Red Velvet
Capítulo 17: Comunicación
…
Su corazón golpeaba en su pecho, enloquecido.
Subió los escalones, escuchando la madera rechinar a cada paso, pero al menos así no se oirían sus propios latidos. Llegó arriba, y había un pequeño espacio cuadrado, al frente un clóset o algo similar, y dos puertas. La de la derecha estaba abierta, así que era de imaginar que esa era la de la pelinegra.
La chica se había despojado de su sudadera, quedando solamente en esa camiseta traslucida sin mangas. Podía notar su figura claramente, lo que no podía hacer con la bata aquella. Desvió la mirada, observando la habitación, lo que sea que no fuese ver a la chica, y no es que no quisiera mirarla, si no que no quería mirarla de una manera inapropiada. Había una cama, lo suficientemente grande para dos personas, un escritorio con una caja de herramientas encima. Algunos papeles desordenados, libros, y cajas apiladas en una de las esquinas. Había un clóset, y un velador. Lo normal en una habitación, nuevamente era acogedora a pesar del poco espacio.
Dio un salto cuando vio a Ruby, sacándose aquella camiseta. Sintió que quería salir de ahí, como si se hubiese quedado varada en un plano erróneo de la realidad. No estaba preparada para eso, en lo absoluto.
Notó rubor en las mejillas de la menor, cuando sus miradas chocaron. Esta dejó su camiseta en el borde de la cama, acompañando a su sudadera.
La vio de frente, acercándose, una mueca nerviosa en su rostro. Tal vez su mirada la estaba incomodando, estaba segura de eso, por eso no quería mirarla, pero no podía no hacerlo. Podía notar con claridad las rosas que ocupaban todo el lado izquierdo de su pecho, y se vio mirándolas descaradamente, estas de un color rojo potente, y las hojas de un verde igual de intenso. La tela del sujetador era negra, y por una parte agradecía que esta llevase uno, y no estuviese sin nada como lo estaba con la bata. Empezó a sentir más vergüenza aun al saber cómo la había visto todas esas veces.
"Pensé que así estaríamos a mano y no estarías tan nerviosa, ¿Me pasé?"
No supo que decirle. Apreciaba su gesto, pero si, también la había tomado por sorpresa. Probablemente se encontraba estática como una estatua.
"Déjame ayudarte."
Ruby habló como siempre, su amabilidad tan característica, y su atención a los detalles. Y así, se acercó lo suficiente para ayudarla con su chaqueta, liberándola de la presión de la tela en su cuerpo. En ese instante se sentía sofocada en el calor del lugar. No tenía idea porque estaba tan caluroso, o era simplemente su cuerpo perverso entrando en calor, quizás también la cercanía del cuerpo ajeno tan cálido.
Ruby dejó la chaqueta junto con sus prendas, y luego la volvió a mirar, nuevamente los ojos escaneándola. Ruby la tomó de la mano, y la mantuvo sujeta sobre su cabeza. No entendió lo que esta quería hasta que usó su otra mano para señalarle, girando su dedo índice. Quería que diera una vuelta. La miró con fastidio, y clara vergüenza, pero lo hizo de todas formas.
Ruby se sacó parte de su ropa para evitar su vergüenza, pero de todas formas hizo algo para ponerla en el foco. No le molestaba estar en el foco, lo había estado toda su vida, pero nunca se iba a acostumbrar a la mirada plateada. No la juzgaba como otros, o la veía como un trozo de carne, si no que esa mirada la admiraba en silencio, y eso subía bastante su ego.
Tachen lo de 'admiraba en silencio', ya que Ruby le dio una segunda vuelta y silbó descaradamente. La miró, sin poder creérselo, y esta solo parecía arrepentida y sorprendida por el regaño silencioso. Si alguien le hacía algo así, era capaz de llamar a su abogado y ponerle una denuncia al maleducado.
"Lo siento, no pude contenerme, este vestido te queda muy bien. Tu cuerpo luce espectacular."
Espectacular.
La palabra dio vueltas en su cabeza.
De acuerdo, estás perdonada, Ruby Rose.
A Ruby le perdonaba todo. Al parecer era muy blanda con ella, probablemente sus conocidos no creerían su comportamiento.
