Red Velvet
Capítulo 15: Invitación
…
A penas se fue de Red Velvet aquel día, al momento ya quería volver a entrar.
Fue a ver a Ruby para asegurarse que estuviese bien, y al final terminaron haciéndolo. No le molestó, en lo absoluto, pero tuvo su más grande revelación, una que no quería decir en alto, que no quería que fuese verdad.
Le gustaba Ruby.
Quería pensar en este hecho como algo platónico, como la primera persona con la que se topó que la recibió con los brazos abiertos.
Estás realmente enferma.
Cerró los ojos, y pensó en cambiar al personaje, tal vez que esa persona fuese Yang. Oh no, probablemente esta la hubiese llevado a la cama y habría huido despavorida. Se quedó meditando sobre eso. Le gustaba Ruby como persona, si, sin duda, incluso sentía deseo sexual por ella, por su físico. Se tapó el rostro con sus manos, intentando controlar el rojo de su rostro. No podía pensar más esas cosas, iba a desmayarse.
Como sea, iba a volver. La situación de Ruby estaba peligrando y le prometió que iría cada semana. Pero era mucho más fácil decirlo que hacerlo.
Lamentablemente su trabajo no estuvo lo suficientemente desocupado. Los problemas siempre aparecían, muchos de ellos seguían ocultos bajo la influencia aun activa de su padre, pero podía ignorar varias cosas, porque honestamente no eran su problema. Si su padre fallecía, tendría que resolver aquellos temas, pero hasta que no llegase el día, no iba a entrometerse, a menos que dichos temas involucrasen lo que era su trabajo, ahí tendría que tomar acción de inmediato, que ya había logrado muchos avances y no iba a dejar que este lo arruinase, de nuevo.
Llevaba dos semanas sin poder ver a Ruby, así que cuando tuvo un tiempo libre, decidió salir de su casa. Salir los fines de semana se volvía una obligación, su familia cada día más insoportable. El estrés del trabajo y el estrés familiar resultaba ser una maldición. El sábado pasado estuvo en su casa intentando terminar miles de asuntos de tenía pendientes, papeleos que se acumularon en su escritorio y no podía simplemente dejarlos ahí. Ahora, por fin, estaba libre.
Escapó lo más pronto que pudo. Esperaba que Ruby estuviese desocupada. Cuando la veía era cosa de suerte que estuviese. Tal vez podrían almorzar juntas de nuevo. Tenía que disculparse por demorarse tanto en ir, en darle la puntuación merecida. Iba a cumplir con su promesa.
Cuando se subió al auto, empezó a vacilar.
¿Y si la echaron?
Pasaron dos semanas, pudo haber ocurrido.
¿Ruby le habría avisado?
Tenía su número, ¿No?
No importaba, de todas formas, si no la encontraba ahí, la llamaría y le preguntaría, y también quería excusarse por no ir como prometió. Así que manejó por las calles tranquilas, hasta llegar a su destino. Se sentía tranquila teniendo un plan B.
La fauno del mesón la saludó con más ánimo del que solía, y con eso supo de que para ella era fácil reconocerla en la oscuridad. Realmente se volvió asidua.
"¿Vienes por Ruby?"
Le pregunta le causó temor, de hecho, en cualquier otra situación, habría temblado y su cabeza terminaría pensando en todo lo malo que podría pasar. Bueno, todo eso, si es que el tono de la mujer no hubiese sido el que fue.
Estaba animada, feliz incluso.
Si Ruby no estuviese ahí, sus palabras no serían como fueron.
Y eso, era un alivio.
Al menos nada malo había ocurrido, y eso la dejaba tranquila.
Llegó a la habitación, y comenzó la rutina de sacarse la chaqueta y su bolso para colgarlo. Estaba acostumbrada ya a la sensación de estar ahí, definitivamente era su segunda casa. Una mucho más cálida que la propia, y donde se sentía bienvenida.
Por un segundo, sintió sus mejillas arder.
En esa cama, o bueno, en una similar, es donde lo había hecho con Ruby. Jamás lo hubiese imaginado. Sensaciones así, eran extrañas en su persona. ¿Como una chica como Ruby podía hacerla sentir así?
