Red Velvet
Capítulo 24: Acuerdo
…
"¡No puedo creer que perdiste los estribos una vez más, Weiss! ¿Cuántas veces tengo que decírtelo?"
Oh, que agradable escuchar la voz de su padre por la mañana.
Siguió tomándose el café, simplemente haciendo lo que mejor hacía, ignorarlo.
No, en realidad no, llevarle la contraria si, en eso si era la mejor.
"¿Que pretendías que hiciera? Además, fue meses atrás."
Ni siquiera lo miró, pero escuchó como este golpeaba los puños contra la mesa, haciendo resonar los platos y tazas de porcelana. Su taza seguía en su mano, y el líquido no se removió en lo absoluto. No tenía miedo de él, al menos no cuando podía prácticamente adivinar cada uno de sus movimientos, gestos y reclamos.
"¡Actuar como una Schnee! Sabía que dejarte la empresa era un error, ¿Pero actuar de esa forma en televisión? ¡Me estás avergonzando en frente de todo Atlas!"
Si, si, lo típico. Recordó cuando alguien la entrevistó cuando aceptó el puesto, llevaba apenas dos semanas, y estaba harta de la prensa persiguiéndola como aves de rapiña. Bueno, no le desagradaba del todo, estaba acostumbrada a eso, incluso a que le tomaran fotos desprevenida, siempre fue así, ¿Pero acercarse a ella para quitarle tiempo de su vida haciéndole preguntas estúpidas? Oh no, eso no lo aceptaba. Eran cosas que no tenían sentido alguno, cosas que ni siquiera importaban en su trabajo. Eran de esa clase de preguntas que no tenían respuesta, o que más bien iban lanzadas con la exclusiva intención de hacerla quedar mal sin importar cual fuese la respuesta.
Si le preguntaban cosas así, era claro que iba a enfadarse.
Obviamente se mantuvo tranquila, no era una adolescente, pero les contestó a los periodistas con la misma mala intención con la que ellos le preguntaron.
Como era de esperarse, todos empezaron a decir que ella era la mala de la historia. Estaban acostumbrados a que Jacques Schnee desviara respuestas, o simplemente sonriera falsamente a la cámara mientras decía que no iba a contestar o algo similar.
Miró a su padre, luego de todo ese rato evitando sus ojos. Se sentía satisfecha cuando lo miraba, y notaba lo viejo y desgastado que estaba, se sentía alegre de verlo desintegrarse poco a poco frente a ella. Aun así, aunque fuese un hombre viejo y molesto, aun le aterraba. No podía lastimarla a puertas cerradas como en el pasado, sin embargo, aun podía contratar a alguien para lastimarla, o lastimar a alguien que quería.
Él, sobre todas las personas, era capaz de algo así.
Vio como hizo eso con un socio que le falló en el pasado, el cual apareció muerto días después. Nadie sospechó de Jacques, pero ella sí. Ella lo sabía, porque lo conocía lo suficiente.
Esa era una de las razones por la que, a pesar de siempre llevarle la contraria, tenía ciertos límites que no podía sobrepasar.
Solo tenía que esperar a que el viejo muriese, y mirándolo, no creía que tuviese mucho tiempo. Esperaba que el dicho que decía que la hierba mala nunca muere fuese falsa, porque esperaba que este muriese pronto. A veces meditó el hacerlo ella misma, pero tenía mucho que perder en ese entonces. Ahora, podría hacerlo fácilmente, usando su poder para lograrlo, pero se sentiría cobarde al no hacerlo ella misma, y no quería considerarse una cobarde. Si alguien iba a manchar de sangre sus manos, iban a ser las suyas, pero por el momento, podía aguantar sus caprichos.
"Creo que respondí de la mejor forma. No voy a tomar en serio preguntas estúpidas, mucho menos cuando ya habíamos señalado el tema a tratar. Si quieres que complazca a un reportero rebajándome a su nivel, entonces tú eres el que está equivocado."
Se levantó de la mesa, notando a su padre con su rostro rojo de ira y vergüenza. Supo que iba a decirle algo, pero lo acalló, golpeando ella la mesa con su palma, no de manera iracunda como su padre, pero con la intención de distraerlo de su intervención. Podía usar aquello que la hacía su hija contra él.
