Red Velvet

Capítulo 21: Foto

Se quedó mirando su reflejo en el espejo. Giró el rostro hacía la derecha, dejando expuesta su piel, dejando expuestas las marcas que la adornaban.

El calor aumentó de inmediato en sus mejillas. Las ocultó todo el día en el trabajo, y ahora a solas en su baño privado, podía volver a mirarse. No estaban tan rojas como cuando llegó el sábado, pero aún estaban claras. Su piel, tan pálida, era un lienzo para marcas así, resaltándolas aún más.

Se terminó de sacar la camisa, y giró, mirando su reflejo de reojo. En su nuca también había marcas, y en su espalda, cerca de sus hombros.

Sucia.

Rodo los ojos, ignorando la voz en su cabeza.

Nada iba a interrumpir lo bien que se sentía.

Quería soltar una risa ante las muecas adorables de Ruby aquel día, como con arrepentimiento le pedía perdón por hacerle algo así, le decía que jamás lo había hecho y que procuraba no hacerlo, sobre todo cuando varias personas que iban al Red Velvet eran mujeres de familia en situaciones complicadas y una marca así podría causar estragos. Le llamó la atención cuando en esas divagaciones, esta dijo que no era de esa clase de personas, que no dejaba marcas no solo porque no podía si no porque no quería, y luego dijo un par de cosas más y esa parte en particular se perdió en la conversación.

Sabía que para Ruby ella no era una persona normal, una clienta, ni siquiera una amiga normal, pero se sintió tan bien el que Ruby no fuese con ella como lo era con las otras personas. Tenían un lazo especial, desde ambas partes.

Y honestamente, no le molestaba que Ruby la marcara, y ese pensamiento le hacía dar cuenta lo mucho que había cambiado.

Se acordó que hace años, una pareja que tuvo decidió hacer aquello, dejarle una marca. Por su parte, no le habló por días, e incluso se quejó cada día hasta que desapareció. Esa persona no volvió a hacerlo, y bueno, era del grupo de 'tener sexo contigo es como hacerlo con un muerto', así que tampoco quería tener su maldita marca en el cuello. Le daba asco siquiera pensarlo.

Pero Ruby…

Ruby en cambió dejó cada marca con un cuidado y un deseo que se le hacía imposible enojarse con ella, incluso ahora que las marcas dolían al más mínimo roce. No le importaba, de hecho, le gustaban. La hacía sentir querida, le hacía sentir sexy, deseada.

No era bueno para su circulación el tener tantos moretones, pero sentirse así valía la pena.

Ahora que se veía en el espejo, con esas marcas adornando su piel, creyó que era un buen momento para molestar a Ruby. Para recordarle lo que había ocurrido, lo que esta le había hecho de esa forma tan violenta y bestial, y no lo decía con molestia, en lo absoluto. Se sentía bien de haber visto ese lado de la mujer, poder verla sin máscaras, con todos sus instintos a flote, con su más pura necesidad adornando su expresión.

Debía admitir que incluso soñó esa misma noche con esa Ruby. Con esas expresiones. Luego de ese día, sintió que pudo ver un lado de la mujer que no todos veían, y se sentía afortunada, ya que de por si siempre se deprimía al saber lo que esta hacía con otras mujeres, pero confiaba en Ruby, en cómo le había dicho que nunca había hecho algo así, que nunca se había comportado así, y obviamente le iba a creer, ¿Cómo no hacerlo?

Tomo su celular, y buscó el ángulo indicado para que salieran las marcas en su cuello y espalda, pero sin mostrar más de su cuerpo.

Sacó la foto y se la envió a Ruby.

A juzgar por la hora, Ruby ya debería de estar en su casa, descansando.

Dejó el celular y se puso ropa más cómoda, que tapase las marcas, para poder bajar a cenar y que nadie dijese nada, ni se diesen cuenta de nada. No quería tener una discusión ahora que se sentía de buen ánimo. Luego se quedó unos momentos en su cama, inerte. Podría usar ese tiempo en hacer algo, pero sus piernas seguían doloridas desde su encuentro con Ruby y quería moverse lo menos posible.

El domingo fue fatal para ella, al menos nadie la vio bajando las escaleras como un recién nacido.

Fue mucho ejercicio para lo que solía hacer, sus piernas se esforzaron por mantener su cuerpo erguido, y se merecían un descanso.