No había lógica alguna.
Para ella, Ruby era más que una trabajadora sexual, lo sabía. Sin embargo, para Ruby, no debía ser así. Solo era una clienta más a la que debía satisfacer.
Sintió su ánimo comenzar a decaer. ¿Porque se deprimía? Era estúpido siquiera tener semejantes actitudes. Se iba a casar hace solo unos meses, ¿Que había cambiado? Tal vez se aburrió de los novios, de los hombres, de sus infidelidades. Si lo que tenía ahora era una relación, ¿No estaría Ruby siéndole infiel?
Caíste bajo.
Se mordió el labio.
Querer a Ruby para sí misma, ya fuese solo por egoísmo, sin sentimiento alguno, era imposible. Ruby amaba ese trabajo. No había forma de convencerla de que lo dejase. Si es que sus sentimientos crecían, si es que sentía más de lo que había sentido, todo sería en vano. Y aunque así fuese, y para Ruby ella fuese especial, nada garantizaba que ese sentimiento fuese reciproco en lo absoluto. No tenía sentido ofuscarse por algo que no debía dejar esas paredes.
Fue gracioso como todos aquellos pensamientos desaparecieron cuando escuchó la puerta. Realmente se sentía diferente ahí, en compañía. No importaba, disfrutaba de estar con Ruby, sin importar lo breve que pudiese ser.
Abrió la puerta, y se encontró con la pelinegra. Los visos rojos en su cabello se veían más de lo usual, así como sus ojos plateados que brillaban inmensamente.
Esa chica no era la misma que vio la última vez, e incluso creyó que esa imagen destruida de Ruby sería la que vería más a menudo, pero no era así. Se alegraba tanto. Estaba conteniendo el aire todo ese rato, y ahora si podía respirar.
"¡Weiss!"
Dio un salto, sorprendiéndose inmensamente, cuando Ruby se lanzó a sus brazos. Ruby siempre sobrepasaba su metro cuadrado, ya estaba acostumbrada a aquello, pero un abrazo así, fue algo que no pudo vislumbrar. Los brazos la rodearon por el cuello, el cuerpo cálido pegándose al propio. Podía sentir sobre su ropa lo delgado de la bata ajena. Fue más consciente del cuerpo ajeno pegado al suyo, que aquella vez donde se durmieron abrazadas, tal vez por el encuentro sexual que habían tenido.
Sintió que su cabeza se demoró demasiado en procesar lo que ocurría, pero cuando al fin lo logró, fue capaz de rodear el cuerpo de la menor. Quería abrazarla desde esa vez, y no iba a darle tantas vueltas. Solo tenía que actuar, ahí, podía darse el lujo de hacer eso, sin pensar en las consecuencias de sus actos a cada segundo. No estaba en su casa, no estaba bajo el escrutinio de su progenitor.
La puerta seguía abierta, y a pesar de lo mucho que le avergonzara que alguien la viese así, no le importó. Solo acunó su rostro en el cuello ajeno, y respiró profundamente, llenándose del aroma a rosas. No supo cuánto rato estuvieron ahí, sin separarse, pero cuando notó su alrededor, la puerta ya estaba cerrada. No sabía si Ruby la había cerrado con el pie, o si alguien del staff la había cerrado. Fuese quien fuese, lo agradecía.
Fue la primera en dejar el agarre, ya que sintió como Ruby se removía ligeramente. Se separaron lo suficiente para mirarse, pero aun siendo capaces de sentir la calidez de la otra.
Sentía sus latidos aumentar con solo mirar a la chica, la cual le sonreía, sus ojos aun brillando.
No pienses, no pienses en nada, Weiss, se regañó.
"Gracias, Weiss."
Las palabras de la menor la descolocaron. Ladeó el rostro, ganándose una leve risa por parte de la chica. No entendía cuál era el motivo del agradecimiento.
"Desde que me visitaste, no volví a tener más problemas."
Pestañeó un par de veces.
No entendía que le pasaba, era como si su cerebro no pudiese entender nada de lo que ocurría desde que la chica llegó. Tal vez era lo radiante que se veía que la había dejado absorta.