"Soy una Schnee, padre. La compañía está bajo mi mando, y puedes notar en los números como estoy haciendo bien mi trabajo. Te pido que no te entrometas en lo que haga con mi vida, si voy a tropezar lo haré por mí misma, y me levantaré yo sola, no soy una niña."
Pudo notar a su hermano de reojo, como parecía ligeramente sorprendido, mientras bebía de su taza. Su padre en cambio soltó un suspiro pesado.
"Se supone que como mi hija no debes cometer errores ni tropiezos, te crie para que fueses perfecta."
No eres perfecta, nunca lo serás.
Escuchó esa palabra en su cabeza, como ciertos de veces. La misma palabra, una y otra vez, saliendo de su padre y de cuanta otra gente que conoció en su niñez. Como le ponían el peso del mundo en sus hombros. Como la forzaban a mantener la compostura, a actuar como la sociedad quería que ella actuase, a ser como su familia quería que fuese. Era un eco constante en su cabeza cada vez que lo oía.
Eres perfecta.
Ahora, sintió algo de calma.
Escuchó la voz de Ruby, como ella pronunciaba esa palabra, como se lo decía a ella, de una forma diferente. Ruby no esperaba nada de ella, solamente le decía lo que sentía respecto a su persona. Para esa mujer, ella ya era perfecta.
Ruby podía calmar a la voz en su cabeza, silenciándola por completo, y ahora lejos de ella eso aún era posible.
Se paró erguida y miró a su padre con el mismo desdén que él la miraba desde que era adolescente.
"Nadie es perfecto. Ni tú, ni yo, ni nadie. Deja de vivir en esa fantasía ridícula, padre. Al final del día somos humanos mortales que enfermamos, envejecemos y terminamos en un ataúd, y para mí eso no tiene nada de perfecto."
Su padre estaba atónito, y pudo escuchar claramente como Whitley se atragantó con su té. Sonrió, pidió permiso, y se alejó, caminando hacía su cuarto.
¿Tal vez se había pasado?
Oh no, su padre parecía más perplejo que otra cosa. Lo había visto verdaderamente enojado, y cuando ocurría este no se callaba, para nada. Estaba a salvo. Había sobrevivido el desayuno y esperaba que el silencio incomodo, pero agradable llenase el almuerzo. Tenía fe en eso.
Entró a su habitación, y se dejó caer en la cama. Esas discusiones siempre la agotaban. Se quedó ahí acomodada, descansando los ojos. Sentía que el malestar en su ojo izquierdo volvería cada vez que discutía con su padre, así que los descansaba para evitarlo.
Era obvio que iba a discutir lo de la entrevista en la mañana, lo tenía predicho, y era tal y como creyó.
Nefasto.
Negó, abrazando una de sus almohadas.
¿Qué reacción tuvo Ruby?
Pensar en el día anterior le trajo una sonrisa al rostro.
Ruby le había traído la cena, comieron en paz, y luego volvieron a la cama, recostadas una al lado de la otra.
Recordó la vergüenza que tuvo cuando encendieron la televisión para ver la condenada entrevista, porque Ruby quería verla, y lo primero que apareció fue una escena acalorada y gráfica. La pantalla era grande, y era aún más vergonzoso de lo que habría sido en una pantalla pequeña, como una computadora o un celular. No, una pantalla plana de quien sabe cuántas pulgadas mostrando una escena sexual y los gemidos escuchándose por toda la habitación.
Se vio inerte, sin saber qué hacer, el control remoto cayéndose de sus manos, y claro, la risa de Ruby acompañando a los gemidos sobre actuados de las personas de la televisión.
Ruby la salvó, cambiándola de canal al deseado, donde iban a pasar su entrevista.
Estaba nerviosa de que Ruby la viese así, pero luego de ver esas escenas ahí, el nerviosismo cambió de ruta. No sabía si fue una salvación o no, pero su rostro estaba rojo.
Notó algo nuevo de Ruby en aquel momento, cuando la entrevista comenzó, una expresión que no había visto en ella.
Ira.
Podía notar su ceño fruncirse mientras apretaba los dientes.
Normalmente Ruby era alegre, y bueno, otras veces Ruby era lujuriosa, pero nunca la había visto enojada, y por un momento creyó que no era el tipo de personas que se enfadaba. Bueno, a veces le contó cosas y esta se enfadó, pero esta vez pudo verla en el momento enojada, no por una historia, si no por el sujeto que veía ahí.