Su celular sonó, y por un momento olvidó lo que había mandado y se sintió avergonzada de ver su foto ahí desplegada.

Leyó letras indescifrables, sin sentido alguno.

Pestañeó, intentando descubrir el código secreto oculto en el mensaje, hasta que llegó otro.

"Estaba cenando y me atraganté de la sorpresa con un pedazo de carne."

Intentó contener la risa, y luego se sintió algo culpable de reírse a costa del sufrimiento de la mujer, pero no pudo evitar imaginárselo. Ruby comía muy rápido, y si vio la foto justo cuando hacía eso, debió ser algo gracioso de ver. Ya ni siquiera le decía a la mujer que comiese lento, ya parecía demasiado arraigado en ella como para que cambiase. Incluso cuando fue a su casa esa vez, e hicieron sándwiches, esta se comía dos al mismo tiempo. Quedó anonadada.

Tenía clara cual podía ser la razón de ser así, de devorarse todo como si aquello fuese a desaparecer, y sabiendo el pasado difícil que Ruby tuvo cuando joven, tenía claro que debió de existir un punto donde debía aprovechar de comer lo más posible en el caso que al día siguiente no pudiese. Pensar en esa mujer, tan pequeña e inocente sufriendo de esa forma, le dolía, así que intentó eliminar el pensamiento de su mente para no ponerse triste.

"Deberías comer más lento, puedes morirte. A algunos cachorros les sucede."

"Créeme que hubiese ido a buscarte en forma de fantasma por ser la culpable de mi muerte."

Rodó los ojos, notando el dramatismo en sus palabras.

"Si comieras más lento, nada de eso ocurriría."

Ruby le contestó con un emoji triste, luego puso uno pensativo.

"Si fuese un fantasma podría ir a ver esas marcas por mí misma."

Se quedó mirando el teléfono, sin poder creerlo. Había lógica en aquello tan ilógico. Se quedó pensando en la mejor forma para contestar aquello, intentando seguirle el juego. Casi se podía imaginar esa mueca infantil en la mujer, infantil, pero picara.

"Si fueses un fantasma ya no podrías tocarme."

Se sintió algo egocéntrico de su parte, pero conocía a Ruby, y estaba esa frase revoloteándole en su cabeza desde que Ruby se la dijo tiempo atrás. Meses incluso.

La respuesta se demoró, y vino con un emoji sorprendido y uno llorando.

"¡Pero sabes que no puedo mantener mis manos lejos de ti!"

Si, esa frase.

No imaginó que esta iba a decir exactamente lo mismo, pero sintió sus mejillas encenderse, como si pudiese leerle la mente. Tal vez a esta altura podía, de todas formas, con lo mucho que hablaban, prácticamente todos los días, se consideraba capaz de adivinar las reacciones de esta, lo cual no era tan diferente a leerle la mente.

"Entonces come lento y no mueras."

Le dijo, dando el tema por cerrado. Casi podía imaginarse el rostro de Ruby, haciendo un puchero mientras masticaba más lento con toda la concentración.

Le llegó una foto segundos después, y era Ruby, con una cara llena de tristeza y una de sus mejillas hinchadas, claramente estaba masticando.

"Mastiqué veinte veces, espero estés satisfecha."

Soltó otra risa.

"Lo estoy."

Y lo estaba. Había escuchado de un doctor que masticar ayudaba mucho para la digestión, y era un hombre confiable.

"¿Y mi recompensa?"

Le llegó luego de un rato, acompañado de una imagen de un perro, y la expresión de dicho perro era la misma expresión de cachorro que ponía Ruby, y se sintió derretir. Estaba segura de que habían basado ese dibujo en la mujer.

Soltó un suspiro, intentando controlar sus latidos.

Ruby era demasiado adorable, incluso detrás de una pantalla.

"¿Qué quieres?"

Como respuesta aparecen un montón de emojis pensativos.

"Te pediría algún dulce elegante e inalcanzable para mí, pero no quiero esperar, entonces..."

Se quedó esperando la continuación, anotando en su cabeza que la próxima vez que viese a Ruby, iría a alguna pastelería y le compraría algo para llevarle. Había lugares muy buenos, y que en realidad eran bastante costosos, incluso para ella. No tendría problema en presumir de su posición económica y mimar un poco a Ruby.

"¿Y si me mandas otra foto?"

Se sintió arder.

No esperó aquello.

