Red Velvet
Capítulo 23: Regalo
…
Tragó pesado.
Estaba nerviosa, sus manos temblando.
Se levantó de la cama, mientras veía a Ruby caminar hasta el armario. Esta sacó una cuerda roja de adentro, perfectamente amarrada, y la comenzó a desatar. Se quedó observándola, olvidando por un momento cuál era su deber.
Ruby se sentó en medio de la cama, con las piernas cruzadas, mientras sus dedos jugueteaban con una de las puntas de la cuerda. Los plateados la observaban con detención, sedientos, casi sentía que se le arrojaría encima, pero esta hacia unos nudos para mantenerse en su lugar. Podía notar esa misma impaciencia que cuando estuvieron la última vez en la casa de la mujer. Sentía que había desbloqueado algo nuevo en Ruby, y honestamente, no podía cansarse de esa mirada.
Se sentía en peligro, sí, pero no le molestaba. Se sentía bien el sentirse así de deseada, y era mucho más allá que el deseo que hubiese provocado en otras personas. Era cálido, abrasador...
Sintió un escalofrío en su cuerpo cuando se desprendió de su ropa superior, más por la mirada ajena que por el frio del ambiente. Los plateados siguieron sus manos, mientras bajaba el cierre de su falda y dejaba que esta cayese. Ruby se relamió los labios cuando se sacó el sujetador, y podía notar como su propio cuerpo empezaba a calentarse más y más, enrojeciendo. Sentía sus pezones endureciéndose y su centro humedeciéndose. Sintiendo a la mujer cerca, ya se había encendido lo suficiente, ¿Pero ahora?
Se creía incapaz de aguantar lo que sea que sucediese cuando estuviese a la merced de Ruby y de aquellas cuerdas rojas que esperaban por ella en impaciencia, por muy desconfiada que estuviese en un inicio.
Se sacó la última prenda, temblando en anticipación. La menor le sonrió, indicándole que se sentase en la cama frente a ella.
Sus pies vacilaron un poco, pero avanzó. Tenía una mezcla de sensaciones, excitación, preocupación y una calma desbordante. Tal vez con otra persona, no se sentiría así. Realmente estaba convirtiéndose en una nueva persona, y sentía que la misma Ruby intentaba cosas diferentes para ayudarla a encontrar su nuevo equilibrio, a salir de su zona de confort, y vaya que lo estaba logrando.
Se sentó en la cama, sobre sus rodillas. Ruby notó su forma de sentarse, y al parecer lucía conforme.
Ruby no parecía querer ordenarle nada, obligarla a algo, y lo apreciaba. No le gustaban esas cosas, sentirse presionada. Tal vez era solo su personalidad rebelde. Esta imitó su posición, para quedar ambas a la misma altura, y comenzó a mover la cuerda. Notó que era doble mientras esta la pasaba por su cuello. No se sentía cómoda con tener algo en el cuello, presionándolo, pero no fue así. Esta hizo un movimiento en el centro de su pecho, así que su cuello no fue atacado. Le daba un poco de miedo para ser honesta, ni siquiera quería mirar lo que estaba pasando.
Estuvo tensa, pero respiró profundo, intentando que el nerviosismo de hacer algo nuevo y desconocido fuese agradable y no desconcertante como solía serlo en el pasado.
Cuando Ruby se acercó más para pasar las cuerdas por su espalda, ahí se pudo relajar. La cuerda era suave contra su piel, no se sentía rasposa como imaginó, se notaba hecha para aquello. Esta se aseguraba, con cada movimiento, si los nudos estaban muy apretados o no. Los dedos de Ruby rozaban su piel en leves caricias, y poco a poco empezó a sentir más calor. Estar ahí, desnuda, las cuerdas rozando su piel al igual que las manos de Ruby, empezaron a hacerla sentir impaciente, pero intentó respirar y enfocarse en los movimientos que la mujer hacía, aunque era difícil ahora que pasaban por abajo de sus pechos, manteniéndolos firmes en su lugar.
"Quería hacer algo diferente hoy, así que le pedí a Velvet que te diese esta habitación así que dejé la cuerda aquí. La compré hace unos días, así que no te preocupes, es la primera vez que la uso en alguien."
