Red Velvet

Capítulo 22: Sorpresa

Sentía que había pasado mucho tiempo desde que no iba al Red Velvet. Las últimas veces ya veía a Ruby en su casa, aunque fuese una vez cada dos semanas. Le gustaría verla también en su trabajo, y así que no pasara tanto tiempo sin verse, pero tampoco quería monopolizar tanto la vida de la mujer, o aburrirla, que sonaba aun peor.

La reacción de Velvet fue graciosa, como si viese a una vieja amiga, y no pudo evitar saludarla con la mano, sintiéndose cómoda ahí. Esa mujer era agradable, e imaginaba que podrían llevarse bien si no fuese porque esta permanecía en cierto anonimato. Ahora que lo pensaba, Coco debía de conocerla, tal vez podrían salir juntas algún día, si es que sus horarios permitían algo así.

Estaba pensando en hacer vida social, eso le sorprendía de sí misma. Estaba cambiando.

"Ha pasado tiempo."

"Si, ya extrañaba venir aquí."

"Ruby también al parecer, me dijo muy animada que tenía una cita hoy."

Velvet soltó una risa, sus orejas moviéndose, y por su parte, sintió su rostro arder. Ahora la mujer sabía que ambas tenían una relación relativamente cercana. Carraspeó, sintiéndose avergonzada y claramente en evidencia. No sabía si la mujer podía ver su sonrojo, pero simplemente pensar en eso la hacía sentir aún más roja, lo suficiente para que cualquiera pudiese notarlo en la oscuridad.

"No te avergüences. Me alegra saber que ella está mejor, desde que empezaste a venir que ella anda más animada. Eso me deja tranquila."

Si, era claro que se había dado cuenta. Notó como las orejas de la mujer se pusieron tensas, cabizbajas, y sentía que esta le diría algo importante, así que se acercó más para oírla con claridad. La mujer conocía a Ruby hace mucho, así que, si iba a decirle una infidencia de la mujer, iba a estar completamente atenta.

"Ya sabes como es este trabajo y bueno, Ruby era muy joven cuando llegó, así me daba cierto pánico que no pudiese acostumbrarse. Y luego de lo que pasó con esa mujer, creí que no querría volver a pisar este lugar. Me alegra saber que no fue así. Sé que fuiste responsable de su mejoría, así que quería agradecerte. Para todos nosotros, Ruby es como una hermana menor, y todos cuidamos de ella, aunque a veces sea más madura que todos juntos. Así que gracias."

Se quedó de piedra. No sabía que decir. Sintió el pecho apretado, se sentía bien, se sentía querida y reconocida, sentía que no solo era Ruby quien hacía tanto por ella, si no que ella también había influenciado a Ruby de una forma positiva. Y eso la hacía sentir orgullosa de sí misma.

Ese lugar, seguía siendo tabú para ella, pero cada vez que iba, sentía que el lugar era más una familia de lo que podía imaginar. Nadie lo creería si lo dijese, pero era así. Ruby tenía buenas personas ahí con ella, y a pesar de vender su cuerpo, cosa que no apoyaba, sentía que trabajaba en un ambiente menos toxico que el de ella misma. Probablemente no tenía que lidiar con el tipo de gente que ella sí, sin llegar más lejos, con la gente que le ofreció esa entrevista.

Si Ruby estaba feliz con su vida, no podía hacer nada al respecto, solo apoyarla, y si en algún momento quería irse de ahí, quería cambiar de rumbo, iba a ser una buena amiga e iba a apoyarla para facilitarle las cosas.

No esperó que Velvet le diese un menú gratis, en lo absoluto. Si iba ahí, como el resto de personas que ahí eran clientes, era porque tenía el dinero para pagar. Pero notaba por la difusa expresión de la mujer bajo aquel velo, que estaba dispuesta a darle algo a cambio, aunque le dijo que no era necesario, pero esa mujer le insistió. Realmente quería a los suyos para hacer eso, y bueno, pensando que iba también para que Ruby comiese, creyó que era una buena idea e iba a aceptarlo.