Si, ya había dicho que el sujeto era desagradable, y lo era, pero que Ruby lo notase, se sintió como un respiro de aire fresco.
"¿Que? ¿Como puede preguntarte eso? ¡Que imbécil!"
Ruby levantó la mano hacía la pantalla, un gruñido molesto escapándose de sus labios. Apuntando al sujeto.
Pudo ver su propio rostro al recibir la pregunta, y no creyó que fuese tan fácil saber que estaba enojada. Había practicado muchas veces frente al espejo, para mantener la compostura, y creía ser capaz.
"Yo habría golpeado al sujeto por decirte algo así ¡Esas cosas no se preguntan! ¡Se nota que lo dijo con mala intención!"
Ruby estaba sufriendo más que ella, sin duda, y eso le hizo sonreír.
Conocía el pasado de la mujer, y a pesar de eso, era claro que tenía mucho más sentido común que otras personas con las que se había topado, que tenían más educación y estudios de los que Ruby pudo tener en su vida. Eran unos fracasados, sin importar la estirpe ni los títulos. Solo bufones que se divertían con la incomodidad ajena.
"También lo habría golpeado, pero eso no me dejaría muy bien frente al mundo."
Vio a la mujer cruzarse de brazos y piernas, su ceño aun fruncido.
Se veía linda así, enojada. Quería acercarse y besarla.
"Él debería ser quien está mal parado frente al mundo. No tiene profesionalismo alguno, ni siquiera siguió el acuerdo contigo, ¿No?"
Soltó un suspiro al escuchar eso. Lamentablemente no.
"Créeme que Atlas está lleno de víboras como él, que avalan su comportamiento y lo repiten."
Ruby soltó un bufido, una sonrisa capaz en su rostro.
"Si quieres pagarme para ser tu matona, lo haría con gusto."
Rodó los ojos al escucharla, y se sintió valiente, y un poco acalorada. Ver a Ruby así la hacía encenderse. Tomó una de las manos ajenas, y le dio un ligero apretón. Los plateados buscaron sus ojos, y se encontraron.
"Tus manos son muy buenas para algunas cosas, pero las peleas solo van a desgastarlas en vano."
Ruby supo lo que quería decir, y de inmediato le sonrió, picara, acercándose levemente a ella. Había cierto orgullo en su expresión. Parecía resuelta, fuerte, capaz. Acababan de hacerlo hace un rato, pero ya quería que esta la hiciese suya. Y las ganas aumentaron cuando la otra mano de la mujer llegó a su cadera, los dedos enterrándose en su carne de una forma tan seductora que la dejó sin palabras.
"Sabes que, lo golpearía gratis, solo para demostrarte lo buena que soy en eso también."
No supo porque, pero aquello la encendió más de lo que debía.
Al final, no recordaba haber tenido más discusiones respecto a la entrevista, o más bien, no podían enfocarse en ella con todos los coqueteos que vinieron después. Toda esa grabación fue horrible, y esperaba que jamás la publicaran, pero había algo positivo, y era que vio otra faceta de Ruby.
Solo podía recalcar lo enojada que Ruby estuvo al verla, enojada con el tipo, y lo diferente que era su reacción a la de su padre.
¿Era una sorpresa?
Oh no, claro que no. Era obvio. Eran dos personas completamente diferentes.
Ruby era una buena persona y siempre veía las cosas de una forma justa. Era agradable estar a su lado, era una buena influencia, se sentía bien, relajada a su lado, aunque la situación se fuera un poco de sus manos.
Abrió los ojos, y miró una de sus muñecas de reojo. Aun había una marca ahí. La mayoría había desaparecido, pero hizo intentos bruscos de soltar sus manos que claramente influyeron en las marcas. No se notaba demasiado, pero ella lo notaba con claridad, casi y podía sentir la tela en su piel con solo recordarlo.
En ese momento recordó otra cosa.
La foto.
Buscó su celular, este enterrado bajo las almohadas, y apretó el icono de la galería. Lo había olvidado por completo.
Oh.
El calor de inmediato subió por su rostro.
Se veía...diferente.
Ruby tomó varias fotos, la posición era la misma, pero su rostro era diferente. No reconocía esa expresión. Nunca había puesto esa expresión en su vida. Ni siquiera las cuerdas en su cuerpo, o su centro expuesto le llamaron tanto la atención como su cara.