Su parte más Schnee quedó tranquila de saber que esa cuerda no había sido usada en otra persona…pero a Weiss, esa mujer que está ensuciándose cada día más, no iba a importarle demasiado.
Al parecer Ruby la notó nerviosa, así que esta parecía querer iniciar una conversación para no hacer las cosas tensas. Lo agradecía, le permitía calmar un poco sus nervios. Tragó, sintiendo su garganta rígida. No quería dejarla hablando sola.
"Pareces buena en esto. Hacías los nudos sin siquiera mirar."
Su voz salió algo rasposa, y Ruby parecía divertida con eso. Disfrutaba de su vergüenza.
"Con Yang vivíamos en una isla cuando niñas, antes de que todo pasara. Papá era granjero, y mi madre llevaba las cosechas en barco para venderlas. Yo era más apegada a mi madre, así que aprendí muchas cosas, entre eso el hacer nudos. Me calmaba bastante cuando estaba triste. Para ser honesta, nunca he practicado esto de atar personas, al menos no alguien que no sea yo, así que agradezco que aceptaras."
Sin darse cuenta, llevó una mano al cabello de Ruby, peinándolo.
No sabía que decirle, siempre le dolía escucharla hablar con esa melancolía, los recuerdos de una familia feliz llegando a su cabeza, como un recordatorio de lo que ya no tenía. Simplemente acarició la nuca de esta con sus uñas, sonriéndole. Esta parecía sorprendida, pero poco a poco su expresión se notaba más a la usual. Mas Ruby. Se veía agradecida, y se alegraba de poder ayudar.
Sintió su corazón latir con fuerza en su pecho cuando Ruby tomó su mano y le dio un suave beso en el dorso de esta.
Eso fue…
No tenía palabras.
"¿Puedes levantarte?"
Asintió, y el movimiento le sirvió para intentar calmar el rojo de su rostro. Ya estaba rojo, pero probablemente con ese gesto se encendió aún más. Al menos, ahora de pie, y dándole la espalda, no podía sentirse tan nerviosa.
Ruby se sentó en la orilla de la cama con sus piernas abiertas a los costados de su cuerpo. Podía sentir la piel de esta escaparse de la seda de la bata y chocando con la propia. Extrañaba ese tacto. Las manos de Ruby comenzaron a moverse en su espalda, haciendo nudos, uno tras otro, al parecer formando el mismo patrón de rombos que estaba en su abdomen. Aun parecía haber suficiente cuerda. No sabía cuantos metros eran, pero parecían muchos.
"¿Weiss? ¿Te molestó lo que hicimos la otra vez en mi casa?"
Se vio saltando al escuchar la voz de Ruby mientras esta la giraba, ahora quedando frente a ella. Se había concentrado demasiado en la cuerda que poco a poco se acercaba más a su centro. De hecho, acababa de pasar por su entrepierna para enrollarse en su muslo. Sentía que la razón por la cual Ruby habló, era para mantenerse concentrada en su labor, y así distraerse de estar tan cerca de su intimidad.
Una parte de sí misma quería que Ruby perdiera la paciencia y la tocase, pero otra parte quería sentir lo que era estar completamente arropada en esas cuerdas.
"¿Q-que cosa?"
"Lo de morderte, y esas cosas. No suelo actuar así, así que me tomó por sorpresa incluso a mí. Hay un término que se llama Primal, ¿Lo has escuchado?"
Negó con el rostro, pero Ruby estaba muy concentrada en su otro muslo para lograr notarla. Debería de saber de esas cosas si hubiese estudiado más, pero se conocía, iba a sentirse aún más avergonzada si lo hacía. Ya tenía suficientes pensamientos perversos en su cabeza para aumentarlos.
"No. ¿Qué significa?"
"Es como un tipo de personalidad en juegos sexuales. Es un rol más instintivo, más salvaje por decirlo así. Donde uno es el cazador y el otro es la presa. Sabía algo de aquello, me lo enseñaron, pero ese día, debido a lo impaciente que estaba, me vi en esa posición perdiendo completamente el control. Sentí que actué impulsivamente y te ataqué sin acordar nada de antemano, y lo primero que nos enseñan es que hay que discutir esas cosas, así que me sentí mal de haberte hecho eso sin aviso. Fui bastante agresiva, no era yo para nada."