Ruby tomó su mano, captando su confusión. Su tacto era delicado, pasando por sus dedos, por su muñeca, leves caricias en cada zona. Sentía sus mejillas arder con el simple tacto. Recordaba la última vez, y se sentía avergonzada de que las imágenes llegasen a su mente. Era realmente débil, debía acallarse rápido antes que Ruby pudiese notar su actitud.
"Tenía un miedo absurdo luego de lo que ocurrió con esa mujer. Sentí mi nueva vida vulnerada, sentí que mi pasado venía tras de mí, persiguiéndome, sentí que todo iba a caerse a pedazos. Entendía el estar paranoica con lo que pasó, pero no debió afectarme tanto, no luego de todo lo que he vivido. Realmente creí que no iba a mejorar. Pero cuando viniste, cuando hablé contigo, me sentí más tranquila, me sentí más yo misma, y no quien era cuando niña. Todo parecía más claro luego de estar contigo, y todo parecía volver a la normalidad. Si no fuese por ti, tal vez habría perdido mi trabajo."
Oh.
Así que eso había ocurrido.
Sentía el pecho doler cada vez que la mujer hablaba de aquel pasado, de esa vida que tuvo, y en su mente se imaginaba lo peor. Sin embargo…
"Pero si no hice nada."
Le dijo, y era así, solo se quedó inerte mientras la pelinegra hacía todo el trabajo. Incluso ella tenía la motivación de hacer algo para ayudar a la chica más no hizo absolutamente nada. Ni siquiera recordaba haberle dicho algo mínimamente bueno para hacerla cambiar de pensamiento.
Ruby llevó su mano al rostro. Pudo sentir la mejilla cálida y sonrojada en su palma, haciéndola hervir y relajarse al mismo tiempo. Los ojos plateados se cerraron con el tacto, podía ver con claridad sus pestañas y el contorno de su parpados, y luego de unos momentos volvió a abrirlos. Sintió que la mirada que le dio le quitó el aire.
"Hiciste más de lo que crees, Weiss."
Dios, realmente quería besarla.
No sabía si Ruby permitía esas cosas con clientes, pero tampoco quería que la malinterpretara. Pero, al menos después de sus palabras, sintió que ella no era como cualquier otra clienta, y eso, abrigó su corazón. Tal vez el beso que le dio en la cabeza no fue solo un engaño de su mente. Si alguien más de su clientela hubiese tenido el poder que ella tenía, entonces Ruby habría estado bien desde un comienzo. Aunque aún no sabía cual era aquel poder y que había hecho en particular para ayudarla, pero si ella decía que le ayudó, entonces algo debió hacer.
Ruby soltó su mano, y caminó hasta la ventanilla donde había dejado los aperitivos y dejó la bandeja en la mesa. Se vio moviéndose hacía ella, sentándose en una de las sillas. Ruby la siguió, apoyando sus codos en la mesa, observándola. Se veía relajada y joven. Era un respiro de aire fresco el verla como siempre, sin haberse quedado en aquel agujero por culpa de esa loca mujer.
"Weiss, no deberías venir más."
Sus palabras la dejaron en pánico, pero su sonrisa seguía siendo muy amable, así que no cuadraban ambas cosas. No tenía sentido alguno. Ruby pestañeó, notando su sentir. Pareció analizar las palabras recién dichas y negó con el rostro, dándole una sonrisa nerviosa.
"Eso sonó mal. Me refiero, somos amigas, ¿No? Deberías llamarme y podría ir a verte a tu casa o algo, no me sabe bien que estés gastando dinero de esta forma. Mi situación se arregló así que no tienes que venir a dejarme estrellas."
Se quedó unos momentos meditando la oferta.
Había dicho ya que era amiga de Ruby, se lo dijo a la hermana, pero hacer algo así, igual era extraño. En el Red Velvet podía ser ella misma, podía respirar sin sentir que le estaba fallando a alguien, o lastimando su reputación de alguna forma. Ahí se sentía cómoda de dejar su mascara, pero salir de ahí, podría significar que todos esos beneficios desaparecerían. Era un lugar seguro, no creía que hubiese otro lugar así para ella, no había lugar seguro.