Sabía que Ruby no comía tan bien como su apetito voraz anunciaba, y probablemente si le daba los dulces que compró, esta no comería nada más, nada saludable. Y ella misma solo se había comido una ensalada, así que podría aceptar algo más contundente.

Llegó a su habitación, y se sintió de inmediato cómoda. El lugar tenía la temperatura perfecta para esos días que se volvían cada vez más helados, como si no fuese lo suficiente helado normalmente en Atlas. Se sacó el abrigo y lo colgó, poniéndose cómoda. Se sentía bien el estar ahí. No es que no prefiriese la casa de Ruby, pero había cierta nostalgia. Al fin y al cabo, ahí había conocido a Ruby, ahí su vida había empezado a cambiar.

Escuchó los golpeteos y fue directamente a abrirle a la chica.

Se sentía ansiosa.

Ruby la recibió con esas enormes sonrisas, parecía un cachorro, no se iba a cansar de decirlo.

No había pasado mucho, pero había extrañado esa bata.

Se quedó absorta mirándola, sin decir palabra alguna, completamente inerte. ¿Porque tenía que actuar así con Ruby? Se sentía tan torpe.

Ruby pestañeó, probablemente preocupándose por la falta de saludo. No podía creer que se había convertido en alguien tan poco respetable. Pero la mujer no pareció indignada, por el contrario, le dio una cálida sonrisa mientras cerraba la puerta tras ella.

"Por favor, Weiss, acabo de entrar y ya me estas comiendo con la mirada, no imaginé que fueras así de desvergonzada."

Esta rio, sonriéndole de forma picara, una mano en sus labios para complementar el gesto. Si no estaba roja antes, ahora lo estaba. Abrió la boca para debatirle, pero nada salió. Terminó mirando el suelo con los labios hechos una línea. Se sentía como una niña, y creyó que luego de los últimos encuentros no se sentiría así. Estuvo muy equivocada.

Sintió la mano grande y fuerte de Ruby en su cabeza, moviéndose con un cuidado que le resultaba sorprendente, dándole leves caricias, peinando su cabello.

"No pasa nada, Weiss, está bien, me pasa igual."

Levantó la mirada, y se topó con los ojos plateados que brillaban tan cálidos, tan maduros. Se quedó unos momentos mirándola, para luego bajar el rostro, hasta dejarlo apoyado en el hombro ajeno. La tela se sentía bien, y Ruby olía a jabón y a ese aroma a rosas tan característico. Ese aroma que la calmaba. Se vio abrazándola, y notó como la menor tembló ante el contacto inesperado, pero de inmediato sintió los brazos sujetándola de vuelta, la mano en su cabeza aun administraba leves caricias. Se sentía a salvo ahí, sin preocupaciones.

Era intoxicante.

"¿Estás así por la entrevista? Descuida, ya pasó."

¿Entrevista?

Se separó del agarre, mirando a Ruby. Los ojos plateados la miraron con sorpresa por el movimiento inesperado, y parecían intentar entender su mueca.

"¿Como lo sabes?"

Ruby soltó una risa.

"¿Bromeas? Salió en las noticias, y me quedé pasmada porque sabía que había visto a una mujer así de guapa en algún otro lugar. No mostraron mucho, solo un par de cortes, pero te veías realmente enfadada, así que no era difícil de adivinar que el entrevistador debió hacerte perder la paciencia."

Podía contar con una mano la gente que era capaz de darse cuenta de su enfado, ya que practicó lo suficiente en el espejo, durante toda su adolescencia, con la intención de ocultar sus emociones más fuertes. Su padre conocía esa mueca, por ejemplo, estando enojada con él desde siempre. Su hermano debía de darse cuenta también, ya que se solía mofar de su enojo. Coco podría notarlo también, luego de tiempo estudiando juntas. Su secretaria, habiendo estado ella misma ahí y teniendo que ver su rostro enfadado en prácticamente todas las reuniones de la empresa.