Oh.
Ahora que lo pensaba, era así.
Se sintió así apenas entró a la habitación, se sintió una presa, y cuando Ruby la atrapó en sus brazos, esta no la soltó ni por un segundo. Salvaje. Lo pensaba y recordaba de inmediato el cosquilleo de las mordidas de Ruby en su cuello, sus dedos enterrándose en su piel, impacientes. Fue en parte su culpa el gatillar eso en ella, pero no se arrepentía. Ver a Ruby llevada por sus instintos fue un alivio considerando que siempre estaba aquella voz en su cabeza diciéndole que esta tenía sexo con ella solo por mero servicio, para satisfacerla, pero eso le dejaba en claro que Ruby también quería.
"M-Me tomó por sorpresa, pero no me molestó ni tampoco me hiciste daño. Créeme que habría reaccionado y te habría detenido si es que llegases a lastimarme."
Habló, nuevamente con su voz temblorosa. Quería sonar decisiva con eso, aunque dudaba que tuviese la fuerza para detener a la mujer, sin embargo, le enseñaron defensa propia, así que podría arreglárselas, no era completamente indefensa. Sabía usar la fuerza del otro a su favor, conocía los puntos débiles del cuerpo y sabía en qué puntos del cuello hacer presión para dejar a alguien inconsciente.
Las manos de Ruby estaban en su abdomen, a solo unos centímetros de su centro. Los plateados la miraron, tranquilos, había una sonrisa en su rostro. Se notaba que el tema le había preocupado, y aunque tomaron el tema de las marcas con calma, al parecer la situación siguió rondando en la cabeza de la chica. Era realmente una dulzura de persona cuando no era un animal en la cama.
"Menos mal, no quería que me odiaras por ser un animal sin control."
Ruby se removió de nuevo, levantándose de la cama, y le señaló con una de sus manos para que volviese a sentarse, así que volvió a la posición de antes, sentada en sus rodillas.
"Pero si haces algo así de nuevo, no dejes marcas donde alguien más pueda verlas."
Escuchó a Ruby reír tras ella, acomodándose en su espalda.
"Intentaré tenerlo en cuenta. Tienes la piel muy clara, supongo que no me resistí. Mis mordidas se veían bien."
Oh.
También lo había pensado…
Tembló cuando las manos de Ruby pasaron por sus hombros, bajando, sujetándola de sus antebrazos. Intentó hacer pasar el movimiento por desapercibido, pero era obvio que estaba llevando sus manos hacía su espalda. No pasó ni un segundo para sentir las cuerdas en sus muñecas. Jadeó, mirando la nada, y escuchando nada más que sus latidos y la respiración de Ruby, que a cada segundo parecía más agitada, sobre todo ahora que ya habían terminado esa conversación. Las manos ajenas terminaron con las suyas y las sintió restringidas tras su espalda. Lo siguiente que sintió, fue el tacto suave en sus piernas, y luego más en específico, en sus talones, las cuerdas enrollándose en la zona.
"Creo que terminé."
Ruby dijo, su voz salió como un jadeo, pero había emoción en su tono.
La sintió acercarse por su periferia, una sonrisa lujuriosa en su rostro. Esta parecía mucho mayor en ese instante, y nuevamente se sintió una presa. No fue hasta que se dio cuenta que no podía mover las manos que tuvo la revelación de que si, era una presa. Sus manos estaban atadas a sus talones, lo suficientemente lejos para no ser incomodo ni doloroso, pero lo suficientemente cerca para dejarla inerte. Miró a Ruby, la cual se acercaba más y más. Sintió las manos de esta en su cintura, sujetándola.
"¿Te duele?"
Negó, sin saber si era capaz de hablar o no. Estaba sumergida en una especie de pánico, sin poder moverse. La idea no le agradaba del todo.
El agarre de Ruby se sintió más intensó, al igual que su expresión.
"Voy a moverte, si te duele algo o te sientes agobiada, dímelo y pararé enseguida."