Bueno, ya le había mandado una, no era tan difícil. Miró hacía su puerta, asegurándose de que le hubiese puesto seguro, aunque nadie solía entrar a su cuarto sin avisar. Bueno, su padre, y también su hermano si es que estaba de mal humor. Era extraño hacerlo ahí. Al menos en el baño se sentía más segura, pero en su cama se sentía casi pecado.

Pero era una pecadora, ¿No?

Ahora claro que lo era.

Acomodó su espalda en la cama, levantó el teléfono y apuntó la cámara hacía su cuerpo, sacando una foto.

No se veía mal ahí acostada, con su cabello desordenado sobre la cama, e incluso la pequeña sonrisa que tenía la hacía lucir bien, una imagen inocente y recatada, sí. Mandó la foto, y se sintió repentinamente maliciosa. Tal vez hacer algo así en su cuarto seguía sintiéndose raro, como caer en pecado en la misma iglesia.

Pero aquello hacía su sangre hervir de emoción.

Pero era una recompensa, verla normalmente lo podía hacer incluso en la prensa, pero una foto como la que quería enviar, no la encontraría en ningún lado.

Se levantó la ropa de su torso, dejando al descubierto su ropa interior, y no lo pensó mucho cuando también levantó esa última prenda, dejando sus pechos completamente desnudos. Apuntó la cámara hacia ella una vez más, y sacó la foto.

No podía reconocer su expresión en la foto, ni su propio cuerpo. Nunca se había mirado así, se sentía tan ajeno. Le gustaba, le gustaba esa Weiss que veía ahí, aunque le avergonzara decirlo. Se sentía como una mujer diferente, no como la mujer aburrida que solía mirar en el espejo desde que era joven. Se sentía viva, libre y sin ataduras estúpidas. Su rostro se veía diferente, y su cuerpo se veía más sano.

Ya no era la misma, y eso le daba gusto.

Sonrió, mandando la segunda foto.

Ruby estaba escribiendo cuando le mandó la segunda foto.

"Aw, te ves tan lin"

"dajs"

"Wow"

"Eso no me lo esperaba."

"Te ves...wow..."

Sonrió con cada uno de los mensajes, y lo disfrutó.

Notó a Ruby escribiendo durante varios momentos, y le preocupó que le diera un infarto o algo así. Finalmente, el mensaje llegó, eternos segundos después.

"Weiss, voy a hablarte con total honestidad y seriedad, estaba pensando que estaba sexualizándote mucho últimamente, pero ahora no me dejas elección, ¿Como no hacerlo? Eres sin duda la mujer más guapa que he visto en mi vida. Soy solo una débil humana, ¿Como contenerme? Ahhh-"

Tuvo que taparse la boca, porque de sus labios se iba a escapar o una risa o y un chillido avergonzado, o ambos.

Ahora que lo pensaba, era verdad.

Por su parte, no se consideraba lesbiana, ni siquiera creía que le gustasen las mujeres, pero Ruby en cambio sí, le gustaban las mujeres, tenía sus gustos claros, así que el que la encontrase atractiva no era de sorprenderle, y ahora se sentía un poco tonta por alentar a los instintos más básicos de la mujer. No le sorprendía que esta la atacase de esa forma hace tres días si la tentó de una forma similar.

Aun no comprendía sus propios sentimientos, por qué le gustaba Ruby de esa forma si era una mujer, o tal vez eso no tenía nada que ver con el sexo y era simplemente Ruby a quien quería a su lado, aun así, le gustaba. No tenía que entenderlo, o de eso se había convencido. Le gustaba aquella mujer de ojos plateados, sin importar nada, y le gustaba aún más que esta se sintiese así por ella. No le importaba que fuese algo carnal, ya que por el momento era lo único que necesitaba. Y, de hecho, se sentía cada vez mejor teniendo eso en cuenta.

Ruby no necesitaba sexo, lo tenía en su trabajo, así que no era algo que necesitase de esa forma, pero el que, a pesar de trabajar en eso, quisiera tener sexo con ella en sus días libres, decía mucho de su poder para seducirla. De su poder para conquistarla y tenerla comiendo de su mano.

Se mordió el labio.

Se estaba transformando en una bestia, sin duda.

Y no se arrepentía, sin importar como su cabeza se lo recriminase.

"Dile a Velvet que iré a verte el viernes, a las cuatro, para que arregle tu horario."

Sus dedos escribieron por si solos.