Y estaba Ruby.

Pero…

"No recuerdo haberme enfadado contigo."

Le preguntó, sin pensarlo, por inercia. Ruby pareció sorprendida, pero rápidamente volvió a sonreírle. Las manos de esta pasaron por sus brazos, y aun sobre la tela podía sentir el calor traspasar.

"¿Acaso olvidaste que nos conocimos porque tu prometido fue un imbécil? Tenías los ojos permanentemente oscuros y el rostro tenso, así que puedo reconocer esa expresión tuya."

Oh.

Lo había olvidado. A veces tenía la sensación de que el episodio del casi casorio fue solo una pesadilla.

Ahora entendía muchas cosas.

No recordaba haber tenido una expresión de enfado con Ruby, si, la desesperaba a veces, pero nunca era esa mueca de odio, porque no, ¿Odiar a Ruby? Le parecía imposible. Era una persona importante en su vida, y debería de lastimarla de una forma tremenda para dirigir esa expresión hacía ella.

"Espero no haber hecho esa mueca demasiado."

Ruby levantó los hombros, quitándole importancia.

"Supongo que igual tiene su encanto, pero claro, supongo que no me gustaría que me miraras así a mí, que estuvieses enojada conmigo. Pero si es para alguien más, pues debo decir que te hace tener tu encanto."

Se liberó del agarre de Ruby, moviéndose hasta la cama para sentarse. Sentía sus brazos ardiendo, al igual que su rostro, así que necesitaba algo de espacio. Ruby pareció lastimada por un momento, así que pensó en que decirle para que no pensara que se alejaba por estar incomoda o algo similar. Solo estaba hirviendo, nada más. Que le dijese que era linda era una cosa, pero que pusiese esa expresión de gusto al hablar de su mueca de enfado, era otra cosa realmente diferente.

"No quieras mucho que me enfade, que estaré arrugada mucho antes."

Ruby soltó una risa, de inmediato cambiando su ánimo. La sintió acercarse a ella, tirándose a la cama, su cuerpo en forma de L, su cabeza de cabellos rojizos apoyada cerca de sus piernas.

"Se que te verías igual de guapa, aunque estuvieses arrugada como pasa, no tengo pruebas, pero tampoco tengo dudas."

Miró a Ruby, la cual la observada desde abajo, sus ojos brillando con esa honestidad que cada vez le parecía más irreal. ¿Como una mujer podía ser tan genuina?

Soltó un suspiro, dando un ligero golpe en sus piernas. No dijo nada, esperando que Ruby lo entendiese, y eso esperaba, porque decirlo era vergonzoso. Los plateados se vieron sorprendidos e incrédulos, pero luego parecían emocionados. Ruby chilló feliz, y apoyó la cabeza en sus piernas, y sintió el cosquilleo de esos cabellos rojizos en su piel visible, nuevamente era esa chica infantil. Comenzó a acariciar los cabellos largos con una de sus manos, mientras notaba a Ruby poner una expresión relajada.

"Si crees que vas a conseguir todo lo que quieres adulándome, te diré que estas muy equivocada."

Le dijo, sintiendo sus orejas rojas. Ruby la miró de reojo, sonriendo levemente.

"Oh, querida Weiss, esto es exactamente lo que quería."

"¿Estás segura de que no tienes genes perrunos?"

Dio un salto cuando Ruby ladró, haciéndola dar un salto de la sorpresa. Esta se dio cuenta de eso, y comenzó a reír. Tenía su mano aun en la cabeza de esta, así que usó su nudillo para atacarla, no muy fuerte pero lo suficiente para hacer que esta chillase y pidiese perdón por su broma.

Se quedaron ahí, sin decir nada más.