Ahora que lo pensaba, normalmente iba con traje al Red Velvet, así que estar con vestido, con ropa casual, no de trabajo, debía ser una sorpresa para la menor.
Ruby le dio la vuelta, y la sintió en su espalda, buscando la cremallera de su vestido. La ayudó quitando su cabello de en medio. Se sentía extraño el estar ayudándola a desnudarla, pero no podía evitarlo. Se sentía caliente. El sonido de la cremallera la puso más ansiosa, más nerviosa. Cuando esta llegó abajo, pudo sentir los dedos de Ruby pasar por el trozo de piel expuesta por la tela. Pasaron por su columna, lentamente, apretando la zona, subiendo. Cuando llegó a sus omóplatos, ya no eran solo la yema de los dedos, si no que eran las palmas enteras las que abrazaban su espalda, empujando la tela poco a poco, con movimientos agradables. Todo parecía un masaje, como tantos que esta le dio, y no dejaban de encenderla. Las uñas fueron las ultimas en rozarla, deshaciéndose por completo de la tela que sostenía la prenda en sus hombros. Esta cayó lentamente, y luego eran las manos de Ruby las que volvían a sentirse, ahora en su cintura, avanzando peligrosamente a sus caderas, bajando lo que quedaba de vestido.
Se quedó ahí, en medio de esa desconocida habitación, solamente en ropa interior, luciendo completamente roja. Se sentía muy nerviosa. No sabía si moverse o no. Pero las manos de Ruby ya no estaban, ni su cercanía, sin embargo, aun podía sentir la mirada de esta en su cuerpo. La estaba observando, lo sabía. Se giró, sintiendo el aire pesado, buscando con la mirada a la chica, pidiendo explicaciones, o tal vez tener una idea de que debía hacer ahora.
Su corazón ya latía fuerte ante el nerviosismo, pero creyó que ahora aún más cuando notó como los ojos de Ruby, normalmente plateados y claros, se oscurecían levemente. Su mirada madura e inerte, su mirada pegada en su cuerpo. Nuevamente sintió que era devorada con la mirada, y ahora no eran solo sus piernas las víctimas. Esta dio un salto, atrapada en su actitud maliciosa. La había visto justo con una expresión nueva, tal vez otra de las facetas de Ruby que creyó que no existían. Eso la hizo hervir más, si es que era posible.
Se sentía humedecer al ver aquella expresión, ahora enmarcada en su cabeza.
Ruby no era una niña, era una adulta, y mucho más perversa de lo que podía vislumbrar.
"¿Qué haces ahí?"
Le preguntó, pero una parte de ella sabía cuál era la respuesta y no estaba realmente lista para escucharlo.
Ruby se sonrojó por un momento, y luego puso su mano derecha en su nuca. Se veía arrepentida, pero sus ojos no mostraban aquel arrepentimiento. Seguían luciendo grises, abrasadores.
"Lo siento, no suelo ser así de descarada, lo prometo, pero siempre tuve curiosidad de que tan bien lucias sin ropa. Y la primera vez no pude disfrutarlo lo suficiente."
Oh.
Sintió la boca seca, los ojos aun escaneándola. Tomó algo de valor, y abrió la boca.
"¿Y qué te parece?"
Su propia voz salió diferente de lo usual, y Ruby lo notó, ambas lo notaron. Pero a Ruby no le molestó, por el contrario, parecía aún más atraída que antes, era obvio por la sonrisa que le daba. La vio acercarse, y sintió una mano ajena posándose en su cintura, la mano fuerte sosteniéndola con intensidad, deseo en sus ojos plateados, que la miraban de arriba a abajo, escaneando su cuerpo sin decoro alguno.
"Eres perfecta."
Siempre había trabajado para la perfección, pero jamás lo consiguió. No solo eran los otros quienes le ponían presión, si no que ella misma se presionaba. Normalmente esa palabra la hacía sentir devastada, la hacía sentir que era una mentira, que la perfección jamás estuvo en ella, jamás fue perfecta y jamás lo sería. Pero ahora, la voz de Ruby sonó como un ronroneo, su tono y expresión solo denotaban lo orgánico de sus palabras. Y bueno, esa mirada también parecía decir mucho. No le molestaba que fuese Ruby quien le dijese así.