Ruby volvió a hablar sus ojos mirando alrededor.
"Podríamos hablar e incluso tener sexo sin problema alguno, lo que tú quieras. No me molesta."
Podía notar el sonrojo en la chica, y eso hizo que su propio rostro se llenase de color.
Aquello le quitó algo de la desconfianza. Siempre estuvo sola, y el pasar tiempo con alguien, sobre todo alguien como Ruby que era agradable, sería beneficioso, simplemente charlar como lo hacía ahí, pero sin que su cabeza la martirizara por estar en un burdel. Si estaba afuera con Ruby, no se sentiría una clienta, solo sería su amiga, y eso la hacía sentir tranquila, al menos creía que eso calmaría a la voz en su cabeza.
Serían como amigas normales.
Exceptuando la parte de sexo, eso no lo haría con cualquiera.
No sonaba nada de mal si lo miraba así.
Coco era su única amiga, y era realmente difícil lograr juntarse, siendo ambas personas muy ocupadas. Tal vez necesitaba más amistades, y Ruby era la persona ideal para tomar un lugar así en su vida, de hecho, si tuviese que elegir, claramente sería su primera opción. Tal vez le gustaría conocerla más fuera del trabajo, ya que al fin ahí está trabajaba, y estaba ansiosa de conocer a la Ruby fuera de esas paredes.
"No suena mal en realidad, pero ir a mi casa es imposible. Mi padre podría verte y sospechar, ya que jamás he invitado a nadie. No quisiera tener más problemas con él, ni que él te dijese algo."
Ruby frunció los labios, su rostro cambió de preocupación a tener una mueca pensativa.
"Trabajo fin de semana por medio, el próximo lo tengo libre, podrías venir a mi casa. No estará Yang, te lo prometo."
Soltó una risa, ya que apenas mencionó sobre ir a su casa, pensó de inmediato en la rubia ahí mirándolas, molestándolas, y quien sabe que más. Ya la había mirado con odio como si se hubiese metido en su territorio, e ir a su casa podía ser aún peor. Ahora que lo pensaba, ir a la casa de una amiga era algo que siempre quiso hacer de niña. Sintió su corazón latir de emoción.
"Eso me da mucha tranquilidad. Preguntaré por tu dirección el sábado que viene."
La sonrisa de Ruby se agrandó. Emoción en sus facciones. Podía notarse evidentemente feliz de haber llegado a un acuerdo. Sintió la mano de esta en la suya.
"No seas tan formal, solo háblame normalmente cuando tengas tiempo, y luego coordinamos todo. Eso hacen los amigos, ¿No? Hablar de nada y todo."
Ruby hacía lucir todo tan simple, cuando en su cabeza todo era tan complicado. Era refrescante sin duda. Con ella podía calmar esos malos pensamientos que la saturaban a cada segundo, podía sentirse feliz sin sentir culpa.
Se quedó mirando sus manos unidas, tan diferentes la una con la otra. La mano ajena más grande, más fuerte, más bronceada, la suya tan delgada, tan frágil, tan pálida.
Los dedos comenzaron a moverse, atrapando cada uno de sus dedos, masajeándolos, y estaba tan atenta a sus manos unidas que el movimiento la tomó por sorpresa, y luego ya era imposible dejar de mirar como la tocaba. Los dedos fuertes se movían por su mano, apretándola con cuidado, pero cada uno de los movimientos era intenso.
Sus mejillas comenzaron a adquirir color.
Levantó el rostro, para mirar a Ruby, para entender a que se debía aquel toque tan suave.
Se sintió aún más roja cuando notó que los ojos plateados la observaban, y tal vez la observaron desde siempre. Sus labios estaban curvados, y su expresión era relajada. Hubiese considerado el momento algo tierno, bueno, lo era, pero el rostro de Ruby parecía estarle coqueteando. No, toda Ruby parecía estarle coqueteando.
Debía ser una habilidad luego de trabajar ahí, pero dios, se sentía hervir tan fácilmente.