Se quedó pensando en eso. ¿Parar? ¿Parar qué? Entonces todo ocurrió muy rápido. Las manos fuertes de Ruby la levantaron de su posición, moviéndola a su antojo. Se vio acostada de espaldas en la cama, sus manos restringidas tras ella mientras se mantenían paralelas a sus tobillos. Ahí recién notó cual era la intención de esa sujeción.
Sus piernas dobladas quedaron abiertas, lo suficiente para exponerla.
Se vio ahí, inerte, con su lugar más privado completamente expuesto. Ni siquiera era capaz de cerrarlas, no podía, o al menos tenía la sensación de que no podía. Se sentía como un gato atrapado por la nuca. No sabía que había hecho Ruby, pero había quedado a su completa merced. Esta podía ver con claridad lo húmeda que estaba, podía ver todo, y ella no podía ocultar nada.
Se sintió arder.
Estaba en contra hace solo unos segundos, pero ver a Ruby frente a ella, sonriendo de esa forma, devorándola con la mirada, podía admitir que no le molestaba del todo.
Ruby dio un paso hacía ella, prácticamente poseída, pero se obligó a detenerse, recordando algo al parecer, forzándose a retroceder. Esta miró a todos lados, y la vio dirigiéndose al perchero donde dejaba sus cosas. Esta palpó su abrigo, de arriba a abajo, y se detuvo cuando encontró lo que buscaba.
Su teléfono.
Le iba a decir algo, le iba a regañar, pero…
La mirada que Ruby le daba, mientras sujetaba su teléfono, mientras le tomaba fotos sin vergüenza alguna, era algo que la prendió más de lo que su lógica le permitía.
Realmente se había ensuciado permanentemente.
"Te ves tan hermosa así. Quiero que también seas capaz de verte."
No pudo decir nada. Dios. Se quedó atónita.
Saber que tenía una foto así en su teléfono le daba tanta vergüenza, se sentía sucia de cierta forma, pero ya quería verse. Quería ver como Ruby la veía. Aunque fuese así de inapropiada. De todas formas, cuando le mandó una foto a Ruby de su cuerpo, se sentía tan bien el verse así, diferente a la mujer que veía todos los días frente al espejo.
Ruby dejó el teléfono en el velador y luego volvió a posarse entre sus piernas. Notó como esta se paró erguida, su pecho hinchándose, sus ojos oscureciéndose mientras la observaban, ya no eran plateados, eran grises.
Ya no podía más, su cuerpo temblando, su interior temblando en anticipación. Sus líquidos debían estar cayendo en la cama, y no podía hacer nada por evitarlo.
Se sentía muy excitada al sentir las manos de la mujer pasar por todo su cuerpo, y ahora la evidencia estaba ahí, chorreando.
Una de las manos de Ruby se apoyó en su rodilla, acariciándola con la yema de sus dedos. Podía ver una sonrisa en ella, una sonrisa llena de deseo. Dio un salto cuando sintió un dedo rozar sus pliegues, despacio, casi imperceptiblemente, pero estaba tan sensible que se vio temblando de inmediato, sus interiores apretándose, deseando tenerla dentro.
"Una cuerda debía pasar por aquí, así que hice un cambio de último minuto. Porque ya no podía esperar, y sé que tú tampoco."
La cuerda iba a pasar por su centro, y sería difícil que Ruby la tocase a menos que volviese a soltar las cuerdas.
Decía que Ruby era una tonta, pero estaba agradecida de ese inteligente cambio, porque no podría soportar más, la necesitaba dentro.
Asintió, ya aceptando que no podía estar más avergonzada de lo que estaba ahí toda expuesta. Ruby sonrió ante su confirmación, y la sintió acercarse. Podía sentir su calor a través de la seda, y empezaba a crecer la urgencia de tener el cuerpo de esta pegada al suyo.
Se miraron a los ojos, ahora más cerca, y esta parecía completamente sumergida en su lujuria, y luego sonrió.
La sonrisa fue el aviso, más no lo intuyó hasta que sintió los dedos arremeter dentro de ella.