Podía creerle a Ruby.
Ruby la tomó de las manos y la guio a la cama, acomodándola en posición para que se sentase, así que eso hizo.
Esta se agachó frente a ella, pero antes de que lo hiciera, tuvo un breve momento para ver el estómago de esta. Se veía en forma, y notó como sus cuerpos eran diferentes. Nunca había visto a una mujer así de cerca, así de expuesta, así que le sorprendía todas las cosas que encontraba diferentes entre ambas a pesar de ser ambas mujeres de estatura similar. Otra cosa que notó, eran unas rosas carentes de color en la parte derecha de su estómago, parecían venir desde abajo de la tela del short. Ruby tenía una obsesión con las rosas, y a veces se preguntaba si era por su apellido. Luego pensó en la madre que esta perdió, y podía pensar que debía ser eso, podría ser el apellido de su difunta madre.
No quiso decir nada, pero tal vez lo anotó en su cabeza para preguntárselo luego, cuando hubiese más confianza entre ambas.
¿Mas confianza aún?
Ruby se arrodilló frente a ella y agarró uno de sus pies, al parecer con la intención de sacar sus botas. Su plataforma quedó apoyada en el hombro ajeno, y se dio cuenta de lo sexy que era esa posición. Esta arrodillada, buscando la cremallera de su bota, la punta apoyada en su hombro. Era demasiado. Notó como Ruby cambio esa mueca intensa un poco, soltando una leve risa.
"Hey, Weiss, ¿Buscaste lo de los juegos de rol?"
Ahora que lo mencionaba, no lo hizo. Tuvo muchas cosas en que pensar, que al final olvidó aquello, todo por los nervios de hacer aquella visita. Ahora se arrepentía porque como odiaba sentirse ignorante en algún tema.
Negó, y Ruby le dio una sonrisa.
"Menos mal, o estarías aún más avergonzada."
Oh.
Sintió sus orejas arder. Ruby la conocía muy bien. Si ya estaba nerviosa así sin más, hubiese sido aún peor al haber buscado cosas pervertidas en internet.
"Y tú te habrías burlado de mí."
Dijo, ya con sus mejillas completamente sonrojadas.
Ruby soltó una leve risa, pero su rostro seguía sereno, mientras terminaba el trabajo con una de sus botas. Pudo notar como esta pasó una de sus manos por su pierna, desde su rodilla hasta su talón, lo cual le provocó escalofríos.
"Probablemente, pero solo porque eres muy linda. Pero descuida, puedo enseñarte algunas cosas."
Su voz era suave y nunca se cansaría de escuchar a Ruby decirle cosas bonitas, nunca. Esta siguió con la otra bota, y a esa altura podía sentir su propio cuerpo hervir, su centro humedecerse, solo con aquellos leves movimientos. Tal vez era culpa de aquellos sueños que tuvo, o aquella ansiedad de volver a sentir las manos de Ruby en su cuerpo, la boca de Ruby en su cuerpo.
Por dios, Weiss, ¿Tienes sexo una vez con una mujer y ya no puedes parar?
No tenía sentido reclamarse a sí misma, de todas formas, ya estaba ahí.
Ruby ya le dijo tiempo atrás que no podía alejar sus manos de ella, así que sabía que aquello no era algo de un solo lado, era reciproco. Ya no era un simple tacto, un simple masaje, no, ahora sentía que había abierto un grifo y ya no podía cerrarlo. Aquello había fluido, y ya no se quedarían en el pasado, si no que la situación seguiría creciendo.
No quería pensar en eso, solo en cómo se sentía.
Dio un salto. Ruby había terminado con su trabajo y comenzó a besar sus piernas, a iniciar un camino de besos hasta sus muslos. Ahora claramente no quería pensar en cómo se sentía porque era demasiado, no podía, la anticipación la estaba inundando.
"¿Como te sientes? ¿Estas incomoda?"
Ruby le dijo, su rostro entre sus piernas, y aunque su voz fuese tan cuidadosa y preocupada, el que estuviese ahí, en sus muslos, tan cerca de cierta zona, no la hacía pensar claramente. Tal vez notó lo rojo de su rostro y creyó que no se estaba sintiendo bien, y no era así, se sentía de maravilla, pero más nerviosa que nunca.