Sus ojos brillaban de una forma inaudita.
Era claro que con Ruby era feliz, que tenía un buen momento a su lado, también era evidente que sentía cosas por ella, y que su cuerpo reaccionaba ante su tacto, ante su mirada plateada incluso. Ahora podía ver eso, verse a sí misma cuando sentía eso, como se veía.
Era diferente.
Era algo que no podía encontrar frente al espejo, era algo que estaba escondido de todos, incluso de sí misma.
Quien era en esos momentos, la Weiss que se transformaba, era exclusiva solo para Ruby.
Le agradaba eso. Se sentía libre. Y ahora podía comprobar que lucía fantástica a su lado. Se veía libre, sexy, y Ruby la veía de esa forma. Se mordió el labio, explorando la imagen una vez más, y podía recordar la mirada sedienta de Ruby cada vez que tomaba una foto. Se sentía tan bien.
Quería hacer eso de nuevo.
No las cuerdas, o sea, no le molestaría si sus manos tenían movilidad, pero hacerlo en general. Hacer cosas nuevas con Ruby, sorprenderse, explorarse a sí misma. Si no hubiese conocido a Ruby, habría tantas cosas que estarían desconocidas para ella, no solo gustos, si no que partes de sí misma. No tenía idea cuanto esto duraría, lo que ambas tenían, pero quería aprovechar cada segundo. Quería estar cerca de ella, sentir su piel junto a la suya, poder descubrir cosas nuevas, hacer cosas nuevas, aprender de sí misma, de sus gustos, de que la hacía sentir bien.
Se llevó una mano al rostro, sintiendo su piel ardiendo.
Por Dios, ¿Hace cuánto que iba a casarse?
¿Iba a estar toda su vida con un hombre que no la hacía feliz en ningún aspecto? ¿Que no la hacía sentir bien ni dentro ni fuera de la cama? ¿Iba a morir sin saber lo que era que alguien la encontrase bonita, perfecta? ¿Iba a morir sin saber lo que era sentirse querida, deseada? Y ni siquiera eso, algo tan básico como que se preocupasen por ella, que sintiesen empatía.
Iba a arruinarse.
Toda su vida se habría arruinado.
Se acurrucó en la cama, sintiendo la necesidad de escuchar la voz de Ruby, aunque no hubiesen pasado ni siquiera doce horas desde que se habían visto por última vez.
Era su lugar seguro.
Podía sentirse en calma a su lado, aunque todo a su alrededor estuviese ardiendo en llamas, inundándose en caos.
Tal vez la amaba. Si, probablemente era eso.
¿Pero cómo no hacerlo?
No sabía cómo pasaba con otras clientas de la mujer, pero si Ruby era tan autentica con ellas como con ella, tal vez incluso estas se enamorarían.
O tal vez no.
Quería creer que no. Quería creer que se había enamorado de Ruby porque era su polo opuesto. Porque era el destino que la había puesto en su camino. Quería creer que eran la una para la otra, aunque su relación nunca pudiese ser normal. Nunca pudiese ser real.
Soltó un suspiro.
Había salido de una relación, había estado comprometida, y ahora que tenía una amiga con derechos era más feliz. No tenía que cambiar las cosas, y, de hecho, no podía. Era demasiado complicado. El trabajo de Ruby y su reputación estarían en juego con algo así, y no podía arriesgarse.
Ya era suficiente, con lo que tenían, era suficiente.
No.
Si solo fuese sexo, tal vez sería diferente, pero no, Ruby era cálida, era cuidadosa, era amorosa, se preocupaba por ella como nadie más, y le brindaba su apoyo incondicional.
Eso era algo que creyó que solo se encontraba en una pareja, pero no tenía por qué ser así.
Sus prejuicios y su vida tradicional hacían las cosas más complicadas. Siempre que pensaba, que usaba el cerebro, todo parecía dar vueltas y vueltas en su cabeza. Era innecesario. No necesitaba pensar, solo necesitaba sentir, solo necesitaba sentirse bien de una vez por todas sin importar la razón de esa satisfacción.