Ruby apoyó su antebrazo sobre la mesa, y usó como ancla para apoyar su cuerpo. No dejó de acariciar sus dedos ni por un solo segundo. Los ojos la tenían cautivada.
"Sabes, al principio pensé que yo te incomodaba, pero me di cuenta que es el rostro que pones cuando estas avergonzada."
"Ah."
Soltó un suspiro, sin ser capaz de decir nada. Era consciente que su rostro debía de verse tenso y rojo, tal vez era difícil saber si era una cosa o la otra. Debe ser por eso que aquel día del masaje esta se asegurase si es que estaba incomoda, y así pudo descartarlo. Intentó desviar la mirada de la de Ruby, pero no podía, estaba de piedra mientras esta analizaba su expresión. Ruby finalmente soltó una risa, divertida con su reacción.
"Mírate, pareces un animalito indefenso."
La mano que la acariciaba se movió y llegó a su rostro, y no quería que Ruby la tocara, porque su rostro debería de estar ardiendo. No se consideraba un animal indefenso, pero Ruby la hacía sentir cómoda siendo vulnerable, no siendo tan de piedra. Sintió el pulgar moviéndose en su mejilla, acariciándola.
"No te burles de mí."
Le dijo, en un tono de reproche, y notó como Ruby solo sonreía más, divertida. Parecía haber gatillado más burla en ella, pero no era malo, no notaba malas intenciones en ella, solamente le decía que era adorable mientras acariciaba sus mejillas. Se sintió como esos niños pequeños que son atacados por los adultos, estos tirándoles de las mejillas. Nunca le pasó algo así de pequeña, y se sentía extraño que le pasara ahora, pero bueno, con Ruby parecía tener varias primeras veces.
Esta parecía pensativa de un momento a otro.
"Cuando viniste la primera vez estabas cansada y nerviosa por estar aquí, y claro, también incomoda, pero me alegro que te sientas cómoda conmigo, en serio. ¿Pero, dime, cual es la expresión que pones en la calle? Estoy curiosa."
Se quedó un poco descolocada. ¿Habían hablado de eso? ¿De ella siendo una persona ahí dentro y otra afuera? No lo tenía claro, sentía que había pasado tanto desde que la conoció que no era capaz de darse cuenta de todo lo que le contó a esta en sus peores momentos. Las manos se separaron de su rostro, y se vio observando una expresión inquisitiva.
"Algún día podrás verla."
"¿A si? ¿Acaso ya estar armando planes para el futuro?"
Tapó su rostro con sus manos, de nuevo. Realmente sonó como quien espera tener algo más, y se sintió avergonzada. Ruby reía, disfrutando de su vergüenza.
Pasaron unos segundos para sentir uno de los dedos de Ruby pasar por su antebrazo, lentamente, causándole escalofríos. Finalmente llegó a las palmas que censuraban su rostro y le dio unos leves toques antes de sujetar una de sus manos con firmeza, pero con suavidad, revelando su rostro. Sacándola de su escondite improvisado.
"Vamos, Weiss, muéstrame. Solo un poco, ¿Sí?"
Sintió los ojos suplicantes sobre ella y su corazón latió fuertemente en su pecho. La tomó por sorpresa, y se avergonzó de tener esa mirada en ella. Tuvo tanto pánico que no supo que era lo que tenía que mostrarle. Se había olvidado por completo, quedando en blanco.
Esta se apoyó más en la mesa, acercándose lo que más podía, amplificando esa adorable expresión que estaba usando. Estaba perdida.
Era un cachorro.
"Solo un poquito, me muero de la curiosidad de ver tu expresión profesional."
Ah, su expresión.
Antes preguntó por la expresión que usaba en la calle, pero la expresión de usar en el trabajo era un tema diferente. No sabía a cuál de las dos expresiones debía de imitar, pero creyó que era menos probable que Ruby la viese en el trabajo que en la calle, nunca faltaban los paparazis.
Recordó esas clases de actuación que tuvo cuando niña.
Respiró profundo, mientras miraba como la menor tenía expectación en sus ojos.
Luego puso su mano frente a su rostro, y pensó en el trabajo, pensó en su secretaria, pensó en los lideres de departamento, pensó en las reuniones, y ahí recién quitó la mano, revelando su expresión.