Nunca había acariciado a alguien así, tan enfocada en el mero acto, normalmente era para calmar esos cabellos enloquecidos o en otro tipo de ámbito... Como sea, no creyó que sería tan relajante hacerlo, y bueno, la mujer también parecía relajada, como si pudiese dormirse en cualquier segundo.

"Tu cabello ha crecido bastante ¿No lo has cortado?"

"Nup. Vas a pestañear un día y ya lo tendré como tú."

Rodó los ojos, aunque Ruby no pudiese verla. No se la imaginaba con el pelo tan largo como ella.

"Yang ha estado un poco ocupada así que no he podido pedirle que me lo corte, y ya me pasó de los hombros, es mi limite, ya me está volviendo loca."

"Muchos estarían envidiosos de lo rápido que te crece. No todos tenemos esa suerte."

Movió sus manos, haciendo pequeñas trenzas con los mechones de cabello. Luego no podría.

Recordó cuando Ruby jugó con su cabello, y sintió como si la estuviese imitando. Pensar en esos momentos la hacía sonreír. Había pasado mucho entre ambas, aunque no lo pareciera. Tal vez eran momentos cortos, pero calidad a cantidad decían por ahí.

"Si pudiera les daría esta habilidad. Quiero cortármelo más corto aun, pero Yang siempre sufre cada vez que le digo. Ella ama su cabello, así que cuando siquiera piensa en que lo tenga muy corto finge que le va a dar un ataque o algo así, y se rehúsa a cortarlo. Es una dramática."

Había visto solo una parte de la hermana de Ruby, pero al menos ahora podía ponerle rostro a sus imaginaciones. Y no era broma, sabía que la mujer tenía el cabello largo, pero no imaginó que sería como era, ahora entendía porque era tan reacia a que alguien se lo tocara. La preocupación por Ruby y por el cabello debía ser lo único que Yang y ella tenían en común.

"Hay una peluquería en el centro comercial de Atlas, está al lado de la entrada oeste. He ido algunas veces y es económico y confiable. Estás lo suficientemente adulta para cortarlo como tú quieras, además trabajas demasiado, así que debes darte algunos lujos."

Ruby se giró en sus piernas, mirándola fijamente, nuevamente le daba una de esas sonrisas que la derretían por dentro.

"Lo tendré en cuenta, gracias, Weiss."

"...de nada."

Se sintió avergonzada, una vez más. Ruby solo le daba las gracias, pero era tan atractiva que no podía hacer nada para detener a sus hormonas de atacarla por completo. Carraspeó, ahora sin saber dónde dejar su mano ahora que la mujer se había movido.

"Uh, por cierto, mencionaste la otra vez que querías comer dulces elegantes, así que te compré un par de cosas."

Ruby parecía querer molestarla cuando notó su vergüenza, pero su expresión maliciosa cambio de inmediato por una de emoción. Su mano seguía en el aire, inerte, tensa, y la mujer la tomó con la suya. La vio ahí, mirándola, esta aun en sus piernas mientras tenía su mano en la mejilla. Sentía el calor de esta traspasar por su palma con una facilidad que le causaba extrañeza. No estaba segura de que la energía térmica funcionase así de rápido, pero ya poco le importaba. Ruby sonreía, sus ojos cerrados, una expresión de calma en su rostro.

Finalmente, luego de segundos en silencio, Ruby habló.

"Este cumpleaños se pone cada vez mejor."

¿Cumpleaños?

Se quedó inerte, mirando a Ruby. Mirándola horrorizada. Esta abrió los ojos al no conseguir respuesta alguna, y su expresión se tornó de sorpresa al verla.

"¿Estás de cumpleaños?"

Ruby pestañeó, mirando alrededor.

"¿No lo sabías?"

Negó de inmediato, obviamente su rostro tenía grabado un claro '¿Como lo voy a saber si nunca me lo dijiste?' y también algo de molestia e indignación.