Le costó hablar, de hecho, salieron un par de vocales sueltas, y la expresión preocupada de Ruby creció.
"¿Quieres que cierre un poco más las cortinas para que haya menos luz?"
Notó el pánico en la voz de la menor, y honestamente, no sabía si eso quería, pero ahí había mucha luz, más que en el Red Velvet, así que si, sería bueno para su nerviosismo. No supo si dijo que si o no, pero Ruby se levantó de todas formas, sus botas resonando con fuerza con cada una de las pisadas, se escuchaba nerviosa para lucir siempre tan experimentada.
Esta cerró un poco una de las cortinas, y ya la luz era menor, no había gran diferencia, pero al menos no vería a Ruby entre sus piernas con tanta definición o le daría algún derrame cerebral y no era la idea. No estaba en sus planes.
"¿Mejor?"
Sintió la mano de Ruby en su mejilla, mientras acariciaba levemente la zona donde estaba su cicatriz, con suavidad. Sus ojos plateados estaban tranquilos, no había molestia alguna por su actitud ni nada. Ruby estaba hecha para complacer. Asintió levemente, sintiendo su mejilla hervir.
Era un manojo de nervios.
Creyó que hacerlo una vez con Ruby iba a ser suficiente para que las siguientes no la hicieran sentir tan nerviosa, pero no, seguía igual.
"Creo que no estoy hecha para estas cosas..."
Dijo en un susurro, pero Ruby logró escucharla, lo supo, porque esta de inmediato se removió de su lugar, quitándose las botas con un solo movimiento, así como quitó la mano de su mejilla. Dio un salto, así como soltó un grito cuando Ruby, rápidamente, pasó un brazo por debajo de sus rodillas, y usó su otro brazo para sujetarla por la espalda. Fue un movimiento rápido, tanto así que se quedó inmediatamente paralizada.
Esta la levantó en sus brazos, lo suficiente para moverla en la cama, dejándola acostada con la cabeza en la almohada, y antes de poder entender que quería, la notó acostándose a su lado, el brazo de esta detrás de su nuca, manteniéndola cerca.
Ahora estaba más nerviosa, sí, pero también estupefacta. Se vio en los brazos de Ruby, mientras esta la miraba con una expresión divertida. No entendía nada. Y esta la levantó tan fácilmente que se vio temblando. No creía que esta fuese así de fuerte. No es que ella misma pesara tanto, pero si era algo impresionante. Ahora que lo notaba, era la primera vez que veía los brazos de Ruby tan de cerca, no se veía escuálida en lo absoluto.
Abrió la boca para decir algo, pero no pudo. La mano ajena que no se movía por su espalda fue a su mejilla, poniendo unos cabellos tras su oreja.
"¿Cuándo te lo hice la otra vez, lo disfrutaste?"
Pestañeó, recordando esa escena que estuvo muy presente en los sueños de ese día.
"¿Te gustó?"
Ruby sabía que estaba demasiado avergonzada para decir nada, pero preguntó de nuevo, solo para sonreírle de manera picara. Ruby también sabía la respuesta. Se veía tan madura en ese momento, con tanta experiencia, y ella misma se sentía una adolescente.
Asintió, solamente para que esta no le preguntase de nuevo de otra forma aún más vergonzosa.
"Entonces si estás hecha para esto. No estás acostumbrada, es solo eso. Yo tampoco lo estaba hace unos años, no sabía casi nada y me paralizaba de solo pensarlo, y mi hermana tuvo que enseñarme muchas cosas para que no llegase alguna clienta y me tomara desprevenida, tuve que estudiar mucho, así que no me da vergüenza cuando sé que estoy haciendo. El sexo no es para nada complicado cuando te acostumbras a lo natural que es."
No lo había pensado así. Todo trabajo necesitaba ciertos conocimientos, y ese no era la diferencia. Tener que estudiar el sexo, era algo que por su parte nunca había hecho. Para ella, el sexo era prácticamente para reproducirse, nada más, y cuando lo hizo en el pasado, era para placer ajeno, porque para ella era incluso aburrido. Quizás sus parejas sexuales no lograban alentarla lo suficiente. Creyó en algún momento que no era lo suyo, incluso alguien le dijo aquello alguna vez. Que era como estar con un muerto.