Entraron con facilidad, sin problema alguno. No sabía cuántos eran, pero se sintió llena por dentro. Ni siquiera fue capaz de gemir, completamente muda ante la sorpresa. La mano libre de Ruby se aferró a su nuca, manteniéndola en posición. No podía estar más inerte, y le molestaba tanto como le agradaba.
Ruby la embistió, una y otra vez, entrando y saliendo. Cada vez que entraba se le escapaba un grito. Estaba demasiado sensible, lo sabía, y también era notable con los sonidos de sus líquidos salpicar. Era un desastre, lo sabía incluso sin poder verse. Se estaba concentrando en la mujer y como esta lamía su cuello, y aprovechaba los trozos de piel denotados con la cuerda para darle suaves mordiscos. Sus gemidos aumentaron cuando los dientes llegaron a sus pezones, mordiendo y chupando, sin control. Podía sentir como estos se endurecían, se hinchaban, y cuando sentía que ya no podía. más, esta cambiaba e iba al otro pecho, dándole atención.
Podía notar marcas rojizas aparecer sobre su pecho, lejos de su cuello, Ruby de inmediato haciendo caso a su petición, aun así, quería tenerla en su cuello y sentir esos cosquilleos tan agradables cuando sentía la boca de la mujer en la zona.
Se sentía tan bien, tal vez demasiado.
No podía tapar su boca, detener sus ruidos, era imposible. Su cuerpo quería acallarse, sus manos luchando por escaparse. Era un impulso inconsciente.
Ruby lo notó.
La mano en su nuca se movió, dirigiéndose a su rostro, y luego notó los dedos introduciéndose en su boca entreabierta. Se vio acallada, no como quería, pero no podía decir que le molestaba, para nada, ya que Ruby parecía aún más acalorada al verla. Estaba disfrutándolo, y no le iba a quitar el placer. No podía hacer mucho, ya luchando por concentrarse en las embestidas, en su orgasmo formándose, pero intentó usar su lengua lo más que pudo para que Ruby la viese, para que disfrutase aun más de lo que tenía en frente.
La podía escuchar jadear y notaba como su rostro estaba rojo, el sudor formándose poco a poco en su piel, sus ojos plateados brillantes observando su rostro, cada cambio en su expresión. Quería que la besara, pero se tragó el deseo egoísta.
Los dedos ya no podían controlar sus gemidos, y tampoco podía ella misma manejar su propia lengua. No podía. A cada segundo se sentía llegar, cada vez que Ruby entraba profundo dentro de ella se veía temblando, pero luego esta sacaba sus dedos y el vacío disminuía su orgasmo. Ya no podía más, y quería venirse. Ni siquiera podía mover sus caderas para alentar a Ruby. Sentía que estaba reteniendo su orgasmo a propósito.
Oh.
La miró a los ojos, buscando algo en ella, y claramente lo encontró. Si, eso era exactamente lo que estaba haciendo.
Ruby quería que se lo dijese. Su sonrisa descarada lo mostraba sin tapujo alguno.
Fue como si Ruby notase lo que ella acababa de descubrir. Entonces los dedos en su boca salieron lo suficiente para quedarse aferrados a su mandíbula. Ahora podía hablar. Se sentía avergonzada, porque ahora los plateados la miraban con aun más atención que antes, ansiosos.
Estaba desesperándose, y Ruby lo sabía.
Su sonrisa lo decía, sus ojos lo decían.
Solo tenía que decirlo, dejar su ego de lado, y también su vergüenza.
Pero estando así de desesperada, no podía siquiera decir que tenía algo de ego o vergüenza.
Finalmente habló.
"H-hazme venir, Ruby, por favor."
Su voz salió más suplicante de lo que pretendía, pero fue instintivo.
Ruby sonrió, sus dientes mostrándose del todo. La mano ajena la sujetó nuevamente de la nuca, y esta acercó el rostro al suyo, dejando un leve mordisco en su cuello, justo abajo de su oreja. Fue despacio, para no dejar marca, pero era exactamente donde quería sentirla.
"Sería un placer."