Tal vez era pasajero, tal vez algún día Ruby detendría lo que tenían, pero no debía de importarle ni sentirse mal al respecto, porque era ella misma quien no iba a dar el paso para que fueran algo más, era ella quien no tomaba la iniciativa ni la tomaría. No debía caer en hipocresías. No era ese tipo de persona.
Así que, iba a seguir adelante. Iba a continuar esa amistad que tanta felicidad le daba, iba a seguir teniendo a Ruby a su lado, porque Ruby la hacía feliz y quería ser feliz, iba a darse ese gusto por una vez en su vida.
Tal vez era egoísta, pero quería creer que ambas salían beneficiadas de esa relación que tenían.
No tenían que ser algo para ser felices la una al lado de la otra, eso lo aprendió estando comprometida y siendo infeliz.
Sonrió para sí misma.
Iba a buscar un buen regalo para Ruby, para cuando en una semana pudiesen verse. ¿Pero qué? Ruby parecía ser de las personas que eran más de afecto y dulces que de algo material. Quería mimarla, quería darle algo que esta apreciara. Demostrarle cuanto significaba en su vida.
Tomó su celular y comenzó a escribir.
"¿Hay algo que quieras de regalo de cumpleaños?"
Escribió, sin esperar una respuesta inmediata, sin embargo, notó como Ruby ya estaba escribiendo.
"Los dulces me fascinaron y tú me fascinaste. No es necesario que me regales nada más."
Por supuesto.
Era obvio.
Carraspeó, como si Ruby estuviese al lado suyo y tuviese que recuperar la compostura antes de seguir hablando.
A Ruby le fascinaba ella, y que le dijese eso ya hacía que su corazón latiese con fuerza.
"No te pregunté eso. ¿Hay algo que quieras? Porque si no me dices voy a buscar lo más caro y pomposo que encuentre, porque te lo mereces."
Esta no le respondió con palabras, si no que puso un montón de emojis sorprendidos, algunos llorando, y un emoji que no tenía sentido alguno, una nube de lluvia. Por inercia miró para afuera. No había lluvia, pero si estaba helado. Posiblemente nevase a la noche. Deducía que en el centro si estaba cayendo una llovizna, ya que ahí, en su casa, estaban un poco más alto en la montaña así que rara vez llovía, más nevaba que otra cosa.
El invierno venía en camino.
"Uh, ¿Lo que sea?"
¿La había atrapado?
"Si, Ruby, lo que sea que quieras."
"¿Y si es algo sucio también?"
Se quedó mirando el teléfono, releyendo el mensaje, instantáneamente le llegó un emoji sonrojado y uno con mirada picara. Abrió la boca, y se sintió algo torpe gracias a la vergüenza. Casi lo dice en voz alta.
"¿Quieres algo así?"
"Normalmente no puedo permitirme esas cosas, y bueno, si los clientes no lo compran nunca tendría con quien usarlo."
Eso tenía sentido. No era algo tan accesible, recordaba los precios de las cosas en el Red Velvet.
Espera.
Se quedó pensando, releyendo las palabras.
"¿Con quién usarlo?"
Pensó en un vibrador o esas cosas, cosas usuales que incluso una mujer recatada como ella conocía, pero normalmente son para usar consigo mismo en la privacidad. Ruby no quería algo para sí misma, si no para usar en conjunto.
Oh.
"Claro, sería aburrido divertirme sola, ¿No? Prefiero mucho más hacerlo contigo y probar cosas nuevas, ¿No estás de acuerdo?"
Se sintió nerviosa. Casi podía imaginar el rostro de Ruby, sus ojos tan honestos, su sonrisa tan cálida. No podía decirle que no, era imposible. Y, Ruby quería algo para usar con ella, y no podía decir que la idea no le agradaba.
Le encantaba.
"Solo dime que quieres y lo llevaré cuando vaya a verte."
Hubo muchos emojis felices luego de eso, y con darle en el gusto ya se sentía feliz ella misma.
Ahora sentía aún más ansias de verla.
Capitulo siguiente: Vergüenza.
Un poco de calma, a medias, y recuperación luego del capítulo anterior, que uff, aun no supero y lo escribí yo misma. En el próximo ya sabrán lo que ciertas señoritas van a hacer, así que espero estén preparados.
Espero hayan pasado buenas fiestas, así como les deseo un feliz año nuevo, ¡Háganle caso a Ruby y no beban tanto!
Nos leemos pronto.