¿Cuánto llevaban conociéndose y no le dijo algo así?

Ruby se levantó, mirándola con incredulidad.

"Pero viniste justo hoy, y me hiciste cariño y me compraste dulces. Creí que querías mimarme por mi cumpleaños."

Ahora que lo pensaba, debió simplemente pretender que si sabía, pero no, estaba indignada.

"Ruby, créeme, de haber sabido que estabas de cumpleaños te habría dado más y mejores sorpresas. No puedo creer que no me lo dijeras, hablamos prácticamente todos los días."

La mujer se hundió en la cama, una de sus manos masajeándose la nuca con claro nerviosismo, y arrepentimiento, eso se le notaba en todo el rostro.

"Supongo que lo olvidé. Si no fuese en Halloween quizás no lo recordaría. No es como que sea un día importante para mí."

Iba a decirle más cosas, recriminarle, pero notó tristeza en los ojos plateados, y se vio con el corazón hecho trizas. Le costaba entender la posición de Ruby, entender su vida. Aun así, podía imaginárselo. Su infancia fue dura, así que tal vez el hecho de nacer no era algo para celebrar. Ella, sobre todas las personas, debería de entenderla.

Soltó un suspiro, y se acercó a Ruby, y por segunda vez en el día tomó la iniciativa y la abrazó, y esta por segunda vez también pareció sorprendida, pero rápidamente la abrazó de vuelta.

"Para mi eres importante, por ende, es un día importante. La próxima vez que nos veamos te daré un regalo de verdad."

Escuchó la risa de Ruby, suave y ligeramente gangosa. Casi parecía que se echaría a llorar y honestamente no sabría qué hacer si eso sucedía. No supo que hacer antes, y tampoco sabría que hacer ahora.

"Eres la mejor, Weiss."

Se separó un poco, y la mujer la miró, sonriendo. No había lágrimas, pero si notaba su nariz ligeramente roja.

Intentaba ser la mejor, siempre lo intentaba, ser la mejor en todo.

Ahora, quería ser la mejor versión de sí misma con Ruby, así como Ruby fue la mejor con ella.

Notó como Ruby cambió, su rostro, antes simplemente cálido y adorable, se tornó intenso y abrasador. Podía notar esa sonrisa pícara, y se dio cuenta de lo cerca que estaban sus cuerpos, y en específico, lo cerca que estaba el rostro ajeno del suyo. Probablemente su cara estaba roja, lo podía intuir.

Las manos de Ruby se movieron, posándose a los lados de su cadera, y se vio alejándose por inercia. No es que le molestase la cercanía, por el contrario, pero el movimiento fue muy abrupto y sus instintos le decían a gritos que estaba en peligro. Terminó apoyándose en la cama con sus antebrazos mientras Ruby parecía trepar sobre ella, sin permitir que sus rostros se alejasen demasiado. La estaba, una vez más, cazando.

Ya tenía el pensamiento lujurioso hace días, cuando decidió que se vieran, así que su cuerpo se iba a encender con facilidad.

"Entonces, como es mi cumpleaños, ¿Haremos lo que yo quiera?"

Oh Dios.

Si Ruby quería que su corazón explotase en su pecho, lo estaba logrando.

Tragó pesado, sintiendo su cuerpo sudar debajo de su ropa.

Intentó controlarse, intentó aparentar que no estaba tan afectada como parecía.

"Siempre hacemos lo que quieres."

No lo decía de mala forma, aunque tal vez en otra situación pudo haber sonado así. Sin embargo, su voz salió como un susurro grave, y notó como los plateados se oscurecieron al escucharla. Esta le sonrió, y era clara la falsa inocencia en sus labios.

"Te lo dije la primera vez que viniste, puedes hacer lo que quieras aquí, ser quien quieras, decir lo que quieras, pedir lo que quieras. Aun así, me declaro culpable de tomar la iniciativa, no puedo alejar mis manos de ti, ni tampoco me puedo cansar de lo hermoso de tu voz."