En el momento no lo tomó en cuenta porque poco le importaba el tema, pero ahora, analizándolo, si dañaba un poco su ego.
"Es normal que estés nerviosa si nunca lo has hecho con una chica, y sobre todo si no sabes que es lo siguiente que haré. Estás avergonzada y a la defensiva, puedo comprenderlo bien."
Tal vez Ruby notó la seriedad en su rostro, o como claramente se le notaba en el rostro que su cerebro estaba pensando en miles de cosas.
"Hagamos algo, comuniquémonos."
Salió de su estupor para mirar a la mujer, la cual tenía una sonrisa inocente en su rostro, inocente y amable. Ladeó un poco el rostro, sin entender.
"¿No nos estamos comunicando?"
Ruby soltó una risa, ahora eran dos de sus dedos que jugaban con su oreja, y le costó mantenerse concentrada en la conversación debido a las caricias.
"Si, pero me refiero a que nos digamos las cosas al momento de hacerlo. Avisarnos. Intentémoslo de esa forma a ver si te parece más cómodo."
Pestañeó, aun sin captar, y se sentía una completa ignorante en ese nuevo mundo que se abría ante ella. Ruby pareció nerviosa con su mirada, así que optó por mirar a otro lado mientras reía. Se quedó en silencio unos momentos, sus plateados parecían analizar quien sabe que en su mente.
Cuando volvió a mirarla, parecía más resuelta.
"Voy a decirte que haré, y cuando lo haga, me dirás si te gusta o no, o si te incomoda, como aquella vez con el masaje, ¿Te acuerdas? No haré nada que no quieras que haga."
Oh, como olvidar eso.
Y pensar que estuvieron muy pegadas ese día, tan cerca la una de la otra.
Asintió y esperaba ser capaz de hablar.
Ruby solo quería saber cómo se sentía, y eso estaba bien, tal vez demasiado. Ahora era diferente a esa vez, porque era más íntimo, no era trabajo, no era un servicio, era algo mutuo.
"Entonces, voy a usar mi mano para tocarte."
Pestañeó, y respiró profundo. Se sentía nerviosa, sí, pero no sentía esa sensación de ansias al no saber que sorpresa llegaría a ella, y no era muy de recibir sorpresas. El brazo ajeno en su espalda la afirmó, lo suficiente para apegarla al cuerpo semi desnudo a su lado. El simple gesto de sentirse acunada en el cuello de esta fue suficiente para hacerla jadear. Esa vez, Ruby estaba lejos, ahora la sentía cerca, demasiado cerca, hirviendo. Tal vez en su fuero interno quería volver a sentir la boca de Ruby allá abajo, pero si la tenía ahí, a solo centímetros, podría gustarle más que esa vez. Sintiendo el aroma de esta en su nariz, y su calor en el cuerpo.
Sus sentimientos iban a crecer cada vez más con esa cercanía...
Ruby movió su mano libre hasta su pecho. Tal vez creyó que iría de inmediato a tocarla abajo, de todas formas, no tenía el busto más prominente. A veces olvidaba que la intención de esta era satisfacerla, no satisfacerse a sí misma. Le iba a costar aceptar eso.
La simple imagen de esa mano grande en su pecho fue suficiente para encenderla. Los dedos se movieron sobre la tela, despacio, tanteando. Estuvo ahí un buen rato, acariciándola, y llegó a sentirse frustrada por el no ser capaz de decirle que solo metiese la mano y ya. Escuchó su propio suspiro fastidiado salir por su boca, y de inmediato sintió el calor del aliento de Ruby.
"¿Quieres que toque directamente?"
Oh.
Si, sí.
Soltó otro suspiro, avergonzada, pero al menos confiaba en que su flequillo sería suficiente para ocultar su rostro nervioso. Ahí asintió, incapacitada para hablar en lo más mínimo.
Pudo sentir la sonrisa en los labios de Ruby, tal vez por costumbre, o quien sabe, pero no tenía que verla para poder saber su exacta expresión, y eso le daba más vergüenza que el simple hecho de verla.
