pero no lo suficiente.
"¡Weiss! Ha pasado tiempo."
No supo que decir. Fue como si todas las palabras se hubiesen eliminado de su vocabulario, o aún peor, como si su voz hubiese desaparecido por completo. La observó, minuciosamente, ya no había marca alguna del daño que le había sido provocado, pero eso no significaba que el daño no estuviese ahí. Ella misma era una de las personas que vivía con un trauma a cuestas, más grande que la herida en su rostro. Conocía ese sufrimiento, y lo veía en la mujer.
El ánimo de la chica se esfumó, su careta debilitándose ante la intensidad de su mirada.
Se quedaron ahí, sin mirarse directamente a los ojos.
Soltó un suspiro, y se corrió de la entrada para que la chica pasara, y esta, sin decir nada, entró. Cerró la puerta, y se quedó inerte, sin ser capaz de voltearse y enfrentar a la chica.
Lo sabía.
Era obvio que no era la misma Ruby que conoció, y así mismo, la misma Ruby no parecía querer ocultarlo más, al menos no con ella. Estaba débil. Frágil. Temerosa. Sus propias inseguridades volvieron, quería ayudarla, pero no sabía qué hacer. No sabía cómo lidiar con el peso de su propio pasado, mucho menos iba a ayudar a alguien a lidiar con eso. No sabía consolar, no sabía animar, no sabía hacer nada de eso. Era un completo fracaso.
Tenía que hablar, que decir algo, intentar que ese silencio no las tragase.
"¿Hace cuanto que volviste a trabajar?"
Le preguntó, al fin teniendo la fuerza para voltear. Ruby estaba parada frente a ella, pero su cuerpo apuntaba el perchero donde estaban sus cosas, su mirada parecía perdida. Al escucharla, esta dio un salto y se giró, mirándola, o haciendo el esfuerzo.
"Tenía varios días de permiso para ausentarme, pero solo resistí hasta que mi rostro volvió a la normalidad. Estar sola en casa no era muy agradable."
Era entendible.
Podía entender su sentir.
Se acercó, por una parte, para comprobar una teoría, y por otra, porque quería asegurarse de que esta estuviese bien físicamente.
Llevó su mano al rostro de Ruby.
Y detuvo su movimiento cuando esta dio un salto.
Fue cosa de un segundo, un leve instante, y pudo notarlo.
Su miedo, sus ojos se notaban asustados, temerosos. Había inseguridad, había confusión, había una mezcla de sentimientos que salieron a flote en ese exacto segundo, rápidamente se ocultaron en el semblante indescifrable. Ruby ocultaba sus sentimientos, ya lo sabía, era obvio. ¿Pero esto? Ella misma sabía lo que era tener un trauma, los movimientos involuntarios que hace tu cuerpo cuando te sientes amenazado, cuando crees que el daño antes infringido va a suceder una vez más. Cada vez que su padre gritaba, se le helaba la sangre y su cuerpo se volvía de piedra.
Ruby miró hacía todos lados, intentando ignorar lo que acababa de ocurrir. La vio respirar profundamente, y luego se acercó, lentamente, a su mano que seguía inerte. Ruby tomó fuerzas de quien sabe dónde para moverse. Ahí, finalmente, pudo sentir la piel ajena contra la propia.
Esta dio un leve salto, temblando ligeramente, y luego se calmó, casi de inmediato con su tacto. Pudo sentir como su rostro estaba cálido y suave. Nunca había tocado la piel de esta, y si bien había sido algo lastimoso, no dejó de ser importante. Su primer tacto, su primer acercamiento íntimo, al menos por su parte. Ruby se apoyó en su mano, sus ojos cerrándose, su expresión más calma, incluso su respiración parecía diferente.
Se vio incitada por el tacto, por lo agradable de la situación, con lo relajante de su compañía, y terminó llevando su otra mano al rostro de la chica, abrazando con sus palmas ambas mejillas. Ruby no saltó esta vez. Esta hizo lo mismo con ella la última vez que se vieron ahí, y quería hacerla sentir segura, tanto como está la hizo sentir a ella.
"¿Estas bien?"
Sus palabras salieron como un susurro, y se sintió avergonzada al darse cuenta que desde esa distancia, la pelinegra podía sentir su aliento sin problema.
Estaban tan cerca.
Sintió su corazón latir fuertemente, el calor subiendo por su cuerpo, abrasador. Intentó calmarse, no quería que sus manos comenzaran a sudar mientras sostenían a la menor. Pero estaba nerviosa.
Ruby era más importante de lo que creía, y le dolía verle así.
Pasaron unos segundos eternos para que los ojos plateados se abrieran.
"Creí que lo estaba."
Se veía tan rota, tan confundida, tan dolorida.