No tenía idea de que expresión tenía en el rostro en ese momento. Era un misterio. Pero el escuchar a Ruby decir esas cosas, con su voz tan intensa, acercándose a su oído, simplemente la dejó sin habla, y se vio jadeando al sentir lo cálido de su aliento en la oreja, al sentir el calor de su rostro en el cuello. Solo bastaba eso, nada más. Su cuerpo de inmediato se activaba, su piel enrojeciéndose, sus cabellos erizándose, sus poros sudando y su centro humedeciéndose.

Tenía cero autocontrol, era oficial.

"Entonces, Weiss, ¿Que tan de acuerdo estás en ser amarrada?"

Miró a Ruby, volteando casi de inmediato, topándose con el rostro de la chica a milímetros del suyo. Normalmente estaría pensando en los labios de Ruby, de que tan cerca estaban, de cómo le gustaría besarla y esas cosas, sin embargo, se había quedado perpleja con la pregunta, y siendo honesta, no sabía que contestar.

A Ruby se le notaba la sonrisa traviesa hasta en sus ojos plateados, se veía realmente divertida y entusiasmada.

"¿P-perdón?"

Su voz debió haber sonado graciosa, porque Ruby soltó una risa, y sintió las manos de esta en sus brazos, dándole un ligero masaje.

"Estar atada."

Pestañeó, aun sin entenderlo del todo. ¿Atada cómo? Primero, no sabía de esas cosas, y segundo, era demasiado general. Había buscado algo de información de los juegos de rol, pero nunca indagó mucho más para no sentirse abrumada con todo eso, así que, si era algo así, era imposible saberlo.

Ruby se removió un poco, dejando de oprimirla con su cuerpo, y le sonrió, captando su confusión.

"Cuando te ponen cuerdas alrededor del cuerpo."

Esta hizo un mapa general con sus dedos, delineando su propio cuerpo, cada movimiento la hizo estremecer.

No recordaba haber visto algo así últimamente, pero tenía una idea mínima de que se trataba, que era la visualmente mostrada.

"¿Duele?"

Le preguntó, y Ruby le sonrió levemente, su rostro confiable. Negó, con movimientos parsimoniosos.

"No debería si no aprieto mucho. Me gustaría abrir un regalo hoy, y creo que tu serías perfecta."

Ahora esa sonrisa cambió a una tan intensa que causó más calor en su cuerpo.

Oh, confiaba mucho en esa mujer.

"¿Que tengo que hacer?"

No iba a decir aceptaba porque le avergonzaba siquiera pronunciarlo, pero por Ruby, aceptaría cualquier cosa. Ruby pareció de inmediato más animada, pero aun había un atisbo de esa expresión lujuriosa.

"Quedarte quieta, y decirme si te molesta algo. Ah, y desnudarte."

Ruby se levantó de la cama, y lo ultimó lo dijo mirando descaradamente su cuerpo, y eso mandó sensaciones eléctricas en todo su cuerpo. Los plateados escaneando desde sus pechos a sus piernas. Le gustaba eso, como la observaba con deseo.

¿Era capaz de hacer eso por Ruby? ¿De salir de su zona de confort?

La respuesta era obvia.

Y no era la primera vez.


Capitulo siguiente: Regalo.


Pretendamos que hoy en 31 de octubre porque se suponía que la idea era subirlo ese día, pero el estreno se atrasó alsdjlasdh Pero bueno xD

Se que todos esperaban capitulo coqueto, pero necesitábamos un poco de contexto, ahora ya saben lo que se viene para el siguiente. Y considerando que el capítulo se llamará regalo, es necesario que sea subido en navidad, ¿No? Así que me omitiré todos los saludos para dárselos el mismo día.

Odio la navidad, pero soy cruel pero justa.

Nos leemos en navidad.