Los dedos estaban cálidos cuando movieron la tela del medio, y ahora podía sentir las yemas rozando su pezón, moviéndose alrededor, jugando. Los gemidos se le empezaban a escapar, y sus piernas se movían por si solas, intentando aliviar el picor que empezaba a aumentar en su parte baja. Las manos de Ruby parecían tener experticia, tanto como su boca. No logró averiguarlo la primera vez, pero ahora agradecía que esta decidiera usarlas. Se mordió el labio, sintiendo su cuerpo temblar.
La mano se movió, y se vio siguiéndola con la mirada, frustrada una vez más, queriendo más. La mano subió, lo suficiente para llegar al rostro de la dueña, y se vio a sí misma frente a frente con esta. Los plateados la miraban, y no se había dado cuenta lo cerca que esta estaba. Ruby sonrió, pasando la lengua en su pulgar, y antes de comprender que ocurría, esta bajó el pulgar humedecido hacía su pecho. Su piel se erizó y soltó un gemido cuando el dedo, ahora frio, tocaba su pezón, siguiendo con sus movimientos, ahora resbalando gracias a la humedad.
Ruby la miró todo ese rato, y a pesar de que era la única que estaba disfrutando de aquello, esta se veía complacida. No lo entendía del todo, pero poco podía pensar.
"¿Te gusta?"
A esa altura, con esa desesperación, con ese palpito entre sus piernas, era difícil siquiera mantener la compostura. Intentó decir que sí, lo que debió salir como un suspiro. Ruby asintió, y así fue como averiguó que había sido escuchada. Desvió la mirada, la tensión en su cuerpo creciendo poco a poco.
Quería decirle que siguiera, que bajara, pero no podía.
¿No era esto un trabajo de comunicación y confianza?
Bueno, su problema siempre fue la comunicación, porque de confianza, confiaba mucho en Ruby.
Sus propias manos estuvieron muertas a su costado todo ese tiempo, y decidió que era momento de moverlas, era momento de hacer algo, si su voz no podía salir, entonces debía comunicarse de otra forma. Movió sus manos, tan rápido y preciso como pudo considerando sus nervios y temblores, y las dejó sobre los hombros de Ruby, y la miró, su boca aun intentando decir algo, sin poder soltar nada que no fuesen suspiros y gemidos.
Estaba perdiendo el control, lo sabía, y sus piernas apretándose entre ellas eran suficiente prueba.
Notó, en ese instante, el rostro de Ruby frente a ella, y vio aquella expresión encendida e ida, la cual duró solo un momento, cambiando por una sorprendida. Su movimiento abrupto parecía haber tomado por sorpresa a Ruby, y no solo eso, si no que su rostro pasó de estar sonrojado a estar completamente rojo. Al parecer su movimiento, y su clara frustración, fueron suficientes para hacer entender a Ruby lo que sucedía, no, para hacerla entender lo que su cuerpo necesitaba en ese instante, lo más pronto posible.
Ruby cambió frente a ella, sus ojos tornándose más oscuros, más turbios, más excitados, y sintió su propio ego aumentar al ver esa expresión. Tener esa reacción de alguien con la experiencia de Ruby parecía ser un gran logro. Se apegaron más, y por su parte rodeó por completo el cuello de la chica con sus brazos. Su cuerpo de inmediato reaccionó, apegándose, embistiéndose contra el cuerpo ajeno. Se sentía inhumana en ese instante, sucia incluso, pero llegó a un punto de no retorno donde no le importaba en lo absoluto.
Ni siquiera creía ser capaz de abrazarla de esa forma por decisión propia.
Sintió la mano ajena bajar por su abdomen, y lentamente rozar el borde de su ropa interior. Un dedo pasando por su pelvis, luego dos, dolorosamente lento. Dios. Ruby estaba siendo cuidadosa, Ruby no quería sorprenderla, pero demonios, ya no podía más.
Apúrate.
Lo pensó, pero al parecer lo dijo, ya que Ruby dio un respingo.
Tal vez no era buena idea, tal vez apurarla no era la mejor forma, tal vez Ruby hacía las cosas lento por algo, porque claramente sabía más que ella del tema, pero no podía evitarlo, eran sus instintos más básicos hablando.