No dejó el tacto, por el contrario, sus pulgares se movieron de manera inconsciente por las mejillas tersas, en pequeños movimientos, que esperaba relajasen a la chica.
Nunca había sido así de suave, jamás, ni siquiera con el hombre con el que iba a casarse.
"¿Quieres hablar de eso? Puedo comprender lo que estás pasando, el tener miedo de esa forma, sé exactamente lo que significa, en serio, así que entenderé si no quieres desahogarte."
Ruby levantó la mirada, sus ojos al fin haciendo contacto con los otros.
Se veía tan joven, tan pequeña, tan indefensa. Sus ojos la miraban con un dejo de súplica. Intentó sonreír, intentó darle la confianza que esta necesitaba, el apoyo, y quería pensar que fue capaz de hacerlo.
"Quiero que sepas que puedes confiar en mí. Sé que no seré la persona indicada para estas cosas, me conoces, sin embargo, quiero que te apoyes en mí, así como yo me apoyé en ti cuando estaba mal."
Sus palabras, tan de corazón, tan honestas, se sintieron extrañas en su boca. Pero quería que así fuese, quería ser sincera con la chica, sobre todo ahora que ella más lo necesitaba. Se sentía desnuda hablando así, pero valía la pena. O al menos, el brillo en los plateados le dieron esa sensación. La sonrisa que recibió, si bien fue pequeña y débil, seguía siendo una sonrisa.
Ruby era fuerte, pero no tenía que serlo a cada momento, también debía apoyarse en los demás.
Luego de todo lo que vivió cuando joven, que su pasado la persiguiese debía sentirse asquerosamente horrible. Saber que sin importar cuanto huyas, este llegará a tu lado para hacerte revivir una y otra vez aquello que tanto daño te hizo.
Esta cerró los ojos, su rostro inclinándose hacia abajo. El movimiento le hizo perder el agarre en sus mejillas, así que la dejó, dándole su espacio. Pasaron unos momentos, y no lo supo, pero imaginó que la chica extrañó el acercamiento, su tacto, porque notó como esta le estaba agarrando la ropa. Sus manos hechas puños, sosteniendo su camisa como si fuese a huir, o a desaparecer.
No iba a desaparecer, no ahora.
"Tengo miedo, Weiss. He vivido cosas horribles en mi vida, pero jamás sentí una inseguridad tan grande. Jamás me vi vulnerada de esta forma."
Sus palabras, débiles, hicieron que su pecho se apretase con angustia.
"No he podido estar con nadie, me siento aterrada todo el tiempo, y si bien intento mantenerme como siempre, termino fallando. Estoy acostumbrada a pretender estar bien, pero ahora me es tan difícil. Creo que estoy bien, que soy la misma de siempre, pero la calificación que me dan no ha subido de una estrella."
¿Una estrella?
Sus ojos se desviaron a la pantalla azul.
La gente ha estado calificándola mal. Sus reacciones involuntarias, como esos pequeños saltos, esos estremecimientos causados por el miedo, deben ser mal interpretados por los clientes. Hace unos momentos, solo acercó su mano al rostro de Ruby, y esta dio un salto, no quería imaginar cómo sería su actitud al ver a alguien siendo más brusco, o más repentino, o el simple hecho de acercarse para hacer algo íntimo.
"Si sigo así, voy a perder mi trabajo, Weiss. No sé qué haré si me echan."
¿Echarla?
No, no iba a permitirlo.
Volvió a sujetarla de las mejillas, el temblor fue menor esta vez, pero su piel estaba húmeda. No veía lágrimas, estas al parecer ya había salido hace un tiempo. Levantó el rostro de la chica, obligándola a que la mirase a los ojos.
"No te van a echar, Ruby. Si Velvet así lo decide, yo me encargaré de hablar con ella."
Ruby negó.
Sus ojos se llenaron de lágrimas, estas deslizándose por las marcas que dejaron las antiguas. Podía notar el dolor en su expresión.
"Sé que ella no querría hacerlo, pero, si sigo así, el lugar se va a ganar una mala fama. Sé que no te gusta lo que hago por dinero, pero he hecho cosas peores en peores lugares. Aquí está la única familia que tengo, no podría permitir el ser la culpable de que el lugar se vaya a la ruina."
Desesperación.
Ruby amaba ese lugar. Estaba segura que su inseguridad, más que del ataque, era la idea de arruinar la vida que ahí tenía.
Cerró los ojos, pensando.
Ruby no iba a estar en su casa, no iba a descansar, sobre todo sintiéndose así. La conocía, tampoco querría ir donde un terapeuta a hablar de eso, con lo cerrada que era con sus sentimientos. Podría fácilmente conseguirle otro trabajo, pero ella no iba a dejar ese lugar, como ella dijo, ese lugar era su familia. Y hacer algo ahí, diferente, era imposible para esta, ya se lo había comentado. No es suficiente.