Se vio sonrojada a penas se dio cuenta de lo que escribió, y no solo eso, si no como sonó todo eso. No quería lucir como una desesperada, pero lo que Ruby le dijo, se sintió tan bien. Sabía que ese fin de semana no podrían verse, y honestamente, luego de lo que hicieron, no podía esperar a tener a Ruby sobre su cuerpo, o bajo su cuerpo, o simplemente cerca de su cuerpo. Se sentía demasiado ansiosa para esperar las dos semanas hasta el sábado donde se viesen.

Se quedó unos momentos recuperando la compostura.

Jamás imaginó que se volvería ese tipo de persona, que estaría tan sedienta. Si, le gustaba Ruby, tenía sentimientos por ella, sentimientos que probablemente jamás había sentido por nadie más, pero esa intensidad, esa tensión sexual entre ambas era completamente indescifrable. Antes pudo controlarse, cuando eran leves toques, inocentes masajes, donde no se entusiasmaba de más, donde sabía que no iba a permitir que llegase a más.

¿Pero ahora?

Quería llegar hasta el final, sin importar lo que ocurriese.

Ya se había rendido, mientras más se adentraba a ese mundo sucio, indecente, más quería ser corrompida por el mismo, y si eso la ayudaba a dejar de sentir arrepentimientos, iba a seguir. Quería seguir sintiéndose tan bien como se sentía, era su momento de sentirse libre y cómoda en su piel, como nunca antes.

Ruby le mandó un mensaje, momentos después, o en realidad, solo un emoji sonrojado. Pasaron otros momentos para que hubiese un mensaje decente.

"Al parecer tampoco puedes resistirte ante los encantos de Ruby Rose."

Imaginó a Ruby luchando por mantener la compostura, al igual que ella. Dejando de lado su vergüenza, y le impresionaba como la conocía para imaginar aquello con facilidad.

Sonrió para sí misma.

"No, no puedo. Eres realmente buena."

Se mordió el labio, sintiendo las mariposas en su estómago. Ser honesta de esa forma se le hacía extraño, o al menos a la antigua Weiss. Pero ahora, con Ruby, con la relación que compartían, se sentía tan natural.

Las dos no tenían una relación de pareja, por obvias razones, pero se consideraba feliz. Sabía que podía contar con Ruby, y esperaba que Ruby también pudiese contar con ella.

"¡Ah! ¡Weiss ha usado su ataque de honestidad! ¡Es realmente efectivo!"

Luego vinieron un montón de emojis sin sentido alguno, y se vio riendo. Realmente no entendía a esa mujer, pero al mismo tiempo la entendía demasiado que incluso sentía rabia al respecto.

Se sentía débil, vulnerable, pero se sentía tan bien.

Sintió dos golpes en la puerta y se vio saltando. Había estado riendo hace solo unos segundos, era probable que la persona afuera de su puerta la habría escuchado. Se sintió tan avergonzada. Carraspeó intentando que su voz sonase normal.

"¿Sí?"

"Señorita Schnee, la cena ya está servida. Su padre y hermano la esperan abajo."

"Gracias, bajaré de inmediato."

Se dejó caer en la almohada, sintiéndose hervir. Debía tener cuidado, aún estaba en territorio enemigo, y quería que aquella experiencia tan agradable no se esfumase, ni nadie lo arruinase.

"Iré a cenar, espero descanses."

Escribió, no quería irse por esos largos minutos sin darle una contestación a la chica. Esta le mandó varios pulgares arriba y caras felices.

"¡Disfruta! ¡Ya quiero verte!"

Oh, realmente sentía que su corazón se saldría de su pecho.

No salió de su cuarto sin antes lavarse el rostro y quitarse toda evidencia de su vergüenza. Ahora solo tenía que sobrevivir una cena más en familia. Ya quería que su padre viajase de nuevo para sentir un poco de paz.

No, ya tendría paz, de todas formas, iba a ver a Ruby.

Encargó un par de dulces a una pastelería en el centro de Atlas. Una bastante elegante e inalcanzable como diría cierta mujer.

Escuchó los suaves golpes en su puerta, y dio el permiso para que su secretaria entrase, un paquete en sus manos. No se habían demorado nada en traérselos. Bueno, ese era uno de los privilegios de tener su apellido. Los locales no se hacían esperar y la trataban con toda la eficiencia y eficacia posible para no llevarse mala fama. No es que le gustasen esos privilegios, al menos no ahora, porque cuando era joven y vivía en la sombra de su padre, disfrutaba de aquello, molestando a más de alguien.