Como sea, su mente se fue a blanco.
Ruby bajó su ropa interior a una velocidad desgarradora, sorprendentemente cuidadosa, pero inhumanamente rápida, sintió la fuerza en la mano ajena cuando sujetó su muslo haciéndola abrir las piernas, y solo pudo hacer caso. Luego sintió los dedos penetrándola. Soltó un grito ahogado ante lo abrupto del movimiento, y notó el rostro preocupado frente a ella. El rostro que hace solo unos segundos era el de un animal hambriento. No podía decirle que estaba bien, ni hacer nada, sus interiores presionándose al tener aquel ser extraño dentro, impidiéndole pensar o decir nada. Era su cuerpo lo único que reaccionó, sus caderas principalmente, moviéndose, usando los dedos de Ruby para auto satisfacerse.
No se fijaba demasiado, sin poder hacer nada más que temblar, pero notó como el rostro de Ruby se calmó y esa expresión encendida volvió. Podía escucharla suspirar pesadamente, su aliento cálido mezclándose con el propio.
Podía sentir los dedos dentro de ella, moviéndose, empujando sus paredes en diferentes ritmos, quiso concentrarse solo en aquello, en notar detalladamente el esfuerzo que Ruby estaba poniendo en satisfacerla, pero su propio cuerpo quería más, así que sus caderas siguieron moviéndose, intentando imitar el ritmo de los dígitos.
Antes de que Ruby siquiera la tocase ahí abajo, ya se sentía a punto de llegar al límite, y ahora, era un constante temblor el que sentía en sus piernas.
No se iba a acostumbrar a esa sensación tan adictiva.
No podía tapar sus labios, pero si podía ocultarse en el cuello de Ruby, y esta la abrazó con más fuerza, sintiéndola. Los dedos de Ruby podían sentir como el líquido se desbordaba, como sus paredes la apretaban, como temblaban a su alrededor. Apretó sus piernas, sin poder controlarlas, sin que nadie las mantuviese inertes en su lugar, entonces la mano quedó atrapada en su entrepierna, sin posibilidad de salir, pero no hubo intento de huida, por el contrario, los dedos ingresaron más dentro de ella. Se sentía tan adentro, tan profundo, y aquella simple sensación fue suficiente para hacer que se viniese.
Soltó un grito ahogado, mientras su cuerpo temblaba y se aferraba más al cuerpo ajeno que la sostenía, sin control, sin vergüenza.
No supo cuánto rato estuvo ahí, abrazada al cuerpo de Ruby, atrapando la mano ajena, recuperando el aliento poco a poco. Ruby se mantuvo ahí, sosteniéndola, su nariz pasando por su cabello en movimientos tan agradables.
Podría estar en esos brazos por siempre. Quería estar entre esos brazos por siempre.
"Voy a salir, Weiss."
Por su parte asintió, teniendo la capacidad a esa altura de poder abrir sus propias piernas, a pesar de que se sentían adormecidas. Notó de reojo como la mano de Ruby estaba completamente mojada, y desvió la mirada por completo. No quería ver eso. O sea, si, una parte de ella se sintió prendida al ver eso, pero la otra profundamente avergonzada.
Escuchó a Ruby soltar una risa, sonando estruendosa al tener el oído cerca de su pecho.
"No tengo que preguntarte para saber que te gustó, ¿No?"
No la miró, solo se quedó ahí, inerte, mientras movió una de sus manos lo suficientemente cerca de Ruby para llegar a su oreja y poder tirar de esta. La escuchó soltar un alarido.
"Eres una verdadera idiota."
Y si, lo era, y al parecer ella también era una idiota por que le gustase esa idiota.
Capitulo siguiente: Insomnio.
Bendito capitulo sucio, lo adoro. Y esto no es nadaaa. Vainilla habrá poco, si, ¡Porque esto tiene que ir a las nubes! Espero no hacerlos sufrir mucho con el capitulo siguiente que se viene trágico, pero bueno, es una historia mía, así que tiene que tener un poco de todo.
Vamos a conocer un poco del pasado de Weiss, y de los problemas que está teniendo a nivel mental, así que espérenlo con ansias.
Nos leemos pronto.