Lo otro que quedaba en su cabeza, era la posibilidad de que solo la llamasen para hacer compañía, sin nada de sexo, pero no era posible prever que cliente querría que cosa hasta que estuviese ahí. Y los gestos involuntarios debían ser en cualquier situación, no solo sexual, un simple agarre de una mano podía hacerla temer.
¿Qué opciones le quedaban?
Miró a Ruby, luego miró la pantalla azul y regresó su mirada a la chica.
Era lo único que se le ocurría, y era triste tener que usar su pequeño juego/recompensa en esto, pero si, tal vez era el momento.
Soltó a la chica y se alejó levemente, Ruby dio un salto y se soltó de su camisa por inercia. Sus ojos parecían confundidos, como los de un cachorro siendo abandonado en medio de la lluvia. Ignoró su mirada suplicante y avanzó a paso raudo hasta la pantalla, y se aseguró de que la chica la estuviese mirando, ahí, juntando sus miradas, apretó las cinco estrellas.
Notó el asombro y la confusión en los ojos de la menor.
"¿Weiss?"
Ruby se le acercó, su rostro olvidando la tristeza, guiada por la sorpresa. Había vuelto a ser la Ruby de siempre.
"Pero ¿Qué hiciste, Weiss? ¿No se suponía que me las darías cuando me lo mereciese?"
Se cruzó de brazos, soltando un suspiro. Si, era una pena, pero honestamente, Ruby siempre se las había merecido desde un principio, aunque la tocase sin su permiso y tuviese un pésimo comportamiento.
"Te las mereces, Ruby. Y si lo de las estrellas es un problema, entonces vendré todas las malditas semanas a darte cinco estrellas para que no te veas en aprietos en el trabajo."
Ruby no podía creerlo. Su rostro estaba tan lleno de estupor que le terminó sacando una risa. Esta parecía querer decir algo, tal vez iniciar una discusión o un argumento a cerca de eso, de lo mal que estaba o que no era el punto o la finalidad de las cinco estrellas, pero al parecer su rostro impávido era suficiente para hacerla dudar y tragarse sus palabras.
Cuando no pudo decir nada, simplemente soltó una risa, sus mejillas enrojeciendo.
"Realmente eres la mejor, Weiss."
Su buen ánimo la contagió de inmediato, y le sonrió engreída.
"Lo sé."
El rostro de la menor fue cambiando poco a poco, ya no era ni depresivo ni asustado, para nada, ahora más bien parecía estresado. Su expresión en pánico, pero no uno malo. Se alegraba de que esta cambiase de estado de ánimo, pero no sabía si aquel pánico era mejor o peor.
"¡Tengo que hacer valer esas estrellas! Dime que quieres hacer, Weiss, lo que sea, te prometo que valdrá la pena cada segundo."
Se dejó caer en la cama, pensando.
No se le ocurría nada, siempre habían hecho todo por inercia, o simplemente eran cosas repentinas que sucedían, como comer algo juntas o un masaje, pero ahora que lo pensaba, no estaba de ánimo de ninguna de esas cosas.
¿Qué quería hacer con Ruby?
Había algo que estuvo detrás de su cabeza desde que llegó ahí, y gradualmente se sintió más cómoda con la idea. Las ultimas veces sintiendo su cuerpo latiendo intenso ante cada estimulo.
¿Pero ahora?
¿Sufriendo esta de estrés post traumático?
No era la mejor decisión.
Pero, por otra parte, ¿Era realmente el sexo lo que le afectaba? ¿Lo que desencadenaba su temor involuntario? Se vio curiosa, y en realidad, si bien le avergonzaba pedir algo así, quería saber cuál sería la reacción de la chica. Necesitaba comprobar su teoría, aunque fuese a expensas de la chica. Se hizo prometer a sí misma que si la hacía sentir mal la iba a consolar y le daría los chocolates para evitar sentir culpa. Esperaba que Ruby la perdonase por hacer cosas a su expensa.
¿Miedo?
¿Terror?
¿Inseguridad?
Lo que sea que ocurriese, estaba preparada para atenerse a las consecuencias.
Capitulo siguiente: Servicio.
En el próximo capitulo veremos si Weiss hace llorar a Ruby o no, el egoismo atacándola. Es tan extraño releer estos capítulos cuando voy por el cincuenta asdjhkalskjd Como sea, espero hayan disfrutado de Ruby sufriendo, desde ahora todo irá para mejor, creo.
Posdata, Yo acabo de vacunarme, por tercera vez, así que vacúnense.
Nos leemos pronto.