Ahora solo era parte de su vida, y no le importaba demasiado. Bueno, ni siquiera comía dulces así que esa debía de ser la única vez que los comprase.

"Señorita Schnee, llegó su paquete. Y también me avisaron que algunas escenas de su entrevista ya salieron en las noticias de media mañana y será emitida por completo en la tarde."

Aceptó el paquete y se quedó pensando. Esa entrevista la había hecho hace ya bastante, meses atrás cuando aún estaba comprometida, con todo lo que había ocurrido en ese tiempo lo había olvidado. Fue un momento incomodo, no le gustaba que gente le hiciese preguntas estúpidas que no habían sido pactadas de antemano. Ni siquiera había preguntado si el entrevistador había sido despedido o si lo suspendieron, pero se habría alegrado de que lo castigasen de alguna forma por su comportamiento. Era claramente alguien que seguía mirando la empresa como lo era cuando estaba su padre, creyendo que seguía siendo de la misma forma, así que se encargó de dejar al sujeto en su lugar. Aun podía recordar con claridad al editor en jefe al otro lado de la sala con una mueca de horror.

"Gracias por avisarme, me había olvidado, pero probablemente ni siquiera le dé una mirada. No quiero volver a tener ese mal sabor de boca."

Su secretaria soltó una leve risa y se retiró sin decir nada más.

Por supuesto que ella estuvo ahí al momento de toda esa puesta en escena, y se dio cuenta de su incomodidad. De hecho, si no recordaba mal, fue ella misma quien se acercó a uno de los productores que estaba ahí para decirle que su jefa estaba de mal humor. Oh, mal humor era poco. Estaba enfurecida. Era una entrevista grabada que fue pactada con antelación, para tener unas preguntas y respuestas fijas de antemano, pero claramente el guion fue hecho como al entrevistador le dio la gana. Esperaba que las preguntas más estúpidas hubiesen sido eliminadas, pero conociéndolos, las pondrían para ver un poco del mundo arder.

Y a Atlas le encantaba verla enojada.

Era un despropósito.

Se masajeó las sienes. Había avanzado lo que más pudo su trabajo el día anterior para poder irse sin ningún problema y salir más temprano. No quería más problemas. Probablemente el lunes mismo iban a pedirle que hiciese una declaración o algo por el estilo. No quería, pero bueno. Siempre que decía algo que podía considerarse ofensivo para alguien, algo así sucedía. Tal vez esperaban las palabras de su padre, que hablaba de aquella forma políticamente correcta y daba unas vueltas para confundir a los espectadores, o para dejarlos contentos con explicaciones difusas. Era un as para esas cosas.

Podría insultar a alguien en la cara, pero confundiría tanto a la gente que estos ni cuenta se darían.

Ella no era así.

Siempre fue de decir las cosas de frente, y no iba a dejar de hacerlo ahora. Se había ganado el apoyo de sus trabajadores y de los espectadores por ser así, pero claramente no todos estaban contentos con su puesto. Ya llevaba más de dos años ahí, aún tenía falencias, pero era claro que había causado mayor revuelo positivo que negativo.

Se sentía orgullosa de lo que había logrado. Era mejor que su padre, y seguiría siéndolo, mejorando cada año más.

Terminó de arreglar sus cosas, lista para irse.

Se puso el bolso en el hombro y sujetó el paquete.

Con solo pensar en ver a Ruby, ya se sentía más Weiss y menos Schnee, y no había nada que encontrase más agradable que eso. Se sentía bien, normal, libre, capaz de hacer lo que fuese, se sentía con energías y con ganas de seguir adelante. Todo ese mal sabor se eliminó de inmediato, teniendo su destino en la mente.

Ruby realmente era lo único que necesitaba en su vida.

Ruby podía hacerla sentir feliz.


Capitulo siguiente: Sorpresa.


¡Espero hayan disfrutado este capítulo! Por poco y no puedo subirlo, ya que mi computador murió y estoy usando uno antiguo que ni siquiera tenía navegador, así que fue una aventura el solucionar el problema. Tenía que subirlo hoy, y así poder saludar a mi waifu y desearle un feliz cumplemes. Este capítulo está hecho con harto amor para ella.

Al parecer tendremos acción próximamente, me gustó escribir este arco, es intenso.

Nos leemos pronto.