Los ojos de Ruby estaban muy abiertos, su expresión era imposible de leer. La notó quieta por varios momentos, hasta llegar el punto de preocuparse, y hacer desaparecer esa expresión tan tensa que solía tener, sobre todo cuando tenía que hablar con sus empleados.
"¿Ruby?"
Ruby movió el rostro de un lado a otro.
"Creo que he visto esa expresión en ti, o sea, no tan marcara como ahora, pero si, y wow, eres intimidante, y sexy, muy sexy."
La podía notar pasmada, pero que dijese que la encontraba sexy, eso, wow, igualmente. Sus mejillas ardieron, pero ya era costumbre. Nunca había visto a Ruby tan afectada, al parecer realmente le gustó esa expresión.
De la nada, parecía que Ruby había tenido una idea. Su rostro cambiando de estupefacción a emoción, como un niño con un juguete nuevo.
"Weiss, ¿Sabes que son los juegos de rol?"
Pestañeó un par de veces, digiriendo la pregunta, y pensando en una respuesta.
"¿No son esos juegos donde tiran un dado y se hacen pasar por personajes fantásticos?"
Ruby también pestañeo, incrédula e incluso parecía querer contener una risa, la cual no pudo contener por mucho. La escuchó reír por un rato, hasta que se forzó a concentrarse.
"No, o sea si, eso son, pero no creí que fueras a saber algo así, me impresionaste. Pero me refiero a los juegos de rol de adultos, para adultos, para hacer cosas de adultos."
Ruby parecía divertida, pero en su caso solo pudo ladear el rostro, no, no tenía idea que era eso, y su curiosidad era mayor a su vergüenza.
Lo de los juegos de rol lo sabía porque su hermano, años atrás, se vio interesado en algo así, y le dio una breve explicación. En esa época su relación no era tan estricta como lo era ahora. Pero de lo otro, no tenía idea. Ya había dicho que para ella el sexo era prácticamente para reproducirse y para darle en el gusto a sus novios, nada más.
Esta la seguía mirando con una sonrisa.
"Creo que serías realmente buena para ellos, Weiss."
"Pero aún no me explicas de que se trata."
Le dijo, pero esta solo le sonrió, llevando su índice a sus labios.
"Es secreto, tarea para la casa."
Soltó un bufido, y Ruby parecía estar disfrutándolo demasiado.
Tal vez si iba a buscar al respecto, solamente para no sentirse ignorante. Ruby volvió a acariciar sus manos, y era obvio, por su sonrisa nerviosa, que era para evitar aumentar su indignación. Esa mujer la sacaba de quicio en muchos sentidos, unos más favorables que otros, pero tenía que admitir que su personalidad era agradable. Le gustaba estar a su lado, aunque pareciera una chiquilla irrespetuosa y adorable.
Si esta le sonreía, no podía enojarse, era imposible.
Simplemente caía, una y otra vez en los ojos de la chica, y su determinación flaqueaba.
Ya quería volverla a ver, ya quería estar con ella en su hogar. Todo sonaba maravilloso. Ver a Ruby fuera del Red Velvet era algo que la amargó la primera vez, ya que la vio en el hospital cuando esta estaba débil y herida, pero, aun así, en esa circunstancia, pudo ver cosas en ella que le era imposible en ese lugar.
Podría conocerla sin que tuviese que ver con el trabajo. Conocerse realmente.
Eso, la dejaba ansiosa.
Capitulo siguiente: Visita.
Bueno, ¡Feliz Halloween! Espero ya hayan leído una historia que subí para Halloween, sobre otro de mis AUS Whiterose. Un gusto escribir los pov de Weiss, me da mucho poder.
Como sea, espero disfrutasen del capitulo de hoy. Ruby realmente pasó por cosas malas cuando niña, y lo que le pasó ahora no era nada en comparación, así que claramente iba a poder seguir adelante, aunque démosle las gracias a Weiss por ayudar en su recuperación, aunque la pobre ni sepa en que ayudó akjsdhaljdh
Nos leemos pronto.