Sintió el calor ajeno sobre su cuerpo, el aliento en su cuello, los jadeos en su oído, y luego los dedos dentro de su vagina apretando el lugar exacto, girando lo suficiente para empujar sus paredes internas, en la posición que mejor se sentía. Solo bastaron un par de movimientos expertos para liberarla. A pesar de lo restringido de su cuerpo, aun así, sintió su espalda curvarse apenas llegó al orgasmo tan deseado.
Se quedó inerte, temblando, luchando por aire, mientras tenía el cuerpo de Ruby sobre ella, tan agotado como el propio. Los dedos seguían dentro, llenándola.
Estuvieron así por harto tiempo, hasta que Ruby liberó su mano lentamente para no lastimarla. Sus paredes se contrajeron apenas se vio vacía una vez más, y soltó un quejido en respuesta. Al parecer había sido atacada con demasiada intensidad, o aún estaba débil por el último encuentro.
Había pasado casi una semana, pero rara vez tenía relaciones tan seguido, así que su cuerpo iba a demorar en acostumbrarse. Y bueno, toparse con la Ruby cazadora la dejó con el cuerpo destruido.
"¿Estás bien? ¿Te duele algo? ¿Algo te molestó?"
Miró a Ruby, la cual la observaba con preocupación en sus ojos, había vuelto a ser el cachorro de siempre. Respiró profundo y se concentró en su cuerpo. Se sentía entumecida, pero no sentía dolor, tal vez solo en su pelvis, pero eso era culpa de la poca costumbre. Negó luego de unos momentos. No iba a decir nada, pero lo pensó bien.
"Prefiero tener mis manos libres. Me gusta jugar con tu cabello."
Notó sorpresa en los ojos de Ruby, y se sintió orgullosa de sí misma por tener el valor de decir eso aun estando en su deplorable situación, algo de compostura le quedaba. Esta soltó una risa, una risa bastante adorable para la condición y momento en el que estaban. Esa Ruby infantil que no parecía concordar con la escena, pero que le daba alivio ver.
"Me gusta que lo hagas. Se siente bien."
Ruby se acomodó sobre ella para comenzar a desatarla, poco a poco sintiendo su cuerpo menos restringido. Podía ver las marcas rojizas que dejaron las cuerdas, no estaba apretado, pero su piel sensible y pálida hacía todas las marcas aún más visibles. Ruby no se demoró nada en devolverle la movilidad en las manos, y se vio masajeándose las muñecas. No dolían, pero temió que con los movimientos bruscos e impacientes se hubiese lastimado, por suerte no fue así. Debía admitir que las marcas en sus piernas se veían bastante sexys, y lo notó aún más porque Ruby aprovechaba a cada rato de pasar sus manos por la zona.
Cuando esta terminó, abrió las sabanas de la cama, y entendió que quería que se acostase dentro.
"Debes estar cansada, descansa un poco mientras voy a buscar tu cena."
Hacer que Ruby hiciera todo estando de cumpleaños no se sentía correcto.
"Estoy bien."
Se intentó mover, y sintió un dolor en su cuerpo. Ruby levantó una ceja, prácticamente burlándose de ella en su cara, así que solo se arrastró a la cama y se acomodó, manteniendo un poco de dignidad. Ruby soltó una risa y se acercó. Esta dejó un beso en su cabello, y sintió mariposas en su estómago, tal y como esa vez donde Ruby hizo ese gesto en su supuesta inconsciencia. Parecía un gesto tan natural, tan instintivo, tan lleno de cariño.
"No te preocupes, Weiss, he sido un poco intensa contigo, necesitas reponerte."
No dijo nada, se quedó completamente muda, sintiendo su rostro enrojecer. Se acomodó en las mantas, protegiéndose del frio y de la vergüenza.
Ruby podía notar su incomodidad antes de que ella misma fuese capaz de hacerlo.
Y eso la dejaba tranquila.
Pudo haber ese sido un regalo para Ruby, pero se iba a asegurar de darle un regalo decente a penas tuviese la oportunidad. Ruby merecía todos los regalos que pudiese encontrar.
Capitulo siguiente: Acuerdo.
Espero hayan disfrutado el capítulo de Navidad no Navidad pero un regalo al fin y al cabo. No soy muy de Navidad ni de estas cosas que se celebran, pero les deseo bonitas fiestas a todos.
Nos leemos pronto.
